Sin tacto
ARMANDO
ORTIZ Y LA EDITORIAL DE LA UPAV
Tozudo como es en sus ideas aferradas, Uriel
Rosas insiste en seguir sacando a granel premios para periodistas, que por
su cantidad resultan bastante dudosos porque, así como han sido reconocidos
verdaderos comunicadores por el Club de Periodistas y las otras siglas que
ha inventado, también ha habido mucha morralla y varios advenedizos que con
su medallita ya se sienten tocados por los dioses.
Bueno, antes que nada, los verdaderos
periodistas buscan como único premio la credibilidad de sus lectores y
ninguno de los que yo conozco en Veracruz, serios y profesionales, aceptaría
uno de esos premios “nacionales” que Uriel otorga a mansalva.
Dicho lo anterior, se acaba de otorgar un
“Premio Nacional” al programa editorial de la Universidad Popular Autónoma
de Veracruz, pero resulta que a recibir el premio acudió, asómbrese usted,
no el merecedor de tal sino el propio Uriel Rosas, quien se desempeñó hasta
hace poco como jefe de prensa de la universidad que creó el maestro
Guillermo Zúñiga y ciertamente apoyó al proyecto editorial, pero nada tuvo
que ver con la edición de los libros porque, vaya, eso no es lo suyo.
Dudoso y todo, este reconocimiento, si
hubiera aceptado recibirlo, debió haberse entregado al escritor Armando
Ortiz, a cuyo esfuerzo, preparación y talento se debe la colección de libros
editada en los últimos tres años por la UPAV. Y eso me consta, porque mi
novela Pueblo Viejo apareció bajo ese sello editorial, en una edición
profesional, cuidada al extremo y que no termino de agradecer, por el
profesionalismo con el que fue hecha.
Ser editor en México -un país sin lectores-
requiere primero de un gran amor por los libros y segundo de una necedad
heroica. Pero también exige una preparación profesional muy vasta, porque se
debe saber de gramática, de literatura, de composición artística, de artes
gráficas, de diseño. Un editor necesita también tener una cultura general lo
más extensa posible, y estar muy bien informado de lo que sucede a nivel
local, nacional y mundial.
Debe ser un erudito, hasta donde es posible
en este mundo lleno de cambios y pleno de comunicación.
Bueno, pues este perfil lo cumple a
satisfacción Armando Ortiz, y agrega a ello un amor profundo por la lectura
y una gran responsabilidad hacia su trabajo.
Por eso, de alguna manera me dio gusto que
se le diera este reconocimiento, que aunque para mí y muchos colegas es
otorgado por una instancia dudosa, el trabajo que él ha hecho no lo es de
ninguna manera.
Lo que sí no me dio gusto es que otro se
haya querido colgar las medallitas del trabajo honesto y profesional de
Armando Ortiz y que, como siempre, haya ido toda una corte a celebrar la
fiesta, a la que no fue invitado el verdadero agasajado.
Yo no le doy un pergamino ni una moneda
conmemorativa. Este texto no es para colgar en ninguna oficina. Mi
reconocimiento para Armando es inmaterial, y va acompañado solamente de mi
reconocimiento como un gran editor, y como el verdadero responsable del
programa editorial de la UPAV, que tanto cacarean otros.
Honor a quien honor merece.
Sin tacto
EL GURÚ: SANGRE LIGERA, SANGRE PESADA (2)
—Te prometo, Saltita, que hoy trataré de apresurar
los saludos de los amigos que se acerquen a nuestra mesa —me dijo el Gurú
con una expresión difusa en el rostro, en la que se podía leer al mismo
tiempo la seriedad y la burla, en una ambivalencia que muchas veces aparece
cuando él habla—. Así, podremos tener oportunidad de seguir desbrozando
razonamientos sobre la simpatía y la antipatía.
¡Y que se acerca una persona a saludar!.
Debo reconocer que el filósofo cumplió su palabra, y
en dos minutos despachó con toda amabilidad al intruso. A partir de ese
momento, el maestro hizo una de las cosas que mejor sabe hacer, que es
volverse invisible… No se piense que en estos diálogos caben los mitos,
urbanos o rurales, y entiéndase que cuando se habla de invisibilidad, no es
más que una figura literaria de pensamiento, porque lo cierto es que la
transparencia del pensador solamente existe en el plano de la expresión de
sus ideas.
Se hizo invisible en el sentido de que se acomodó de
tal modo en la mesa que quedó de espaldas al mundo, y empezó a hablar en un
cuchicheo que solamente alcanzaba a escuchar yo, que era su único comensal.
—Bueno, querido discípulo —me calificó así por
primera vez, para mi satisfacción personal—, déjame pasar rápido el trago
amargo y hablarte de las personas que tienen la sangre pesada. Tú los sufres
también: los ves venir por la calle, se te acercan con un saludo meloso… y a
la primera oportunidad te hincan su opinión en contra de lo que tú hayas
dicho al cruzar el saludo, ya sea que hayas hablado del clima, de tu
convicción ideológica, de alguna cosa importante para la vida de la nación o
de las últimas tendencias de la moda en esta temporada.
—Estoy pensando en varias personas así, maestro, y
en verdad qué molesto es tratar con ellas —intervine con una modesta
aportación.
—Además, los sangrones siempre se sienten muy
inteligentes, dueños de la verdad y con la autoridad de mandar sobre
nuestras conciencias y nuestros actos. ¿Quieres ver una persona
insoportable? Pues es ésa, son ésas, que a la menor provocación te empiezan
a soltar una serie de consejos y admoniciones sobre lo que tú debes hacer en
tu vida, en tu trabajo o en tu persona: “Estás escribiendo sobre temas muy
aburridos. Nunca vuelvas a hablar de ellos”, o “Mira cómo estás engordando,
mañana mismo te pones a dieta”, o “Esa ropa que traes no te queda nada bien,
debes cambiar tu guardarropa…”
El maestro hizo una pausa, dejó que mi imaginación
armara esas escenas, y soltó una afirmación que venía desde lo más profundo
de su sentimiento:
—¿Verdad que son odiosos estos verdaderos engendros
de la naturaleza humana? ¡Uf, yo no los soporto!
