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UNA COLORADA (vale más que cien descoloridas)

Lilia Cisneros Luján

Malos diagnósticos

29 de julio del 2013

Deducir, que tipo de enfermedad aqueja a un ser a partir del análisis de los síntomas, es quizá el elemento más importante para la cura. La diagnosis es pues, el conocimiento de los signos que lleven a definir el tipo de padecimiento que impide la salud. En términos puros el concepto estaba reservado únicamente a la medicina. Un buen médico es aquel capaz de acertar en la definición de la afección y por ende en la receta para la solución.

Lamentablemente para la salud de la humanidad, cada vez hay menos doctores capaces de realizar un buen diagnóstico. Dilucidar si esto es efecto de una capacitación deficiente o si el origen de la culpa está en el afán desmedido del negocio que por una parte ha desarrollado inventos maravilloso para suplir dicha función y por otra parte debe vender los estudios suficientes para capitalizar la inversión, sería parte de un diagnóstico no de salud física sino ética. ¿Qué tanto se sabe de la corrupción implícita entre los laboratorios “de diagnóstico” y los médicos que refieren pacientes para “confirmar” su opinión? ¿Será solo esta, la causa de la falta de pericia para diagnosticar o es el sistema de seguros médicos que en países desarrollados pende como espada de Damocles sobre galenos que humanamente cometen errores? El tema ha dado para estudios amplios sobre la medicación errónea a niños superdotados[1] a los que se les etiqueta con déficit de atención, inclinaciones antisociales –agresividad, depresión, ansiedad- y toda una letanía de novedosas “patologías mentales” a partir de conductas de aburrimiento, hiperactividad o distracción, saturándolos de medicamentos, que a la larga les quitarán su calidad de sujetos sanos quizá por seguir el criterio de Henry Gadsden, director a finales del pasado milenio de la compañía farmacéutica Merck[2]

Y si bien este es un tema que debería ser permanente para las comisiones de bioética, apuntamos que por un barbarismo semántico, esto de los diagnósticos se ha convertido en mercancía de grupos consultores que ofrecen "diagnósticos” políticos y empresariales. Con imposturas dignas de un análisis freudiano, afirman que la solución a los problemas sociales –sería el equivalente a la salud de una persona- no puede venir de los políticos actuales, que son dinosaurios, es decir, viejos cuya experiencia para estos noveles dignosticadores no sirve para nada. Y así surgen las medicinas de moda: reformas profundas, cambios de régimen, nueva constitución, modernización, reglas del mercado y toda una suerte de remedios, para resolver: emergencias nacionales –desempleo, incapacidad para el pago de la deuda externa- desastres económicos –hambre, pobreza, enfermedades- defectos estructurales y muchos otros etcéteras. Por supuesto los expertos sugieren nombrar comisiones de diagnóstico con pensadores independientes –asumimos que no de los partidos ni de los viejos- de gran prestigio y límpida vocación. En lugar de aparatos de rayos X o ultrasonido, los diagnósticos se confirmarían con “encuestas” o “sondeos”, talleres y hasta tormentas pero de ideas.

No tenemos datos de que consultoría salió el “descubrimiento” de los más de dos mil pozos que se han concesionado en el país a lo largo de su vida -¿sana o enferma?- y los casi 30% que se siguen explotando sin haber renovado sus papeles, o sea, dejaron de tomarse la medicina y están en la lista de su etapa terminal. Tampoco se sabe si en el criterio de revisión, para ver si los salvan o les aplican la eutanasia, están las seis empresas extranjeras que miden consumos, aplican cobros al tanteo y se hacen occisas ante los reclamos de los sedientos ciudadanos del DF, cuyo trastorno de ansiedad es tratado casi siempre con masajes violentos de parte de granaderos y otras autoridades con ese perfil cuando su falta de “realismo popular” desconoce las propias aptitudes y limitaciones, manifestando conductas que dificultan la convivencia con los gobernantes.

