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Sin tacto

Sergio González y Levet

UN EXPERTO EN REESTRUCTURACIONES

Se llama Javier. Omito sus apellidos para evitar que se agolpen a su puerta miles y tal vez millones de ciudadanos -y para lo macroeconómico, hasta algunos cercanos a Tula-, solicitando su consejo, su asesoría, para sobrevivir en medio de la emergencia económica, como lo ha hecho él toda su vida.

Porque Javier no ha sido pobre, sino paupérrimo desde que nació en una cuna humildísima y de ella salió para sobrevivir con un don que Dios le dio, el de la buena prosa, que si en México se pagara como se debe, él sería más millonario que Carlos Slim, porque es periodista, poeta y narrador insuperable, y su escritura resplandece cuando se aplica a hacerlo como se debe.

Pero poco lo hace, y por eso no aguanta en ningún empleo, aunque esgrime como disculpa que no tiene tiempo para trabajar porque debe mantener a siete hijos (¿o son ocho?) y una esposa, y además un vicio caro como es el gusto por el trago, pero el buen trago (“Yo no soy borracho, soy alcohólico”, dice con orgullo en los mejores bares de la ciudad, atrás de una copa de whisky escocés, de una malta).

Y a su vicio y su familia hay que agregar que tiene un corazón de condominio, porque se enamora constantemente de ninfas que no están a su alcance, y sin embargo él les apedrea el sentimiento con arrancados versos y costosos regalos, que casi nunca surten efecto.

Hace 25 años ganaba 1,200 pesos mensuales, con los que sobrevivían de milagro sus hijos, sus gustos y sus amoríos, pero le llegó del cielo un nuevo trabajo y el sueldo le subió a la fabulosa cantidad de ¡5 mil pesos! En la cantina donde celebró el acontecimiento, contaba a los parroquianos que su mujer le preguntaba cómo le iban a hacer ahora para gastar tanto dinero. Es más, dentro de la celebración, invitó los tragos a todos, y fue una cuenta que se tardó dos años en pagar.

Bueno, pues a los tres meses de ganarlo, el sueldo fabuloso ya no le alcanzaba ni para la primera semana de la quincena y entonces empezó una larga serie de negociaciones con su jefe -un amigo suyo de la primaria que le perdonaba todas sus excentricidades y la mayoría de sus irresponsabilidades laborales, lo que es la suerte-, pues cada que se le terminaba el dinero, que era siempre, le pedía préstamos con pretextos cada vez más estrambóticos, dignos de su literaria imaginación.

Los que lo conocíamos nunca nos pudimos imaginar cómo es que lograba vivir y sobrevivir su familia, y de qué manera alcanzaba a pagar sus gastos, sus gustos de tomador perenne y sus frivolidades de enamorado irremediable. Pero lo cierto es que pasaron las quincenas con abusos excesivos en el gasto, siguieron los meses que se volvieron años, y Javier logró sacar adelante de cualquier manera a sus hijos, que se volvieron madres (solteras) y hombres (casi de bien).

Tal vez su secreto es que sabía ser un hombre rico, porque apenas recibía su quincena iba a derrocharla en donde pudiera. Yo alguna vez le reproché que se acabara tan rápido el dinero y me contestó con una lógica implacable:

—Mira, jodido siempre estoy. El dinero nunca me alcanza para nada. Si lo guardo, soy pobre todo el mes, pero si lo gasto el mismo día, cuando menos los 15 y los 30 me siento rico, y eso me da ánimo para seguir en la vida.

Ahí tienen a Javier, un experto en vivir en la miseria, que tanto nos podría enseñar a los veracruzanos, ahora que tenemos que vivir inmersos en ella… con o sin reestructura.


Sin tacto

Sergio González y Levet

LA PATRULLA TE01-514

Me lo contó una señora que pasaba por ahí o vive enfrente, no me quedó muy claro. E igual como me lo dijo se los relato, hasta donde es posible rescatar fielmente en el texto escrito lo que se expresó por medio de la lengua hablada. Pero le haremos la lucha.

Era el mediodía de un día que había amanecido soleado y caluroso, y terminó de descomponerse con unos negros nubarrones que, además de bajar la temperatura, amenazaban con hacer caer un chaparrón (y no me refiero con esto a algunos de los funcionarios bajitos del actual Gobierno que están en la tablita porque han dejado que les gane la fiaca o la hormona)… un chaparrón de ésos con sus goterones helados que insisten en caer en los lugares más desprotegidos e inconvenientes -el cuello de la camisa, por ejemplo, para atajar a los mal pensados, que nunca faltan-.

