|
ENTÉRESE DESDE SU
MOVIL, CONECTESE A INTERNET Y SOLO ESCRIBA: http://eljejen.com |
|
|
|
RECOMIENDE ESTE CONTENIDO |
|
INFORME ROJO
El espía de Yunes* Duarte no está preparado para gobernar Veracruz: Ampudia * La muerte del ex yerno de Fidel * EPN filtró que no pactaría con el crimen organizado * La desaparición del periodista de Poza Rica * Willy Souza, encarcelado por fraude * El de los 25 millones en efectivo, decomisados 31 de julio de 2012 No adornan grandes méritos la carrera política de Enrique Ampudia Mello, como no sea su execrable fama de espía y su don maléfico para la tenebra, la intriga de magnitud letal, tan necesaria para el régimen duartista que extraviado, ausente del mundo real, no da una en el intrincado desafío de gobernar Veracruz. Nombrado subsecretario de Gobierno, Ampudia Mello no ha dejado de recibir metralla y, por igual, elogios demenciales a su brillante trayectoria política, con que lo describió su amo en turno, su nuevo arrendador, el gobernador Javier Duarte de Ochoa, polarizando los sentires de los opinadores en torno a la figura del recientemente contratado perverso de palacio. Político, no es. Espía, sí. No fue Ampudia quien inventó ni armó el palomar del palacio de gobierno en el régimen chirinista, cuya autoría intelectual de aquel centro de información ilegal, situado en la azotea de la sede de gobierno, se le atribuye a Fernando Gutiérrez Barrios en su minigobierno, un área que concentraba la vida y milagros de los veracruzanos todos, amigos del fanático de la represión —terso para reventar a quien se cruzaba en su camino—y más aún a los enemigos del hombre leyenda —leyenda negra, como su pasado en los sótanos del poder— a quienes debía acalambrar con el poder de la información personal. Ampudia cosechó todo aquel arsenal de datos. Lo usó para allanar el terreno agreste en el que se movía su jefe e impulsor, Miguel Angel Yunes Linares, formalmente secretario de Gobierno, pero en el ajedrez político el otro yo del gobernador Patricio Chirinos Calero, su mano ejecutora. Enrique Ampudia ocupaba la Dirección de Gobernación. Desde ahí hurgaba en vidas ajenas y usaba ese filón para aplicar la quebradora; se entrometía en todo, sin ápice de ética, vulnerando intimidad, privacidades, secretos personales, cuanto fuera pero útil para someter o doblegar. A la antigua, Ampudia Mello lograba grabaciones capturadas en los postes o en las centrales telefónicas. Nada que ver con el uso de aparatos sofisticados de hoy: escáner, micrófonos direccionales y todo lo que hoy ofrece la tecnología. Hacía su chamba para Yunes como Dios le daba a entender, con lo que tenía a su alcance, lo que fuera con tal de cumplir con su misión de espía. Políticamente, Enrique Ampudia no existe. Así haya picado piedra en el PRI de Colosio, en la CNOP de Manlio Fabio Beltrones, donde fuera, no existe. Ser subsecretario de Gobierno es, pues, una locura descomunal, negado para la diplomacia y menos, mucho menos, para suavizarle el lomo a cientos de políticos a quienes persiguió y, sobre todo, agravió en el pasado. Su vida institucional tiene que ver con los sótanos del poder y, paradójicamente, con la asistencia social. Yunes Linares lo llevó a la Coordinación de Sistema de Seguridad Pública y a la Secretaría General y Secretaría de la Junta Directiva del ISSSTE, bajo las botas del nacido en Soledad de Doblado. Hay un error de cálculo en la designación de Javier Duarte. Que Ampudia pueda tender puentes con políticos a quienes torció la mano, es inimaginable. Le van a decir que sí, pero en cuanto la oportunidad se presente lo van a cortar con una daga en dos, derramando toda la sangre que se reuiera. Si el acuerdo es para conducir mejor el proceso electoral de 2013 —renovación del Congreso y alcaldías de cuatro años— lo que asoma es la pulverización del PRI, tan o más humillante que la derrota de 1997, cuando los priístas se la cobraron a Yunes Linares y lo echaron del PRI estatal. No bien desempacaba Ampudia en la Subsecretaría de Gobierno, mostró su afán por el teatro de revista. Fingió un pleito a partir de una llamada telefónica que le hizo a Yunes Linares –a sus órdenes, jefe— para “contarle” que no supo cómo le cayó el nombramiento y, claro, le agradecía sus “enseñanzas”, obvio sin precisar el espionaje, la intromisión en vidas ajenas y la represión a los enemigos, pues se hubiera exhibido como lo que es. Divulgada, colocada al alcance de todos, la grabación de la llamada se publicó en el diario Notiver, el que más espacio le dio a Yunes Linares cuando era candidato del PAN al gobierno de Veracruz. Ampudia, falsamente herido, recriminó al político azul y simuló un deslinde, incluido que lo contara en su lista de adversarios. Patraña burda, nadie creyó en un pleito tan a modo. El objetivo era que Ampudia no fuera observado como los ojos, los oídos y las tenazas de Yunes en la cúspide del poder en Veracruz, aunque así sea. Colgados de las lámparas, los priístas se preguntan qué hizo Javier Duarte al entregar tácticamente el gobierno de Veracruz. Ellos, descalzonados como son, no lo van a decir. Los periodistas que han hurgado en esta trama de pésimo guión sí. Citan, por ejemplo, cuando Ampudia operaba para Yunes durante el conflicto poselectoral por la gubernatura. Recuerdan una reunión en Fortín de las Flores con las bases panistas. Ahí, barítono del coro yunista, el hoy subsecretario de Gobierno externó lo que en privado era vértice de la protesta de Miguel Angel: Javier Duarte fue llevado a la victoria en las urnas de la mano del crimen organizado. Hipólito Cuevas, analista y observador de ese proceso electoral, lo reseñó y advirtió que entre los argumentos de Ampudia Mello ante los panistas estaba el gasto descomunal para apuntalar la campaña de Javier Duarte, que provocó la quiebra técnica del gobierno de Veracruz. Cuevas usó, además una frase que hoy retrata el doble lenguaje del subsecretario Ampudia: “consideró que Javier Duarte no merece ser gobernador porque no es un veracruzano que esté preparado para enfrentarse a la exigencia de las difíciles circunstancias que vive el Estado de Veracruz”. Le atinó. Diecinueve meses han bastado para medir las limitaciones de Javier Duarte, empantanado, Veracruz sin avance, a merced del crimen organizado, políticamente extraviado. Y ahora, en manos del espía de Yunes. Archivo muerto Juan Armando Hinojosa García, empresario del círculo cercano a Enrique Peña Nieto, perdió la vida al desplomarse su helicóptero, en la sierra de Temoaya, en el Estado de México. Ocurrió al filo de la medianoche del sábado 28. Murió él y los dos tripulantes. Horas antes, había participado en una comida con el virtual Presidente de México. Su padre, Juan Armando Hinojosa Cantú, propietario de constructoras, empresas de aviación y diseño gráfico, se hizo acreedor al mote del “contratista favorito de Peña Nieto”, pues en su gobierno en el Estado de México, le otorgó obras por más de 7 mil millones de pesos. Una de sus compañías, HIGA, aparece en la triangulación de fondos, incluso desde el extranjero, para financiar la campaña de Peña Nieto. Hinojosa Cantú será, con toda seguridad, el contratista favorito del próximo sexenio. El fallecido Juan Armando Hinojosa García, fue esposo de Rosa Herrera Borunda, hija del ex gobernador