—Pues yo tampoco, maestro —me emocioné al unísono—.
Alguien debería prohibirles salir a la calle y relacionarse con seres
humanos.
—Y, por el contrario, están los que poseen un
carisma natural, los que siempre atinan a la frase que deben decir para
halagar a su interlocutor. Y mira que no me refiero para nada a los
zalameros, a los elogiadores profesionales que quieren ganar tu atención o
algún servicio que les puedas dar. Porque los simpáticos son gente muy
digna, y para serlo necesitan ser inteligentes, bondadosos y llenos de
dignidad… y vámonos porque ahí viene Ernesto de tal, y no estoy de humor
para soportar las sandeces que nos va a querer decir, como es su costumbre.
Sin tacto
LA PÉRFIDA ALBIÓN
Londres es una de las ciudades más caras del mundo,
si no la que más. Un londinense con un trabajo regular gana hasta diez veces
más que un xalapeño que tenga un empleo medio en la burocracia estatal (que
cada día son menos, por cierto, después de la devastación duartista y antes
de la reestructuración de la deuda, sea por Dios). Sí, gana diez veces más…
aunque las cosas y los bienes le cuestan a él siete veces más caras. No
obstante, le va mejor económicamente que a un veracruzano.
Un habitante de Londres tampoco padece la violencia
de los asaltos y las desapariciones, ni encuentra en sus calles o en sus
suburbios cuerpos mutilados ni personas torturadas.
Sin embargo, quienes viven en la carísima capital de
Inglaterra han padecido históricamente otros temores enormes, como el del
terror de grupos islámicos o personas de otras nacionalidades que han
padecido los excesos de La pérfida Albión -que, nos revela la Wikipedia, “es
una expresión utilizada para referirse al Reino Unido en términos anglófobos
u hostiles. Fue acuñada por el poeta y diplomático francés de origen
aragonés Augustin Louis Marie de Ximénès (1726-1817) en su poema L´ere
des Français (publicado en 1793), en el que animaba a atacar a «la
pérfida Albión» en sus propias aguas: Attaquons dans ses eaux la perfide
Albion”-.
Bueno, entrados en gastos etimológicos, y dentro de
la Wiki, el “término «Albión» es de origen celta. Sin embargo, los romanos
lo asociaron al latín albus (blanco) en referencia a los acantilados
de Dover, al sur de Inglaterra, de un característico color blanco, que son
lo primero que se ve al aproximarse a Gran Bretaña desde el Norte de Francia
por vía marítima.”
Pero a lo que voy es que, aunque tengan un nivel
económico tan alto, para los británicos como para los mexicanos y como en la
canción de José Alfredo Jiménez, la vida no vale nada.
Leo en El País lo que sucedió la tarde de
este miércoles en Londres: “Tres personas
han muerto en
el atentado terrorista perpetrado esta tarde junto al Parlamento británico
en Londres, en
el que también ha fallecido por disparos de la policía el autor del ataque.
La policía londinense ha informado de que 20 personas han resultado heridas,
entre las que se encuentran tres agentes y tres escolares franceses. Mark
Rowley, de la Policía Metropolitana, ha detallado en una declaración
en la zona de los hechos que el atacante atropelló a dos decenas de personas en
el puente de Westminster y que luego empotró el coche contra la verja del
Parlamento para proseguir con el atentado. Allí mató a cuchilladas a un
policía antes de que otros agentes lo abatieran a tiros.”
Por cierto, en el Parlamento, que cerraron a piedra y lodo, estaba en esos
momentos la Primera Ministra inglesa, Theresa May.
Y antes de los fanáticos religiosos, los británicos
han tenido el odio de otros pueblos a los que conquistaron y/o dominaron a
sangre y fuego, como Irlanda, varias naciones africanas y asiáticas, los
propios Estados Unidos cuando eran un conglomerado de naciones indígenas.
Ser veracruzano en estos momentos es vivir inmerso
en la emergencia económica, padecer la violencia desenfrenada de
delincuentes, tener que realizar sacrificios y prodigios de la imaginación
para poder seguir viviendo como antes de la docena trágica.
Pero ser londinense también tiene lo suyo.
Así que no debemos quejarnos tanto (o tan solos).
Sin tacto
UN EXPERTO EN REESTRUCTURACIONES
Se llama Javier. Omito sus apellidos para evitar que se agolpen a su
puerta miles y tal vez millones de ciudadanos -y para lo macroeconómico,
hasta algunos cercanos a Tula-, solicitando su consejo, su asesoría, para
sobrevivir en medio de la emergencia económica, como lo ha hecho él toda su
vida.
Porque Javier no ha sido pobre, sino paupérrimo desde que nació en una
cuna humildísima y de ella salió para sobrevivir con un don que Dios le dio,
el de la buena prosa, que si en México se pagara como se debe, él sería más
millonario que Carlos Slim, porque es periodista, poeta y narrador
insuperable, y su escritura resplandece cuando se aplica a hacerlo como se
debe.
Pero poco lo hace, y por eso no aguanta en ningún empleo, aunque esgrime
como disculpa que no tiene tiempo para trabajar porque debe mantener a siete
hijos (¿o son ocho?) y una esposa, y además un vicio caro como es el gusto
por el trago, pero el buen trago (“Yo no soy borracho, soy alcohólico”, dice
con orgullo en los mejores bares de la ciudad, atrás de una copa de whisky
escocés, de una malta).
Y a su vicio y su familia hay que agregar que tiene un corazón de
condominio, porque se enamora constantemente de ninfas que no están a su
alcance, y sin embargo él les apedrea el sentimiento con arrancados versos y
costosos regalos, que casi nunca surten efecto.