Era el mediodía y llegó a la Plaza Montemagno, tan de moda ahora en Xalapa, la patrulla de Transito de Estado con número económico (?) TE01-514, y con sus respectivos dos oficiales, como ellos mismo se hacen llamar, dentro. Atrás de ella venía una pavorosa grúa, que revelaba su oscura intención de levantar vehículos que estuvieran incurriendo en alguna infracción.

En alguna infracción… pensó mi relatora en ese momento, pero pronto se dio cuenta de que el verdadero propósito de la remolcadora era llevarse vehículos en las condiciones que fueran, con un objetivo francamente recaudatorio. Pero en eso de “las condiciones que fueran” los “oficiales” de Tránsito eligieron pésimo, pues se dirigieron al área de discapacitados y la grúa empezó a hacer maniobras para levantar dos automóviles que estaban ahí estacionados.

Para fortuna de sus propietarios, ambos estaban en el café de junto (en el café de Justo) y se acercaron de inmediato a dialogar con los agentes.

Uno de aquéllos era un venerable ciudadano, de alrededor de 80 años, que caminaba con la ayuda de un bastón. El otro, de la misma edad, se veía más ágil, aunque su condición de edad seguramente le permitía ocupar ese espacio especial.

Pero hay una premisa filosófica que dice que los agentes de Tránsito siempre tienen la razón (la tienen más que el protagonista del aforismo que usan a menudo los ofrecedores de servicios: el cliente siempre tiene la razón… pues los tránsitos la tienen más aún). Y por eso no valió ninguno de los razonamientos que los respetables señores esgrimieron, con toda propiedad y decencia, ante ellos.

Cuando vieron que lo que decían los afectados era demoledor en su lógica, uno de los uniformados se sacó un as falso de la manga (es una metáfora) y de plano les dijo que ese lugar sólo era para ascenso y descenso, y que tenían que quitar sus coches porque “varios vecinos se habían quejado”. Ahí, la señora que era testigo y los ancianos se quedaron perplejos ante la extraña lógica del, hummm, servidor público, y no faltó un colega periodista que se acercaba en ese momento y que prácticamente terminó regañando a los “oficiales” por oponer tan endebles argumentos.

Bueno, después de una larga discusión, el asunto terminó en que el señor más ágil tuvo que quitar su coche de ahí, y dejaron que el señor del bastón no moviera su vehículo. Pero eso sí, consiguieron molestar a dos ciudadanos que debieran gozar del respeto que se merecen, y más de dos representantes de la autoridad.

Para no irse con las manos vacías, la grúa y la patrulla se fueron a buscar otros vehículos en las calles adyacentes, con el fin de levantarlos y cobrar las multas (¿o mordidas?) correspondientes.

¿Y así quieren que voten por ellos?.


Sin tacto

Sergio González y Levet

GELA FRUTIS DÍAZ-CONTI DE LARA

“¿Y tu mujer?”, siempre que nos encontrábamos me saludaba así, pues aunque participábamos con ella del mismo afecto, se identificaba con mi esposa Elsa en su calidad compartida de xalapeñas guapas, conquistadas en el mejor sentido de la palabra por sendos extraños nacidos en otras tierras, con más buen gusto que imaginación.

Yo le contestaba lo que correspondía en el momento, y sabía que después del “Me la saludas mucho”, su voz grave e indistinta iba a empezar a recorrer algún problema de la ciudad, lo que era la preocupación constante de la arquitecta Gela Frutis Díaz-Conti de Lara, todo un ícono en la historia de la conservación de todo lo mejor de Xalapa; ícono en el mismo sentido que lo fue otro amigo entrañable, David Bouchez, a quien también tanto le debe -en lo gastronómico y en lo social- nuestra historia inmediata.

Cuando Leonor de la Miyar nos contó el sábado 11 que Gela acababa de fallecer, víctima de un cáncer implacable, quedamos consternados. Elsa sólo alcanzaba a repetir “¡Qué barbaridad!”, hasta el infinito de su congoja, y de ahí fuimos consolando la pena hasta que logramos estacionarnos en el recuerdo abrigador de la amiga ya ida:

Gela Frutis era toda pasión a la hora de emitir opiniones y más se apasionaba cuando ejercía su visión crítica, que era contundente, lógica, inexpugnable. Bueno, crítica siempre era, porque su discurso permanente eran los problemas que asolaban a la capital, y se iba contra las autoridades municipales, contra los funcionarios del gobierno, contra todos los que ostentaban un cargo público y no hacían lo que debían.

