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UNA COLORADA (vale más que cien descoloridas)

Lilia Cisneros Luján

Muerte

31 octubre 2011

Un tema recurrente y casi obsesivo en la vida huma, lo es la muerte. De la muerte se sabe que es ineludible, segura, democrática –todos ricos y pobres se igualan en el final de la vida- parte de un proceso biológico –naces, creces, te reproduces y mueres- generadora de temor; vista por algunos como castigo –de los pecados incluidos en el decálogo judeo-cristiano- por la hechicería, idolatría, blasfemia, homicidio –aun cuando las leyes de la guerra justifiquen la muerte del otro- y tantas otras como culturas han sido, son y serán.

La fatalidad y el miedo son tales, que a lo largo de la historia, el ser humano se ha inventado muchas formas de aminorar los efectos del hecho y las emociones que de ella resultan. Una buena parte de las religiones y/o creencias del mundo se acogen a la reencarnación y, con las diferencias propias de cada cual, se habla de una energía común, que no desaparece sino simplemente muta. Desde la sofisticación que supone una flotación espiritual esperando encontrar un mejor cuerpo que el habitado en una vida anterior, hasta la banalidad de respetar a las ratas en algunos monasterios budistas porque pueden tener el espíritu de tu tatarabuelo, esta creencia en la reencarnación, anima –casi siempre de forma inconsciente- a familiares entusiasmados con la donación de órganos y procedimientos para la congelación de cadáveres entre otras muchas vertientes “científicas”.

Perdiendo adeptos, la cristiandad cree en la resurrección. Cada persona es única e irrepetible. Su creador le ama a tal punto que dio en propiciación a su hijo para vencer la muerte. Quien crea esto, puede despreocuparse por el balance en rojo de sus actos, pues al final, luego que su envoltura material fallezca, su espíritu estará con una nueva esencia viviendo eternamente con su creador. Al igual que ocurre con budistas –en todas sus variables: tibetanos, chintoístas, corrientes Zen, etc.- en el cristianismo el tema de la muerte ha resultado en una diversidad de “iglesias” y variables cuyas profundas diferencias tienen que ver primordialmente con; la salvación de la muerte por obras o por gracia y también por el tema de la predestinación y el libre albedrío. Dependiendo de la cultura, y de estos matices, a los muertos se les despide: sin pena ni gloria porque la alabanza es para el creador quien seguramente ya se ocupó de salvar y garantizar la resurrección al difunto -según costumbres evangélicas o protestantes- o se les reza por mucho tiempo –católicos, ortodoxos- dependiendo de la relación más o menos culpígena con el fallecido o de éste con sus congéneres, su entorno o su religiosidad.

No podemos soslayar la postura del ateo –por necesidad, exacerbación de ciertas justificaciones “científicas” casi siempre cargadas de orgullo o por ignorancia- que existe negando cualquier otra vida en el más allá y aun cuando al llegar el fin de alguien muy cercano, se angustie al igual o más que aquellos creyentes en una realidad metafísica. Sea cual fuera su postura, el hecho es que vikingos, griegos, mesoamericanos y prácticamente todos los grupos humanos tienen en su haber un dios o diosa vinculada con la muerte, para rogarle -que reciba con buena vibra o conduzca por buen camino al difunto- o para invocar su fuerza cuando se trata de mandar al sitio sin retorno al otro, como serían los enemigos en una guerra o los opuestos en contiendas políticas y hasta pseudo-deportivas.

Al poner como meta máxima el dinero producto del comercio, el mundo neoliberal no podía dejar de lado a la muerte. En México, donde el sincretismo le ha dado un perfil muy peculiar a este evento ineludible, convirtió estos días en “negocio” El altar familiar, ya sea en casa o sobre la lápida donde se depositaron los restos de quien ya partió, dejó de ser una ceremonia íntima. La desinformación –pocos saben a ciencia cierta porqué en términos de costumbres indígenas, el muerto regresa, para que o en cual lapso de su peregrinar se encuentra y, en que abona las bebidas, comida y flores que se le ponen- y la manipulación mercadotécnica de los “valores” que el libre mercado ha exacerbado, difundió en todo el mundo figuras de brujas, momias, zombis, fantasmas, espíritus chocarreros o del mal y toda una suerte de “mercancías” que hacen del llamado Halloween, la segunda fecha más importante y redituable del año, después de la Navidad, de los mercaderes.

