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El peligro de la utopía
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| José Luis Fiori · · · · · |
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| 06/09/09 |
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la
geopolítica del equilibrio de poderes y la práctica del
imperialismo explícito dejaron de tener sentido por una serie de nuevos hechos
históricos [
], este abordaje de las relaciones internacionales no tiene más
espacio en el mundo en que vivimos, del poscolonialismo, de la
globalización, del sistema político global y de la democracia [
] con la
globalización, todos los mercados están abiertos y es inimaginable que un país rechace
vender a otro, por ejemplo, petróleo a precio de mercado [
] Resulta además de
aquellos hechos, que la guerra entre grandes países también no
tiene más sentido [
] En el Siglo XX, las guerras entre las grandes potencias no
tenían sentido porque todas las fronteras ya estaban definidas. Luiz Carlos Bresser
Pereira, Jornal de Resenhas, Nº 1, 2009, USP, pág. 7
__________
En la segunda mitad del Siglo XX, en
particular después de 1968, se tornó un lugar común la crítica de los nuevos
filósofos europeos, que asociaban la utopía socialista al totalitarismo. Pero no
se oyó el mismo tipo de reflexión, después de la década del ´80, cuando la utopía
liberal se transformó hegemónica y sus ideas ocuparon el mundo académico y político.
Luego de terminada la Guerra Fría, Francis Fukuyama popularizó
la utopía del fin de la historia y de la victoria de la democracia, del
mercado y de la paz. Y pese a los acontecimientos que
siguieron, sus ideas siguen influyendo intelectuales y gobernantes, sobretodo
en la periferia del sistema mundial. Basta ver la confusión causada por el reciente
anuncio de la decisión norteamericana de ampliar su presencia militar en América del
Sur. Con la instalación o ampliación de siete bases militares en territorio colombiano,
que tendrán que servir de punto de apoyo para el transporte de cargas y soldados en
el continente y fuera de él. (1) El gobierno norteamericano justificó su decisión
con objetivos de carácter humanitario y de combate al narcotráfico. La misma
explicación que fue dada por el gobierno norteamericano en ocasión de la reactivación
de su IV Flota Naval, en la zona de América del Sur, durante el año 2008: una
decisión administrativa, tomada con objetivos pacíficos, humanitarios y ecológicos.
(2)
Una de las funciones de los
diplomáticos es la de participar de este juego retórico que a
veces suena hasta un poco divertido. Y cabe a los periodistas el acompañamiento de estos
debates sobre distancias, radio de acción de los aviones,
amenaza de las drogas, etc. Sin embargo, los intelectuales tienen la obligación de
trascender este mundo de la retórica y de los números inmediatos, y también, el mundo
de las fantasías utópicas, lo que a veces no ocurre, y no se trata evidentemente
de un problema de ignorancia. Se piensa, por ejemplo, en la utopía liberal del
fin de las guerras que ya no tendrían más sentido entre los grandes países,
y se contrapone esta tesis con la historia pasada y con la historia del propio Siglo XX y
XXI. Según la investigación y los datos del historiador y sociólogo norteamericano,
Charles Tilly: de 1480 a 1800, cada dos o tres años se inició en algún lugar un
nuevo conflicto internacional de importancia; de
1800 a 1944, cada uno y dos años; a partir de la Segunda Guerra Mundial, más o menos,
cada catorce meses. La era nuclear no disminuyó la tendencia de los siglos pasados con
guerras más frecuentes y más mortíferas [
], desde 1900, el mundo asistió a 237
nuevas guerras, civiles e internacionales
. [mientras que]
el sangriento Siglo XIX contabilizó 205 guerras. (3)
Asimismo, en la década de 1990, durante
los ocho años de la administración de Clinton, que fue transformado en la figura
emblemática de la victoria de la democracia, del mercado y de la paz, los Estados Unidos
mantuvieron un activismo militar muy grande. Y al contrario de la impresión generalizada,
los Estados Unidos se involucraron en 48 intervenciones militares, mucho más que en
toda la Guerra Fría, período en el que se registraron 16 intervenciones militares.
