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UNA COLORADA (vale más que cien descoloridas)

Lilia Cisneros Luján

Que es y que no es

19  de diciembre 2011

“Nos gustan más las posadas de gente grande porque son tradicionales”, fue la sorprendente respuesta de un grupo de jóvenes veinte-añeros que parecían aburrirse, con la petición “de confites y canelones, para estos chavos que son muy tragones”. Y sí, todavía hay vecinos que deciden reunirse en el domicilio de alguno a donde llegan el ponche, los tacos, la fruta, la colación y la piñata. No hay música estridente, ni corre el alcohol en exceso. La gente mayor conversa, cambian puntos de vista acerca de sus problemas comunes: la luminaria que no enciende, la invasión del barrio –por delincuentes o población flotante que viene de lejos en el metro para trabajar en el puesto ambulante- la sordera de las autoridades, la prepotencia del elemento policíaco, que impide la llegada a su domicilio a una señora mayor, porque hay operativo y “no me importa que llore o lo que le duela, no puede pasar”. Los niños ríen, buscan con afán la piñata, mientras sus madres y padres en actitud contemplativa seguramente viajan con la memoria a tiempos similares en donde ellos fueron los héroes que la rompían o los que más ganaban fruta.

Salvo estos casos, que se dan en barrios donde los habitantes se conocen o han hecho un esfuerzo inusual para recuperar lazos de convivencia, la Navidad del siglo XXI en la ciudad de México, se ha convertido en una mala copia extralógica de celebraciones sajonas. Hay que poner el arbolito, llenarlo de luces -como si se ignorara que aun sin pertenecer al círculo de “los iluminados” la CFE, nos dará un zape en el próximo recibo- rebozar el piso con regalos adquiridos durante el pasado “buen fin” o cargados a la tarjeta, porque solo fiado podemos cumplir con un ritual que en nada se parece a lo ocurrido en la primera Navidad.

Según la tradición cristiana -traída a este continente fundamentalmente por lo clérigos católicos- una pareja joven, cuya madre esperaba un hijo, se movió desde Nazaret hasta Belén. El motivo del viaje, no tuvo que ver con el turismo, ni con escapar de la contaminación ambiental de las grandes urbes; eran ciudadanos responsables que acudían al llamado de sus autoridades para empadronarse. Por supuesto nadie les regaló despensas, ni material de construcción para reparar sus casas, ni alguna otra dádiva que los comprometiera en favor o en contra de alguno de los políticos de la época. La avanzada preñez de la madre y el gran flujo de personas que cumplían su responsabilidad ciudadana llegando, desde otras partes a la ciudad de donde eran sus ancestros, les colocó en la situación de recibir al niño en un pesebre, después de un peregrinar en el cual conocieron muchas facetas del carácter humano. Seguramente hubo desprecio -no tanto a su calidad de virgen madre del hijo de dios, sino a la del honroso papel de ciudadanos cumplidos- oídos sordos con relación a la gravidez de la madre –como la del policía que maltrató a una señora de la tercera edad- abuso en el precio de la cama que se requería para pasar la noche, burla por la fe y la creencia de los peregrinos y en medio de todo, bondad y generosidad.

En este 2011 y al final de esta moderna Navidad, la PROFECO tendrá un buen número de reclamos que no llegarán a buen término debido a la intrincada burocracia que agobia a la república mexicana. Muchos de quienes privilegiaron el paseo por sobre la convivencia, regresarán a pasar largas horas en la barandilla del ministerio público dando cuenta de todo lo que les robaron durante su ausencia. Otros más lamentarán la muerte de familiares víctimas colaterales de la guerra anticrimen y también los habrá que fallecieron debido a los excesos propiciados por un mundo que privilegia, el consumismo.

Comprar –regalos, bacalao, pavo, pierna, alcohol y hasta droga- parece ser el signo de los tiempos. Hay que regalar porque así lo hicieron los reyes magos, es la justificación distorsionada y moderna por lo ocurrido en aquella Navidad. Pocos son los dispuestos a pensar en el afán de investigación de los viajeros de oriente ¿Cuántos cristianos de hoy aprovechan los días de asueto para indagar el tamaño de esta odisea? ¿Desde cuando venían persiguiendo una estrella? ¿Cómo afectó en sus vidas la visión del rey al cual visitaron? ¿Por qué obedecieron las indicaciones de un ángel para cambiar de ruta? ¿Creían ellos en los ángeles? ¿Qué fue lo que les movió a dejar el oro, el incienso y la mirra a un bebé nacido en condiciones muy lejanas a las riquezas? Más allá de doctrina o creencias, este es un tema de estudio, que se ha desechado de manera automática, por quienes conforman, no solo estilos sino esencia de la vida misma.