A todos quienes a pesar de la crisis laboral y alimentaria que azota la humanidad, no pueden resistir la tentación de comprar adornos, con los cuales distinguen sus bardas, puertas y ventanas, les convendría darle una repasada a literatura histórica como ejemplo el Apocalipsis; incluido en La Biblia y atribuido al apóstol Juan, quien por ahí del año 96 después de Cristo, según el mismo dejó testimonio, en la isla de Patmos tuvo una visión. En los capítulos 17 y 18 de dicha obra y luego de dar pelos y señales, de la bestia con siete cabezas –que en el contexto se supone son siete reyes, más un profeta, lo cual da algo así como un grupo de los ocho- cuyo propósito entre otros muchos es entregar la autoridad, a los “muy, muy malos”, nos habla de la caída de Babilonia[1] simbólica nación cuyo perfil era el comercio y donde después de la gloria por dicha actividad la crisis le alcanzó propiciando “…… lamentación sobre ella porque ninguno compra más sus… oro, plata, lino, seda, madera, objetos de marfil, cobre, hierro y mármol, canela, especies aromáticas, incienso, mirra, vino aceite, trigo….bestias….esclavos y almas de hombres”. Las calaveritas –de azúcar, chocolate o yeso- las catrinas, el pan con símbolos de “huesitos”, todo ha perdido su esencia cultural para sumirse en el negro y naranja de otras culturas que matan lo nuestro, con el pago por uso de suelo en parques vecinales que también mueren por la avaricia de delegados obligados a cumplir con cuotas de precampaña. Lo que fue el parque de la Bombilla, el Frida Kahlo y la mayoría de los espacios verdes del Distrito Federal en México, se han convertido en pequeñas babilonias, donde abundan las ratas –respetadas porque a lo mejor son la reencarnación de los ancestros de los actuales gobernantes- convirtiéndose las calles aledañas en extensiones de basureros. Los vasitos de unicel, servilletas, resto de comida, pañales de plástico y todo aquello que quienes mantienen el comercio de estos desechos, no recogen; abonan a la muerte de la ciudad pues su líder se encuentra ocupado en lograr la franquicia de un partido político, cuyos estertores se han anunciado insistentemente; pero que se niega a morir. Ojala quienes permitan su resurrección rescaten toda la cultura, honestidad y civilidad que han muerto.


[1] …habitación de demonios, guarida de todo espíritus inmundos….y los reyes de la tierra han fornicado con ella y los mercaderes se han enriquecido de la potencia de sus deleites …


UNA COLORADA (vale más que cien descoloridas)

Lilia Cisneros Luján

¿Becarios?

24 octubre 2011

Una de las mayores muestras de incultura y por lo mismo causantes de la manipulación colectiva, lo es el discurso “del cambio” como si el mismo fuera un descubrimiento o una nueva meta a alcanzar. El cambio es, ha sido y será por los siglos de los siglos. Aun con la barbarie que se nos repite en la imagen del linchamiento a quien fuera el presidente de Libia o todas las que muestran cuerpos inmóviles sangrantes y decapitados, la humanidad no es la misma que hace diez mil años. Si bien el ser humano siempre ha llevado la semilla para dominar, usar la violencia –contra sus congéneres, los animales y el medio ambiente en general- mentir y robar; las formas de hacerlo no son las mismas hoy que en la Grecia de las Ciclades o la China de antes de Cristo.

Doctrinas que encierran valores, reconocen estas inclinaciones incivilizadas, de distintas maneras: “por cuanto todos pecamos” “la existencia es solo un proceso hacia la perfección”, “nacemos nos reproducimos y morimos”[1], los genes no cambian pero los procesos que les controlan puede ser fatales; pero también coinciden en la posibilidad del ser humano de elegir, entre los polos del bien y el mal, el Ying y el Yang; la avaricia y la mesura; la vanidad y la humildad, como una forma de mutar desde la naturaleza salvaje hacia la civilizada. La memoria –genética y cultural- casi siempre ha permitido conocer los avances en los cambios logrados por la humanidad desde que la carne se comía cruda, las cuevas eran lo más parecido a un hogar y la forma de defenderse eran las piedras. Cambiar es pues algo tan natural como la vida misma, no reconocerlo, distorsionarlo o convertirlo en producto mercadotécnico, equivale a retroceder y esto, al igual que la reversa en los vehículos, también es cambio.