Pero si su voz era grave y altanera, decía además las cosas sin pelos en la lengua y sin cola que le pisaran. En charlas personales, en corrillos, en reuniones, en foros, Gela Frutis siempre esgrimió la razón en favor de la causa xalapeña.

Fue la primera Directora de Ecología que hubo en el estado, muy joven ella, apenas salida del cascarón de la Facultad de Arquitectura de la UV, en donde era muy reconocida. Rafael Hernández Ochoa algo había visto en ella que se animó a nombrarla en el puesto que inauguraba esa área gubernamental.

Y ahí empezó el despegue profesional de Gela, porque desempeñó esa responsabilidad con energía, con elegancia y con resultados. Ella logró poner el pie de casa para las acciones en pro del medio ambiente que ahora son parte de nuestra geografía política en el ámbito estatal.

Y una vez concluida con éxito su delicada misión primera, la hija de don Beto Frutis -que fue por décadas el dueño de la casa de fotografía más importante de la ciudad- pasó de la conservación del medio a la conservación de su medio inmediato, su terruño querido, porque se convirtió en sempiterna y emocionada participante del comité del centro histórico de Xalapa, en donde su palabra se convirtió en ley y su presencia siempre fue infaltable.

La vamos a extrañar; vamos a querer encontrarla una vez más en alguna calle xalapeña, acompañada de su queridísimo esposo, Gonzalo Lara Gómez, a quien le enviamos nuestro más sentido pésame y la solidaridad de amigos de tantos años.

No entiendo las elecciones del cáncer, que se lleva a personas valiosas y deja en la tierra a tantas lacras, pero así es la vida y hoy le tocó dejarla, adelantarse, a la mejor amiga de Xalapa, a la arquitecta Gela Frutis Díaz-Conti de Lara, que en paz descansa en su propia tierra… que tanto amó… que tanto la amó.


Sin tacto

Sergio González y Levet

GABRIEL ARELLANO LÓPEZ

A las 4 de la mañana del lunes 13 de marzo llegó la infausta noticia al chat del Grupo de los Diez, que reúne a más de 15 reporteros unidos por la historia compartida en el oficio y por la amistad:

 “Buenos días, disculpen la hora, soy la hija de Gabriel Arellano. Lamentablemente acaba de fallecer”.

Así, se nos adelantó el primer miembro de este Grupo, que no es una asociación ni un sindicato sino una reunión de amigos y colegas con fines estrictamente periodísticos, que se mantiene por la voluntad de juntarnos para hablar de nuestro trabajo y nuestras vidas.

De inmediato en nuestro chat afloraron las reacciones:

Manuel Rossete Chávez, el primero: “Descanse en paz el entrañable amigo y gran profesional del periodismo”. Rafael Pérez Cárdenas: “Un abrazo cariñoso a la familia…” Pepe Valencia Sánchez: “Lamentamos el deceso de nuestro colega y amigo entrañable. Adiós, querido Gabriel”. René del Valle Bouzas: “Descanse en paz”.

Miguel Ángel Cristiani: “Me uno al duelo de la familia de nuestro querido compañero y amigo. Un abrazo”. Quirino Moreno Quiza: “Mi solidaridad con la familia y mi tristeza por el compañero ido”. Álvaro Belín Andrade: “Lamento la partida de nuestro colega y compañero Gabriel Arellano López, quien nutrió a estos grupos en los últimos días de su larga batalla. Ha fallecido esta madrugada.” Salvador Muñoz: “¡Lamentable noticia!”.

Filiberto Vargas: “Triste pérdida”. Orlando García Ortiz: “Qué triste noticia. Descanse en paz el compañero y amigo Gabriel”. Luis Alberto Romero: “Mi pésame. Lo acompañaremos en el velatorio”. Bernardo Gutiérrez Parra: “Descanse en paz”. Melesio Carrillo; “Mi solidaridad con la familia de Gabriel, descanse en paz”. Tulio Moreno Alvarado: “Un abrazo fuerte y sentido pésame a la familia del estimado Gabriel”.

Pompeyo Lobato Ortiz puso el colofón a la serie de las condolencias: “Abrazo solidario a la familia de Gabriel Arellano… Me dio el privilegio de comentarme su destino final, hoy cumplido. Descanse en paz”.

A finales de los años 70 y principios de los 80 del siglo pasado, Gabriel Arellano estaba convertido en uno de los reporteros estrella de Diario de Xalapa, cuando serlo era tener conquistada la plaza, pues era el medio soñado para la mayoría de los periodistas de Veracruz.

