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UNA COLORADA (vale más que cien descoloridas)

Lilia Cisneros Luján

El Modelo

30 de septiembre del 2013

Hubo una vez un paraíso rico en selvas, bosques, lagos, ríos, montañas, zonas de calor y de frío, costas y muchas más especies biológicas y zoológicas que en ninguna otra parte del llamado planeta azul. Sus pobladores vivían en armonía con el entorno, sembraban lo necesario para nutrirse, criaban ciertos animales para completar su dieta, enviaban a sus niños a las escuelas comunales, expresaban su arte lo mismo en construcciones adecuadas para la vida como en monumentos para la adoración de los dioses de la naturaleza y hasta piezas escultóricas de gran contenido y belleza. Luego de muchos huehuetiliztli[1] de felicidad, los envidiosos y ambiciosos, anhelaron quedarse con la riqueza de esos pueblos que eran “mágicos” aun sin la declaratoria de los de afuera.

Llegaron sin arcos, flechas ni penachos, pero con 6 patas, cuatro de ellas muy hábiles para saltar como el chapulín, y por eso les llamaron gachupines. Le arrancaron a la tierra, piedras, árboles, y hasta el chapopote, descubierto y usado con gran efectividad por los Olmecas[2] habitantes de zonas cercanas al mar. Estos gachupines, humillaron y trataron de extinguir a los orgullosos mexicas, pasando por los totonacas, chichimecas, amuzgos, chontales, mixtecos, zapotecos, mixes, kikapues, mayos, huastecos, huicholes y muchos otros a los que doblegaron desde la entraña de su espíritu robando, violando y matando; además de echarles todos los males de ojo posibles entre ellos una maldición llamada viruela.

Con un método de tres etapas que consistía en descalificar, enfrentar y sustituir, luego de doblegar su espíritu usando bebidas solo reservadas a los sacerdotes y otras que trajeron desde otros mundos, de violarlos y esclavizarlos, les empezaron a decir hasta el cansancio que eran inferiores, que debían aprender otras ciencias con las cuales serían mas productivos y hasta pudientes. Los hombres que saltaban trajeron caminantes de largas vestimentas para insistir en decirles lo poco valioso que era lo que habían vivido y lo maravilloso de una eternidad de plenitud, si olvidaban su lengua, sus costumbres, sus ritos.

Como siempre ocurre, estos extranjeros fueron hábiles para reconocer a los traidores – temactecahuani- y a cambio de trato preferente les enseñaron a ser rudos con los que se negaban a la nueva era. Esa forma de conducirse se les metió en la sangre a muchos, a tal grado que aun con el paso de los fuegos nuevos, hubo mujeres famosas que animaban a las comadres a golpear a las rejegas.[3] Una vez sometidos de espíritu y mente, empezó a ser sencillo cambiarles sus bellas vasijas, piedras preciosas y penachos por cosas sin valor como los espejos que permitían a los sometidos capturar su imagen hasta entonces solo vista en el agua.

Por el abuso de este modelo basado en el enfrentamiento, la guerra sin motivos y solo para depredar, los gachupines terminaron siendo expulsados por otros brujos tan o más perversos, que se robaron la mitad del paraíso. Los que lograron sobrevivir se rebelaron -unos por convicción libertaria otros por interés de convertirse en hombres de seis patas- y luego de otro huehuetiliztli, por descuido y por traición, nuevamente el modelo se impuso. En este prototipo el único dios es un poderoso caballero, que se multiplica si todos compran aun lo que no necesitan, solo unos cuantos producen lo que le venden a otros que ya se olvidaron de sembrar, de usar el bosque con racionalidad y que perdieron la dignidad al no trabajar y solo extender la mano para que les den como limosna, un techo, un piso, una despensa, una beca.