Aun hoy, después de revoluciones, diversos modelos democráticos y realidades lacerantes de pobreza, marginación y degradación; los emperadores y reyes malos siguen matando niños, persiguiendo gente buena, invadiendo países, mintiendo a propios o extraños, enriqueciéndose con el trabajo de otros. Las contradicciones están ahí, el anhelo natural de la humanidad para religarse con quien le dio el privilegio de la vida, se desdibujan en el caos de “profetas” que han hecho de las religiones instrumentos de control, -algunos hasta pagando costosísimos espacios televisivos- mercadotecnia financiera para uno cuantos vivales y hasta excusas para la guerra entre naciones. Las nuevas generaciones son fácil presa de sicarios, explotadores y traficantes de todo lo malo, porque no creen. No creen en sus mayores, ni en sus maestros, ni en las autoridades, ni mucho menos en Dios. Su único modelo anhelo es el éxito y este se logra con dinero, sin importar de donde venga. Para ellos la metodología probada a fin de estar en el camino del éxito es la que permita “ganarle al otro”, y si ello supone, difamarlo[1], engañarlo, golpearlo y hasta matarlo se vale, por eso de Paz en la tierra para los hombres de buena voluntad parce ser solo una tradición rumbo la extinción. Por ello es que celebro en todo su esplendor, a quienes aun luchan por hacer realidad esta promesa de las alturas. Espero que haya pasado una muy feliz y auténtica Navidad.
 


[1] Difundir cosas del otro aun cuando estas sean ciertas, se ha convertido en la regla de los noticieros comentaristas de chismes políticos y de estrellas etc.

UNA COLORADA (vale más que cien descoloridas)

Lilia Cisneros Luján

No escuchan

19  de diciembre 2011

A lo largo de su evolución, la humanidad se fue dando bases para apoyar la convivencia humana. Muchos de estos fundamentos, surgieron después de crisis terribles en el ámbito de la salud –la peste en Europa cobró la vida de aproximadamente 50 millones de personas- la educación –en México el conflicto del 68 puso en la mesa del debate diversas cuestiones no solo estudiantiles sino de democracia- o la paz[1]. En todos los casos, hay elementos permanentes como, un afán de dominio por parte de grupos reducidos pero poderosos; el anhelo colectivo de justicia, equidad y libertad, la más de las veces sin liderazgos ni organización inicial importante; un buen número de sacrificados; y un estado de relación social muy deteriorado, derivado condiciones incontrolables y distorsión en el significado de todo, incluso de las palabras.

Denominar libertad de expresión a excesos oportunistas cuya esencia es la denostación, el señalamiento morboso o la descalificación a ultranza[2], son los feroces síntomas de los decadentes modelos impuestos por unos cuantos que se sienten con el derecho a ocultar la verdad tras el escándalo, manipular mediante la desinformación y violar permanente principios generales de derecho que condenan por ejemplo la difamación. Cuando el consciente de las personas es bombardeado por mensajes publicitarios pseudo optimistas –todo lo que pudieras tener si fueras rico, exitoso o guapo o lo que supuestamente los gobiernos hacen pero que tu nunca has visto o alcanzado- imágenes y comentarios que ponderan la mortandad, el secuestro y el riesgo; lo que se produce es temor, desconfianza y una serie de emociones reprimidas que cual hojarasca seca pueden encenderse como está sucediendo en países asiáticos y africanos y con menos difusión en América Latina. ¿Ha servido al progreso de la humanidad esta verborrea morbosa? ¿Quiénes son los beneficiarios del desprestigio de un pueblo o un país? ¿No es esta solo una fase de la perversidad que encierra las tres etapas básicas de la destrucción nacional: Descalificar, confrontar y sustituir?

