UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Malos diagnósticos
29 de julio del 2013
Deducir, que tipo de enfermedad aqueja a un ser a partir del análisis de los
síntomas, es quizá el elemento más importante para la cura. La diagnosis es
pues, el conocimiento de los signos que lleven a definir el tipo de
padecimiento que impide la salud. En términos puros el concepto estaba
reservado únicamente a la medicina. Un buen médico es aquel capaz de acertar
en la definición de la afección y por ende en la receta para la solución.
Lamentablemente para la salud de la humanidad, cada vez hay menos
doctores capaces de realizar un buen diagnóstico. Dilucidar si esto es
efecto de una capacitación deficiente o si el origen de la culpa está en el
afán desmedido del negocio que por una parte ha desarrollado inventos
maravilloso para suplir dicha función y por otra parte debe vender los
estudios suficientes para capitalizar la inversión, sería parte de un
diagnóstico no de salud física sino ética. ¿Qué tanto se sabe de la
corrupción implícita entre los laboratorios “de diagnóstico” y los médicos
que refieren pacientes para “confirmar” su opinión? ¿Será solo esta, la
causa de la falta de pericia para diagnosticar o es el sistema de seguros
médicos que en países desarrollados pende como espada de Damocles sobre
galenos que humanamente cometen errores? El tema ha dado para estudios
amplios sobre la medicación errónea a niños superdotados[1] a los que se les
etiqueta con déficit de atención, inclinaciones antisociales –agresividad,
depresión, ansiedad- y toda una letanía de novedosas “patologías mentales” a
partir de conductas de aburrimiento, hiperactividad o distracción,
saturándolos de medicamentos, que a la larga les quitarán su calidad de
sujetos sanos quizá por seguir el criterio de Henry Gadsden, director a
finales del pasado milenio de la compañía farmacéutica Merck[2]
Y si bien este es un tema que debería ser permanente para las comisiones
de bioética, apuntamos que por un barbarismo semántico, esto de los
diagnósticos se ha convertido en mercancía de grupos consultores que ofrecen
"diagnósticos” políticos y empresariales. Con imposturas dignas de un
análisis freudiano, afirman que la solución a los problemas sociales –sería
el equivalente a la salud de una persona- no puede venir de los políticos
actuales, que son dinosaurios, es decir, viejos cuya experiencia para estos
noveles dignosticadores no sirve para nada. Y así surgen las medicinas de
moda: reformas profundas, cambios de régimen, nueva constitución,
modernización, reglas del mercado y toda una suerte de remedios, para
resolver: emergencias nacionales –desempleo, incapacidad para el pago de la
deuda externa- desastres económicos –hambre, pobreza, enfermedades- defectos
estructurales y muchos otros etcéteras. Por supuesto los expertos sugieren
nombrar comisiones de diagnóstico con pensadores independientes –asumimos
que no de los partidos ni de los viejos- de gran prestigio y límpida
vocación. En lugar de aparatos de rayos X o ultrasonido, los diagnósticos se
confirmarían con “encuestas” o “sondeos”, talleres y hasta tormentas pero de
ideas.
No tenemos datos de que consultoría salió el “descubrimiento” de los más
de dos mil pozos que se han concesionado en el país a lo largo de su vida
-¿sana o enferma?- y los casi 30% que se siguen explotando sin haber
renovado sus papeles, o sea, dejaron de tomarse la medicina y están en la
lista de su etapa terminal. Tampoco se sabe si en el criterio de revisión,
para ver si los salvan o les aplican la eutanasia, están las seis empresas
extranjeras que miden consumos, aplican cobros al tanteo y se hacen occisas
ante los reclamos de los sedientos ciudadanos del DF, cuyo trastorno de
ansiedad es tratado casi siempre con masajes violentos de parte de
granaderos y otras autoridades con ese perfil cuando su falta de “realismo
popular” desconoce las propias aptitudes y limitaciones, manifestando
conductas que dificultan la convivencia con los gobernantes.