Y como la inteligencia, si no se usa se pierde, según ha afirmado el joven Almazán[3] que gracias a un entorno adecuado, fue salvado del bulling, al cual se somete a los niños “nerd” como discriminatoriamente se les dice a aquellos con más de 130 de IQ -el tiene 162 y ya es médico y psicólogo a los 18 años- lo cual bloquea el equilibrio entre su vida afectiva e intelectual; lo que deberíamos hacer en vez de protestar por los ilegales cambios en usos de suelo, la desaparición o asesinato de personas y la sordera de quienes debieran garantizarnos una sociedad sana, segura, libre de miedo y armoniosa, es dedicarnos a diagnosticar, a ver si así nos contrata una televisora o de menos nos aceptan nuestros puntos de vista los coordinadores de asesores de las autoridades en turno, quienes, piratas como son la mayoría, dirán gustosos que acaban de descubrir una medicina para curar los males de la nación, lo cual en última instancia sería irrelevante si sus jefes saben como administrarla o tienen la humildad de preguntar a los verdaderos expertos.


UNA COLORADA (vale más que cien descoloridas)

Lilia Cisneros Luján

Simulaciones

22 de julio del 2013

Sin duda lo que más irrita a las personas es saberse víctima de impostores. La humanidad tiene molestia, cuando confirma el engaño del discurso “libertario y democrático” de quien usa su poder para invadir los ámbitos privados de los ciudadanos o los restringidos por ley en las empresas y entidades colectivas. La mentira se convierte en trapacería, si el legislador redacta leyes a modo, aun sabiendo que estás van en contra del bien común, por ejemplo cuando la asamblea del DF aprueba un código financiero que en esencia legitima acciones confiscatorias en materia de impuesto predial o servicios diversos como es el caso del agua. En la gestión del ex jefe de gobierno, que ahora pretende erigirse como líder de una izquierda inexistente y de la cual él se deslindó cuando decidió ser tránsfuga del PRI, se aprobaron una serie de normas –de obras públicas, de negocios mercantiles diversos etc.- las cuales en esencia han impedido a los cuidadnos hacer valer su legítimo derecho a vivir en armonía, disfrutando de lo que ha sido su entorno barrial y su propiedad privada, pagada en la mayoría de las veces con el producto de años de trabajo.

Hacen trampa sistemas judiciales que buscan recovecos de la imperfección humana, para intentar castigar al “espía arrepentido” de ser parte de un sistema de intrusión ilegítima. Ignorar las consecuencias de sentencias pronunciadas por jueces -por muy acreditados que sean- al liberar al homicida de un adolescente afro-americano; dejar impunes a funcionarios irresponsables –proclives a derrochar los fondos del erario[1] y en grados extremos a usarlos para su provecho- o cerrar un caso sin haber determinado a quien pertenecía la maleta internacional de drogas o porqué se escogió a una joven espiritual para imputarle su propiedad, produce una percepción generalizada de la facilidad con la cual los detentadores del poder, fingen para seguir contando con la buena percepción de quienes sustentan su mandato.

Aun cuando no me afecte de manera directa, el ser testigos de cómo unos pocos saltan de trampa en trampa para enriquecerse violentando los derechos -humanos, civiles o de garantías individuales- de otros, genera la sensación de pérdida que inunda primero al individuo y consecuentemente a toda la colectividad. ¿Qué está haciendo la humanidad para llenar este vacío de certeza, esperanza y horizonte futuro? ¿Cómo responden los millones de llamados a salvarse de infiernos de mediocridad, intrascendencia, falsas ilusiones, y hasta complicidad en la destrucción de un entorno creado por –Dios, la naturaleza, las fuerzas del universo- y usado imprudentemente solo para ganar dinero? ¿Tiene el ciudadano común garantía alguna en comisiones de derechos humanos celosas de proteger a presuntos culpables –estos casi siempre cuentan con legiones de abogados prestos a iniciar amparos, apelaciones constitucionales, habeas corpus etc.- que en el peor de los casos se “arreglan” vendiendo información no necesariamente veraz? Las víctimas del llamado crimen organizado –nunca he sabido si el calificativo es por su entendimiento con las instancias que deberían erradicarlos por el castigo, la rehabilitación o la prevención- viven confundidas como resultado de las simulaciones. Se les vende como único camino para salvarse la educación; pero esta cuesta, no es accesible a todos; las escuelas públicas son deficientes, las bibliotecas son templos del saber ocupados solo por extraños bichos que sin despreciar lo electrónico disfrutan el valor de la página y la tinta ¿Están conscientes los chicos becarios de educación privada del grillete puesto por sus “benefactores” para el futuro de su existencia? ¿Qué si no los emplean? ¿Qué si las ofertas mejores vienen de quienes destruyen la naturaleza –empresas cuyo sustento es la madera, el agua, los productos transgénicos, la pesca indiscriminada- promueven negocios millonarios basados en la necesidad humana de religarse con el creador o están impostados de la vanidad de sentirse dioses, atreviéndose a patentar “descubrimientos” –como el genoma- que son de todos y resulta criminal reservarlos solo para negociar con sustancias químicas o naturales?