De cuando en cuando, los cambios constantes se hacen notorios por el grado de implican. La generación de los sesentas fue reconocida debido a las exigencias, sobre todo juveniles, de mayor libertad, de certeza en beneficios sociales y de protestas por ciertas costumbres consideradas represivas. Hubo avances en el mundo en materia de derechos civiles o humanos, de apertura, diálogos y desarrollo; sin embargo jóvenes de los ochenta en adelante parecieron no heredar ese espíritu combativo y la comodidad los moldeó conformistas, pasivos o en algunos extremos sibaritas y por lo mismo incapaces de afrontar las consecuencias de otro cambio fundamental en el mundo: el económico y financiero global. No es sino hasta inicio de la segunda década de este siglo, que aparecen “los indignados”, intentando hacerse oír, con la carga en contra de unos medios de comunicación capaces de mediatizar y manipular cualquier expresión en aras de “la libertad y la no censura”, bandera ésta, robada a los estudiantes y luchadores de los sesenta.

¿Cuáles fueron las causas de la interrupción en la búsqueda organizada de mejores estándares de vida? ¿Se debe solo a un movimiento pendular que agota a los activistas? ¿Se puede decir que ellos mismos han sido los “culpables” por la no participación de sus hijos en aquella lucha que abrazaron? ¿Qué encierran las expresiones de sorpresa jubilosa de millones de espectadores del mundo que hoy somos adultos mayores y que en muchos casos participamos con los activistas del cambio hace 50 años? El fenómeno es multi-causal, tiene que ver con políticas que unos cuantos señalamos como erróneas y que resultaron en la destrucción de instituciones logradas por la inercia social cambiante de los últimos siglos del milenio pasado. Una de ellas se vincula con la educación. El rumbo de este privilegio de las personas fue dictado en base a las leyes de mercado. Educar se convirtió en negocio. Una educación gratuita y de calidad para todos, se mira como competencia desleal por los vendedores de diplomados, talleres y certificados de estimulación temprana, primaria secundaria y así hasta la universidad. En la trampa del dinero también han caído los responsables de la educación pública. La operatividad de sus estructuras -casi siempre ineficientes como resultado del gigantismo- es costosa y supone negociaciones que a la postre obligan a cumplir facturas con los enemigos de este concepto social, convirtiendo a los niños y jóvenes en una suerte de limosneros de privilegio. El miedo a perder una beca concedida a partir de intenciones clientelares, parece ser una de las razones de la condición de espectadores de muchos jóvenes, sobre todo en países con dificultades financieras. ¿Por qué en México los émulos de quienes han protestado -exponiendo su vida desde Grecia hasta Chile- son apenas unos cuantos? ¿Que hace la diferencia entre los indignados de otras latitudes y un puñado de muchachos que usan las explanadas de las delegaciones del DF como espacio para día de campo?

Para empezar es muy poco lo que se les ha enseñado, acerca de los riesgos de protestar. El sistema educativo global, impuso la desaparición de temas y materias en la currícula escolar, que les hace ver el civismo como algo obsoleto, las drogas como una forma de felicidad evasiva y los luchadores sociales -ferrocarrileros, petroleros, médicos, estudiantes, sindicalistas, trabajadores de instituciones cómo el IMSS o el ISSSTE, etc.- como “terroristas”. La beca, privilegio “concedido” por algún partido político “de izquierda” o por empresas preocupadas en lavar la cara de vergüenza de una pobreza galopante o interesadas en aumentar la inscripción de jóvenes en la educación privada, les obliga a estar calladitos para verse bonitos. Los medios –sobre todo electrónicos- ya nos hicieron saber del retiro de beca a un joven que protestaba. No importa si tiene altas calificaciones, si es genio o si es holgazán; a sus padres se les dio esta beca, como una forma de contener la presión social por el desempleo. Son miles las familias que viven de la beca de tres o cuatro hijos, más el apoyo por la soltería materna y algún ingreso extra en un puesto informal que no aporta al erario, que es caldo de cultivo para la compraventa de artículos robados o producidos en la llamada piratería y que fomenta una cultura laboral de indisciplina, prepotencia e irresponsabilidad. Esto es lo que algunos diputados trataron de hacer notar a los secretarios del trabajo y de educación en sus comparecencias convertidas en espectáculos mediáticos. Por supuesto al rating abonan los bufones y los intolerantes; pero el hecho es que hemos condenado a las nuevas generaciones a la simulación, la inactividad, el sometimiento abyecto y la estupidez a veces mayor que la de los robots producidos por y para unos cuantos. ¿Hacia donde nos estarán programando los siguientes “cambios”? ¿Serán estos becarios los sujetos o los objetos de tales cambios? ¿Qué pasará con la gente pensante excluida de las aulas costosas? ¿Regresaremos al valor del autodidacta? ¿Quedará, en alguno de estos “becarios” aun viva la semilla que despierta la inquietud del saber?