(Bacevich, 2002, pág. 143).
Y más recientemente, los
fracasos militares de EE.UU. en Irak y Afganistán al contrario de lo
que se dice aumentaron la presencia militar de los Estados Unidos en Asia Central y
en el cerco a Rusia y China, comprometiendo, por lo tanto, a tres grandes potencias en la
preparación para la guerra. En todo esto queda claro la dificultad intelectual de los
liberales para convivir de forma inteligente con el hecho de que las guerras son una
dimensión esencial y constitutiva del sistema mundial en que vivimos y que, por
consiguiente, no es sensato pensar que desaparecerán. Al contrario de lo que piensan los
liberales, la asociación entre la geopolítica del equilibrio de poderes y
las guerras, no se restringe al siglo XIX (ya había sido identificada en Grecia) y el
sueño del gobierno mundial de las grandes potencias, ya existe por lo menos
desde el Congreso de Viena, en 1815, sin que esto haya impedido el aumento del número de
los Estados y de las guerras nacionales.
En este tipo de sistema mundial, por
otro lado, es muy difícil pensar en la posibilidad del fin del imperialismo,
y todavía menos, en este inicio del Siglo XXI, en que las grandes potencias viejas
y nuevas se lanzan sobre África y sobre América Latina, disputando palmo a palmo
el control monopólico de sus mercados y de las fuentes de energía y de materias primas
estratégicas. Y sea casi ingenua la creencia liberal en los mercados abiertos,
en un mundo en que todas las grandes potencias impiden el acceso a las tecnologías de
punta, no aceptan la venta de sus empresas estratégicas y protegen de forma cada vez más
sofisticada sus productos industriales y sus mercados agrícolas. En este punto, llama la
atención la facilidad con que los economistas liberales confunden los mercados de
petróleo, armas y monedas, por ejemplo, con los mercados de chuchu (chayote NdT), quesos
y vinos. Más aún, parece que nada de esto es muy relevante para
ellos, porque de hecho, no se consigue desmontar convicciones utópicas incluso
esgrimiendo números y hechos. Lo importante es comprender que la utopía liberal también
puede tener consecuencias nefastas en la historia de medio plazo de los países más
débiles, dentro del sistema mundial. Si las utopías de izquierda llevaron en
muchos casos al totalitarismo, la utopía liberal y su permanente negación del
poder en la historia del capitalismo, han llevado invariablemente a los
intelectuales y gobernantes descalzos, al servilismo internacional.
Notas:
1 Folha de Sao Paulo, 5-8-2009. 2) Folha de Sao Paulo, 8-07-2008. 3) Charles
Tilly, CoerÇâo, capital e Estados europeus, Edusp, 1996, pág. 123 y 131.
José Luis Fiori es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO.
Traducción para www.sinpermiso.info: Carlos Abel Suárez
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A los militantes del partido de la revolución democrática: un último
llamamiento
Cuauhtémoc Cárdenas · · · · ·
19/07/09
Seriamente preocupado por el descrédito y la pérdida de autoridad moral del
Partido de la Revolución Democrática frente a la ciudadanía y a la opinión pública en
general, quiero compartir con mis compañeros las siguientes reflexiones:
En marzo del año
pasado, después de la cuestionada elección para renovar la dirección del partido,
advertí de la fuerte confrontación y fractura que vivía nuestra organización y plantee
públicamente un camino de solución: la renuncia de todos los contendientes a los cargos
de elección, la disolución de los cuerpos de dirección del partido y su substitución
por entes provisionales, para permitir con ello la recomposición y reencauzamiento de
nuestra organización. Ninguna respuesta ni comentario merecí de la dirección o de los
liderazgos internos, pues prevalecieron los intereses de facción, el sectarismo y la
intolerancia.