¡Por supuesto que hay furia! de una humanidad, engañada, perdida, montada en la ciencia y algunos recuerdos históricos –nunca como en estas últimas cuatro décadas, han proliferado las prácticas de chamanes, brujos, maestros de budismo, islamismo, sincretismo etc.- para negar a Dios, enaltecer el egocentrismo reforzado por la propaganda mediática al servicio de los explotadores de la ignorancia, y la búsqueda de paz, y armonía.

La ciencia crematística, alejada de principios éticos y morales, ha sido capaz de prolongar la existencia humana, decidir al margen de la naturaleza las formas de procreación y de cura para enfermedades pandémicas; pero no puede evitar la muerte de sed e inanición de amplias poblaciones en tanto que otras fallecen por inundaciones, deslaves y fuerzas naturales que al final del día buscan su curso por encima del concreto, los puentes y hasta las viviendas construidas[2] sin más afán que el lucro. Cuando las metas del milenio establecen como prioridad la erradicación del hambre, se convierte en rating -generador de dinero- la muerte de niños que en la India ingirieron desayunos contaminados con pesticidas. ¿Por qué infantes y mujeres chinas quedan atrapados en paredes y colgados de ventanas con barrotes? ¿Cómo afectó su desarrollo este cambio brusco de contacto desde la naturaleza, el uso de la bicicleta y el cuidado de su entorno, hacia vías rápidas de pavimento, millones de automóviles contaminando el aire y enloqueciendo a todos por el ruido de la modernidad? Después de un maoísmo ateo ¿de que clavo ardiente se toman estos millones de seres humanos orientales?

Al descubrir la mercadotecnia de la filantropía, los eternos dueños del recurso: invitan a “ejercer la responsabilidad social empresarial”; formar grupos voluntarios, concursar con proyectos que serán premiados para propiciar su avance; pero ¿Cuánto cuesta ser parte de la burocracia altruista? ¿Sabía Usted que al menos diez de las fundaciones mas importantes en Estados Unidos gastan 90% de sus ingresos en la procuración de fondos y en cuestiones administrativas y mediáticas para obtenerlos? ¿Sabe cuantas organizaciones en México han cerrado porque instancias públicas descentralizadas, desconcentradas o ciudadanizadas, que supuestamente las coordinan y apoyan, les han robado sus bienes? Paz y armonía, o guerra y simulaciones es lo que significa en buen español el “To be or not to be”.


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Lilia Cisneros Luján

Yaquis: aguerridos, dignos y trabajadores

15 de julio del 2013

Con las variables históricas de tiempo y espacio, la gran mayoría de los sistemas políticos –sobre todo aquellos fundamentados en concepciones religiosas- tuvieron un gran respeto por la naturaleza. Los griegos, toltecas, mayas o incas entendieron al sol, la tierra, el agua –de ríos, mares o lluvias- el porqué del clima y la urgente necesidad de no romper equilibrios para continuar la vida. La importancia era tal que a los elementos naturales se les deificó y adoró.

Cuando esta sabiduría elemental, se deja de lado en aras de concepciones mercantilistas la extinción avanza. En menos de una centuria, el ser humano ha depredado como nunca antes bosques, selvas, afluentes hídricos, mares y en general el entono que garantiza su alimentación y existencia saludable. Hoy la gente se aglomera en centros urbanos inhabitables y generalmente ingobernables. Lo que pasa en Egipto, España, Chile o algunas poblaciones de México, es la muestra indubitable de la disminución en la calidad de vida resultado de la ruptura del equilibrio vital.

A casi un mes de incomunicación entre los pueblos yaquis y el gobernador de un estado norteño de alta productividad agrícola y ganadera, se precisa una acción política concertada, para resolver un asunto que involucra el agua; enfrentando a ciudadanos -básicamente de Hermosillo- que esperan el líquido del río Yaqui, aunque sin sacrificar el riego del valle.

Alimentar un agotado río Sonora, sería tarea técnicamente sencilla, si en una buena labor de relaciones exteriores, se revisan los aspectos que regulan la entrega de agua del río grande. Los productores de lo que se ha llamado el granero de México, mantienen los datos históricos, hay que respetar esa herencia, pactar, es decir convenir libremente en algo y obligarse a su observancia, procurando la participación de todos.

