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UNA COLORADA (vale más que cien descoloridas)

Lilia Cisneros Luján

camaleones o mercenarios

27 de febrero de 2012

 “Todo político mexicano tiene un priísta en su interior”, es una frase que se acuñó a lo largo de los últimos 25 años. No fueron pocos, quienes a finales de los ochenta, se separaron del revolucionario institucional, alegando que “los dinosaurios” estaban traicionando a un pueblo que luchó por garantizar derechos sociales al campesino, al obrero y en general al ciudadano; así como dar certeza jurídica al pequeño propietario y el empresario honesto. El tiempo dio la razón a los pocos congruentes que se fueron o se quedaron, indignados por haber entregado la fuerza popular -como si tratara de una patente sujeta a comercialización- a traidores a la patria, calificados con el común denominador de “tecnócratas”

Con la ciudadanización democrática, grupos tradicionales de izquierda, se sumaron a estos calificados de “tránsfugas del priísmo”, muchos de los cuales, para desgracia de México y del IFE, desarrollaron una capacidad inaudita para el mimetismo. Proclamarse de izquierda, pero cobrar abultados sueldos con la derecha, ha pretendido ser audacia en vez de incongruencia. Coludirse con el enemigo con tal de conservar un poder que facilite seguir vendiendo la patria a pedazos, se considera “alianza” y para nada crimen organizado en contra de la nación.

La ideología, que marcaba diferencias entre las opciones que se ofrecían al votante en aras de una llamada pluralidad, ya no es observada, ni siquiera conocida por aspirantes a legisladores, presidentes municipales o gobernadores. ¿Quién además de los escribanos de discursos de cada partido conoce sus documentos básicos? Los candidatos se conforman con repetir eslogans diseñados por publicistas, o sea comerciantes del mercado electoral, sin saber el significado de estos ¿No es ello peor que no recordar el título de un libro o no asociar este con su autor?

Recuerdo al secretario estatal de un priísmo tradicional que antes de convertirse en subsecretario de gobernación decía que “a los candidatos no se les podía vender como jabón” Hoy en pleno auge de la mercadotecnia política, iniciada al final del sexenio de López Portillo, y más allá de la frase recomendada para cada aspirante que sin pudor ensucia las calles de ciudades y pueblos, parece haberse impuesto la corrupción de todos, el anhelo de estar arriba para seguir robando hacia adelante y la ausencia de moral aun en la familia. Todo ello en el cómodo y violento escenario de una mediocridad sin límites, que promueve la holganza y la irresponsabilidad, sin más afán que el poder por el poder mismo.

El cinismo ha llegado a tales niveles que no hay empacho en saltar de un partido a otro, con tal de mantenerse en el pandero de la fama y el acceso a los recursos públicos. Una actitud así no se observa ni en las calles de cualquier ciudad californiana famosa por sus “gangas”[1]. ¿Qué movió a Ruth Zavaleta o Héctor Chávez para dejar al PRD y convertirse en íntimos de quienes históricamente han comulgado con la extrema derecha conservadora? ¿Cuales son los valores de jóvenes imberbes como el actual diputado local del DF por el 27 distrito quien habiendo obtenido esa curul por el PAN ahora busca una federal con el apoyo de la alianza VERDE-PRI? Permanecer se convierte en obsesión para muchachos que jamás han hecho nada por sus representados como el ex asistente de Obdulio Ávila[2], quien busca ahora ser delegado de Coyoacán, pero con un equipo de “ex perredistas”. ¿Estros amarillos, ahora pintados de azul, le han garantizado el voto de los ambulantes y los franeleros? ¿El dicho apoyo, además de dinero supone la garantía de que los líderes de “los informales”[3] seguirán usando las calles de este histórico pueblo como si fuera su comodato gratuito? Si acaso ganara Retiz la delegación de Coyoacán, ¿Cuánto llegará a sus bolsillos, no solo por beneficios de campaña sino por usufructuar 3 años la vía pública? ¿Se lavará las manos sucias acusando a la hora de la verdad a los “áureo-negros”?

Las medias tintas ni manchan decía mi abuela. Se ha puesto de moda el discurso de quienes aseguran “yo no soy político, ni pertenezco a partido alguno, soy ciudadano, pero por favor toma nota de que tales me tienen harto y por eso te invito votar este otro” ¿¡¡¡!!!!?  En donde se perdió aquello del humano como "un zoon politikon”? Quienes ejercen la política ¿pierden su categoría de ciudadanos? ¿Multará el IFE a estos simpatizantes, como lo hizo con un boxeador o respetará la patente que les da el ser parte de la familia del duopolio?

