UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Muerte
31 octubre 2011
Un tema recurrente y
casi obsesivo en la vida huma, lo es la muerte. De la muerte se sabe que es
ineludible, segura, democrática –todos ricos y pobres se igualan en el final
de la vida- parte de un proceso biológico –naces, creces, te reproduces y
mueres- generadora
de temor; vista por algunos como castigo –de los pecados incluidos en el
decálogo judeo-cristiano- por la hechicería, idolatría, blasfemia, homicidio
–aun cuando las leyes de la guerra justifiquen la muerte del otro- y tantas
otras como culturas han sido, son y serán.
La fatalidad y el miedo son
tales, que a lo largo de la historia, el ser humano se ha inventado muchas
formas de aminorar los efectos del hecho y las emociones que de ella
resultan. Una buena parte de las religiones y/o creencias del mundo se
acogen a la reencarnación y, con las diferencias propias de cada cual, se
habla de una energía común, que no desaparece sino simplemente muta. Desde
la sofisticación que supone una flotación espiritual esperando encontrar un
mejor cuerpo que el habitado en una vida anterior, hasta la banalidad de
respetar a las ratas en algunos monasterios budistas porque pueden tener el
espíritu de tu tatarabuelo, esta creencia en la reencarnación, anima –casi
siempre de forma inconsciente- a familiares entusiasmados con la donación de
órganos y procedimientos para la congelación de cadáveres entre otras muchas
vertientes “científicas”.
Perdiendo adeptos, la
cristiandad cree en la resurrección. Cada persona es única e irrepetible. Su
creador le ama a tal punto que dio en propiciación a su hijo para vencer la
muerte. Quien crea esto, puede despreocuparse por el balance en rojo de sus
actos, pues al final, luego que su envoltura material fallezca, su espíritu
estará con una nueva esencia viviendo eternamente con su creador. Al igual
que ocurre con budistas –en todas sus variables: tibetanos, chintoístas,
corrientes Zen, etc.- en el cristianismo el tema de la muerte ha resultado
en una diversidad de “iglesias” y variables cuyas profundas diferencias
tienen que ver primordialmente con; la salvación de la muerte por obras o
por gracia y también por el tema de la predestinación y el libre albedrío.
Dependiendo de la cultura, y de estos matices, a los muertos se les despide:
sin pena ni gloria porque la alabanza es para el creador quien seguramente
ya se ocupó de salvar y garantizar la resurrección al difunto -según
costumbres evangélicas o protestantes- o se les reza por mucho tiempo
–católicos, ortodoxos- dependiendo de la relación más o menos culpígena con
el fallecido o de éste con sus congéneres, su entorno o su religiosidad.
No podemos soslayar la
postura del ateo –por necesidad, exacerbación de ciertas justificaciones
“científicas” casi siempre cargadas de orgullo o por ignorancia- que existe
negando cualquier otra vida en el más allá y aun cuando al llegar el fin de
alguien muy cercano, se angustie al igual o más que aquellos creyentes en
una realidad metafísica. Sea cual fuera su postura, el hecho es que
vikingos, griegos, mesoamericanos y prácticamente todos los grupos humanos
tienen en su haber un dios o diosa vinculada con la muerte, para rogarle
-que reciba con buena vibra o conduzca por buen camino al difunto- o para
invocar su fuerza cuando se trata de mandar al sitio sin retorno al otro,
como serían los enemigos en una guerra o los opuestos en contiendas
políticas y hasta pseudo-deportivas.
Al poner como meta máxima
el dinero producto del comercio, el mundo neoliberal no podía dejar de lado
a la muerte. En México, donde el sincretismo le ha dado un perfil muy
peculiar a este evento ineludible, convirtió estos días en “negocio” El
altar familiar, ya sea en casa o sobre la lápida donde se depositaron los
restos de quien ya partió, dejó de ser una ceremonia íntima. La
desinformación –pocos saben a ciencia cierta porqué en términos de
costumbres indígenas, el muerto regresa, para que o en cual lapso de su
peregrinar se encuentra y, en que abona las bebidas, comida y flores que se
le ponen- y la manipulación mercadotécnica de los “valores” que el libre
mercado ha exacerbado, difundió en todo el mundo figuras de brujas, momias,
zombis, fantasmas, espíritus chocarreros o del mal y toda una suerte de
“mercancías” que hacen del llamado Halloween, la segunda fecha más
importante y redituable del año, después de la Navidad, de los mercaderes.
