UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
El Modelo
30 de septiembre del 2013
Hubo una vez un paraíso rico en selvas, bosques, lagos, ríos, montañas,
zonas de calor y de frío, costas y muchas más especies biológicas y
zoológicas que en ninguna otra parte del llamado planeta azul. Sus
pobladores vivían en armonía con el entorno, sembraban lo necesario para
nutrirse, criaban ciertos animales para completar su dieta, enviaban a sus
niños a las escuelas comunales, expresaban su arte lo mismo en
construcciones adecuadas para la vida como en monumentos para la adoración
de los dioses de la naturaleza y hasta piezas escultóricas de gran contenido
y belleza. Luego de muchos huehuetiliztli[1] de felicidad, los envidiosos y
ambiciosos, anhelaron quedarse con la riqueza de esos pueblos que eran
“mágicos” aun sin la declaratoria de los de afuera.
Llegaron sin arcos, flechas ni penachos, pero con 6 patas, cuatro de
ellas muy hábiles para saltar como el chapulín, y por eso les llamaron
gachupines. Le arrancaron a la tierra, piedras, árboles, y hasta el
chapopote, descubierto y usado con gran efectividad por los Olmecas[2]
habitantes de zonas cercanas al mar. Estos gachupines, humillaron y trataron
de extinguir a los orgullosos mexicas, pasando por los totonacas,
chichimecas, amuzgos, chontales, mixtecos, zapotecos, mixes, kikapues,
mayos, huastecos, huicholes y muchos otros a los que doblegaron desde la
entraña de su espíritu robando, violando y matando; además de echarles todos
los males de ojo posibles entre ellos una maldición llamada viruela.
Con un método de tres etapas que consistía en descalificar, enfrentar y
sustituir, luego de doblegar su espíritu usando bebidas solo reservadas a
los sacerdotes y otras que trajeron desde otros mundos, de violarlos y
esclavizarlos, les empezaron a decir hasta el cansancio que eran inferiores,
que debían aprender otras ciencias con las cuales serían mas productivos y
hasta pudientes. Los hombres que saltaban trajeron caminantes de largas
vestimentas para insistir en decirles lo poco valioso que era lo que habían
vivido y lo maravilloso de una eternidad de plenitud, si olvidaban su
lengua, sus costumbres, sus ritos.
Como siempre ocurre, estos extranjeros fueron hábiles para reconocer a
los traidores – temactecahuani- y a cambio de trato preferente les enseñaron
a ser rudos con los que se negaban a la nueva era. Esa forma de conducirse
se les metió en la sangre a muchos, a tal grado que aun con el paso de los
fuegos nuevos, hubo mujeres famosas que animaban a las comadres a golpear a
las rejegas.[3] Una vez sometidos de espíritu y mente, empezó a ser sencillo
cambiarles sus bellas vasijas, piedras preciosas y penachos por cosas sin
valor como los espejos que permitían a los sometidos capturar su imagen
hasta entonces solo vista en el agua.
Por el abuso de este modelo basado en el enfrentamiento, la guerra sin
motivos y solo para depredar, los gachupines terminaron siendo expulsados
por otros brujos tan o más perversos, que se robaron la mitad del paraíso.
Los que lograron sobrevivir se rebelaron -unos por convicción libertaria
otros por interés de convertirse en hombres de seis patas- y luego de otro
huehuetiliztli, por descuido y por traición, nuevamente el modelo se impuso.
En este prototipo el único dios es un poderoso caballero, que se multiplica
si todos compran aun lo que no necesitan, solo unos cuantos producen lo que
le venden a otros que ya se olvidaron de sembrar, de usar el bosque con
racionalidad y que perdieron la dignidad al no trabajar y solo extender la
mano para que les den como limosna, un techo, un piso, una despensa, una
beca.