Los pueblos de la civilizada Europa, marchan, hacen huelgas, vociferan, acampan en las plazas y lanzan proyectiles, como única defensa ante la agresión de cuerpos represores al servicio de acaparadores del producto de su trabajo. Una variable importante de estas y otras manifestaciones del pasado, lo es que el reclamo no se endereza solo contra los gobiernos. Las masas han entendido que son los dueños del dinero –banqueros, financieros etc.- el enemigo a vencer. Jóvenes, adultos y ancianos, estos últimos con la posibilidad de testimoniar como eran las cosas antes, exigen gobiernos que sean capaces de romper el yugo del sometimiento al extranjero, al capital sin patria, al corrupto, al usurero y al hombre de presa. Por eso preocupan las manifestaciones en el mismísimo territorio del país en cuya capital se firmó un “consenso” que sin equilibrios importantes permitió imponer en todo el mundo el llamado neoliberalismo comercial y económico.

Como para tapar el sol con un dedo, se dan espacios a algunos agraviados. Mujeres violadas –no todas, solo las que conviene a esta política de manipulación mediática- reciben disculpas públicas; a padres de hijos asesinados, se les presta el micrófono aun a riesgo de tener que responder con la lista exhaustiva –con nombre e identidades- de cincuenta mil muertos y otros miles de desaparecidos; a otros se les permite ser parte del show –incluso se les ayuda a mejorar su imagen- todo en un intento de ocultar las verdaderas causas de una tragedia humana en la cual los sordos pero poderosos, consideran que el planeta debe tener menos habitantes y que los pobres y marginados sin capacidad de consumir son los estorbosos. Para los muy ricos, la salud, la educación, la vivienda deben estar prohibidas, tales ideas “socializantes” habrían de caer con la misma espectacularidad que el muro de Berlín. Nada de aquellos “beneficios quedará intocado”, a fin de lograrlo hay que imponer legisladores a modo y concertar con presidentes capaces de no inmutarse por violaciones tumultuarias y luego postularse como el paladín de los derechos humanos.

En este vals de desenfreno y confusión, donde por supuesto no faltan los pescadores a río revuelto, hasta algunos ciudadanos llegan a excesos espantosos y se convierten en monstruos[3], con tal de salir en la “tele”; mientras los verdaderos causantes de una desgracia financiera mundial con presupuestos públicos Tri millonarios y bolsillos del pueblo vacíos, siguen sin escuchar. Al igual que ocurrió en Belén de Judea, cada cual oye algo diferente. En tanto unos sabios iban en busca del rey salvador, el poder constituido les engañaba con el fin de matar al niño.

Y esta historia nos sigue alcanzando, en medio de controversias, poderes fácticos -ocultos o visibles- actos amorales y mentes colectivas contaminadas, son pocos los que tienen oídos para oír, ojos para ver y sentidos que puedan ser usados para que la paz y la buena voluntad entre los hombres, sea finalmente una realidad plena.

Quienes somos optimistas y aun conservamos nuestra capacidad de pensar, analizar y desear lo mejor para el planeta, en esta Navidad te convocamos a expresar, actuar y soñar como exhortaba el Quijote –“……. Sancho, los tiempos que vienen han de ser buenos porque los malos ya han durado mucho”.

Si tienes algo que perdonar: perdona. Si hay algo pendiente: termina. Devuelve lo que pertenece a otro. Escucha la palabra suave y el reclamo justo. Ama aun a quien no conoces y sobre todo ¡Se Feliz, en esta Navidad! y el año que está por venir.
 


[1] Las dos granes guerras, la de Vietnam y otros conflictos han permitido a fin de cuentas avances en términos de plantear alternativas más allá de lo bélico.

[2] Las gentes del espectáculo y últimamente lo políticos, son los personajes preferidos de esta “política libertaria” impuesta por algunos medios, comentaristas o “analistas”.

[3] Pozoleros, decapitadores, mercenarios para matar a cambio de unos cuantos pesos etc.