A todos quienes a pesar de
la crisis laboral y alimentaria que azota la humanidad, no pueden resistir
la tentación de comprar adornos, con los cuales distinguen sus bardas,
puertas y ventanas, les convendría darle una repasada a literatura histórica
como ejemplo el Apocalipsis; incluido en La Biblia y atribuido al apóstol
Juan, quien por ahí del año 96 después de Cristo, según el mismo dejó
testimonio, en la isla de Patmos tuvo una visión. En los capítulos 17 y 18
de dicha obra y luego de dar pelos y señales, de la bestia con
siete cabezas –que en el contexto se supone son siete reyes, más un
profeta, lo cual da algo así como un grupo de los ocho- cuyo propósito entre
otros muchos es entregar la autoridad, a los “muy, muy malos”, nos habla de
la caída de Babilonia
simbólica nación cuyo perfil era el comercio y donde después de la gloria
por dicha actividad la crisis le alcanzó propiciando “……
lamentación sobre ella porque ninguno compra más sus… oro, plata, lino,
seda, madera, objetos de marfil, cobre, hierro y mármol, canela, especies
aromáticas, incienso, mirra, vino aceite, trigo….bestias….esclavos y almas
de hombres”. Las
calaveritas –de azúcar, chocolate o yeso- las catrinas, el pan con símbolos
de “huesitos”, todo ha perdido su esencia cultural para sumirse en el negro
y naranja de otras culturas que matan lo nuestro, con el pago por uso de
suelo en parques vecinales que también mueren por la avaricia de delegados
obligados a cumplir con cuotas de precampaña. Lo que fue el parque de la
Bombilla, el Frida Kahlo y la mayoría de los espacios verdes del Distrito
Federal en México, se han convertido en pequeñas babilonias, donde abundan
las ratas –respetadas porque a lo mejor son la reencarnación de los
ancestros de los actuales gobernantes- convirtiéndose las calles aledañas en
extensiones de basureros. Los vasitos de unicel, servilletas, resto de
comida, pañales de plástico y todo aquello que quienes mantienen el comercio
de estos desechos, no recogen; abonan a la muerte de la ciudad pues su líder
se encuentra ocupado en lograr la franquicia de un partido político, cuyos
estertores se han anunciado insistentemente; pero que se niega a morir.
Ojala quienes permitan su resurrección rescaten toda la cultura, honestidad
y civilidad que han muerto.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
¿Becarios?
24 octubre 2011
Una de las mayores
muestras de incultura y por lo mismo causantes de la manipulación
colectiva, lo es el discurso “del cambio” como si el mismo fuera un
descubrimiento o una nueva meta a alcanzar. El cambio es, ha sido y
será por los siglos de los siglos. Aun con la barbarie que se nos
repite en la imagen del linchamiento a quien fuera el presidente de
Libia o todas las que muestran cuerpos inmóviles sangrantes y
decapitados, la humanidad no es la misma que hace diez mil años. Si
bien el ser humano siempre ha llevado la semilla para dominar, usar
la violencia –contra sus congéneres, los animales y el medio
ambiente en general- mentir y robar; las formas de hacerlo no son
las mismas hoy que en la Grecia de las Ciclades o la China de antes
de Cristo.
Doctrinas que
encierran valores, reconocen estas inclinaciones incivilizadas, de
distintas maneras: “por cuanto todos pecamos” “la existencia es solo
un proceso hacia la perfección”, “nacemos nos reproducimos y
morimos”,
los genes no cambian pero los procesos que les controlan puede ser
fatales; pero también coinciden en la posibilidad del ser humano de
elegir, entre los polos del bien y el mal, el Ying y el Yang; la
avaricia y la mesura; la vanidad y la humildad, como una forma de
mutar desde la naturaleza salvaje hacia la civilizada. La memoria
–genética y cultural- casi siempre ha permitido conocer los avances
en los cambios logrados por la humanidad desde que la carne se comía
cruda, las cuevas eran lo más parecido a un hogar y la forma de
defenderse eran las piedras. Cambiar es pues algo tan natural como
la vida misma, no reconocerlo, distorsionarlo o convertirlo en
producto mercadotécnico, equivale a retroceder y esto, al igual que
la reversa en los vehículos, también es cambio.