Para extinguir a quienes pudieran convertirse en revoltosos, los magos
del norte propusieron un sistema recaudatorio basado en la desconfianza, en
el cual se vigilarán los consumos hechos con la moderna cadena de los
esclavos que es un pedazo de plástico y se les hechizará en mazmorras si no
pueden demostrar como lo han pagado. A los que si declaren se les quitará
cuando menos un tercio de lo que produzcan, se les dirá que su dinero solo
estará seguro en bancos que les cobran por guardarlo, se les pedirá mas
dinero por tener un coche, mantener su habitación en condiciones de
dignidad[4] y al igual que los primeros hombres saltamontes, quebrarán su
espíritu mediante la burla, diciendo: “pues si no puede pagar predial o agua
que venda y se vaya a otro lugar menos lujoso”.
En este afán de extinguir también los valores de habitantes que se han
resistido a abandonar el paraíso, los duendes ayudantes de tales hechiceros,
prohibirán a los altruistas donar más de dos salarios mínimos porque para
“ayudar a sus prójimos” deben plegarse a la filantropía corporativa. El que
aporte mas no puede deducirlo como gasto, a diferencia de las grades
fundaciones que con lo recibido de embrujos llamados redondeo, súmate,
bécalos etc. reparten chucherías a los magos, hechiceros, brujos, duendes y
todo el sistema empeñado en someter a las víctimas del modelo. Prototipo que
podrá meter auditoria a una abuela, a la cual después de un año de trámites
no le han dado la tarjeta de apoyo universal para alimentos, debiendo comer
de lo depositado por sus hijos en su cuenta de ahorros. Ayuda considerada
como ingreso gravable o sucio, sino puede demostrar el origen de la misma.
Una patente que no permitirá lo venza la informalidad, por eso les engaña
diciendo que ya no cobrarán por los depósitos en efectivo, un modelo que
privilegia a un pocos y que está dispuesto a extinguir a los incapaces de
consumir, metiéndolos en casas que se lleva el agua o terminan sepultadas
bajo toneladas de lodo carente de raíces que lo contengan.
Un modelo terrorista fiscal en el que los indeseables son desechables
mediante armas biológicas que: los enfermen de obesidad y sus derivados, los
marginen del “progreso urbano” o los usen como monitos de propaganda, cuando
aun no se mueren, solo para seguir privilegiando a los globalizadores,
explotadores y promotores de las leyes del mercado y el consumismo.
[1] Dos ciclos de 52 años lo forman era el vocablo para denominar la
ancianidad, tema por cierto muy venerado por los antiguos pobladores del
Anahuac, en las misma línea de puebles antiguos en China, Japón y otras
geografías del hoy llamado oriente.
[2] Fue utilizado hace tres mil 500 años como pegamento,
impermeabilizante -para pisos y paredes- como mechero y en algún momento
como moneda de trueque.
[3] Las llamadas poquianchis, siguen vivas en el negocio de la trata de
personas, los coyotes y tanto explotador de la miseria humana
[4] El predial se ha convertido en un verdadero impuesto confiscatorio sobre
todo para clase media cuyos jubilados y personas mayores están siendo los
más discriminados de nuestra sociedad. La frase de desprecio por la gente
que ha visto mermado su ahorro vital para pagar prediales de mas de 30 mil
pesos al año, es expresada por tesoreros de los municipios y ciudades,
incluido el DF
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Diluvio
23 de septiembre del 2013
Diversas fuentes religiosas y científicas[1] e incluso tradiciones
orales, han dejado huella de una mortandad casi total de la raza humana como
resultado del exceso incontrolable del agua. Si este fenómeno natural
ocurrió por el desbordamiento de los ríos Tigris y Eufrates, o -como una
parte de los ancestros del pueblo judío creyeron- aparecieron cascadas que
mandaban líquido asesino desde el cielo, lo cierto es que el agua puede
matar a miles de seres vivos.
