| ANALISIS FINANCIERO La dura realidad económica y las necias celebraciones de los gacetillerosDean Baker · · · · · 07/06/09 Los medios de comunicación han abandonado obviamente el papel de informadores de la
realidad económica y han adoptado el papel de animadores de la fiesta, pregonando
cualesquiera noticias buenas que puedan husmear, o aun inventándolas cuando no pueden
encontrar ninguna. Esto deja la responsabilidad de informar sobre la economía en manos de
otros. La pasada semana tuvimos todo una serie de informes del estado de la economía. Las
ventas de viviendas nuevas y de las ya existentes permanecen cerca de su más bajo nivel
de la recesión, de forma que los precios inmobiliarios continúan cayendo un 2% mensual.
Los nuevos pedidos para bienes de capital, un índice clave de la demanda de inversión,
se redujeron un 2% en abril. Si se excluye el volátil sector del transporte, los nuevos
pedidos siguieron cayendo un 1,5%. El viernes, el Indicador de la Actividad Industrial (PMI, por sus siglas en inglés) de
Chicago cayó más de 5 puntos porcentuales desde su nivel de abril, muy cerca de su nivel
más bajo de la recesión. El componente del empleo de este índice batió una nueva
marca. Estos informes podían haber provocado sombrías noticias, pero no en los medios de
comunicación de EEUU. La gente que no pudo ver la burbuja inmobiliaria de los 8 billones
está todavía en busca acérrima de un rayo de luz incluso entre las peores noticias
económicas. Por ejemplo, La Radio Nacional Pública explicó a los oyentes que las nuevas cifras de
ventas de casas en el mes de abril fueron mayores que las de marzo. Aunque esto era
verdad, las cifras de abril fueron solamente superiores en 1.000 a las de marzo, que ya
habían sido revisadas en 5.000 menos. Las ventas de casas en abril fueron 4.000 menos que
las inicialmente indicadas en el informe de marzo. USA Today informó de una
"oleada" de pedidos de bienes duraderos, que también estuvo basada en una
espectacular revisión a la baja de los datos previos del mes anterior. Los medios de comunicación han abandonado obviamente el papel de informadores de la realidad económica y han adoptado el papel de animadores de la fiesta, pregonando cualesquiera noticias buenas que puedan husmear, o aun inventándolas cuando no pueden encontrar ninguna. Esto deja la responsabilidad de informar sobre la economía en manos de otros. Ningún examen serio de los datos muestra que la recuperación esté a la vista. La
historia básica de la depresión es dolorosamente simple. Hemos visto un derrumbe de la
burbuja inmobiliaria que ha devastado el sector de la construcción y que también ha
causado la caída brusca del consumo. El sector de la construcción sufrió de una enorme sobrecapacidad durante los años de
la burbuja. Medidas en ventas mensuales, las existencias de construcción de nueva planta
como de edificios de segunda manos estuvieron cerca de doblar sus niveles normales. Estas
existencias aseguran que la construcción permanecerá muy deprimida al menos hasta el
2010, si no hasta más tarde. El desplome de los precios inmobiliarios ha conducido a la caída libre del consumo. No
es un problema de comportamiento del consumidor, como tantos comentaristas parecen creer.
Ocurre, más bien, que muchos propietarios de casas no estén comprando mucho ahora porque
los que se han quedado sin hogar no compran muchas cosas: no tienen dinero. El descenso de los precios de las viviendas desde el pico de 2006 ha costado a los
propietarios de sus casas cerca de 6 billones de dólares en pérdidas de patrimonio
inmobiliario. Solamente en 2009, la caída de los precios ha destruido casi 2 billones de
dólares de este patrimonio. La gente estuvo gastando cantidades increíbles durante el
período 2004-2007 sobre la base de la riqueza que tenía con sus hogares. Esta riqueza
ahora se ha esfumado. La vivienda es débil y está cayendo, el consumo es débil y está cayendo, los nuevos
pedidos de bienes de capital, el principal indicador para la demanda de inversión, cayó
en abril el 35,6% en relación a este mismo mes del año anterior. Y el Estado federal,
como los gobiernos locales de todo el país, con California a la cabeza, están
despidiendo trabajadores y recortando servicios. Si alguna muestra de recuperación hay en toda esta historia, muy difícil resulta
encontrarla. Lo que hay, y resulta obvio, es una espiral descendente de más despidos y de
recortes adicionales de horas, cosa que contribuye a la ulterior reducción de la
capacidad adquisitiva de los trabajadores. Además, la debilidad del mercado de trabajo
está presionando a la baja los salarios, lo que actúa como una segunda fuerza depresora
de la capacidad adquisitiva de los trabajadores. No bastan las buenas palabras para provocar un cambio de las circunstancias
económicas. La economía necesita más demanda, la cual solo puede llegar con otra gran
dosis de estímulos del gobierno federal. Hay formas fáciles, rápidas y efectivas para
espolear la economía con estímulos adicionales. La primera: dar más dinero al Estado y a los gobiernos locales para que no tengan que
despedir a trabajadores, recortar servicios y aumentar impuestos. Es palmario que ese
gasto estimularía inmediatamente la economía. El gobierno podría también ofrecer un gran estímulo a la economía mediante la
puesta en marcha de una reforma sanitaria con un crédito fiscal a los empresarios (por
ejemplo, de 2.500 dólares por trabajador) para las firmas que no ofrecen cobertura en la
actualidad. Lo que podría acercarnos rápidamente a una cobertura sanitaria universal
mientras el Congreso siguiera trabajando para reestructurar el sistema reduciendo costos. También podrían proporcionarse 2.500 dólares de crédito fiscal a los empresarios
que tuvieran a trabajadores a tiempo libre pagado. Esta medida debería incrementar la
demanda tanto de la economía como proporcionar a los trabajadores más ocio y
flexibilidad en el puesto de trabajo. Hay otros medios con los cuales el gobierno podría generar rápidamente nueva demanda,
pero no serán objeto de debate serio mientras no haya un reconocimiento más general de
la necesidad de un estímulo adicional. En algún punto resultará imposible seguir
escondiendo las malas noticias, y la atención del Congreso se volcará de nuevo a los
estímulos. Por ahora, lo que se puede decir es que la verborrea panglosiana de unos
medios de comunicación enterquecidos en negar la realidad de la economía contribuyen lo
suyo a retrasar ese momento. Dean Baker es co-director del Center for Economic and Policy
Research (CEPR). Es autor de Plunder and Blunder: The Rise and Fall of the Bubble Economy. Traducción para www.sinpermiso.info: Daniel Raventós |
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