Para extinguir a quienes pudieran convertirse en revoltosos, los magos del norte propusieron un sistema recaudatorio basado en la desconfianza, en el cual se vigilarán los consumos hechos con la moderna cadena de los esclavos que es un pedazo de plástico y se les hechizará en mazmorras si no pueden demostrar como lo han pagado. A los que si declaren se les quitará cuando menos un tercio de lo que produzcan, se les dirá que su dinero solo estará seguro en bancos que les cobran por guardarlo, se les pedirá mas dinero por tener un coche, mantener su habitación en condiciones de dignidad[4] y al igual que los primeros hombres saltamontes, quebrarán su espíritu mediante la burla, diciendo: “pues si no puede pagar predial o agua que venda y se vaya a otro lugar menos lujoso”.

En este afán de extinguir también los valores de habitantes que se han resistido a abandonar el paraíso, los duendes ayudantes de tales hechiceros, prohibirán a los altruistas donar más de dos salarios mínimos porque para “ayudar a sus prójimos” deben plegarse a la filantropía corporativa. El que aporte mas no puede deducirlo como gasto, a diferencia de las grades fundaciones que con lo recibido de embrujos llamados redondeo, súmate, bécalos etc. reparten chucherías a los magos, hechiceros, brujos, duendes y todo el sistema empeñado en someter a las víctimas del modelo. Prototipo que podrá meter auditoria a una abuela, a la cual después de un año de trámites no le han dado la tarjeta de apoyo universal para alimentos, debiendo comer de lo depositado por sus hijos en su cuenta de ahorros. Ayuda considerada como ingreso gravable o sucio, sino puede demostrar el origen de la misma. Una patente que no permitirá lo venza la informalidad, por eso les engaña diciendo que ya no cobrarán por los depósitos en efectivo, un modelo que privilegia a un pocos y que está dispuesto a extinguir a los incapaces de consumir, metiéndolos en casas que se lleva el agua o terminan sepultadas bajo toneladas de lodo carente de raíces que lo contengan.

Un modelo terrorista fiscal en el que los indeseables son desechables mediante armas biológicas que: los enfermen de obesidad y sus derivados, los marginen del “progreso urbano” o los usen como monitos de propaganda, cuando aun no se mueren, solo para seguir privilegiando a los globalizadores, explotadores y promotores de las leyes del mercado y el consumismo.

[1] Dos ciclos de 52 años lo forman era el vocablo para denominar la ancianidad, tema por cierto muy venerado por los antiguos pobladores del Anahuac, en las misma línea de puebles antiguos en China, Japón y otras geografías del hoy llamado oriente.

[2] Fue utilizado hace tres mil 500 años como pegamento, impermeabilizante -para pisos y paredes- como mechero y en algún momento como moneda de trueque.

[3] Las llamadas poquianchis, siguen vivas en el negocio de la trata de personas, los coyotes y tanto explotador de la miseria humana
[4] El predial se ha convertido en un verdadero impuesto confiscatorio sobre todo para clase media cuyos jubilados y personas mayores están siendo los más discriminados de nuestra sociedad. La frase de desprecio por la gente que ha visto mermado su ahorro vital para pagar prediales de mas de 30 mil pesos al año, es expresada por tesoreros de los municipios y ciudades, incluido el DF


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Lilia Cisneros Luján

Diluvio

23 de septiembre del 2013

Diversas fuentes religiosas y científicas[1] e incluso tradiciones orales, han dejado huella de una mortandad casi total de la raza humana como resultado del exceso incontrolable del agua. Si este fenómeno natural ocurrió por el desbordamiento de los ríos Tigris y Eufrates, o -como una parte de los ancestros del pueblo judío creyeron- aparecieron cascadas que mandaban líquido asesino desde el cielo, lo cierto es que el agua puede matar a miles de seres vivos.