Lamentablemente, por lo amarillista de la nota mediática diaria y el vacío que dejan autoridades omisas, -por falta de conocimientos o de sensibilidad política- son pocos los mexicanos que entienden las razones de un pueblo originario, que desde el inicio del siglo pasado luchó por su tierra siguiendo al Tetabiate -Juan Maldonado Waswechia- quien tomó el mando de la resistencia Yaqui a la muerte de Cajeme –José María Leyva- para defender su libertad, sus tierras y mantener sus costumbres. Antes de su muerte en 1901, Tetabiate había firmado la paz con las autoridades civiles y militares de la república, sublevándose dos años después de que los acuerdos no se cumplieron.

¿Estamos en el preámbulo de la represión yaqui del siglo XXI, ante los justos reclamos de las partes en conflicto por el agua? ¿Por qué los discursos acerca de la protección de los pueblos originarios, la no discriminación de los indígenas y el orgullo de nuestras etnias como lo son las ocho tribus yaquis y su histórico caudillo –el que no bebe, Cajeme[1]- no corresponden con la realidad?

El acueducto Hermosillo que se ha convertido en manzana de la discordia, no sería tal si los funcionarios involucrados reconocieran, que este es apenas una parte de un proyecto integral que tomó como base las recomendaciones del Ing. Hernández Terán, mejorando los planes Plhino, plhigo y otros tantos que tardíamente le valieron un merecido reconocimiento meses antes de su muerte. ¿Qué les falta a quienes toman las decisiones para desarrollar las obras completas en derredor del Novillo-Hermosillo, lo cual incluye las plantas desalinizadoras, sistemas de captación y reciclaje de agua para el riego? ¿Conocen los responsables federales del agua, el medio ambiente, la agricultura, la pesca y las comunicaciones, los proyectos integrales que optimizan caudales como el de las cuencas de los ríos Santiago, Acaponeta, presidio y otros?

El país, solo puede detonar su desarrollo si crea empleos, produciendo alimentos –para el auto consumo y la exportación- y aprovecha la experiencia milenaria de quienes todavía siembran en los valles del sur de Sonora. Si a esto se le agrega, el orgullo de reconocer los proyectos de vanguardia actualizados por técnicos mexicanos –que son llamados al extranjero como consultores a los que se les escucha y contrata- entonces sí estaremos en la vía de vencer a los reclutadores del crimen. Si hay trabajo digno y este es bien remunerado, el progreso, la integración social –no solo en estados como Sonora que está en el punto de la secesión- y la paz, serán algo más que retórica. "Antes como antes y ahora como ahora", decía Cajeme; hay que ver cuales fueron los acuerdos para la construcción del acueducto; reconocer la molestia que ocasionó la negativa de diálogo -del ex-presidente y del actual gobernador- y disponer a expertos para concluir el conflicto. ¿Conocen el camino para acercarse a los ingenieros, constructores, agrónomos, y en general especialistas mexicanos que por no sentirse útiles se nos fugan al extranjero? ¿Están dispuestos a incluirlos y pactar con todos en favor de México?

Con la misma emoción con que se piensa en recibir a miles de chinos por el proyecto Dragon Mart, que no abandonarán nuestro territorio; acojamos a la gente de nuestra raza, sociedad e historia. Somos un pueblo grande que no desea formar parte de la corrupción, la holganza y el fracaso. A quienes ostentan el poder les toca abrir las opciones de desarrollo.


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Lilia Cisneros Luján

Terminator

8 de julio del 2013

Hay cosas, pensamientos, emociones y hasta procesos simples. Sepultar una semilla, es el elemental inicio de la vida; aprender a cuidarla, almacenarla y volver a enterrarla es un seguro en contra del hambre[1] que hoy por hoy, en pleno siglo XXI, abruma a casi mil millones de personas –una de cada siete- la mayoría de ellas, en países “en desarrollo” o de plano pobres. Por muchos siglos, la humanidad se alimentó de lo que producía cada individuo o familia; con el impulso de la revolución industrial y sus procesos mecanizados para fabricar bienes a gran escala, la agricultura tradicional fue dando paso a las grandes máquinas –tractores, trilladoras, sembradoras, cosechadoras, forrajeras, desbrozadoras- y el consecuente abandono de zonas rurales por campesinos migrantes a las ciudades para integrarse a fábricas de las que luego también serán desplazados por las máquinas.