En este circo de reptiles cambiantes de color bajo las diferentes influencias, la verdad innegable es que La Política, se ha prostituido por la proliferación de mercenarios. Soldados del negocio, el caos y la traición, pagados con el dinero del pueblo; ciudadanos auténticos que ya no tienen de donde sacar para asumir cargas fiscales y de servicios excesivos, como el agua, luz, carreteras, gas o gasolina, convertidos en barril con doble fondo para que estos mercenarios puedan seguirse multiplicando. ¿Será esto también parte de la delincuencia organizada?,


 

[1] Dícese en eslang de pochos, a las pandillas de muchachos atrabancados, violentos y hasta delincuentes.

[2] Hoy subsecretario de gobernación, ex candidato perdedor a la delegación de Coyoacán, y ex presidente del PAN en el DF

[3] Se les llama a los desempleados carentes de prestaciones, seguridad social controlados por ricos y explotadores protegidos por el gobierno.
 
 

UNA COLORADA (vale más que cien descoloridas)

Lilia Cisneros Luján

Crisis y Educación

20 de febrero de 2012

Al igual que nos hemos acostumbrado a las cifras cotidianas de muertos y desaparecidos, tampoco parecen hacernos mella las estadísticas que nos colocan en bajos niveles educativos. Las comparaciones internacionales en esta materia son una más de las consecuencias de la globalización, que nos ha sometido a procesos extralógicos, para definir niveles de vida, tanto en el plano de lo social como el económico. Hoy día, por el simple conteo de muertos se nos califica como un país más peligroso que Irak; se dice que ocupamos el primer lugar de niños gordos y algunos lamentan los últimos sitios asignados a México en materia educativa. Y más allá de los cuestionamientos que pudiéramos compartir a favor o en contra de quienes han posicionado maneras de evaluar cuantitativas y no cualitativas, que además pasan por alto la diversidad de realidades de cada grupo calificado, lo cierto es que sí adolecemos de retrocesos que podrían resolverse con simple voluntad política.

Sin pretender ser reduccionista, pregúntese ¿Porque la ley de cultura cívica es ineficaz en materias como evitar basura en las calles? ¿De verdad el alcoholímetro es la manera idónea para reducir la adicción a las bebidas embriagantes? ¿Por qué los índices de robo en tiendas de autoservicio o departamentales no ha podido disminuirse y si en cambio ha aumentado la sobrepoblación de pobres en las cárceles? ¿Cómo es que llegamos a catorce millones de personas en la economía informal? “Es problema de educación” le dirán muchos; lo malo es que este señalamiento no se hace con honestidad ni tampoco con la intención de subir el nivel educativo de los mexicanos, sino para desprestigiar a la educación pública, a los maestros -sobre todo sindicalizados- y como parte de una mercadotecnia encaminada a privilegiar los negocios educativos. ¿Cuantos jóvenes de universidades privadas “cortan y pegan” documentos almacenados en las redes virtuales, para ser calificados en infinidad de materias? ¿Cuántos de ellos han sido obligados a renunciar a su calidad de ponentes o han declinado una calificación? Las consultas bibliográficas, son tan antiguas como los documentos mismos; bibliotecas desde la de Alejandría, hasta las archi modernas, son para consultar ideas de otros que pueden o no sustentar u oponerse a nuestro punto de vista. Tiempos hubo en que se llegaba a ellas sin más recurso que los mecanismos de memoria, después se permitió una libreta y un lápiz, luego se promovió el sistema de fotocopias y hoy, simplemente es el “copy-paste” del Internet. ¿Dónde y cómo se desarrolló la flojera para redactar y en que punto se perdió la honestidad para citar al autor primario de la idea tomada como referente? ¿Será por la falta de civismo y ética en las curricula educativas?

Si un político perredista, que aspira a ser delegado en Coyoacán, utiliza dinero público asignado para asesoría legislativa, en la compra de voluntades, a fin de que “el pueblo participe en los comités ciudadanos” prefiriendo a personas analfabetas funcionales porque son las más fáciles de manejar; el nivel de este ejercicio democrático será deplorable. Y de ninguna manera se trata de negarles un espacio a estas personas, ya marginadas; lo ideal sería, utilizar tales recursos para enseñarles a mejor leer y escribir a fin de elevar el nivel de La Política y no como bolsa discrecional de diputados o delegados. Algo similar ocurre cuando, con absoluta carencia de ética, en las campañas electorales se ofrece, por ejemplo, crear empleos sin abordar el hecho de que la economía mexicana se sustenta en modelos informales que fomentan conductas delictivas, como lo es la evasión de impuestos, el ejercicio indebido de la función pública o la colusión entre funcionarios y particulares para incumplir la ley.

