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INFORME ROJO
Los borregos se comen al cacique* Callejas Arroyo: el paraíso perdido * Insultos y reclamos al líder de los maestros * Fidel agita a un sector del magisterio veracruzano * “No podemos dejar que nos tomen las calles”: FGB * La protesta y la represión * Lu-pilla sonríe pese a las palizas domésticas * Theurel imita a Iván Hillman * Banquetas y guarniciones para completar el desastre. 24 de septiembre de 2013 Se vaya o se quede, se imponga o lo echen, Juan Nicolás Callejas Arroyo da muestras de decrepitud sindical. Lo torean sus agremiados, lo denuncian penalmente, asaltan su feudo magisterial, lo insultan en las calles y sus bases beligerantes lo retan, mientras el viejo cacique apela a sus demonios internos para justificar una revuelta de maestros que nunca, ni por error, llegó a imaginar. Pisoteado, Callejas está en plan deprimente. No pudo contener la furia del magisterio por la reforma educativa, por los derechos sindicales amenazados, por el sistema de evaluación que en el fondo entraña acabar sutilmente con la disidencia, por la inestabilidad laboral, por la pérdida de privilegios. No pudo mantener el control de un gremio que lo toleró hasta el límite pero que hoy lo repudia. Callejas Arroyo enfrenta una rebelión de antología. Ve marchar por las calles a maestros que suponía mantenía a raya con prebendas y comisiones sindicales, con una o dos plazas y con la herencia para familiares. Los ve rabiosos, gritones, insolentes con el Presidente Peña Nieto por su reforma educativa y contra él mismo por el agotamiento de su cacicazgo y porque, a fin de cuentas, lo conciben como un líder corrupto. Los vio tomar casetas de peaje y dejar pasar vehículos con cuota cero, en agravio del erario, del peculio de Caminos y Puentes Federales, tan sólo para ganarse a la opinión pública. Los ha visto en plan radical. Su incontrolado magisterio ha tomado escuelas, ha suspendido clases, ha afectado a los niños que no merecen quedarse sin las letras, los números, el medio ambiente, el cuerpo humano y el civismo. Su magisterio se ha enfrentado a padres de familia que les reclaman su proceder, la inconciencia de cerrar planteles aunque sea su derecho natural a defender su trabajo. Su magisterio ha allanado oficinas de gobierno, tomado delegaciones educativas y la misma sede de la Secretaría de Educación de Veracruz, sin que él, como líder, haya movido un dedo. A Callejas le gusta el juego sucio y si es en la cancha contraria, mejor. Cuando las protestas eran en el DF, en la cancha de Enrique Peña Nieto, el viejo cacique la gozaba. Allá, en la capital, que tomen el Zócalo, que se movilicen a Los Pinos, que cerquen el Congreso, que se planten en la Bolsa Mexicana de Valores, en Televisa, en el monumento a la Revolución. Y acá, en Veracruz, Callejas en la grilla, ultimando su enésimo arribo a la Legislatura, vía una diputación plurinominal, para ser líder de la mayoría priísta. Callejas tiene problemas de vista y el olfato agotado: no vio ni olió cuándo pasó el balón a su cancha. Del bloqueo de autopistas y toma de casetas de peaje, en un instante estalló la suspensión de clases, justo cuando el gobernador Javier Duarte de Ochoa presumía que en Veracruz las escuelas seguían su marcha. Exigido por el gobierno federal, por el gobernador Duarte, por la cúpula del SNTE, Callejas Arroyo no pudo, no quiso o no supo meter orden. Le crecieron los enanos y el circo se le vino abajo. El magisterio desoyó sus llamados, sus arengas a volver a los salones de clases. Su nivel de operación es nulo. Sus operadores regionales son fantasmones que no resuelven. Él, su hijo Juan Nicolás Callejas Roldán, orgullo de su nepotismo y actual secretario general de la Sección 32 del SNTE, y la corte que los circunda fallaron en la encomienda de reencauzar las aguas. Mentir no es bueno y maniobrar es peor. Entre el gobierno de Veracruz y el viejo cacique se firmó un