Los argumentos desacralizados para descalificar todo credo, sobre todo si
en su esencia reconoce la existencia de Dios, de algunos estudiosos de la
psique humana - C. G. Jung por ejemplo- explican relatos -el del diluvio
universal- orales o escritos, asegurando que “Son símbolos ancestrales que
forman el inconsciente colectivo del hombre y que se encuentra en toda la
mitología universal”. ¿Cómo podrían calificar de míticos a los más de 60
guerrerenses desaparecidos en la Pintada? ¿No es para esos niños y adultos
que perdieron todo – techo, pertenencias, familiares, su lugar de vida- el
fin de su existencia? ¿Por qué debemos asumir como más valido un pensamiento
que, en aras de limitar lo humano solo a la materia, descalifica lo
espiritual reduciendo la fe al ámbito del mito? ¿Será el diluvio, uno más de
simples arquetipos -cuentos, leyendas, fórmula mágica, etc.- trasmitidos
como una forma de expresar el “real sustrato psíquico” común en las capas
más profundas del subconsciente?
Sea cual fuere la versión a la que cada quien se allane, parece tener
mucho sentido el relato del génesis bíblico, donde Noé[2], bisnieto de Enoch
del linaje de Set –tercer hijo de adán y Eva- supo de una catástrofe que
resultaría en la destrucción de todo lo conocido para los pobladores de
entonces. Al igual que ocurre con los oídos sordos de los actuales
responsables de desarrollo urbano, constructores ambiciosos acostumbrados a
terminar pronto sin garantizar la calidad de puentes, presas, carpetas
asfálticas, unidades habitacionales etc. pasando por comités vecinales,
jefes delegacionales hasta secretarios de estado en gabinetes federales; los
habitantes a los cuales Noé les advirtió lo que pasaría, se burlaron, lo
calificaron de loco y seguramente hasta de conflictivo. ¿Porqué hay más
interés en promover la “generosidad” de empresarios multimillonarios, que en
difundir la corrupción de los causantes del tamaño de estas tragedias? ¿A
cuantos años se extiende la impunidad de quienes imaginaron que el agua no
reconocería su cauce? Luego de haber usado la libertad que Dios concedió al
humano, para contender contra las leyes naturales y aun con la promesa de
que la mortalidad tendría remedio según el primer pacto suscrito a la salida
del paraíso, Dios se comprometió con Noé, que no habría de enviar nunca mas
un diluvio para acabar con el planeta; pero, en ese mismo convenio también
le dio la responsabilidad de cuidar el mundo que habitamos. ¿Podríamos
culpar a Dios de lo que está ocurriendo? ¿A dónde se van asconder los
talamontes, los industriales que vierten sustancias químicas en los cauces
de ríos y los gobernantes que les solapan? Cuando sabemos de las reuniones
de ex directores de PEMEX con empresas transnacionales de energía mientas la
gente está muriendo de hambre sed y frío, en medio del diluvio, de verdad
solo se nos ocurre pensar en cuan limitada es la justicia humana; amplia
para los poderosos y estrecha y limitada solo a caridad fingida para los
pueblos.
Se supone que Noé, tuvo un plazo de cuando menos tres años –el tiempo de
poder de un delegado, un presidente municipal o un diputado- para testificar
de la justicia divina. A duras penas sus tres hijos y las esposas de estos
–supuestamente descendientes del linaje de Caín- le escucharon; a lo mejor
más por interés o temor, que por haberse convertido en adeptos convencidos
de su credo. ¿Bastará para ejercer la justicia humana, que el presidente de
México, arriesgue la vida y por ende el endeble equilibrio de la nación en
giras de imagen aunque sin sentido?
¿Hasta donde dará el amor y la misericordia de un Dios, que ofreció a Noé
no volver a castigar con la destrucción total al planeta luego de
arrepentirse de haber creado la vida que por la acción humana y los
pensamientos del mal, provocó que la tierra se corrompiera y llenara de
violencia?[3] Mucho bien nos haría pensar en todo aquello que podemos
remediar. Para señalar con justeza al que hace destrucción, tengo que
empezar por ejercer el bien. Sí el riesgo es terminar crucificado, a cambio
de salvaguardar el hermoso planeta azul, la certeza de la permanencia de una
familia a la cual amamos y hemos educado con valores para vivir por encima
de la corrupción de lo simple y llanamente material vale la pena el
exponerse y comprometerse.
