UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
PERDÓNALOS, NO SABEN....
28 de marzo 2016
Apenas el viernes,
pudimos constatar como es que los seres humanos gustan de observar la
muerte. Morir es algo que nadie desea y de este impulso han surgido
búsquedas e investigaciones –filosóficas, médicas y hasta monstruosas- para
encontrar la manera de burlar este paso final de la vida. La angustia
producida por la muerte se ha enfrentado histórica y antropológicamente de
muy diversas maneras, desde evadirla mediante la negación y la ausencia,
hasta mitificarla –en monumentos que al final del día no hacen nada por el
difunto aunque dejan a los vivos muestras maravillosas de su arte- pasando
por convertirla en espectáculos macabros y morbosos.
En México, nuestra
tradición de calaveras de azúcar, luego de trastocarse en comercio vacuo,
dio paso al rito de la “santa muerte”, en el cual “la pena” por el deceso ha
desaparecido de la misma forma en que parecen haberse ido los remordimientos
en toda una generación que roba, ultraja, secuestra y asesina. Los
espectáculos de ahorcamiento o decapitación de la antigua Inglaterra, se han
sustituido en su otrora colonia por sillas eléctricas o muertes por
inyección de sustancias letales dando la impresión que al tomar el ser
humano en sus manos el final de la vida de facto se abona a la justicia.
Algunas culturas alivian
el miedo prometiendo el acceso a una dimensión perfecta, luego de sucesivas
reencarnaciones o todo un proceso de asimilación energética con los bosques,
los mares o los animales y, en el colmo de la perversión, históricamente
alguien se inventó la posibilidad de pagar las “penas” con bienes materiales
o servicios personales. De hecho no se de algún rito religioso, sin
referencia a la muerte y en medio de todas las explicaciones la ofrecida por
la cristiandad es quizá la que más se apega a una realidad que produce pena:
“por cuanto todos pecamos estamos destituidos de la gloria de Dios porque la
paga del pecado es muerte”
Dejar la reflexión hasta
aquí, nos permitiría imaginar que la muerte de Luis Donaldo Colosio que
apenas el 23 de marzo ajustó 22 años de ocurrida, fue un acto de justicia
política por cargar sobre sí quien sabe cuantas culpas inherentes a la
política y la de los civiles que huyen de Irak o Siria, ¿quizá sea un ajuste
de cuentas por su conciencia musulmana ¡¿!?
¿Cómo enfrentan la muerte
millones de seres humanos que en el recuerdo del sacrificio de Jesús de
Nazaret, han visto su imagen ensangrentada y clavada en miles de cruces en
derredor del mundo? ¿Qué mueve a otros tantos de miles a flagelarse, sangrar
el propio cuerpo y en casos extremos hasta crucificarse como hacían los
romanos con los más viles ciudadanos o los peores enemigos? ¿Los que hoy
observan este rito son capaces de sentir su propia pena? Su vanidad y
orgullo de una supuesta superioridad “por no creer en las religiones”
¿Justifica la injuria[1] en
contra de los que si creen?
En términos humanos
–psiquiátricos, emocionales etc.- es posible entender como la imagen de un
líder a punto de ser sacrificado estimula pasiones negativas como la
decepción o el enojo; el relato evangelístico da cuenta de cómo ni uno de
los seguidores de Jesucristo, se hizo evidente en los patios de tortura ni
mucho menos en el camino al Gólgota.
Al final del día –en la
hora sexta- aquel que les permitió ver curaciones, expulsión de demonios,
mensajes multitudinarios y hasta milagros como la multiplicación de los
alimentos, estaba ahí, colgado, muerto, solo. Nadie ha dicho que su
espíritu, salió para deambular por el planeta. Pero en hechos posteriores a
este fatídico día, diversos testimonios nos hablan de que el cumplió su
promesa de vencer a la muerte pagando así nuestras penas y luego presentarse
para recordarnos el gran acto de misericordia con el cual nos había
redimido.