acuerdo que garantizaba derechos laborales, salario, antigüedad, prebendas, premios y todo con lo que el sistema ha consentido al magisterio, pero a cambio había que volver a las aulas. No hay mayor peligro que la pólvora en manos de tarugos, reza el refrán popular. Al verse desoído, Callejas activó una estrategia suicida: primero la descalificación de sus adversarios, de los líderes disidentes, de sindicatos independientes, para quienes tuvo lodo de sobra, y luego la amenaza a los suyos, a las bases del SNTE, y después pretender apretar a sus agremiados. Apeló a sus demonios internos, al fantasma de la guerrilla, a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) tildándolos de ser factores de desunión y de implementar una labor desinformativa para provocar la revuelta magisterial. Sin embargo, toda pantomima trae sus consecuencias. Callejas fue incapaz de controlar a su gremio ni lo pudo embaucar. Optó entonces por el recurso de la amenaza. Envió a sus bufones a advertir que el regreso a clases era obligatorio y allá quien se resistiera, pues el patrón, o sea la Secretaría de Educación de Veracruz, aplicaría las sanciones de ley, incluida la rescisión de contrato. Hoy está acusado, junto con su hijo Juan Nicolás Callejas Roldán, su máscara en la Sección 32, de enriquecimiento inexplicable, e instado a entregar cuentas de los recursos producto de las cuotas sindicales, las aportaciones de la cúpula del SNTE y el dinero que le traslada el gobierno. Ventilada en la Procuraduría General de la República, la denuncia tiene carácter de ineludible pues se presume lavado de dinero. Su fragilidad es pavorosa. En respuesta, los maestros que lo increpan tomaron la sede sindical de las secciones 32 y 56 del SNTE, en Xalapa; retuvieron las escuelas en paro, pese al intento de padres de familia de abrirlas y forzar el inicio de clases; exigen la destitución de Callejas Roldán y una profunda investigación sobre la fortuna del viejo cacique, sus ranchos, sus casas, sus automóviles, sus cuentas bancarias. Protagonista de su propia debacle, Juan Nicolás Callejas Roldán no atina a contener a un gremio que lo rebasó y que hoy exige su cabeza. La revuelta de sus borregos, como se hacen llamar, crece y no hay cómo frenarla, mientras el dirigente magisterial se mantiene estático, azorado. Rebasado por sus bases, el viejo cacique es espectador de primera fila en un filme que trata del desmoronamiento de su propio imperio. Sólo es cuestión de esperar. Archivo muerto Siniestra su mano, Fidel Herrera mueve a un sector del magisterio veracruzano. Mansos como son, institucionales, soldados del sistema, aplaudidores de candidatos y gobiernos priístas, sorprende ver a maestros en paro de actividades, en las calles, la protesta en sus labios, la mentada al Presidente. Unos se mueven porque ven sus derechos laborales en riesgo, pero a otros les mece la cuna el fidelismo. Refieren los reportes del CISEN que un núcleo de esa agitación es movida por los tentáculos de la fidelidad para sabotear la reforma educativa, para provocar la negociación, la inserción del ex gobernador en la política nacional, vetado como está por Enrique Peña Nieto, quien lo quiere lejos y más cuando el incendio jurídico de Pancho Colorado, los caballos para Los Zetas y el juicio en Austin está por alcanzarlo de nuevo. Fidel le agitó a un sector del magisterio en Veracruz y quiere en su mesa, frente a frente, al Presidente Peña Nieto. ¿Habrá medido el zarpazo del tigre?