Que es y que no es
19 de diciembre
2011
“Nos gustan más las posadas de gente grande
porque son tradicionales”, fue la sorprendente
respuesta de un grupo de jóvenes veinte-añeros que
parecían aburrirse, con la petición “de confites y
canelones, para estos chavos que son muy tragones”.
Y sí, todavía hay vecinos que deciden reunirse en el
domicilio de alguno a donde llegan el ponche, los
tacos, la fruta, la colación y la piñata. No hay
música estridente, ni corre el alcohol en exceso. La
gente mayor conversa, cambian puntos de vista acerca
de sus problemas comunes: la luminaria que no
enciende, la invasión del barrio –por delincuentes o
población flotante que viene de lejos en el metro
para trabajar en el puesto ambulante- la sordera de
las autoridades, la prepotencia del elemento
policíaco, que impide la llegada a su domicilio a
una señora mayor, porque hay operativo y “no me
importa que llore o lo que le duela, no puede
pasar”. Los niños ríen, buscan con afán la piñata,
mientras sus madres y padres en actitud
contemplativa seguramente viajan con la memoria a
tiempos similares en donde ellos fueron los héroes
que la rompían o los que más ganaban fruta.
Salvo estos casos, que se dan en barrios donde
los habitantes se conocen o han hecho un esfuerzo
inusual para recuperar lazos de convivencia, la
Navidad del siglo XXI en la ciudad de México, se ha
convertido en una mala copia extralógica de
celebraciones sajonas. Hay que poner el arbolito,
llenarlo de luces -como si se ignorara que aun sin
pertenecer al círculo de “los iluminados” la CFE,
nos dará un zape en el próximo recibo- rebozar el
piso con regalos adquiridos durante el pasado “buen
fin” o cargados a la tarjeta, porque solo fiado
podemos cumplir con un ritual que en nada se parece
a lo ocurrido en la primera Navidad.
Según la tradición cristiana -traída a este
continente fundamentalmente por lo clérigos
católicos- una pareja joven, cuya madre esperaba un
hijo, se movió desde Nazaret hasta Belén. El motivo
del viaje, no tuvo que ver con el turismo, ni con
escapar de la contaminación ambiental de las grandes
urbes; eran ciudadanos responsables que acudían al
llamado de sus autoridades para empadronarse. Por
supuesto nadie les regaló despensas, ni material de
construcción para reparar sus casas, ni alguna otra
dádiva que los comprometiera en favor o en contra de
alguno de los políticos de la época. La avanzada
preñez de la madre y el gran flujo de personas que
cumplían su responsabilidad ciudadana llegando,
desde otras partes a la ciudad de donde eran sus
ancestros, les colocó en la situación de recibir al
niño en un pesebre, después de un peregrinar en el
cual conocieron muchas facetas del carácter humano.
Seguramente hubo desprecio -no tanto a su calidad de
virgen madre del hijo de dios, sino a la del honroso
papel de ciudadanos cumplidos- oídos sordos con
relación a la gravidez de la madre –como la del
policía que maltrató a una señora de la tercera
edad- abuso en el precio de la cama que se requería
para pasar la noche, burla por la fe y la creencia
de los peregrinos y en medio de todo, bondad y
generosidad.
En este 2011 y al final de esta moderna
Navidad, la PROFECO tendrá un buen número de
reclamos que no llegarán a buen término debido a la
intrincada burocracia que agobia a la república
mexicana. Muchos de quienes privilegiaron el paseo
por sobre la convivencia, regresarán a pasar largas
horas en la barandilla del ministerio público dando
cuenta de todo lo que les robaron durante su
ausencia. Otros más lamentarán la muerte de
familiares víctimas colaterales de la guerra
anticrimen y también los habrá que fallecieron
debido a los excesos propiciados por un mundo que
privilegia, el consumismo.