Y como la inteligencia, si no se usa se pierde, según ha afirmado el
joven Almazán[3] que gracias a un entorno adecuado, fue salvado del bulling,
al cual se somete a los niños “nerd” como discriminatoriamente se les dice a
aquellos con más de 130 de IQ -el tiene 162 y ya es médico y psicólogo a los
18 años- lo cual bloquea el equilibrio entre su vida afectiva e intelectual;
lo que deberíamos hacer en vez de protestar por los ilegales cambios en usos
de suelo, la desaparición o asesinato de personas y la sordera de quienes
debieran garantizarnos una sociedad sana, segura, libre de miedo y
armoniosa, es dedicarnos a diagnosticar, a ver si así nos contrata una
televisora o de menos nos aceptan nuestros puntos de vista los coordinadores
de asesores de las autoridades en turno, quienes, piratas como son la
mayoría, dirán gustosos que acaban de descubrir una medicina para curar los
males de la nación, lo cual en última instancia sería irrelevante si sus
jefes saben como administrarla o tienen la humildad de preguntar a los
verdaderos expertos.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Simulaciones
22 de julio del 2013
Sin duda lo que más irrita a las personas es saberse víctima de
impostores. La humanidad tiene molestia, cuando confirma el engaño del
discurso “libertario y democrático” de quien usa su poder para invadir los
ámbitos privados de los ciudadanos o los restringidos por ley en las
empresas y entidades colectivas. La mentira se convierte en trapacería, si
el legislador redacta leyes a modo, aun sabiendo que estás van en contra del
bien común, por ejemplo cuando la asamblea del DF aprueba un código
financiero que en esencia legitima acciones confiscatorias en materia de
impuesto predial o servicios diversos como es el caso del agua. En la
gestión del ex jefe de gobierno, que ahora pretende erigirse como líder de
una izquierda inexistente y de la cual él se deslindó cuando decidió ser
tránsfuga del PRI, se aprobaron una serie de normas –de obras públicas, de
negocios mercantiles diversos etc.- las cuales en esencia han impedido a los
cuidadnos hacer valer su legítimo derecho a vivir en armonía, disfrutando de
lo que ha sido su entorno barrial y su propiedad privada, pagada en la
mayoría de las veces con el producto de años de trabajo.
Hacen trampa sistemas judiciales que buscan recovecos de la imperfección
humana, para intentar castigar al “espía arrepentido” de ser parte de un
sistema de intrusión ilegítima. Ignorar las consecuencias de sentencias
pronunciadas por jueces -por muy acreditados que sean- al liberar al
homicida de un adolescente afro-americano; dejar impunes a funcionarios
irresponsables –proclives a derrochar los fondos del erario[1] y en grados
extremos a usarlos para su provecho- o cerrar un caso sin haber determinado
a quien pertenecía la maleta internacional de drogas o porqué se escogió a
una joven espiritual para imputarle su propiedad, produce una percepción
generalizada de la facilidad con la cual los detentadores del poder, fingen
para seguir contando con la buena percepción de quienes sustentan su
mandato.