Fidel Herrera Beltrán. Las investigaciones apenas comienzan para esclarecer qué pudo provocar el desplome del helicóptero. Días antes, el 26 de julio, el asesor de Peña Nieto para asuntos de seguridad, el general colombiano Oscar Naranjo Trujillo, había expresado que una vez que EPN llegue a la Presidencia “no pactará con el crimen organizado”. Dos días después se desplomó la aeronave con saldo trágico. El helicóptero accidentado fue usado en diversas ocasiones por Peña Nieto en su campaña por la Presidencia de México… Sin una pista, como si se lo hubiera tragado la tierra, se esfumó Miguel Morales Estrada, fotógrafo de prensa, dedicado a la nota policíaca, de la plantilla de Diario de Poza Rica, periódico de la familia Macías, ligada estrechamente al gobierno de Veracruz, cuyos directivos dicen que tiempo atrás había dejado su empleo así, intempestivamente, por razones que no reveló. Desapareció hace ya semana y media, el jueves 19. No hay rastro de él, pero sí angustia, pesar y, sobre todo, malestar. Al paso de los días, al no darse con su paradero, sin saber qué ocurrió, su esposa interpuso una denuncia ante la Procuraduría de Veracruz. Miguel Morales se suma a la lista de desaparecidos, de los nueve comunicadores asesinados, algunos desmembrados, durante el régimen duartista, siendo ya Veracruz el estado más violento para el ejercicio del periodismo, en las manos de un gobernador, Javier Duarte de Ochoa, que no cesa en expresar de mil formas su repudio a la libertad de expresión y peor, mucho peor, a la crítica… Willy Souza, fotógrafo y productor de videos y promocionales, fue aprehendido y sujeto a juicio tras que se le dictara auto de formal prisión por una denuncia por fraude del orden de 85 millones de pesos, interpuesta por dos empresarias, quienes le depositaron 60 millones para la realización del proyecto México en tus sentidos, y otros 25 a cuenta de un préstamo solicitado por la madre del productor. Willy Souza —Luis Manuel Souza Teco— es el mismo al que supuestamente el gobierno de Veracruz le pagaría 25 millones de pesos en efectivo, para la realización de los promocionales del Carnaval de Veracruz, la Cumbre Tajín y la Fiesta de la Candelaria, decomisados en el aeropuerto de Toluca por la policía federal al no acreditarse inicialmente la legalidad de esa transacción. Souza jugó un papel relevante en esa maniobra. No aparecía en el padrón de prestadores de servicios del gobierno de Veracruz, pero se le haría llegar el pago de sus servicios en efectivo, lo que acrecentó las sospechas. Supuestamente por la premura por pagarle, el gobierno de Javier Duarte dispuso que no se le realizara una transferencia bancaria sino que se le llevara el dinero en una maleta, lo que evidentemente es un contrasentido. Finalmente, luego de varios meses de gestiones, el gobierno federal le regresó los 25 millones de pesos al gobierno veracruzano. Souza, el hoy encarcelado, les salvó el pellejo con su inverosímil coartada… INFORME ROJO
Javier Duarte: Ley Mordaza* Tony Macías: otro amparo perdido * Theurel despide personal en el DIF * Marcelo Montiel y los vales de cemento chafas * Rocío Nahle le falló al Peje * 40 por ciento de las casillas descuidó el PRD * El PANAL va con el PRI en 2013 26 de julio de 2012 Forjado para todo, no para el poder, Javier Duarte de Ochoa siente y desliza, nada sutil, la tentación de reprimir. Su intento de reforma al Código Electoral del Estado de Veracruz, con graves matices de inconstitucionalidad, lo tiene en el centro de un escándalo incendiario por su ansiedad no contenida, burdamente exhibida, por desactivar, mediatizar o pulverizar, con argucias legaloides, a la prensa crítica. De su autoría, un fragmento de la Ley Duarte, el apelativo con el que se le conoce en la jerga popular al engendro reformador, tiene especial dedicatoria, puntillosa y dolosa, hacia los medios de comunicación, a quienes de soslayo, intenta controlar. Se trata del artículo 48 del citado Código Electoral, suprimido del texto tras las múltiples condenas que suscitó, cuya esencia reveló la mecánica con la que el demócrata Javier Duarte pretende someter a los medios de comunicación que deseen pactar publicidad durante el proceso electoral de 2013, con miras a renovar alcaldías y el Congreso local. Su pretensión era obligarlos a cubrir una serie de requisitos para poder acceder a los convenios publicitarios, pero en el apartado tercero se rompió la fuente y el alumbramiento terminó en un aborto prematuro. Decía textualmente el polémico apartado: “Las organizaciones políticas no podrán contratar espacios publicitarios en aquéllos medios que aun habiendo efectuado los registros señalados en este artículo, publiquen mensajes en contra de cualquier partido, coalición o candidato. “La contratación por parte de una organización política de mensajes dirigidos a promover el voto en contra de algún partido, coalición o candidato, o la efectuada en contravención a lo dispuesto en el párrafo precedente se considerará como infracción a las obligaciones impuestas a dichas organizaciones”. A Javier Duarte le produce urticaria la prensa. Por eso la reforma al Código Electoral del Estado de Veracruz también contempla un apartado para monitorear a otros medios, no radio ni televisión, para cumplir el contenido de la ley. O sea, tiene como destinataria a la prensa escrita. No caminó mucho el gobernador de Veracruz en su misión represora. Desatada la polémica en redes sociales, vapuleado desde el fin de semana pasado, ofreció suprimir el controversial artículo 48. Su argumento, sin embargo, fue tan endeble como frágil, difícil de creer. Dijo que su preocupación es la “guerra sucia” en época electoral. Nada más alejado de la realidad. Su campaña a la gubernatura de Veracruz se basó en la guerra sucia que desató contra el candidato del Partido Acción Nacional, Miguel Angel Yunes Linares, acusándolo de pederasta, de ser cómplice del narcotráfico, de haber dejado escapar al capo Joaquín Guzmán Loera El Chapo, de la prisión de alta seguridad de Puente Grande, y de reprimir periodistas y grupos sociales. Para llegar al palacio de gobierno de Xalapa, Javier Duarte se montó en una “guerra sucia” peor que la que el PRI orquestó contra Andrés Manuel López Obrador, en la elección presidencial de 2006. Admirador de Francisco Franco, el dictador español, a quien se acusa de genocida y enemigo de la libertad de expresión, Javier Duarte padece fobia a la prensa crítica y no soporta lo que se publica, difunde o comenta de su desgobierno. Su Ley Mordaza fue neutralizada, pero exhibió su misión represora, su deseo de enfrentar, combatir, someter y aniquilar a la prensa crítica. Su iniciativa de reforma al Código Electoral es una regresión en materia informativa. La Ley Duarte muestra tintes de inconstitucionalidad en materia de libertad de expresión y evidencia un desprecio inaceptable en un régimen democrático. Que haya retirado el texto referente al artículo 48, no lo exime de la intención de mediatizar la libertad de expresión. Duarte no está hecho para la crítica. A diferencia de otra fauna política, tiene la piel sensible, extremadamente irritable, impreparado para la polémica, menos aún para el tsunami informativo. Le falta reposo, capacidad de análisis y mesura para encarar la crítica