UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Pusilánimes
24 de junio del 2013
Ante la imposibilidad de regocijarse con el espectáculo del futbol -para
el cual la FIFA ha pedido respeto- y a fin no caer en la categoría de
sospechoso de los modernos tipos penales sustitutivos de lo que fue “la
disolución social” tirios y troyanos se alivianan un poco -desde la aparente
seguridad de su casa y oficina- con las tomas aéreas de las protestas
populares en Brasil. En mayo del 2011, el pueblo de México reaccionó de
similar manera -casi admirando- con los indignados españoles y si bien no
produjo igual reacción emocional, también estuvimos atentos a las protestas
estudiantiles en Chile que en octubre del 2011, logró una respuesta mundial
-81 países y más de 900 ciudades- para manifestar la indignación globalizada
por la desigualdad económica y servicios sociales –salud, educación,
vivienda, alimentos etc.- que dejan mucho que desear.
Sobre todo con la presencia del “Yo soy 132”, México participó con “un
cacerolazo” bastante ligero, habida cuenta que las tradiciones mundiales de
la izquierda, en realidad nunca prendieron en nuestra geografía y si en
cambio han degenerado en cierto populismo rijoso de mucho ruido pero muy
pocas nueces. Los manifestantes de Estados Unidos y Europa, no han tenido
como objetivo primordial ni el derrocamiento de gobernantes -cuya
incomodidad se la producen mas bien a las empresas transnacionales que a los
pueblos- ni mucho menos una revolución en el sentido estricto e histórico de
la palabra. Los indignados profundos lo que buscan es: empleos y vida digna.
Bastante saben los pueblos de las nefastas consecuencias de sustituciones
gubernamentales por figuras a modo -blandas y/o manipulables- que entienden
lo institucional como disciplina al poder del más fuerte, en la mayoría de
los casos el capital financiero y global.
Por supuesto ante la carencia de auténticos líderes en La Política, los
casi siempre mediocres[1] dirigentes de distintos partidos –por igual de
derecha que de izquierda- aparecen en estas manifestaciones tratando de
llevar agua a su molino, situación que ha propiciado, para su desgracia,
rechazos absolutos y claros. La indignación globalizada, incluye como objeto
de la misma a los políticos -y en esto han contribuido con mucho los medios
electrónicos de comunicación- con la lamentable denigración de La Política.
¿Por qué en México, la indignación no se expresa de forma coordinada
prevaleciendo el vandalismo impune? Las diversas reacciones ocurridas como
resultado de las expresiones del presidente respecto al tema PEMEX, son un
muy buen ejemplo para comprender “que nos pasa”. Privatizar tiene en México
un contenido tan ofensivo como “chingar” El tema de los hidrocarburos ha
estado manoseado históricamente y son muy pocos quienes conocen los
intereses de “benefactores” ayudando a nuestra nación para vencer a las
compañías europeas. Privatizar es al petróleo como Satanás a la virgen de
Guadalupe o cualquier otro símbolo del fanatismo religioso.
Aunque nos duela en el alma, lo cierto es la pertenencia de “los veneros
del diablo” al sindicato, el gobierno y algunos concesionarios, no a los
mexicanos. Ellos, no nosotros, han hecho muchísimo dinero y si en esta
simulación de propiedad de la nación, hubiera un esquema por el cual mis
cercanos y yo misma pudiésemos ser accionistas de PEMEX, como dice el
claridoso “yo le entro”. Como accionista de PEMEX, podría –y se que muchos
mexicanos honestos y decentes también lo harían- vigilar el pago justo y
oportuno de los impuestos y desde luego también el ejercicio prudente y
eficaz de los mismos.
Como accionista exigiría que los administradores de mi empresa, fueran
los mejores; caso contrario votaría por su despido y exigencia de reparación
de daños en caso de haberlos ocasionado. Aquí es donde debe estar el meollo
de la discusión, no con actitudes pusilánimes y tramposas encubridoras de
los intereses inconfesables de algunos –lo mismo económicos que de poder-
sin el valor de asumir la privatización de facto y violadora del orden
constitucional en la cual vivimos desde hacer muchos años.