… “No podemos dejar que nos tomen las calles”. De los labios de Fernando Gutiérrez Barrios, la frase resumía la visión del régimen echeverrista ante la revuelta estudiantil. La consigna el general Jorge Carrillo Olea, entonces miembro del Estado Mayor Presidencial, en su libro ‘México en Riesgo’. FGB, subsecretario de Gobernación, advertía cómo transpiran represión los grupos en el poder, sea quien sea el presidente. En aquel 1971, el 10 de junio, el Jueves de Corpus dio cuenta de que el sistema no se deja tomar las calles. Usó el gobierno echeverrista a los halcones, asesinos entrenados en Japón, en la nómina del gobierno capitalino, y aplastó el ímpetu de los universitarios que sólo pedían un régimen de libertades, ni un preso político en las cárceles, que el PRI dejara de ser el único partido con acceso al poder, que no se reprimiera la libertad de expresión, que ellos pagaron con sus vidas y que hoy muchos mexicanos gozan. Cualquier semejanza con lo que hoy ocurre con los maestros, no es coincidencia, es realidad. Tomarle las calles al gobierno es una afrenta política y el sistema cobra facturas, así sea con la fuerza bruta. Es el modus operandi del Estado opresor… Estoica, Lu-pilla aguanta vara. Se le ve sonriente, bien portada, en todo acto público, consumada actriz que cumple puntual el guión teatral que le tocó interpretar. Va a todas, a arranques de obra, a entrega de parques, a eventos políticos, a seguir cultivando una imagen que ya dio de sí, su futuro en el aire. En tres meses más la burbuja reventará. Volverá la princesa a su rol de Cenicienta, sin reflectores ni reseñas de prensa, rumbo al olvido y la opacidad. Hoy se le ve sonreír pese a las felpas, reclamos, el insulto que cala, el asedio diario, tomada como sparring de box y muchas, muchas veces, haber quedado peor que el Canelo tras su aventura ante Mayweather. Firme, de una pieza, aguantó Lu-pilla la violencia intrafamiliar, el instinto criminal y los desvaríos de Marcos, el maltrato frente a todos. Era el precio que pagó por su derecho a saquear arcas, por invadir un espacio político ajeno. Lo bueno es que en tres meses más se acaba el show, ella y su fauna sin cabida en Coatzacoalcos. Y a enchinchar a otro colchón… Imitador de Iván Hillman, otrora peor alcalde de Coatzacoalcos, Marco César Theurel Cotero —“Te rompo tu puta madre”— causa pena ajena. Dilapidó miles de millones y hoy construye banquetas y guarniciones, sin arroyo vehicular. Es su legado a las colonias, sin reparar en lo fallido de esa técnica. Iván Hillman hizo lo mismo, como coartada para justificar gastos que nadie vio y menos se podían comprobar. Si eso lo había hecho pasar a la historia como el peor entre los peores —amén de una obra nula que le costó al pueblo 2 mil millones de pesos perdidos entre la tesorería y las gasolineras del ivanismo—, Theurel quiso transitar por la misma ruta y ganarse, por supuesto, la condena popular. Iván El Terrible puede estar tranquilo. Theurel lo superó… INFORME ROJO
Duarte: represión criminal en Plaza Lerdo* La policía estatal, un grupo de choque * Maestros y periodistas, atacados y robados * Javier Duarte, peor que Pinochet y Franco * Peña Nieto golpea y los maestros regresan * Tony y la “señora Macías”, en Huatulco * El otro crimen en la casa del pastor * Theurel: tres millones en francachelas. 18 de septiembre de 2013 Adorador de Francisco Franco, fanático de las dictaduras, Javier Duarte de Ochoa va llenando su maltrecho gobierno de signos ominosos y rasgos criminales: tortura para fabricar asesinos de periodistas, agravia a la sociedad torciendo la ley y reprime con toletes eléctricos a sus adversarios. Duarte no es Franco o Pinochet. Es peor. Aquellos procedían de una dictadura, Duarte de una democracia, pero sus reacciones son de muerte. Usa el gobernador la tecnología para dispersar protestas y plantones, la picana modernizada de la que antes se valieron los judiciales en las mazmorras para arrancar confesiones, y así, a golpe de descargas en vatios, somete a las masas que lo increpan, a sus críticos, a quienes alzan la voz y a quienes registran en sus cámaras y en sus textos la brutal realidad de Veracruz. Amparado en esas prácticas fascistoides, el gobernador de Veracruz habilitó a su Policía Estatal Acreditable como grupo de choque para perpetrar un ataque furibundo contra maestros que acampaban en Plaza Lerdo, frente al palacio de gobierno de Xalapa, la madrugada