[1] Cristianos, budistas, naturalistas, científicos.


UNA COLORADA (vale más que cien descoloridas)

Lilia Cisneros Luján

Los de allá

17 octubre 2011

De nuestra relación con el vecino del norte, tenemos siempre presente el tema migratorio, en menor escala el referente histórico de la anexión de una buena parte del territorio que durante la colonia española nos pertenecía y, últimamente, episodios relacionadas con conflictos derivados del TLC, como el caso del transporte sin obviar los dimes y diretes que rozan con el tráfico y consumo de drogas, armas y personas.

No son pocos, los que tienen o han tenido un familiar más allá del río Bravo; y si no es el caso, cuando menos ha sido destino turístico -alguna de las atracciones para niños como Disney y los acuarios o de adultos como Las Vegas, los centros de ski y otros- e incluso para cuidado de la salud, bajo el supuesto de que los sajones están mucho más adelantados que los hispanos. En el último quinquenio aumentó el flujo de migrantes de clase media y alta huyendo de la inseguridad. Desde profesionistas y gente exitosa, hasta empresarios agobiados por las exigencias del crimen organizado, inicialmente se establecieron con cierta holgura económica y social, en Texas, California, Illinois y otros estados; pero todo parece dar un vuelco a partir de “la crisis financiera” global.

“Desde hace 73 años yo vivo en este pueblo, porque aquí nací, de aquí soy y nunca había visto cerrar tantos negocios”, se quejan en ese español que mezcla el “parquear con el ansina” de los mexicanos atrapados en las consecuencias de los tratados de Guadalupe Hidalgo. Los dueños de “restoranes” y talleres mecánicos de poblaciones, en el valle de Texas, afirman con cierta impotencia “los únicos que pueden hacerla, son los de las cadenas” y eso porque contratan a la gente solo para los días en que hay comercio, y si no les da, de plano cierran”, le comparten, los gerentes mientras le atienden en lo que queda de Taco Bell o la comida Tex Mex. “yo apenas llegué hace 8 meses, pero creo que me voy a regresar aunque la verdad me da miedo, la inseguridad”, nos dijo una joven mesera, que estaba a punto de ingresar a la universidad de Monterrey, antes de buscar nuevos horizontes. El sueño americano para esta gente que no sabe si mañana tendrá ingreso y regresará a casa cansada y casi sin un dólar en la bolsa, se ha diluido porque “aquí estudiar es muy caro, ni pensar en la universidad y como sea la discriminación se siente”.