[1] El antiguo testamento de la biblia; la Tora; la historia de Uta-na-pistim,
(equivalente de Noé) como parte del poema Gigamesh (cultura mesopotámica
siglo XVI A.C.); la supuesta inundación de tierras cercanas al mar negro. El
relato de aborígenes australianos seguros de que su isla era mucho más
grande, antes de la Gran Lluvia que sumergió más de la mitad de las tierras.
En la cultura azteca Teocopactli, Texpi o Coxcox, fue el único que se salvó,
junto a su familia, del diluvio enviado por la furia del dios Tescatlipoca,
construyendo un barco de ciprés para sus hijos, algunos animales y
provisiones. En Grecia Ogiges y sus soldados son avisados en sueños por los
dioses de la inundación de Ática, donde el hijo de Prometeo y su esposa
Pirra, salieron al mar en barcas para huir de la furia de Zeus. Repoblar
Grecia regresando de Chios la isla en la cual se refugiaron luego de que
bajaron las aguas, fue su misión
[2] En las lecturas del Islam, lo reconocen como Nuj, señalando que su
nave se detuvo en los montes Cudi, cerca de Cizre ciudad Kurda, donde el
cauce del Tigris baja a las llanuras mesopotámicas.
[3] Génesis 6:5-10
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Independencia y Paradoja
16 de septiembre del 2013
Como parte de la multiplicidad de contrasentidos que nos abruman, el
hambre –mil millones de personas en el planeta la padecen- y la desnutrición
son una verdadera paradoja frente a las pérdidas y desperdicio de alimentos
que, según la FAO, alcanzan 1.3 mil millones de toneladas al año y
significan un tercio de los nutrientes producidos. Típico de la preocupación
de una sociedad inmersa en una economía consumista, la “culpa” se endereza
hacia los consumidores que desperdician alimentos, por motivos tan baladíes
como: hoy se cumplió la fecha de caducidad, ya no tengo espacio en el
refrigerador o me serví demasiado y ya estoy “lleno”. ¿Será solo
responsabilidad de una cuantas personas con malos hábitos la causa del
primer lugar de desperdicio de cereales en Asía? Según este estudio recién
publicado por la FAO y originado en la investigación encargada a un grupo de
especialistas[1] hace dos años la regiones de “abundancia” y America Latina,
tienen el honroso primer lugar de desperdicio de cárnicos en el mundo ¿Qué
papel juegan en este desatino los productores transnacionales que surten
miles de comercios de comida rápida y grandes tiendas de autoservicio tanto
en el país de origen como en todos aquellos a donde exportan?
Este día de la independencia es un buen momento para pensar, no solo en
los 115 kilos de comida que supuestamente cada habitante de México bota
anualmente a la basura[2], sino en la pérdida de soberanía de la cual ya
tantos especialistas se ha ocupado, sin que funcionario alguno presente
programas serios para revertir hechos tan contundentes como que importamos
productos –maíz, azúcar, soya, café, chiles, arroz, piña, etc.- que antes
surtían nuestro mercado interno y hasta vendíamos a otros países.
¿Cómo aspirar que los productores nacionales siembren y cosechen con
éxito, si el precio del producto es impactado a la baja en el mercado
internacional? Por una política de precios amarrada al TLC los campesinos
nacionales, enfrentan tan altos costos de producción que la única salida
parece ser el abandono del campo en beneficio de corporaciones
multinacionales preocupadas solo por la cantidad y no por la calidad y
ansiosas de comprar o rentar en un mercado inmobiliario afectado también por
estas políticas.
La producción nacional de granos y otros satisfactores agropecuarios se
ha desmantelado. La crisis del agro mexicano fue propiciada por una
competencia perversa que mezcla la disminución de recursos financieros
otorgados por el estado y la apertura indiscriminada a la importación
discrecional para corporaciones transnacionales, aun cuando haya comida en
cosecha o en bodegas.