Los argumentos desacralizados para descalificar todo credo, sobre todo si en su esencia reconoce la existencia de Dios, de algunos estudiosos de la psique humana - C. G. Jung por ejemplo- explican relatos -el del diluvio universal- orales o escritos, asegurando que “Son símbolos ancestrales que forman el inconsciente colectivo del hombre y que se encuentra en toda la mitología universal”. ¿Cómo podrían calificar de míticos a los más de 60 guerrerenses desaparecidos en la Pintada? ¿No es para esos niños y adultos que perdieron todo – techo, pertenencias, familiares, su lugar de vida- el fin de su existencia? ¿Por qué debemos asumir como más valido un pensamiento que, en aras de limitar lo humano solo a la materia, descalifica lo espiritual reduciendo la fe al ámbito del mito? ¿Será el diluvio, uno más de simples arquetipos -cuentos, leyendas, fórmula mágica, etc.- trasmitidos como una forma de expresar el “real sustrato psíquico” común en las capas más profundas del subconsciente?

Sea cual fuere la versión a la que cada quien se allane, parece tener mucho sentido el relato del génesis bíblico, donde Noé[2], bisnieto de Enoch del linaje de Set –tercer hijo de adán y Eva- supo de una catástrofe que resultaría en la destrucción de todo lo conocido para los pobladores de entonces. Al igual que ocurre con los oídos sordos de los actuales responsables de desarrollo urbano, constructores ambiciosos acostumbrados a terminar pronto sin garantizar la calidad de puentes, presas, carpetas asfálticas, unidades habitacionales etc. pasando por comités vecinales, jefes delegacionales hasta secretarios de estado en gabinetes federales; los habitantes a los cuales Noé les advirtió lo que pasaría, se burlaron, lo calificaron de loco y seguramente hasta de conflictivo. ¿Porqué hay más interés en promover la “generosidad” de empresarios multimillonarios, que en difundir la corrupción de los causantes del tamaño de estas tragedias? ¿A cuantos años se extiende la impunidad de quienes imaginaron que el agua no reconocería su cauce? Luego de haber usado la libertad que Dios concedió al humano, para contender contra las leyes naturales y aun con la promesa de que la mortalidad tendría remedio según el primer pacto suscrito a la salida del paraíso, Dios se comprometió con Noé, que no habría de enviar nunca mas un diluvio para acabar con el planeta; pero, en ese mismo convenio también le dio la responsabilidad de cuidar el mundo que habitamos. ¿Podríamos culpar a Dios de lo que está ocurriendo? ¿A dónde se van asconder los talamontes, los industriales que vierten sustancias químicas en los cauces de ríos y los gobernantes que les solapan? Cuando sabemos de las reuniones de ex directores de PEMEX con empresas transnacionales de energía mientas la gente está muriendo de hambre sed y frío, en medio del diluvio, de verdad solo se nos ocurre pensar en cuan limitada es la justicia humana; amplia para los poderosos y estrecha y limitada solo a caridad fingida para los pueblos.

Se supone que Noé, tuvo un plazo de cuando menos tres años –el tiempo de poder de un delegado, un presidente municipal o un diputado- para testificar de la justicia divina. A duras penas sus tres hijos y las esposas de estos –supuestamente descendientes del linaje de Caín- le escucharon; a lo mejor más por interés o temor, que por haberse convertido en adeptos convencidos de su credo. ¿Bastará para ejercer la justicia humana, que el presidente de México, arriesgue la vida y por ende el endeble equilibrio de la nación en giras de imagen aunque sin sentido?

¿Hasta donde dará el amor y la misericordia de un Dios, que ofreció a Noé no volver a castigar con la destrucción total al planeta luego de arrepentirse de haber creado la vida que por la acción humana y los pensamientos del mal, provocó que la tierra se corrompiera y llenara de violencia?[3] Mucho bien nos haría pensar en todo aquello que podemos remediar. Para señalar con justeza al que hace destrucción, tengo que empezar por ejercer el bien. Sí el riesgo es terminar crucificado, a cambio de salvaguardar el hermoso planeta azul, la certeza de la permanencia de una familia a la cual amamos y hemos educado con valores para vivir por encima de la corrupción de lo simple y llanamente material vale la pena el exponerse y comprometerse.