De cuando en cuando,
los cambios constantes se hacen notorios por el grado de implican.
La generación de los sesentas fue reconocida debido a las
exigencias, sobre todo juveniles, de mayor libertad, de certeza en
beneficios sociales y de protestas por ciertas costumbres
consideradas represivas. Hubo avances en el mundo en materia de
derechos civiles o humanos, de apertura, diálogos y desarrollo; sin
embargo jóvenes de los ochenta en adelante parecieron no heredar ese
espíritu combativo y la comodidad los moldeó conformistas, pasivos o
en algunos extremos sibaritas y por lo mismo incapaces de afrontar
las consecuencias de otro cambio fundamental en el mundo: el
económico y financiero global. No es sino hasta inicio de la segunda
década de este siglo, que aparecen “los indignados”, intentando
hacerse oír, con la carga en contra de unos medios de comunicación
capaces de mediatizar y manipular cualquier expresión en aras de “la
libertad y la no censura”, bandera ésta, robada a los estudiantes y
luchadores de los sesenta.
¿Cuáles fueron las
causas de la interrupción en la búsqueda organizada de mejores
estándares de vida? ¿Se debe solo a un movimiento pendular que agota
a los activistas? ¿Se puede decir que ellos mismos han sido los
“culpables” por la no participación de sus hijos en aquella lucha
que abrazaron? ¿Qué encierran las expresiones de sorpresa jubilosa
de millones de espectadores del mundo que hoy somos adultos mayores
y que en muchos casos participamos con los activistas del cambio
hace 50 años? El fenómeno es multi-causal, tiene que ver con
políticas que unos cuantos señalamos como erróneas y que resultaron
en la destrucción de instituciones logradas por la inercia social
cambiante de los últimos siglos del milenio pasado. Una de ellas se
vincula con la educación. El rumbo de este privilegio de las
personas fue dictado en base a las leyes de mercado. Educar se
convirtió en negocio. Una educación gratuita y de calidad para
todos, se mira como competencia desleal por los vendedores de
diplomados, talleres y certificados de estimulación temprana,
primaria secundaria y así hasta la universidad. En la trampa del
dinero también han caído los responsables de la educación pública.
La operatividad de sus estructuras -casi siempre ineficientes como
resultado del gigantismo- es costosa y supone negociaciones que a la
postre obligan a cumplir facturas con los enemigos de este concepto
social, convirtiendo a los niños y jóvenes en una suerte de
limosneros de privilegio. El miedo a perder una beca concedida a
partir de intenciones clientelares, parece ser una de las razones de
la condición de espectadores de muchos jóvenes, sobre todo en países
con dificultades financieras. ¿Por qué en México los émulos de
quienes han protestado -exponiendo su vida desde Grecia hasta Chile-
son apenas unos cuantos? ¿Que hace la diferencia entre los
indignados de otras latitudes y un puñado de muchachos que usan las
explanadas de las delegaciones del DF como espacio para día de
campo?
Para empezar es muy
poco lo que se les ha enseñado, acerca de los riesgos de protestar.
