A
los militantes del partido de la revolución democrática: un último llamamiento
Cuauhtémoc Cárdenas · · · · ·19/07/09 Seriamente preocupado por el descrédito y la pérdida de autoridad moral del
Partido de la Revolución Democrática frente a la ciudadanía y a la opinión pública en
general, quiero compartir con mis compañeros las siguientes reflexiones: Nada se arregló. El enfrentamiento se ha hecho más agudo y virulento conforme el tiempo ha transcurrido. Entre los resultados más graves de esa confrontación se encuentran el permanente quebrantamiento de las disposiciones estatutarias por parte de las instancias de dirección, individuales y colectivas, sea para responder a presiones clientelares y sectarias, sea mostrándose complacientes ante la violación de la regla, así como la parálisis en la que se ha mantenido al partido respecto al trabajo para su crecimiento como organización y la falta de debate interno y de propuestas sobre los grandes problemas de la nación.
En esas condiciones, el
desempeño electoral del pasado 5 de julio resultó lógico. No podía esperarse otro.
Ratifica la condición de grave empantanamiento que vive el PRD. Sin embargo, y es un
hecho que no debe desestimarse, donde el PRD ha mantenido un trabajo de organización
desde la base y donde los compromisos adquiridos se han cumplido, el partido se ha
conservado como fuerza política competitiva y de significación.
El 7 de julio pasado,
me visitaron y cambié impresiones con varios dirigentes del partido, incluido el
Presidente. Se planteó en esa ocasión convocar a una reunión incluyente, no pública ni
anunciada por conducto de los medios de información, en la que participarían el
Presidente y Secretaria General del partido, los coordinadores y ex coordinadores
parlamentarios, gobernadores, ex gobernadores y los ex presidentes, para analizar posibles
propuestas que pudieran hacerse tanto a los colectivos de dirección como a la militancia
en su conjunto, para superar la actual situación del partido, empezando porque se
tomarían, aun antes de la citada reunión, decisiones que permitirían iniciar el proceso
de recuperación de la legalidad interna, en particular que se anunciaría la pérdida de
derechos partidarios de quienes hubieran contendido contra el PRD. A la reunión celebrada
el pasado 11 de julio en Morelia se convocó con parcialidad, razón de algunas ausencias
y de inexplicables presencias. Los asistentes a
esa reunión, algunos dirigentes del partido y líderes de grupos de presión, algunos
gobernadores, algunos ex gobernadores y ex presidentes del partido, coordinadores
parlamentarios y algunos más, aun cuando lo hayan hecho con la mejor buena fe,
convinieron, según la información pública, si no explícitamente sí en los hechos,
desentenderse del mandato de hacer valer la legalidad interna, decretando, también sin
hacerlo explícito, incumpliendo toda norma y sin estar facultados para ello, una
amnistía para que se mantengan como militantes del partido quienes contendieron en su
contra postulados, a decir de la Secretaria General del partido, por el PRI, PAN, PT,
Convergencia, PSD, etc., en las recientes elecciones del 5 de julio.
A este respecto cabe
recordar que el 5 de julio de 2007, el entonces Presidente del PRD, por cierto, uno de los
no invitados a la reunión de Morelia, dio a conocer en los medios informativos que se
iniciaba un procedimiento de suspensión de los derechos partidarios contra varios
miembros del partido por apoyar a otras fuerzas políticas en las elecciones locales de
Zacatecas. Sobre el mismo caso, la Gobernadora de aquel Estado declaró entonces que los
Estatutos del PRD "establecen que quienes apoyen a candidatos de otros organismos
políticos, o se postulen bajo otras siglas, no se les expulsa sino que automáticamente
se colocan fuera del PRD". Desde Morelia
también, los ahí reunidos hicieron un llamado abstracto a la unidad de la izquierda, sin
haber llegado previamente a acuerdos, ni entre sí que se sepa ni con nadie más, sobre
programas y principios, como si las declaraciones de unidad por si solas hicieran fuertes
a las organizaciones y resolvieran los problemas. Tal como está el
PRD, en lo que todos y cada uno de sus militantes tenemos responsabilidad, es incapaz de
dar viabilidad a su proyecto democrático y progresista de nación y sobre todo, no le es
de ninguna utilidad al pueblo mexicano. En estas
circunstancias, es momento para que cada militante y el partido como colectivo llevemos a
cabo una seria reflexión autocrítica. Es tiempo de recordar que en el llamamiento
que convocó a la formación del PRD se dijo: "Queremos que nuestra organización sea
un instrumento de la sociedad, y no tan sólo de sus miembros o dirigentes, y para ello
tendrá que dar en sus normas democráticas, en su vida interna, en la transparencia de
sus recursos, en la autonomía de sus componentes regionales, en la libertad de tendencias
y corrientes en su seno, en la unidad y en el respeto a las decisiones colectivas y, sobre
todo, en la conducta personal de cada uno de sus miembros, la imagen tangible de aquello
que se propone para el país y para la sociedad". En la coyuntura
política que vivimos, nuestro compromiso prioritario es revertir la embestida
reaccionaria y entreguista. Condición para ser exitosos en esta causa es contar con una
organización con fortaleza política y autoridad moral, capaz de convocar y encabezar la
transformación progresista y democrática del país. Estamos de nueva cuenta frente a la
necesidad de tomar decisiones valientes y generosas, que al reposicionarnos en el ánimo
de la ciudadanía nos devuelvan la hoy perdida autoridad moral. Los problemas políticos se resuelven con medidas políticas. Los problemas de mayor complejidad y dificultad, demandan la mayoría de las veces de decisiones valientes, que hagan prevalecer los principios sobre cualquier interés individual o de grupo. Los problemas que hoy confronta el PRD no se resolverán con medidas administrativas sino con decisiones políticas de gran alcance, tomadas dentro de nuestras normas estatutarias. Procedería
entonces, a mi entender y antes que otra cosa, aplicar los mandatos del estatuto para
volver a la legalidad interna. Inmediatamente después, debiera darse la convocatoria del
Presidente del partido para que se reúna el Consejo Nacional. Reunido éste, el
Presidente, el Comité Ejecutivo y los integrantes de todas las comisiones y órganos de
dirección y representación debieran presentar su renuncia ante el citado Consejo. Dado este paso, el
Consejo tendría que proceder a realizar las necesarias substituciones, a las que daría
el carácter de provisionales y a las que mandataría poner en marcha un proceso de
reorganización del partido, a partir de la renovación y fortalecimiento de sus bases
territoriales y la vinculación con las verdaderas problemáticas populares y nacionales.