Hace 25 años ganaba 1,200 pesos mensuales, con los que sobrevivían de
milagro sus hijos, sus gustos y sus amoríos, pero le llegó del cielo un
nuevo trabajo y el sueldo le subió a la fabulosa cantidad de ¡5 mil pesos!
En la cantina donde celebró el acontecimiento, contaba a los parroquianos
que su mujer le preguntaba cómo le iban a hacer ahora para gastar tanto
dinero. Es más, dentro de la celebración, invitó los tragos a todos, y fue
una cuenta que se tardó dos años en pagar.
Bueno, pues a los tres meses de ganarlo, el sueldo fabuloso ya no le
alcanzaba ni para la primera semana de la quincena y entonces empezó una
larga serie de negociaciones con su jefe -un amigo suyo de la primaria que
le perdonaba todas sus excentricidades y la mayoría de sus
irresponsabilidades laborales, lo que es la suerte-, pues cada que se le
terminaba el dinero, que era siempre, le pedía préstamos con pretextos cada
vez más estrambóticos, dignos de su literaria imaginación.
Los que lo conocíamos nunca nos pudimos imaginar cómo es que lograba
vivir y sobrevivir su familia, y de qué manera alcanzaba a pagar sus gastos,
sus gustos de tomador perenne y sus frivolidades de enamorado irremediable.
Pero lo cierto es que pasaron las quincenas con abusos excesivos en el
gasto, siguieron los meses que se volvieron años, y Javier logró sacar
adelante de cualquier manera a sus hijos, que se volvieron madres (solteras)
y hombres (casi de bien).
Tal vez su secreto es que sabía ser un hombre rico, porque apenas recibía
su quincena iba a derrocharla en donde pudiera. Yo alguna vez le reproché
que se acabara tan rápido el dinero y me contestó con una lógica implacable:
—Mira, jodido siempre estoy. El dinero nunca me alcanza para nada. Si lo
guardo, soy pobre todo el mes, pero si lo gasto el mismo día, cuando menos
los 15 y los 30 me siento rico, y eso me da ánimo para seguir en la vida.
Ahí tienen a Javier, un experto en vivir en la
miseria, que tanto nos podría enseñar a los veracruzanos, ahora que tenemos
que vivir inmersos en ella… con o sin reestructura.
Sin tacto
LA PATRULLA TE01-514
Me lo contó una señora que pasaba por ahí o vive enfrente, no me quedó
muy claro. E igual como me lo dijo se los relato, hasta donde es posible
rescatar fielmente en el texto escrito lo que se expresó por medio de la
lengua hablada. Pero le haremos la lucha.
Era el mediodía de un día que había amanecido soleado y caluroso, y
terminó de descomponerse con unos negros nubarrones que, además de bajar la
temperatura, amenazaban con hacer caer un chaparrón (y no me refiero con
esto a algunos de los funcionarios bajitos del actual Gobierno que están en
la tablita porque han dejado que les gane la fiaca o la hormona)… un
chaparrón de ésos con sus goterones helados que insisten en caer en los
lugares más desprotegidos e inconvenientes -el cuello de la camisa, por
ejemplo, para atajar a los mal pensados, que nunca faltan-.
Era el mediodía y llegó a la Plaza Montemagno, tan de moda ahora en
Xalapa, la patrulla de Transito de Estado con número económico (?) TE01-514,
y con sus respectivos dos oficiales, como ellos mismo se hacen llamar,
dentro. Atrás de ella venía una pavorosa grúa, que revelaba su oscura
intención de levantar vehículos que estuvieran incurriendo en alguna
infracción.
En alguna infracción… pensó mi relatora en ese momento, pero pronto se
dio cuenta de que el verdadero propósito de la remolcadora era llevarse
vehículos en las condiciones que fueran, con un objetivo francamente
recaudatorio. Pero en eso de “las condiciones que fueran” los “oficiales” de
Tránsito eligieron pésimo, pues se dirigieron al área de discapacitados y la
grúa empezó a hacer maniobras para levantar dos automóviles que estaban ahí
estacionados.
Para fortuna de sus propietarios, ambos estaban en el café de junto (en
el café de Justo) y se acercaron de inmediato a dialogar con los agentes.
Uno de aquéllos era un venerable ciudadano, de alrededor de 80 años, que
caminaba con la ayuda de un bastón. El otro, de la misma edad, se veía más
ágil, aunque su condición de edad seguramente le permitía ocupar ese espacio
especial.
Pero hay una premisa filosófica que dice que los agentes de Tránsito
siempre tienen la razón (la tienen más que el protagonista del aforismo que
usan a menudo los ofrecedores de servicios: el cliente siempre tiene la
razón… pues los tránsitos la tienen más aún). Y por eso no valió ninguno de
los razonamientos que los respetables señores esgrimieron, con toda
propiedad y decencia, ante ellos.
Cuando vieron que lo que decían los afectados era demoledor en su lógica,
uno de los uniformados se sacó un as falso de la manga (es una metáfora) y
de plano les dijo que ese lugar sólo era para ascenso y descenso, y que
tenían que quitar sus coches porque “varios vecinos se habían quejado”. Ahí,
la señora que era testigo y los ancianos se quedaron perplejos ante la
extraña lógica del, hummm, servidor público, y no faltó un colega periodista
que se acercaba en ese momento y que prácticamente terminó regañando a los
“oficiales” por oponer tan endebles argumentos.
Bueno, después de una larga discusión, el asunto terminó en que el señor
más ágil tuvo que quitar su coche de ahí, y dejaron que el señor del bastón
no moviera su vehículo. Pero eso sí, consiguieron molestar a dos ciudadanos
que debieran gozar del respeto que se merecen, y más de dos representantes
de la autoridad.
Para no irse con las manos vacías, la grúa y la patrulla se fueron a
buscar otros vehículos en las calles adyacentes, con el fin de levantarlos y
cobrar las multas (¿o mordidas?) correspondientes.