Ante esta ausencia de congruencia y de valores, la diarrea legislativa[1] fomenta lodazales sociales, donde el enfrentamiento de trabajadores contra patrones; “ciudadanos” y políticos, policías o ladrones” y a la inversa; parecen normales y casi justificatorios de la ausencia de paz, propiciatoria de un ambiente idóneo para el estudio, la superación y el apoyo mutuo. ¿Cómo evitar que los niños y jóvenes mientan si se gastan millones del erario en inventar y publicitar beneficios inexistentes? ¿Quién se puede arriesgar a denunciar el rayón, pinchadura, manotazo que da un “viene viene” a su coche, si le protege un líder coludido con el policía? ¿Cómo cumplir los reglamentos que señalan que la vía pública es para transitar, si a los ambulantes "fijos y semifijos" los avala justo el inspector de vía pública? ¿Será posible disminuir los índices de obesidad, diabetes o accidentes fatales-quemaduras, intoxicaciones etc.- mientras no haya el valor de retirar de las calles a los vendedores de alimentos? ¿Podrán estos comerciantes informales, pasar a la formalidad mientras el abrir un negocio sea peor que una carrera mortal de obstáculos?

Sin restar méritos a análisis educativos carentes de explicaciones acerca de las relaciones causales de los negativos resultados asignados a México; buena parte del problema se resolvería, si desde el gobierno se empiezan a desarrollar sistemas de control -no autoritarios ni represivos, aunque sí firmes, éticos y valientes- que permitan potenciar las muchas cualidades de nuestros niños, jóvenes y adultos. Por supuesto esto no conviene ni a los negocios globales de la educación ni a los bolsillos de muchos precandidatos que debieran aprovechar esta “ínter campaña” para estudiar y reflexionar acerca de las responsabilidades que deben asumir al convertirse en legisladores, gobernadores, delegados o presidente. Tarea muy difícil para solo 45 días; pero necesaria si no quieren correr el riesgo de que La Nación se los demande.


[1] Es vergonzoso admitir, que un buen número de ordenamientos se promulga a modo del poderoso en turno, para disimular. la abierta violación a principios constitucionales y de voluntad popular, en beneficio de unos cuantos.

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Lilia Cisneros Luján

Hipocresía

13 de febrero de 2012

Exigir al otro, modos de comportamiento que se es incapaz de seguir, representa la forma más pura de hipocresía. El hipócrita pretende mostrar cualidades de grandeza, bonhomía y en general valores de los cuales carece; casi siempre con el afán de revestirse de cierta reputación positiva que le es imposible lograr por sus actos cotidianos. La hipocresía, es tan antigua como el humano mismo, las lenguas griega y latina usaban vocablos específicos, para definir a quien actúa o finge una respuesta[1] juzgando de manera crítica y por debajo de la habilidad decisoria del propio sujeto de este verbo[2].

Por diversas razones de tipo moral, ser calificado de hipócrita es casi un estigma; sin embargo en la plenitud de la llamada "sociedad de la información”, la hipocresía, se ha tornado en una habilidad, que impone conocer y ejercer una serie de reglas y procedimientos en los cuales es difícil encontrar la línea entre lo aceptado y lo reprobado.

El ámbito más antiguo donde esto se puede notar objetivamente es del de la diplomacia. Un buen diplomático, tiene gran capacidad de moverse en mundos propios y ajenos, en los cuales a partir del descubrimiento o conocimiento de aspectos simbólicos del lenguaje, los gestos y las acciones del otro, es capaz de enseñar lo que desea, al mismo tiempo de ocultar lo que no es conveniente mostrar. Algunos consideran a la hipocresía como un tipo de mentira, incluso calificada de piadosa y, ciertas corrientes psicológicas, suponen que el “engaño” es un mecanismo de autodefensa, mediante el cual el hipócrita, como resultado de su poca capacidad para reconocer sus imperfecciones y limitaciones, las proyecta o atribuye a otros, justificándose a sí mismo.