Hay médicos, trabajadores sociales y hasta enfermeras con raíces, en Matamoros, Reynosa o Monterrey, que con dolor reconocen no haber visto a sus familias en meses “da miedo lo que está pasando, no queremos que nos secuestren o nos maten en los caminos y ni como traerlos, ya ve como está la migra, mejor ni moverle”. Y ya que de esto hablamos, es conveniente tener presente que la repatriación de migrantes también tiene una ángulo financiero y de posible golpeteo político contra el actual presidente de los Estados Unidos, pues según cifras recién entregadas al congreso, supone una inversión de entre $11 mil y $25 mil millones de dólares, para regresar a su países de origen a poco más de un millón de personas sin papeles. Diez mil dólares por cada individuo, que regresa la Oficina de Aduanas y Control Fronterizo (ICE), dicen unas fuentes del país, en tanto que otros elevan la suma a 23 mil, pues ello incluye el costo de identificación, arresto y detención antes de la deportación[1]. En la meca del consumismo y los negocios, deportar personas se ha convertido justo en eso. Por este tema tienen presupuesto oficinas como el Departamento de Seguridad, el Comité senatorial del mismo tema y una serie de empresas privadas ligadas a las cárceles y centros de detención. Sorprende por ello, que aun cuando hay reacciones positivas, a favor de “bajarle” a la persecución de personas que parezcan ilegales, no hay una verdadera intención de cambiar de políticas. Prevenir el flujo de extranjeros o no considerar como "deportables" a los que no hayan cometido delitos, según anunció el titular del ejecutivo apenas en agosto, es más barato; pero ninguna burocracia está dentro del marco de reducir tales presupuestos aun cuando la crisis esté agobiando a la nación dirigida por Obama. Al conocer del costo de analizar 300 mil casos de “deportables” -un estimado de trecientos mil millones de dólares- los latinos sonríen e interpretan las medidas anunciadas por Obama como una suerte de amnistía administrativa de facto, pero ni aun así piensan en la posibilidad de regresar: “Yo tengo un rancho en Veracruz, porque mi padre murió hace un año y a mis hermanos no les interesa; pero de verdad, no me quiero arriesgar a que dañen a mis hijas y mi esposa, ni siquiera fui a la ceremonia de difuntos que allá se estilan”. “Pues mire, aquí con lo que ahorré de mi trabajo con el taxi, ya me compré otra camioneta y una "traila" que rento, con eso podemos vivir bien aquí en Mc Allen” “Uno siempre añora la patria, tal vez los que ya nacieron de este lado no lo entienden ni lo sienten, pero en México no se puede, el único que puede cambiar las cosas es López Obrador”. ¡Eso si que fue una sorpresa!, varios grupos se nos acercaron tratando de resolver dudas acerca de la forma de votar; para un buen número de nuestros entrevistados, Andrés Manuel -allá no le dicen el peje- es la única salvación.

El tema de la venta de armas, también tiene un enfoque muy distinto. “Oiga que mal que los dos presidentes, el de aquí y el de allá, digan que no sabían nada, pues ¿entonces como gobiernan?” “Para mi lo de la venta de armas no tiene nada de malo, es un negocio, como cualquiera, si están en orden los compradores y las pagan está “güeno”; si a los armeros les va bien, ellos pagan impuesto y eso ayuda a la economía de aquí” “Que México no ande chillando, si no quieren que entren armas, pues que pongan al tiro a los aduaneros, porque de verdad ignoran es como andan los negocios por debajo del agua de los burócratas, ya ni la pena perdonan” “Por eso es bueno que llegue López Obrador, yo lo prefiero, porque es honrado, trabajador y luego de andar recorriendo el país durante seis años, pues tiene mas colmillo que estos "perjumados” ¿Qué quien aquí? nos da lo mismo de todas formas estos estiran y aflojan la cuerda como mas les convenga, con que uno ande derechito no pasa nada y las oportunidades son mejores. Así es como hablan, piensan y sienten los de allá.

 

[1] Fuente: Nota difundida por Migrante Latino de Armando Ramírez


UNA COLORADA (vale más que cien descoloridas)

Lilia Cisneros Luján

El Imperio al ataque

10 octubre 2011

Si de globalización se trata, además del comercio ilícito- armas, drogas, personas etc.- son las protestas populares un fenómeno generalizado en todo el planeta. A ello han contribuido de manera muy importante, los medios de comunicación cuyos noticieros de inmediato dan cuenta de: reclamos estudiantiles en Chile, enfrentamientos de comerciantes informales y policías locales, marchas contra la violencia o a favor de la paz y hasta “exigencias revolucionarias” para la destitución de gobiernos, la mayoría de ellos pseudo democráticos, que han dejado de ser “convenientes” para las potencias que en otro tiempo favorecieron su instauración. En estas conductas masivas, la molestia popular parece ser el ingrediente constante, aunque por la misma manipulación mediática, pocas veces los participantes conozcan a ciencia cierta las causas intrínsecas “del movimiento”, motivo éste que a su vez engendra su extinción una vez que pasa la euforia colectiva.