¿Y así quieren que voten por ellos?.
Sin tacto
GELA FRUTIS DÍAZ-CONTI DE LARA
“¿Y tu mujer?”, siempre que nos encontrábamos me saludaba así, pues
aunque participábamos con ella del mismo afecto, se identificaba con mi
esposa Elsa en su calidad compartida de xalapeñas guapas, conquistadas en el
mejor sentido de la palabra por sendos extraños nacidos en otras tierras,
con más buen gusto que imaginación.
Yo le contestaba lo que correspondía en el momento, y sabía que después
del “Me la saludas mucho”, su voz grave e indistinta iba a empezar a
recorrer algún problema de la ciudad, lo que era la preocupación constante
de la arquitecta Gela Frutis Díaz-Conti de Lara, todo un ícono en la
historia de la conservación de todo lo mejor de Xalapa; ícono en el mismo
sentido que lo fue otro amigo entrañable, David Bouchez, a quien también
tanto le debe -en lo gastronómico y en lo social- nuestra historia
inmediata.
Cuando Leonor de la Miyar nos contó el sábado 11 que Gela acababa de
fallecer, víctima de un cáncer implacable, quedamos consternados. Elsa sólo
alcanzaba a repetir “¡Qué barbaridad!”, hasta el infinito de su congoja, y
de ahí fuimos consolando la pena hasta que logramos estacionarnos en el
recuerdo abrigador de la amiga ya ida:
Gela Frutis era toda pasión a la hora de emitir opiniones y más se
apasionaba cuando ejercía su visión crítica, que era contundente, lógica,
inexpugnable. Bueno, crítica siempre era, porque su discurso permanente eran
los problemas que asolaban a la capital, y se iba contra las autoridades
municipales, contra los funcionarios del gobierno, contra todos los que
ostentaban un cargo público y no hacían lo que debían.
Pero si su voz era grave y altanera, decía además las cosas sin pelos en
la lengua y sin cola que le pisaran. En charlas personales, en corrillos, en
reuniones, en foros, Gela Frutis siempre esgrimió la razón en favor de la
causa xalapeña.
Fue la primera Directora de Ecología que hubo en el estado, muy joven
ella, apenas salida del cascarón de la Facultad de Arquitectura de la UV, en
donde era muy reconocida. Rafael Hernández Ochoa algo había visto en ella
que se animó a nombrarla en el puesto que inauguraba esa área gubernamental.
Y ahí empezó el despegue profesional de Gela, porque desempeñó esa
responsabilidad con energía, con elegancia y con resultados. Ella logró
poner el pie de casa para las acciones en pro del medio ambiente que ahora
son parte de nuestra geografía política en el ámbito estatal.
Y una vez concluida con éxito su delicada misión primera, la hija de don
Beto Frutis -que fue por décadas el dueño de la casa de fotografía más
importante de la ciudad- pasó de la conservación del medio a la conservación
de su medio inmediato, su terruño querido, porque se convirtió en sempiterna
y emocionada participante del comité del centro histórico de Xalapa, en
donde su palabra se convirtió en ley y su presencia siempre fue infaltable.
La vamos a extrañar; vamos a querer encontrarla una vez más en alguna
calle xalapeña, acompañada de su queridísimo esposo, Gonzalo Lara Gómez, a
quien le enviamos nuestro más sentido pésame y la solidaridad de amigos de
tantos años.
No entiendo las elecciones del cáncer, que se lleva a personas valiosas y
deja en la tierra a tantas lacras, pero así es la vida y hoy le tocó
dejarla, adelantarse, a la mejor amiga de Xalapa, a la arquitecta Gela
Frutis Díaz-Conti de Lara, que en paz descansa en su propia tierra… que
tanto amó… que tanto la amó.
Sin tacto
GABRIEL ARELLANO LÓPEZ
A las 4 de la mañana del lunes 13 de marzo llegó la infausta noticia al
chat del Grupo de los Diez, que reúne a más de 15 reporteros unidos por la
historia compartida en el oficio y por la amistad:
“Buenos días, disculpen la hora, soy la hija de Gabriel Arellano.
Lamentablemente acaba de fallecer”.
Así, se nos adelantó el primer miembro de este Grupo, que no es una
asociación ni un sindicato sino una reunión de amigos y colegas con fines
estrictamente periodísticos, que se mantiene por la voluntad de juntarnos
para hablar de nuestro trabajo y nuestras vidas.
De inmediato en nuestro chat afloraron las reacciones:
Manuel Rossete Chávez, el primero: “Descanse en paz el entrañable amigo y
gran profesional del periodismo”. Rafael Pérez Cárdenas: “Un abrazo cariñoso
a la familia…” Pepe Valencia Sánchez: “Lamentamos el deceso de nuestro
colega y amigo entrañable. Adiós, querido Gabriel”. René del Valle Bouzas:
“Descanse en paz”.
Miguel Ángel Cristiani: “Me uno al duelo de la familia de nuestro querido
compañero y amigo. Un abrazo”. Quirino Moreno Quiza: “Mi solidaridad con la
familia y mi tristeza por el compañero ido”. Álvaro Belín Andrade: “Lamento
la partida de nuestro colega y compañero Gabriel Arellano López, quien
nutrió a estos grupos en los últimos días de su larga batalla. Ha fallecido
esta madrugada.” Salvador Muñoz: “¡Lamentable noticia!”.
Filiberto Vargas: “Triste pérdida”. Orlando García Ortiz: “Qué triste
noticia. Descanse en paz el compañero y amigo Gabriel”. Luis Alberto Romero:
“Mi pésame. Lo acompañaremos en el velatorio”. Bernardo Gutiérrez Parra:
“Descanse en paz”. Melesio Carrillo; “Mi solidaridad con la familia de
Gabriel, descanse en paz”. Tulio Moreno Alvarado: “Un abrazo fuerte y
sentido pésame a la familia del estimado Gabriel”.