Nada se arregló. El enfrentamiento se ha hecho más agudo y virulento conforme el tiempo
ha transcurrido. Entre los resultados más graves de esa confrontación se encuentran el
permanente quebrantamiento de las disposiciones estatutarias por parte de las instancias
de dirección, individuales y colectivas, sea para responder a presiones clientelares y
sectarias, sea mostrándose complacientes ante la violación de la regla, así como la
parálisis en la que se ha mantenido al partido respecto al trabajo para su crecimiento
como organización y la falta de debate interno y de propuestas sobre los grandes
problemas de la nación.
En esas condiciones, el desempeño electoral del pasado 5 de julio resultó lógico. No
podía esperarse otro. Ratifica la condición de grave empantanamiento que vive el PRD.
Sin embargo, y es un hecho que no debe desestimarse, donde el PRD ha mantenido un trabajo
de organización desde la base y donde los compromisos adquiridos se han cumplido, el
partido se ha conservado como fuerza política competitiva y de significación.
El 7 de julio pasado, me visitaron y cambié impresiones con varios dirigentes del
partido, incluido el Presidente. Se planteó en esa ocasión convocar a una reunión
incluyente, no pública ni anunciada por conducto de los medios de información, en la que
participarían el Presidente y Secretaria General del partido, los coordinadores y ex
coordinadores parlamentarios, gobernadores, ex gobernadores y los ex presidentes, para
analizar posibles propuestas que pudieran hacerse tanto a los colectivos de dirección
como a la militancia en su conjunto, para superar la actual situación del partido,
empezando porque se tomarían, aun antes de la citada reunión, decisiones que
permitirían iniciar el proceso de recuperación de la legalidad interna, en particular
que se anunciaría la pérdida de derechos partidarios de quienes hubieran contendido
contra el PRD. A la reunión celebrada el pasado 11 de julio en Morelia se convocó con
parcialidad, razón de algunas ausencias y de inexplicables presencias.
Los asistentes a
esa reunión, algunos dirigentes del partido y líderes de grupos de presión, algunos
gobernadores, algunos ex gobernadores y ex presidentes del partido, coordinadores
parlamentarios y algunos más, aun cuando lo hayan hecho con la mejor buena fe,
convinieron, según la información pública, si no explícitamente sí en los hechos,
desentenderse del mandato de hacer valer la legalidad interna, decretando, también sin
hacerlo explícito, incumpliendo toda norma y sin estar facultados para ello, una
amnistía para que se mantengan como militantes del partido quienes contendieron en su
contra postulados, a decir de la Secretaria General del partido, por el PRI, PAN, PT,
Convergencia, PSD, etc., en las recientes elecciones del 5 de julio.
A este respecto cabe recordar que el 5 de julio de 2007, el entonces Presidente del PRD,
por cierto, uno de los no invitados a la reunión de Morelia, dio a conocer en los medios
informativos que se iniciaba un procedimiento de suspensión de los derechos partidarios
contra varios miembros del partido por apoyar a otras fuerzas políticas en las elecciones
locales de Zacatecas. Sobre el mismo caso, la Gobernadora de aquel Estado declaró
entonces que los Estatutos del PRD "establecen que quienes apoyen a candidatos de
otros organismos políticos, o se postulen bajo otras siglas, no se les expulsa sino que
automáticamente se colocan fuera del PRD".
Desde Morelia
también, los ahí reunidos hicieron un llamado abstracto a la unidad de la izquierda, sin
haber llegado previamente a acuerdos, ni entre sí que se sepa ni con nadie más, sobre
programas y principios, como si las declaraciones de unidad por si solas hicieran fuertes
a las organizaciones y resolvieran los problemas.
Tal como está el
PRD, en lo que todos y cada uno de sus militantes tenemos responsabilidad, es incapaz de
dar viabilidad a su proyecto democrático y progresista de nación y sobre todo, no le es
de ninguna utilidad al pueblo mexicano.
