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ESTADO DEL TIEMPO

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INFORME ROJO

Mussio Cárdenas Arellano

Los muertos de Aguilar Yunes

* Theurel: ¿la Noche del Grito o la Noche Triste? * Ningunea al representante del gobernador * 21 millones para “embellecer” la avenida Universidad * Detrás del contrato, un junior * Deja la cárcel, sin delito alguno, “El Potro” * Versión extraoficial: revocan título de concesión a API-NAN

Marco Antonio Aguilar Yunes pudo ser procurador pero el miedo no lo dejó. No le gustan los muertos violentos ni echarle el guante a los malosos. Le gustan otros muertos, los que mueren por accidente, por negligencia o por un infortunio de la vida.

Su mente policíaca sólo le da para anidar entre la burocracia ministerial, en el confort de una oficina elegante, el café que sirve de aditivo, el trato amable de una guapa edecán, y los temas de trámite, los que no manchan ni inquietan.

Aguilar Yunes transitó por agencias del Ministerio Público y cuatro veces fue subprocurador, dos veces en Veracruz, Xalapa y su natal Córdoba, pero a la hora grande, cuando el duartismo llegó al poder, se quebró. Le provocan pavor Los Zetas y el Cártel del Golfo, y el Chapo, y los Templarios, y todos los que se disputan el territorio veracruzano.

No fue procurador pero sí el secretario de Trabajo, algo más cómodo, en el gobierno de Javier Duarte de Ochoa, su amigo, cargo donde vive días de vergüenza, atrapado en un discurso infame, maquillando cifras, simulando avances y desoyendo a los de abajo.

Obsesivo con su imagen política —la personal está dada al traste—, no hay día que el maestro Aguilar Yunes no lance una declaración espectacular: expresa, por ejemplo, su preocupación por el trabajo infantil en el campo, que impide a los niños estudiar; o la exención de impuesto sobre nómina a empresarios que contraten adultos mayores y estudiantes; o que Veracruz va a la vanguardia en generación de empleo, aunque el IMSS lo desmienta.

Más allá de la palabrería, la Secretaría del Trabajo le ha servido para ir construyendo un proyecto personal y de grupo: la candidatura a la alcaldía de Córdoba, que le roba tiempo e ímpetu. Desde esa plataforma se pavonea, usa sus recursos, el aparato publicitario y la proyección, sin otro merecimiento que saberse amigo del gobernador.

Ser alcalde es una obsesión y, más que eso, una ambición. Pero en el camino del maestro Aguilar Yunes hay piedras que no debió ignorar: las de los muertos pendientes.

Un caso, el del accidente en la empresa Tenerías Company, S.A. de C.V., dedicada al procesamiento y exportación de pieles. Asentada en Ixtaczoquitlán, conurbada con Orizaba, el 12 de julio pasado fue escenario de un hecho macabro: seis de sus empleados murieron al realizar trabajos de mantenimiento en un depósito de ácido sulfhídrico. No portaban equipo de seguridad y el desenlace fue fatal.

Hasta Ixtac llegó el secretario de Gobierno, Gerardo Buganza Salmerón, y con él, Aguilar Yunes, como adorno. Anunciaron la clausura de Tenerías hasta culminar la investigación y por advertir irregularidades en su infraestructura, que debieron detectar y sancionar los inspectores de la Secretaría del Trabajo, pero no lo hicieron o la solaparon. También ofrecieron estar al pendiente del pago de indemnizaciones a los deudos.

Pieza de escándalo, el accidente de Tenerías debió evitarse si las normas de seguridad se hubieran cumplido a tiempo. Seis muertos manchan el expediente de Marco Antonio Aguilar Yunes.

Uno más fue el del remolcador que se hundió —septiembre 14— durante las maniobras de inmersión del segundo elemento del túnel sumergido bajo el río Coatzacoalcos. Dos marinos perdieron la vida y a partir de ahí se conoció una historia de atropello laboral, violaciones a la ley, incumplimiento de normas de trabajo y, sobre todo, de seguridad.

Hace dos semanas ocurrió el accidente y en la agenda del secretario de Trabajo de Veracruz no hay un renglón que lo mueva a constatar, de cuerpo presente, cómo marcha la investigación y qué responsabilidad tiene la empresa Concesionaria del Túnel Coatzacoalcos y la contratista que suministró el servicio de remolcadores. Ha de ser porque entre los propietarios figuran familiares del secretario de Desarrollo Económico del gobierno veracruzano, Erick Porres Blesa, otro favorito inútil del clan duartista.

Son claras las prioridades del maestro Aguilar Yunes: primero es la candidatura a la alcaldía de Córdoba y después que se caiga el mundo. Así conduce a la Secretaría de Trabajo, usando su aparataje, sus recursos, sus reflectores, pero sin resultados.

Se promueve en medios, en columnas políticas, en notas informativas. Usa foros de consulta, posa junto al gobernador, se codea con la secretaria de Trabajo federal. Insta a ser elogiado, sacralizado por una labor mediocre, de quinto patio. Todo se vale para asaltar la alcaldía de Córdoba.

Mientras, sus muertos pendientes aguardan que la justicia llegue.

Archivo muerto

No sólo le hicieron el vacío sus ediles. La noche del Grito de Independencia, Marcos Theurel hizo otra rabieta marca Theurel: desdeñar a su antiguo mentor, ahora rival político, Marcelo Montiel Montiel. Ahí lo tuvo una hora, entre los invitados, como si fuera una maceta más en el corredor, sin un solo rasgo de cortesía. Enchilado, como siempre —ora sí, “Te rompo tu puta madre”—, el alcalde Theurel se cobraba la afrenta, que no se la hizo el secretario de Desarrollo Social, Marcelo Montiel, al asistir al evento, sino el gobernador Javier Duarte, al enviar como representante al peor enemigo del alcalde de Coatzacoalcos. Apenas le dirigió la palabra, dibujado en el rostro el enfado, los ojos caídos, la quijada trabada. De rencores mayores, Theurel y Marcelo se regatean la plaza política y se culpan mutuamente de haber zancadilleado al ex candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, cuya desastrosa votación en el distrito de Coatzacoalcos si acaso le alcanzó para dar algo de lástima. A Theurel le tocaba protagonizar la Noche del Grito, pero aquello fue, sin exagerar, la Noche Triste, sin ediles y llevando como representante del gobernador a su odiado maestro, Marcelo Montiel. No hubo quien le dijera a Theurel que el certamen de groserías no fueron para Montiel sino para quien lo envió como representante, el gobernador Javier Duarte… Quien opera el contrato es el junior, no el padre, porque ni puede ni debe, y menos cuando se es funcionario municipal. Son 21 millones de pesos bajo la etiqueta de embellecimiento de la ciudad y que en lenguaje llano es la colocación de palmeras en el camellón de la avenida Universidad, en la zona comercial de Coatzacoalcos, y la sustitución del alumbrado que de por sí es deficiente. De mediano perfil, nada pública su imagen, el joven junior es la mejor máscara de su padre, el centinela de Theurel, cuya encomienda es —mejor dicho, debiera ser— la de cuidar que las cuentas cuadren, que ningún funcionario haga trinquetes y que el Órgano de Fiscalización Superior del Estado de Veracruz no enchinche al alcalde Marcos Theurel, así tenga evidencia de su pestilente gestión. 21 millones de pesos por unas cuantas palmeras es un derroche y un negocio único en el pre-año de Hidalgo, una muestra de la corrupción en la que incurren quienes, se supone, tienen que evitar la corrupción. 21 millones que se hubieran aplicado en rehabilitar el asfalto de la avenida Universidad, que está hecho un asco… Libre, finalmente, y sin cargo alguno, abandonó el penal de Pacho Viejo el líder del movimiento de resistencia contra las tarifas eléctricas en Veracruz, denominado “La Leyenda de Chucho el Roto vive”, Francisco Fernández Morales, “El Potro”. Logró un tercer amparo federal que lo declaró inocente de las denuncias interpuestas por el gobierno federal, tras una serie de actos de protesta en la zona de Cardel; su negativa a pagar los excesivos cobros que realiza la Comisión Federal de Electricidad, y el rechazo a admitir cortes de suministro por parte de personal de CFE. “El Potro” había sido condenado a 20 años de prisión y luego a reparar daños por 18 mil pesos, a lo que se negó. Alcanzó el beneficio de dos amparos federales y cuando se le sugirió que admitiera parte de su culpa y peleara su reivindicación ya en libertad por una tercera causa penal, se negó. “El Potro”, quien además de ser un líder social fue diputado local panista, dijo que era inocente y que prefería permanecer en Pacho Viejo el tiempo que fuera pero no aceptar un cargo de culpabilidad. El sábado 22 quedó libre, totalmente exonerado, su expediente judicial limpio, y ahora se espera que la CFE repare el daño moral causado… Versión de que el título de concesión de la Administración Portuaria Integral de Nanchital (API-NAN) se perdió. Por incumplir los términos en que fue otorgada por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, por falta de resultados y transgresiones al clausulado del documento, se le revocó la concesión otorgada el 13 de marzo de 2008. Entró en fase crítica cuando cayó en manos del alcalde de Nanchital, Alfredo Yuen Jiménez. Estuvo sujeta a un largo litigio y finalmente se perdió el título de concesión. Sólo falta que se oficialice. Tiene manos de fierro el alcalde Yuen: lo que no truena, le revienta…


INFORME ROJO

Mussio Cárdenas Arellano

Lupita Theurel: los defectos de la candidata

* Ser minatitleca y ser hija de Lupe Porras * Túnel sumergido: silencio oficial * Reprime Javier Duarte a #YoSoy132

Cegada por una obsesión, suya y de quienes la patrocinan, Guadalupe Félix Porras de Theurel va construyendo una candidatura sin atinar a percibir la dimensión de su triste y precario escenario: por ser minatitleca y por ser hija de quien es, nunca encontrará la clave, el código de acceso a la política de Coatzacoalcos y, menos aún, la palanca que le permita arrebatar espacios de poder.