Los abusos de señores feudales y toda suerte de prácticas inhumanas que basaron su riqueza en la explotación del trabajador agrícola, parecían ver su fin con la revolución industrial, la reforma agraria, la abolición de la esclavitud y ciertos sistemas de propiedad y tenencia agraria que garantizaban, cuando menos, el auto-consumo. ¿Grandes propietarios con capital o conjunto de campesinos organizados para una producción en mayor escala que la individual? Ese parecía ser el gran dilema, hasta que la migración a lo urbano y la pulverización de la tierra entre herederos, aunados a la gran explosión demográfica cambiaron las reglas del juego. Si a esto se le suman los cánones financieros globales, que han convertido a México en el primer importador de maíz y a Egipto en el mismo rango respecto al trigo, podemos entender porqué pasamos de ser proveedores de otros países a nación dependiente y sin soberanía alimentaria.

Huyendo del hambre, los brazos jóvenes se van, los pueblos fantasmas se multiplicaron, los que imaginaron su salvación como “gardener” en los territorios del “American way life”, murieron, se perdieron, no volvieron y en el mejor de los casos regresaron infectados de SIDA y otro tipo de enfermedades. ¿Cómo cumplir las metas del milenio[2] y disminuir la terrible cifra de 34 millones personas en la región latinoamericana y del caribe, que por su condición de pobreza padecen hambre y desnutrición?

La FAO señaló apenas hace dos años que: el 80% de las explotaciones agrícolas de América Latina y el Caribe son parte de la agricultura familiar, lo cual además genera el 70% del empleo agrícola de la región. Esto significa, según datos del MERCOSUR, empleo directo a 10 millones de trabajadores produciendo hortalizas y frutas. ¿Por qué en México programas tan interesantes como los huertos familiares y escolares se tiraron a la basura o guardaron en archivos inaccesibles? ¿A que intereses respondían tales acciones destructoras, incluso de programas como el Aprovechamiento y Desarrollo Integral Sustentable del Trópico Mexicano?

Afortunadamente para la sobrevivencia de la especie humana, la memoria genética sigue funcionando como reacción natural. La destrucción de bosques, cuencas hídricas, lagos, manglares, mares, suelos otrora fértiles, nos alcanzó por la depredación de los rudimentarios “terminator”[3], talando, vertiendo químicos en los ríos, entubando afluentes convertidos en colectores de detritos y cubriendo el suelo fértil con millones de placas de concreto, que aunadas el conjunto de gases lanzados al espacio, nos tienen al borde del colapso.

Si los actuales miembros del gabinete –agricultura, medio ambiente, reforma agraria, comisión del agua, SCT, y STPS- tienen la inteligencia para trabajar coordinadamente y escuchar voces experimentadas a las cuales se les reconoce en el exterior, respecto de la urgencia de “restituir y proteger la biodiversidad y contribuir al abatimiento de los efectos adversos de la contaminación, el calentamiento global y el cambio climático causado por la civilización moderna”[4], además de “aportar al dinámico equilibrio medioambiental a partir de una visión cultural propia, científica, bio-ética, pragmática, eficiente etno-ecológicamente, rural-urbana, rentable económicamente, innovadora tecnológicamente y tendiente a reducir la pobreza y las desigualdades sociales; más allá de lo puramente agronómico y desarticulado de otras categorías”[5] nuestro país estará en el camino de recuperar la autosuficiencia; evitar el desperdicio del 17% de la producción de hortalizas, verduras y frutas; cumplir con las metas de reducción del hambre y celebrar con orgullo el próximo 2014 el Año Internacional de la Agricultura Familiar, recientemente aprobado por la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura.


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Lilia Cisneros Luján

Lo cáido, cáido

1 de julio del 2013

El dinero ha sido desde los tiempos más antiguos un factor del comercio, pero también medio para sustentar o destruir valores –individuales, éticos, morales, nacionales, ideológicos etc.- de toda índole. Si analizamos el Corán, podemos ver que por falta de recursos los veinte años de lucha del profeta receptor de mensaje de Alá por conducto del ángel Gabriel, estuvieron en el riesgo de quedar como simple capítulo intrascendente de la historia, por insuficiencia de recursos. No es sino hasta finales del siglo VII con la dirección del califa Abd al Malik que con la religión como eje empieza a florecer el expansionismo árabe y, para ello, tal cual se hizo en el imperio romano, son las monedas[1] e inscripciones relacionadas con el credo islámico, las que sustentan su poder. ¿Cuánto costó a la dinastía abasí –que sustituyó a la omeya- imprimir y difundir el Corán 125 años después de la muerte de Mahoma?