UNA COLORADA (vale más que cien descoloridas)

Lilia Cisneros Luján

La letanía

12  de diciembre 2011

Aun cuando las generaciones jóvenes desconozcan su origen y significado, en esta semana se inicia el novenario de las posadas, tradición distorsionada por el consumismo, la imitación extralógica que ha cambiado momentos de reflexión y recogimiento por altos decibles, alcohol y droga; capaces no solo de consumir cerebros o romper tímpanos sino, de avasallar una cultura que le dio importancia a la familia, valor a las actividades comunitarias y confianza ciudadana sin límites, que nos permitía decirle hasta al extraño, “mi casa es tu casa”. Con todo y la ausencia de devoción, la diversidad de fanatismos y la urgencia del humano del siglo XXI, por evadirse de la realidad en aras de los excesos o las “filosofías” en boga, bien nos vendría el hacer nuestra letanía a ver que ser divino se apiada, mientras alguien ora por nosotros[1]

Que en el 2012 el gobierno del DF no inicie nuevas obras (ora pro nobis,)

Que terminen los 20 proyectos que tienen a la ciudad desquiciada (opn).

Que los delegados arreglen las vías secundarias en vez de ofrecer dádivas a cambio de votos (opn)

Que se de un manejo sano, civilizado y honrado a la basura, sancionando a quienes extorsionan y exigen prebendas a cambio de transportarla (opn).

Que los partidos políticos no llenen, las ciudades, carreteras y cerros de propaganda (opn)

Que los parques sean zonas de esparcimiento para niños, jóvenes y adultos mayores y no estaciones de trasferencia de basura. (opn)

Que SEDUVI, reconozca sus errores y los corrija mediante acciones de lesividad (opn).

Que no se permitan negocios –ruidosos, de comida o de riesgo- en zonas habitacionales (opn)

Que se respeten las vías públicas y no sean exclusivas de comerciantes ambulantes (opn)

Que se les otorguen espacios dignos a los comerciantes informales y que en vez de cuotas a coyotes[2], paguen impuestos y servicios (opn).

Que las dependencias de salud, impidan la venta de comida en la vía publica, para evitar enfermedades, accidentes y obesidad. (opn)

Que el predial no sea confiscatorio e impagable y que se agilice la manera de cubrirlo (opn)

Que haya programas de poda de árboles, mantenimiento de banquetas, reposición de luminarias y en general ocupación de los funcionarios por el mobiliario urbano (opn)

Que el agua, no sea un negocio concesionado a los cuates[3] y sí un verdadero, constante y racional servicio a la población (opn)

Que las tarifas por el servicio de agua sean justas, equitativas y no discriminatorias en contra de aquellos a quienes se les tiene envidia o se les considera contrincantes políticos (opn)

Que resuelvan en todos los niveles –federal, local y municipal- la crisis financiera bajando gasto corriente –sueldos, canonjías, viajes, comidas, celulares, etc.- ahorrando e invirtiendo en rubros productivos (opn)

Que se invierta en el campo, para lograr el regreso de migrantes, la reunificación de familias y la recuperación de la soberanía alimentaria perdida. (opn)

Que la red de salud, funcione de manera eficiente, sin que medie lucro indebido –lo mismo para funcionarios[4] que para vendedores de medicina e insumos- y que se sustente en una verdadera vocación de servicio. (opn)

Que el sistema tributario, tenga los dientes suficientes para obligar al que más gana a contribuir en mayor proporción que el asalariado. (opn)

Que el nuevo gobierno tenga el valor y la inteligencia para poner límites a los poderes fácticos que han fomentado el miedo, el conformismo, el sometimiento y la gran disparidad social que nos agobia (opn)

Que se pondere la inversión en empresas productivas, la satisfacción del consumo interno, la mayor protección al industrial y comerciante nacional por sobre el especulador extranjero. (opn)

Que algún ángel misericordioso, impida la usura bancaria, el engaño de los capitales golondrinos y su explicable fuga cuando observan que ya no es posible robarnos tanto (opn)

Que los jóvenes tengan acceso a la educación de calidad y puestos de trabajo donde ejercer sus habilidades y que los no tan jóvenes puedan continuar apoyado el desarrollo nacional ocupando su experiencia en vez de ser excluidos. (opn)

Esta letanía libre a la cual puede cada quien aumentar las peticiones que crea convenientes, puede decirla al inicio de su posada. Si la euforia consumista del buen fin, le dejó sin recurso para piñata, ponche o colación, no se preocupe, cargue sus peregrinos, cante los versos tradicionales en el nombre del cielo, platique con la familia, sus invitados o su vecinos y regálese un momento de serenidad, de amor y de buena voluntad, recordando que hace muchos años, el hijo de Dios, decidió nacer en un pesebre, para darnos la oportunidad de una vida trascendente. El cumpleaños es de ese niño, recuérdele con respeto, obséquiele lo que tenga, quizá mucho como los reyes, tal vez poco o nada como los pastores, pero a fin de cuentas permítase Usted celebrar una verdadera Navidad, empezando por su particular y significativa posada.
 