Aún así, la niña pródiga del clan Porras no quita el dedo del renglón en su afán de suceder en el cargo a su esposo, el alcalde Marco César Theurel Cotero, no para continuar su patética obra de gobierno —o quizá para hacerlo peor— sino para tapar las rendijas por donde asoma la corrupción, manejos turbios, negocios pestilentes, suciedad a granel.

Encuerdada por su mamá, doña Lupe Porras David, ex alcaldesa de Minatitlán, que es quien realmente quiere comerse al PRI y a los priístas de Coatzacoalcos, Lu-pilla ha entrado en la puja anticipada por la candidatura, sabedora también que si no cuaja el asalto cuando menos pudiera allegarse, de rebote, la diputación local o la sindicatura, algo así como un reintegro de lotería, pues desde ahí podría neutralizar cualquier acción legal contra su tormento de cabecera, el agresivo Marcos Theurel — “Te rompo tu puta madre”—, y de paso salvar el pellejo ella misma.

Su problema estriba en su falsa concepción de la política. Supone que aquella de frase de Julio César, el romano: veni, vidi, vici —vine, vi, vencí— es aplicable a Coatzacoalcos, y que el pasado inmediato de su mentora, Santa Lupe de Minatitlán, el gobierno corrupto que encabezó, es algo para olvidar.

Recién avecindada en Coatzacoalcos, hará dos años acaso, llegó de la mano de Theurel, entonces su novio —noviazgo iniciado en la Secretaría de Comunicaciones de Veracruz— y candidato a la alcaldía. En campaña supieron los priístas de su existencia; de cómo repartía despensas, láminas y todo aquello con lo que se compra el voto. Así incorporó a su ejército de minatitlecos a la política local, desde entonces empeñados en suplantar al gonzalismo de Gonzalo Guízar, al marcelismo de Marcelo Montiel, al chagrismo y Roberto Chagra y al ivanismo de Iván Hillman Chapoy. O sea, ser Lu-pilla la princesa y doña Lupe, la reina madre.

Sin Marcos Theurel, la doñita sería nada. Activista del fraude que los llevó a la presidencia municipal, Lupe Félix transitó de novia a esposa y de ahí a la presidencia del DIF, al que no atiende, por cuyas oficinas ni se para y sólo le sirve para posar la foto y derrochar recursos públicos al venderse como la octava maravilla terrenal.

Sin arraigo, inflada por la publicidad, en un derroche insultante de recursos, maiceando “periodistas” de-a-tanto-la-línea, comprando aplausos indignos, sucia la mano que los escribe y la boca que los pronuncia, Lu-pilla Félix no ha logrado en 20 meses de desgobierno theurelista conformar nuevas estructuras políticas y cooptar a las promotoras sociales, y, sí, en cambio, ganarse su rechazo y hasta el repudio.

Sus quejidos tras la derrota del PRI y de su candidato presidencial, Enrique Peña Nieto, en el distrito de Coatzacoalcos, hizo expresar a la pareja municipal que las promotoras debían pagar por su traición. Su última puntada, moviendo la mano de su esposo, tuvo un fin perverso, malévolo: mandarlas al diablo y retirarles todo apoyo económico, pulverizarlas pues, al cabo que “de muertas de hambre no pasan”.

En respuesta, lo único ganado es ser vista como una intrusa sin escrúpulos a la que harán pagar por la afrenta. Su origen minatitleco, por un lado, la coloca en desventaja frente al electorado de Coatzacoalcos, que no le ve nada para ser candidata.

Tal desarraigo es sólo uno de sus defectos. Tener a Lupe Porras como manager política es para morirse.

Contrasta la incompetencia política de la hija con la proclividad para meterse en broncas que distingue a la madre. Su gobierno municipal, en Minatitlán, entre 2008 y 2010, es lo más semejante al caos y al atropello, quebradas sus finanzas y agraviados los gobernados.

Doña Lupe, por ejemplo, incurrió en un dispendio bárbaro, acreditado por el Órgano de Fiscalización Superior del Estado de Veracruz, que en la cuenta pública de 2008 reflejó el pago irregular de 221 millones de pesos, la mayor parte proveniente de partidas federales, liberados sin la firma del síndico Noé Hernández.

En 2009, le metió caña a 41 millones de pesos, pagados también en forma irregular. Ese año multiplicó las anomalías y violaciones a diversas leyes; atropelló la normatividad; ocultó documentación; afectó partidas presupuestales y usó recursos para obras que no correspondían a los programas federales que los tenían etiquetados.

Lupe Porras enfrentó créditos bancarios, a los que no les abonó un solo peso. Pero si de endeudar se trataba, contrató uno más, con Banca MIFEL, por 10 millones de pesos, del que no se supo en qué lo aplicó ni amortizó un centavo.

Por tres cosas la recuerdan los minatitlecos: su obra pública, pésima y entregada a contratistas amigos y recomendados; el juicio con el empresario Julio Aldana Prieto, a quien le arrebató la concesión para el procesamiento de basura, que valió una demanda que al final perdió el ayuntamiento de Minatitlán y ahora deberá pagar 360 millones de pesos, y la represión a quienes disentían y la criticaban.

Cuando dejó el ayuntamiento, la reina madre lo hizo sin un informe de labores que diera cuenta de su maltrecha gestión. Sólo acuerpada por su burocracia corrupta, se marchó con el rabo entre las piernas. Se fue a oscuras, sin los reflectores, sin las cámaras, sin la publicidad por las que derrochó millones y más millones.

Echada de la política minatitleca, protagonista de una historia de corrupción y escándalo, Lu-pilla mayor migró pronto tras un nuevo botín: Coatzacoalcos, donde aspira a adueñarse de la plaza.

Ha de imaginar Lu-pilla Theurel, la hija, que con su desarraigo, ser minatitleca de origen, y la fama pública de su madre y manager, se puede ser la candidata estelar del PRI.

Qué miopía. Aletear no significa que vaya a volar.

Archivo muerto

Once días después, no llega el informe oficial que explique las causas del hundimiento de un remolcador y la muerte de dos de sus ocupantes, durante las maniobras de inmersión del túnel sumergido de Coatzacoalcos. Se sabe lo que informó la prensa y lo que de manera aislada expresaron el capitán de puerto, Miguel Angel Rebolledo Guiot, la empresa constructora Concesionaria del Túnel Coatzacoalcos (COTUCO), algunos funcionarios menores del gobierno de Veracruz y el alcalde Marco César Theurel Cotero. Se prometió un informe detallado para el lunes 17, tres días después del accidente, ocurrido la madrugada del viernes 14, pero no hubo nada. Lo que sí trasciende son las pésimas condiciones en que se hallaba el equipo usado para la inmersión del segundo elemento del túnel, las violaciones laborales y la denuncia de los familiares del jefe de máquinas, Apolinar Galván Tejeda, que revelan que los marinos no fueron capacitados para realizar una maniobra de esa dimensión, lo que agrava la negligencia con que se actuó… De próspero, el gobierno de Javier Duarte de Ochoa no tiene un gramo. Represora, su policía dio una golpiza, privó ilegalmente de su libertad, incomunicó, intimidó y torturó a integrantes del movimiento antipeña y #YoSoy132, durante los festejos patrios, en Xalapa, los días 15 y 16 de septiembre. Polémicos sí, para unos fanatizados, para otros en su derecho a decir no, ejercían los jóvenes su protesta en la capital veracruzana poco antes de que el gobernador de Veracruz diera el Grito de Independencia. La policía los fildeó, se les fue encima y no únicamente los golpeó: los levantó, “nunca los llevaron al cuartel policíaco, sólo los pasearon y golpearon”, señalan en un comunicado a los medios de comunicación, citado en el portal en internet de la revista Proceso. El episodio reedita los tiempos del viejo PRI, el que dicen los súbditos del sistema que ya se fue y no volverá. Sí, pues. Al día siguiente, el domingo 16, la ayudantía de Javier Duarte y la policía, los represores prósperos, les repitieron la dosis, al mantenerlos a un kilómetro del palacio de gobierno, replegados con fuerza bruta, cuando marchaban del parque de Los Tecajetes hasta el Diario de Xalapa. Acusan que elementos policíacos “empezaron a cercarnos, nos comenzó agredir empujándonos con sus rifles, sus manos y las vallas”. Viene una denuncia ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos que, sin duda, atrapará al gober Duarte. Con su política de gorilato, régimen intransigente, esencialmente violento, el mandatario veracruzano revive sus primeros días de gobierno, cuando dibujó su naturaleza represora, capaz de encarcelar tuiteros y periodistas críticos, y de enfrentar a todos con el argumento de la fuerza, falso demócrata y cuestionada su solvencia y su legitimidad, producto de una imposición a los priístas y un fraude con el que se burló la voluntad ciudadana. Toda una incongruencia, pues mientras Javier Duarte daba el Grito de Independencia, sus guaruras prósperos reprimían a antipeñistas, veracruzanos que ejercían, con o sin razón, como sea, su derecho constitucional inobjetable a manifestarse. Es la otra cara, el rostro real, del gobernador de Veracruz…