“Perdónalos que no saben
lo que hacen”, expresó ese rostro molido por lo golpes, la tortura y el
dolor, mientras unos lloraban a lo lejos, otros jugaban al pie de la cruz
unos pocos meditaban acerca de la verdad o falsedad de su esencia y unos más
se burlaban por no haber visto su rescate por “los Ángeles”. Esa súplica al
Padre ¿alcanzaba a los verdugos de la inquisición, los súbditos ingleses y
europeos en general que hacían de las ejecuciones un espectáculo o a los
secuestradores, rateros, comerciantes de personas, violadores de niños y
mujeres del siglo XXI?
No se cuenta con
evidencia de que su cuerpo haya sido robado, tampoco de que fue sanado y
continuó su predica en otras latitudes. Los relatos –religiosos y de
referencia- hablan sí de su resurrección, de un hijo de Dios vivo, pleno de
amor y de gloria, dispuesto a infundir ánimos, no solo en quienes le
siguieron y luego se escondieron, sino aun en aquellos que le negaron o se
mofaron. Un dios justo que sabe de la paga del pecado pero; “no quiere la
muerte del pecador sino que se arrepienta y viva”. ¿Será esto verdad o es
como suponen algunos credos, un simple hombre extraordinario o un destacado
profeta? Lo que cada quien responda a esta pregunta es algo totalmente
inscrito en el ámbito individual; pero al igual que muchos millones de
hombres y mujeres de fe, yo deseo creer que gracias al ruego de un Jesús
vivo he sido perdonada aun por lo que hice mal -sin saberlo o a la necia- y
anhelo que muchos más, aun los muy malos elijan seguir a un Dios vivo con el
poder suficiente para cambiar la existencia y el destino final de quien le
acepta.
[1]
La prudencia bíblica parece tratar con extremo amor y perdón a quienes
ofenden gravemente, insultan o se burlan en una hostilidad que en nada abona
a la armonía y la paz.
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El 13 de abril, Está Usted invitado a escuchar comentarios acerca del libro
de una servidora "En México No hay hombres". Tendrá lugar a las 6 de la
tarde y conocerá algunos comentarios acerca de Canadá e Islandia.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
FELICIDAD
21 de marzo
2016
Una
de las búsquedas más constantes de la humanidad se vincula con la felicidad
y esta a su vez tiene que ver con todo tipo de festividades. Para recordar
que apenas en el 2013, se instauró el 20 de marzo como el Día de la
Internacional de la Felicidad, Ban Ki-moon declaró: “En estos momentos de
graves injusticias, guerras devastadoras, desplazamientos masivos, miseria
absoluta y otras causas de padecimientos provocados por el hombre, el Día
Internacional de la Felicidad es una oportunidad mundial para proclamar la
primacía de la paz mundial, el bienestar y la alegría”.
Este pensamiento más el hecho de vincular el “poner fin a la pobreza,
reducir la desigualdad y proteger nuestro planeta” como tres de los 17
objetivos del desarrollo sostenible en el nivel de pre-disponentes de la
felicidad, nos conminan a reconocer que aun en los grupos más sencillos
estos ríen, disfrutan y en general se sumergen en una etapa emocional de
satisfacción. Las tribus más antiguas y aun hoy las que mantienen intactas
sus costumbres ancestrales, pueden decir que la tristeza llega cuando
perciben que no hay garantía de bienestar, en cuyo caso discurren rituales y
celebraciones que se los propicie.
El
mes de marzo –sobre todo en las culturas del hemisferio norte contiene en si
mismo muchas celebraciones, el inicio de la primavera es un ejemplo. Para
los judíos estas fechas coinciden con el recuerdo de su salida de Egipto, lo
cual fue liberación de cierto tipo de esclavitud, definición de su futuro y
su sociología particular. Dado que su entorno en marzo es muy caluroso,
ellos piden por la presencia constante del rocío –que por cierto les dio de
comer en su peregrinar por el desierto- incluyen ruegos por la abundancia de
los satisfactores básicos y agradecen siempre el haber llegado a lo que hoy
son.