El sistema educativo global, impuso la desaparición de temas y
materias en la currícula escolar, que les hace ver el civismo como
algo obsoleto, las drogas como una forma de felicidad evasiva y los
luchadores sociales -ferrocarrileros, petroleros, médicos,
estudiantes, sindicalistas, trabajadores de instituciones cómo el
IMSS o el ISSSTE, etc.- como “terroristas”. La beca, privilegio
“concedido” por algún partido político “de izquierda” o por empresas
preocupadas en lavar la cara de vergüenza de una pobreza galopante o
interesadas en aumentar la inscripción de jóvenes en la educación
privada, les obliga a estar calladitos para verse bonitos. Los
medios –sobre todo electrónicos- ya nos hicieron saber del retiro de
beca a un joven que protestaba. No importa si tiene altas
calificaciones, si es genio o si es holgazán; a sus padres se les
dio esta beca, como una forma de contener la presión social por el
desempleo. Son miles las familias que viven de la beca de tres o
cuatro hijos, más el apoyo por la soltería materna y algún ingreso
extra en un puesto informal que no aporta al erario, que es caldo de
cultivo para la compraventa de artículos robados o producidos en la
llamada piratería y que fomenta una cultura laboral de indisciplina,
prepotencia e irresponsabilidad. Esto es lo que algunos diputados
trataron de hacer notar a los secretarios del trabajo y de educación
en sus comparecencias convertidas en espectáculos mediáticos. Por
supuesto al rating abonan los bufones y los intolerantes; pero el
hecho es que hemos condenado a las nuevas generaciones a la
simulación, la inactividad, el sometimiento abyecto y la estupidez a
veces mayor que la de los robots producidos por y para unos cuantos.
¿Hacia donde nos estarán programando los siguientes “cambios”?
¿Serán estos becarios los sujetos o los objetos de tales cambios?
¿Qué pasará con la gente pensante excluida de las aulas costosas?
¿Regresaremos al valor del autodidacta? ¿Quedará, en alguno de estos
“becarios” aun viva la semilla que despierta la inquietud del saber?
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Los de allá
17 octubre 2011
De nuestra relación
con el vecino del norte, tenemos siempre presente el tema
migratorio, en menor escala el referente histórico de la anexión de
una buena parte del territorio que durante la colonia española nos
pertenecía y, últimamente, episodios relacionadas con conflictos
derivados del TLC, como el caso del transporte sin obviar los dimes
y diretes que rozan con el tráfico y consumo de drogas, armas y
personas.
No son pocos, los que
tienen o han tenido un familiar más allá del río Bravo; y si no es
el caso, cuando menos ha sido destino turístico -alguna de las
atracciones para niños como Disney y los acuarios o de adultos como
Las Vegas, los centros de ski y otros- e incluso para cuidado de la
salud, bajo el supuesto de que los sajones están mucho más
adelantados que los hispanos. En el último quinquenio aumentó el
flujo de migrantes de clase media y alta huyendo de la inseguridad.
Desde profesionistas y gente exitosa, hasta empresarios agobiados
por las exigencias del crimen organizado, inicialmente se
establecieron con cierta holgura económica y social, en Texas,
California, Illinois y otros estados; pero todo parece dar un vuelco
a partir de “la crisis financiera” global.
“Desde hace 73 años yo
vivo en este pueblo, porque aquí nací, de aquí soy y nunca había
visto cerrar tantos negocios”, se quejan en ese español que mezcla
el “parquear con el ansina” de los mexicanos atrapados en las
consecuencias de los tratados de Guadalupe Hidalgo. Los dueños de
“restoranes” y talleres mecánicos de poblaciones, en el valle de
Texas, afirman con cierta impotencia “los únicos que pueden hacerla,
son los de las cadenas” y eso porque contratan a la gente solo para
los días en que hay comercio, y si no les da, de plano cierran”, le
comparten, los gerentes mientras le atienden en lo que queda de Taco
Bell o la comida Tex Mex. “yo apenas llegué hace 8 meses, pero creo
que me voy a regresar aunque la verdad me da miedo, la inseguridad”,
nos dijo una joven mesera, que estaba a punto de ingresar a la
universidad de Monterrey, antes de buscar nuevos horizontes. El
sueño americano para esta gente que no sabe si mañana tendrá ingreso
y regresará a casa cansada y casi sin un dólar en la bolsa, se ha
diluido porque “aquí estudiar es muy caro, ni pensar en la
universidad y como sea la discriminación se siente”.