INFORME ROJO

Mussio Cárdenas Arellano

Túnel sumergido: negligencia criminal

* El cabildo dejó solo a Theurel la noche del Grito * Nepotismo en el Ayuntamiento de Coatza * Dos familiares del director jurídico en nómina * César Chang: contratos para foráneos * Consorcio Constructor Inmobiliaro Pegaso, la clave

Muchos —Javier Duarte de Ochoa en la cúspide, la constructora y el gobierno federal— han de llevar para siempre el peso moral de una tragedia, la del túnel sumergido de Coatzacoalcos, cuya construcción acumula ya saldo rojo y un presagio por demás sombrío.

Dos muertos en la conciencia no es cualquier cosa. Cala y seguro deprime en lo más profundo a quienes, directa o indirectamente, por la premura irresponsable de sumergir uno de los elementos de concreto en el lecho del río, en condiciones adversas, cuando la lógica, la sensatez y la opinión de los técnicos expertos aconsejaban aguardar, le costó la vida a Miguel Carrasco Ulín y Apolinar Galván Tejeda, capitán y jefe de máquinas del remolcador Coatzacoalcos I.

Javier Duarte, el gobernador de Veracruz, urgía la continuación de los trabajos del túnel sumergido, cuya ejecución ha estado marcada por denuncias por corrupción, técnica mal aplica, errores de construcción, un proyecto ejecutivo plagiado y no acorde con las características del estuario en que se realiza, uso de materiales de mala calidad y daños colaterales a viviendas aledañas, así como la destrucción de piezas arqueológicas de origen olmeca.

Hasta donde revelan las fuentes internas del gobierno estatal, Javier Duarte había impuesto plazos fatales, montado en su obsesiva intención de que el avance de la obra del túnel fuera una palanca electoral entre los votantes de Coatzacoalcos y Villa Allende, poblaciones que serían conectadas por el túnel bajo el río, y presentada como la maravilla tecnológica de América Latina.

Quiso, pues, obtener una rentabilidad política, amagado por su deterioro público y el descrédito de su gobierno, pero deseoso de ganar apoyo popular y votos para el PRI, a fin de enfrentar la renovación del Congreso de Veracruz y la elección de 212 alcaldes, cuya gestión será de cuatro años, o sea mayor presupuesto.

Sumergir el bloque de concreto —el llamado segundo elemento, un cajón que unido a otros cinco tramos semejantes conformarían los carriles para el tránsito de vehículos— era algo inaplazable para la administración Duarte, y se propuso hacerlo así tuviera signos que advertían un final fatal.

Se programó en marzo el inicio de la inmersión de los elementos de concreto; no se logró. En julio se fijó nueva fecha; sería el 8 de agosto; tampoco. Luego que el 28 de agosto, y nada. Ese día, tras la cancelación, se anunció que 12 de septiembre se procedería a hundir el bloque y que, incluso, el gobernador estaría en Coatzacoalcos coronando su triunfo; no fue así.

Una serie de hechos fueron dibujando la tragedia que finalmente ocurrió. Al mediodía del miércoles 13, el alcalde de Coatzacoalcos, Marco César Theurel Cotero; el secretario de Comunicaciones de Veracruz, Raúl Zarrabal Ferat; el capitán de Puerto, Miguel Angel Rebolledo Guiot, y la empresa Concesionaria Túnel Sumergido de Coatzacoalcos (COTUCO), determinaron aplazar nuevamente la inmersión del segundo elemento del túnel.

Sin condiciones para sumergirlo, con las corrientes del río en su límite, era mejor esperar. Así transcurrió el día. Sin embargo, horas después vino la contraorden. Al filo de las 9 de la noche se inició la inmersión porque las condiciones eran “inmejorables”, según el director de Obras Portuarias de Coatzacoalcos, Cornelius Veersteg Zebadúa, una de empresas involucradas en la construcción. Hacia las 11, el elemento era conducido por tres remolcadores, el Coatzacoalcos, el Papaloapan y el Oaxaca.

A eso de la una de la mañana se produjo el accidente. Eran las 00:50 horas cuando el remolcador Coatzacoalcos chocó con el elemento de concreto. Le produjo un boquete y comenzó a hacer agua. El capitán Carrasco Ulín dio aviso vía radio y el capitán de Puerto, Rebolledo Guiot, ordenó que se le auxiliara. Le enviaron una embarcación y procedieron a cortar el cable de acero que lo unía al segundo elemento.

No pudo achicarse el agua que entraba al remolcador. En cuestión de diez minutos se hundió. Pudieron salvarse tres tripulantes, pero el capitán Carrasco Ulín y su jefe de máquinas, Apolinar Galván Tejeda, murieron ahogados. Sólo el cuerpo del capitán logró ser rescatado.

Marcada su suerte, la construcción del túnel quedó en suspenso hasta nuevo aviso. El segundo elemento regresó a su posición original y no se le pudo sumergir en el río Coatzacoalcos.

Reconstruir la historia permite advertir que alguien puso la cuota de negligencia que a la postre acabó con dos vidas. Tanto el alcalde Theurel como el capitán de Puerto, Miguel Angel Rebolledo Guiot, había declarado a la prensa, al mediodía del miércoles 13, que no se realizaría la inmersión del elemento de concreto porque las corrientes del río no lo permitían. El capitán de puerto incluso señaló que lo más aconsejable sería posponer las maniobras hasta el año 2013.

Un frase, cuando explicó las posibles causas del accidente, lo dice todo: “Iba todo muy bien, pero la corriente y jalones hizo que un remolcador se hundiera”.

Lo que nadie atina a entender es cómo permitió que se realizaran los trabajos de inmersión, cuando doce horas antes había señalado que las corrientes no garantizaban que el elemento de concreto fuera colocado en el canal dragado en el lecho del río.

Extraoficialmente se sabe que la orden provino del gobierno de Veracruz, directa a la empresa constructora. La razón, revelada públicamente días antes por el secretario de Comunicaciones, era que la empresa holandesa Marine Joing Venture, encargada de la colocación de los elementos de concreto, no disponía de tiempo para realizar la maniobra, dados sus compromisos en otros países. Era ahora o hasta el 2013. Incluso trascendió que el equipo usado es único y que la empresa tenía ya suscrito un contrato por dos años en Japón.

Apremiar una maniobra de alto riesgo y de precisión milimétrica, en condiciones adversas, provocó un accidente fatal y la pérdida de dos vidas.

Sea Javier Duarte, la empresa COTUCO o el gobierno federal, el responsable, la negligencia ahí está.

Con eso, con dos muertes en su conciencia, van a caminar siempre.