a sus desafortunadas decisiones y pésimo manejo del aparato de poder. Así son los políticos soberbios, cazados con la idea de su infalibilidad, casi perfectos, negada para ellos la posibilidad de incurrir en errores. A partir de ahí, Javier Duarte está perdido. Su gobierno es un compendio de desastres, de desatinos, de arbitrariedades calculadas y de abusos nada espontáneos. Por eso no quiere que la prensa crítica hable. Por eso, la tentación de reprimir. Archivo muerto Una más de Tony Macías, el suegro incómodo del gobernador Javier Duarte: falló en su intento de lograr un amparo federal contra una denuncia por defraudación fiscal equiparable, en el año 2008. Contundente, la sentencia fue emitida por el Tercer Tribunal Colegiado de Circuito con sede Villahermosa. Corresponde al expediente 00589/2008, cuyo origen se da por una denuncia por fraude y abuso de confianza de carácter federal. No es el único caso. Hay más, mucho más… Abatido por su incapacidad para operar votos para el PRI, Marco César Theurel Cotero la emprendió contra el personal del DIF Municipal. Una decena de empleados fueron cesados, responsabilizados, ya no de ganar sino de matizar la anunciada derrota de Enrique Peña Nieto en el distrito de Coatzacoalcos; o sea, de que perdiera pero que no fuera aplastado por el candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador. Insensible Theurel, y también la primera dama, Guadalupe Félix Porras, los echaron a la calle, no por cuestiones laborales sino por una reacción irracional, por una decisión tomada con las tripas. Se resiste a admitir el alcalde de Coatzacoalcos que el problema tiene siglas: M de Marcos, T de Theurel y C de Cotero; que si tuviera liderazgo las promotoras sociales habrían marchado a su lado y EPN no hubiera resultado tan trompeado; que si lo avalara la obra pública, tendría algo de capital político. Pero no. Su gobierno destila rencor, frustración, ánimo malsano, ira explosiva y una ambición irrefrenable, impúdica, descarada, traducida en la asignación de contratos a los amigos y hasta a sus burócratas —gatos de angora, pero al fin gatos—, que no son otra cosa que tapaderas de negocios turbios con cargo al erario. Theurel carece de operación política, de sensibilidad para tejer lealtades, de tacto para trabar acuerdos, y deriva sus culpas en el personal del DIF; los corre transgrediendo sus derechos laborales, e incuba un conflicto que, a la postre, le generará una sangría económica brutal al Ayuntamiento de Coatzacoalcos… Irritados, cientos de electores en Coatzacoalcos reclaman la burla del secretario de Desarrollo Social del gobierno de Veracruz, Marcelo Montiel Montiel. A cambio de su voto, recibieron vales que serían canjeados por cinco sacos de cemento, equivalente a 500 pesos. Al presentarse a hacer efectivo el trato, fueron informados que los vales carecían de valor. Engañados y molestos, hoy aseguran que aportarán esa prueba al candidato de la izquierda, Andrés Manuel López, incluido el nombre del autor de la patraña, Marcelo Montiel, para lo que el TRIFE y la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales requieran… No malas, sino pésimas cuentas entregará Norma Rocío Nahle García a Andrés Manuel López Obrador, por el descuido de la elección en el distrito de Coatzacoalcos. Un análisis de la elección establece que PRD, PT y Movimiento Ciudadano dejaron de cubrir el 40 por ciento de las casillas. López Obrador logró casi 90 mil votos, pero pudo haber superado los 100 mil; en cambio, Rocío Nahle perdió la diputación federal, aun con sus 71 mil votos, producto del efecto Peje, frente al priísta Joaquín Caballero Rosiñol. En las actas de escrutinio queda constancia del fracaso de la estructura electoral de La Llanera Solitita, reina de la terquedad, empecinada en reñir con las tribus perredistas, hablar con desprecio del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) y no contar con un equipo de trabajo para enfrentar una elección, que terminó de sepultar al eje PRD-PT-MC, la izquierda que por primera vez, desde 1988, pierde una elección presidencial en Coatzacoalcos. Aquí, en INFORME ROJO, como sobrada anticipación, se dijo, y los hechos lo confirmaron: con Rocío Nahle, El Peje se equivocó… Uno menos en la contienda electoral municipal: el Partido Nueva Alianza se trepará en el barco el PRI para la contienda por la alcaldía de Coatzacoalcos, con miras a asegurar un espacio en el próximo Ayuntamiento. En 2013, el PANAL no será oposición. No da paso sin guarache la maestra Elba Esther Gordillo. Antier fue tricolor; ayer, azul, y hoy nuevamente tricolor. Ella gana, el PRI la solapa y la educación se pudre… INFORME ROJO
Tony Macías y Marcelo, a la greña* Duarte le estorba a Peña Nieto * Vientos de renuncia * Amadreo y Yunes Landa, al relevo * Theurel, el mayor endeudador de Coatza * 30 años para pagarle a BANOBRAS * Yuen prepara la jubilación de Hernández Toledo Tony Macías y Marcelo Montiel Montiel son como agua y aceite: uno en su parcela, los negocios, y el otro en la suya, la política. Tony es un político frustrado y Marcelo es un empresario encubierto. Se mastican pero no se tragan; se toleran pero difícilmente se aguantan. Personajes de doble cara, cuidadosos de las formas, sonrisa fingida, abrazo hipócrita, buenos para la foto, priístas los dos, habían mantenido una relación de respeto, falsa camaradería, hasta que la elección federal los situó frente a frente. Suegro incómodo de Javier Duarte de Ochoa, el gobernador de Veracruz, Jesús Antonio Macías Yazegey tuvo la tarea de promover el voto en el sur de Veracruz para Enrique Peña Nieto, pero fue un fiasco. Su fracaso fue monumental, avasallado el candidato presidencial priísta por Andrés Manuel López Obrador, que le propinó una derrota humillante: 90 mil votos para la izquierda política contra 56 mil sufragios apenas pepenados por el hijo predilecto de Atlacomulco. Por las manos de Tony Macías pasó la mejor propaganda para la elección, la más costosa y la más atractiva; la que motiva a los votantes y la que los lleva a las urnas. Pero no supo aterrizarla. Se vendió ante su compadre, el líder nacional del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, como un motor del voto, confiado en el efecto Peña Nieto para vencer el arrastre de la izquierda en el sur de Veracruz, pero nada de eso evitó la debacle. Ineficaz, desconectado de su entorno político, entregó un saldo rojo, acorde con su falta de tablas y nula sensibilidad. Tony Macías es iletrado en operación política. Lo bueno lo daña, y el terreno fértil lo destruye. Siembra trigo y cosecha cizaña; compra gato y le despachan liebre. Fue, pues, una pifia garrafal darle semejante encargo. Ignorante de cómo producir votos, carente de visión, negado para la política, derramó todo lo que tenía en sectores que no acuden a las urnas o que reciben las prebendas del PRI y votan por la oposición. No tiene la geografía electoral bien clara y no hubo un solo priísta que le advirtiera dónde y cómo se debe operar políticamente. Le dio municiones al enemigo, ayudado en sus torpezas por el alcalde Marco César Theurel Cotero, peleado éste a muerte con promotoras sociales y sin realizar obra pública que le diera capital político al PRI. La derrota, pues, fue de antología. Enconados los