Hay médicos, trabajadores sociales y hasta enfermeras con raíces, en
Matamoros, Reynosa o Monterrey, que con dolor reconocen no haber
visto a sus familias en meses “da miedo lo que está pasando, no
queremos que nos secuestren o nos maten en los caminos y ni como
traerlos, ya ve como está la migra, mejor ni moverle”. Y ya que de
esto hablamos, es conveniente tener presente que la repatriación de
migrantes también tiene una ángulo financiero y de posible golpeteo
político contra el actual presidente de los Estados Unidos, pues
según cifras recién entregadas al congreso, supone una inversión de
entre $11 mil y $25 mil millones de dólares, para regresar a su
países de origen a poco más de un millón de personas sin papeles.
Diez mil dólares por cada individuo, que regresa la
Oficina de Aduanas y Control Fronterizo (ICE), dicen unas fuentes
del país, en tanto que otros elevan la suma a 23 mil, pues ello
incluye el costo de identificación, arresto y detención antes de la
deportación.
En la meca del consumismo y los negocios, deportar personas se ha
convertido justo en eso. Por este tema tienen presupuesto oficinas
como el Departamento de Seguridad, el Comité senatorial del mismo
tema y una serie de empresas privadas ligadas a las cárceles y
centros de detención. Sorprende por ello, que aun cuando hay
reacciones positivas, a favor de “bajarle” a la persecución de
personas que parezcan ilegales, no hay una verdadera intención de
cambiar de políticas. Prevenir el flujo de extranjeros o no
considerar como "deportables" a los que no hayan cometido delitos,
según anunció el titular del ejecutivo apenas en agosto, es más
barato; pero ninguna burocracia está dentro del marco de reducir
tales presupuestos aun cuando la crisis esté agobiando a la nación
dirigida por Obama. Al conocer del costo de analizar 300 mil casos
de “deportables” -un estimado de trecientos mil millones de dólares-
los latinos sonríen e interpretan las medidas anunciadas por Obama
como una suerte de amnistía administrativa de facto, pero ni aun así
piensan en la posibilidad de regresar: “Yo tengo un rancho en
Veracruz, porque mi padre murió hace un año y a mis hermanos no les
interesa; pero de verdad, no me quiero arriesgar a que dañen a mis
hijas y mi esposa, ni siquiera fui a la ceremonia de difuntos que
allá se estilan”. “Pues mire, aquí con lo que ahorré de mi trabajo
con el taxi, ya me compré otra camioneta y una "traila" que rento,
con eso podemos vivir bien aquí en Mc Allen” “Uno siempre añora la
patria, tal vez los que ya nacieron de este lado no lo entienden ni
lo sienten, pero en México no se puede, el único que puede cambiar
las cosas es López Obrador”. ¡Eso si que fue una sorpresa!, varios
grupos se nos acercaron tratando de resolver dudas acerca de la
forma de votar; para un buen número de nuestros entrevistados,
Andrés Manuel -allá no le dicen el peje- es la única salvación.
El tema de la venta de
armas, también tiene un enfoque muy distinto. “Oiga que mal que los
dos presidentes, el de aquí y el de allá, digan que no sabían nada,
pues ¿entonces como gobiernan?” “Para mi lo de la venta de armas no
tiene nada de malo, es un negocio, como cualquiera, si están en
orden los compradores y las pagan está “güeno”; si a los armeros les
va bien, ellos pagan impuesto y eso ayuda a la economía de aquí”
“Que México no ande chillando, si no quieren que entren armas, pues
que pongan al tiro a los aduaneros, porque de verdad ignoran es como
andan los negocios por debajo del agua de los burócratas, ya ni la
pena perdonan” “Por eso es bueno que llegue López Obrador, yo lo
prefiero, porque es honrado, trabajador y luego de andar recorriendo
el país durante seis años, pues tiene mas colmillo que estos "perjumados”
¿Qué quien aquí? nos da lo mismo de todas formas estos estiran y
aflojan la cuerda como mas les convenga, con que uno ande derechito
no pasa nada y las oportunidades son mejores. Así es como hablan,
piensan y sienten los de allá.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
El Imperio al ataque
10 octubre 2011
Si de globalización
se trata, además del comercio ilícito- armas, drogas, personas etc.-
son las protestas populares un fenómeno generalizado en todo el
planeta. A ello han contribuido de manera muy importante, los medios
de comunicación cuyos noticieros de inmediato dan cuenta de:
reclamos estudiantiles en Chile, enfrentamientos de comerciantes
informales y policías locales, marchas contra la violencia o a favor
de la paz y hasta “exigencias revolucionarias” para la destitución
de gobiernos, la mayoría de ellos pseudo democráticos, que han
dejado de ser “convenientes” para las potencias que en otro tiempo
favorecieron su instauración. En estas conductas masivas, la
molestia popular parece ser el ingrediente constante, aunque por la
misma manipulación mediática, pocas veces los participantes conozcan
a ciencia cierta las causas intrínsecas “del movimiento”, motivo
éste que a su vez engendra su extinción una vez que pasa la euforia
colectiva.