Gabriel había ido escalando los puestos y logró el máximo privilegio que Rubén Pabello Acosta, el dueño del Diario, concedía a sus trabajadores de la tecla: escribir el “Glosario del momento”, la columna que había germinado Froylán Flores Cancela durante 20 años hasta que su trabajo de investigación y su prosa inédita lo convirtieron en el primer y auténtico Premio Nacional de Periodismo.

El propio Pabello Acosta bordó el seudónimo que haría famoso en la columna nuestro amigo: Ariel del Llano. Y éste cumplió a satisfacción el enorme compromiso que significaba para un joven reportero publicar cotidianamente en el espacio que era más leído e influyente en Xalapa durante aquellos tiempos.

Gabriel tenía una prosa impecable, seria y clara. Nos lega su gran trabajo periodístico, lo que nos dejó publicado en tantos años de carrera y le sobrevive y lo hará sobrevivir en la historia. Es nuestra forma de buscar la inmortalidad y ahora él la tiene porque la merecen sus notas informativas, sus reportajes, sus entrevistas.

El 23 de febrero recibí su último “Escenario”, la columna que publicaba en su revista Hechos y en varios portales informativos, y consigno como la despedida del amigo cercano la última línea que leí de él en vida:

 “Imaginar a David Velasco Chedraui nuevamente como alcalde de Xalapa, resulta una pesadilla. Sería un gran retroceso. Ojala que no llegue ese día”.

Descansa en paz, compañero del alma.


Sin tacto

Sergio González y Levet

BACHES (2)

Un estimado (lo son todos) y fiel (lo son casi todos) lector me envía un correo electrónico en el que borda alrededor del tema de los baches que adornan y conmueven a la ciudad de Xalapa, lo que medio traté en la pasada entrega de “Sin tacto” y que don Abundio San Juan (seguro es un seudónimo, por su evidente factura juanrulfesca, cuya identidad real respeto, porque no se mete de malos modos con nadie) complementa de mejor manera que yo, lo que le agradezco.

Para no andarle jugando a la busca de sinónimos y de construcciones sintácticas que no se repitan, como sucede en los boletines de prensa que pormenorizan lo dicho por otro, de plano le cedo la palabra a don Abundio, agradecido porque me evitó la pena de escribir en un viernes que se me estaba volviendo inenarrable.

Obvio las comillas con el simple comentario de que en adelante solamente reproduzco el texto del inteligente correo que me llegó, con algunas modificaciones mínimas, que consideré necesarias para facilitar su entendimiento.

Leí con gusto y detenimiento su escrito sobre los baches xalapeños, aunque tengo que reprocharle que al hablar de ellos (bueno, al escribir, si hemos de ser precisos), usted se quedó en el terreno de lo material, aunque usa palabras muy bonitas en sus descripciones y hasta se recarga en textos de poetas grandes como José Emilio Pacheco.

Sí, conozco el poema Un Gorrión, que es corto y por eso lo reproduzco nadamás por el placer de leerlo:

Baja a las soledades del jardín

y de pronto lo espanta tu mirada.

Y alza el vuelo sin fin,

alza su libertad amenazada.

Coincido con usted en casi todo lo que dijo, escribió, sobre los baches, pero le faltó decir que de tanto ser parte de nuestra vida han llegado a tener corazón y a despertarnos sentimientos.

Mire usted, la semana pasada, unos señores acomedidos taparon un bache que está en la curva antes de llegar a los moteles de la salida de la Central de Abastos. Yo todos los días caía en él y no me lo va a creer, pero creo que me dio una especie de Síndrome de Estocolmo, porque le empecé a agarrar cariño al agujero asfáltico, no obstante que me costó dos pares de llantas, dos amortiguadores, una facia y una salpicadera, porque todos los días se me olvidaba ese hoyo enorme y caía ingenuamente otra vez en él. Se me hace que le agarré el mismo amor que a mi ex esposa, que me dejó prácticamente en la calle cuando nos divorciamos, y es el día en que no puedo olvidar a la ingrata, aunque ya han pasado tres años desde el día que me abandonó a la mala.

Hay otros baches que son una caricia, porque hacen que el coche tenga un muelleo que da cosquillas en la columna, y acarician la espalda y el cuello al pasar por ellos.

Amor, agradecimiento, ensoñación nos provocan ciertos baches, y otros, como la canción de Los Panchos, solamente nos dejan “ansiedad, angustia y desesperación”.