Con salvedades, como las mencionadas en los dos ejemplos anteriores, al hipócrita se le asocia de manera oprobiosa con la deshonestidad, el engaño, la cobardía –al requerir de una pantalla para ocultar quien es realmente- la prepotencia para proyectar una grandeza y bondad de la cual carece, motivo por el cual requiere de grandes esfuerzos externos –la publicidad es el mejor instrumento para ello- a fin de construir apariencias que glorifiquen su actuación. Si esto lo llevamos al plano de la politiquería y los procesos electorales modernos, podemos explicar, los escandalosos dispendios que en todo el mundo hacen candidatos incapaces de calificar en sí mismos, los valores –sobre todo negativos- que atribuyen a sus contendientes. ¿Podemos creerle a un aspirante a diputado, que se autodefine como protector del ambiente y preocupado por el cambio climático, al tiempo que contamina una ciudad, con gallardetes, lonas, pasacalles y bardas? ¿Donde está la honestidad de quien se compromete a cumplir la Ley –uno de cuales postulados es la no reelección- pero que deja inconclusa su responsabilidad –en cualquier ámbito del gobierno- para jugar como senador, delegado o gobernador? ¿Bastará el enunciado amoroso, para logar abatir las desigualdades sociales? ¿Puede un pueblo, sometido a una guerra que no es propia, confiar en quien ofrece paz y armonía, pero al mismo tiempo vitupera y usa recursos que no le son propios para denostar al propio y al ajeno?

En esta realidad de personas acostumbradas a esconder sus intenciones y verdadera personalidad, donde la simulación y el disimulo coexisten en medio de una doble moral –el adultero casi sierpe condena en otros el tener un amante- actuada por políticos que en el discurso se llaman de centro izquierda pero se asocian con la extrema derecha o pacifistas que segundos después de sus declaraciones envían tropas a las puertas del vecino; México y Estados Unidos, tendrán elecciones este año.

La humanidad del siglo XXI, en este 2012 señalado por los antiguos mayas como el fin de una época, insiste en un anhelo no logrado por las naciones unidas en diversos, cónclaves, declaraciones y propósitos: La paz, el término de las contradicciones que provocan guerras, hambruna y muerte; la utilización poco objetiva del lenguaje y las imágenes que ocultan millones de enfermos, otros tantos sin techo y unos más sin posibilidad de alimentarse adecuadamente. En el fingimiento de cualidades del neoliberalismo y otras corrientes políticas y filosóficas, unos cuantos hipócritas se han enriquecido, mientras que otros millones carecen de los mínimos de vida declarados en costosas reuniones mundiales. Estos hipócritas, tratan de lavar su culpas, reduciendo su responsabilidad a la primitiva ocupación de recolectores y mensajeros, llevando a grupos de explotados[3] toneladas de alimentos que a la larga, destruyen culturas, someten a los “beneficiaros” al convertirlos en limosneros de caprichosos, poderosos y destructores de idiomas, historia y valores. Defender disparates indefendibles, es ser ignorante además de hipócrita. Callar frente a estos depredadores, implica no solo cobardía, sino asimilación al hipócrita lo cual llevará a toda la raza humana, a la extinción total por la ausencia de claridad, franqueza, confianza, honestidad y dignidad.
 


[1] La palabra proviene del latín tardío hypocrisis

[2] El verbo asociado es υποκρίνομαι (hypokrinomai), es decir, "tomo parte". Ambos derivan del verbo κρίνω, "juzgar" (»κρίση, "juicio" »κριτική [kritiki], "críticos"). El prefijo griego hipo-, que significa "debajo", y del verbo krinein, que significa "decidir".

[3] Lo mismo en Africa que en la Tarahumara

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Lilia Cisneros Luján

Constitución de 1917

6 de febrero de 2012

Hay conceptos que el tiempo no desgasta. A fuerza de pensarlo y luego decirlos, pueden convertirse en convicción, no solo propia sino de otros. Por ello, en remembranza de la promulgación de la constitución de 1917, no quiero inventar el hilo negro, simplemente reproduzco, las palabras expresadas en esa misma fecha pero del año 2005. Terminaba un sexenio que ofreció cambios, alternancia, renovación. Acepté gustosa la invitación que entonces me hiciera un importante grupo de la hoy llamada “sociedad Civil”, me refiero a Constitución y República Siglo XXI.  Lo que ha ocurrido en seis años, lo hemos sufrido millones de ciudadanos.