Aun cuando no me afecte de manera directa, el ser testigos de cómo unos
pocos saltan de trampa en trampa para enriquecerse violentando los derechos
-humanos, civiles o de garantías individuales- de otros, genera la sensación
de pérdida que inunda primero al individuo y consecuentemente a toda la
colectividad. ¿Qué está haciendo la humanidad para llenar este vacío de
certeza, esperanza y horizonte futuro? ¿Cómo responden los millones de
llamados a salvarse de infiernos de mediocridad, intrascendencia, falsas
ilusiones, y hasta complicidad en la destrucción de un entorno creado por
–Dios, la naturaleza, las fuerzas del universo- y usado imprudentemente solo
para ganar dinero? ¿Tiene el ciudadano común garantía alguna en comisiones
de derechos humanos celosas de proteger a presuntos culpables –estos casi
siempre cuentan con legiones de abogados prestos a iniciar amparos,
apelaciones constitucionales, habeas corpus etc.- que en el peor de los
casos se “arreglan” vendiendo información no necesariamente veraz? Las
víctimas del llamado crimen organizado –nunca he sabido si el calificativo
es por su entendimiento con las instancias que deberían erradicarlos por el
castigo, la rehabilitación o la prevención- viven confundidas como resultado
de las simulaciones. Se les vende como único camino para salvarse la
educación; pero esta cuesta, no es accesible a todos; las escuelas públicas
son deficientes, las bibliotecas son templos del saber ocupados solo por
extraños bichos que sin despreciar lo electrónico disfrutan el valor de la
página y la tinta ¿Están conscientes los chicos becarios de educación
privada del grillete puesto por sus “benefactores” para el futuro de su
existencia? ¿Qué si no los emplean? ¿Qué si las ofertas mejores vienen de
quienes destruyen la naturaleza –empresas cuyo sustento es la madera, el
agua, los productos transgénicos, la pesca indiscriminada- promueven
negocios millonarios basados en la necesidad humana de religarse con el
creador o están impostados de la vanidad de sentirse dioses, atreviéndose a
patentar “descubrimientos” –como el genoma- que son de todos y resulta
criminal reservarlos solo para negociar con sustancias químicas o naturales?
¡Por supuesto que hay furia! de una humanidad, engañada, perdida, montada
en la ciencia y algunos recuerdos históricos –nunca como en estas últimas
cuatro décadas, han proliferado las prácticas de chamanes, brujos, maestros
de budismo, islamismo, sincretismo etc.- para negar a Dios, enaltecer el
egocentrismo reforzado por la propaganda mediática al servicio de los
explotadores de la ignorancia, y la búsqueda de paz, y armonía.
La ciencia crematística, alejada de principios éticos y morales, ha sido
capaz de prolongar la existencia humana, decidir al margen de la naturaleza
las formas de procreación y de cura para enfermedades pandémicas; pero no
puede evitar la muerte de sed e inanición de amplias poblaciones en tanto
que otras fallecen por inundaciones, deslaves y fuerzas naturales que al
final del día buscan su curso por encima del concreto, los puentes y hasta
las viviendas construidas[2] sin más afán que el lucro. Cuando las metas del
milenio establecen como prioridad la erradicación del hambre, se convierte
en rating -generador de dinero- la muerte de niños que en la India
ingirieron desayunos contaminados con pesticidas. ¿Por qué infantes y
mujeres chinas quedan atrapados en paredes y colgados de ventanas con
barrotes? ¿Cómo afectó su desarrollo este cambio brusco de contacto desde la
naturaleza, el uso de la bicicleta y el cuidado de su entorno, hacia vías
rápidas de pavimento, millones de automóviles contaminando el aire y
enloqueciendo a todos por el ruido de la modernidad? Después de un maoísmo
ateo ¿de que clavo ardiente se toman estos millones de seres humanos
orientales?
Al descubrir la mercadotecnia de la filantropía, los eternos dueños del
recurso: invitan a “ejercer la responsabilidad social empresarial”; formar
grupos voluntarios, concursar con proyectos que serán premiados para
propiciar su avance; pero ¿Cuánto cuesta ser parte de la burocracia
altruista? ¿Sabía Usted que al menos diez de las fundaciones mas importantes
en Estados Unidos gastan 90% de sus ingresos en la procuración de fondos y
en cuestiones administrativas y mediáticas para obtenerlos? ¿Sabe cuantas
organizaciones en México han cerrado porque instancias públicas
descentralizadas, desconcentradas o ciudadanizadas, que supuestamente las
coordinan y apoyan, les han robado sus bienes? Paz y armonía, o guerra y
simulaciones es lo que significa en buen español el “To be or not to be”.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Yaquis: aguerridos, dignos y trabajadores
15 de julio del 2013
Con las variables históricas de tiempo y espacio, la gran mayoría de los
sistemas políticos –sobre todo aquellos fundamentados en concepciones
religiosas- tuvieron un gran respeto por la naturaleza. Los griegos,
toltecas, mayas o incas entendieron al sol, la tierra, el agua –de ríos,
mares o lluvias- el porqué del clima y la urgente necesidad de no romper
equilibrios para continuar la vida. La importancia era tal que a los
elementos naturales se les deificó y adoró.