[1] El antiguo testamento de la biblia; la Tora; la historia de Uta-na-pistim, (equivalente de Noé) como parte del poema Gigamesh (cultura mesopotámica siglo XVI A.C.); la supuesta inundación de tierras cercanas al mar negro. El relato de aborígenes australianos seguros de que su isla era mucho más grande, antes de la Gran Lluvia que sumergió más de la mitad de las tierras. En la cultura azteca Teocopactli, Texpi o Coxcox, fue el único que se salvó, junto a su familia, del diluvio enviado por la furia del dios Tescatlipoca, construyendo un barco de ciprés para sus hijos, algunos animales y provisiones. En Grecia Ogiges y sus soldados son avisados en sueños por los dioses de la inundación de Ática, donde el hijo de Prometeo y su esposa Pirra, salieron al mar en barcas para huir de la furia de Zeus. Repoblar Grecia regresando de Chios la isla en la cual se refugiaron luego de que bajaron las aguas, fue su misión

[2] En las lecturas del Islam, lo reconocen como Nuj, señalando que su nave se detuvo en los montes Cudi, cerca de Cizre ciudad Kurda, donde el cauce del Tigris baja a las llanuras mesopotámicas.
[3] Génesis 6:5-10


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Lilia Cisneros Luján

Independencia y Paradoja

16 de septiembre del 2013

Como parte de la multiplicidad de contrasentidos que nos abruman, el hambre –mil millones de personas en el planeta la padecen- y la desnutrición son una verdadera paradoja frente a las pérdidas y desperdicio de alimentos que, según la FAO, alcanzan 1.3 mil millones de toneladas al año y significan un tercio de los nutrientes producidos. Típico de la preocupación de una sociedad inmersa en una economía consumista, la “culpa” se endereza hacia los consumidores que desperdician alimentos, por motivos tan baladíes como: hoy se cumplió la fecha de caducidad, ya no tengo espacio en el refrigerador o me serví demasiado y ya estoy “lleno”. ¿Será solo responsabilidad de una cuantas personas con malos hábitos la causa del primer lugar de desperdicio de cereales en Asía? Según este estudio recién publicado por la FAO y originado en la investigación encargada a un grupo de especialistas[1] hace dos años la regiones de “abundancia” y America Latina, tienen el honroso primer lugar de desperdicio de cárnicos en el mundo ¿Qué papel juegan en este desatino los productores transnacionales que surten miles de comercios de comida rápida y grandes tiendas de autoservicio tanto en el país de origen como en todos aquellos a donde exportan?

Este día de la independencia es un buen momento para pensar, no solo en los 115 kilos de comida que supuestamente cada habitante de México bota anualmente a la basura[2], sino en la pérdida de soberanía de la cual ya tantos especialistas se ha ocupado, sin que funcionario alguno presente programas serios para revertir hechos tan contundentes como que importamos productos –maíz, azúcar, soya, café, chiles, arroz, piña, etc.- que antes surtían nuestro mercado interno y hasta vendíamos a otros países.

¿Cómo aspirar que los productores nacionales siembren y cosechen con éxito, si el precio del producto es impactado a la baja en el mercado internacional? Por una política de precios amarrada al TLC los campesinos nacionales, enfrentan tan altos costos de producción que la única salida parece ser el abandono del campo en beneficio de corporaciones multinacionales preocupadas solo por la cantidad y no por la calidad y ansiosas de comprar o rentar en un mercado inmobiliario afectado también por estas políticas.

La producción nacional de granos y otros satisfactores agropecuarios se ha desmantelado. La crisis del agro mexicano fue propiciada por una competencia perversa que mezcla la disminución de recursos financieros otorgados por el estado y la apertura indiscriminada a la importación discrecional para corporaciones transnacionales, aun cuando haya comida en cosecha o en bodegas.