Es este uno de los puntos que parece ignorarse en las campañas en contra
del hambre[3], porque además del desperdicio atribuible a los consumidores,
el otro factor importante para que mil millones de personas en el mundo la
padezcan, es justamente, la pérdida de alimentos que no se cosechan o se
pudren antes de la distribución.
Pero la distorsión en la forma de producir nutrientes que privilegia la
cantidad -y por ende la ganancia- por sobre la calidad, tiene otras
consecuencias fatales para la humanidad. Como resultado de la comida que se
tira, las emisiones de carbono -3.300 toneladas- son factor importante de
cambio climático y contaminación de agua, que dicho sea de paso se calcula
en 250 kilómetros cúbicos desperdiciados cada año en siembras que nunca
serán consumidas y que afectan el 28% del terreno cultivable del mundo.
Nada de esto, ni el deterioro ambiental, ni el desperdicio de agua, ni si
quiera el hambre de muchos seres humanos, parece importarles a los ricos del
planeta. Pero los estudios coinciden en que 750.000 millones de dólares
anuales, son la pérdida por este sistema capitalista mundial que derrocha
alimentos, produce obesos y deteriora nuestro entorno. ¿Será esta
preocupación, la causa de políticas caritativas privadas –antes se criticaba
el paternalismo estatal- que privilegia la dádiva por sobre el desarrollo?
¿Serán los bancos de alimentos la solución para 870 millones de personas que
pasan hambre diariamente?
En su instinto de supervivencia, algunos grupos de la raza humana,
ensayan otras opciones: desde la siembra familiar de legumbres, hasta la
producción, en grupos pequeños, de alimentos orgánicos, para el consumo
local, son opciones para algunos productores franceses[4] ¿Por qué no
capacitar a ejidatarios comuneros y pequeños propietarios mexicanos en la
misma vía? ¿Tendrán el valor las autoridades del ramo de no seguir apostando
a la compra de productos importados baratos? ¿Serían capaces de impulsar y
apoyar la organización de productores nacionales minifundistas y populares
para gritar sin hipocresías VIVA MÉXICO?
[1] El Instituto Sueco de Alimentos y Biotecnología (SIK), realizó dos
estudios como base para el congreso internacional Save Food!, celebrado el
16 y 17 de mayo de 2011 durante la feria internacional de la industria del
envasado Interpack 2011, en Düsseldorf (Alemania). Concienciar sobre las
pérdidas y el desperdicio de alimentos en el mundo, su impacto en la pobreza
y el hambre mundial, así como en el cambio climático y la utilización de
recursos naturales, fueron las intenciones de esa reunión.
[2] El desperdicio per cápita de los consumidores en Europa y Norteamérica
es de hasta 115kg al año, y el promedio de América Latina es de 25kg, en
tanto que en Asia es de 11kg
[3] De los 60 millones de mexicanos pobres, 26.5 millones padecen extrema
pobreza. En esta miseria, tres de cada cinco hogares, acusan los índices más
altos de desnutrición y riesgos de salud sin precedentes, pues el maíz
importado de USA, de origen transgénico –con semillas genéticamente
modificadas- está ligado a crecimiento anormal y enfermedades fatales como
el cáncer.
[4] 35,7% de la superficie total del país es cultivable y el 4% de la
población activa trabaja en la agricultura –en propiedades promedio de 15
ha. una parte importante se dedica a producir vid- la silvicultura y la
pesca. Desde los 80, los franceses han sido pioneros de la agricultura
orgánica -45% de las tierras orgánica de la CE- descendiendo en 1999 al
quinto lugar después de Italia. Luego de iniciar su recuperación, esta
actividad en el 2001, incluía 9,283 granjas orgánicas –básicamente en
Bretaña y el valle del Ródano- destacando que 27,945 hectáreas cultivaban
frutas y verduras, como es el caso de papas, coles, lentejas, calabazas,
lechuga y alcachofas. En 1998 el mercado minorista de orgánicos produjo más
de 4 mil millones de francos.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Ombligo
9 de septiembre del 2013
No importa si es profunda, perfectamente circular o un tanto abultada, la
cicatriz posterior a la rotura del cordón umbilical en el bebé, ha sido
importante para muchas culturas. En Mezoamérica el cordón se enterraba como
garantía de buenos augurios y en pleno siglo XX, se conserva en bancos de
células madre y, sea cual fuere el destino de esa conexión con la madre, el
ombligo siempre ha sido objeto de cuidado. Esa depresión que queda en la
parte media del cuerpo ha protagonizado discusiones de todo tipo, por
ejemplo ¿Adán y Eva tenían ombligo? ¿Es más estético el profundo? A que
obedecía la costumbre de fajar al bebé colocando una bolita de metal en el “umbilicus”?