Archivo muerto

Tirado al olvido, Marco César Theurel Cotero sintió, como nunca, la noche del Grito de Independencia, el abierto repudio de su cabildo. Diez de los 15 ediles, hartos de sus locuras, de su maltrato —“Te rompo tu puta madre”—, de la megaendeudada que le está dando al municipio, del saqueo, faltaron a la cita. Cinco minutos antes de salir al balcón del palacio municipal de Coatzacoalcos, llegó el síndico Roberto Chagra Nacif, cuando ya Theurel echaba espuma por la boca, y lo hizo sólo para realizar la entrega de la bandera. Edgar Brito, del Partido Acción Nacional, y los priístas David Cornelio y Salvador Hernández Castro, lo acompañaron unos minutos y luego, los cuatro, volaron. Ahí se quedó el alcalde Theurel rumiando su desdicha, en la ceremonia del Grito más desangelada de la historia, pues en el parque tampoco hubo pueblo que lo aclamara. Va reeditando Theurel la historia de su suegra, Guadalupe Porras David, que siendo alcaldesa de Minatitlán terminó dividiendo al cabildo, luego unificando a todos en su contra y finalmente exhibida ante el Congreso de Veracruz y denunciada penalmente por el síndico y los regidores ante la Fiscalía Especializada para Delitos Cometidos por Servidores Públicos. Hubo otro episodio: el ninguneo de Theurel al representante del gobernador, Marcelo Montiel Montiel, que es tanto como haber ninguneado a Javier Duarte. Mañana les cuento… Eminencia gris, ejecutor y verdugo de los trabajadores, Benito Argüelles Calzada es toda una contradicción: mientras echa la calle al personal del Ayuntamiento de Coatzacoalcos, dos de sus familiares fueron incrustadas en la nómina municipal. Una de ellas es su hermana y la otra, su sobrina. Eso es nepotismo y es inmoral. Con su venia, sus amigos entraron a la Dirección Jurídica Municipal, que don Benito encabeza, y ahora son funcionarios de buen nivel y mejor salario. Uno de ellos, José de Jesús Carrizales, es hoy director de Comercio, por cierto ya denunciado por ordenar que la policía apaleara al grupo de vendedores de dulces que no se sometieron a los caprichos y disparates del alcalde Marcos Theurel. Si supiera el edil quiénes y con cuántos marcelistas dialogan los protegidos de Benito Argüelles, y él también… Como todo queda en familia, César Chang Ricárdez, sobrino del alcalde de Nanchital, Alfredo Yuen Jiménez, convirtió la Dirección de Obras Públicas Municipales en una mina de oro. Desde ahí dispara contratos, asigna obras y, magnánimo, ayuda a quien él quiere. Eso sería lo de menos, de no mediar que los beneficiarios de diversos trabajos son empresas foráneas, no nanchitenses, lo que equivale a que los recursos invertidos se vayan a otros municipios. “Mister diezmo”, a cuyo apelativo responde, tiene ligas en Ixhuatlán del Sureste, Moloacán y Las Choapas. A los constructores nanchitenses, César Chang sólo se les arroja migajas, y a veces ni eso. Otras, como Consorcio Constructor Inmobiliario Pegaso, donde él y el notario Miguel Yuen Ricárdez, su primo e hijo del alcalde de Nanchital, tienen vara alta, le sirven para reciclar gastos de hospedaje y tratamiento en Oceánica. Luego les digo…


INFORME ROJO

Mussio Cárdenas Arellano

API de Nanchital: negocio en las sombras

* De copa en copa, Juan Manuel del Castillo quiere ser diputado * Rocío Nahle y la desvencijada estructura de MORENA

Voraz es una palabra suave si se trata de describir al alcalde Alfredo Yuen Jiménez, futuro cacique de Nanchital, cuyos alcances le dan para encarnar la versión remasterizada de Chico Balderas y si el tiempo y la vida se lo permiten, quien habrá de deponer a Carlos Romero Deschamps de la cúpula del sindicato petrolero.

Hoy, por lo pronto, hace como que hace, gobierna a medio vapor, desgobierna le dicen sus críticos, y sume en el fango al municipio de Nanchital, enjaretado a los nanchitenses como fallido alcalde, o quizá por maldición de los dioses, por segunda ocasión, como si su primera presidencia municipal, que fue lo más cercano a un desastre, no hubiera bastado.

Yuen Jiménez ha permitido negocios y triquiñuelas de su niño problema, Jorge Ramón Yuen Ricárdez, a quien, en uno de esos momentos de irreflexión, convirtió en presidente del sistema DIF, sin reparar, sin pensar siquiera, en la atracción fatal que existe entre el junior y el alcohol, agravada por su prepotencia y malsana vocación para trasladar su violencia interna a las novias en turno, deslumbradas primero y horrorizadas con el Demonio de Tasmania después.

Alfredo Yuen, sin embargo, tiene las manos metidas en asuntos que le son propios al municipio y en temas que tarde o temprano le han de quemar las manos a él. Es un fiasco como alcalde; tiene la ciudad hecha una inmundicia; la basura adorna cruceros y banquetas; el alumbrado es pésimo; los jardines de camellones carecen de chapeo, y colonias como la San Miguel Arcángel, Primero de Mayo, Jardín, Manuel Ramírez Romero, San Agustín y San Nicolás de Bari, se hallan en el mayor abandono.

Pasivo, tirado a la dolce vita, nada hace por el pueblo que deseaba gobernar. Como si estuviera en estado catatónico, con aspecto de muerto, sin pulso ni signos de que respire, pero vivo para el disfrute, no sale de Coatzacoalcos, su segundo hogar, y sobre todo de los restaurantes exclusivos, carísimos, como Piquitos, Trocadero y Pampas, o de tiendas selectas, como Liverpool. Para eso es el poder.

Que Nanchital sea un municipio pobre, no le impide a Alfredo Yuen administrar recursos vastos ajenos al ayuntamiento, sin rendir cuentas y sin cumplir con la ley.

Un filón de oro para su seguro de retiro, es la Administración Portuaria Integral de Nanchital, un ente de carácter municipal, convertido en elefante blanco, cuyas finanzas son el más preciado secreto del alcalde, del cual Alfredo Yuen es presidente del Consejo de Administración.

Creada como un puerto alterno, con desarrollo propio, en la margen derecha del río, la API-NAN contempló ser un recinto en que armaran plataformas petroleras, atracaran barcos de menor calado, con precios competitivos para piratearle clientes a la API de Coatzacoalcos. Así se le concibió pero la realidad fue distinta.

Caída en el olvido, sin movimiento ni clientela, la API-NAN sobrevive gracias a la renta de bodegas. Y a las transas casi imperceptibles de quienes ven el recinto portuario como negocio personal.

Virtualmente quebrada, la API-NAN mantiene un pasivo laboral, producto de la falta de pago a sus escasos trabajadores, a quienes desde hace años no les cubre su salario sino que esporádicamente le da “ayuda económica”. Su director, Carlos Andrés Canizal Olán, invariablemente aduce escasez de recursos.

Un expediente relativo a ese pasivo laboral, demuestra la infamia cometida contra cuatro empleados, a quienes se les adeudaba su salario desde 2009 a marzo pasado.

En uno de sus oficios, fechado el 14 de marzo, Filiberto García Castro, Víctor Manuel Santiago Miss, Juan Luis Moctezuma Cortés y Adrián Sánchez Mendoza se dirigen al alcalde y presidente del Consejo de Administración, Alfredo Yuen Jiménez, así como al secretario de APIN-NAN, Carlos Mario Pérez Ballesteros, a quienes les exponen su insostenible situación.

Solicitan la liquidación de las nóminas pendientes. A Filiberto García se le deben 189 mil 44 pesos; Víctor Manuel Santiago, 88 mil 244.80 pesos; Juan Luis Moctezuma, 65 mil 739.15, y Adrián Sánchez Mendoza, 51 mil 522.24 pesos. En total, el adeudo por salarios vencidos es por 394 mil 550.19 pesos.

Hartos de evasivas, los cuatro empleados urgen que se realice una auditoría que permitiría demostrar que la falta de recursos es un falso argumento del director de API-NAN, Andrés Canizal, el operador del alcalde Yuen. En el expediente exhiben copias la cuenta bancaria donde se registran los depósitos por 395 mil pesos, que cubrirían totalmente los salarios vencidos. Desmiente, pues, que no haya con qué pagarles.

En Santander, cuenta 65-50302701, sucursal Zaragoza y Morelos, de Coatzacoalcos a nombre de API-NAN, se tienen amparados ingresos por 189 mil 235.42 pesos, en agosto de 2011; 42 mil 340 pesos, en noviembre de 2011, siendo que ese mes tuvo saldo a favor por 62 mil 165.82 pesos, por remanentes de meses anteriores, y 69 mil 140 pesos, en enero de 2012, con un saldo favorable de 13 mil 681.02 pesos.

Como esa documentación, existe evidencia explosiva de que tanto Alfredo Yuen como Andy Canizal tuvieron recursos suficientes para cubrir los salarios de los trabajadores, pero dolosamente se negaron a cumplir con su obligación legal. Y es que un detalle demuestra que el alcalde de Nanchital conoció siempre del flujo de dinero en API-NAN: la cuenta bancaria tiene las firmas mancomunadas entre Yuen y Canizal.

Así como supo cuántos ingresos tuvo API-NAN, también firmó los cheques de pago, cuyos destinatarios sólo ellos, Yuen y Canizal, saben quiénes son, pues curiosamente liberaban pares de documentos con cantidades similares, lo que los empleados interpretaron como un ardid para repartirse el botín a partes iguales.

Determinar bajo qué conceptos ingresan otros recursos a la API de Nanchital, es extremadamente complicado. No sólo se rentan bodegas, sino que entre sus clientes se cuentan lancheros, cuyos pagos por servicios los hacen en efectivo, sin evidencia de que sea depositado en la cuenta bancaria de Santander.

Otro ingreso lo generó la venta de la camioneta marca Expedition, color verde, modelo 1999. No se supo a quién la entregaron ni por cuánto. Pero hubo algo peor: la venta se realizó sin acuerdo del consejo de administración. La concretaron el director de API-NAN, Andrés Canizal, y un personaje siniestro, pero sobre todo, perverso, Luis Vicencio Santos, alias “Güicho Panteón”, el contralor del Ayuntamiento de Nanchital, la eminencia gris, el otro yo del alcalde Yuen.