Es este uno de los puntos que parece ignorarse en las campañas en contra del hambre[3], porque además del desperdicio atribuible a los consumidores, el otro factor importante para que mil millones de personas en el mundo la padezcan, es justamente, la pérdida de alimentos que no se cosechan o se pudren antes de la distribución.

Pero la distorsión en la forma de producir nutrientes que privilegia la cantidad -y por ende la ganancia- por sobre la calidad, tiene otras consecuencias fatales para la humanidad. Como resultado de la comida que se tira, las emisiones de carbono -3.300 toneladas- son factor importante de cambio climático y contaminación de agua, que dicho sea de paso se calcula en 250 kilómetros cúbicos desperdiciados cada año en siembras que nunca serán consumidas y que afectan el 28% del terreno cultivable del mundo.

Nada de esto, ni el deterioro ambiental, ni el desperdicio de agua, ni si quiera el hambre de muchos seres humanos, parece importarles a los ricos del planeta. Pero los estudios coinciden en que 750.000 millones de dólares anuales, son la pérdida por este sistema capitalista mundial que derrocha alimentos, produce obesos y deteriora nuestro entorno. ¿Será esta preocupación, la causa de políticas caritativas privadas –antes se criticaba el paternalismo estatal- que privilegia la dádiva por sobre el desarrollo? ¿Serán los bancos de alimentos la solución para 870 millones de personas que pasan hambre diariamente?

En su instinto de supervivencia, algunos grupos de la raza humana, ensayan otras opciones: desde la siembra familiar de legumbres, hasta la producción, en grupos pequeños, de alimentos orgánicos, para el consumo local, son opciones para algunos productores franceses[4] ¿Por qué no capacitar a ejidatarios comuneros y pequeños propietarios mexicanos en la misma vía? ¿Tendrán el valor las autoridades del ramo de no seguir apostando a la compra de productos importados baratos? ¿Serían capaces de impulsar y apoyar la organización de productores nacionales minifundistas y populares para gritar sin hipocresías VIVA MÉXICO?

[1] El Instituto Sueco de Alimentos y Biotecnología (SIK), realizó dos estudios como base para el congreso internacional Save Food!, celebrado el 16 y 17 de mayo de 2011 durante la feria internacional de la industria del envasado Interpack 2011, en Düsseldorf (Alemania). Concienciar sobre las pérdidas y el desperdicio de alimentos en el mundo, su impacto en la pobreza y el hambre mundial, así como en el cambio climático y la utilización de recursos naturales, fueron las intenciones de esa reunión.
[2] El desperdicio per cápita de los consumidores en Europa y Norteamérica es de hasta 115kg al año, y el promedio de América Latina es de 25kg, en tanto que en Asia es de 11kg
[3] De los 60 millones de mexicanos pobres, 26.5 millones padecen extrema pobreza. En esta miseria, tres de cada cinco hogares, acusan los índices más altos de desnutrición y riesgos de salud sin precedentes, pues el maíz importado de USA, de origen transgénico –con semillas genéticamente modificadas- está ligado a crecimiento anormal y enfermedades fatales como el cáncer.
[4] 35,7% de la superficie total del país es cultivable y el 4% de la población activa trabaja en la agricultura –en propiedades promedio de 15 ha. una parte importante se dedica a producir vid- la silvicultura y la pesca. Desde los 80, los franceses han sido pioneros de la agricultura orgánica -45% de las tierras orgánica de la CE- descendiendo en 1999 al quinto lugar después de Italia. Luego de iniciar su recuperación, esta actividad en el 2001, incluía 9,283 granjas orgánicas –básicamente en Bretaña y el valle del Ródano- destacando que 27,945 hectáreas cultivaban frutas y verduras, como es el caso de papas, coles, lentejas, calabazas, lechuga y alcachofas. En 1998 el mercado minorista de orgánicos produjo más de 4 mil millones de francos.