Más como estratagema propagandista que como convicción, se rectifica el
discurso con un poco de enojo puntualizando "no estamos hablando de
privatizar sino de modernizar" ¡Por favor! Ya basta de ofender nuestra
inteligencia, si la consigna es permitir la entrada de 100% de capital
extranjero, sin controles, sin velar por el interés nacional, cuando menos
que tengan el valor de asumir sus traiciones y estupideces
Somos un pueblo muy creativo, con niveles mentales por encima de la media
–no porque lo pregone Obama- ojala que no sigan apostando a una supuesta
servidumbre pusilánime porque se están arriesgando a una reacción mucho
mayor que la de todos los indignados del mundo. Nuestros pobres necesitan
comer, pero si en vez de darles limosna en cruzadas medievales, les
permitimos un trozo del pastel energético, seguramente habría empleo, menos
desigualdad y más valor para marginar a los abusivos que nos impiden ser,
uno más de los países del llamado primer mundo.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Encono
17 de junio del 2013
Si uno de los anhelos del ser humano es el gozar de placeres sanos y
satisfacciones trascendentes, la mayor tribulación que puede sufrir como
individuo, miembro de una familia o ciudadano de cualquier país, es el vivir
con la certeza de estar rodeado por calamidades imposibles de controlar y
mucho menos corregir.
Ante las desgracias, son muchas las reacciones individuales y sociales
para afrontar el daño que éstas causan o que podrán ocasionar. Si en algún
centro hospitalario fallece un bebé o cualquier ser querido queda amputado o
en calidad de vegetal, la primera reacción es el dolor por la pérdida, pero
si hay la sospecha o se corrobora que dicho daño tiene en su base una
deficiente atención, a esto se agrega la ira que puede alcanzar niveles
graves.
¿Que pasa al interior de una colonia cuyos habitantes ven afectado su
presupuesto por un alza injustificada en las tarifas de agua, luz[1] o gas?
El tema casi siempre se nos explica en discursos –que también nos cuestan-
de gobernantes que dependen cada vez más de teorías basadas en leyes de
mercado. Ejecutivos y hasta legisladores a modo, han olvidado sus
obligaciones para con los pueblos y son incapaces de vislumbrar más salidas
a su urgencia de recursos que la de expoliar a sus gobernados; pero, si en
lugar de asumir el costo de estas acciones –admitiendo que aumentaron las
tarifas por que sí- tramposamente elevan las lecturas del consumo para
evitar la defensa de los ciudadanos, entonces a las reacciones de angustia
por la pérdida de una estabilidad financiera, se agrega un enojo que según
se puede observar –con todo y las divertidas encuestas que concluyen de que
el mexicano es uno de los seres más felices del universo- impele a la gente
ya no a buscar quien se la hizo sino quien se la pague.
Hasta las calamidades incontrolables, como un sismo, inundación,
desgajamiento de cerros, derrumbes por reblandecimiento de agua, incendios
forestales, accidentes por explosivos etc. se magnifican, cuando se ha
generalizado una conciencia cuasi-paranoica que hace a todo un pueblo asumir
que: sus policías muerden, los franeleros extorsionan igual o más que los
bancos, los abogados se venden, los burócratas no hacen su chamba, los
jueces y los políticos roban. ¿Por qué debo angustiarme para que los
programas sociales estén blindados en lugar de saber que estamos disfrutando
de dichos beneficios?
Si en el seno de una familia alguno abusa del resto –agandallando los
bienes, manipulando a hermanos, padres o tíos, mintiendo o explotando al más
débil- independientemente que tarde o temprano caerá en actos ilícitos, la
pérdida mas lamentable será la ruptura de la cohesión de este núcleo social
básico.
Si en la sociedad esto se replica, entonces tendremos vecinos que no dan
ni el saludo, tiran la basura en la calle, se roban la señal del otro,
omiten el pago de sus cuotas condominales y en general congéneres que en vez
de darle el paso cuando sale de su casa o anuncia que va a dar la vuelta o
cambiar de carril, le recuerdan de mal modo a su progenitora e incluso, en
caso extremos, hasta se bajan para golpearle o tirarle un balazo. ¿Qué y
quienes nos han llevado como sociedad a este extremo de odio? ¿Por qué las
instancias creadas para resolver asuntos entre conciudadanos –gobernantes y
gobernados- ni siquiera son consideradas confiables? [2]
Si escuchamos a un joven conductor de noticias, comentar burlonamente,
que un ex funcionario[3] tal vez se enfermó “convenientemente” para evadir
la justicia ¿Pensamos en que todos somos inocentes hasta que se demuestre lo
contrario o damos lugar al encono que se ha generado en un estado de nuestra
república? ¿En que edifica difundir hasta el cansancio, exabruptos como el
de un dirigente partidario que expresa estar hasta la Ma……? ¿Serán más
limpias unas elecciones si uno de los contendientes repite como merolico que
los otros están “podridos”? ¿Quién será capaz de ponerle un límite a los
linchamientos mediáticos?