Comprar –regalos, bacalao, pavo, pierna,
alcohol y hasta droga- parece ser el signo de los
tiempos. Hay que regalar porque así lo hicieron los
reyes magos, es la justificación distorsionada y
moderna por lo ocurrido en aquella Navidad. Pocos
son los dispuestos a pensar en el afán de
investigación de los viajeros de oriente ¿Cuántos
cristianos de hoy aprovechan los días de asueto para
indagar el tamaño de esta odisea? ¿Desde cuando
venían persiguiendo una estrella? ¿Cómo afectó en
sus vidas la visión del rey al cual visitaron? ¿Por
qué obedecieron las indicaciones de un ángel para
cambiar de ruta? ¿Creían ellos en los ángeles? ¿Qué
fue lo que les movió a dejar el oro, el incienso y
la mirra a un bebé nacido en condiciones muy lejanas
a las riquezas? Más allá de doctrina o creencias,
este es un tema de estudio, que se ha desechado de
manera automática, por quienes conforman, no solo
estilos sino esencia de la vida misma.
Aun hoy, después de revoluciones, diversos
modelos democráticos y realidades lacerantes de
pobreza, marginación y degradación; los emperadores
y reyes malos siguen matando niños, persiguiendo
gente buena, invadiendo países, mintiendo a propios
o extraños, enriqueciéndose con el trabajo de otros.
Las contradicciones están ahí, el anhelo natural de
la humanidad para religarse con quien le dio el
privilegio de la vida, se desdibujan en el caos de
“profetas” que han hecho de las religiones
instrumentos de control, -algunos hasta pagando
costosísimos espacios televisivos- mercadotecnia
financiera para uno cuantos vivales y hasta excusas
para la guerra entre naciones. Las nuevas
generaciones son fácil presa de sicarios,
explotadores y traficantes de todo lo malo, porque
no creen. No creen en sus mayores, ni en sus
maestros, ni en las autoridades, ni mucho menos en
Dios. Su único modelo anhelo es el éxito y este se
logra con dinero, sin importar de donde venga.
Para ellos la metodología probada a fin de estar en
el camino del éxito es la que permita “ganarle al
otro”, y si ello supone, difamarlo,
engañarlo, golpearlo y hasta matarlo se vale, por
eso de Paz en la tierra para los hombres de
buena voluntad parce ser solo una tradición
rumbo la extinción. Por ello es que celebro en todo
su esplendor, a quienes aun luchan por hacer
realidad esta promesa de las alturas. Espero que
haya pasado una muy feliz y auténtica Navidad.
Difundir cosas del otro aun cuando estas sean
ciertas, se ha convertido en la regla de los
noticieros comentaristas de chismes políticos y de
estrellas etc.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
No
escuchan
19 de diciembre 2011
A lo largo de su evolución, la humanidad se fue
dando bases para apoyar la convivencia humana.
Muchos de estos fundamentos, surgieron después de
crisis terribles en el ámbito de la salud –la peste
en Europa cobró la vida de aproximadamente 50
millones de personas- la educación –en México el
conflicto del 68 puso en la mesa del debate diversas
cuestiones no solo estudiantiles sino de democracia-
o la paz.
En todos los casos, hay elementos permanentes como,
un afán de dominio por parte de grupos reducidos
pero poderosos; el anhelo colectivo de justicia,
equidad y libertad, la más de las veces sin
liderazgos ni organización inicial importante; un
buen número de sacrificados; y un estado de relación
social muy deteriorado, derivado condiciones
incontrolables y distorsión en el significado de
todo, incluso de las palabras.
Denominar libertad de expresión a excesos
oportunistas cuya esencia es la denostación, el
señalamiento morboso o la descalificación a ultranza,
son los feroces síntomas de los decadentes modelos
impuestos por unos cuantos que se sienten con el
derecho a ocultar la verdad tras el escándalo,
manipular mediante la desinformación y violar
permanente principios generales de derecho que
condenan por ejemplo la difamación. Cuando el
consciente de las personas es bombardeado por
mensajes publicitarios pseudo optimistas –todo lo
que pudieras tener si fueras rico, exitoso o guapo o
lo que supuestamente los gobiernos hacen pero que tu
nunca has visto o alcanzado- imágenes y
comentarios que ponderan la mortandad, el secuestro
y el riesgo; lo que se produce es temor,
desconfianza y una serie de emociones reprimidas que
cual hojarasca seca pueden encenderse como está
sucediendo en países asiáticos y africanos y con
menos difusión en América Latina. ¿Ha servido al
progreso de la humanidad esta verborrea morbosa?