En estas
circunstancias, es momento para que cada militante y el partido como colectivo llevemos a
cabo una seria reflexión autocrítica. Es tiempo de recordar que en el llamamiento
que convocó a la formación del PRD se dijo: "Queremos que nuestra organización sea
un instrumento de la sociedad, y no tan sólo de sus miembros o dirigentes, y para ello
tendrá que dar en sus normas democráticas, en su vida interna, en la transparencia de
sus recursos, en la autonomía de sus componentes regionales, en la libertad de tendencias
y corrientes en su seno, en la unidad y en el respeto a las decisiones colectivas y, sobre
todo, en la conducta personal de cada uno de sus miembros, la imagen tangible de aquello
que se propone para el país y para la sociedad".
En la coyuntura
política que vivimos, nuestro compromiso prioritario es revertir la embestida
reaccionaria y entreguista. Condición para ser exitosos en esta causa es contar con una
organización con fortaleza política y autoridad moral, capaz de convocar y encabezar la
transformación progresista y democrática del país. Estamos de nueva cuenta frente a la
necesidad de tomar decisiones valientes y generosas, que al reposicionarnos en el ánimo
de la ciudadanía nos devuelvan la hoy perdida autoridad moral.
Los problemas
políticos se resuelven con medidas políticas. Los problemas de mayor complejidad y
dificultad, demandan la mayoría de las veces de decisiones valientes, que hagan
prevalecer los principios sobre cualquier interés individual o de grupo. Los problemas
que hoy confronta el PRD no se resolverán con medidas administrativas sino con decisiones
políticas de gran alcance, tomadas dentro de nuestras normas estatutarias.
Procedería
entonces, a mi entender y antes que otra cosa, aplicar los mandatos del estatuto para
volver a la legalidad interna. Inmediatamente después, debiera darse la convocatoria del
Presidente del partido para que se reúna el Consejo Nacional. Reunido éste, el
Presidente, el Comité Ejecutivo y los integrantes de todas las comisiones y órganos de
dirección y representación debieran presentar su renuncia ante el citado Consejo.
Dado este paso, el
Consejo tendría que proceder a realizar las necesarias substituciones, a las que daría
el carácter de provisionales y a las que mandataría poner en marcha un proceso de
reorganización del partido, a partir de la renovación y fortalecimiento de sus bases
territoriales y la vinculación con las verdaderas problemáticas populares y nacionales.
Hecha la designación de los cuerpos y dirigentes provisionales, el actual Consejo
Nacional debiera votar su propia disolución.
La dirección
provisional debiera ser dotada de plenas facultades para el gobierno, la reorganización y
conducción del partido en el período de transición, que tendría que abrirse desde este
momento y hasta la elección del nuevo Presidente, Secretario General y Consejo Nacional,
que debiera celebrarse después de la realización de un Congreso Nacional Extraordinario
en el que se aprobaran nuevos documentos básicos y un padrón levantado a partir de la
reafiliación de los militantes y de llevar a cabo, simultáneamente, una intensa campaña
de afiliación. Se trata de reconstruir el partido desde sus bases.
La dirección que
se designe con carácter provisional tendría, ante la militancia y la nación, la
responsabilidad de poner en práctica una política hacia el interior del partido y hacia
el exterior que represente una verdadera regeneración, con la que se identifiquen los
miembros del partido leales a sus principios fundacionales, que sancione sin
contemplaciones toda violación a la legalidad interna, que ponga fin al sistema
corporativo y clientelar de cuotas en la integración de los cuerpos de dirección y en la
selección de candidatos a cargos de elección popular, que desde dentro y desde afuera se
reconozca por la ética en las conductas y por la autoridad moral recuperada.
El partido en sus condiciones actuales está incapacitado para cumplir con el compromiso
que tiene con el pueblo y la nación, compromiso que surge de los grandes movimientos de
reivindicación del siglo XX y que asumió el PRD desde su fundación. El partido en sus
condiciones actuales está traicionando a sus muertos y lastrado como se encuentra por las
violaciones a sus reglas internas, pierde su condición de instrumento de lucha por la
soberanía de la nación, el progreso y la democracia.