Yo creo que el mundo no sería igual de emocionante sin los baches, y hasta veo con disgusto cuando alguna cuadrilla del Ayuntamiento se pone a rellenar esos sitios que nos exigen concentración, cuidado y atención, cuando manejamos o cuando vamos de pasajeros.

Sí se me hace exagerado el doctor [Luis Álvarez] Frutis cuando dice que nos puede dejar ciegos pasar por un bache sin la precaución que se necesita, pero yo lo he consultado por otros motivos, y la verdad es un señor que sabe su profesión, lo que me hace dudar si no será cierto eso.

Bueno, señor (González) Levet, le agradezco la atención prestada, y le prometo mi reconocimiento.

Sin tacto

Sergio González y Levet

¡BACHES!

Los hay de todos los tamaños y conformaciones. Y también tienen su personalidad propia: algunos se exhiben plenamente como retándote a que metas tus llantas en ellos; otros, se embozan en la sombra de los árboles o en la oscuridad de la noche, y caes en ellos sin preparación alguna, sin que puedas prevenir a tu columna o a tus retinas en peligro (un fuerte golpe en el coche te puede dejar tuerto o ciego, me dice el eminente oftalmólogo Luis Álvarez Frutis).

Hay otros más que no parecen ser lo que son y esconden su verdadera naturaleza: unos se ven imponentes y son unos míseros hoyitos que la suspensión ni toma en cuenta (a menos que traigas un vehículo marca Jeep, que son verdaderos portentos en contra de la comodidad viajera). Al contrario, hay otros que son la hipocresía hecha socavón, porque de plano ningún conductor se imagina que en esa superficie de apariencia amable se encuentra todo un prodigio maligno de la naturaleza.

Son los baches de Xalapa, que permanecen en nuestras calles contra toda la lógica y los esfuerzos del área del Ayuntamiento encargada de taparlos.

Casi todos vienen de la estirpe de la corrupción, porque hacer mal las cosas para tener que estarlas arreglando permanentemente, es un negocio que emana de la quintaesencia del fraude constructivo.

Dije casi todos... porque también, hay que reconocerlo, algunos son debidos a las veleidades del subsuelo, que en estas regiones es capaz de modificar su estructura y temperamento sin decir agua va, y es que precisamente las aguas que corren en Xalapa por debajo de nuestros pies son de cuidado y de efectos alarmantes, cuando no trágicos.

Hay baches que llegaron para quedarse entre nosotros por siempre. Recuerdo el que está a la entrada de la SEV: formidable, omnipotente, majestuoso. Se ubica justo en medio del arroyo porque sabe que a los lados siempre habrá coches estacionados, ahí donde no cabe ni un alfiler. Lo ves, te vas acercando a él y, como el gorrión de José Emilio Pacheco, te das cuenta de que no podrás alzar tu libertad amenazada. Si te va bien, emerges con el estómago descompuesto, la espalda dolorida y el coraje enhiesto, aunque con la suspensión más o menos ilesa. Pero hay otra probabilidad: las llantas delanteras quedan con un chipote lateral que te obliga a comprar nuevas cuando todavía hubieran podido dar un servicio de varios miles de kilómetros.

En ese rubro de los baches perennes hay que mencionar los del acceso a la Central de Abastos, los adoquinados del Fraccionamiento Las Ánimas, los de la avenida Ruiz Cortines…

Tal vez una solución ante la imposibilidad de quitarlos sea que los aceptemos como tales en nuestra realidad cotidiana. Podríamos hasta ponerles nombre de algunos conspicuos ciudadanos, que agradecerían el gesto: Bache del Cronista Emérito de la Ciudad Pepe Zaydén, Bache del Pollotón del Negro Santiago… en una de ésas, hasta nos hacen el favor de tomar en cuenta la petición reiterada de muchos intelectuales mexicanos y al bache más bonito se le impone el nombre de nuestro mejor escritor xalapeño: don Sergio Galindo, una verdadera gloria de nuestras letras.

Y junto con el nombre, a esos baches impertérritos se les podría poner algún adorno, para que destaquen también por la estética: tal vez unas jardineras con tiestos multicolores a éste, o un juego de luces que le dé mayor profundidad a aquél, aunque sea visual solamente, por favor.

Bueno, muchas cosas se pueden hacer con los baches… ¡hasta taparlos, señor alcalde!