¿Por qué los griegos llamaban "ombligo del mundo" a Delfos?[1].
Sea cualesquiera la costumbre, la interpretación antropológica o la
verdad fisiológica, lo cierto es que esa pequeña depresión en el centro de
nuestro ser material, se ha convertido también en calificativo de personas
con tendencias egocéntricas y hasta sitios del planeta.
Una búsqueda del ombligo del mundo ha puesto en la pista de la
competencia a Cusco, pues para los peruanos esa palabra en la civilización
inca tenía dicho significado. Con la misma tendencia nacionalista, más al
sur del continente americano se dice que, en la lengua original de la isla
de Pascua a esta se le llamaba “Te Nua” y hay quien llega a concluir que
México en nahuatl, se refiere también al centro –u ombligo- del mundo y por
supuesto Ecuador, ubicado sobre la línea geográfica del mismo nombre
construyó ahí su monumento a la "mitad del mundo". Aun cuando los chilenos
pretenden considerar con tal distinción a la mina de Chuquicamata, en base a
su profundidad, hay coincidencia en reconocer a la de Mirny, en la Siberia
Rusa, como “el hoyo” más profundo del planeta, famoso por ser la mayor mina
de diamantes a cielo abierto y el segundo mayor agujero excavado.
¿Conoce Usted a personajes que tienden a sentirse el ombligo del mundo?
Desde el empleado acostumbrado a conducirse como dueño del lugar donde
trabaja por lo cual dispone para su uso personal de papelería, plumas,
cuadremos, goma, engrapadoras, y hasta memorias de USB, pasando por las
empleadas del hogar, que de “entrada por sacada” llevan a su casa, botellas
de líquidos de limpieza, aceite, cereales, galletas, sábanas, cubiertos etc.
-luego de haber realizado una pasarela modelando la ropa de la propietaria
de la casa- hasta los gerentes de grandes empresas o funcionarios de
diversos niveles gubernamentales, justifican su equívoca conducta de abuso
de confianza, corrupción y robo, presumiendo de sus fechorías porque son “el
ombligo del mundo” ¿Le ha llamado algún funcionario de tránsito para
corroborar si es cierto que usted autorizó a su chofer a pasarse los altos,
luego de haber bebido los licores guardados en la cava de su casa? ¿Cuantos
funcionarios conoce que han gastado sin límite el presupuesto fiscal en
detrimento del servicio público y los programas sociales? ¿Se ha enterado de
las fechorías de gerentes y directores que llevan en los pies zapatos de
miles de pesos o que usan sus habilidades para perder millones que debían
ser invertidos en las empresas de su propiedad o de sus parientes? Estos y
otros personajes sórdidos y brutales, también de la vida rural, han
inspirado a autores como Ramón Pérez de Ayala o Álvaro de la Iglesia[2] para
escribir sobre esta concepción del ombligo.
