UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Si yo no, Tu tampoco
24 septiembre de 2012
Coincido con un respetable jurista, cuando afirma que la corrupción tiene
más vinculación con normas imperfectas que con una inclinación a la trampa
no superada por los mexicanos. Sin embargo, sin abundar en que el origen sea
genético, social o educativo, si hay una intención reiterada -tanto del
subordinado hacia el superior, como del patrón para con el empleado- de
aprovecharse del otro. El despojo de tierras de quienes fueron conquistados,
las tiendas de raya, el encarcelamiento o cuasi esclavitud por deudas, son
algunos ejemplos de antecedentes para la lucha por derechos sociales
laborales, que hicieron de la constitución de 1917, un ejemplo a seguir por
muchas otras entre ellas la de la URSS.
La promulgación de tales derechos, lamentablemente no ha ido aparejada de
una observancia que responda a la intención del legislador de entonces, ni
de todos aquellos que, han corregido la plana al texto original y las leyes
que del mismo han emanado; a grado tal que, de ser protegido socialmente el
trabajador se convirtió en sujeto automáticamente enfrentado contra el
patrón y en casos extremos, en enemigo pertinaz con lo cual no queda al
empleador otra salida más que la capitulación o el arreglo poco
transparente. ¿Qué ama de casa no ha sufrido el robo hormiga de alimentos,
artículos de limpieza, pañales y hasta dinero del cambio del mercado?
¿Cuántos pequeños comerciantes o empresarios, deben reponer, más allá de lo
planeado, lápices, plumas, hojas bond, tóner de la fotocopiadora, insumos de
la computadora o de la máquina de escribir; porque las secretarias se sirven
de ellos, para los trabajos escolares de sus hijos?
El robo de insumos en salones de belleza, talleres mecánicos o cocinas de
restaurantes –lo mismo en pequeñas fondas que en grandes hoteles- es tal,
que en las clases de administración de empresas, especialmente las enfocadas
al turismo, los futuros gerentes cursan dos y a veces hasta tres semestres,
para conocer la sofisticadas formas de hurto y los métodos que se han ideado
para disminuirlo, ya que definitivamente no es fácil erradicarlo.
Más para enriquecerse que para proteger al empleado, los sindicatos se
prostituyeron con la anuencia de empresas que prefirieron arreglar las
demandas laborales en paquetes, amén de la oferta electoral que los líderes
de trabajadores ofrecen a los gobiernos. Frente al fenómeno de los
“sindicatos charros”, los llamados democráticos se han convertido no en
grupos preocupados por la justicia social sino en contendientes por el poder
político o económico. Son de sobra conocidas las trayectorias meteóricas de
enriquecimiento de líderes que distan mucho de ser honestos y apenas
realizan actos de simulación de defensa al trabajador, quien si acaso recibe
ventajas estas son en la medida de su metamorfosis a cómplice de movimientos
de presión y/o chantaje.
Si usted como patrón se atreve a denunciar o suspender el trabajo a su
empleado, por descubrir el robo hormiga o la complicidad con gentes del
crimen organizado que a través de estos que deberían ser parte de su equipo,
son verdaderos hampones dentro de su hogar o empresa, la respuesta segura
será una demanda laboral. Se de personas que prefirieron quedarse calladas,
cambiar de teléfonos y hasta mudarse de domicilio –sin posibilidad de
recuperar robos de caja por varios miles de pesos o librarse de amenazas de
secuestro etc.- antes que enfrentar este tortuoso camino en el cual muchos
malos mexicanos –gestores y coyotes que a veces ni son abogados y gente
holgazana, tramposa y resentida- han hecho un modus operandi. ¿Por qué las
Juntas siguen protegiendo a “pseudo trabajadores” que logran un empleo hacen
como que cumplen algunas semanas, faltan y provocan el despido para iniciar
infinidad de juicios?
Por todos es conocida la forma japonesa de presionar al dueño de empresas
de las cuales pretenden mayores prestaciones –trabajando más- en tanto que
en México el tortuguismo, la amenaza, el robo de tiempo –por retardos,
prolongación del horario de comidas o descanso- y en extremos hasta la
amenaza de huelga, han sido mucho del caldo de cultivo que derivó en el
ambiente de confrontación en el cual se pretende la reforma laboral.