Si en un mal uso de las libertades el resultado es: Miedo, falta de
solidaridad, complicidad de corruptelas –como convertirse en limosneros
aceptando lo que sea, a cambio de votos- agresividad verbal, física y
emocional, incapacidad para actitud humildes que lleven al perdón y la
reconciliación; las heridas enconadas no sanarán nunca y sí en cambio nos
pueden llevar a una mutilación e incluso a la muerte como nación. Cuando se
invierta más en escuelas que en penales –de donde por cierto se reconoce son
ejecutados un promedio de 12 seres humanos por mes- y en dichos centros
educativos se difundan valores trascendentes y universales, como la vida, la
salud, el respeto a la autoridad, el amor por sí mismo, la paz y la armonía;
entonces estaremos en el camino de la reconciliación y el progreso.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Pertenencia, desapego
10 de junio del 2013
Un factor impulsor del desarrollo humano, es el anhelo de ser parte. Los
grupos más primitivos empiezan a avanzar en la civilización cuando se
identifican como miembros de un clan, tribu o tótem. El vínculo de
pertenencia más simple, deriva de la procreación misma. Inicialmente fueron
las madres las que entendían que ese otro pertenecía a ella y, por muchos
siglos, el anhelo masculino por gozar de tal privilegio, llevó a extremos de
cosificación de la mujer a la cual incluso se le ha tratado con violencia.
Los lazos de parentesco históricamente fueron, el adherente social más
importante –el huérfano, ilegítimo y en general quien no era pieza de una
familia llevaba sobre sí un verdadero estigma- trasladando ese sentido de
pertenencia, a la tierra, la etnia, la nación, el credo –la membresía
religiosa ha sido tan o a veces mas importante que la familiar- el
sindicato, el partido y hasta la empresa.
Sin embargo, paralelo a la fuerza derivada del pertenecer; el anhelo de
poder ha atacado por muy diversos frentes y con las argucias más increíbles
esta fuerza unificadora. La iglesia y las guerras se han llevado lejos a
hijos que mueren en el frente, se desarraigan de su origen y ocasionalmente
hasta se convierten en instrumentos de agresión contra la familia y todo lo
que ésta les imbuyó. Desde los diagnósticos maltusianos, pasando por las
advertencias de Armand Mattelart y hoy día con la imponente influencia de la
era de la comunicación, la falsedad –en todas sus formas y de manera
fundamental la manipuladora- se ha constituido en el método más constante
para imbuir el desapego, con la consecuente opresión, casi siempre
ejercitado por “las clases superiores” dispuestas a ser instrumentos de
penetración[1] para terminar controlando o en el mejor de los casos
vigilando, a los potenciales manipulados.
A los terratenientes primero –aristócratas- y luego a comerciantes,
industriales y financieros –burguesía- les ha resultado conveniente una
humanidad de personas sin afección trascendente a nada que no sea lo que
pueda consumir. La única fidelidad del peón o el sirviente es la esperada
por el amo casi siempre carente de benevolencia, difícilmente interesado en
educar. La lealtad para este modelo de clase social desigual es la sumisión,
concepto que se afina, cuando llegamos al siglo de las patentes, el canal
preferido, la telenovela adictiva. Lo poco que queda de familia, se mira
como “unidad de consumo” –los padres son conminados a comprar lo que el
preescolar ve en los anuncios comerciales- y sus integrantes lo son también
de: educación si se aspira a ser profesionista; cigarros, coches, terrenos
residenciales, si el modelo es el éxito; toda suerte de productos
alimenticios para lograr ser fuertes, delgados o sanos; seguros médicos,
viajes, vestimenta de marca, si el apego es con el Status; en suma cada cual
trata de ser ganador por mérito propio. ¿Qué porcentaje de los usuarios de
telefonía móvil, redes sociales, televisión de paga, tiene conciencia de su
cautiverio? Al caer el muro de Berlín, y establecerse sin contrapesos el
capital como rector único de la vida social ¿podemos decir que solo hay dos
clase sociales, -la dominante minoritaria pero muy rica- y la dominada cada
vez más empobrecida- siempre confrontadas?