Y si bien es cierto que el mundo en realidad no tiene ombligo -y a como
están las cosas también carece de pies y cabeza- para pena de la raza humana
hay un buen número de desubicados que, como herederos del original pecado de
vanidad, viven pretendiendo que pueden llegar a ser como dioses, olvidando
su condición de mayordomos, es decir, administradores de lo que el dueño les
confía. Esposos, novios, descendientes -hijos o sobrinos o nietos en etapa
adolescente- cuando menos en algún momento de su existir se condujeron como
si todo girara en derredor de ellos, despreciando los bienes –no
necesariamente materiales sino de experiencia o sabiduría- del dueño que les
dio la oportunidad de ser mayordomos. Si hubiera más personas ubicadas en
este rango, no usaríamos ni abusaríamos del planeta como lo hacen los
talamontes, los constructores -de vivienda, puentes y carreteras- sin una
planeación urbana previa. Meter una línea dorada a costa de, tierras
productivas como en Tláhuac, Xochimilco y anexas, es el acto de alguien que
solo piensa en sí mismo e imagina que el universo gira en derredor de él.
Para estos “ombligos” el otro no vale, es menor, ¡vamos! ni siquiera existe
para nada más que girar en derredor suyo, para decirle “si señor” “la hora
que Usted ordene”, “todo es como usted lo ha expresado” y otras tantas
adulaciones sin sustento de similares ególatras que esperan su turno para
pasar sobre el actual ombligo y convertirse en el próximo.
Este tipo de mayordomos, mandatarios –porque tienen el mandato de un
pueblo o de un particular- con complejo de ombligo, difícilmente reconocen
que viven a expensas del dueño –su mandante- disipando los bienes que no les
pertenecen. Se acostumbran a la vida fácil, no entienden la dureza del
trabajo honesto y mucho menos calculan el daño que provocan, al considerar
solo su “yo” –en términos de vida, problemas, proyectos y logros- como si
realmente fueran el centro del universo, ignorando que ese pliegue de la
piel en forma de agujero no tiene en realidad ninguna función o importancia
después del nacimiento.
[1] Según la mitología después de que Apolo mata al dragón tifón que
resguardaba el templo originalmente dedicado a Gea –la diosa de la tierra- y
luego de convertirse en delfín, en ese sitio se coloca la piedra conocida
como el onfalos, “el ombligo del mundo” cuya influencia decidía guerras y
acciones de gobierno según la interpretación de la pitonisa a la cual se
consultaba.
[2] El ombligo del mundo, y Todos los ombligos son redondos
respectivamente, ambos autores españoles
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
DESPEDIRSE
2 de septiembre del 2013
En la búsqueda de felicidad, retener lo que nos agrada es quizá el acto
más primitivo para suponer asegurada una zona de confort. El bebé se resiste
a desprenderse del pecho materno, la mamila o el chupón; las madres lloran
en la boda de sus hijos y todos, de una u otra manera, nos sentimos
desvalidos el primer día de clases, en el fin de cursos, al término del
contrato laboral o cuando cambiamos de casa y, peor aun, si tenemos que
exiliarnos a otro país.
Despedirte de quien fue tu pareja –por divorcio o muerte- tus vecinos,
tus correligionarios políticos o hermanos de fe no siempre es fácil, aun
cuando asumas que desligarse es lo correcto, lo sano, lo maduro. Una y mil
veces los terapeutas repiten la consigna de que un adiós maduro supone
separase sin odiar, sin extrañar, sin permanecer ligado en lo interno, a
pesar de ser un acto lastimoso que implica dejar de estar en un grupo, una
familia, una agenda, un club, una red.
Quien diga que hay despedidas felices, es un perverso, miente o está
fuera de la realidad, porque despedirse es doloroso. Aunque sepas que ya se
acabó -la relación, la vida, el proceso- y que lo mejor es no “mirar atrás”;
blindarte en contra de la congoja y la tristeza que ocupa el vacío, evitar
caer en las trampas del olvido o el odio; asumir que “era inevitable” o
esconderte detrás de la búsqueda de justicia; no aminorará hasta que
logremos cerrar el ciclo. ¿Entienden esto los MP, médicos forenses, jueces y
medios que han estado cerca del asunto de los 12 jóvenes desaparecidos de un
antro en el DF? Si los motivos de una despedida no son los correctos, la
separación –física, emocional, espiritual- es más complicada. Seguir ligado
a quien ya no está, porque puse fin a una relación de maltrato, porque
emigré en la búsqueda de más dinero y dejé a atrás a mis padres, porque mi
hijo desapareció o alguien amado murió –de enfermedad, edad o violencia- es
siempre el mayor obstáculo para recuperar la posibilidad de crecer, madurar
y seguir siendo pleno.