“Yo estoy mal tú estás mal”, es una visión patológica no solo desde el
punto de vista emocional. Laboralmente parece que como sociedad no hemos
madurado como para entender que todos - capitalistas y trabajadores- vamos
en el mismo barco. ¿De que le sirve a los muy ricos su dinero si no hubiera
quien lave su ropa, arregle el jardín, conduzca su coche, conteste su
teléfono, archive sus papeles, barra el taller o maneje el robot armador de
su fábrica? En igualdad de absurda desventaja deberían estar aquellos que
mienten acerca de sus habilidades, cobran sin haber cumplido sus
responsabilidades o aprovechan la confianza que se les otorga no para apoyar
a quien le dio empleo, sino para boicotearlo, como si ante la inminencia del
fracaso, hubiese una anticipada venganza para demostrar que “si yo no la
hago tu tampoco”.
El reto de los legisladores mexicanos en un mundo globalizado, donde el
consumismo –con todas las consecuencias de producción preferente para la
exportación y otras que no necesariamente son convenientes- es encontrar el
justo equilibrio en materia laboral. A muchos parece perverso haber
presentado la iniciativa con la modalidad de preferente; pero más allá de
las disputas políticas o partidarias, es un hecho la polarización entre los
factores de la producción. Trabajadores y patrones debieran realizar sus
funciones en un contexto de armonía, de justicia y de equipo, en mucho
depende de las reformas laborales que están en puerta.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Vivir con desventaja
16 septiembre de 2012
Los groseros casos de simulación se multiplican como si en el furor del
“año de hidalgo” nos agobiara una locura colectiva. Una estudiante de
psicología de la UAM, tocó a mi puerta anunciando que venía entregarme “un
tarjetero” de parte de la secretaría de educación del GDF. Se trataba de 100
tarjetas de presentación, que “me gané” por ser miembro del comité
ciudadano, lo cual se suma a los famosos 25 mil pesos a cada comité que
decidió unilateralmente reglar Don Marcelo. A esto le podemos agregar, el
abasto populista de huevo que sirvió para desacreditar a las autoridades
federales que, le hicieron muy cansada la operación burocrática de
importación, además de la distracción de temas de inconformidad que se
respiran en toda la ciudad. ¿Qué tipo de psicóloga será en el futuro una
universitaria que cubrió su servicio social como mensajera? ¿Por qué
pervertir a la ciudadanía que decidió participar representando a su
comunidad? ¿No sería más honesto ejercer el presupuesto participativo con
transparencia en vez de reportar el cambio de luminarias en tres rubros
distintos, sin que a final de cuentas haya luz en las colonias? En este
contexto, los ciudadanos honestos no dispuestos a las componendas, juegan
con desventaja, pues a lo menos que se arriesgan es a ser calificados de
“conflictivos”
Pero la simulación que produce corrupción e impunidad, no es exclusiva
del gobierno de la capital de México; a nivel federal, se abundó en el
acervo de leyes, un ejemplo es el decreto anunciado pomposamente por el
presidente de la república el pasado mes de julio, asegurando que se
mejorarían los controles a la obra pública. ¿Vale la pena traer a colación
las entusiastas palabras del abogado Calderón con relación a la capacitación
de auditores que se supone disminuirán la corrupción? ¿Cuántos ciudadanos
han visto violada su garantía constitucional señalada en el artículo 8º de
la carta magna, con simples oficios de peloteo, cuando de denunciar a la
corrupción en obras se trata? Para nadie es un secreto, el rosario de
inconformidades que señalan a la titular de CONACULTA como responsable de
infinidad de actos de corrupción, en obras diversas desde Bellas Artes,
pasando por el Conservatorio o la escuela de música, hasta la supuesta
librería barrial que por su sacrosanta voluntad se ha convertido en un
centro de eventos, estudios y muchos etcéteras ¿Por qué a estos funcionarios
se les solapa? ¿Qué manto cubre a los involucrados en CONACULTA –Bellas
artes, antropología e historia, EDUCAL etc.- para mantenerse por encima de
la ley? Otra vez, los afectados, en este caso vecinos de zonas
habitacionales, trabajadores de la construcción y hasta los familiares de un
muerto en la obra del 43 de Fernández Leal, viven con desventaja.
“Me quiero ir de México” escuché de diversas voces la semana pasada y no
me refiero a familiares que pagaron un rescate para encontrar después a su
familiar muerta o de personas que buscan asilo huyendo de agresiones
criminales y de un silencio cómplice de quienes deberían hacer justicia, no,
hablo de contratistas a los cuales después de habérseles asignado una obra,
se les hace a un lado utilizando la “capacitación” que como auditores les
fue otorgada, solo para favorecer a un amigo, cómplice o socio de negocios.
¿Podría imaginar que esto ocurra en una prestigiosa universidad? Pues sí,
también ahí como en muchos otros ámbitos, los que juegan con desventaja son
los profesionistas, empresarios y comerciantes honrados.