El poder mediático es
tal que una guerra puede tener, desde su inicio, el derrotero
marcado por los interesados en la misma, según hayan planeado los
perversos de siempre y se difunden o no los movimientos a
conveniencia de quien esté en la posibilidad de manipular las hechos
relacionados con los mismos ¿Por qué las protestas en contra del
presidente venezolano las conocemos el día que se generan y no
ocurrió lo mismo con las de Wall Street? Son en realidad pocos los
movimientos que en Estados Unidos han influido de manera fundamental
en las políticas de ese país. Los jóvenes poco a nada saben de las
exigencias universitarias en el 68, quizá tengan alguna referencia
del movimiento de los derechos civiles, el pacifismo anti-Vietnam y
tal vez las marchas animadas por las protestas hispanas, sean su más
cercano precedente a una protesta. Aun el Tea Party
o las débiles manifestaciones en contra de la guerra del golfo no se
miran como un movimiento de masas capaz de transformar la sociedad
norteamericana, forjada en el “American Way Life” y la izquierda, si
acaso es algo más que grupos débiles y atomizados, apenas aspira a
ser sujeto político que articule el descontento, vinculado con la
crisis financiera. ¿Los líderes, si acaso existen- luchan por la
reivindicación de los derechos económicos del pueblo o los de las
corporaciones? ¿Los votantes demócratas están en contra de los
banqueros o son solo ciudadanos insatisfechos con la gestión de
Obama? Luego de dos años en que los conservadores –republicanos y
también demócratas- han marcado la agenda, ¿este movimiento, que
algunos miran como el contrapunto del Tea party, es solo coyuntural
para las elecciones? ¿Pretenden algunos incipientes líderes, repetir
el fenómeno populista que llevo a Obama a la presidencia? ¿Por qué
Obama –igual que le ocurrió a Vicente Fox en México- no fue tan
exitoso en su gestión presidencial como cuando fue candidato? El
fenómeno de la no permanencia de los activistas de campaña, es un
tema ya estudiado por los expertos y lo es sobre todo por las pocas
respuestas a iniciativas de ex colaboradores del hoy presidente,
para sumarse al impulso de recuperar el
sueño americano.
“Debemos tomar el
ejemplo de Tea Party”, han dicho algunos líderes ubicados en la
izquierda, quienes aclaran no estar molestos por el activismo de los
conservadores, sino por el silencio de los progresistas. En sus
convenciones –caracterizadas por el pobre aforo- intentan refrescar
la memoria histórica, que según su discurso le debe a las presiones
de izquierda: La igualdad racial, las leyes de igualdad de
oportunidades o la protección social para jubilados. Por supuesto en
este tipo de reuniones se omite el detalle fino de reconocer que los
líderes de esas transformaciones, a final del día lograron sus
avances por aceptar ser los socios menores en una coalición liderada
por reformistas del “establishment".
Aunque formalmente la izquierda nunca ha existido, -como partido
comunista o socialdemócrata- siempre se ha dado espacio a las
manifestaciones de dicho pensamiento, en ámbitos como la
cinematografía –Chaplin es un ejemplo- el sindicalismo y otros que,
sin embargo, son víctimas de las policías si acaso rebasan los
límites permitidos por ese “país de libertades”. ¿Por qué ha sido
tan limitada la divulgación de la represión, de los manifestantes en
Wall Street así como la multiplicación de manifestaciones –se dice
que ya en 86 ciudades- a lo largo de su geografía? Poco se sabe, de
quienes están aprovechando el río revuelto en un conglomerado humano
dúctil al que solo le asusta que se cierren negocios, no haya
trabajo y no le alcance para satisfacer sus apetitos consumistas.