“Güicho Panteón” fue el encargado de coaccionar a los cuatro trabajadores. Con amenazas les arrancó la firma para que renunciaran a sus empleos, imaginando que se libraba del pago de los salarios. Seguro desconoce que los derechos laborales son irrenunciables y que nunca demostrará cómo realizó el pago de los sueldos vencidos.

Un cúmulo de irregularidades, atropellos a la ley, negocios turbios, suciedad pura, en cuyo vértice se hallan el alcalde Alfredo Yuen, Andy Canizal y Güicho Panteón, tienen a la API de Nanchital a un paso de perder su título de concesión, expedido por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, por no cumplir con las obligaciones señaladas.

Habrá que ver cuando sea auditada la API-NAN, cómo revientan.

Archivo muerto

De copa en copa, de güisqui en güisqui, va cumpliendo su misión pública Juan Manuel del Castillo, amigo y secretario particular del gobernador Javier Duarte de Ochoa. Las paredes del palacio, indiscretas como son, cuentan que en sus juergas tiene dos cuates del alma: uno se llama Iván y se apellida Hillman, coordinador de la oficina del gober (o sea nada) y el otro, Harry y se apellida Grappa, subsecretario de Turismo. Así camina el equipo cercano al gobernador de Veracruz. Juan Manuel del Castillo, que ya en la campaña de Javier Duarte a diputado federal por Córdoba, en 2009, dio la nota porque no tenía más tiempo que para tomar y tomar, y para bloquear periodistas, vocifera que el próximo diputado local por Córdoba será él y de ahí al gobierno siguiente. Se lo dijeron sus dos asesores: Johnny Walker y Don Julio, buenos pa’l mareo… Con qué ojos, dicen los perredistas, sería candidata a la alcaldía de Coatzacoalcos por el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) la polémica Norma Rocío Nahle García. Vacía políticamente, repelente a trabajar en grupo, víctima del sospechosismo agudo, los votos que obtuvo en la contienda por la diputación federal, que perdió, fueron algo así como un milagro electoral. De sus 71 mil votos logrados en la elección federal, siendo candidata de la izquierda por este distrito, por lo menos 50 mil corresponden al efecto Peje. Así, pues, la señora Nahle sale sobrando en el proceso que viene, el municipal, a no ser que se le inscriba para hacer como que se hace y rendir la plaza, como suele ser la rentable estrategia del Clan de la Succión de los Robles-Barajas. En su nuevo refugio, sin liga con el PRD tras la salida de Andrés Manuel López Obrador, su guía moral, Rocío Nahle es ya un lastre menos para el perredismo local, que de por sí anda de capa caída y no ve un triunfo desde 2006. MORENA, en cambio, es lo más semejante a la Carabina de Ambrosio: no sirve para nada, carece de estructuras, descuida casillas, no promueve el voto y hasta la misma Rocío Nahle despotricaba en campaña contra la hechiza organización del Peje y lo propalaba ante quien quisiera oírla. Dilema grande para la señora: quemar la nave e irse con el Peje a MORENA o quedarse a ver qué migaja le arrojan en el PRD, donde ahora sí, no tendría padrino que le obsequie candidaturas…


INFORME ROJO

Mussio Cárdenas Arellano

López Obrador: no se fué, lo fueron

* “El Pollo” Pérez Fraga, otro periodista secuestrado * 36 horas después, lo liberaron * Duarte ignoró a Theurel evento de Etileno XXI * Desarrollo Económico Municipal, sin personal * Plata, Benita y el marcelismo

Los que mandan, los que influyen, quienes le guiñen el ojo pero en el fondo lo detestan, sus aliados coyunturales, los dueños de las tribus, quienes le toman el pulso al PRD, quienes lo vieron como una franquicia de alta rentabilidad política, fueron desechando, poco a poco, a Andrés Manuel López Obrador y al final lo dejaron solo.

Aislado, sí con las bases pero no con los referentes del PRD, tuvo que llegar al punto de la definición y la ruptura: abandonó al Partido de la Revolución Democrática y cedió a la tentación de alargar un conflicto poselectoral que hubiera significado su suicidio político.

Este domingo 9, precedido por una serie de reveses, pero sobre todo del abandono de los líderes del perredismo, López Obrador anunció su salida del PRD y el inicio del proyecto para convertir a su Movimiento de Regeneración Nacional en el partido desde el que intentará ser por tercera vez, candidato a la Presidencia de México.

Tipo difícil, mesiánico, iluminado, casado con su infalibilidad, náufrago en un mar de desatinos, su concepción de la política es contradictoria: ha ido del rescate de las causas sociales, lo que le hizo ganar millones de adeptos, hasta el uso del poder para su causa y para el sometimiento de sus enemigos, lo que lo llevó a ser tan admirado como repudiado.

Dejar el PRD no es una decisión coyuntural. Es el epílogo de un proyecto en 3D, cuyo clímax se dio en la campaña presidencial de 2006, cuando tuvo todo para ser presidente y los poderes fácticos –los grupos de poder, los medios masivos de comunicación y el empresariado— lo pintaron de intolerante sólo porque le dijo a Vicente Fox, no sin razón “ya cállate chachalaca”, excluyente, financiado desde la ilegalidad —caso Bejarano— y enemigo de las instituciones. Con eso bastó para despeñarlo y arrebatarle el triunfo.

Necio como pocos, terco abismal, desoyó a quienes le decían que enfocara bien el conflicto poselectoral, sin agraviar a quienes le habían dado el voto. Pero no. En su código mental no entraba la mesura. Hizo un show de aquella protesta: provocó la toma de la Cámara de Diputados; bloqueó las principales avenidas de la Ciudad de México; se declaró “presidente legítimo” y así creó un gabinete igualmente “legítimo”.

No sólo se volvió impopular sino ser tratado por muchos años como “un peligro para México”, atizado el fuego por sus enemigos, en el PRI, en el PAN, en el gobierno y también en las filas del PRD.

Otra frase hizo verlo fuera de sus cabales: “el movimiento soy yo”, que le espetó a los líderes perredistas y senadores en una reunión a puerta cerrada, cuyo diálogo fue grabado subrepticiamente y filtrado a los medios de comunicación.

Caudillo sin remedio, López Obrador transitó seis años por el país recomponiendo su capital político. Y lo logró a medias. Volvió a ser el candidato presidencial de las izquierdas, sólo porque Marcelo Ebrard, jefe de gobierno de la Ciudad de México, lo dejó pasar, sabedor del titánico reto que era enfrentar al PRI, su candidato Enrique Peña Nieto y las tradicionales trampas, mañas y compulsivas transas electorales del viejo sistema político.

Pudo superar el 18 por ciento histórico del PRD que se vaticinaba en todos muestreos. Alcanzó más del 31 por ciento, montado en el rechazo de un sector del electorado hacia el PRI, la patética campaña de la panista Josefina Vázquez Mota, el movimiento juvenil #YoSoy132, y el ataque directo al candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, cuya falta de imaginación para responderle alarmó a los priístas.

Previsible en sus estrategias, cuando sobrevino la derrota, López Obrador alegó fraude y pidió recuento de votos. Se le concedió. Nada varió el resultado. Exigió entonces transparentar los sistemas de financiamiento priísta, los pagos a estructuras paralelas, la compra del voto, el uso de las encuestas como forma de propaganda, el manejo de los medios con publicidad encubierta. Nada cambio.

Tres gobernadores electos del PRD lo instaron a dejar la fiesta en paz, sin que López Obrador los escuchara. Arturo Núñez, de Tabasco, dijo que el recuento de votos no demostraría el fraude; Graco Ramírez, de Morelos, lo conminó a aceptar el fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, y Miguel Angel Mancera, del DF, le advertía que tendría una relación institucional con quien habría ganado la elección.

Desgastado, con dos derrotas encima, vio llegar la validación del IFE y el fallo del TRIFE a favor de Peña Nieto. Sumirse en un conflicto poselectoral, sin el respaldo financiero de otros gobernadores perredistas en funciones: Angel Aguirre Rivero, en Guerrero; Gabino Cué, en Oaxaca, y Marcelo Ebrard en el DF, sonaba descabellado. Ebrard, su rival por la candidatura, llegó a decir que la decisión del tribunal le parecía injusta, pero que acataba. Lo mató.

Herido, López Obrador vio un espectáculo descarnado donde él era la carnada: sus enemigos priístas y panistas, los medios priístas y las tribus rivales en el PRD disfrutando su derrota.

De él se esperaba la vuelta al pasado, el conflicto poselectoral en su máxima expresión, calles y plazas tomadas, escándalo tras escándalo en el Congreso, otra vez “presidente legítimo” y el intento por impedir la toma de posesión de Enrique Peña Nieto. Locura y media de nula rentabilidad política.