ánimos, coincidieron Tony Macías y Marcelo Montiel, el secretario de Desarrollo Social del gobierno veracruzano, en el aeropuerto de Canticas, a 18 kilómetros de Coatzacoalcos. Cuenta la versión que ese día Montiel había acompañado al cónsul de Honduras en su visita a los migrantes varados en Coatzacoalcos, bajo el puente de la Avenida Uno, en espera que se repararan vías y puentes ferroviarios para proseguir su camino a Estados Unidos. Se hallaban en el hangar que utiliza el gobierno de Veracruz. Despidieron al cónsul. Uno y otro cruzaban palabras con cordialidad fingida. Y de pronto, se encendió la chispa. Súbitamente, Tony Macías reclamó a Marcelo Montiel por la derrota estrepitosa que sufriera Enrique Peña Nieto. “Teníamos un pacto”, citó Tony Macías en una frase cuidada y puntillosa, y de ahí en adelante nada lo detenía. Marcelo Montiel se escudó en que su compromiso era con el candidato a diputado federal del PRI, Joaquín Caballero Rosiñol, con Peña Nieto y con los aspirantes al Senado, José Francisco y Héctor Yunes. A todos, dijo, los promovió por igual. Subía de tono el reclamo de Tony Macías. Marcelo Montiel atajaba. Acusado de no operar más que para Caballero Rosiñol, el secretario de Desarrollo Social enrojecía el rostro, más que por las palabras necias del empresario, por la vergüenza que pasaba frente a los guaruras del suegro incómodo y el personal del hangar. ¿Por qué sí ganó la elección Caballero Rosiñol, su propuesta, su ahijado, su ex secretario de Obras Públicas en Coatzacoalcos y director de Obras en el gobierno de Veracruz, y no Peña Nieto ni los Yunes? Desde su primera fila, un testigo ocular observaba a Marcelo Montiel imputar desaciertos a Tony Macías. Estiró el brazo. Lo acercó al hombro del suegro incómodo. Tony le puso una mano enfrente, rechazo manifiesto, señal de ira desbordada. Otra mano impetuosa apareció, la del secretario de Tony Macías, Isaac Pérez Negrón, que enfrentaba con ademán violento al secretario de Desarrollo Social del régimen duartista, con ganas de partirle el alma. Dice la versión que se interpusieron los guaruras y evitaron una gresca mayor. Junto a Marcelo Montiel se hallaba su chofer y un funcionario de la SEDESOL estatal. Instruyó Tony Macías que la escaramuza no trascendiera, vedada al gobernador Javier Duarte, faltando a la lealtad familiar, rompiendo los códigos de seguridad y negando la información a las áreas de inteligencia del gobierno estatal. Y si se sabe, negarlo todo. No lo logró. La tarjeta informativa del incidente violento llegó a Xalapa; está donde debe estar. Por lo más delgado, dice el refrán, se habrá de reventar el hilo. Archivo muerto Enfermo o no, insostenible eso sí, Javier Duarte de Ochoa parece tener sus días contados en el gobierno de Veracruz. Se da por hecho que en diciembre irá al gabinete de Enrique Peña Nieto, a una subsecretaría o dirección de organismo de gobierno, donde no haga daño, congelado, a un cargo con lustre pero sin poder alguno. Apunta a ser su relevo el actual procurador, Felipe Amadeo Flores Espinosa, amigo del operador peñista, diputado federal, ex secretario de Gobernación y ex gobernador del Estado de México, Emilio Chuayffet Chemor, uno de los arquitectos del regreso del PRI a Los Pinos. Peña Nieto requiere en Veracruz un gobernador con oficio, que mantenga el equilibrio de grupos, que tome los hilos del poder y no los suelte. Duarte no lo es porque llegó a la gubernatura como tapadera, títere a modo, cómplice silencioso del gran peculado, de la quiebra financiera, del Veracruz destrozado, del paraíso de la delincuencia organizada. Amadreo, como se le conoce en el ámbito judicial, es la avanzada del proyecto de Héctor Yunes Landa, virtual senador priísta, que se siente gobernador para el período 2016-2022. Ambos, Amadreo y Héctor Yunes, son líderes de Vía Veracruzana, el Viagra, una corriente priísta que reclama espacios y se los dan, no por viejos pero sí por diablos. Yunes Landa le operó la campaña a Amadreo, en 2009, para hacerlo diputado federal por Huatusco, cuando los priístas ya la daban perdida. Héctor Yunes se imagina más sólido que nadie; por un lado protegido por Manlio Fabio Beltrones Rivera, pero también Atlacomulco adoptivo, dada su cercanía con el ex gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo González, presidenciable en 1988, tío y padrino de Enrique Peña Nieto, próximo Presidente de México. Con Del Mazo, Héctor Yunes fue director jurídico del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (FONATUR). Ambos, Amadreo y Yunes Landa, encajan en el proyecto peñista para Veracruz. Duarte, en cambio, desgobierna, reprime, agita, no controla a nadie y no sirve para ganar elecciones. A Peña Nieto lo despeñó en la elección presidencial; lo hizo perder ante la panista Josefina Vázquez Mota; lo ridiculizó, pues. Amadreo y Yunes Landa tienen proyecto, pero para ello Javier Duarte se debe ir, quizá a la Dirección de Asuntos sin Importancia del gobierno federal. Ahí sí la haría… Atado a una historia de fracasos, traumado por se una nulidad política, Marco César Theurel Cotero finalmente concretó el agravio a Coatzacoalcos: con un crédito de BANOBRAS por 350 millones de pesos, pagadero a 30 años. De ellos, 200 millones serán para saldar los adeudos heredados de su antecesor en la alcaldía y ex padrino, hoy su tormento y odiado rival, Marcelo Montiel Montiel. Los 150 restantes los invertirá, dice, en obra pública; o sea, en contratos para sus amigos y protegidos. Argumenta el alcalde que con el sistema de refinanciamiento, reducirá sensiblemente la deuda. Falso. Si bien ya no se pagarán 6 millones mensuales, que es como la pactó Marcelo Montiel, ahora se tendrán que saldar 2 millones al mes, es decir, 24 millones anuales. A lo largo de 30 años, la deuda será de 720 millones de pesos. Dice también el alcalde mentiroso, que no se endeudará a las próximas administraciones. Falso, de nuevo. Los próximos siete ayuntamientos –de cuatro años cada uno— tendrán sobre sí la carga hasta la liquidación del crédito. Theurel tiene ya un lugar en la historia: es el alcalde de Coatzacoalcos que provocó el mayor endeudamiento que se recuerde y el que comprometió en mayor medida las finanzas municipales… Sin levantar polvo, sin estridencias, Alfredo Yuen Jiménez tiene armada la jubilación de su padrino e impulsor, el líder de la sección 11 del sindicato petrolero, Ramón Hernández Toledo. Con la venia de Carlos Romero Deschamps, cacique del gremio, programó la salida de Hernández Toledo y su relevo en el cacicazgo local, cargo para el que Yuen Jiménez, dirigente formal de la Sección 11 y alcalde de Nanchital, aún está verde. Suerte chaparra la de Hernández Toledo. Siempre le produjo votos al PRI y ahora que salió raspado en la elección federal, no tiene argumento a su favor. Como césar romano, el que lo acuchilló fue su hijo político… INFORME ROJO