Al mismo tiempo que
se toman e instrumentan todas las decisiones anteriores, es indispensable la disolución
de los grupos de presión dentro del partido, las mal llamadas corrientes, que han
privilegiado intereses personalistas y de facción y que han sido causa principal de las
prácticas sectarias y clientelares, así como de las actitudes de intolerancia que han
inhibido la libre discusión de ideas y propuestas, ahondando las fracturas y los
desencuentros.
Convoco a mis
compañeros a compartir conmigo estas propuestas y a apelar a la conciencia y
responsabilidad de los dirigentes del partido para que nos escuchen y den pronta
respuesta. Estamos ante la última oportunidad para que no se pierda un instrumento que
con el sacrificio y el esfuerzo de miles de mujeres y hombres de todos los rincones del
país fue construido, como dice nuestro Llamamiento originario, para promover la
democratización de la sociedad y de las instituciones estatales; defender y hacer
respetar el voto ciudadano; luchar por la liberación de los sindicatos y organizaciones
de trabajadores, campesinos y populares de toda burocracia corrompida; poner un alto a la
destrucción consciente y sistemática de las instituciones y creaciones de la Revolución
Mexicana: el ejido, la cooperativa, el contrato colectivo de trabajo, el sindicato, la
empresa pública en las ramas donde nuestra independencia económica la hace
imprescindible; impulsar la educación pública laica y gratuita; defender e imponer la
independencia de la justicia, la dignidad del individuo, los derechos y garantías
consagrados en nuestra Constitución, el cese de toda represión política o ilegal;
combatir la corrupción, el privilegio, la injusticia, el despotismo de gobernantes,
funcionarios y poderosos, el caciquismo, la arbitrariedad, el uso patrimonial de los
fondos públicos; promover la igualdad, la libertad y la solidaridad como valores rectores
de nuestra vida ciudadana.
Alcemos nuestras voces y ratifiquemos
con este llamado a nuestras propias conciencias y responsabilidades y a nuestros
compañeros, el compromiso de levantar un México de hombres y mujeres libres e iguales
ante la ley y ante la vida, una patria democrática, solidaria y generosa, una patria para
todos.
Cuauhtémoc
Cárdenas, ingeniero, es un dirigente histórico de la izquierda mexicana. Su padre,
el general Làzaro Cárdenas tuvo una política de extremada solidaridad con la república
española en guerra y, luego, con los republicanos exiliados en México.
El golpe de Honduras y la crisis
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| Guillermo Almeyra · · · · · |
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| 30/06/09 |
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Es
un golpe de los dueños de los medios de información, de los jueces clasistas y
corruptos, de los políticos al servicio de los terratenientes, y su pretexto es
ridículo.
El capitalismo busca recomponerse y expandirse utilizando la crisis actual. Destruye
miles de millones de capitales (la mayor parte ficticios) y millares de bancos y
empresas para concentrar el capital. Y lanza a la desocupación y la miseria a centenares
de millones de trabajadores, aprovechando para imponerles por ese medio la rebaja de sus
salarios, la pérdida de sus defensas sindicales, la prolongación de las jornadas de
trabajo, la anulación de las leyes sociales para mantener un trabajo siempre en peligro,
siempre peor. A la extracción de plusvalía relativa, aumentando la productividad con
salarios prácticamente congelados, une la de plusvalía absoluta, aumentando la jornada
laboral, extrayendo de la familia obrera el trabajo gratis de sus componentes con tal de
obtener entre todos lo necesario para la reproducción de la fuerza de trabajo.
Tal política, en los países industrializados, exige la complicidad de las direcciones
sindicales burocratizadas que venden los derechos de sus afiliados, y exige medidas
represivas contra las tendencias de clase en el mundo laboral y contra los inmigrantes e
indocumentados que forman buena parte de la clase trabajadora, para que ésta se divida,
debilite y desorganice.