Cuando esta sabiduría elemental, se deja de lado en aras de concepciones
mercantilistas la extinción avanza. En menos de una centuria, el ser humano
ha depredado como nunca antes bosques, selvas, afluentes hídricos, mares y
en general el entono que garantiza su alimentación y existencia saludable.
Hoy la gente se aglomera en centros urbanos inhabitables y generalmente
ingobernables. Lo que pasa en Egipto, España, Chile o algunas poblaciones de
México, es la muestra indubitable de la disminución en la calidad de vida
resultado de la ruptura del equilibrio vital.
A casi un mes de incomunicación entre los pueblos yaquis y el gobernador
de un estado norteño de alta productividad agrícola y ganadera, se precisa
una acción política concertada, para resolver un asunto que involucra el
agua; enfrentando a ciudadanos -básicamente de Hermosillo- que esperan el
líquido del río Yaqui, aunque sin sacrificar el riego del valle.
Alimentar un agotado río Sonora, sería tarea técnicamente sencilla, si en
una buena labor de relaciones exteriores, se revisan los aspectos que
regulan la entrega de agua del río grande. Los productores de lo que se ha
llamado el granero de México, mantienen los datos históricos, hay que
respetar esa herencia, pactar, es decir convenir libremente en algo y
obligarse a su observancia, procurando la participación de todos.
Lamentablemente, por lo amarillista de la nota mediática diaria y el
vacío que dejan autoridades omisas, -por falta de conocimientos o de
sensibilidad política- son pocos los mexicanos que entienden las razones de
un pueblo originario, que desde el inicio del siglo pasado luchó por su
tierra siguiendo al Tetabiate -Juan Maldonado Waswechia- quien tomó el mando
de la resistencia Yaqui a la muerte de Cajeme –José María Leyva- para
defender su libertad, sus tierras y mantener sus costumbres. Antes de su
muerte en 1901, Tetabiate había firmado la paz con las autoridades civiles y
militares de la república, sublevándose dos años después de que los acuerdos
no se cumplieron.
¿Estamos en el preámbulo de la represión yaqui del siglo XXI, ante los
justos reclamos de las partes en conflicto por el agua? ¿Por qué los
discursos acerca de la protección de los pueblos originarios, la no
discriminación de los indígenas y el orgullo de nuestras etnias como lo son
las ocho tribus yaquis y su histórico caudillo –el que no bebe, Cajeme[1]-
no corresponden con la realidad?
El acueducto Hermosillo que se ha convertido en manzana de la discordia,
no sería tal si los funcionarios involucrados reconocieran, que este es
apenas una parte de un proyecto integral que tomó como base las
recomendaciones del Ing. Hernández Terán, mejorando los planes Plhino,
plhigo y otros tantos que tardíamente le valieron un merecido reconocimiento
meses antes de su muerte. ¿Qué les falta a quienes toman las decisiones para
desarrollar las obras completas en derredor del Novillo-Hermosillo, lo cual
incluye las plantas desalinizadoras, sistemas de captación y reciclaje de
agua para el riego? ¿Conocen los responsables federales del agua, el medio
ambiente, la agricultura, la pesca y las comunicaciones, los proyectos
integrales que optimizan caudales como el de las cuencas de los ríos
Santiago, Acaponeta, presidio y otros?