Obrador: cómo aterrizar la derrota* Otra vez, impedir la toma de posesión * El fraude existió, pero ¿cómo probarlo? * Siete hectáreas para Pancho Colorado * Theurel ningunea al gobernador y al Papa * La mano de Benítez Lucho, Ranulfo y Noemí en Cosoleacaque Actores políticos, analistas y observadores, opositores y hasta priístas, tuvieron, todos, los hilos del fraude en la elección federal a la vista, pero lo extremadamente complicado es cómo podrá demostrarlo Andrés Manuel López Obrador, el candidato de las izquierdas. Jurídicamente, parece imposible. Nada conmueve y menos motiva a los magistrados que dirigen al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, a partir de supuestos o conjeturas. Son tajantes para desestimar evidencias, incluidas aquellas cuya contundencia pudiera suponerse definitiva. Son hombres de hielo, tolerantes y cómplices del PRI, de sus tretas y trampas en todo proceso electoral. López Obrador camina en dirección contraria al viento. Rema a contracorriente en una empresa imposible, el sueño intangible de tumbar una elección presidencial, sembrando la idea de la conspiración de los demonios de la antidemocracia para despojarlo de la Presidencia de México y alentando a un sector de la sociedad a suponer que se puede revertir el resultado de la contienda. Cuajado en las penumbras del poder, irreverente hasta con los suyos, el candidato presidencial de la coalición Movimiento Progresista sabe que lidiar con el TRIFE es perder el tiempo. Si lo hace es para cubrir las formas, no salvar aduanas, y evitar que lo acusen de mandar al diablo a las instituciones. Que hubo fraude, nadie lo duda. Meses, semanas, días antes de la elección por voz de testigos, de los mismos priístas se conoció la compra del voto. El PRI, los gobiernos estatales y municipales, sindicatos, agrupaciones campesinas, promotoras y líderes seccionales del tricolor, realizaban una intensa labor de colecta de credenciales elector; otros entregaban despensas; unos más destinaban camionadas de arena para cubrir baches; algunos tramitaban la regularización de predios irregulares; otros ofrecían becas escolares, atención médica, consultas dentales, anteojos, prótesis. Así se comprometió el voto de los priístas y se diluyó el de la oposición. Impugnar el recuento de voto sirve de poco o nada. Es, en dado caso, un requisito inútil. Sabedor que el fraude no estaba ahí, AMLO usó ese recurso de ley para no dar pauta a que se le linchara mediáticamente con el argumento de que teniendo instrumentos para demostrar el fraude, no los empleara. Nada modificó el recuento. López Obrador ganó votos, pero Peña Nieto también. Al final, el porcentaje de votación entre uno y otro no varió. Rejego, necio entre necios, en campaña se le escuchaba decir que los electores podían tomar las dádivas del PRI, las despensas, las láminas, el dinero y que votaran libremente, o que votaran por el candidato de la izquierda. Ahora acusa que hubo compra de votos y que ahí está ese cúmulo de sufragios chuecos. Su argumento es falaz, tramposo, maniqueo. López Obrador estimuló a un sector del electorado, al sector corrupto, a vender su conciencia, su voluntad y su dignidad; 5 millones de votos comprados, dice el candidato de la izquierda, enredado en su propia trampa. Otros destinatarios de sus dardos son los medios de comunicación y las encuestadoras. Todos, acusa el impoluto y cristalino líder de la izquierda, se vendieron y vendieron sus espacios y tiempos a favor del priísta Peña Nieto. No todos. Televisa sí y otros consorcios, pero la prensa crítica, la que señala lo mismo al PRI que al PAN o que al PRD, es echada en el mismo saco, etiquetada por El Peje de corrupta, intolerante López Obrador con aquellos que le publicaban sus torpezas. Lo mismo ocurre con las encuestadoras. Todas, según AMLO, bailaron al son que les tocó el PRI. ¿También las que patrocinó el periódico Reforma, que colocó a López Obrador a cuatro puntos de Peña Nieto, una medición tramposa y falsa pero al gusto del candidato de las izquierdas? López Obrador, El Peje, tiene en sus manos evidencias frágiles. El financiamiento ilegal de Peña Nieto es real, pero jurídicamente es improbable, indemostrable, a menos que por las manos de López Obrador hubieran pasado recibos, facturas, testimonios de quienes participaron en la fechoría priísta. Con lo hasta ahora exhibido, difícilmente convencerá a los magistrados del TRIFE, dos de ellos ya denostados por el candidato de la izquierda por sus presuntos vínculos con el PRI o con grupos priístas. Ese fue otro error. Acribillar públicamente, primero a los consejeros “deshonestos” del IFE, y ahora a los titulares del tribunal electoral, hace predecible que AMLO volverá a pagar caro el desenfreno de su lengua. Al interior, en las entrañas del PRD, hay quienes ya le aplican los santos óleos al Peje. Dos gobernadores electos, Graco Ramírez Garrido Abreu, de Morelos, y Arturo Núñez, de Tabasco, han expresado que no se puede demostrar la compra de votos. Otra figura de la izquierda, Marcelo Ebrard Cassaubón, jefe de gobierno del Distrito Federal, anunció que en diciembre iniciará su campaña hacia la elección presidencial de 2018. Le queda, pues, al Peje reeditar el conflicto poselectoral para vender cara la derrota. Anunció un plan para salvaguardar la democracia y simultáneamente, en San Salvador Atenco, inició el operativo para impedir que Peña Nieto tome posesión de la Presidencia, y que se impida la integración del Congreso Federal. Son los estertores de un líder que ya no da más. Aterrizar la derrota siempre ha sido un dilema para López Obrador. En Tabasco, en 1994, en la elección presidencial de 2006 y ahora, apela a la movilización de masas, al argumento del fraude, al daño a la nación, al atentado a la democracia. Es la coartada para no reconocer una votación adversa y su incapacidad para demostrar un fraude que él, a través del “tomen lo que les den, pero voten por el PRD”, consintió. Lejos quedan sus palabras cuando, segurísimo, decía que no habría conflicto poselectoral porque López Obrador ganaría la elección. Probar, demostrar, jurídicamente el fraude, revitalizaría su lucha. Evitaría la imposición de Peña Nieto por parte de los poderes fácticos a los que definió como la mafia en el poder. Limpiaría la elección y le daría mejores aires a la democracia. En los hechos, sin embargo, su apuesta es otra. Es cubrir los requisitos de ley y luego, vía terceros, dimensionar un conflicto poselectoral, protestas en las calles, reclamos en las plazas, toma del Congreso y el mayor reto: impedir que el PRI regrese a Los Pinos. Con ese sueño imposible, encubre López Obrador su incapacidad para aterrizar la derrota. Archivo muerto Suertudo, consentidazo, Francisco Antonio Colorado Cessa, alias Pancho Colorado, el mismo al que se le sigue juicio en Estados Unidos por supuesto lavado de dinero de los zetas, no sólo fue un contratista bien avenido en el sexenio de la fidelidad, que displicente le soltó obras por varios millones de pesos en Veracruz. Lucró en otro rubro: la compra de predios en zonas de desarrollo. Adquirió, por ejemplo, casi 7 hectáreas —68 mil 543.59 metros cuadrados— en la reserva territorial de Coatzacoalcos, por los que pagó únicamente 10 millones 236 mil 301 pesos. El precio por metro cuadrado fue de 149.34 pesos, menos de la mitad de lo que tienen que pagar por otro predio los integrantes de la Asociación de Periodistas de Coatzacoalcos al gobierno de Veracruz, del que son fieles escuderos, por no llamarles mandaderos. Pancho Colorado concretó la operación el 10 de julio de 2007, a través de su empresa, ADT Petroservicios, S.A. de C.V., la misma que fue sancionada por la Secretaría de la