[1] “ora pro nobis” se repite después de cada frase

[2] Líderes de agrupaciones, inspectores de vía pública, etc.

[3] Lo mismo empresas trasnacionales -que manejan su distribución o la venden envasada con o sin químicos- que piperos.

UNA COLORADA (vale más que cien descoloridas)

Lilia Cisneros Luján

Miedo a la muerte

5  de diciembre 2011

Aunque con significados distintos, la muerte no puede separarse de sus parámetros sociales. Este hecho inevitable y cierto, tiene lugar en contextos diversos vinculados con determinados roles y definiciones de las personas en sociedad. A sabiendas de que el humano parece ser, la única especie capaz de matar a sus congéneres; ocasionar la muerte “a otro” en general se considera indebido y por lo mismo es castigado. El homicidio sin embargo a lo largo de la historia ha sido “permitido” o “atenuado” por motivos bélicos, religiosos y hasta piadosos[1]. Según la época y el momento cultural o antropológico, el significado de la muerte con el consabido duelo por la misma, ha sufrido importante variables. Sobre todo en occidente han existido conceptos comunes acerca de la “buena” o la “mala” muerte. En la antigüedad clásica –y hoy retomada en las legislaciones sobre eutanasia- se consideraba bien morir el suicidio como medio razonable de acabar con la enfermedad o el dolor, y en cambio era malo morir consumido por el sufrimiento o de forma anónima y sin sepultura. Algo así parece ocurrir con los miles de desaparecidos y muertos en la república mexicana, cuyos deudos, difícilmente encuentran consuelo y término a su duelo.

Como resultado de la gran influencia de la religiosidad sobre todo católica, en la edad medida era buena la muerte lenta, anunciada y asistida, no así la repentina, imprevista o clandestina[2]. Esta percepción va cambiando desde el siglo XVIII hasta el actual, evolucionando desde ser buena la de quien hace testamento y recibe recursos de salvación –extrema unción, rezos, rosarios etc.- pasando por la preferencia a ignorar el propio deceso –no sufrió se quedó dormido etc.- y considerar en cambio mala y muy mala muerte la de quien la sufre lenta y conscientemente y puede por tanto sentir temor y contagiarlo a sus cercanos.

El temor, es pues una de las emociones asociadas a la muerte. Se teme la ausencia de aquel a quien se ama, el peligro de ser sorprendido por un delincuente que nos mate, la tragedia de ser victima de tantas enfermedades emergentes irónicamente vinculadas con la modernidad y la longevidad y, sobre todo se teme al hecho de dejar de ser, de no existir más. Aun los más escépticos en términos religiosos, deben reconocer científicamente que esta circunstancias reconocida, explicita o tácitamente, por todos –tanatólogos, creyentes, no creyentes, filósofos, científicos, cultos e incultos, psiquiatras etc.- es parte del Ser Humano. Curiosamente una de las fuentes más constantes, antiguas y fehacientes de la historia humana son los entierros. El ritual mortuorio está presente en todas las culturas y varía dependiendo de la manera de morir, la actividad del difunto durante su vida y los hechos cotidianos del grupo al cual se pertenece y que se convirtieron en continuidad y ritmo social. La muerte de un individuo afecta necesariamente a todos. No solo familia, compañeros de trabajo o vecinos, son impactados, por las muertes de un niño o mujer secuestrados y luego privados de la vida, toda la ciudad, la nación el mundo se conmueve con tal tipo de fallecidos, porque evidencia que en términos comunitarios está ocurriendo algo. Esto no excluye, la muerte por ejecución de alguien presentado como muy malo –dignatarios derrotados, delincuentes seriales- o de jóvenes combatientes, voluntarios –médicos, enfermeros, ecologistas, misioneros etc.- atrapados en un conflicto que no era suyo.