La
mayoría de los rituales de pueblos indígenas –sobre todo en Latinoamérica-
son una suerte de defensa de su cultura; amenazada lo mismo por la voracidad
minera, la irracionalidad comercial, la destrucción de su entorno –selvas,
bosques, montañas etc.- y la incomprensión de su sentido de vinculación con
la tierra, lo cual les conmina a danzar descalzos, a veces desnudos y cantar
en derredor de una hoguera donde además se ofrecen alimentos que por siglos
han consumido y que la tierra les ha ofrecido.
Si
las máquinas, les expulsan, ellos con facilidad se entristecen y hasta
deprimen, por lo cual son fácil presa del alcohol y toda suerte de
“distractores” para estimular su evasión del problema. ¿El día internacional
de la felicidad también les incluye a ellos y a los que huyen de la guerra,
el desempleo y la injusticia?
Dado que la celebración de la pascua cristiana, al igual que ocurre con la
hebrea, no está establecida en un día determinado, el día de la felicidad
coincidió ayer con el llamado domingo de ramos –en el credo católico y de
recordatorio de la entrad triunfal a Jerusalén en las evangélicas- en el que
Jesús de Nazaret, al igual que lo judíos de su época, marchó dirigiéndose al
templo de Jerusalén y, según coinciden todos los relatos que resumen las
buenas nuevas, fue recibido con inmensa alegría justo una semana antes de
que Cristo cambiara el sentido de celebración de la Pascua, lo cual se
recuerda hoy con inmensa felicidad en el “domingo de resurrección”.
Paralelo a la celebración había distorsiones como hoy ocurre: el templo
estaba lleno de comerciantes que vendían, ensuciaban y trasformaban la casa
de oración en un mercado; algo similar a lo que instauró Camacho Solís, al
darle amplios márgenes al comercio informal que ocupa banquetas, carriles de
circulación de vehículos, parques, plazas y todo lo que nos hace infelices
pues se enmarca en la corrupción y la impunidad. ¿Qué pasaría si el hijo de
Dios bajara con el lazo justiciero a ponerles límites? ¿Cómo es que se
extinguieron las gentes que con sentido común, entienden que las piezas
teatrales son en teatros, los bailes en salones, los conciertos en salas
diseñadas para este propósito y que se reserve los estadios para los
deportes, los actos cívicos en la plazas y no en los parques destinados para
el descanso y el bienestar de ancianos, niños y gente que cada vez tiene
menos espacios para ser feliz?
No
me resulta muy comprensible que el símbolo de la felicidad sean los pájaros
enojados, como paladines de la búsqueda del equilibrio climático y ante el
exceso de fiestas –por la inauguración de un nuevo show en Teotihuacan o la
infinidad de reuniones juveniles que inician en la media noche y terminan al
amanecer y sin control de la ingesta de drogas- viene a mi mente el recuerdo
del salón 2 de la generación 65 de abogados donde los alumnos llevaron
mariachi para celebrar el cumpleaños del maestro Luis Recasens Fiches. La
felicidad fue interrumpida por el maestro Floris Margadant, de origen
holandés, quien con gran parsimonia y voz de autoridad dijo: Los excesos de
fiestas están estrechamente relacionados con los pueblos menos
desarrollados, un ejemplo de ello es España. Por favor no olviden que esta
es la Universidad, este un salón de clases y muchos alumnos quieren
aprender, cosa difícil con el ruido que Ustedes hacen. ¡¡¿¿??!!
Y
sí, el ruido era notable, hasta los que no éramos de ese grupo nos acercamos
a la fiesta y ahora pienso que, tal vez en su infancia al maestro Margadant
nadie le obsequió un huevo de pascua, que por cierto pocos asocian con la
fertilidad como ocurre en muchos países europeos.