Función Pública por incurrir en un fraude con la remediación del río Coatzacoalcos, tras el derrame de petróleo crudo, en diciembre de 2004. Por aquella operación con el régimen fidelista, supuestamente para que ADT realizara un desarrollo habitacional, Pancho Colorado pagó sólo el 10 por ciento, en términos del fideicomiso F-50101-3 de Bancomer, acto legalizado mediante la escritura pública 5,766, levantada ante la fe del notario 16 de Xalapa, y con el aval de la Secretaría de Finanzas de Veracruz, entonces a cargo del hoy gobernador Javier Duarte de Ochoa. Incierto, no se sabe cuál será el destino final de esas 7 hectáreas, sobre todo ahora que Pancho Colorado, amigo por cierto del alcalde Tuxpan, Alberto Silva Ramos, otro fidelizta, es juzgado en Estados Unidos por vínculos con el crimen organizado, con los zetas, a quienes, según la justicia norteamericana, les lavaba dinero ilegal vía la compra de caballos de carreras… Ningunear no es bueno y menos a los jefes, a los de arriba. Marcos Theurel lo sabe pero le vale. “Así lo diga el gobernador (Javier Duarte), el Presidente (Peña Nieto) o el Papa (Benedicto XVI), no les hago caso”, sentencia el alcalde de Coatzacoalcos con gesto y aires de perdonavidas. Irrespetuoso, Theurel Cotero tuvo ese exabrupto en pleno palacio de gobierno, a unos metros del privado del secretario de Gobierno, Gerardo Buganza Salmerón. ¿Qué dirá el obispo de Coatzacoalcos, Rutilo Muñoz, de semejante hablada contra Su Santidad de labios de un flamante Caballero de Colón? ¿Y qué dirá el gobernador Javier Duarte de cómo se expresa de él, Marcos Theurel? Del nuevo sainete hay video, el de las cámaras de seguridad del secretario Buganza. Y un audio… Tres artífices del fraude tiene la victoria del PRI en Cosoleacaque: Antonio Benítez Lucho, Ranulfo Márquez Hernández y Noemí Guzmán Rivera. Cargados de recursos, movieron el voto priísta y compraron las voluntades que hicieran falta para ganar la diputación federal. Los tres, fidelistas, retuvieron el distrito de Cosoleacaque para la causa del PRI. Benítez Lucho es el actual diputado federal; Ranulfo Márquez, ex líder del PRI estatal, es el coordinador del Programa de Gobierno y hay voces que lo ubican en la Subsecretaría de Gobierno, actualmente acéfala, y Noemí Guzmán, compañera de Fidel Herrera en el Senado, de 2000 a 2004, es la secretaria de Protección Civil del régimen duartista. Nunca está de más tener a tres alegres compadres, de mañas grandes y prestigio corto, para el fraude que el destino les depare… INFORME ROJO
Peña y Duarte: humillante derrota* El desgobierno de Veracruz arrastra al PRI * La caída de EPN en Coatza, según Lupita Theurel * Dolió, pero nomás tantito * Rocío Nahle, más votos que Gloria Rasgado * Aún así, perdió * Cecll Duarte irrita a contratistas * Gonzalo Guízar, cerca del PRI * Rosy Rodríguez Olaeta se nos adelantó Náufrago en un mar de votos, electoralmente inservible, Javier Duarte de Ochoa hizo lo que de él se esperaba: quebrarle la elección a Enrique Peña Nieto en Veracruz. Duarte lo llevó a una derrota humillante, lejos, muy lejos de los 2 millones de votos que había prometido —y comprometido— al candidato presidencial del PRI, a quien le bajó el cielo y las estrellas, hermanó Xalapa y Toluca, invitó un café lechero en La Parroquia y le dibujó el sueño de que Veracruz, el Veracruz de Duarte, sería la entidad que definiría la elección del 1 de julio. Cruda, fría, la realidad diría otra cosa: Peña Nieto fue derrotado por Josefina Vázquez Mota en suelo jarocho. Tuvo la panista un millón 204 mil 712 votos, contra un millón 203 mil 114 sufragios del PRI, y un millón 37 mil 23 votos del perredista Andrés Manuel López Obrador. Aunque mínima, apenas mil 598 votos, la ventaja del PAN evidenció el caos político que protagoniza el gobernador Javier Duarte, sin intuición para diseñar estrategias electorales, menos para conformar un equipo de operadores de alta efectividad. Fue un voto de castigo. Duarte es un solitario de palacio a quien nadie le ve liderazgo político, ni talento para sacar adelante una elección. Hace lo que puede y normalmente puede poco. En 19 meses, su gobierno ha sido errático. No tiene oferta política y sí, en cambio, una imagen deplorable. Atado de manos, Javier Duarte vive políticamente una parálisis. Heredó un gobierno endeudado, sin margen de crecimiento, mal calificado por las consultoras financieras; su obra pública es nula y suele piratearse la que se realiza con fondos federales y hacerla pasar como parte de su programa estrella, Adelante, la panacea de su gobierno. Semana con semana, Veracruz es noticia nacional e internacional por sus índices de violencia. Rebasado por la oleada delictiva que azota a la sociedad, el secuestro y la extorsión en boga, Javier Duarte encontró la salida fácil al entregar la conducción de la nave al gobierno federal. Así, mediante el programa Veracruz Seguro, la seguridad pública quedó en manos del Ejército y la Marina. Su relación con la prensa crítica es patética. Y se ha agravado por los crímenes de nueve periodistas desde que inició su desgobierno, entre ellos los de Miguel Angel López Velasco, Yolanda Ordaz de la Cruz, Misael López Solana, del diario Notiver; la corresponsal de la revista Proceso, Regina Martínez Pérez, y el reportero de nota policíaca de Milenio Xalapa, Miguel Angel Báez Chino, a unas cuadras de la sede de gobierno. Omisa, ineficiente, incapaz, su Procuraduría de Justicia no ha resuelto uno sólo de los casos de periodistas asesinados y en el caso de Regina Martínez, provocó una oleada de repudio cuando deslizó, filtró, la versión de que el móvil es pasional, supuestamente por una relación lésbica, razón por la que sus esbirros policíacos se dedican a hostigar a reporteras y amigas de la corresponsal de Proceso para que comparezcan a declarar con métodos intimidatorios. Verde para el cargo, evidentemente inmaduro, Javier Duarte no ataja las broncas cotidianas y, en cambio, gusta del boato y la fiesta, en medio de la miseria de una millonada de veracruzanos. Una de ellas, durante el Grito de independencia, el 15 de septiembre de 2011, cuando hizo traer a sus amigos de la Ibero en avión fletado, hospedados a todo lujo en el hotel Howard Johnson, en Xalapa; o cuando celebró su primer año de gobierno en el Distrito Federal, también con la pirrurrada de sus años estudiantiles, sin descontar los constantes reventones en un departamento de Polanco donde asisten amigas y amigos, según crónicas de columnistas nacionales. Sin capital político, deteriorada su imagen por los constantes hechos de sangre, el señorío del crimen organizado, el santuario zeta, poco tiene Javier Duarte para rescatarle votos al PRI. Políticamente, también es un desastre. No hay un solo grupo priísta que obedezca al proyecto de Javier Duarte. El PRI está en manos de Erick Lagos, antiguo compañero de correrías en el Senado, a las órdenes de Fidel Herrera Beltrán, cuando Javier, Erick, el hoy diputado local Jorge Carvallo y el hoy alcalde de Tuxpan, Alberto Silva, le hacían ver su suerte a Daniel Lugo, el más sacrificable del fidelismo, después director de Bachilleratos de Veracruz, hasta que se descubrió que su título profesional era falso. Duarte se asemeja al capitán de una nave, incapaz de tomar el timón y darle