Pompeyo Lobato Ortiz puso el colofón a la serie de las condolencias:
“Abrazo solidario a la familia de Gabriel Arellano… Me dio el privilegio de
comentarme su destino final, hoy cumplido. Descanse en paz”.
A finales de los años 70 y principios de los 80 del siglo pasado, Gabriel
Arellano estaba convertido en uno de los reporteros estrella de Diario de
Xalapa, cuando serlo era tener conquistada la plaza, pues era el medio
soñado para la mayoría de los periodistas de Veracruz.
Gabriel había ido escalando los puestos y logró el máximo privilegio que
Rubén Pabello Acosta, el dueño del Diario, concedía a sus trabajadores de la
tecla: escribir el “Glosario del momento”, la columna que había germinado
Froylán Flores Cancela durante 20 años hasta que su trabajo de investigación
y su prosa inédita lo convirtieron en el primer y auténtico Premio Nacional
de Periodismo.
El propio Pabello Acosta bordó el seudónimo que haría famoso en la
columna nuestro amigo: Ariel del Llano. Y éste cumplió a satisfacción el
enorme compromiso que significaba para un joven reportero publicar
cotidianamente en el espacio que era más leído e influyente en Xalapa
durante aquellos tiempos.
Gabriel tenía una prosa impecable, seria y clara. Nos lega su gran
trabajo periodístico, lo que nos dejó publicado en tantos años de carrera y
le sobrevive y lo hará sobrevivir en la historia. Es nuestra forma de buscar
la inmortalidad y ahora él la tiene porque la merecen sus notas
informativas, sus reportajes, sus entrevistas.
El 23 de febrero recibí su último “Escenario”, la columna que publicaba
en su revista Hechos y en varios portales informativos, y consigno
como la despedida del amigo cercano la última línea que leí de él en vida:
“Imaginar a David Velasco Chedraui nuevamente como alcalde de Xalapa,
resulta una pesadilla. Sería un gran retroceso. Ojala que no llegue ese
día”.
Descansa en paz, compañero del alma.
Sin tacto
BACHES (2)
Un estimado (lo son todos) y fiel (lo son casi todos) lector me envía un
correo electrónico en el que borda alrededor del tema de los baches que
adornan y conmueven a la ciudad de Xalapa, lo que medio traté en la pasada
entrega de “Sin tacto” y que don Abundio San Juan (seguro es un seudónimo,
por su evidente factura juanrulfesca, cuya identidad real respeto, porque no
se mete de malos modos con nadie) complementa de mejor manera que yo, lo que
le agradezco.
Para no andarle jugando a la busca de
sinónimos y de construcciones sintácticas que no se repitan, como sucede en
los boletines de prensa que pormenorizan lo dicho por otro, de plano le cedo
la palabra a don Abundio, agradecido porque me evitó la pena de escribir en
un viernes que se me estaba volviendo inenarrable.
Obvio las comillas con el simple comentario
de que en adelante solamente reproduzco el texto del inteligente correo que
me llegó, con algunas modificaciones mínimas, que consideré necesarias para
facilitar su entendimiento.
Leí con gusto y detenimiento su escrito
sobre los baches xalapeños, aunque tengo que reprocharle que al hablar de
ellos (bueno, al escribir, si hemos de ser precisos), usted se quedó en el
terreno de lo material, aunque usa palabras muy bonitas en sus descripciones
y hasta se recarga en textos de poetas grandes como José Emilio Pacheco.
Sí, conozco el poema Un Gorrión, que es
corto y por eso lo reproduzco nadamás por el placer de leerlo:
Baja a las soledades del jardín
y de pronto lo espanta tu mirada.
Y alza el vuelo sin fin,
alza su libertad amenazada.
Coincido con usted en casi todo lo que dijo,
escribió, sobre los baches, pero le faltó decir que de tanto ser parte de
nuestra vida han llegado a tener corazón y a despertarnos sentimientos.
Mire usted, la semana pasada, unos señores
acomedidos taparon un bache que está en la curva antes de llegar a los
moteles de la salida de la Central de Abastos. Yo todos los días caía en él
y no me lo va a creer, pero creo que me dio una especie de Síndrome de
Estocolmo, porque le empecé a agarrar cariño al agujero asfáltico, no
obstante que me costó dos pares de llantas, dos amortiguadores, una facia y
una salpicadera, porque todos los días se me olvidaba ese hoyo enorme y caía
ingenuamente otra vez en él. Se me hace que le agarré el mismo amor que a mi
ex esposa, que me dejó prácticamente en la calle cuando nos divorciamos, y
es el día en que no puedo olvidar a la ingrata, aunque ya han pasado tres
años desde el día que me abandonó a la mala.
Hay otros baches que son una caricia, porque
hacen que el coche tenga un muelleo que da cosquillas en la columna, y
acarician la espalda y el cuello al pasar por ellos.
Amor, agradecimiento, ensoñación nos
provocan ciertos baches, y otros, como la canción de Los Panchos, solamente
nos dejan “ansiedad, angustia y desesperación”.
Yo creo que el mundo no sería igual de
emocionante sin los baches, y hasta veo con disgusto cuando alguna cuadrilla
del Ayuntamiento se pone a rellenar esos sitios que nos exigen
concentración, cuidado y atención, cuando manejamos o cuando vamos de
pasajeros.
Sí se me hace exagerado el doctor [Luis
Álvarez] Frutis cuando dice que nos puede dejar ciegos pasar por un bache
sin la precaución que se necesita, pero yo lo he consultado por otros
motivos, y la verdad es un señor que sabe su profesión, lo que me hace dudar
si no será cierto eso.
Bueno, señor (González) Levet, le agradezco la atención prestada, y le
prometo mi reconocimiento.
Sin tacto
¡BACHES!