Sea
como sea, lamento que no haya habido fiesta el 18 de marzo y espero que esta
semana sen felices, sobre todo por tener la oportunidad de reflexionar en la
posibilidad de trascendencia que Dios nos ofrece más allá de las torpezas,
caprichos y veleidades de muchos de nuestros gobernantes.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
EFECTOS
14 de marzo 2016
¿Que incentiva a un buen número de la población a lanzarse en contra del
responsable de la política interior en México luego de haber expresado un
punto de vista acerca de la impertinencia del método empleado por el
anterior presidente en materia de combate a la inseguridad? Por supuesto hay
quienes suponen que se trata de cuestiones partidistas y electorales pero
¿será la inseguridad algo exclusivo de México? ¿Porqué países en peores
condiciones económicas que nosotros –Bolivia por ejemplo- tiene índices
menores de delincuencia?
No ha mucho tiempo que los robos, violaciones, homicidios, daños a
propiedad, invasiones, despojos y otros tantos actos violentos se reservaban
a una sección de algunos diarios o incluso a ciertos periódicos
especializados en “la nota roja” ¿Qué sacó esto del ámbito de los
morbosos para convertir tales conductas en cuestiones de preocupación
generalizada para la ciudadanía? ¿Se vale marginar el tema -de innegable
interés y consecuencias para todos- de la agenda gubernamental? Las frases
del señor Osorio, parecen recordarnos la urgencia de no quitar el dedo del
renglón aunque no necesariamente basando el método en cuestiones punitivas;
lo mismo detenciones, contenciones, cárcel o incluso abusos en el ejercicio
del poder.
Se ha dicho que por la inseguridad no hay inversiones; que los capitales
vuelan fuera del país debido a este flagelo; que es la falta de empleo, la
pobreza, la exclusión para la educación o la vivienda … como si esto
produjera necesariamente inseguridad; y sí en la visión neoliberal donde el
éxito tiene que ver básicamente con dinero, tal vez el enfoque sería
correcto; pero hay sitios donde las condiciones económicas son peores y hay
menos violencia y otros donde a pesar de la bonanza y la riqueza la
seguridad no está garantizada.
La preocupación generalizada es similar en Francia, Brasil, ciertos sectores
de Alemania o Estados Unidos[1],
que en Guatemala o Nicaragua ¿Qué impide entonces reducir los índices de
inseguridad a pesar de grandes esfuerzos y gasto multimillonario?
El tema es tan complejo, que resulta casi pueril intentar hacerlo depender
de un solo factor: lo económico, lo político o lo ideológico. Así como es
una equivocación considerar a la inseguridad causa única de los quebrantos
financieros, también lo es dejar de lado la posibilidad de que sea efecto de
lo que ya hemos esbozado. Elemento común en los gobiernos latinoamericanos
–por reducirlo a una región- es su incapacidad para controlar el problema,
que terminan delegando en cuerpos acostumbrados a la represión y contención
en el mejor de los casos y, en el peor, los ejércitos conducidos a la guerra
interna. Estas medidas alivian un poco a ciudadanos que se sienten
amenazados y no pueden o no quieren adquirir un arma pero ¿hay una clara
conciencia de las consecuencias de militarizar la seguridad interior? Son
muchos los académicos que coinciden en afirmar que la verdadera causa de la
inseguridad es una debilidad institucional –por incompetencia, limitaciones
emocionales, ambiciones desmedidas- que coloca al ciudadano en un estado
casi similar al de la época pre-civilizada.
La debilidad estructural del Estado, propicia el surgimiento de milicias no
formales, vendetas grupales o individuales, linchamientos, pulverización de
los grupos sociales desde los vecinales hasta los más complejos como
partidos políticos, clubes, grupos de profesionistas etc.