rumbo. En sus manos, Veracruz se convirtió en un foco rojo para el PRI, permanente el riesgo de una derrota. Aquí, donde se presumía carro completo, el priismo ganó 15 distritos, cinco se los llevó el PAN y uno, Xalapa urbano, la joya de la corona, el PRD. En cifras, a Peña Nieto le fue aún peor. Ganó sólo en once distritos, la mitad de la geografía veracruzana en contra. No fue una elección limpia. Fue una elección al estilo del PRI, plagada de delitos electorales, la compra del voto obsequiando despensas y material de construcción, dinero, trámites de regularización de terrenos, promesas de placas de taxi, becas. Fue la reedición de la elección de 2010, cuando para imponer a Javier Duarte en el gobierno de Veracruz, se echó la casa por la ventana, incluido el acaparamiento de programas sociales federales, según consta en los documentos de la estrategia G-5, el vértice del fraude duartista. Electoralmente tronado, Javier Duarte tuvo una encomienda que no pudo cumplir: hacer ganar a Peña Nieto. Logró lo contrario: propinarle una humillante derrota. Archivo muerto Resume Guadalupe Félix Porras, fallida promotra de Enrique Peña Nieto, que la derrota aplastante del candidato presidencial del PRI en el distrito de Coatzacoalcos, no fue tan peor de cómo parece. Acribillado en las urnas por el izquierdista Andrés Manuel López Obrador, quien obtuvo 89 mil votos, EPN apenas alcanzó 56 mil, pero eso no es, dice la señora Theurel, tan grave. Fue más serio, advierte, hace seis años, en 2006, cuando Roberto Madrazo Pintado, del PRI, se llevó una felpa de antología. Predicadora de cuentos, algo escapa al sesudo análisis de doña Lupis: a diferencia de Madrazo, Peña Nieto ganó la elección nacional pero fue avasallado aquí, en Coatzacoalcos, donde ella le promovia el voto al frente de una mafufada a la que hizo llamar Las Gaviotas de EPN. O sea, sintetizada la lógica de Lupita Félix de Theurel, dolió pero nomás tantito… Ironías de la políitca: Norma Rocío Nahle García, candidata del PRD a la diputación por Coatzacoalcos, perdió la elección ante el PRI en este 2012, aun teniendo más votos que los que obtuviera en 2006 su archienemiga, Gloria Rasgado Corsi, primera mujer en alcanzar la diputación federal de mayoría en este distrito. Rocío Nahle tuvo ahora 71 mil 283 votos, mientras Gloria Rasgado logró, hace seis años, 61 mil 952… Se llama Cecil, se apellida Duarte y es el hermano del gobernador de Veracruz. Pues a Cecil Duarte lo buscan afanosamente media docena de contratistas, unos de la ciudad de México y otros veracruzanos, para que les cumpla con la obras que les prometió. Año y medio después que Javier Duarte iniciara su desgobierno en Veracruz, a los constructores ni les regresan su aportación ni les firman los contratos. Gusta de meterse en laberintos complicados el presidente de Juventud Dinámica, Cecil Duarte, sin aquilatar lo que a estas alturas y con el santo político de espaldas significaría una denuncia por andar haciendo triquiñuelas con el apellido del gobernador… Todo listo para el regreso de Gonzalo Guízar Valladares al PRI. Lo cabildeó el clan alemanista: Alejandro Montano Guzmán, diputado electo por Xalapa rural; Ricardo García Guzmán, ex contralor de Veracruz, y Arturo Bermúdez Zurita, secretario de Seguridad Pública actual. Uno más metió la nariz: Héctor Yunes Landa, senador electo, quien requiere a Gonzalo Guízar, su amigo y protegido, para que sea su operador en el sur de Veracruz con miras a la candidatura al gobierno estatal, en 2016. Otros allegados, Rafael de Hombre, entre ellos, serán desplazados porque el proyecto de Héctor Yunes exige mover masas y disponer de especialistas en formación de cuadros. Gonzalo, pues, comienza a quemar las naves del PAN. ¿Lo sabrá ya Miguel Angel Yunes Linares?… Un abrazo fraterno a los familiares de Roselvia Rodríguez Olaeta, quien físicamente nos dejó el sábado 7, tras una larga y penosa enfermedad. Rosy, como le llamábamos, fue un ser de extraordinaria calidad humana, amiga de verdad. Dedicó una parte de su vida profesional al periodismo; fue funcionaria del Instituto Federal Electoral, y secretaria privada del ex alcalde Marcelo Montiel Montiel. Sus últimos días los vivió en la mayor cercanía con Dios, aliviada espiritualmente. A Vicky, su hermana, y demás familiares, nuestra solidaridad y el ruego permanente para que el tiempo y el Señor les otorguen la resignación que se merecen. A Rosy, un recuerdo eterno… INFORME ROJO
Peña Nieto: “triunfo” sucio* El candidato de las despensas * Los pataleos del AMLO * Josefina, sumisa * Theurel lloró * El Peje masacró a Peñita en Coatza * Reynaldo Escobar: humillante derrota * Javier Duarte pulverizó la tercera reserva electoral * EPN “superó” a Josefina por 820 votos en Veracruz * Rocío Nahle y los Robles, derrotados Moralmente cuestionado, Enrique Peña Nieto ganó la elección presidencial trepado en la maquinaria priísta, compradora de votos y de conciencias, en el aparato mediático y en el uso de miles de millones de pesos de procedencia ilegal. Su triunfo, pues, es un triunfo siniestro y, por supuesto, sucio. Al margen de las cifras —3 millones de votos sobre el izquierdista Andrés Manuel López Obrador—, su victoria es la reedición de las viejas y nocivas prácticas fraudulentas para conquistar el poder, única visión, único concepto del PRI para imponerse en las urnas. Peñita llegó a la elección del 1 de julio sin la aureola que se construyó desde sus tiempos en el gobierno del Estado de México. De aquel nivel de aceptación del 52 por ciento, se desplomó al 38 por ciento de la votación nacional, y si la campaña hubiera durado un mes más, no la habría contado. Frágil, producto de los medios de comunicación, hijo postizo de Televisa, el señor Peñita fue un candidato mediocre, inculto, mentiroso, incumplido, infiel, cómplice de la corrupción y encubridor de corruptos, profundamente vacío, falto de ideas, sin paradigma de país y, por supuesto, rehén de una mafia jefaturada por los emisarios del Viejo PRI, los Salinas, los Montiel, los Del Mazo. No es, como se ve, un político sólido, ni un dechado de virtudes. Su triunfo se explica en la operación política al estilo priísta, comprando conciencias a cambio de una despensa, una gorra y una playera, una beca, una lámina, dos sacos de cemento, una camionada de arena, un desayuno y un billete el día de la elección. Ganó la conjunción inicua del pobre que nada tiene y el priísta que lanza una migaja, operado así el voto para el candidato Peña Nieto, producto de la dignidad vendida a cambio de lo-que-sea-su-voluntad. Quizá la mitad de sus votos sean genuinos, tomados de un sector del electorado que le creyó sus historias y se tragó sus promesas. El resto, los que le aseguraron la Presidencia de México, son producto de la operación de gobernadores, alcaldes, caciques sindicales, empresarios, dirigentes de colonias, caudillos serranos, generosos para comprar al elector o forzar el sentido de su voto, todos unidos para violar la ley. Una visión simplista del resultado de la elección presidencial, ha llevado a expresar que Peña Nieto ganó porque tuvo más votos. No es así. Los votos del PRI provienen de prácticas viciadas, de canje de despensas y otras prebendas, o de la coacción, la presión de los grupos de poder. Son votos sucios, votos