Los hay de todos los tamaños y
conformaciones. Y también tienen su personalidad propia: algunos se exhiben
plenamente como retándote a que metas tus llantas en ellos; otros, se
embozan en la sombra de los árboles o en la oscuridad de la noche, y caes en
ellos sin preparación alguna, sin que puedas prevenir a tu columna o a tus
retinas en peligro (un fuerte golpe en el coche te puede dejar tuerto o
ciego, me dice el eminente oftalmólogo Luis Álvarez Frutis).
Hay otros más que no parecen ser lo que son
y esconden su verdadera naturaleza: unos se ven imponentes y son unos
míseros hoyitos que la suspensión ni toma en cuenta (a menos que traigas un
vehículo marca Jeep, que son verdaderos portentos en contra de la comodidad
viajera). Al contrario, hay otros que son la hipocresía hecha socavón,
porque de plano ningún conductor se imagina que en esa superficie de
apariencia amable se encuentra todo un prodigio maligno de la naturaleza.
Son los baches de Xalapa, que permanecen en
nuestras calles contra toda la lógica y los esfuerzos del área del
Ayuntamiento encargada de taparlos.
Casi todos vienen de la estirpe de la
corrupción, porque hacer mal las cosas para tener que estarlas arreglando
permanentemente, es un negocio que emana de la quintaesencia del fraude
constructivo.
Dije casi todos... porque también, hay que
reconocerlo, algunos son debidos a las veleidades del subsuelo, que en estas
regiones es capaz de modificar su estructura y temperamento sin decir agua
va, y es que precisamente las aguas que corren en Xalapa por debajo de
nuestros pies son de cuidado y de efectos alarmantes, cuando no trágicos.
Hay baches que llegaron para quedarse entre
nosotros por siempre. Recuerdo el que está a la entrada de la SEV:
formidable, omnipotente, majestuoso. Se ubica justo en medio del arroyo
porque sabe que a los lados siempre habrá coches estacionados, ahí donde no
cabe ni un alfiler. Lo ves, te vas acercando a él y, como el gorrión de José
Emilio Pacheco, te das cuenta de que no podrás alzar tu libertad amenazada.
Si te va bien, emerges con el estómago descompuesto, la espalda dolorida y
el coraje enhiesto, aunque con la suspensión más o menos ilesa. Pero hay
otra probabilidad: las llantas delanteras quedan con un chipote lateral que
te obliga a comprar nuevas cuando todavía hubieran podido dar un servicio de
varios miles de kilómetros.
En ese rubro de los baches perennes hay que
mencionar los del acceso a la Central de Abastos, los adoquinados del
Fraccionamiento Las Ánimas, los de la avenida Ruiz Cortines…
Tal vez una solución ante la imposibilidad
de quitarlos sea que los aceptemos como tales en nuestra realidad cotidiana.
Podríamos hasta ponerles nombre de algunos conspicuos ciudadanos, que
agradecerían el gesto: Bache del Cronista Emérito de la Ciudad Pepe Zaydén,
Bache del Pollotón del Negro Santiago… en una de ésas, hasta nos hacen el
favor de tomar en cuenta la petición reiterada de muchos intelectuales
mexicanos y al bache más bonito se le impone el nombre de nuestro mejor
escritor xalapeño: don Sergio Galindo, una verdadera gloria de nuestras
letras.
Y junto con el nombre, a esos baches
impertérritos se les podría poner algún adorno, para que destaquen también
por la estética: tal vez unas jardineras con tiestos multicolores a éste, o
un juego de luces que le dé mayor profundidad a aquél, aunque sea visual
solamente, por favor.
Bueno, muchas
cosas se pueden hacer con los baches… ¡hasta taparlos, señor alcalde!
Sin tacto
SER REGIDOR…
“Si yo fuera rico… tararara tarará tarará…”,
canta Tevye, el lechero judío, (https://www.youtube.com/watch?v=rKSI68osEds)
en el Violinista en el tejado, la pieza musical que obtuvo gran fama
en Broadway y fue llevada al cine por Norman Jewison allá en los años 70 del
siglo pasado, con tanta suerte que logró ganar tres óscares de la Academia
de Hollywood.
“Si yo fuera rica/o…”, cantan ahora llenas y
llenos de esperanza muchas políticas (feliz Día Internacional de la Mujer) y
muchos políticos de nuestro estado y de todos los partidos, que buscan
ansiosamente colocarse en el añorado primer lugar como regidor en cualquiera
de las planillas que aspirarán a triunfar en las elecciones para los nuevos
212 ayuntamientos.
Y buscan esa primera posición porque es la
única que ofrece una plena seguridad (si es que hay algo que pueda llamarse
seguro en este mundo con tantas mudanzas) de lograr el puesto-propuesto,
gracias a que por las reglas de la representación proporcional los partidos
perdedores que hayan tenido una votación advertible conseguirán meter cuando
menos a un regidor.
“Si yo fuera rico…”, se frotan las manos
algunos que saben que un regidor gana un sueldo jugoso -que es bastante
jugoso incluso en los ayuntamientos más pequeños con presupuestos reducidos-
y que además recibe sobresueldos por las comisiones en las que participa (y
que de repente es merecedor del agradecimiento de la autoridad municipal por
haber propuesto o apoyado en el cabildo alguna iniciativa que le interesaba
a aquélla; agradecimiento que se proyecta en prebendas en efectivo o en
especie, cuentan las leyendas urbanas… y rurales).
Dicen los que saben que en los municipios
grandes un regidor puede llegar a obtener mayores ingresos que un diputado
local -que tan bien ganan- y razonan que eso es posible porque los regidores
son menos -no llegan a 15 en las comunas grandes- y entonces el pastel del
cochupo se reparte en tajadas más grandes.