La sepultura de los cadáveres consecuentemente está ligada a la cultura y los tiempos. Las formas más comunes de disponer de los restos de quien ha fallecido, han sido el enterramiento, la exposición a factores naturales, y la incineración. Por lo siglos de los siglos, el enterramiento fue quizá la forma más socorrida usada por los deudos para la disposición de su muerto. Pueblos como la mayoría de los ubicados en mesoamerica, sepultaban en fosas bajo el suelo o colocaban restos en urnas mortuorias. Los egipcios hacían del sitio de entierro todo un monumento de adoración y confort para el viaje a la otra vida del personaje; los griegos también creían en cierta vida después de la muerte por lo cual sus fallecidos eran objeto de atenciones en ritos con cantos, gritos y lloros como una forma de convencer al alma del difunto para evitar que se quedara entre los vivos. En Esta cultura. al igual que en la romana y luego en el cristianismo, el entierro se asocia con un deber sagrado y negar sepultura es condenar al alma a errar sin descanso. Esto está detrás de los reclamos por el respeto a los derechos humanos de miles y miles de sepultados: anónimamente, en fosas clandestinas, “pozoleados, rafagueados, levantados o torturados” En la cultura griega, antecedente directo de nuestra actual "occidental y cristiana", se creía en una cierta vida después de la muerte; por ello los muertos eran objeto de atenciones procurando así aminorar el terror de un regreso vengativo. ¡Imagine si esto ocurriera con el espíritu de inmigrantes, víctimas de daños colaterales o de luchas entre criminales, en México o Colombia, donde definitivamente la muerte violenta ha sido una seria amenaza a la cohesión y supervivencia del grupo!

Son pocas las culturas, que se sabe dejaban a sus muertos expuestos en palizadas, para servir de alimento a aves carroñeras y en general animales carnívoros; en cambio la hoy tan socorrida incineración del cadáver, es tan antigua como la de los pueblos asentados desde el antiguo Neolítico en lo que ahora es Vietnam del Norte. Todavía hoy los thais guardan las cenizas de sus difuntos en cofres agrupados en el bosque. Con todo y la euforia que ha traído a occidente costumbres budistas y sin que sea claro el origen de la cremación en esta parte del mundo, en las tradiciones indo-asiáticas, la cremación no solo es el último sacrificio del difunto[3] sino la forma mas expedita de acabar con la envoltura material del espíritu y regresar cada parte de sí al universo. Pero al igual que otros, el religioso hindú se aferra la creencia de volver no al Mictlán, ni al inframundo, ni al paraíso cristiano sino al mundo de sus ancestros, escapando a la turbulencia de los múltiples renacimientos, como resultado de su devoción santificante.

En el mundo moderno, donde la espiritualidad se asocia a la incultura y la necesidad humana de recuperación tras la pérdida es atendida por psiquiatras y tanatólogos, más que  por curas y pastores, los rituales mortuorios se han simplificado, por cuestiones económicas y hasta por el yugo de modelos mediáticos –el ser humano de éxito, no sufre, no se acongoja, no se mira derrotado etc.-  que a final de cuentas tienen en el miedo a la muerte una magnífica fuente de negocios a partir del rating y la oferta de todo aquello que pueda atemperar el temor. Llegar a la necesidad de realizar rituales funerarios ficticios para los desaparecidos, como una forma de resolver duelos no procesados es, a juicio de muchos, lo peor que le ha ocurrido al ser humano.
 

[1] Las incineraciones masivas llamadas holocausto contra un pueblo que considera la incineración como algo abominable, los sacrificios humanos en grupos primitivos para agradar a los dioses, la quema de brujas etc.

[2] Siguiendo esta línea de pensamiento desde el siglo XIV hasta el XVIII, es buena la muerte del justo, es decir aquel que sin aparente preocupación por ella durante su vida en general se encuentra preparado y sin importar que sufra una agonía dolorosa, confía en el ángel guardián del libro de sus obras, sospechando a veces del que muere sin preparase, pues quien presentará su libro será el diablo.

 [3] «La última ofrenda» Etimológicamente antyaisti. El fuego de la hoguera consume al individuo en cuanto forma transitoria del ser, ya que su atman se seguirá reencarnando de existencia en existencia

 

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