En el primero de los libros del Pentateuco atribuido a Moisés cuyo tema se refiere básicamente a los orígenes de la tierra y la humanidad, desde muy pronto aparece el dinero como parte de las relaciones humanas. La heredad que Abraham pretendió comprar a Efrón –hijo de Het- básicamente para poder sepultar a su esposa Sara, muerta a los 127 años, tenía un precio de 400 ciclos de plata. Esta suma aparentemente insignificante para el dueño no es lo que movió a su propietario a donarlo a quien en el antiguo testamento y por ende en la Tora, se considera el receptor de la promesa de Jehová, para multiplicar su descendencia, en el nivel de las estrellas del cielo y las arenas del mar. ¿Qué es eso entre tu y yo?, dijo el dueño refiriéndose al precio, al tiempo de darle su tierra y la cueva en la cual se sepultó a Sara, a quien hoy se considera el fundador del pueblo judío.

Pero también por ambición de dinero, los medios hermanos de José, lo vendieron a unos comerciantes nómadas. ¿Fue solo el hambre lo que movió a estos mismos antiguos traficantes de humanos para buscar comprar alimento en Egipto? Cuando apenas empezaban los primeros dos años de las 7 vacas flacas, los hermanos se reencuentran. El que ahora era rico y poderoso no es reconocido por quienes no lo amaban y en cambio le temían debido a su rango El tema de la devolución del dinero dentro de los sacos de trigo ¿Fue generosidad o primer paso para una “dulce venganza”? Cobrársela a quien te la hizo casi es imposible a quien carece de dinero. ¿Cómo podría un ciudadano lograr que se exhiba al gobernante que se adueñó de mala manera –por una expropiación injusta o una extinción de dominio truculenta- de su propiedad? ¿Cuánto vale en términos financieros varios años de cárcel injustificada? ¿Qué mueve a los que abusan del poder, devolver sus bienes “asegurados” a quien ya demostró su inocencia?[2] ¿Por qué el primer paso en el orden del proceso jurídico –sobre todo el sajón que se ha infiltrado como salitre en el nuestro- es el aseguramiento de bienes?

En el tema de los descendientes de Jacob, cuyos últimos dos hijos –José y Benjamín- lo fueron de su vejez, no puedo evitar referirme al vergonzoso caso de un exministro de la SCJ que quizá en su fuero interno extraña a sus hijos pero; que es incapaz de poner su dinero para demostrarles ese amor. Finalmente Benjamín, los medios hermanos y el padre no muy prudente y de un origen tramposo se ve beneficiado por el hijo que logró poder y dinero, fuera de su influencia familiar y en calidad de emigrante en un país extranjero.

Como siempre ocurre con el cambio de cabezas cuando la propaganda insiste en una recaudación que debiera ser más amplia, los burócratas eternos, sacan de los archivos, datos de empresas que ya has sido dadas de baja –algunas hace mas de 20 años- y personas físicas fallecidas o sin mas ingreso que su exigua pensión y, envían notificaciones amenazantes a los nuevos propietarios de los espacios donde dichos muertos estuvieron asentados. ¿Cuánto dinero se necesita para evitar la molestia de un inspector hacendario enjundioso que poco entiende de la presunción de inocencia y esta presto para “ganar dinero” mediante la extorsión y el miedo? ¿Porqué el pueblo se entusiasma con el anuncio ilegal de que habrán de embargarse bienes a un ex gobernador presuntamente culpable y se enfurece con la juez que niega dicho embargo por considerarlo jurídicamente improcedente?

Quizá la respuesta esté en esos 38 senadores calladitos al recibir mas de cuatrocientos mil pesos para apoyo de su trabajo de campo –lo electoral también es campo- que ante la publicidad de ese uso de nuestro dinero, simplemente siguieron calladitos o justificaron con sin razones de risa la no devolución del mismo. Y es que como estableció aquel del “haiga sido como haiga sido” parece que cuando menos en este planeta como decimos por acá “lo cáido, cáido” Ojala que dentro de seis años, no escuchemos el lloro y el crujir de huesos, pues como sentenció un apóstol en el inicio del cristianismo: “porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe y fueron traspasados de muchos dolores”.[3]

 

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