El país, solo puede detonar su desarrollo si crea empleos, produciendo
alimentos –para el auto consumo y la exportación- y aprovecha la experiencia
milenaria de quienes todavía siembran en los valles del sur de Sonora. Si a
esto se le agrega, el orgullo de reconocer los proyectos de vanguardia
actualizados por técnicos mexicanos –que son llamados al extranjero como
consultores a los que se les escucha y contrata- entonces sí estaremos en la
vía de vencer a los reclutadores del crimen. Si hay trabajo digno y este es
bien remunerado, el progreso, la integración social –no solo en estados como
Sonora que está en el punto de la secesión- y la paz, serán algo más que
retórica. "Antes como antes y ahora como ahora", decía Cajeme; hay que ver
cuales fueron los acuerdos para la construcción del acueducto; reconocer la
molestia que ocasionó la negativa de diálogo -del ex-presidente y del actual
gobernador- y disponer a expertos para concluir el conflicto. ¿Conocen el
camino para acercarse a los ingenieros, constructores, agrónomos, y en
general especialistas mexicanos que por no sentirse útiles se nos fugan al
extranjero? ¿Están dispuestos a incluirlos y pactar con todos en favor de
México?
Con la misma emoción con que se piensa en recibir a miles de chinos por
el proyecto Dragon Mart, que no abandonarán nuestro territorio; acojamos a
la gente de nuestra raza, sociedad e historia. Somos un pueblo grande que no
desea formar parte de la corrupción, la holganza y el fracaso. A quienes
ostentan el poder les toca abrir las opciones de desarrollo.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Terminator
8 de julio del 2013
Hay cosas, pensamientos, emociones y hasta procesos simples. Sepultar una
semilla, es el elemental inicio de la vida; aprender a cuidarla, almacenarla
y volver a enterrarla es un seguro en contra del hambre[1] que hoy por hoy,
en pleno siglo XXI, abruma a casi mil millones de personas –una de cada
siete- la mayoría de ellas, en países “en desarrollo” o de plano pobres. Por
muchos siglos, la humanidad se alimentó de lo que producía cada individuo o
familia; con el impulso de la revolución industrial y sus procesos
mecanizados para fabricar bienes a gran escala, la agricultura tradicional
fue dando paso a las grandes máquinas –tractores, trilladoras, sembradoras,
cosechadoras, forrajeras, desbrozadoras- y el consecuente abandono de zonas
rurales por campesinos migrantes a las ciudades para integrarse a fábricas
de las que luego también serán desplazados por las máquinas.
Los abusos de señores feudales y toda suerte de prácticas inhumanas que
basaron su riqueza en la explotación del trabajador agrícola, parecían ver
su fin con la revolución industrial, la reforma agraria, la abolición de la
esclavitud y ciertos sistemas de propiedad y tenencia agraria que
garantizaban, cuando menos, el auto-consumo. ¿Grandes propietarios con
capital o conjunto de campesinos organizados para una producción en mayor
escala que la individual? Ese parecía ser el gran dilema, hasta que la
migración a lo urbano y la pulverización de la tierra entre herederos,
aunados a la gran explosión demográfica cambiaron las reglas del juego. Si a
esto se le suman los cánones financieros globales, que han convertido a
México en el primer importador de maíz y a Egipto en el mismo rango respecto
al trigo, podemos entender porqué pasamos de ser proveedores de otros países
a nación dependiente y sin soberanía alimentaria.
Huyendo del hambre, los brazos jóvenes se van, los pueblos fantasmas se
multiplicaron, los que imaginaron su salvación como “gardener” en los
territorios del “American way life”, murieron, se perdieron, no volvieron y
en el mejor de los casos regresaron infectados de SIDA y otro tipo de
enfermedades. ¿Cómo cumplir las metas del milenio[2] y disminuir la terrible
cifra de 34 millones personas en la región latinoamericana y del caribe, que
por su condición de pobreza padecen hambre y desnutrición?