En verdad no hay fórmulas para decir adiós. El vocablo mismo tiene una
gran carga de fe, esperanza o anhelo emocional de evitar la ausencia del
otro. Más allá de si el origen etimológico se vincula con Zeus, Deus o dios,
si surgió de un buen deseo espiritual o simplemente es la mayor garantía de
la existencia divina por estar culturalmente en todos los idiomas[1],
despedirse igualmente implica: acompañar finalmente –a la puerta el avión el
autobús- al que se va, desprenderse, echar fuera, apartar y hasta correr al
molesto o el inútil es decir, simplemente concluir un proceso en el cual ya
no es posible aguantar o seguir. Los adultos mayores –cuyo día se recordó
con más pena que gloria la semana pasada- se despiden dejando de comer,
interactuar o caminar.
Para el que ya siente concluido su ciclo, decir a-Dios es un acto
valiente, humano, muchas veces intolerable –dicen los budistas que si no
duele no sirve- lleno de temor ¿Cómo vivir sin mi hijo o sin mi hermano? se
han de preguntar las familias de Tepito; porque jamás decir Good Bye[2] es
un acto de completa alegría. La separación temporal de la quinceañera
viajando con sus amigos a un campamento como regalo de aniversario es un
aprendizaje -consciente o inconscientemente- de lo temporal de los vínculos.
Cada pérdida, grande o pequeña, debiera prepararnos para lo inevitable: lo
mortal de nuestra esencia y la definitiva separación propia o ajena de los
que amamos, cuando llega el momento final. Para los que se quedan, aprender
a despedirse es siempre para bien. Nos ayuda a madurar para no repetir los
mismos errores, nos da permiso de llorar como una forma de consuelo al
trascurrir por un proceso de duelo y, sobre todo, nos evita permanecer
bloqueados, aferrados o sin futuro luego de la negación, el conflicto, la
desesperación y todo lo inherente a un adiós definitivo.
Tanto el que se va como el que se queda, lo hará con menos conflicto si
resuelve los asuntos pendientes: perdonar las ofensas y juicios
condenatorios, trabajar las frustraciones, asumir la envidia o la ambición
como fuente de conflictos, concienciar un secreto jamás admitido, expresar
el reconocimiento y hasta el amor reprimido, evitará remordimientos, culpas
y compensaciones secundarias e insanas por el mal manejo de la soledad o el
miedo, que nos turba el sueño empujando a muchos al intento de anestesiar lo
incómodo mediante, pastillas, alcohol, luchas suicidas y toda suerte de
evasiones, incluso irracionales y fanáticas. Despedirse no supone
necesariamente traicionarnos a nosotros mismos o a la persona que se deja
ir, es a final de cuentas, cerrar un círculo en base a la libertad propia y
del otro, aun cuando alguna de las partes opte por el rechazo a la
posibilidad de ser redimido en términos de su particular ciencia. Decir
adiós es evitar sujetarse a la muerte, es admitir el valor intrínseco de la
justicia, que no debe ser calificada por quienes la aplican o pretenden
apoderarse de ella.[3] El mundo sería un planeta más armonioso, si todos
asumiéramos con racionalidad, madurez y plenitud espiritual las despedidas
[1] El filósofo ateo alemán Friedrich Nietzsche afirmaba que “mientras
Dios siga existiendo en el lenguaje humano, no se podrá afirmar de verdad
que Dios ha muerto”.
[2] “God be with you”, “Dios esté contigo”.
[3] …”y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las
cosas las sujetó debajo de sus pies….” Primera carta a los Corintios
capitulo 15, la Biblia
ANTERIORES
|