“México siempre había sido un país de leyes. Desde nuestras raíces prehispánicas, las condiciones de vida de un pueblo eminentemente lacustre impusieron la repartición de funciones, sobre la base de la veneración a la sabiduría de los ancianos y notables, la observancia de una estricta disciplina jerárquica, la sumisión a sus leyes, el respeto a las creencias por medio de una educación estricta y minuciosa. El pacto de Itzcoatl es quizá uno de los antecedentes más antiguos de reglamentación en asuntos económicos, fiscales, reparto de tributos, satisfacción de necesidades sociales, alianzas matrimoniales y ayuda mutua en el caso de calamidades; amén de considerar aspectos administrativos como fue el reparto de funciones entre los tres estados que conformaron dicho pacto.

La invasión europea, rompió este orden e introdujo una nueva visión a los gobiernos de los calpullis y señoríos de aquella época y así en un sucesivo cambio, la nación fue asimilando su mestizaje y regulando su actividad cotidiana en diversos ordenamientos hasta llegar al siglo XX, en el que con maestría el pueblo -al depositar su soberanía en el constituyente- promulgó la primera constitución del planeta que logró integrar en un orden jurídico magistral, la confluencia de las eternas luchas para alcanzar un equilibrio que tuvo como visión integral, la garantía de los derechos individuales y la salvaguarda de los derechos sociales enraizados en nuestra esencia.

Hoy a 95[1] años de ese histórico momento, nuestro sistema jurídico se ha convertido en una amalgama normativa complicada, contradictoria e ineficaz. Aquel documento, cuyo original arrancó de lo más profundo de mis Ser, lágrimas de emoción el día que tuve la oportunidad de observarlo en el archivo general d la Nación, se ha convertido en un desdibujado remedo resultado de más de 4 centenas de parches, justificados en aras de una modernidad mal comprendida que encierra la perversidad de los enemigos de México.

El mercantilismo, la ambición sin límites, el abuso del poder, hicieron de lado el Espíritu de las Leyes y los Principios Generales del Derecho. Los abogados hemos pecado de omisión. Uno que otro con mente preclara vierte análisis sobre la inconstitucionalidad de muchas reformas e insiste en la pertinencia de atacar estos desvíos por la vía de la nulidad u otros procedimientos jurídicos. Y las preguntas se imponen ¿Qué esperamos para pasar del discurso a los hechos? ¿Será necesario que el pueblo en su desesperación haga uso de la violencia para volver a un Estado de Derecho plasmado en 1917 en un documento señero único en materia de normatividad de avanzada?

Vivimos hoy un momento muy delicado para la permanencia de las naciones, el respeto a la soberanía y la garantía de los más elementales derechos del hombre. La esclavitud -abolida, en la Constitución de 1917- de facto se ha restaurado, las cadenas de antaño son hoy, tarjetas de plástico insertas en los sistemas internacionales de crédito; los derechos laborales no resisten la ambición y el dominio desmedidos de las fuertes transnacionales, el derecho a la intimidad es conculcado por una torcida interpretación de la libertad de expresión, el derecho social en todas sus vertientes sucumbe ante los embates del individualismo exacerbado y una visión inhumana del mercado”

Ayer, más importante que celebrar el noventa cinco aniversario de la promulgación de aquel documento, lo fueron las elecciones internas y las encuestas de partidos cuyos militantes se podrían hasta matar con tal de obtener y mantener una cuota de poder. ¿Y el pueblo? disfruta hoy de un día de asueto, cuya celebración tal vez ni relacione con la constitución de 1917. Muchos profesionistas, se han convertido en taxistas, comerciantes de garnachas o vendedores de ropa de segunda en los tianguis semanales. La economía, no tiene para cuando pues la actual está fundamentada en la informalidad, el desprecio por las leyes y el privilegio a la ganancia aun cuando lo que se venda sea robado, contrabandeado, pirateado o de mala calidad.

Para nuestra desgracia, a seis años de haber expresado las anteriores palabras, se sigue mutilando la esencia de ese magnífico documento. Ha perdido aspectos tan importantes, como la separación iglesia estado, la laicidad, las soberanía sobre los bienes nacionales -hidrocarburos, energía, espacio aéreo etc.- y lo que es más grave, la obligatoriedad de que el gobierno cumpla funciones encaminadas al bien común. Por ello insisto en lo que dije el sexenio pasado: “Es tiempo de actuar, de defender con la justicia los derechos de nuestro pueblo, de conducirnos con energía sin desestimar la sabiduría y la mesura. Si no pasamos de la omisión a la acción, lo que estamos poniendo en juego es el futuro de nuestros hijos y nietos”
 


[1] En el texto original dije “hoy a casi 90 años”

 

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