La FAO señaló apenas hace dos años que: el 80% de las explotaciones
agrícolas de América Latina y el Caribe son parte de la agricultura
familiar, lo cual además genera el 70% del empleo agrícola de la región.
Esto significa, según datos del MERCOSUR, empleo directo a 10 millones de
trabajadores produciendo hortalizas y frutas. ¿Por qué en México programas
tan interesantes como los huertos familiares y escolares se tiraron a la
basura o guardaron en archivos inaccesibles? ¿A que intereses respondían
tales acciones destructoras, incluso de programas como el Aprovechamiento y
Desarrollo Integral Sustentable del Trópico Mexicano?
Afortunadamente para la sobrevivencia de la especie humana, la memoria
genética sigue funcionando como reacción natural. La destrucción de bosques,
cuencas hídricas, lagos, manglares, mares, suelos otrora fértiles, nos
alcanzó por la depredación de los rudimentarios “terminator”[3], talando,
vertiendo químicos en los ríos, entubando afluentes convertidos en
colectores de detritos y cubriendo el suelo fértil con millones de placas de
concreto, que aunadas el conjunto de gases lanzados al espacio, nos tienen
al borde del colapso.
Si los actuales miembros del gabinete –agricultura, medio ambiente,
reforma agraria, comisión del agua, SCT, y STPS- tienen la inteligencia para
trabajar coordinadamente y escuchar voces experimentadas a las cuales se les
reconoce en el exterior, respecto de la urgencia de “restituir y proteger la
biodiversidad y contribuir al abatimiento de los efectos adversos de la
contaminación, el calentamiento global y el cambio climático causado por la
civilización moderna”[4], además de “aportar al dinámico equilibrio
medioambiental a partir de una visión cultural propia, científica, bio-ética,
pragmática, eficiente etno-ecológicamente, rural-urbana, rentable
económicamente, innovadora tecnológicamente y tendiente a reducir la pobreza
y las desigualdades sociales; más allá de lo puramente agronómico y
desarticulado de otras categorías”[5] nuestro país estará en el camino de
recuperar la autosuficiencia; evitar el desperdicio del 17% de la producción
de hortalizas, verduras y frutas; cumplir con las metas de reducción del
hambre y celebrar con orgullo el próximo 2014 el Año Internacional de la
Agricultura Familiar, recientemente aprobado por la Organización de la ONU
para la Alimentación y la Agricultura.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Lo cáido, cáido
1 de julio del 2013
El dinero ha sido desde los tiempos más antiguos un factor del comercio,
pero también medio para sustentar o destruir valores –individuales, éticos,
morales, nacionales, ideológicos etc.- de toda índole. Si analizamos el
Corán, podemos ver que por falta de recursos los veinte años de lucha del
profeta receptor de mensaje de Alá por conducto del ángel Gabriel,
estuvieron en el riesgo de quedar como simple capítulo intrascendente de la
historia, por insuficiencia de recursos. No es sino hasta finales del siglo
VII con la dirección del califa Abd al Malik que con la religión como eje
empieza a florecer el expansionismo árabe y, para ello, tal cual se hizo en
el imperio romano, son las monedas[1] e inscripciones relacionadas con el
credo islámico, las que sustentan su poder. ¿Cuánto costó a la dinastía
abasí –que sustituyó a la omeya- imprimir y difundir el Corán 125 años
después de la muerte de Mahoma?
En el primero de los libros del Pentateuco atribuido a Moisés cuyo tema
se refiere básicamente a los orígenes de la tierra y la humanidad, desde muy
pronto aparece el dinero como parte de las relaciones humanas. La heredad
que Abraham pretendió comprar a Efrón –hijo de Het- básicamente para poder
sepultar a su esposa Sara, muerta a los 127 años, tenía un precio de 400
ciclos de plata. Esta suma aparentemente insignificante para el dueño no es
lo que movió a su propietario a donarlo a quien en el antiguo testamento y
por ende en la Tora, se considera el receptor de la promesa de Jehová, para
multiplicar su descendencia, en el nivel de las estrellas del cielo y las
arenas del mar. ¿Qué es eso entre tu y yo?, dijo el dueño refiriéndose al
precio, al tiempo de darle su tierra y la cueva en la cual se sepultó a
Sara, a quien hoy se considera el fundador del pueblo judío.