Sin tacto

Sergio González y Levet

SER REGIDOR…

“Si yo fuera rico… tararara tarará tarará…”, canta Tevye, el lechero judío, (https://www.youtube.com/watch?v=rKSI68osEds) en el Violinista en el tejado, la pieza musical que obtuvo gran fama en Broadway y fue llevada al cine por Norman Jewison allá en los años 70 del siglo pasado, con tanta suerte que logró ganar tres óscares de la Academia de Hollywood.

“Si yo fuera rica/o…”, cantan ahora llenas y llenos de esperanza muchas políticas (feliz Día Internacional de la Mujer) y muchos políticos de nuestro estado y de todos los partidos, que buscan ansiosamente colocarse en el añorado primer lugar como regidor en cualquiera de las planillas que aspirarán a triunfar en las elecciones para los nuevos 212 ayuntamientos.

Y buscan esa primera posición porque es la única que ofrece una plena seguridad (si es que hay algo que pueda llamarse seguro en este mundo con tantas mudanzas) de lograr el puesto-propuesto, gracias a que por las reglas de la representación proporcional los partidos perdedores que hayan tenido una votación advertible conseguirán meter cuando menos a un regidor.

“Si yo fuera rico…”, se frotan las manos algunos que saben que un regidor gana un sueldo jugoso -que es bastante jugoso incluso en los ayuntamientos más pequeños con presupuestos reducidos- y que además recibe sobresueldos por las comisiones en las que participa (y que de repente es merecedor del agradecimiento de la autoridad municipal por haber propuesto o apoyado en el cabildo alguna iniciativa que le interesaba a aquélla; agradecimiento que se proyecta en prebendas en efectivo o en especie, cuentan las leyendas urbanas… y rurales).

Dicen los que saben que en los municipios grandes un regidor puede llegar a obtener mayores ingresos que un diputado local -que tan bien ganan- y razonan que eso es posible porque los regidores son menos -no llegan a 15 en las comunas grandes- y entonces el pastel del cochupo se reparte en tajadas más grandes.

Por eso, por esa ambición desmedida por el dinero (ay, ese vicio de la naturaleza humana que tanto daño nos hizo en los -12- años pasados, y que trae prófugos o próximamente prófugos a tan conspicuos personajes, otrora tan importantes y poderosos en Veracruz, y que trae devastado a nuestro estado)… por esa ambición desmedida, empecé a decir antes de que me ganara el sentimiento en el paréntesis, es que vemos el triste espectáculo de la avidez entre los correligionarios de los partidos, y vemos que se pelean amigos contra amigos, compadres contra compadres y hermanos contra hermanos.

Por el dinero, vil metal, se ponen en entredicho afectos y amores, honras y prestigios, historias y relaciones.

Si el puesto de regidor fuera honorario, seguramente los partidos políticos andarían ahorita buscando con la lámpara de Diógenes a un hombre que fuera justo, justo lo cándido que se necesita para entrarle a trabajar de gratis. Pero como el bocado es quincenalmente apetitoso, su “nombre es Legión, pues somos muchos” (Evangelio de San Marcos 5:9).

Éramos muchos y parió la abuela, hubiera dicho mi primo Arturo Galindo, que es bueno para los dichos precisamente, y por eso se amontonan los probables y sus seguidores en las sedes (la estatal y las municipales) de los partidos, en busca de sus respectivos presidentes; por eso mismo se arrellanan en los cafés y restaurantes alrededor de los periodistas, porque un buen comentario puede ser la llave que abra la puerta de la abundancia; por eso caen tantos incautos en las garras de charlatanes que les sacan su dinerito a cambio de una supuesta recomendación ante quien toma las decisiones.

Ser candidato a alcalde ya no garantiza nada, en ningún partido. Lo seguro entonces es la primera o segunda regidurías. Y tras esas andan como locos todos.

“Si yo fuera rico…”

Sin tacto

Sergio González y Levet

CUIDADO CON LAS ENCUESTAS

En este momento del proceso electoral municipal, cuando se están terminando de definir los candidatos de todos los partidos para los 212 ayuntamientos veracruzanos, es cuando por lo general empiezan a filtrarse resultados de las encuestas que fueron mandadas a hacer con el fin de tener información sobre las simpatías y aversiones del electorado en las ciudades grandes e importantes.

Difícilmente se podría encontrar una encuesta que traiga números generales sobre los resultados que obtendrían los partidos o alianzas a nivel estatal, porque sus datos resultarían ociosos. El costo de un ejercicio de opinión en ese sentido sería oneroso e inútil y difícilmente lo absorberían quienes están tomando las decisiones para cada municipio y para cada color. En verdad que nadie está para tirar el dinero en estos tiempos de apretazones y emergencias económicas.