¿Quiénes son los beneficiarios del desprestigio de
un pueblo o un país? ¿No es esta solo una fase de la
perversidad que encierra las tres etapas básicas de
la destrucción nacional: Descalificar, confrontar y
sustituir?
Los pueblos de la civilizada Europa, marchan,
hacen huelgas, vociferan, acampan en las plazas y
lanzan proyectiles, como única defensa ante la
agresión de cuerpos represores al servicio de
acaparadores del producto de su trabajo. Una
variable importante de estas y otras manifestaciones
del pasado, lo es que el reclamo no se endereza solo
contra los gobiernos. Las masas han entendido que
son los dueños del dinero –banqueros, financieros
etc.- el enemigo a vencer. Jóvenes, adultos y
ancianos, estos últimos con la posibilidad de
testimoniar como eran las cosas antes, exigen
gobiernos que sean capaces de romper el yugo del
sometimiento al extranjero, al capital sin patria,
al corrupto, al usurero y al hombre de presa. Por
eso preocupan las manifestaciones en el mismísimo
territorio del país en cuya capital se firmó un
“consenso” que sin equilibrios importantes permitió
imponer en todo el mundo el llamado neoliberalismo
comercial y económico.
Como para tapar el sol con un dedo, se dan
espacios a algunos agraviados. Mujeres violadas –no
todas, solo las que conviene a esta política de
manipulación mediática- reciben disculpas públicas;
a padres de hijos asesinados, se les presta el
micrófono aun a riesgo de tener que responder con la
lista exhaustiva –con nombre e identidades- de
cincuenta mil muertos y otros miles de
desaparecidos; a otros se les permite ser parte del
show –incluso se les ayuda a mejorar su imagen- todo
en un intento de ocultar las verdaderas causas de
una tragedia humana en la cual los sordos pero
poderosos, consideran que el planeta debe tener
menos habitantes y que los pobres y marginados sin
capacidad de consumir son los estorbosos. Para los
muy ricos, la salud, la educación, la vivienda deben
estar prohibidas, tales ideas “socializantes”
habrían de caer con la misma espectacularidad que el
muro de Berlín. Nada de aquellos “beneficios quedará
intocado”, a fin de lograrlo hay que imponer
legisladores a modo y concertar con presidentes
capaces de no inmutarse por violaciones tumultuarias
y luego postularse como el paladín de los derechos
humanos.
En este vals de desenfreno y confusión, donde
por supuesto no faltan los pescadores a río
revuelto, hasta algunos ciudadanos llegan a excesos
espantosos y se convierten en monstruos,
con tal de salir en la “tele”; mientras los
verdaderos causantes de una desgracia financiera
mundial con presupuestos públicos Tri millonarios y
bolsillos del pueblo vacíos, siguen sin escuchar. Al
igual que ocurrió en Belén de Judea, cada cual oye
algo diferente. En tanto unos sabios iban en busca
del rey salvador, el poder constituido les engañaba
con el fin de matar al niño.
Y esta historia nos sigue alcanzando, en medio
de controversias, poderes fácticos -ocultos o
visibles- actos amorales y mentes colectivas
contaminadas, son pocos los que tienen oídos para
oír, ojos para ver y sentidos que puedan ser usados
para que la paz y la buena voluntad entre los
hombres, sea finalmente una realidad plena.
Quienes somos optimistas y aun conservamos
nuestra capacidad de pensar, analizar y desear lo
mejor para el planeta, en esta Navidad te convocamos
a expresar, actuar y soñar como exhortaba el Quijote
–“……. Sancho, los tiempos que vienen han de ser
buenos porque los malos ya han durado mucho”.
Si tienes algo que perdonar: perdona. Si hay
algo pendiente: termina. Devuelve lo que pertenece a
otro. Escucha la palabra suave y el reclamo justo.
Ama aun a quien no conoces y sobre todo ¡Se Feliz,
en esta Navidad! y el año que está por venir.