Soltar los demonios habría sido el acabose, un suicidio político y seis años más de metralla pura. Puso los pies en la tierra. Corrió la película en la que fue protagonista. Se observó estigmatizado por el sistema, tildado de loco, de peligroso para las instituciones, y mejor declinó. Esta vez los que mandan en el PRD, gozosos, le había dicho no.

Un día antes de anunciar que MORENA será su nueva fuerza política, recibió dos tiros de gracia: los gobernadores perredistas electos declararon que el fallo del TRIFE ya no era su tema, y el líder de Nueva Izquierda, la tribu más poderosa en el seno del PRD, Jesús Ortega Martínez, advirtió que la eventual salida de López Obrador, acabaría con la esquizofrenia que se vivía en el perredismo.

Atado de manos, sólo le quedó persistir en la tesis del fraude electoral, que jurídicamente, con sus pruebas de financiamiento ilegal y con sus animalitos de granja, no pudo demostrar.

López Obrador supone que los 3 millones de afiliados a MORENA son suyos y no del PRD. Sobre esa base habrá de construir su nuevo partido para intentar, en 2018, ser de nuevo candidato a la Presidencia de México, así tenga que enfrentar a Marcelo Ebrard y al partido que le permitió todo; así sea dividiendo a la izquierda.

Reducido su entorno, fuera de su ambiente, López Obrador no se fue del PRD; lo fueron.

Archivo muerto

En 36 horas, Luis Antonio Pérez Fraga vivió angustia, zozobra y terror. Fue secuestrado la madrugada del domingo 9, cuando salía del restaurant El Anzuelo, en Boca del Río, acompañado de su esposa Dorita. A ambos los levantaron y fueron llevados a un sitio desconocido. Popular como es, amiguero, “El Pollo” Pérez Fraga, empresario, político y periodista, provocó con su ausencia un sonoro escándalo, al ser el enésimo comunicador levantado en tierras veracruzanas. Medio día después, su esposa Dorita fue liberada, según fuentes de la Procuraduría de Veracruz. Anoche, El Pollo Pérez Fraga llegó con su familia, sano y salvo. Se habló de que sus captores exigían 2 millones de pesos, pero no se sabe que la operación se haya concretado. Pérez Fraga, autor de la columna Piquito de Pollo, comentarista radiofónico, fue líder estatal de la Juventud Popular del PRI y dirigente priísta en el puerto de Veracruz; ex diputado federal; coordinó la campaña de Fernando Gutiérrez Barrios al senado; con Dante Delgado, quien le encomendó su campaña a la gubernatura en 2004, fue dirigente de Convergencia por la Democracia, hoy Movimiento Ciudadano. Entre sus amigos se cuenta el subsecretario de Gobierno, Enrique Ampudia Mello, su compadre. Su pronta liberación es un misterio… A su derecha, siempre a su derecha, dirigía su mirada y su palabra el gobernador Javier Duarte de Ochoa. Ahí tenía al alcalde de Nanchital, Alfredo Yuen Jiménez. Conversaban y comentaban; frente a ellos, los directivos de las empresas Braskem, IDESA y Odebretch, responsables del proyecto Etileno XXI. Era viernes, 24 de agosto. A su izquierda, codo con codo, pero como si no existiera, mantenía callado el gobernador de Veracruz al alcalde de Coatzacoalcos, Marco César Theurel Cotero. Ni una mirada, menos una palabra, le dirigió Javier Duarte al edil, cuyo rostro transitaba del desencanto a la ira contenida. Pasó al estrado Duarte, habló unos minutos, descendió y de nuevo el desaire. Saludaba a unos y otros, y cuando tuvo cerca de Theurel, lo “saltó”, generando la oleada de comentarios punzantes. Así de gélida es la relación entre el gobernador Javier Duarte de Ochoa y el alcalde de Coatzacoalcos, Marco César Theurel Cotero… Ya sólo es secretario de Desarrollo Económico Municipal de membrete Sergio Plata Azpilcueta. Esa dependencia del Ayuntamiento de Coatzacoalcos de hecho no existe. Sus últimos dos ejecutivos, Alejandro Valadez Urrutia y Jairo Cabrera, quedaron fuera hace semanas. Valadez, ingeniero de profesión, era el director de Fomento Industrial y Comercial; el contador público Jairo Cabrera, era analista. En ellos descansaba la Secretaría de Desarrollo Económico. Ahora que no están, el impulso a las inversiones en Coatzacoalcos desde el Ayuntamiento es ficticio, un engaño. Sergio Plata cobró su última quincena el 31 de agosto. De ello se dio cuenta a los integrantes del cabildo y a los funcionarios de mayor rango. Sus declaraciones públicas sobre inversión de capitales, son algo que los leguleyos suelen llamar usurpación de funciones. Mientras, la novia de Sergio Plata, la periodista Benita González Morales, toca y toca puertas en Xalapa, entre el marcelismo, para revitalizar públicamente a su Romeo, porque “la situación se está poniendo difícil”. Lo que es querer tener un pie en el theurelismo y otro en el marcelismo, dos corrientes en conflicto…


INFORME ROJO

Mussio Cárdenas Arellano

Lupita Theurel: falsa y costosa misericordia

* Abucheo a Javier Duarte en partido del Águila * Cesa Theurel a Sergio Platas * 400 mil pesos en el maletín de un gober * Derroche en Nanchital * Las cajas chicas de la pandilla Yuen

Guadalupe Félix Porras de Theurel, una novata sin ángel, improvisada y altamente voraz, derrocha millones en la confección de una falsa imagen de misericordia, de ayuda a los desvalidos, generosa con los enfermos y solidaria con los necesitados. Casi la madre Teresa de Calcuta.

Vende su rostro y sus acciones, entrega donativos, habla por los olvidados, en una suerte de apuesta social. Lo que sea es buena coartada para figurar políticamente y posicionarse en la contienda por la alcaldía de Coatzacoalcos, en la diputación local o en la sindicatura municipal.

Así es la esposa del alcalde Marco César Theurel Cotero — “Te rompo tu puta madre”, como eslogan de gobierno— de un proyecto para detentar el poder cuatro años más y, por encima de todo, para cubrir el desastre financiero, la asignación irregular de obras, el derroche, el abuso y la corrupción. Necesita una tapadera y como su consorte, nadie más.

Su protagonismo es impredecible, lo mismo en actos del gobernador de Veracruz Javier Duarte de Ochoa, o de su esposa Karime Macías, donde Lupita Theurel opaca y les quita reflectores, que en actos de campaña del PRI o en temas humanos, desde la ayuda a niños enfermos o personas de la tercera edad hasta robar cámara al defensor de los migrantes, el sacerdote Alejandro Solalinde Guerra. Su audacia es, como se ve, ilimitada.

En el colmo de los desfiguros, por ejemplo, se trepó al escenario del evento de Enrique Peña Nieto en Coatzacoalcos, en campaña por la presidencia. Posó la foto junto al candidato, fuera de agenda, sin siquiera imaginar éste lo que habría de ver. Lu-pilla se colocaba en el mismo plano de Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera, entre ellos. Marcos Theurel la jalaba hacia atrás, sugiriéndole mesura. Los protagonistas eran ellos, no la primera dama de Coatzacoalcos. Pero doña Lupita no cedía y quien lo hizo, finalmente, fue el alcalde, que terminó integrando el cuarteto. Dos parejas presidenciales en un solo lugar.

Nada bien cayó aquella gavioteada insolente en el círculo peñista, ni en él y mucho menos en la futura primera dama. Dejó helados a muchos pese al calor sofocante de ese día, empapadas por el sudor las camisas de los mexiquenses y la blusa de Angélica Rivera.

Así son las ocurrencias de Guadalupe Félix de Theurel. Va adonde no la llaman; se inserta en eventos donde es mal vista, y sobre todo, malquerida; habla con patética ignorancia, y protagoniza, siempre protagoniza, al fin que fuera de ella, nadie importa.

Un día, 29 de julio, le dio por ser misionera de los migrantes caídos. Ella y su fiel marido, don Marcos Theurel, poseídos por el espíritu del oportunismo, que es como su otro yo, fueron al encuentro del padre Alejandro Solalinde Guerra, coordinador de la Dimensión Pastoral de la Movilidad Humana, que en cristiano es el grupo de atención y ayuda a los indocumentados en suelo mexicano y en tránsito hacia Estados Unidos.

Solalinde, todo un personaje internacional, era retratado en las crónicas pagadas por los súbditos periodísticos del dúo presidencial, como un hombre agradecido con Theurel y doña Lu-pilla. El sacerdote, según la versión del DIF Coatzacoalcos, “le encomendó de manera especial dar continuidad a las acciones de apoyo hacia el trabajo pastoral que se realiza en esta ciudad, en defensa de los Derechos Humanos de los hermanos migrantes”.

Ese día, proliferó el envío de fotografías de un Solalinde casi, casi, a los pies de la piadosa pareja.