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Lilia Cisneros Luján

Ombligo

9 de septiembre del 2013

No importa si es profunda, perfectamente circular o un tanto abultada, la cicatriz posterior a la rotura del cordón umbilical en el bebé, ha sido importante para muchas culturas. En Mezoamérica el cordón se enterraba como garantía de buenos augurios y en pleno siglo XX, se conserva en bancos de células madre y, sea cual fuere el destino de esa conexión con la madre, el ombligo siempre ha sido objeto de cuidado. Esa depresión que queda en la parte media del cuerpo ha protagonizado discusiones de todo tipo, por ejemplo ¿Adán y Eva tenían ombligo? ¿Es más estético el profundo? A que obedecía la costumbre de fajar al bebé colocando una bolita de metal en el “umbilicus”? ¿Por qué los griegos llamaban "ombligo del mundo" a Delfos?[1].

Sea cualesquiera la costumbre, la interpretación antropológica o la verdad fisiológica, lo cierto es que esa pequeña depresión en el centro de nuestro ser material, se ha convertido también en calificativo de personas con tendencias egocéntricas y hasta sitios del planeta.

Una búsqueda del ombligo del mundo ha puesto en la pista de la competencia a Cusco, pues para los peruanos esa palabra en la civilización inca tenía dicho significado. Con la misma tendencia nacionalista, más al sur del continente americano se dice que, en la lengua original de la isla de Pascua a esta se le llamaba “Te Nua” y hay quien llega a concluir que México en nahuatl, se refiere también al centro –u ombligo- del mundo y por supuesto Ecuador, ubicado sobre la línea geográfica del mismo nombre construyó ahí su monumento a la "mitad del mundo". Aun cuando los chilenos pretenden considerar con tal distinción a la mina de Chuquicamata, en base a su profundidad, hay coincidencia en reconocer a la de Mirny, en la Siberia Rusa, como “el hoyo” más profundo del planeta, famoso por ser la mayor mina de diamantes a cielo abierto y el segundo mayor agujero excavado.

¿Conoce Usted a personajes que tienden a sentirse el ombligo del mundo? Desde el empleado acostumbrado a conducirse como dueño del lugar donde trabaja por lo cual dispone para su uso personal de papelería, plumas, cuadremos, goma, engrapadoras, y hasta memorias de USB, pasando por las empleadas del hogar, que de “entrada por sacada” llevan a su casa, botellas de líquidos de limpieza, aceite, cereales, galletas, sábanas, cubiertos etc. -luego de haber realizado una pasarela modelando la ropa de la propietaria de la casa- hasta los gerentes de grandes empresas o funcionarios de diversos niveles gubernamentales, justifican su equívoca conducta de abuso de confianza, corrupción y robo, presumiendo de sus fechorías porque son “el ombligo del mundo” ¿Le ha llamado algún funcionario de tránsito para corroborar si es cierto que usted autorizó a su chofer a pasarse los altos, luego de haber bebido los licores guardados en la cava de su casa? ¿Cuantos funcionarios conoce que han gastado sin límite el presupuesto fiscal en detrimento del servicio público y los programas sociales? ¿Se ha enterado de las fechorías de gerentes y directores que llevan en los pies zapatos de miles de pesos o que usan sus habilidades para perder millones que debían ser invertidos en las empresas de su propiedad o de sus parientes? Estos y otros personajes sórdidos y brutales, también de la vida rural, han inspirado a autores como Ramón Pérez de Ayala o Álvaro de la Iglesia[2] para escribir sobre esta concepción del ombligo.