Una madre de familia, señaló con impotencia que por no ser rijosos,
conducirse con respeto hacia los maestros, cumplir con sus tareas y en
general cultivar valores que en otra época se consideraron universales, sus
hijos estarán en una posición desventajosa cuando sean adultos si continúan
viviendo en México; y se de un profesionista de altas calificaciones,
experiencia y capacidad, que deseoso de transmitir su experiencia después de
jubilado, fue acusado de “haber comprado” el examen de admisión a una
universidad por el hecho de resolver con excelencia el 99% de sus exámenes.
¿Cuántos entran a dar clases solo por tener un amigo en la burocracia?
¿Sabía que los directivos de algunos centros de estudio discriminan a los
maestros dedicados porque temen ser rebasados en capacidad y ética?
Las causas de este fenómeno son múltiples, pero una de ellas deriva de
haber colocado como valor supremo al dinero. Tal como ocurrió al llamado
pueblo escogido, el becerro de oro ha sustituido al amor, el respeto –a la
ley, los padres, los superiores, el otro- la experiencia que da la edad, la
sabiduría que resulta del conocimiento y la praxis, la paciencia, la
tolerancia, la honestidad, el compromiso, la humildad, la dignidad y tantos
otros ausentes en conductas viles, desvergonzadas, burlonas, prepotentes, en
suma, corruptas.
A mis compatriotas cansados, decepcionados, hartos de jugar con
desventaja, en este simbólico día que nos recuerda las diversas luchas por
nuestra identidad, soberanía y libertad, les regalo una pregunta de
esperanza pronunciada por un niño de seis años “¿Verdad que aunque parezca
que siempre ganan los malos al final pueden ganar los buenos?”
¡No permitamos que nos ganen los malos! no nos cansemos de luchar, de
denunciar, de organizarnos para expresar nuestra inconformidad. Celebremos
con ventaja, no solo con fiesta, turismo o despilfarro, este 16 de
septiembre.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Ocurrencias
10 septiembre de 2012
Si de pronto a la mente llega una idea, ésta puede trocarse, con el
tiempo y las acciones pertinentes, en un acontecimiento exitoso; pero si la
ocurrencia no tiene tal destino, generalmente terminará siendo un chiste y
en el peor de los casos un suceso, tan eventual como el incierto
pensamiento. Los chicos que cursan el final de su infancia y hasta la
adolescencia suelen ser ocurrentes en el sentido festivo de la palabra y
dependerá de los conocimientos y valores que acompañen su desarrollo, el que
estos chispazos, que producen expresiones alegres y hasta risotadas, se
puedan convertir en creatividad benéfica para sí y quienes le rodean.
Madurar es incompatible con la dificultad de entender que cuestiones tan
importantes, como el decidir sobre el destino de otros, sus posibilidades de
cultura, entorno –si hay calles, metro, o bosque etc.- desarrollo
–educativo, laboral y recreativo- requiere de una visión clara, gran
capacidad de planeación y sobre todo un compromiso de respeto por el derecho
de los demás.
Decidir, la compra de un inmueble en medio de una zona habitacional[1]
para convertirlo en centro de encuentro de compradores, asistentes a eventos
y hasta burócratas que tienen el capricho de “sentirse parte” de una
sociedad a la que de suyo no pertenecen, rebasa el ámbito de la ocurrencia,
para convertirse en agresión, a quienes ahí decidieron vivir un tipo de
existencia que nada tiene que ver con lo comercial. Adquirir, financiar y
despilfarrar en un acto como este con recursos que no son propios sino del
erario también deja de ser gracejada, colocándose en el ámbito de la
perversidad. Manipular leyes, reglamentos y en general pervertir lo jurídico
para llevar adelante la ocurrencia “cueste lo que cueste” aunque se mueran
de bilis los afectados, es, según nuestro sistema jurídico, una conducta que
va desde las infracciones administrativas hasta los tipos delictivos. No
hacer nada para castigar a estas personas, además de ser la causal
primordial de la impunidad, es, a que negarlo, una verdadera traición a la
democracia y por supuesto un golpe mortal al Estado de Derecho.