El poder mediático es tal que una guerra puede tener, desde su inicio, el derrotero marcado por los interesados en la misma, según hayan planeado los perversos de siempre y se difunden o no los movimientos a conveniencia de quien esté en la posibilidad de manipular las hechos relacionados con los mismos ¿Por qué las protestas en contra del presidente venezolano las conocemos el día que se generan y no ocurrió lo mismo con las de Wall Street? Son en realidad pocos los movimientos que en Estados Unidos han influido de manera fundamental en las políticas de ese país. Los jóvenes poco a nada saben de las exigencias universitarias en el 68, quizá tengan alguna referencia del movimiento de los derechos civiles, el pacifismo anti-Vietnam y tal vez las marchas animadas por las protestas hispanas, sean su más cercano precedente a una protesta. Aun el Tea Party[1] o las débiles manifestaciones en contra de la guerra del golfo no se miran como un movimiento de masas capaz de transformar la sociedad norteamericana, forjada en el “American Way Life” y la izquierda, si acaso es algo más que grupos débiles y atomizados, apenas aspira a ser sujeto político que articule el descontento, vinculado con la crisis financiera. ¿Los líderes, si acaso existen- luchan por la reivindicación de los derechos económicos del pueblo o los de las corporaciones? ¿Los votantes demócratas están en contra de los banqueros o son solo ciudadanos insatisfechos con la gestión de Obama? Luego de dos años en que los conservadores –republicanos y también demócratas- han marcado la agenda, ¿este movimiento, que algunos miran como el contrapunto del Tea party, es solo coyuntural para las elecciones? ¿Pretenden algunos incipientes líderes, repetir el fenómeno populista que llevo a Obama a la presidencia? ¿Por qué Obama –igual que le ocurrió a Vicente Fox en México- no fue tan exitoso en su gestión presidencial como cuando fue candidato? El fenómeno de la no permanencia de los activistas de campaña, es un tema ya estudiado por los expertos y lo es sobre todo por las pocas respuestas a iniciativas de ex colaboradores del hoy presidente, para sumarse al impulso de recuperar el sueño americano[2].

“Debemos tomar el ejemplo de Tea Party”, han dicho algunos líderes ubicados en la izquierda, quienes aclaran no estar molestos por el activismo de los conservadores, sino por el silencio de los progresistas. En sus convenciones –caracterizadas por el pobre aforo- intentan refrescar la memoria histórica, que según su discurso le debe a las presiones de izquierda: La igualdad racial, las leyes de igualdad de oportunidades o la protección social para jubilados. Por supuesto en este tipo de reuniones se omite el detalle fino de reconocer que los líderes de esas transformaciones, a final del día lograron sus avances por aceptar ser los socios menores en una coalición liderada por reformistas del “establishment"[3]. Aunque formalmente la izquierda nunca ha existido, -como partido comunista o socialdemócrata- siempre se ha dado espacio a las manifestaciones de dicho pensamiento, en ámbitos como la cinematografía –Chaplin es un ejemplo- el sindicalismo y otros que, sin embargo, son víctimas de las policías si acaso rebasan los límites permitidos por ese “país de libertades”. ¿Por qué ha sido tan limitada la divulgación de la represión, de los manifestantes en Wall Street así como la multiplicación de manifestaciones –se dice que ya en 86 ciudades- a lo largo de su geografía? Poco se sabe, de quienes están aprovechando el río revuelto en un conglomerado humano dúctil al que solo le asusta que se cierren negocios, no haya trabajo y no le alcance para satisfacer sus apetitos consumistas. Sin necesidad de mucha represión violenta, el movimiento de los derechos civiles fue coptado metiendo droga entre los jóvenes activistas, esta política de exclusión en algún momento funcionó al poner etiqueta de comunistas a quienes no caminaban de acuerdo a los cánones de gobierno, hoy día basta con ser sospechoso de terrorismo, para ser encarcelado. Esto lo saben los inmigrantes, -documentados o no- los que tiene créditos –hipotecarios, de coche, o de la tarjeta- los jóvenes que aspiran a ingresar a las universidades para evitar ser reclutados y en general un pueblo condicionado la disciplina de los hombres gama del mundo feliz de Aldous Huxley.