del sábado 14. Quería el escenario limpio, sin voces que lo inquietaran en la ceremonia del Grito de Independencia, acallados los críticos, lejos de “su” plaza aunque tuviera que conculcarles el derecho a la manifestación y el libre tránsito, garantizado en la Constitución. Arremetieron sin mediar palabra. Ordenaron el desalojo y a quienes resistían, los vapulearon a placer. Inútiles para darle seguridad al pueblo, rebasados por el crimen organizado y hasta por la delincuencia común, los robocops de Duarte usaban bastones eléctricos que herían la piel, que crispaban nervios y que dispersaban al grupo de manifestantes. Golpearon a mansalva a maestros, a grupos de apoyo, a periodistas que cubrían el festín de violencia, alertados algunos de ellos que esa noche o madrugada habría “acción”. Unos eran arrastrados, pateados con las botas de la prepotencia y el ataque artero, el puño en su rostro, en el cuerpo, el golpe de las macanas en las piernas hasta perder el equilibrio. En minutos, el ataque violento del gobernador Javier Duarte contra los maestros había despejado Plaza Lerdo. Pero la violencia era seguida por una persecución. Relatora de su propio infierno, la periodista Melina Zurita describió cómo fue el ataque contra ella, minutos después del desalojo violento de maestros. Se hallaba a la altura del hotel Salmones, sobre la calle Zaragoza, casi a espaldas del palacio de gobierno, cuando una veintena de policías, todos vestidos de civil la cercaron, la golpearon y la despojaron de su cámara y otras pertenencias. “Uno de ellos, el más agresivo, me dio golpes debajo de los brazos y me dio un puñetazo en los lentes. Sólo vi cómo mi cámara se convertía en un botín para los propios policías”, refiere la nota de Noé Zavaleta, corresponsal de la revista Proceso. Agrega la información: “La periodista se quejó de que en el Ministerio Público los funcionarios de la Procuraduría de Justicia se negaron a recibir la denuncia, hasta que un día después intervino la Comisión Estatal de Derechos Humanos y la propia comisión de periodistas” Dos días más tarde, Melina Zurita recibió sus objetos personales y una grabadora vieja. De su cámara fotográfica, con valor de 22 mil pesos, nadie dijo nada. Que le hayan reintegrado lo que le robaron, demuestra que quienes la atacaron efectivamente eran policías vestidos de civil, usados por el gobierno de Javier Duarte como “halcones” golpeadores. Otros dos periodistas sufrieron la agresión de los robocops del gobernador: Roger López, de Imagen de Veracruz, periódico propiedad del succionador José Pablo Robles Martínez, y Oscar Martínez, de la agencia Reuters. Noé Zavaleta resume que a Roger lo amenazaron con lenguaje florido: “Vete a la chingada. Si te volvemos a ver, te levantamos”. O sea la policía duartista realiza levantones. A Oscar Martínez le decomisaron su cámara, borraron las fotografías digitales y se la devolvieron. El agravio y la censura la sufrió él, pero también la agencia Reuters. Javier Duarte sigue arremetiendo contra la prensa, incluso a extranjera. Protestaron los maestros, protestó también la prensa libre. Medio centenar de periodistas de Xalapa suscribieron un documento que el integrante de la Comisión Estatal para la Atención y Protección de Periodistas, Jorge Morales —el único con dignidad en ese organismo, pues el resto de sus miembros está maiceado por el gobernador—, entregó en palacio de gobierno. Exigen respeto a su trabajo y que cesen las agresiones. “En los hechos del sábado hubo el propósito de inhibir y censurar, una acción deliberada en donde a reporteros se les persigue para frenar su actividad periodística”, dice el documento. Otra faceta de Javier Duarte dejó la brutal represión en Plaza Lerdo: confirmó que al gobernador también le gusta incriminar inocentes. Juan Alberto Arellano Mariano, poeta y fotoperiodista del portal Zapateando, fue acusado de portación de arma de fuego y posesión de cocaína. Dos días estuvo