Dos días después, Guadalupe Félix hacía el recuento de otro embuste: la frecuente, constante e ilimitada ayuda a los grupos de migrantes que tocan suelo coatzacoalquense. Nada más falso. Si de algo se quejan los indocumentados es de la continua extorsión, su vía crucis cotidiano, a manos de la policía intermunicipal y de la indiferencia de la autoridad municipal.

Nada, sin embargo, ha alcanzado los niveles de paranoia que agobian a la dupla Marcos-Lupis, como el día en que mutaron en bomberos salvadores, héroes nada anónimos y abogados de las causas desesperadas.

Apenas se supo que la tienda Wal-Mart ardía en llamas, el alcalde y su consorte tomaron su disfraz, se enfundaron sus chalecos naranja y comenzaron la travesía por el mundo de lo absurdo. Cuanto hicieron era captado por la lente fotográfica. Horas después, desde las redes sociales, en Twitter y Facebook, los empleados de la primera dama mostraban el rostro altruista de la señora Lu-pilla Félix. Verificaban presión arterial, pulso cardíaco y escuchaban los relatos dramáticos de quienes sintieron la tragedia cerca, las explosiones de los depósitos de gas y advertían el riesgo de que el fuego se expandiera hasta sus casas.

Otra de las máscaras de la misericordia es la atención a los niños con cáncer. A ese nicho de imagen se acercó con donativos, no de su bolsa ni de su cuenta, sino de las arcas del DIF. Todo le era útil para posar para los fotógrafos.

Si las lluvias provocan inundaciones, y si las inundaciones generan damnificados, ahí aparece Superlu-pilla. Entrega cobertores, una despensa, una promesa. La foto lo vale.

Su última puntada fue la creación de un albergue para abuelitos desvalidos, abandonados por su familia. Su costo es de 250 mil pesos mensuales, pagados por el pueblo y anunciado cuando su esposo, Marcos Theurel, lagrimea un día sí y otro también por la falta de recursos para realizar obra pública; despide personal supuestamente para reajustar el gasto corriente, y suscribe un crédito con BANOBRAS por 350 millones, al que algo le ha de pellizcar. Lo que cueste es nada con tal de salir en la foto.

A todas va la señora Theurel, menos a las que debe. Sus oficinas en el DIF de Coatzacoalcos rara vez las visita. Despacha los asuntos medulares en su propio refugio, en el número 204 de la avenida Díaz Mirón, en el centro de la ciudad. Es la vicepresidencia municipal. Desde ahí ejerce la mitad del gobierno que le toca.

Costosa resulta, pues, la burbuja de imagen de Guadalupe Félix de Theurel, imitadora de su madre, la ex alcaldesa de Minatitlán, Guadalupe Porras David, cuya imagen acabó con las finanzas de aquel lugar. Por ella, se paga lo que sea, miles o millones, maquillados de contratos de publicidad o en embutes para su prensa cortesana.

Pero como burbuja es, en un instante reventará.

Archivo muerto

Le ocurrió al gobernador Javier Duarte de Ochoa. Asistió al partido del equipo de beisbol Águila de Veracruz, el martes 21 de agosto, en el estadio Beto Ávila, en el mítico puerto jarocho. Puebleaba y quiso sentir el calor de la afición. Sintió otra cosa. Le dieron una lección. Le hicieron saber cuán pequeño, a los ojos de los veracruzanos, es. Apenas mencionado su nombre, se escuchó un atronador abucheo —y otras cosas non sanctas para los oídos de los castos— que disparó el repudiómetro a niveles de alarma. Fingiendo sonreír, Javier gober aguantó vara. Dos días después, el jueves 23, sufrió otro desaire en Paso de Ovejas. Inauguraría el Puente Viejo Adelante. Citaron a las fuerzas vivas y ahí estuvieron, esperándolo con paciencia franciscana. Pero el gobernador de Veracruz no tenía ganas de llegar. Javier Duarte acompañaba, en Boca del Río, a su amigo, el periodista José Pablo Robles, el comandante del Clan de la Succión, según San Fidel. Después, aleccionado por sus ayudantes que el tiempo apremiaba, decidió que “el pueblo puede esperar”, y se dispuso a comer en La Parroquia. Cuando terminó el postre, se dirigió a Paso de Ovejas. Al llegar al evento, tres cuartas partes de las fuerzas vivas se habían marchado. Sólo halló ahí a los porristas de rigor, funcionarios menores que si no van, pierden la chamba. Le dijeron: “el pueblo no quiere esperar”. Así anda la impopularidad del señor Duarte… Filosa, implacable, voló la guillotina y cayó la cabeza de Sergio Platas Azpilcueta, secretario de Desarrollo Económico en el Ayuntamiento de Coatzacoalcos. Su remoción, inimaginable para todos, se da en el total sigilo, en lo oscurito, acaso conocida por no más de tres funcionarios, a quienes se les aleccionó a no propalar la información. Fue ese el compromiso del alcalde Marco César Theurel Cotero y la novia de Sergio Platas, la periodista Benita González Morales, pareja sentimental pero, sobre todo, promotora, coach, manager y fan del cesado Romeo. No es lo mismo ir a gestionar otro empleo siendo funcionario de alto nivel en el Ayuntamiento de Coatzacoalcos, que hacerlo con la etiqueta de desempleado; una es porque ya me harté del alcalde y me cotizo a tanto, y la otra, porque me echó el alcalde y págueme lo que sea su voluntad. Le da Theurel donde más le duele a Benita, sin reparar que quien lo apoyó, en las buenas, en las malas y en las peores, con aroma de obsesión, fue la periodista, titular el sistema informativo Notisur, en Radio Hit. Sergio Platas se va sin mérito alguno, porque no los tiene, disparando declaraciones sobre proyectos fallidos, sin logros y sin idea de qué diablos hacía en el círculo de la inutilidad municipal. Buena samaritana, en Xalapa toca puertas Benita, a ver si en una de esas incrusta a Sergio Platas en las filas del programa Adelante. Uno más a la cuenta de Theurel… ¿Quién es esa periodista a la que en desgracia personal, le cayó de sorpresa un día la visita de su gobernador? Hablaron de todo; del camino ejecutado hasta su pueblo; del cemento y la varilla, usados en la construcción del nuevo hogar, de cuánto aprecio, de cuánto me sirves, y de cuánta solidaridad. Junto al político había un maletín, y en él, 400 de los grandes. Ahí se los dejó… Trae un desastre financiero el alcalde de Nanchital, Alfredo Yuen Jiménez. No hay caja chica que alcance. El derroche es de antología. Regidores y funcionarios disponen de lo que sea; cubren gastos con notas y facturas de comida, cirugías, gastos médicos y odontológicos, llantas de vehículo. Los más abusivos son el secretario de Obras Públicas, César Arturo Chang Ricárdez, “Mister Diezmo”, sobrino del alcalde Yuen, que sobrepasa los 20 mil pesos asignados al mes y cada vez pide más; el síndico Adolfo Morales Zárate; la regidora Teresa Lagunes, y el contralor Luis Vicencio Santos, “Güicho Panteón”, que no tiene llenadera. Meten en un brete a la tesorera Abril Suriano Ruiz, quien ya no sabe cómo frenar el desastre financiero y, más que nada, cómo evadir su responsabilidad. El Congreso de Veracruz los tiene en la mira…


INFORME ROJO

Mussio Cárdenas Arellano

Renato Tronco: naturaleza sangrienta

* Fidel no pela a Duarte * Los inventos de Lupe Félix * Falsa ternura hacia los abuelitos * Lupita incrementa gastos y Theurel despide personal * Regresó la media naranja del alcalde * CFE visita a Tony Macías