Sin necesidad de mucha represión violenta, el movimiento de los
derechos civiles fue coptado metiendo droga entre los jóvenes
activistas, esta política de exclusión en algún momento funcionó al
poner etiqueta de comunistas a quienes no caminaban de acuerdo a los
cánones de gobierno, hoy día basta con ser sospechoso de terrorismo,
para ser encarcelado. Esto lo saben los inmigrantes, -documentados o
no- los que tiene créditos –hipotecarios, de coche, o de la tarjeta-
los jóvenes que aspiran a ingresar a las universidades para evitar
ser reclutados y en general un pueblo condicionado la disciplina de
los hombres gama del mundo feliz de Aldous Huxley.
Distraer a una opinión
pública que empieza a ser actor relevante en la inconformidad, se
logra con temas como el señalamiento de los culpables en la
introducción de armas, a su patio trasero.
A la gente poco le importa si los comerciantes de armas venden a los
carteles mexicanos, sí le preocupa que sus altos funcionarios
mientan y poco espacio le queda a Obama y su procurador, pues como
al cuetero, le va mal si les truena la realidad de que sí sabían de
esta operación, pero también les va peor, si se comprueba que no
sabían ¿Cómo puede manejar el país si desconoce quienes mueven los
hilos de asuntos tan delicados, como las armas, la revoluciones en
el mundo y los intereses que están detrás de cada uno de esos
temas?. “SI no es capaz de saber lo que hacen sus subordinados no lo
eres ser presidente” insten aun los que por Obama votaron. El
gobernador de Texas, entiende éste pensamiento por ello es que en su
discurso intervencionista, lo menciona una y otra vez, además de
invitar al pueblo a retornar el liderazgo del mundo, pues éste será
mejor en la medida que América sea quien lidere los destinos del
plantea. Algo así como la visión sideral de la guerra de las
galaxias
Abraham
Lincoln terminó con el esclavismo, Franklin Roosevelt
reforzó los derechos laborales y Lyndon Johnson suprimió la
segregación y expandió el Estado del bienestar. Ellos
asumieron que para llegar a la casa blanca adoptaron
compromisos que limitaron en buena parte sus intenciones.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Compasión
03 octubre 2011
Sentir pena o
conmiseración por quienes cursan por una calamidad o desgracia, es
propio de la naturaleza humana. Compadecerse da lugar, a veces, al
altruismo, la solidaridad, la clemencia o la ternura; aunque
dependiendo de la esencia de cada cual, en ocasiones entraña
egoísmo, vanidad e incluso intención de dominio. La compasión es un
concepto perene en todas las religiones o manifestaciones
espirituales. En la Biblia, se enseña que Cristo dio ejemplo de esta
cualidad, Pablo exhortó a sus seguidores a ejercerla, con los
débiles, los afligidos o los Santos; y es que desde el antiguo
testamento –correlativo por cierto de la Tora judía- también se
esperaba que hubiese caridad con los castigados, los enemigos o los
pobres. Si analizamos las creencias de pueblos autóctonos de
Mesoamérica, veremos que están pletóricas de seres -masculinos o
femeninos- compasivos. Para las diversas ramas del budismo, la
compasión es una suerte de conciencia a partir de la cual se llega a
un estado de iluminación.
Relacionarse piadosamente con los demás según las prácticas
budistas en boga, se logra a partir de la meditación, que entre
otras muchas cosas implica vaciarse, tirar las cargas
–prejuicios dicen algunos autores como Pema Chödrön- no cerrase –ni
a los otros y por supuesto ni a uno mismo, aceptar –a los otros y a
nosotros- o sea, dejar de aferrarse o evitar quedar atrapado. Para
esto último una condición sine qua non, es el perdón.