Que si a nivel estatal el PAN se mantiene arriba, o que si Morena sigue subiendo en las intenciones del voto, o que si el PRI ha caído del gusto ciudadano, o que si ciertos candidatos independientes se están colocando por encima de los partidos chicos, o que si éstos perderán el registro porque no alcanzarán el porcentaje mínimo del 3% de toda la votación estatal requerido por el OPLE son datos que podrían interesar a lo mucho a algún investigador universitario que esté desarrollando un proyecto sobre comportamientos electorales. Pero a los jerarcas de los partidos, a los gobernantes y funcionarios inmiscuidos les interesa conocer cómo va la cosa en cada pueblo y en cada ciudad de Veracruz de manera particular.

Las encuestas revelan información momentánea sobre gustos e intenciones sufragistas de la población, pero esa información no es un dato estático porque las condiciones que llevan a un ciudadano a votar son múltiples y muchas operan efectivamente hasta el mismo momento del cruce de la boleta en la urna.

De ahí tantas sorpresas que hemos visto, gozado y/o padecido en resultados electorales durante los últimos 30 años.

La situación real de cada partido la sabremos después del 4 de junio, y mientras tanto las especulaciones que se hagan tienen más un tinte propagandístico que un sustento efectivo.

Bien dice Porfirio Muñoz Ledo que el análisis político no es un juego de adivinanzas, sino un ejercicio intelectual en el que cuentan los datos duros y no los anticipados.

Claro que los partidos políticos emplearán, como siempre lo han hecho, todos los recursos a su alcance para promover a sus abanderados en esta contienda. Claro también que algunos no dejarán de caer en la tentación de inventar un poquito por acá, aumentar un poquito por allá, sesgar un poquito un dato por acullá, con la intención de arrimar votos a su causa.

Pero lo cierto, lo verdaderamente cierto lo podremos ir vislumbrando cuando se registren definitivamente los candidatos, se determinen las planillas que los acompañarán, se adentren las campañas y nos encaminemos a votar -ojalá que mayoritariamente- por nuestras nuevas autoridades municipales para el ciclo 2018-2021.


Sin tacto

Sergio González y Levet

DOS FIESTAS; FRAGA Y YARMUCH

Son dos fiestas que conforman la columna vertebral del espíritu celebratorio de los veracruzanos, entre las que se entreveran cientos -tal vez miles- de ferias, conmemoraciones y otras tradiciones alegrantes.

Una es histórica, definitoria, fundacional. La otra se asienta en costumbres remotísimas, pero se ha proyectado pujante en la modernidad.

Ambas son reconocidas internacionalmente, e implican una buena derrama económica para nuestro estado.

El Carnaval de Veracruz.

Cumbre Tajín.

Y ambas peligraron por la masacre docenal, y sobre todo por la devastación duartista, que no dejó dineros para nada, menos para fiestear, lo que tanto nos gusta a los veracruzanos.

El Gobierno actual confesó que no había recursos para apoyar el Carnaval ni la Cumbre. Ya no habría esas cantidades impresionantes para promover (no promocionar) los dos eventos. Nada de maletas con 25 millones de pesos en efectivo para darlas a una supuesta empresa (¿fantasma también?) que haría la difusión (¿recuerdan esa otra mentira?).

La emergencia financiera es de tal dimensión que nos llegó a pegar hasta en el gusto profundo, así como dio bajo la línea de flotación de nuestra economía y arrasó con nuestras expectativas de crecimiento y calidad de vida en lo inmediato.

Pero aunque no tenga dinero, nuestro pueblo posee imaginación y experiencia, y esos dos recursos inagotables han hecho que nuestras fiestas más famosas no se hayan perdido este año. Y no sólo eso, sino que estén renaciendo en el sustento de su origen real.

Imaginación y experiencia… las mismas que derrochó Luis Antonio Pérez Fraga -el jarocho que más ha sabido de carnavales en toda la historia- porque fue nombrado Presidente del Comité de Carnaval y supo cómo hacerlo. Esta versión del Carnaval que acaba de pasar se va a volver entrañable porque rescató su esencia de fiesta popular, y no obstante mantuvo su nivel de festividad internacional.

Imaginación y experiencia… las mismas que está empeñando el arquitecto Ernesto Aguilar Yarmuch para que la Cumbre Tajín siga creciendo, aunque ya no habrá el derroche descomunal que aprovechaba la familia política de Javier Duarte, tanto para divertirse como para llenarse los bolsillos con los dineros desviados.