Distraer a una opinión pública que empieza a ser actor relevante en la inconformidad, se logra con temas como el señalamiento de los culpables en la introducción de armas, a su patio trasero[4]. A la gente poco le importa si los comerciantes de armas venden a los carteles mexicanos, sí le preocupa que sus altos funcionarios mientan y poco espacio le queda a Obama y su procurador, pues como al cuetero, le va mal si les truena la realidad de que sí sabían de esta operación, pero también les va peor, si se comprueba que no sabían ¿Cómo puede manejar el país si desconoce quienes mueven los hilos de asuntos tan delicados, como las armas, la revoluciones en el mundo y los intereses que están detrás de cada uno de esos temas?. “SI no es capaz de saber lo que hacen sus subordinados no lo eres ser presidente” insten aun los que por Obama votaron. El gobernador de Texas, entiende éste pensamiento por ello es que en su discurso intervencionista, lo menciona una y otra vez, además de invitar al pueblo a retornar el liderazgo del mundo, pues éste será mejor en la medida que América sea quien lidere los destinos del plantea. Algo así como la visión sideral de la guerra de las galaxias


[1] Movimiento populista que galvanizó a la derecha norteamericana tras la victoria de Obama en el 2008, al cual supuestamente se opone el “american dream”

[2] Se sienten decepcionados por las esperanzas incumplidas de aquella campaña.

[3] Abraham Lincoln terminó con el esclavismo, Franklin Roosevelt reforzó los derechos laborales y Lyndon Johnson suprimió la segregación y expandió el Estado del bienestar. Ellos asumieron que para llegar a la casa blanca adoptaron compromisos que limitaron en buena parte sus intenciones.

[4] El tema de los últimos días ha sido el señalamiento en contra del procurador por los operativos “receptor abierto” o “Rápido y furioso”.


 

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Lilia Cisneros Luján

Compasión

03 octubre 2011

Sentir pena o conmiseración por quienes cursan por una calamidad o desgracia, es propio de la naturaleza humana. Compadecerse da lugar, a veces, al altruismo, la solidaridad, la clemencia o la ternura; aunque dependiendo de la esencia de cada cual, en ocasiones entraña egoísmo, vanidad e incluso intención de dominio. La compasión es un concepto perene en todas las religiones o manifestaciones espirituales. En la Biblia, se enseña que Cristo dio ejemplo de esta cualidad, Pablo exhortó a sus seguidores a ejercerla, con los débiles, los afligidos o los Santos; y es que desde el antiguo testamento –correlativo por cierto de la Tora judía- también se esperaba que hubiese caridad con los castigados, los enemigos o los pobres. Si analizamos las creencias de pueblos autóctonos de Mesoamérica, veremos que están pletóricas de seres -masculinos o femeninos- compasivos. Para las diversas ramas del budismo, la compasión es una suerte de conciencia a partir de la cual se llega a un estado de iluminación[1]. Relacionarse piadosamente con los demás según las prácticas budistas en boga, se logra a partir de la meditación, que entre otras muchas cosas implica vaciarse, tirar las cargas –prejuicios dicen algunos autores como Pema Chödrön- no cerrase –ni a los otros y por supuesto ni a uno mismo, aceptar –a los otros y a nosotros- o sea, dejar de aferrarse o evitar quedar atrapado. Para esto último una condición sine qua non, es el perdón.

En la leyenda de Bodhisattva, el buda Amitâbha, lo reconstruye con un nuevo cuerpo de 10 cabezas y mil brazos, un instante después de que la frustración por solo haber podido ayudar a poca gente en su meditación, le hizo desmoronarse[2]. La enseñanza de no caer en un arranque de ego de esta leyenda, aun cuando la motivación piadosa sea genuina, se repite infinidad de veces en diversas enseñanzas cristianas que exhortan a la persona a vivir no para sí, sino para otros[3]