Por eso, por esa ambición desmedida por el
dinero (ay, ese vicio de la naturaleza humana que tanto daño nos hizo en los
-12- años pasados, y que trae prófugos o próximamente prófugos a tan
conspicuos personajes, otrora tan importantes y poderosos en Veracruz, y que
trae devastado a nuestro estado)… por esa ambición desmedida, empecé a decir
antes de que me ganara el sentimiento en el paréntesis, es que vemos el
triste espectáculo de la avidez entre los correligionarios de los partidos,
y vemos que se pelean amigos contra amigos, compadres contra compadres y
hermanos contra hermanos.
Por el dinero, vil metal, se ponen en
entredicho afectos y amores, honras y prestigios, historias y relaciones.
Si el puesto de regidor fuera honorario,
seguramente los partidos políticos andarían ahorita buscando con la lámpara
de Diógenes a un hombre que fuera justo, justo lo cándido que se necesita
para entrarle a trabajar de gratis. Pero como el bocado es quincenalmente
apetitoso, su “nombre es Legión, pues somos muchos” (Evangelio de San Marcos
5:9).
Éramos muchos y parió la abuela, hubiera
dicho mi primo Arturo Galindo, que es bueno para los dichos precisamente, y
por eso se amontonan los probables y sus seguidores en las sedes (la estatal
y las municipales) de los partidos, en busca de sus respectivos presidentes;
por eso mismo se arrellanan en los cafés y restaurantes alrededor de los
periodistas, porque un buen comentario puede ser la llave que abra la puerta
de la abundancia; por eso caen tantos incautos en las garras de charlatanes
que les sacan su dinerito a cambio de una supuesta recomendación ante quien
toma las decisiones.
Ser candidato a alcalde ya no garantiza
nada, en ningún partido. Lo seguro entonces es la primera o segunda
regidurías. Y tras esas andan como locos todos.
“Si yo fuera rico…”
Sin tacto
CUIDADO CON LAS
ENCUESTAS
En este momento del
proceso electoral municipal, cuando se están terminando de definir los
candidatos de todos los partidos para los 212 ayuntamientos veracruzanos, es
cuando por lo general empiezan a filtrarse resultados de las encuestas que
fueron mandadas a hacer con el fin de tener información sobre las simpatías
y aversiones del electorado en las ciudades grandes e importantes.
Difícilmente se podría
encontrar una encuesta que traiga números generales sobre los resultados que
obtendrían los partidos o alianzas a nivel estatal, porque sus datos
resultarían ociosos. El costo de un ejercicio de opinión en ese sentido
sería oneroso e inútil y difícilmente lo absorberían quienes están tomando
las decisiones para cada municipio y para cada color. En verdad que nadie
está para tirar el dinero en estos tiempos de apretazones y emergencias
económicas.
Que si a nivel estatal
el PAN se mantiene arriba, o que si Morena sigue subiendo en las intenciones
del voto, o que si el PRI ha caído del gusto ciudadano, o que si ciertos
candidatos independientes se están colocando por encima de los partidos
chicos, o que si éstos perderán el registro porque no alcanzarán el
porcentaje mínimo del 3% de toda la votación estatal requerido por el OPLE
son datos que podrían interesar a lo mucho a algún investigador
universitario que esté desarrollando un proyecto sobre comportamientos
electorales. Pero a los jerarcas de los partidos, a los gobernantes y
funcionarios inmiscuidos les interesa conocer cómo va la cosa en cada pueblo
y en cada ciudad de Veracruz de manera particular.
Las encuestas revelan
información momentánea sobre gustos e intenciones sufragistas de la
población, pero esa información no es un dato estático porque las
condiciones que llevan a un ciudadano a votar son múltiples y muchas operan
efectivamente hasta el mismo momento del cruce de la boleta en la urna.
De ahí tantas sorpresas
que hemos visto, gozado y/o padecido en resultados electorales durante los
últimos 30 años.
La situación real de
cada partido la sabremos después del 4 de junio, y mientras tanto las
especulaciones que se hagan tienen más un tinte propagandístico que un
sustento efectivo.
Bien dice Porfirio
Muñoz Ledo que el análisis político no es un juego de adivinanzas, sino un
ejercicio intelectual en el que cuentan los datos duros y no los
anticipados.
Claro que los partidos
políticos emplearán, como siempre lo han hecho, todos los recursos a su
alcance para promover a sus abanderados en esta contienda. Claro también que
algunos no dejarán de caer en la tentación de inventar un poquito por acá,
aumentar un poquito por allá, sesgar un poquito un dato por acullá, con la
intención de arrimar votos a su causa.
Pero lo cierto, lo
verdaderamente cierto lo podremos ir vislumbrando cuando se registren
definitivamente los candidatos, se determinen las planillas que los
acompañarán, se adentren las campañas y nos encaminemos a votar -ojalá que
mayoritariamente- por nuestras nuevas autoridades municipales para el ciclo
2018-2021.
Sin tacto
DOS FIESTAS; FRAGA Y YARMUCH
Son dos fiestas que conforman la
columna vertebral del espíritu celebratorio de los veracruzanos, entre las
que se entreveran cientos -tal vez miles- de ferias, conmemoraciones y otras
tradiciones alegrantes.
Una es histórica,
definitoria, fundacional. La otra se asienta en costumbres remotísimas, pero
se ha proyectado pujante en la modernidad.
Ambas son reconocidas
internacionalmente, e implican una buena derrama económica para nuestro
estado.
El Carnaval de Veracruz.
Cumbre Tajín.
Y ambas peligraron por
la masacre docenal, y sobre todo por la devastación duartista, que no dejó
dineros para nada, menos para fiestear, lo que tanto nos gusta a los
veracruzanos.
El Gobierno actual
confesó que no había recursos para apoyar el Carnaval ni la Cumbre. Ya no
habría esas cantidades impresionantes para promover (no promocionar)
los dos eventos. Nada de maletas con 25 millones de pesos en efectivo para
darlas a una supuesta empresa (¿fantasma también?) que haría la difusión
(¿recuerdan esa otra mentira?).