En la leyenda de
Bodhisattva, el buda Amitâbha, lo reconstruye con un nuevo cuerpo de
10 cabezas y mil brazos, un instante después de que la frustración
por solo haber podido ayudar a poca gente en su meditación, le hizo
desmoronarse.
La enseñanza de no caer en un arranque de ego de esta leyenda,
aun cuando la motivación piadosa sea genuina, se repite infinidad de
veces en diversas enseñanzas cristianas que exhortan a la persona a
vivir no para sí, sino para otros
En
la búsqueda para ser más realistas y eficaces para con los
semejantes, este principio del vacío, es adoptado por gente de
ciencia, que intenta explicar la no-localidad cuántica y otras
características fundacionales de la mecánica de la física
subatómica, en un intento de combinar la ciencia y la compasión
espiritual para aliviar la cargas de una humanidad polarizada y
dolida. ¿Dónde podríamos ubicar la compasión de eruditos en ciencia
jurídica, que condenan a cientos de mujeres a la horca, la hoguera o
la cárcel como consecuencias de su propia interpretación acerca de
la motivación de los actos de aquellas? ¿Existe unión entre el amor
y el conocimiento, cuando un clérigo se ufana de haber ganado la
batalla de interpretación según su dogma? Cuando Aristóteles define
la compasión como un pesar que surge ante un mal destructivo en
quien no lo merece, el tema toca necesariamente la justicia. ¿Nadie
debiera ser agobiado por una enfermedad? ¿Quien merece más
compasión, el moribundo o la madre, hermanos, hijos de éste? ¿En
cuántos y quienes, se justifica la pobreza y la falta de acceso a la
educación? Simplificar la compasión, sin la capacidad de colocarnos
en los zapatos del otro, genera lástima, caridad paternalista y
desprecio encubierto de quien se ostenta piadoso con el árbol aunque
sea incapaz de ocuparse del bosque. Para este filósofo griego, el
sentimiento compasivo genera acciones en favor del (os) afectado(s)
y aun en el frío tema de la justicia, existe una semiología de los
valores, que puede “ajustar la norma”, si acaso el sentenciado se
enferma, se muestra proclive a la rehabilitación o puede verse
privilegiado de manera equitativa por haberse identificado con
quienes en condiciones de iguales pueden recibir igualdad en el
beneficio. El tema sin embargo es delicado, sobre todo por el riesgo
de caer en discriminaciones –de mujeres por ejemplo- al fundamentar
sentencias en la simple compasión –para con el óvulo fecundado-
unilateral.
Cuando la
compasión se aplica de manera excepcional –le cobro menos el
servicio del agua a los de Iztapalapa porque son pobres- y ésta no
se convierte en norma universal y general, el riesgo de
discriminación –me compenso con los que han logrado un mejor estrato
material o social- engendra en sí mismo la injusticia.
Lograr que la
ciencia, la tecnología, la espiritualidad, contribuyan a la
felicidad de todos, supone una humanidad mayoritariamente compasiva.
Si cada individuo, independientemente de su posición en la sociedad
–gobernante o gobernado- con honestidad asume que sus actos producen
efectos para sí y para los otros, ocupándose del otro como si fuera
él mismo –amarás a tu prójimo etc.- quizá estaremos en el camino de
erradicar, la violencia, el desamor, la ausencia de fe, la falta de
respeto a la autoridad –padre, madre, policía, maestro, diputado
etc.- el miedo y la devastación de nuestro entorno. Física cuántica
y tradiciones místicas como el Hinduismo, el Budismo o el Taoísmo,
parecen caminar en direcciones paralelas
y contrariamente a lo que en la edad media se sostenía, la
religión o el misticismo pueden acercarse a la ciencia.
Someter alguna de éstas en aras de la supremacía de otra o
pretender la aniquilación o negación de alguna por las razones de la
otra es, por la ignorancia, el fanatismo, el dogma y la
manipulación; caer en la insensibilidad, la condolencia hueca e
inclusive la crueldad hipócrita.
El hizo un voto de salvar del sufrimiento a toda la gente
del mundo y conducirla a la Iluminación. Además, juró que si
titubeaba por un instante, cortaría su cuerpo en mil
pedacitos.
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