Pozoleros, decapitadores, mercenarios para matar a
cambio de unos cuantos pesos etc.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
La
letanía
12 de diciembre 2011
Aun cuando las generaciones jóvenes desconozcan su
origen y significado, en esta semana se inicia el
novenario de las posadas,
tradición distorsionada por el consumismo, la
imitación extralógica que ha cambiado momentos de
reflexión y recogimiento por altos decibles, alcohol
y droga; capaces no solo de consumir cerebros o
romper tímpanos sino, de avasallar una cultura que
le dio importancia a la familia, valor a las
actividades comunitarias y confianza ciudadana sin
límites, que nos permitía decirle hasta al extraño,
“mi casa es tu casa”. Con todo y la ausencia de
devoción, la diversidad de fanatismos y la urgencia
del humano del siglo XXI, por evadirse de la
realidad en aras de los excesos o las “filosofías”
en boga, bien nos vendría el hacer nuestra letanía a
ver que ser divino se apiada, mientras alguien ora
por nosotros
Que en el 2012 el gobierno del DF no inicie nuevas
obras (ora pro nobis,)
Que terminen los 20 proyectos que tienen a la ciudad
desquiciada (opn).
Que los delegados arreglen las vías secundarias en
vez de ofrecer dádivas a cambio de votos (opn)
Que se de un manejo sano, civilizado y honrado a la
basura, sancionando a quienes extorsionan y exigen
prebendas a cambio de transportarla (opn).
Que los partidos políticos no llenen, las ciudades,
carreteras y cerros de propaganda (opn)
Que los parques sean zonas de esparcimiento para
niños, jóvenes y adultos mayores y no estaciones de
trasferencia de basura. (opn)
Que SEDUVI, reconozca sus errores y los corrija
mediante acciones de lesividad (opn).
Que no se permitan negocios –ruidosos, de comida o
de riesgo- en zonas habitacionales (opn)
Que se respeten las vías públicas y no sean
exclusivas de comerciantes ambulantes (opn)
Que se les otorguen espacios dignos a los
comerciantes informales y que en vez de cuotas a
coyotes,
paguen impuestos y servicios (opn).
Que las dependencias de salud, impidan la venta de
comida en la vía publica, para evitar enfermedades,
accidentes y obesidad. (opn)
Que el predial no sea confiscatorio e impagable y
que se agilice la manera de cubrirlo (opn)
Que haya programas de poda de árboles, mantenimiento
de banquetas, reposición de luminarias y en general
ocupación de los funcionarios por el mobiliario
urbano (opn)
Que el agua, no sea un negocio concesionado a los
cuates
y sí un verdadero, constante y racional servicio a
la población (opn)
Que las tarifas por el servicio de agua sean justas,
equitativas y no discriminatorias en contra de
aquellos a quienes se les tiene envidia o se les
considera contrincantes políticos (opn)
Que resuelvan en todos los niveles –federal, local y
municipal- la crisis financiera bajando gasto
corriente –sueldos, canonjías, viajes, comidas,
celulares, etc.- ahorrando e invirtiendo en rubros
productivos (opn)
Que se invierta en el campo, para lograr el regreso
de migrantes, la reunificación de familias y la
recuperación de la soberanía alimentaria perdida. (opn)
Que la red de salud, funcione de manera eficiente,
sin que medie lucro indebido –lo mismo para
funcionarios
que para vendedores de medicina e insumos- y que se
sustente en una verdadera vocación de servicio. (opn)
Que el sistema tributario, tenga los dientes
suficientes para obligar al que más gana a
contribuir en mayor proporción que el asalariado. (opn)
Que el nuevo gobierno tenga el valor y la
inteligencia para poner límites a los poderes
fácticos que han fomentado el miedo, el conformismo,
el sometimiento y la gran disparidad social que nos
agobia (opn)
Que se pondere la inversión en empresas productivas,
la satisfacción del consumo interno, la mayor
protección al industrial y comerciante nacional por
sobre el especulador extranjero. (opn)
Que algún ángel misericordioso, impida la usura
bancaria, el engaño de los capitales golondrinos y
su explicable fuga cuando observan que ya no es
posible robarnos tanto (opn)
Que los jóvenes tengan acceso a la educación de
calidad y puestos de trabajo donde ejercer sus
habilidades y que los no tan jóvenes puedan
continuar apoyado el desarrollo nacional ocupando su
experiencia en vez de ser excluidos. (opn)
Esta letanía libre a la cual puede cada quien
aumentar las peticiones que crea convenientes, puede
decirla al inicio de su posada. Si la euforia
consumista del buen fin, le dejó sin recurso para
piñata, ponche o colación, no se preocupe, cargue
sus peregrinos, cante los versos tradicionales en el
nombre del cielo, platique con la familia, sus
invitados o su vecinos y regálese un momento de
serenidad, de amor y de buena voluntad, recordando
que hace muchos años, el hijo de Dios, decidió nacer
en un pesebre, para darnos la oportunidad de una
vida trascendente. El cumpleaños es de ese niño,
recuérdele con respeto, obséquiele lo que tenga,
quizá mucho como los reyes, tal vez poco o nada como
los pastores, pero a fin de cuentas permítase Usted
celebrar una verdadera Navidad, empezando por su
particular y significativa posada.