Si en vez de medidas represivas –de corto plazo- se diseñan y aplican
políticas tendientes a fortalecer las estructuras del Estado –no solo del
mercado- vinculadas con aspectos sociales de bienestar y desarrollo, de
manera inmediata y también en el largo plazo veremos disminuir el flagelo de
la inseguridad.
Jóvenes talentosos de nuestra región, son parte de investigaciones
científicas como las que ocurren en Ginebra y otras ciudades europeas a
donde llegaron por sus niveles extraordinarios de mente y trabajo. Ellos
siguen amando a México, desean volver y no quieren verse limitados dentro de
un coche blindado o por un grupo de “guaruras”. Extrañan los tacos y el
guacamole y prefieren no sucumbir a la percepción de ineficacia de los
responsables de la correcta marcha del país.
No todos los pobres aspiran a ser delincuentes, algunos mafiosos son jóvenes
privilegiados que se convierten en empresarios de lo criminal; si el dicho
del señor Secretario de Gobernación tiene que ver con la compresión de las
causas, los efectos y los procesos para cambiar de rumbo, me uno al
entusiasmo y la esperanza para que las cosas mejoren. Si acaso se trata solo
de un discurso más, veré como el desencanto, la abulia y hasta los suicidas
seguirán creciendo para abonar a la inseguridad.
De la misma manera que un mexicano talentoso llegó hasta el pedestal del
Nobel[2], nuestros estudiantes
buscadores de la “partícula de dios” regresarán a su tierra con el
entusiasmo de apoyar a quienes vengan detrás de ellos mostrándoles que hay
muchas más opciones en el camino del compromiso, la responsabilidad y la
solidaridad que en la ruta de la descalificación sistemática que nos niega a
todos las posibilidad de una vida feliz y trascendente.
[1]
Este país es uno de los que tiene mayor criminalidad entre éstos. La
población carcelaria estadounidense es igual al número de estudiantes de
colegios y por supuesto al salir, caen en el síndrome de la puerta giratoria
y prono regresan, lo cual además implica pingües ganancias para los
administradores privados de las cárceles. Tal dato duro, echa por tierra el
mito de que “usando mano dura como en los países desarrollados se acaba la
inseguridad.
[2] Me refiero al de química,
porque ya antes tuvimos uno en el ámbito de la paz y otros más que deberían
promoverse como ejemplos en vez de darle tiempo de comunicación a personajes
como el llamado Chapo.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
UN PLANETA IGUALITARIO
7 de marzo 2016
Mañana en el Consejo de Administración
Fiduciaria de la Secretaría de la ONU, iniciarán varios eventos encaminados
a lograr un planeta 50-50 en apenas 15 años. Todo el mundo intentará dar el
paso para el logro de dicho objetivo, sin considerar las posibilidades de
cambio en las cuotas por los reclamos de los homosexuales, transgéneros y
toda esa emergencia de personas que no se conforman con ser hombres o
mujeres.
Por supuesto al hacer las contabilidades globales, países como Islandia,
distorsionan al porcentaje por el hecho de ser más mujeres que hombres en
los puestos políticos de diversos niveles y, en dichas cuotas poco interesa
si las contabilizadas tienen algún soporte académico que haga más
trascendente su participación en lo público o lo privado.
Desde el pasado jueves, la directora ejecutiva de ONU-Mujeres, difundió la
agenda que se propone a partir de mañana hasta el 2030, para el logro del
desarrollo sostenible, la igualdad de género, el empoderamiento de las damas
y la defensa de las niñas; todo ello encaminado a terminar con la
discriminación y la violencia, además de garantizar la igualdad de
participación y oportunidades en todos los ámbitos. ¿Cuál será la repuesta
de gobiernos, culturalmente conformados desde sus bases para esconder a las
mujeres en armaduras de tela? ¿Se convierten en hechos los propósitos de la
Plataforma de acción de Beijing, con lo acordado por la Comisión de la
Condición Jurídica y Social de la Mujer celebrado en 2015 en la ONU?