La emergencia financiera
es de tal dimensión que nos llegó a pegar hasta en el gusto profundo, así
como dio bajo la línea de flotación de nuestra economía y arrasó con
nuestras expectativas de crecimiento y calidad de vida en lo inmediato.
Pero aunque no tenga
dinero, nuestro pueblo posee imaginación y experiencia, y esos dos recursos
inagotables han hecho que nuestras fiestas más famosas no se hayan perdido
este año. Y no sólo eso, sino que estén renaciendo en el sustento de su
origen real.
Imaginación y
experiencia… las mismas que derrochó Luis Antonio Pérez Fraga -el jarocho
que más ha sabido de carnavales en toda la historia- porque fue nombrado
Presidente del Comité de Carnaval y supo cómo hacerlo. Esta versión del
Carnaval que acaba de pasar se va a volver entrañable porque rescató su
esencia de fiesta popular, y no obstante mantuvo su nivel de festividad
internacional.
Imaginación y
experiencia… las mismas que está empeñando el arquitecto Ernesto Aguilar Yarmuch para que la Cumbre Tajín siga creciendo, aunque ya no habrá el
derroche descomunal que aprovechaba la familia política de Javier Duarte,
tanto para divertirse como para llenarse los bolsillos con los dineros
desviados.
Hubo el Carnaval y
volvió a ser el más alegre del universo. Y eso fue posible gracias a que al
frente de la organización por fin pusieron a alguien que le sabe, que no es
un improvisado.
Gracias al licenciado
Antonio Pérez Fraga, el Pollo que tantos queremos.
Habrá igualmente una
Cumbre Tajín decorosa, que retomará la riqueza de nuestra tradición
totonaca, mística y voladora, pegada a la naturaleza pródiga en la que se
desarrolló, pero una Cumbre también digna porque para no extrañar volverán a
venir artistas de fuste a coronar las noches de los nichos. Y esta vez
podremos escuchar el entusiasmo roquero de Gloria Trevi y el inmortal sonido
de Celso Piña y su acordeón mágico.
Y por eso le daremos las
gracias al arquitecto Ernesto Aguilar Yarmuch y a su capacidad organizativa,
que la tiene como pocos.
Dos fiestas que se
pueden hacer sin pegarle al presupuesto público; dos fiestas que ahora se
hacen sin robar, sin corrupción, sin avideces ni soberbias.
El Carnaval de Veracruz y la Cumbre Tajín, nuevamente de y para el
pueblo jarocho… y nuestros invitados.
Sin tacto
AMÉRICO Y LA VELOCIDAD
Chi va piano va sano e va lontano, dice un proverbio italiano, que en
castellano significa: “Quien va despacio llega sano y llega lejos”. Esto
parece saberlo muy bien Américo Zúñiga Martínez, el Presidente Municipal de
Xalapa, pues desde hace poco más de un mes estableció la campaña “Modera tu
Velocidad”, con la que se propone convencer a los conductores de vehículos
para que le bajen al acelerador.
La
campaña consiste en que agentes de la Dirección General de Tránsito y
Seguridad Vial del Estado conversen con los automovilistas y choferes para
que hagan conciencia de que las altas velocidades son el ingrediente
principal de los accidentes más graves que ocurren en las arterias de la
ciudad, de cualquier ciudad, y en las carreteras del mundo.
La
campaña empezó desde los últimos días de enero pasado, con una impecable
lógica, en la Avenida Lázaro Cárdenas, que es la más concurrida de la ciudad
y en la que más excesos se producen.
En
su momento, Heriberto Ponce Miguel, el Regidor que preside la Comisión de
Tránsito y Vialidad del Ayuntamiento capitalino, comentó que “se trata de
una medida más que correctiva, preventiva, y pidió el apoyo y la
participación de los ciudadanos para que eviten ser sancionados.
“Nuestra intención no es detener el flujo vehicular en determinados puntos,
lo que queremos es que respeten el límite de velocidad, que en la Avenida
Lázaro Cárdenas es de hasta 70 kilómetros por hora”.
También tiene una opinión el cumplido Delegado de Tránsito en Xalapa, Arturo
García García, quien explicó que la saturación vehicular en Lázaro Cárdenas
y en otros puntos “provoca la desesperación de los transeúntes, que buscan
la manera de salir y exceden por ello los límites de velocidad”.
Américo ha insistido en que esta campaña tiene que ser permanente y aplicada
en toda la ciudad, porque la reducción de velocidad salva vidas. Él no lo ha
dicho, pero seguramente piensa que con una muerte que se evite -y serán
muchas en verdad- la campaña cumplirá su objetivo con creces.
Una vida humana es mucho más valiosa que cualquier prisa que pueda tener un
ciudadano (esto lo digo yo, pero seguro lo suscribiría nuestro alcalde), y
por eso todos deberíamos apoyar la campaña y participar activamente para que
quien está atrás de un volante entienda que si va despacio llegará lejos y
sano, y sobre todo podrán permanecer a salvo los transeúntes o los pasajeros
de otros vehículos que se atraviesen en su camino.
Sé
que las películas y la televisión hacen ver la velocidad como un sinónimo de
hombría, de arrojo, de poder. Muchos toman como modelo al conducir a los
rápidos y furiosos que hacen cabriolas imposibles con sus coches, y eso es
gracias a la magia de los efectos especiales.
Cuántos incautos no han sufrido accidentes de suma gravedad porque piensan
que, como en los filmes gringos, las leyes de la física no aplican para
ellos.
La
autoridad municipal está tomando medidas para evitar que nuestras calles
sean espacio para bólidos que son verdaderas armas mortales, y eso se debe
apoyar sin ambages. Si todos vamos más despacio, la vida no será menos
emocionante. Al contrario: si todos vamos más despacio, la vida será
preservada.
Bien
lo decía hace muchos años don Fernando Marcos: “Más vale una hora tarde, que
un minuto de silencio”.
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