Las instituciones sociales creadas en décadas anteriores, como elemento
de acercamientos entre ricos y pobres ¿siguen teniendo esa visión o se han
convertido en simples instrumentos de orden para evitar el descontrol y la
confrontación entre los muy desiguales? ¿Cuántos son conscientes de la
ideología que sustenta a corrientes –educativas, religiosas, filosóficas,
culturales en general- promotoras del desapego, que te impele a ser feliz
hoy, sin ocuparte en recordar lo que ha sido tu historia personal, familiar
y nacional? ¿En que forma ha beneficiado a quienes esto pregonan[2] el
contar con un “mercado de consumidores” aislados y por lo mismo impotentes
frente a las intenciones –casi siempre en beneficio de los ofertantes- de un
sistema productor de hábitos de consumo con implicaciones culturales tan o
más drásticas que lo definido como lavado de cerebro? ¿De que manera este
escenario de información fragmentada –en redes, Internet, noticias resumidas
en segundos y spots que bloquean la interacción nuclear y amplia- es
codicioso e inhumano? Nuestros descendientes ¿van a ser programados con
lenguaje binario –uno y cero- y quienes serán los que determinen que
información y por consecuencia cual conocimiento corresponderá a cada uno?
Sus hijos y nietos, ¿siguen los procesos afectivos y educativos
tradicionales o ya se convirtieron en internautas[3], inhabilitados para
leer y condicionados para copiar y pegar?
Si no quiere llegar al fin de sus días con la sensación de que ha sido
devorado, sería bueno que refuerce sus lazos de pertenencia; además de las
horas laborales, dedique tiempo para comer en familia, comentar un libro,
ver un documental con sustancia, reúna a sus amigos y herede a sus
descendientes, lo que la vida almacenó en su cerebro, sus emociones y sus
vivencias a lo largo del tiempo que ha sido huésped de este vapuleado
planeta. Nada de lo que compre –ropa, cursos, joyas, muebles etc.- se lo
llevará a ninguna otra dimensión, ni regresará con Usted a otra existencia
si acaso es de los que consideran que su única posibilidad de trascendencia
es continuar consumiendo ahora o en su otra vida.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Productividad
3 de junio del 2013
Aun dando la razón a quienes aseguran que nada hay nuevo bajo el sol, que
en cualquier tiempo histórico ha habido crisis económicas, excesos derivados
de la opulencia de unos y la necesidad de otros –recordar los últimos días
de Tiberio abuelo de Calígula otro ejemplar de estos supuestos- e
incongruencias entre lo ideal y lo real; resulta una novedad la paradoja de
un alto grado de desinformación, justo cuando la tecnología ha abierto
puertas múltiples de acceso a datos y creado espacios, al parecer sin
límites, para la libre expresión.
Pocos días ha, que se expresaron sendos discursos expresando la urgencia
de aumentar la productividad en México –perdida por quien sabe que
maleficios, de sabe Dios cuales brujos neoliberales, izquierdozos o vaya
Usted a saber- al mismo tiempo que, alguien con bombo y platillo daba cifras
sorprendentes acerca de las muchas horas que trabaja el mexicano, siendo
campeón frente a personas de otras latitudes, que con 8 diarias o menos, la
hacen y la hacen bien. ¿Qué nos pasa? diría un viejo actor ¿Quién se
beneficia de los cuatro o seis bloques de sesenta minutos extraordinarios
que chambeamos por encima de las legales jornadas laborales? O Aun más
¿quien se birla la asesoría ciudadana, que ofrecemos sin paga muchos amantes
de la expresión libre y sin censura, generalmente sin más estimulo que la
satisfacción de hacer valer nuestro derecho al pataleo?