Riesgos sanitarios que afectan la condición de fertilidad femenina o la
plena salud de sus hijos amenazados por diversos males como el SIKA,
¿permitirán mantener lo logrado y avanzar en lo propuesto? En la línea de
brote de estas enfermedades emergentes –muchas de las cuales se sospecha han
sido creadas en laboratorios manejados mayormente por hombres- y todas las
amenazas derivadas de las guerras, las migraciones, los desastres ¿De verdad
se garantizará a las mujeres el mantener vigente aquello tradicional de
“mujeres y niñas primero”?
Apenas el viernes pasado, seguí con detenimiento en la mesa de análisis de
un famoso payaso mañanero, la virulencia de las “contra argumentaciones” de
tres varones cada vez que la señora Pagés iniciaba su alegato; verlos me
provocó pena ajena. Ella debía levantar el tono de su voz para ser respetada
en su turno al micrófono, su participación no era sentida por la mayoría
masculina como un derecho de inclusión; había que atacarla, ¿por ser
priísta, por defender algunos puntos de institucionalidad? bueno en realidad
por ser mujer y representar en dicho panel una auténtica minoría.
Tiempos hubo en que, con todo y lo poco o nada reconocido del papel
femenino, había cierto respeto por su inclinación a la pacificación
–iniciando por la familia nuclear y luego la ampliada- y el cuidado del ser
humano mismo. Hoy las diversas agendas, parecen desear borrar su esencia
natural, con lo cual la descendencia, en la mayoría de los casos, crece sin
equilibrios, sin límites, sin ética y con valores –o antivalores dirían
algunos- encaminados a reforzar la lucha por el dinero, el poder, la fama y
la supremacía.
Los compromisos basados en las cuotas, no se ocupan de las verdaderas
negaciones que ha sufrido la mujer por siglos: educación, reconocimiento
auténtico, valoración de su esencia femenina.
Todos hemos tenido la desgracia de conocer núcleos, donde la violencia
–empezando por lo verbal- es ejercida por mujeres que han mal entendido esto
de la igualdad. Hemos visto madres, maestras, educadoras que se dirigen a
los infantes con peores palabras de las que antes estaban reservadas a
carretoneros, hombres rudos, y personas sin instrucción alguna. Reconozco
que la coprolalia [1] en
ocasiones tiene efectos “terapéuticos”, pero llegar al extremo de ufanarse
¿recuerda a una funcionaria del gabinete de Fox? por hablar con lo que antes
eran groserías y hoy se llaman barbarismos, es una pésima interpretación de
las igualdades.
Apenas algunos grupos como la FEMU de la UNAM, celebrarán con mesas de
discusión y propuestas; los comerciantes elevarán el costo de flores,
chocolates, apartados de mesas en restaurantes; creativos powerpoint serán
recibidos por miles de mujeres que seguramente habremos de sentir lindo por
ser felicitadas, pero ¡cuidado! de verdad es mucho lo que la humanidad se
está jugando y si bien es cierto que sobre todo en sociedades donde lo que
impera es la pobreza, son las mujeres y las niñas las menos favorecidas;
también lo es que se empiezan a reconocer balances en donde una igualdad
sustentada en la confrontación, la revancha y el triunfo por el triunfo
mismo está produciendo mujeres más machistas y más excluyentes que los
mismos hombres.
Cuidemos el equilibrio, celebremos este día de la mujer evitando criticar a
las que han triunfado y poniendo atención a las cualidades de aquellas que
propondremos a un puesto de representación o de ejecución de programas que
nos lleven como humanidad –de hombres y mujeres- a una condición mejor que
la que ahora nos abruma.
[1]
“hablar con caca”
Ya está a la
venta en las librerías el Sótano, mi último libro: "En México no hay
hombres"
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