sin calidad. Son votos fraudulentos. Peñita es producto del derroche en los medios de comunicación que hicieron de su proyecto una telenovela. En él se invirtió un mundo de dinero y se pagó, también, por desarrollar una campaña de prensa contra sus adversarios, usado el erario para el ataque artero y el agravio desde las sombras. Tuvo a su disposición recursos vastos, ilegales, pues el pago a sus tuiteros, la propaganda en la via pública y la publicidad facturada o encubierta, se estimó en miles de millones de pesos, que si no se ajustaron a los mecanismos fiscalizables por el IFE, son de procedencia ilícita. Peña Nieto —el señor Peña— es un bulto sin sustancia interna. Sacado del guión, carece de ideas, incapaz de expresar conceptos o negado a la sensatez. Recordemos cómo se ensartó con el caso Atenco, aquella represión policíaca de la que se asumió responsable. Aún así, será Presidente de México. Derrumbar la elección es imposible. Los argumentos del señor López Obrador, el candidato de la izquierda, carecen de contundencia y adolecen de un detalle clave: no son causa de anulación. Sobrepasar los topes financieros fijados por Instituto Federal Electoral, de ser probados, ameritaría sanción para el partido político, pero no anularía la elección. En la vía jurídica, López Obrador tiene que poco que hacer, pero saltarse esa instancia lo llevaría a la ilegalidad. Quiere el recuento total de votos, que no se justifican en término del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales. Ese será el pretexto para que en breve comience el conflicto poselectoral. Fuera de ese pataleo, y el pronunciamiento del Movimiento #YoSoy132, que desconoció el triunfo de Peña Nieto, nadie más replica. Josefina Vázquez Mota, ex candidata del Partido Acción Nacional, más tardó en concluir la votación, que en reconocer la victoria del PRI. Y en un pestañeo se pronunció por cuestionar la supuesta esencia demócrata de López Obrador. ¿Habrá olvidado doña Chepis cuando arengaba a salir a las calles a pronunciarse contra Peñita? Como sea, el triunfo de Peña Nieto, irreversible o no, es un triunfo sucio, manchado. Archivo muerto De buena fuente, testigo de calidad, se cuenta un episodio digno de lástima: la noche del domingo 1, conocida la estrepitosa derrota del priísta Enrique Peña Nieto en la elección presidencial, en el distrito de Coatzacoalcos, Marco César Theurel Cotero reunió a los suyos, su esposa Guadalupita Félix Porras entre ellos, en el edificio de Tesorería Municipal. Ahí, compungido, abatido, políticamente pulverizado, el alcalde de Coatzacoalcos lloró la derrota. Húmedo el rostro, lagrimeaba Marcos Theurel por las malas cuentas: 81 mil 594 votos para el perredista Andrés Manuel López Obrador contra 52 mil 187 sufragios, el cuarto peor registro de EPN en Veracruz, una masacre para Peña Nieto. Por eso las lágrimas, sabedor Theurel que no habrá 2013, que no tiene ya con qué pedir la alcaldía o la sindicatura para su esposa, ni la diputación local para sí mismo. Llora por su futuro, no el político porque ese ya no existe, sino por las cuentas que habrá de enfrentar; por las denuncias que vienen por agraviar y amenazar ciudadanos; por traficar contratos para sus prestanombres, pagar por obras no realizadas y por su complicidad en delitos —los 4 millones robados por el ex secretario de Obras Públicas, Adrián Pérez Martínez, según revelara Theurel Cotero— que dejó impune. Ahí, en Tesorería, se le vio llorar, en una estampa inolvidable, para la posteridad, la foto del recuerdo… Humillante derrota para el ex procurador de Justicia de Veracruz, Reynaldo Escobar Pérez. Perdió la diputación federal por Xalapa y confirmó que el PRI se equivocó al postularlo. Villanazo favorito, Reynaldo ofendió a la sociedad xalapeña cuando ninguneó la desaparición de Gaby Benítez, una jovencita que luego apareciera muerta; cuando justificó la tortura y asesinato de la periodista del diario Notiver, Yolanda Ordaz de la Cruz, atribuyéndole vínculos con el crimen organizado, y cuando criminalizó a las 35 víctimas que aparecieron en Boca del Río, en la víspera de la cumbre de presidentes de tribunales superiores de justicia y procuradores. Linchado por la sociedad xalapeña, el priísta Reynaldo Escobar no sólo perdió la diputación ante el candidato del PRD, Uriel Flores Aguayo, sino que fue rebasado por la panista Rosa Hilda Llamas, originaria de Poza Rica, sin residencia en la capital veracruzana. Sumido en el tercer sitio, Reynaldo Escobar ve canceladas sus intenciones volver a ser alcalde de Xalapa. Bien merecido que se lo tiene el PRI y los ilusos que auspiciaron este “regreso peligroso”, como lo catalogó la revista Proceso… Impactados, se preguntan en el centro de mando de Enrique Peña Nieto ¿dónde quedaron los 2 millones de votos que ofreció Javier Duarte de Ochoa a favor del candidato presidencial del PRI? Veracruz —el priísmo veracruzano— le aportó a EPN solo un millón 180 mil 147 votos, contra un millón 179 mil 327 votos de Josefina Vázquez Mota. Le asombra al equipo peñista –Videgaray, Osorio Chong, Arturo Montiel, iriarte, Sámano, Miranda— que Javier Duarte haya sido tan torpe, tan incapaz, tan bisoño, falto de operatividad para haber “vencido” a doña Josefina por sólo 820 votos, y aún falta ver cuántas casillas invalida la impugnación panista. La tercera reserva electoral del PRI, convertida en el hazmerreír del priísmo. Misión cumplida, don Javier. Era lo que se esperaba de usted… Vapuleada, su vida política sin rumbo, Norma Rocío Nahle García sufrió estruendosa derrota en la elección para diputada federal. Aún colgada del Efecto López Obrador, no pudo la perredista alcanzar una victoria que sonaba clara en un distrito, el de Coatzacoalcos, con vocación antipriísta. Se quedó a 7 mil votos de Joaquín Caballero Rosiñol, del PRI, a quien el secretario de Desarrollo Social, Marcelo Montiel Montiel, le operó la campaña y lo hizo ganar. Rocío Nahle, su derrota, es el resultado del menosprecio que le tiene a las tribus del PRD; el sospechosismo en que vive; las ganas de jugar sin hacer equipo; los acuerdos en lo oscurito con el alcalde priísta Marco César Theurel Cotero, a espaldas de los perredistas, y una estructura electoral ficticia, como se demuestra en las actas de escrutinio donde no aparecen las firmas de los representantes del PRD-PT-Movimiento Ciudadano. Habiendo logrado AMLO más de 87 mil votos en la elección presidencial, ¿cómo fue que Rocío Nahle se quedó en 65 mil sufragios, según cifras del PREP? Es, de paso, el enésimo fracaso del Clan de la Succión, el grupo político-periodístico de José Pablo Robles Martínez y la ex diputada perredista —traidora del PRD en 2009— Roselia Barajas Olea, su esposa. Su ahijada, Norma Rocío Nahle García fue derrotada en toda la línea en la elección por la diputación federal por Coatzacoalcos, muy a pesar de la desbocada campaña mediática para la pupila zacatecana. Diario del Istmo vuelve a demostrar que políticamente sirve para una pura y celestial fregada…
|
|
|
SERVICIOS QUE OFRECEMOS. |
¿Quiénes somos? | Contacto |
Publicidad
| Aviso Legal ![]()
Copyright© 2009 a favor de El JEJÉN Microempresa, en trámite.
Todos los derechos reservados
Derechos de Autor en trámite.
Desarrollado por Zenón Ramírez García
Papantla, Veracruz, México