Y si bien es cierto que el mundo en realidad no tiene ombligo -y a como están las cosas también carece de pies y cabeza- para pena de la raza humana hay un buen número de desubicados que, como herederos del original pecado de vanidad, viven pretendiendo que pueden llegar a ser como dioses, olvidando su condición de mayordomos, es decir, administradores de lo que el dueño les confía. Esposos, novios, descendientes -hijos o sobrinos o nietos en etapa adolescente- cuando menos en algún momento de su existir se condujeron como si todo girara en derredor de ellos, despreciando los bienes –no necesariamente materiales sino de experiencia o sabiduría- del dueño que les dio la oportunidad de ser mayordomos. Si hubiera más personas ubicadas en este rango, no usaríamos ni abusaríamos del planeta como lo hacen los talamontes, los constructores -de vivienda, puentes y carreteras- sin una planeación urbana previa. Meter una línea dorada a costa de, tierras productivas como en Tláhuac, Xochimilco y anexas, es el acto de alguien que solo piensa en sí mismo e imagina que el universo gira en derredor de él. Para estos “ombligos” el otro no vale, es menor, ¡vamos! ni siquiera existe para nada más que girar en derredor suyo, para decirle “si señor” “la hora que Usted ordene”, “todo es como usted lo ha expresado” y otras tantas adulaciones sin sustento de similares ególatras que esperan su turno para pasar sobre el actual ombligo y convertirse en el próximo.

Este tipo de mayordomos, mandatarios –porque tienen el mandato de un pueblo o de un particular- con complejo de ombligo, difícilmente reconocen que viven a expensas del dueño –su mandante- disipando los bienes que no les pertenecen. Se acostumbran a la vida fácil, no entienden la dureza del trabajo honesto y mucho menos calculan el daño que provocan, al considerar solo su “yo” –en términos de vida, problemas, proyectos y logros- como si realmente fueran el centro del universo, ignorando que ese pliegue de la piel en forma de agujero no tiene en realidad ninguna función o importancia después del nacimiento.

[1] Según la mitología después de que Apolo mata al dragón tifón que resguardaba el templo originalmente dedicado a Gea –la diosa de la tierra- y luego de convertirse en delfín, en ese sitio se coloca la piedra conocida como el onfalos, “el ombligo del mundo” cuya influencia decidía guerras y acciones de gobierno según la interpretación de la pitonisa a la cual se consultaba.

[2] El ombligo del mundo, y Todos los ombligos son redondos respectivamente, ambos autores españoles


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Lilia Cisneros Luján

DESPEDIRSE

2 de septiembre del 2013

En la búsqueda de felicidad, retener lo que nos agrada es quizá el acto más primitivo para suponer asegurada una zona de confort. El bebé se resiste a desprenderse del pecho materno, la mamila o el chupón; las madres lloran en la boda de sus hijos y todos, de una u otra manera, nos sentimos desvalidos el primer día de clases, en el fin de cursos, al término del contrato laboral o cuando cambiamos de casa y, peor aun, si tenemos que exiliarnos a otro país.

Despedirte de quien fue tu pareja –por divorcio o muerte- tus vecinos, tus correligionarios políticos o hermanos de fe no siempre es fácil, aun cuando asumas que desligarse es lo correcto, lo sano, lo maduro. Una y mil veces los terapeutas repiten la consigna de que un adiós maduro supone separase sin odiar, sin extrañar, sin permanecer ligado en lo interno, a pesar de ser un acto lastimoso que implica dejar de estar en un grupo, una familia, una agenda, un club, una red.

Quien diga que hay despedidas felices, es un perverso, miente o está fuera de la realidad, porque despedirse es doloroso. Aunque sepas que ya se acabó -la relación, la vida, el proceso- y que lo mejor es no “mirar atrás”; blindarte en contra de la congoja y la tristeza que ocupa el vacío, evitar caer en las trampas del olvido o el odio; asumir que “era inevitable” o esconderte detrás de la búsqueda de justicia; no aminorará hasta que logremos cerrar el ciclo. ¿Entienden esto los MP, médicos forenses, jueces y medios que han estado cerca del asunto de los 12 jóvenes desaparecidos de un antro en el DF? Si los motivos de una despedida no son los correctos, la separación –física, emocional, espiritual- es más complicada. Seguir ligado a quien ya no está, porque puse fin a una relación de maltrato, porque emigré en la búsqueda de más dinero y dejé a atrás a mis padres, porque mi hijo desapareció o alguien amado murió –de enfermedad, edad o violencia- es siempre el mayor obstáculo para recuperar la posibilidad de crecer, madurar y seguir siendo pleno.