En la búsqueda para ser más realistas y eficaces para con los semejantes, este principio del vacío, es adoptado por gente de ciencia, que intenta explicar la no-localidad cuántica y otras características fundacionales de la mecánica de la física subatómica, en un intento de combinar la ciencia y la compasión espiritual para aliviar la cargas de una humanidad polarizada y dolida. ¿Dónde podríamos ubicar la compasión de eruditos en ciencia jurídica, que condenan a cientos de mujeres a la horca, la hoguera o la cárcel como consecuencias de su propia interpretación acerca de la motivación de los actos de aquellas? ¿Existe unión entre el amor y el conocimiento, cuando un clérigo se ufana de haber ganado la batalla de interpretación según su dogma? Cuando Aristóteles define la compasión como un pesar que surge ante un mal destructivo en quien no lo merece, el tema toca necesariamente la justicia. ¿Nadie debiera ser agobiado por una enfermedad? ¿Quien merece más compasión, el moribundo o la madre, hermanos, hijos de éste? ¿En cuántos y quienes, se justifica la pobreza y la falta de acceso a la educación? Simplificar la compasión, sin la capacidad de colocarnos en los zapatos del otro, genera lástima, caridad paternalista y desprecio encubierto de quien se ostenta piadoso con el árbol aunque sea incapaz de ocuparse del bosque. Para este filósofo griego, el sentimiento compasivo genera acciones en favor del (os) afectado(s) y aun en el frío tema de la justicia, existe una semiología de los valores, que puede “ajustar la norma”, si acaso el sentenciado se enferma, se muestra proclive a la rehabilitación o puede verse privilegiado de manera equitativa por haberse identificado con quienes en condiciones de iguales pueden recibir igualdad en el beneficio. El tema sin embargo es delicado, sobre todo por el riesgo de caer en discriminaciones –de mujeres por ejemplo- al fundamentar sentencias en la simple compasión –para con el óvulo fecundado- unilateral.

Cuando la compasión se aplica de manera excepcional –le cobro menos el servicio del agua a los de Iztapalapa porque son pobres- y ésta no se convierte en norma universal y general, el riesgo de discriminación –me compenso con los que han logrado un mejor estrato material o social- engendra en sí mismo la injusticia.

Lograr que la ciencia, la tecnología, la espiritualidad, contribuyan a la felicidad de todos, supone una humanidad mayoritariamente compasiva. Si cada individuo, independientemente de su posición en la sociedad –gobernante o gobernado- con honestidad asume que sus actos producen efectos para sí y para los otros, ocupándose del otro como si fuera él mismo –amarás a tu prójimo etc.- quizá estaremos en el camino de erradicar, la violencia, el desamor, la ausencia de fe, la falta de respeto a la autoridad –padre, madre, policía, maestro, diputado etc.- el miedo y la devastación de nuestro entorno. Física cuántica y tradiciones místicas como el Hinduismo, el Budismo o el Taoísmo, parecen caminar en direcciones paralelas[4] y contrariamente a lo que en la edad media se sostenía, la religión o el misticismo pueden acercarse a la ciencia[5]. Someter alguna de éstas en aras de la supremacía de otra o pretender la aniquilación o negación de alguna por las razones de la otra es, por la ignorancia, el fanatismo, el dogma y la manipulación; caer en la insensibilidad, la condolencia hueca e inclusive la crueldad hipócrita.

 

[1] La gran compasión es un poderoso determinante para alcanzar el estado de buda. Kiabye Pabongka Rinpoché Budismo tibetano.

[2] El hizo un voto de salvar del sufrimiento a toda la gente del mundo y conducirla a la Iluminación. Además, juró que si titubeaba por un instante, cortaría su cuerpo en mil pedacitos.

[3] Segunda carta a los Corintios 5: 14 a 21 y 6:

[4] Ciertamente, creo que el remedio básico para el sufrimiento anímico, por naturaleza, radica en la mente misma y que el potencial para la resolución real de los problemas de la mente existe sólo en el nivel mental. Por consiguiente, aunque necesitamos evidentemente de la ciencia y de la tecnología, también necesitamos de nuestra espiritualidad, del trabajo en el corazón y en la compasión que apuntalan nuestra felicidad esencial”. Dalai Lama.

[5] El que ama la instrucción, ama la sabiduría  Proverbios 12:1, Seguid el amor y procurad los dones espirituales  1a. Corintios 14:1; para que habite Cristo por la Fe, para que arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces, de comprender cual sea la anchura, la longitud, la profundidad y  la altura  Efesios 3: 17 y 18

 

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