Hecha la designación de los cuerpos y dirigentes provisionales, el actual Consejo
Nacional debiera votar su propia disolución. La dirección
provisional debiera ser dotada de plenas facultades para el gobierno, la reorganización y
conducción del partido en el período de transición, que tendría que abrirse desde este
momento y hasta la elección del nuevo Presidente, Secretario General y Consejo Nacional,
que debiera celebrarse después de la realización de un Congreso Nacional Extraordinario
en el que se aprobaran nuevos documentos básicos y un padrón levantado a partir de la
reafiliación de los militantes y de llevar a cabo, simultáneamente, una intensa campaña
de afiliación. Se trata de reconstruir el partido desde sus bases. La dirección que
se designe con carácter provisional tendría, ante la militancia y la nación, la
responsabilidad de poner en práctica una política hacia el interior del partido y hacia
el exterior que represente una verdadera regeneración, con la que se identifiquen los
miembros del partido leales a sus principios fundacionales, que sancione sin
contemplaciones toda violación a la legalidad interna, que ponga fin al sistema
corporativo y clientelar de cuotas en la integración de los cuerpos de dirección y en la
selección de candidatos a cargos de elección popular, que desde dentro y desde afuera se
reconozca por la ética en las conductas y por la autoridad moral recuperada.
El partido en sus
condiciones actuales está incapacitado para cumplir con el compromiso que tiene con el
pueblo y la nación, compromiso que surge de los grandes movimientos de reivindicación
del siglo XX y que asumió el PRD desde su fundación. El partido en sus condiciones
actuales está traicionando a sus muertos y lastrado como se encuentra por las violaciones
a sus reglas internas, pierde su condición de instrumento de lucha por la soberanía de
la nación, el progreso y la democracia. Al mismo tiempo que
se toman e instrumentan todas las decisiones anteriores, es indispensable la disolución
de los grupos de presión dentro del partido, las mal llamadas corrientes, que han
privilegiado intereses personalistas y de facción y que han sido causa principal de las
prácticas sectarias y clientelares, así como de las actitudes de intolerancia que han
inhibido la libre discusión de ideas y propuestas, ahondando las fracturas y los
desencuentros. Convoco a mis
compañeros a compartir conmigo estas propuestas y a apelar a la conciencia y
responsabilidad de los dirigentes del partido para que nos escuchen y den pronta
respuesta. Estamos ante la última oportunidad para que no se pierda un instrumento que
con el sacrificio y el esfuerzo de miles de mujeres y hombres de todos los rincones del
país fue construido, como dice nuestro Llamamiento originario, para promover la
democratización de la sociedad y de las instituciones estatales; defender y hacer
respetar el voto ciudadano; luchar por la liberación de los sindicatos y organizaciones
de trabajadores, campesinos y populares de toda burocracia corrompida; poner un alto a la
destrucción consciente y sistemática de las instituciones y creaciones de la Revolución
Mexicana: el ejido, la cooperativa, el contrato colectivo de trabajo, el sindicato, la
empresa pública en las ramas donde nuestra independencia económica la hace
imprescindible; impulsar la educación pública laica y gratuita; defender e imponer la
independencia de la justicia, la dignidad del individuo, los derechos y garantías
consagrados en nuestra Constitución, el cese de toda represión política o ilegal;
combatir la corrupción, el privilegio, la injusticia, el despotismo de gobernantes,
funcionarios y poderosos, el caciquismo, la arbitrariedad, el uso patrimonial de los
fondos públicos; promover la igualdad, la libertad y la solidaridad como valores rectores
de nuestra vida ciudadana. Alcemos nuestras voces y ratifiquemos con este llamado a nuestras propias conciencias y responsabilidades y a nuestros compañeros, el compromiso de levantar un México de hombres y mujeres libres e iguales ante la ley y ante la vida, una patria democrática, solidaria y generosa, una patria para todos. Cuauhtémoc Cárdenas, ingeniero, es un dirigente histórico de la izquierda mexicana. Su padre, el general Làzaro Cárdenas tuvo una política de extremada solidaridad con la república española en guerra y, luego, con los republicanos exiliados en México.
|
¿Quiénes somos? |
Dirección |
Redacción |
Publicidad
| Aviso Legal ![]()
Copyright© 2009 a favor de El JEJÉN Microempresa, en trámite.
Todos los derechos reservados
Derechos de Autor en trámite.
Desarrollado por Zenón Ramírez García
Papantla, Veracruz, México