Pero también por ambición de dinero, los medios hermanos de José, lo
vendieron a unos comerciantes nómadas. ¿Fue solo el hambre lo que movió a
estos mismos antiguos traficantes de humanos para buscar comprar alimento en
Egipto? Cuando apenas empezaban los primeros dos años de las 7 vacas flacas,
los hermanos se reencuentran. El que ahora era rico y poderoso no es
reconocido por quienes no lo amaban y en cambio le temían debido a su rango
El tema de la devolución del dinero dentro de los sacos de trigo ¿Fue
generosidad o primer paso para una “dulce venganza”? Cobrársela a quien te
la hizo casi es imposible a quien carece de dinero. ¿Cómo podría un
ciudadano lograr que se exhiba al gobernante que se adueñó de mala manera
–por una expropiación injusta o una extinción de dominio truculenta- de su
propiedad? ¿Cuánto vale en términos financieros varios años de cárcel
injustificada? ¿Qué mueve a los que abusan del poder, devolver sus bienes
“asegurados” a quien ya demostró su inocencia?[2] ¿Por qué el primer paso en
el orden del proceso jurídico –sobre todo el sajón que se ha infiltrado como
salitre en el nuestro- es el aseguramiento de bienes?
En el tema de los descendientes de Jacob, cuyos últimos dos hijos –José y
Benjamín- lo fueron de su vejez, no puedo evitar referirme al vergonzoso
caso de un exministro de la SCJ que quizá en su fuero interno extraña a sus
hijos pero; que es incapaz de poner su dinero para demostrarles ese amor.
Finalmente Benjamín, los medios hermanos y el padre no muy prudente y de un
origen tramposo se ve beneficiado por el hijo que logró poder y dinero,
fuera de su influencia familiar y en calidad de emigrante en un país
extranjero.
Como siempre ocurre con el cambio de cabezas cuando la propaganda insiste
en una recaudación que debiera ser más amplia, los burócratas eternos, sacan
de los archivos, datos de empresas que ya has sido dadas de baja –algunas
hace mas de 20 años- y personas físicas fallecidas o sin mas ingreso que su
exigua pensión y, envían notificaciones amenazantes a los nuevos
propietarios de los espacios donde dichos muertos estuvieron asentados.
¿Cuánto dinero se necesita para evitar la molestia de un inspector
hacendario enjundioso que poco entiende de la presunción de inocencia y esta
presto para “ganar dinero” mediante la extorsión y el miedo? ¿Porqué el
pueblo se entusiasma con el anuncio ilegal de que habrán de embargarse
bienes a un ex gobernador presuntamente culpable y se enfurece con la juez
que niega dicho embargo por considerarlo jurídicamente improcedente?
Quizá la respuesta esté en esos 38 senadores calladitos al recibir mas de
cuatrocientos mil pesos para apoyo de su trabajo de campo –lo electoral
también es campo- que ante la publicidad de ese uso de nuestro dinero,
simplemente siguieron calladitos o justificaron con sin razones de risa la
no devolución del mismo. Y es que como estableció aquel del “haiga sido como
haiga sido” parece que cuando menos en este planeta como decimos por acá “lo
cáido, cáido” Ojala que dentro de seis años, no escuchemos el lloro y el
crujir de huesos, pues como sentenció un apóstol en el inicio del
cristianismo: “porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual
codiciando algunos, se extraviaron de la fe y fueron traspasados de muchos
dolores”.[3]
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