En verdad no hay fórmulas para decir adiós. El vocablo mismo tiene una gran carga de fe, esperanza o anhelo emocional de evitar la ausencia del otro. Más allá de si el origen etimológico se vincula con Zeus, Deus o dios, si surgió de un buen deseo espiritual o simplemente es la mayor garantía de la existencia divina por estar culturalmente en todos los idiomas[1], despedirse igualmente implica: acompañar finalmente –a la puerta el avión el autobús- al que se va, desprenderse, echar fuera, apartar y hasta correr al molesto o el inútil es decir, simplemente concluir un proceso en el cual ya no es posible aguantar o seguir. Los adultos mayores –cuyo día se recordó con más pena que gloria la semana pasada- se despiden dejando de comer, interactuar o caminar.

Para el que ya siente concluido su ciclo, decir a-Dios es un acto valiente, humano, muchas veces intolerable –dicen los budistas que si no duele no sirve- lleno de temor ¿Cómo vivir sin mi hijo o sin mi hermano? se han de preguntar las familias de Tepito; porque jamás decir Good Bye[2] es un acto de completa alegría. La separación temporal de la quinceañera viajando con sus amigos a un campamento como regalo de aniversario es un aprendizaje -consciente o inconscientemente- de lo temporal de los vínculos. Cada pérdida, grande o pequeña, debiera prepararnos para lo inevitable: lo mortal de nuestra esencia y la definitiva separación propia o ajena de los que amamos, cuando llega el momento final. Para los que se quedan, aprender a despedirse es siempre para bien. Nos ayuda a madurar para no repetir los mismos errores, nos da permiso de llorar como una forma de consuelo al trascurrir por un proceso de duelo y, sobre todo, nos evita permanecer bloqueados, aferrados o sin futuro luego de la negación, el conflicto, la desesperación y todo lo inherente a un adiós definitivo.

Tanto el que se va como el que se queda, lo hará con menos conflicto si resuelve los asuntos pendientes: perdonar las ofensas y juicios condenatorios, trabajar las frustraciones, asumir la envidia o la ambición como fuente de conflictos, concienciar un secreto jamás admitido, expresar el reconocimiento y hasta el amor reprimido, evitará remordimientos, culpas y compensaciones secundarias e insanas por el mal manejo de la soledad o el miedo, que nos turba el sueño empujando a muchos al intento de anestesiar lo incómodo mediante, pastillas, alcohol, luchas suicidas y toda suerte de evasiones, incluso irracionales y fanáticas. Despedirse no supone necesariamente traicionarnos a nosotros mismos o a la persona que se deja ir, es a final de cuentas, cerrar un círculo en base a la libertad propia y del otro, aun cuando alguna de las partes opte por el rechazo a la posibilidad de ser redimido en términos de su particular ciencia. Decir adiós es evitar sujetarse a la muerte, es admitir el valor intrínseco de la justicia, que no debe ser calificada por quienes la aplican o pretenden apoderarse de ella.[3] El mundo sería un planeta más armonioso, si todos asumiéramos con racionalidad, madurez y plenitud espiritual las despedidas

[1] El filósofo ateo alemán Friedrich Nietzsche afirmaba que “mientras Dios siga existiendo en el lenguaje humano, no se podrá afirmar de verdad que Dios ha muerto”.

[2] “God be with you”, “Dios esté contigo”.
[3] …”y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies….” Primera carta a los Corintios capitulo 15, la Biblia

 

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