El ocurrente, siempre busca una justificación a sus pensamientos
infundados. Recién fui convocada por un novel arquitecto, responsable de una
innecesaria oficina del gobierno de la ciudad que encubre toda suerte de
negocios con el pretexto de regular “el espacio público”. En la corta visión
de estos burócratas, democracia significa por ejemplo, que los
representantes ciudadanos debemos convalidar la colocación de parquímetros
en el centro histórico de Coyoacán, con el supuesto argumento de que tales
equipos desincentivarán el uso del automóvil. ¿Que estudios de impacto vial
de la zona se tienen? ¿Saben que tipo de automovilistas se estacionan hasta
en los callejones? ¿Conocen las dificultades de quienes ahí habitan, para
entrar o salir de sus domicilios? ¿Cómo resolverán el destino de una
población que autorizada por el GDF, se ha adueñado[2] de las calles? Fueron
algunas de las preguntas planteadas, sin más respuesta que “así se ha hecho
en Europa y en Polanco funcionó” Claro las fotos del antes y después en este
supuesto éxito de una zona que por cierto ya es mas comercial que
habitacional, fueron tomadas en diverso días y horarios, según puede ver
cualquier aficionado. La chapuza acusa decían las abuelas y lo más grave de
esta política autoritaria, no es solo la grosera visión de un arquitecto que
ocupa el puesto de secretario de SEDUVI, quien el pasado octubre comparó
nuestra ciudad con una fábrica vieja, cuyo suelo “debe reciclarse”, para
convertirse en vivienda vertical y centros culturales[3], sino el crimen de
tatuar en sus alumnos esta visión destructiva.
El desprecio por todo lo que no sean las ocurrencias de estos
megalómanos, es claro en la declaración de Felipe Leal, con motivo de su
informe de gobierno “que son los jueces quienes a diestra y siniestra
otorgan amparos, quienes, propician la construcción de edificios contrarios
al programa de desarrollo”. Dicho de otra manera, para él las normas que
regulan el buen vivir, son un estorbo, hay que dedicar tiempo para
modificarlas a modo –como hizo con la ley de desarrollo urbano- y hacer todo
lo necesario para no cumplirlas; como ocurre con la sentencia de un tribunal
que le enmienda la plana y le dice que el predio 43 de Fernández leal, es y
ha sido siempre habitacional.[4]
Lo cierto es que a estos “ocurrentes” les importa un bledo la gente. Si
no se les pone un límite terminarán proponiendo, no solo el reciclamiento de
la ciudad sino de las personas que, según su visión, no son más que gamas
cumpliendo su ciclo de vida y sin más destino que alimentar los hornos
crematorios para mantener la energía de sus modernas ciudades; como en el
mundo feliz de Aldous Huxley.
[1] Que de suyo perdió su encanto porque a alguien “se le ocurrió” que la
calle central podía ser estacionamiento además de invertir el sentido para
convertirla en ruta de paso para autos de lugares lejanos.
[2] Los llamados Viene viene, que al igual que los ambulantes agreden al
ciudadano, viven en al periferia, son organizados por lideres la servicio de
la burocracia etc.
[3] Como la “ciudad ofensiva” que acabó con el Pueblo de Xoco, y el
centro cultural Elena Garro de CONACULTA, cuya titular se ha pasado por el
arco del “¿triunfo”?, mandatos judiciales, que la obligan suspender las
obras y por supuesto otros que deben aplicársele cuando menos para
inhabilitarla como funcionaria si no es que responder penal y
pecuniariamente por su desacato.
[4] En su informe de octubre del 2011insistió en que conforme se avance en
la actualización de los programas delegacionales, se eliminarán los abusos”
¿de los jueces, destacando entonces que ya se contaba con esas
modificaciones en Cuajimalpa y Magdalena Contreras, para que tenga el aval
de la nueva autoridad, que será la figura jurídica para eliminar ese abuso
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Proyectar
democráticamente
03 septiembre de 2012
Ciertos atrevidos afirman que la diferencia entre el humano y los animales,
es justamente la capacidad de visualizar donde estoy y hacia que meta, lugar
o aspiración pretendo llegar. Cuando este ejercicio, rebasa el ámbito de la
reflexión personal, casi siempre en la soledad de estar con uno mismo, y se
convierte en un trazo que puede afectar a varias personas o grupos,
generalmente surge un equipo que, como tal, debiera compartir algo más que
metas. Cualquier persona que fue electa para el desempeño de una función
–jefe de departamento, gerente, representante ciudadano, legislador o
presidente- debe empezar por reconocer la urgencia de integrar equipos que
coincidan con su intención de estar en movimiento, hacerlo de manera
ordenada y solo por excepción utilizar la improvisación que es justamente la
antitesis de la proyección.
