| Palabra de Antígona Guerrero: ley torcida, gobierno omiso e impunidad y violencia
Por Sara Lovera Carmen Santiago Hernández, una joven
periodista de 35 años quien decidió terminar
su relación con Ramón Rubén Mora Peralta, profesor de Educación Física, fue castigada
con dureza, golpeada hasta la saciedad el 25
de julio, por ese individuo. Su vida peligra. El diagnóstico: traumatismo
craneoencefálico y edema que produjo infarto cerebral y desprendimiento de masa
encefálica. Al momento de escribir estas líneas, Carmen está en coma inducida para ver
si logra reaccionar y vivir. Ramón Rubén Mora Peralta, detenido
tardíamente por el Ministerio Público, investigado a bote pronto, fue liberado a las 5 de la tarde el viernes 7 de
agosto bajo fianza de 80 mil pesos. La investigación
elaborada en 72 horas, cumplió rigurosamente con el término
constitucional, pero estuvo torcida. Eso vale para las
autoridades policiacas de Guerrero la vida de Carmen Santiago; el presidente municipal de
Chilpancingo, Héctor Astudillo Flores, le extendió al delincuente una carta de hombre
pobre y de 120 le bajaron a 80 mil pesos esa fianza. Los motivos de la liberación de Mora
Peralta son indignantes. En Guerrero lesiones graves, privación ilegal de la libertad y no cuidados a la salud en momentos de
una vida en peligro, no son delitos graves, por tanto quien los comete tiene derecho a
fianza. Para el caso tampoco existe el arraigo. Es decir, en Guerrero no se protege a
las personas de los atentados de homicidio, no se investigan los hechos a fondo y no se considera el tamaño de la violencia contra
las mujeres, a pesar de los discursos, la firma de acuerdos, los millones de pesos
invertidos en promover, extender, ampliar, diagnosticar leyes y alertas. Nada sirve si debajo de tan preciosos
deseos, hay fango, corrupción, indolencia, machismo e indiferencia social y
gubernamental. Mientras el golpeador era liberado, el
gobernador en ceremonia espléndida en Acapulco celebraba la firma de un Acuerdo Estatal
por Mientras Carmen era sometida al coma
inducido, en Acapulco, ese primigenio y conocidísimo centro de diversión, se departía
felizmente porque el Estado de Guerrero se suma a la igualdad entre hombres y mujeres. En
Guerrero donde el feminicidio no es grave, donde golpes que te pueden llevar la vida, no
son graves, en fin. Lo más grave es que Carmen Santiago
Hernández es empleada de la dirección de Comunicación Social del gobierno de Zeferino
Torreblanca y él fue informado de los hechos muchos días antes de la fiesta en Acapulco.
A pesar de ello, nadie vigiló que se cumpliera simplemente con la ley, con el derecho:
ser atendida en el ISSSTE, contar con la seguridad hospitalaria y hacer una limpia y
profunda investigación policiaca. Por el contrario, Mora Peralta, su ex
pareja, pudo manipular la situación. Sacó a Carmen del hospital en complicidad con el
director del ISSSTE de Guerrero, para ocultar su brutalidad. La retuvo en una casa, sin
atenderla, en horas preciosas para la vida de
Carmen y sólo por la intervención de sus colegas periodistas fue rescatada y,
finalmente, enviada a un hospital de tercer nivel de la ciudad de México. En tanto se
hacían averiguaciones judiciales, lentas y
tortuosas. Ahora ya que ni La vida de Carmen, la de su pequeño
hijo de 5 años ahora en custodia, el abandono de su padre anciano y enfermo de quién
ella es la responsable y que estuvo más de 12
días sin cuidados estatales, porque dijeron no hay lugar en el DIF ni en ninguna parte,
penden de un hilo. Como la de ella, miles. De todas las que
no nos enteramos, de los pasillos burocráticos, indiferentes y sin vigilancia, de una
justicia de género que solamente está en los discursos, en las agendas, en los foros o
en los presupuestos siempre ínfimos- estatales, federales e internacionales, sin
resultado. Yo me pregunto qué hacen las
autoridades de género, los institutos, las fiscalías, las investigaciones millonarias,
los recursos para enderezar a policías y jueces que manejan los institutos de las
mujeres, que reparten talleres como hace años, se trata de números, porque
se realiza al ahí se va, sin información,
sin profundidad, sin seguimiento, sin verdadera convicción. Durante años deseamos muchas leyes y
muchas instituciones. Diagnosticamos la violencia contra las mujeres, elaboramos perfiles,
y todavía una Secretaría, la primera, la única, de Un esquema doloroso. Porque el caso de
Carmen no es único y los estudios e investigaciones no son referentes para las políticas
públicas ni les importa a los políticos misóginos, se trata sólo de simular, de firmar
convenios y convenciones, pero no de hacer justicia. Si otra cosa fuera el caso de Carmen, no
sería tan tremendamente insultante y gigantesco para nuestra inteligencia. Nos tendría
que llevar a revisar dónde estamos. Qué estamos haciendo respecto de la violencia contra
las mujeres; tendríamos que ir a exigir que cese el contenido vil de los medios de
comunicación, pero ahí, donde se discute la ley, donde los prohombres y mujeres
preocupados por la libertad de expresión, son también omisos y misóginos, siguen viendo
a las mujeres como madres y prostitutas, no como lo que valemos; tendríamos que revisar
los millones invertidos en spots que no borran todo lo que está atrás. Las legisladoras tendrían que dejar de
hacer tanto tango y buscar simplemente que las leyes nacional e internacional se cumplan,
tendríamos que invertir los millones en cosas concretas, en vigilar y en formar, no
tallerear al personal.
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