Lo
mismo empresas trasnacionales -que manejan su
distribución o la venden envasada con o sin
químicos- que piperos.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Miedo a la muerte
5 de diciembre 2011
Aunque con significados distintos, la muerte no
puede separarse de sus parámetros sociales. Este
hecho inevitable y cierto, tiene lugar en contextos
diversos vinculados con determinados roles y
definiciones de las personas en sociedad. A
sabiendas de que el humano parece ser, la única
especie capaz de matar a sus congéneres; ocasionar
la muerte “a otro” en general se considera indebido
y por lo mismo es castigado. El homicidio sin
embargo a lo largo de la historia ha sido
“permitido” o “atenuado” por motivos bélicos,
religiosos y hasta piadosos.
Según la época y el momento cultural o
antropológico, el significado de la muerte con el
consabido duelo por la misma, ha sufrido importante
variables. Sobre todo en occidente han existido
conceptos comunes acerca de la “buena” o la “mala”
muerte. En la antigüedad clásica –y hoy retomada en
las legislaciones sobre eutanasia- se consideraba
bien morir el suicidio como medio razonable de
acabar con la enfermedad o el dolor, y en cambio era
malo morir consumido por el sufrimiento o de forma
anónima y sin sepultura. Algo así parece ocurrir con
los miles de desaparecidos y muertos en la república
mexicana, cuyos deudos, difícilmente encuentran
consuelo y término a su duelo.
Como
resultado de la gran influencia de la religiosidad
sobre todo católica, en la edad medida era buena la
muerte lenta, anunciada y asistida, no así la
repentina, imprevista o clandestina.
Esta percepción va cambiando desde el siglo XVIII
hasta el actual, evolucionando desde ser buena la de
quien hace testamento y recibe recursos de salvación
–extrema unción, rezos, rosarios etc.- pasando por
la preferencia a ignorar el propio deceso –no sufrió
se quedó dormido etc.- y considerar en cambio mala y
muy mala muerte la de quien la sufre lenta y
conscientemente y puede por tanto sentir temor y
contagiarlo a sus cercanos.
El
temor, es pues una de las emociones asociadas a la
muerte. Se teme la ausencia de aquel a quien se ama,
el peligro de ser sorprendido por un delincuente que
nos mate, la tragedia de ser victima de tantas
enfermedades emergentes irónicamente vinculadas con
la modernidad y la longevidad y, sobre todo se teme
al hecho de dejar de ser, de no existir más. Aun los
más escépticos en términos religiosos, deben
reconocer científicamente que esta circunstancias
reconocida, explicita o tácitamente, por todos –tanatólogos,
creyentes, no creyentes, filósofos, científicos,
cultos e incultos, psiquiatras etc.- es parte del
Ser Humano. Curiosamente una de las fuentes más
constantes, antiguas y fehacientes de la historia
humana son los entierros. El ritual mortuorio está
presente en todas las culturas y varía dependiendo
de la manera de morir, la actividad del difunto
durante su vida y los hechos cotidianos del grupo al
cual se pertenece y que se convirtieron en
continuidad y ritmo social. La muerte de un
individuo afecta necesariamente a todos. No solo
familia, compañeros de trabajo o vecinos, son
impactados, por las muertes de un niño o mujer
secuestrados y luego privados de la vida, toda la
ciudad, la nación el mundo se conmueve con tal tipo
de fallecidos, porque evidencia que en términos
comunitarios está ocurriendo algo. Esto no excluye,
la muerte por ejecución de alguien presentado como
muy malo –dignatarios derrotados, delincuentes
seriales- o de jóvenes combatientes, voluntarios
–médicos, enfermeros, ecologistas, misioneros etc.-
atrapados en un conflicto que no era suyo.