La historia nos ha dejado ejemplos de cómo es que un líder fracasa en su
intención de crear el futuro, justo por la incapacidad de quienes le rodean
para comunicarse verbal, corporal, psicológica y por supuesto eficientemente
con el resto de aquellos convocados para las tareas que el líder ha
planeado. ¿Cuantas veces las mejores intenciones se vienen abajo por un
comentario inoportuno, la omisión en el cumplimiento de una instrucción, la
exagerada iniciativa de los más cercanos[1]
y hasta un consejo inadecuado? En la intención de presidentes mexicanos
convencidos de utilizar nuevas dinámicas y sistemas organizativos, hubo
quien privilegió aspectos técnicos sobre los políticos. La mercadotecnia
avalada por los expertos en reclutamiento, nos enfrentó a un sexenio en el
cual crudamente se dejó en claro que la suma de talentos no necesariamente
hace un buen equipo como nos ocurre con el futbol. Los líderes del Congreso,
en las dos cámaras y al interior de las fracciones parlamentarias, ¿serán
capaces de intuir o tener la información necesaria acerca de la intención,
los valores, la identidad personal y hasta el carácter de la gente que
pretenden invitar a ser parte de su equipo de trabajo?
Mucha tinta se ha gastado en señalar, las consecuencias de integrar equipos
más con sentido utilitario, de complicidades o de cumplimiento de las
llamadas “facturas”. Sobre todo en política este ha sido quizá uno de los
más frecuentes errores que ha producido grandes distancias entre clases
sociales, corrupción, impunidad e incomodidad ciudadana, lo cual ha puesto
en riego la paz social durante varios años. Más allá de decidir si los
criterios para integrar el próximo gabinete de México, se basan en sistemas
cerrados, abiertos o flexibles; la mayor responsabilidad del líder ya
declarado electo, debiera ser proyectar su programa de gobierno escuchando a
la gente. Estar cierto de lo que piensa el joven de Iztapalapa, la
trabajadora de ciudad Juárez o el músico de santa María Tahuilotepec,
depende en buena medida de que el ciudadano Peña Nieto no permita a sus
cercanos aislarlo de una realidad urgida de soluciones y harta de los
discursos y la propagada engañosa.
Quienes hemos tenido el privilegio de haber sido invitados a proyectos
empresariales, académicos e incluso del poder público, sabemos las grandes
dificultades de integrar un buen equipo. Lograr el reconocimiento mutuo en
vez de la competencia desleal, permanecer por convicción y no como resultado
del miedo o el sometimiento sino por la eficacia de las acciones, garantiza
la madurez del grupo y la satisfacción de la gente, en este caso el pueblo,
como resultado de un desarrollo obligado para todos.
En esto pensaron desde los años 80, los políticos de entonces, me refiero a
muchos que hoy son llamados de manera despectiva “dinosaurios”. Esos[2]
a los cuales se desacreditó usando propaganda que hoy podemos evaluar como
negativa, avanzaron en lo que aun hoy está vigente: la ley de Planeación; y
si no se hizo el reglamento a nivel nacional[3],
se debe justamente a los inútiles intentos de jóvenes bisoños y aprendices
de brujo para inventar el agua tibia o el hilo negro. A partir de una
sociedad mas madura, en esta tarea inconclusa están trabajando ya mexicanos
sabios, comprometidos y capaces. Les mueve el deber de no llevar a la tumba
su experiencia, el propósito de legar a sus hijos y nietos una sociedad
segura cuyo entorno sea aliciente para la continuidad de los éxitos
merecidos por cualquier ser humano. Una seguridad que va mas allá de lo
físico, que rebasa el ámbito de lo punitivo abarcando la certeza en la
propiedad privada, la protección a los esfuerzos productivos, el respeto a
las voces diversas y la madurez de rectificar oportunamente cuando la
evaluación ciudadana así lo reclame. El ciudadano del siglo XXI, aun el de
tingüidin de las tunas, merece ser incluido, tiene el derecho a opinar sobre
el presente y el futuro y espera que los programas de gobierno se redacten
con los expertos de escritorio es verdad; pero con la experiencia diaria de
quien vive la lluvia, la sequía, la expropiación injustificada, el abuso
fiscal, la escalada de precios o la negativa a ser escuchado y respetado
como ser humano-.
[1]
Las llamadas guardias
pretorianas –secretarios particulares, asesores, responsables de agenda
y hasta miembros influyentes en el equipo; en muchos caso terminan
aislando al jefe de la gente con quien esperaba fueran sus
beneficiarios.
[2]
Políticos, viejos, priístas,
etc.
[3]
Si tienen reglamento
estados como: el de México, Aguas Calientes, Chiapas, Jalisco, Guanajuato,
Quintana Roo y DF. ANTERIORES
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