Con el aval incluso del rector de la Universidad más prestigiosa del
país, el primer mandatario convocó a los actores, patronales, obrero y
académicos a construir un acuerdo nacional para lograr la necesaria
productividad, pero ¿Se hará con hormigas o con cochinillas? Ambos
especímenes son un claro ejemplo de la movilidad; pero mientras unas lo
hacen con un increíble plan, rutas que se protegen hasta con la vida, una
suerte de comunicación para nada parecida a las cámaras de la zona rosa o
del C4 que apenas después de denuncias ciudadanas empiezan a dar cuenta de
las camionetas en las que partieron 11 jóvenes hasta hoy desparecidos;
otras, las cochinillas, tienden a meterse debajo de una piedra, donde viven
dando vueltas sin cesar.
Interesante adentrarse en el análisis detallado de porqué el mexicano
trabaja mucho y produce poco. Tendríamos bastante tela para cortar en
aquello de que sociológicamente aun no terminamos de vengarnos contra ese
conquistador que violó a nuestra madre y que por transferencia analítica lo
ubicamos en la figura del patrón, el rico, el dueño, el gringo, el gachupin,
o el tal por cual político, que gana mas de cien mil pesos por ir a sentarse
en una silla cómoda mientras yo obrero me debo encorvar el lomo, yo
franelero tengo que cuidar el coche de la señora pirruris que viene al salón
de belleza o el teatro y yo, policía, arriesgo mi vida y ya ni siquiera
puedo extorsionar a "jovenazos" imprudentes que estrellan su carrote de
marca contra un triste vocho o cualquier carcacha, por venir distraído
comiendo chatarra.
Cualquier empresario mediano o pequeño decente y productivo, se deshace
para decidir como evitar largas horas de ocio de sus empleados que se la
pasan “platicando en la redes”, en vez de producir; y esas mismas redes,
sirven para nada cuando un burócrata –seguramente con servicio profesional
de carrera- ignoró el aviso de riesgo de deslave de un cerro en las
cercanías de Tepeji, lo cual resultó no solo en la muerte de 7 mexicanos,
sino en miles de horas improductivas, por el cierre de la carretera
México-Querétaro.
¿Por qué la gente prefiere la informalidad en el comercio? ¿Qué es lo que
hace a los “trabajadores” preferir este esquema en vez de emplearse en una
empresa, que les daría seguridad social, ahorro para el retiro y hasta
crédito para una vivienda? La respuesta automática -del taxista que entrega
cuenta, el ayudante de un puesto que vende piratería o cosas cuyo origen
parece ser ilícito- es: “porque pagan muy poco” y si hace cuentas, en
realidad, gana menos y ahorra nada en una informalidad poco productiva, y
semillero de mentes y vidas enajenadas.
Otro estudio de los hábitos laborales en el mundo arrojó que más del 80%
de los trabajadores mexicanos, prefieren contar con “un supervisor”, que
manejarse con libertad en su función. ¿Es para tener a quien culpar si las
cosas no salen bien? ¿Denota falta de preparación o de seguridad en las
propias habilidades? ¿Por qué eluden ir a las pláticas de capacitación y a
los cursos solo asisten si implica faltar a una jornada de trabajo?
Pero la improductividad no esta únicamente en la parte laboral, muchos
aprendices de brujo se creen capacitados para ser empresarios, piden un
crédito –si es a fondo perdido mejor- se “avientan como el borras”, y
terminan vendiendo quesos de esquina en esquina, hasta que el inspector de
vía pública los corre. Impulsar el desarrollo del país es mucho más que
congratularse. "por el acercamiento con quienes crean los empleos en el
país” como afirmó, el gobernador de Sinaloa en el seno de la CONAGO, al dar
el banderazo a un grupo de trabajo con el Consejo de la Comunicación.
Impulsar estrategias generadoras de empleos, va más allá de discursos y
eventos mediáticos, que por si solos no evitan la fuga de cerebros –jóvenes
y también de personas experimentadas de 62 años a las que se ofrece una
ayuda de 400 pesos bimestrales- y sí son una de las muchas causas de la
criminal disminución de la productividad en un país de gente inteligente y
bien preparada a quien el dueño de otro reino les habla bonito con el fin de
usarlos para mantener altos rendimientos allende las fronteras.
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