La
sepultura de los cadáveres consecuentemente está
ligada a la cultura y los tiempos. Las formas más
comunes de disponer de los restos de quien ha
fallecido, han sido el enterramiento, la exposición
a factores naturales, y la incineración. Por lo
siglos de los siglos, el enterramiento fue quizá la
forma más socorrida usada por los deudos para la
disposición de su muerto. Pueblos como la mayoría de
los ubicados en mesoamerica, sepultaban en fosas
bajo el suelo o colocaban restos en urnas
mortuorias. Los egipcios hacían del sitio de
entierro todo un monumento de adoración y confort
para el viaje a la otra vida del personaje; los
griegos también creían en cierta vida después de la
muerte por lo cual sus fallecidos eran objeto de
atenciones en ritos con cantos, gritos y lloros como
una forma de convencer al alma del difunto para
evitar que se quedara entre los vivos. En Esta
cultura. al igual que en la romana y luego en el
cristianismo, el entierro se asocia con un deber
sagrado y negar sepultura es condenar al alma a
errar sin descanso. Esto está detrás de los reclamos
por el respeto a los derechos humanos de miles y
miles de sepultados: anónimamente, en fosas
clandestinas, “pozoleados, rafagueados, levantados o
torturados” En la cultura griega, antecedente
directo de nuestra actual "occidental y cristiana",
se creía en una cierta vida después de la muerte;
por ello los muertos eran objeto de atenciones
procurando así aminorar el terror de un regreso
vengativo. ¡Imagine si esto ocurriera con el
espíritu de inmigrantes, víctimas de daños
colaterales o de luchas entre criminales, en México
o Colombia, donde definitivamente la muerte violenta
ha sido una seria amenaza a la cohesión y
supervivencia del grupo!
Son
pocas las culturas, que se sabe dejaban a sus
muertos expuestos en palizadas, para servir de
alimento a aves carroñeras y en general animales
carnívoros; en cambio la hoy tan socorrida
incineración del cadáver, es tan antigua como la de
los pueblos asentados desde el antiguo Neolítico en
lo que ahora es Vietnam del Norte. Todavía hoy los
thais guardan las cenizas de sus difuntos en cofres
agrupados en el bosque. Con todo y la euforia que ha
traído a occidente costumbres budistas y sin que sea
claro el origen de la cremación en esta parte del
mundo, en las tradiciones indo-asiáticas, la
cremación no solo es el último sacrificio del
difunto
sino la forma mas expedita de acabar con la
envoltura material del espíritu y regresar cada
parte de sí al universo. Pero al igual que otros, el
religioso hindú se aferra la creencia de volver no
al Mictlán, ni al inframundo, ni al paraíso
cristiano sino al mundo de sus ancestros,
escapando a la turbulencia de los múltiples
renacimientos, como resultado de su devoción
santificante.
En el mundo moderno,
donde la espiritualidad se asocia a la incultura y
la necesidad humana de recuperación tras la pérdida
es atendida por psiquiatras y tanatólogos, más que
por curas y pastores, los rituales mortuorios
se han simplificado, por cuestiones económicas y
hasta por el yugo de modelos mediáticos –el ser
humano de éxito, no sufre, no se acongoja, no se
mira derrotado etc.- que a final
de cuentas tienen en el miedo a la muerte una
magnífica fuente de negocios a partir del rating y
la oferta de todo aquello que pueda atemperar el
temor. Llegar a la necesidad de realizar rituales
funerarios ficticios para los desaparecidos, como
una forma de resolver duelos no procesados es, a
juicio de muchos, lo peor que le ha ocurrido al ser
humano.
Siguiendo
esta línea de pensamiento desde el siglo XIV hasta
el XVIII, es buena la muerte del justo, es decir
aquel que sin aparente preocupación por ella durante
su vida en general se encuentra preparado y sin
importar que sufra una agonía dolorosa, confía en el
ángel guardián del libro de sus obras, sospechando a
veces del que muere sin preparase, pues quien
presentará su libro será el diablo.
«La
última ofrenda» Etimológicamente
antyaisti. El fuego de la hoguera consume al
individuo en cuanto forma transitoria del ser, ya
que su atman se seguirá reencarnando de
existencia en existencia