En los países menos industrializados, en cambio, donde el grueso del capital se
basa en una amalgama entre una oligarquía terrateniente de visión feudal y las empresas
transnacionales y se apoya en el racismo de las clases acomodadas urbanas (blancas y
mestizas) contra las rurales y urbanas pobres (indígenas, negros o mestizos pobres), para
mantener el margen de ganancia hay que reducir la parte de los ingresos de los
trabajadores, y esa tarea sólo se puede hacer impidiendo su resistencia con un poder
dictatorial. Los intentos de golpe de Estado de quienes controlan la justicia, el
Congreso, los medios de información y las fuerzas armadas están y estarán, pues, en el
orden del día.
En el 2002 se realizó el intento de la oligarquía venezolana, respaldada por Bush y
por el gobierno español, y con el apoyo de las clases medias acomodadas de las ciudades,
de derribar al presidente Hugo Chávez. La movilización popular dividió política y
socialmente a las fuerzas armadas y el golpe fracasó. El año pasado, los sojeros y
ganaderos de Santa Cruz, en Bolivia, intentaron un golpe contra Evo Morales que fracasó
por la movilización campesinas hacia esa ciudad y la pronta reacción de los gobiernos de
la Unasur. Recientemente, la salvaje burguesía guatemalteca creyó oportuno un golpe de
Estado contra el presidente tímidamente reformista Álvaro Colom, al que había espiado y
vigilado desde el primer momento. La movilización campesina e indígena creó una
situación fluida, donde siempre es posible otro zarpazo gorila con el apoyo unas clases
medias temerosas de que el ascenso social de los sectores populares pueda hacerles perder
sus magros privilegios. Ahora se produjo el golpe contra el presidente Manuel Zelaya, que
llevó Honduras a la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA). Es un golpe de los
dueños de los medios de información, de los jueces clasistas y corruptos, de los
políticos al servicio de los terratenientes, y su pretexto es ridículo.
En efecto, nadie obliga a participar en una consulta que tampoco es vinculante y, si en
el futuro se preguntase eventualmente si los electores desean reformar la Constitución,
bastaría con responder no (y ganar la elección) para mantener la Carta Magna actual. El
ejército, en cambio, secuestró de madrugada y expulsó del país al presidente y a
varios ministros, golpeó a embajadores de países del ALBA, el Congreso falsificó
posteriormente una carta de renuncia de Zelaya y, sobre esa base, 20 horas después de
haberlo echado con las bayonetas, lo destituyó y nombró un usurpador de la presidencia
como presidente interino.
La OEA, la ONU, los países centroamericanos y el propio presidente de Estados Unidos
declararon de inmediato que sólo reconocían a Zelaya. Como en el caso de Bolivia, los
presidentes del grupo ALBA pero también otros mucho más moderados (Lula, Tabaré
Vázquez, Cristina Fernández de Kirchner, Michelle Bachelet, Oscar Arias), temen una
vuelta a los años 1970, a los golpes de Estado y las dictaduras porque en todos los
países la derecha quiere defender sus enormes márgenes de ganancia amenazados por la
crisis y por las reivindicaciones de los trabajadores. El propio Obama no puede hacer lo
que habría hecho George W. Bush (apoyar a los gorilas) porque perdería así el apoyo de
los hispanos y los trabajadores en Estados Unidos y el de los demócratas de todo el mundo
junto con los frutos recientes de su campaña personal de apertura hacia América Latina.
No se puede hablar, pues, de un nuevo golpe de la embajada gringa, ni del
primer golpe de Obama, aunque buena parte de las transnacionales
estadounidenses y de sus representantes en el establishment de Estados
Unidos (Otto Reich, Negroponte y Cía) puedan estar detrás de los golpistas. Lo que es
evidente es que no basta el repudio de los gobiernos para derrotar a éstos y que es
necesario aplastarlos de modo ejemplar antes de que su ejemplo siente un precedente, ya
que el capitalismo no puede recuperarse manteniendo los mismos márgenes de democracia y
las conquistas sociales que le fueron arrancados por los trabajadores en la segunda
postguerra.
Guillermo Almeyra es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO.
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www.sinpermiso.info, 30 junio 2009
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