Ser alcalde es para Renato Tronco Gómez, azote de Las Choapas, inmenso y empobrecido municipio del sur veracruzano, un pequeño escalón de sus grandezas. Él, rústico y tirano, pendenciero, alma que lleva el diablo, violento y sangriento, se ve en otras ligas: diputado, gobernador y, por qué no, Presidente de México.
Tipo pintoresco, sin estudios, ventajoso, arbitrario y, sobre todo, tramposo, pareciera sacado de la cinta “La Ley de Herodes”, un Juan Vargas que lo mismo le da marchar a caballo en desfiles cívicos y emular a Joan Sebastian —porque él también canta, feo pero canta, y hasta disco quiere grabar— que lanzar a los cuerpos policíacos contra la sociedad, apaleando ciudadanos o encarcelando a quienes se acercan a pedir justicia.
Renato Tronco es un caso único. Las obras públicas las ejecuta él; el parque municipal lo renta él; la única mansión del pueblo la construye él.
Impúdico, descarado, lo ilegal le viene a la medida; es su mundo, su ambiente, el ámbito de sus trapacerías y también de sus marrullerías, apoderado de la alcaldía y solapado, consentido, encubierto, alentado por el gobierno de Veracruz.
Su origen público es, como ha de suponerse, al margen de la ley. Irrumpió en la escena el miércoles 30 de mayo de 2001, con el bloqueo de la autopista Coatzacoalcos-Villahermosa, por falta de cumplimiento del gobierno de Miguel Alemán Velasco con el campesinado de Las Choapas, al que le venían prometiendo la pavimentación de caminos, entre ellos a Río playas, pueblo de Renato. Ese día dejó incomunicado a cinco estados del sureste.
Así pavimentó Renato Tronco el camino a la alcaldía, desde la entonces agrupación campesina “Unión de Ejidos 25 de Abril”, que luego transformó en una constructora de mediano nivel, en un negocio familiar, con obras de deplorable calidad que, por supuesto, él les otorga.
Cuatro años después, en 2005, cobijado por el Partido Acción Nacional, llegó a la presidencia municipal de Las Choapas. Y entonces perdió el juicio.
Le afloró su instinto violento. Bronqueado con los panistas que lo llevaron al poder, terminó siendo su más enconado enemigo, el azote de sus malquerencias. Quiso cooptar a un líder natural del PAN, el regidor Alfredo Pérez Juárez, y eso lo llevó a un escenario de sangre, a un crimen sin castigo.
Pérez Juárez había documentado una serie de abusos y transgresiones a la normatividad, actos, pues, de corrupción de Tronco. “Yo sí puedo decir que hay un gobierno corrupto y deshonesto; que hay arbitrariedades y despotismo”, dijo el regidor panista en lo que vendría ser su sentencia de muerte.
Tronco armó entonces una coartada de película para simular un acuerdo político con Pérez Juárez. Lo citó, dialogó en un restaurant público y dijo que habían negociado. Pérez Juárez, que si algo tenía era solvencia moral, lo desmintió y confirmó que llevaría sus denuncias al Congreso de Veracruz.
No corrió mucho el regidor. El 5 de junio de 2006, al anochecer, fue acribillado a las puertas de su hogar.
Un año después, señalado por todos como la mano que decidió el crimen, Renato Tronco dejó la alcaldía de Las Choapas, así, impune, cobijado y se convirtió en diputado local, todavía bajo las siglas del PAN. No transcurrió mucho cuando la Procuraduría de Veracruz aprehendió a tres de sus ayudantes, entre ellos el jefe de la policía, acusados de la autoría material del asesinato de Pérez Juárez. A Renato Tronco, la PJE lo señaló de ser el autor intelectual del crimen, pero no pudo procesarlo. El fuero constitucional se lo impidió y la complicidad del grupo parlamentario del PAN, que lo defendió a morir.
Meses después, Renato Tronco salió de la esfera panista, se alió al PRI y se convirtió al fidelismo. Había negociado su libertad.
Volvió a la alcaldía de Las Choapas, en 2010, montado en un fraude, disponiendo de obras públicas, y también de dinero del erario, para comprar el voto de la gente del campo. A la par de lo suyo, le arrimó una buena cuota de votos Javier Duarte, igualmente sucios.
Su gobierno, ahora, ha sido peor. Acostumbrado a comer con manteca, ya no gobierna para los de abajo sino para sus cómplices y favorece a la constructora “Unión de Ejidos 25 de Abril”, operada por su hermano Miguel Angel, una de las marionetas de sus caprichos.
Mientras se construye un palacete en la llamada Colina del Ratón, varios millones a la vista, envidia del campesinado al que dice representar, Renato Tronco ha desatado una oleada de represión en Las Choapas.
Apalea a integrantes del Frente de Resistencia Civil contra la Tarifas de Comisión Federal de Electricidad, quienes se acercaron al palacio municipal a pedir que mediara por ellos; encarcela seguidores, como el profesor Miguel Angel Castillo Duque y su esposa, la ex candidata a la senaduría por el Partido Nueva Alianza, Rosario Rosas, en plena campaña, sin que el PANAL lo denunciara; cientos de jóvenes son detenidos en las calles, sin delito alguno, y son objeto de extorsión policíaca. Todo ello ha provocado que la gente salga a las calles y condene la represión del alcalde.
Sus guardaespaldas —policías municipales, vestidos de civil— se pasean por Las Choapas mostrando sus armas, jugando arrancones en la madrugada, causando pánico, hasta ser intervenidos dos veces por elementos del Ejército.
A las constructoras las somete a sus caprichos. Vía terceros, secuestra la maquinaria y ejerce presión para que realicen más obra de la que señalan sus contratos, incluso los que suscriben con Petróleos Mexicanos.
Vil personaje de “La Ley de Herodes”, en dos ocasiones ha rentado el parque municipal a los comerciantes que deseen contratar espacios. Saca dinero hasta debajo de las piedras, como Juan Vargas, el voraz alcalde de la película, que supo retratar cómo se medra con el poder.
Renato Tronco admite que sólo estudió hasta el tercer grado de primaria, pero pronto será licenciado, gracias a las universidades patito que fomenta el gobernador de Veracruz, Javier Duarte.
Su agenda, sin embargo, no concluye ahí. Presume que algún día será diputado, y por qué no, Presidente de México.
San Herodes se lo ha de conceder.

Archivo muerto

Fidel Herrera y Javier Duarte son como los tenis: andan cerca pero no se hablan. Duarte inició su gobierno seco, frío, sin ánimo de ser coacheado por su padrino político, presentes los agravios de campaña —aquello del reapendejado que no dialogaba con Fogoso—, simulando distancia, lejanía de su mentor, hasta que el teatro se convirtió en áspera realidad. “El gobernador soy yo”, llegó a decir, empeñado en que se le creyera, provocando risas y burletas. “¿Ah, sí? Mucho gusto”, le respondió todo mundo. Así se mantuvo Duarte, incluso cuando a Veracruz se le vino la violencia encima y las finanzas lo llevaron a la parálisis. Insuperable, el reto de la elección federal y la derrota del candidato presidencial priista, Enrique Peña Nieto, en Veracruz, lo llevaron a suavizar la postura. Sabe que sin vejigas para enfrentar la turbulenta elección local de 2013, va a perder el Congreso y las principales alcaldías. Su problema es que ahora el que no lo pela es Fidel Herrera; no hay diálogo, ni una llamada telefónica, ni un mensaje por celular, ni un inbox en facebook. Habrá comunicación cuando Javier Duarte rinda la plaza. Antes no… Infinita su imaginación, Guadalupe Félix Porras, esposa del alcalde de Coatzacoalcos, Marco César Theurel Cotero, no repara en el derroche de su última soflama: la casa de los abuelos. Tendrá un costo de 250 mil pesos mensuales, con cargo al ayuntamiento, el DIF y la sociedad civil, manejados por un patronato que, obvio, ella controlará. Sería un buen gesto, sólo que en el fondo es una más de las mezquindades de la minatitleca tramposa. Con careta de piadosa, bondadosa de labios hacia afuera, loba con piel de oveja, la señora presidenta busca conmover a la sociedad para vender imagen cosmética, nada real, no sin otro fin que insertarse en la disputa de candidaturas priístas para el 2013. Los abuelitos son un pretexto ideal. Lo que cuesten es lo de menos, así sean 250 mil pesos mensuales, justo cuando su esposo, Marcos Theurel —“Te rompo tu puta madre”, suele gritar— despide personal por falta, supuestamente, de dinero. Lleva 30 corridos en cinco días y quiere llegar a cien, unos por ser marcelistas y otros por lo que sea, todos, según el tirano multipolar, responsables de la derrota de Enrique Peña Nieto en la elección presidencial en el distrito de Coatzacoalcos. Unos al desempleo mientras Lady Gaga juega a ser la nieta postiza de los abuelos postizos… Triste, alicaído anda Alfredo Yuen, el alcalde de Nanchital. Tres asuntos lo agobian: Encabeza la administración municipal más gris de la historia política de aquel lugar; su hijo Jorge, el afamado Diablo, es toda una amenaza social hecha realidad, y el operativo para deponer a Ramón Hernández del control de la Sección 11 del sindicato petrolero, está a punto de abortar. Lo único que lo alivia es que su media naranja, la joven Aleida, volvió a su corazón. Le había sacado tarjeta roja la dama, harta de su relación arrítmica, trastabillante por tanto lío causado por los bebés atómicos, la neuralgia crónica del alcalde Yuen Jiménez. Finalmente ocurrió lo de siempre: el lado sensible, emocional, manda sobre la inteligencia. Aleida regresó… Visita cordial de Comisión Federal de Electricidad a Tony Macías, el suegro incómodo del gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa. Una cuadrilla de CFE llegó a la cueva del polémico empresario, en la colonia petrolera, el viernes 31 de agosto. Revisaron medidor, mufa, cable concéntrico; realizaron mediciones. Más de una hora ahí, mientras las llamadas iban y venían. Finalmente se fueron, contentos, con su cargamento. Sus afables vecinos cuentan que le cayeron endiablado al buen Tony, como si no tuviera con qué pagar un consumo alto; otros, que fue una visita rutinaria. Algo debió quedar en actas. Por lo pronto, el caso llegó hasta dos instancias: la Dirección de CFE y la Secretaría de la Función Pública, para lo que se ofrezca; para que se transparente qué pasó…

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