Hubo el Carnaval y volvió a ser el más alegre del universo. Y eso fue posible gracias a que al frente de la organización por fin pusieron a alguien que le sabe, que no es un improvisado.

Gracias al licenciado Antonio Pérez Fraga, el Pollo que tantos queremos.

Habrá igualmente una Cumbre Tajín decorosa, que retomará la riqueza de nuestra tradición totonaca, mística y voladora, pegada a la naturaleza pródiga en la que se desarrolló, pero una Cumbre también digna porque para no extrañar volverán a venir artistas de fuste a coronar las noches de los nichos. Y esta vez podremos escuchar el entusiasmo roquero de Gloria Trevi y el inmortal sonido de Celso Piña y su acordeón mágico.

Y por eso le daremos las gracias al arquitecto Ernesto Aguilar Yarmuch y a su capacidad organizativa, que la tiene como pocos.

Dos fiestas que se pueden hacer sin pegarle al presupuesto público; dos fiestas que ahora se hacen sin robar, sin corrupción, sin avideces ni soberbias.

El Carnaval de Veracruz y la Cumbre Tajín, nuevamente de y para el pueblo jarocho… y nuestros invitados.


Sin tacto

Sergio González y Levet

AMÉRICO Y LA VELOCIDAD

Chi va piano va sano e va lontano, dice un proverbio italiano, que en castellano significa: “Quien va despacio llega sano y llega lejos”. Esto parece saberlo muy bien Américo Zúñiga Martínez, el Presidente Municipal de Xalapa, pues desde hace poco más de un mes estableció la campaña “Modera tu Velocidad”, con la que se propone convencer a los conductores de vehículos para que le bajen al acelerador.

La campaña consiste en que agentes de la Dirección General de Tránsito y Seguridad Vial del Estado conversen con los automovilistas y choferes para que hagan conciencia de que las altas velocidades son el ingrediente principal de los accidentes más graves que ocurren en las arterias de la ciudad, de cualquier ciudad, y en las carreteras del mundo.

La campaña empezó desde los últimos días de enero pasado, con una impecable lógica, en la Avenida Lázaro Cárdenas, que es la más concurrida de la ciudad y en la que más excesos se producen.

En su momento, Heriberto Ponce Miguel, el Regidor que preside la Comisión de Tránsito y Vialidad del Ayuntamiento capitalino, comentó que “se trata de una medida más que correctiva, preventiva, y pidió el apoyo y la participación de los ciudadanos para que eviten ser sancionados.

“Nuestra intención no es detener el flujo vehicular en determinados puntos, lo que queremos es que respeten el límite de velocidad, que en la Avenida Lázaro Cárdenas es de hasta 70 kilómetros por hora”.

También tiene una opinión el cumplido Delegado de Tránsito en Xalapa, Arturo García García, quien explicó que la saturación vehicular en Lázaro Cárdenas y en otros puntos “provoca la desesperación de los transeúntes, que buscan la manera de salir y exceden por ello los límites de velocidad”.

Américo ha insistido en que esta campaña tiene que ser permanente y aplicada en toda la ciudad, porque la reducción de velocidad salva vidas. Él no lo ha dicho, pero seguramente piensa que con una muerte que se evite -y serán muchas en verdad- la campaña cumplirá su objetivo con creces.

 Una vida humana es mucho más valiosa que cualquier prisa que pueda tener un ciudadano (esto lo digo yo, pero seguro lo suscribiría nuestro alcalde), y por eso todos deberíamos apoyar la campaña y participar activamente para que quien está atrás de un volante entienda que si va despacio llegará lejos y sano, y sobre todo podrán permanecer a salvo los transeúntes o los pasajeros de otros vehículos que se atraviesen en su camino.

Sé que las películas y la televisión hacen ver la velocidad como un sinónimo de hombría, de arrojo, de poder. Muchos toman como modelo al conducir a los rápidos y furiosos que hacen cabriolas imposibles con sus coches, y eso es gracias a la magia de los efectos especiales.

Cuántos incautos no han sufrido accidentes de suma gravedad porque piensan que, como en los filmes gringos, las leyes de la física no aplican para ellos.

La autoridad municipal está tomando medidas para evitar que nuestras calles sean espacio para bólidos que son verdaderas armas mortales, y eso se debe apoyar sin ambages. Si todos vamos más despacio, la vida no será menos emocionante. Al contrario: si todos vamos más despacio, la vida será preservada.

Bien lo decía hace muchos años don Fernando Marcos: “Más vale una hora tarde, que un minuto de silencio”.

 

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