detenido. Quedó libre gracias a la presión de activistas, tuiteros y de la prensa. La Procuraduría General de la República lo mantiene sujeto a proceso penal con base en pruebas que le fueron sembradas por la policía criminal de Javier Duarte. Cuando se le detuvo, la PGR lo mantuvo incomunicado, violando sus derechos, sin permitirle siquiera realizar una llamada telefónica para solicitar asesoría legal. Ahora exige que se le retiren los cargos porque las evidencias fueron prefabricadas. Irreflexivo, quizá ignorante, cuando andaba en campaña para gobernador, Javier Duarte solía presumir de su admiración por Francisco Franco, el dictador español. Decía que se parecía en la voz aguda, no en su concepción de gobierno. Y dibujaba en su rostro una sonrisa, la satisfacción a todo lo que da. Aquel desliz le mereció críticas. Duarte no sabía la magnitud del gobierno criminal de Francisco Franco, los miles de muertos en España, el surgimiento de la ETA, y se rehusaba a identificar al sesudo asesor que le había aconsejado semejante comparación. No tardó en saberse: era Alberto Silva Ramos, hoy secretario de Desarrollo Social de Veracruz. ¿No sabías que Franco fue un dictador? Ambos callaron. Lo de Duarte es para un psiquiatra. Se le ha vuelto constante someter a sus enemigos a fuerza de golpes, bastones eléctricos y represión. El gober es violento por alguna razón muy íntima. Usa la fuerza pública para someter a sus adversarios, a la sociedad, al pueblo que dice representar. Es peor que Pinochet o Franco. Aquellos eran dictadores y actuaban dentro de una dictadura. Javier Duarte, en cambio, es producto de la democracia, ciertamente defectuoso, pero proviene de un proceso democrático, así se haya robado la elección. Es un falso demócrata o un demócrata con instintos dictatoriales. Usar bastones eléctricos para disolver una protesta, es propio de gorilatos, no de democracias. Duarte transita ya por caminos siniestros, la represión como local obsesión. ¿Qué otro disparate está por venir? Archivo muerto Polarizados los ánimos, unos aplaudieron la embestida contra los maestros y otros condenaron lo que categorizaron como un acto de represión. Lo cierto es que tras el desalojo del Zócalo del DF, el magisterio se reagrupa y con él marchan alumnos de preparatoria y universitarios, organizaciones sociales, electricistas y la disidencia petrolera. Así sucede siempre. El Estado, Peña Nieto en este caso, muestra el músculo, aplasta por igual a radicales, a los anarquistas, a los encapuchados, a los que agreden a la policía, que destruyen comercios y a los de la otra protesta, los maestros que sí argumentan contra la reforma educativa. En ese punto crítico, el uso de la fuerza pública tiene una lectura: es el fracaso de la política, la incapacidad para resolver el conflicto. Que los maestros hayan sido echados del Zócalo, no implica que el conflicto magisterial haya concluido. Peña Nieto sigue trabado en su reforma educativa y los maestros bloqueando carreteras, avenidas, las escuelas sin clases, los sistemas de agua en sus manos, las oficinas de gobierno tomadas, las casetas de peaje con paso libre, y así seguirá porque la política fracasó. Las soluciones de fuerza no remedian nada. Habrá que ver qué tan hábil es Peña Nieto para desfacer el entuerto, diría don Quijote… Loco de contento, con su cargamento, Tony Macías se rinde a sus placeres. Huatulco lo cautiva. Ahí pasaría días de remanso, satisfecho su ego y más satisfecho su bolsillo, en 2002. Había trasquilado a Pemex, a las petroquímicas, 44 millones ganados por sólo un par de trámites legales para notificar el cobro del impuesto de traslación de dominio a favor del Ayuntamiento de Coatzacoalcos. Íntimo, muy íntimo, de su festejo sólo sabrían unos cuantos. Tony y su esposa, solos en La Isla, un palacio entre la arena, en la bahía principal, Bahía Chahué. Tony y “la señora Macías” refrendando un amor intenso, como debe ser. Habría más viajes, más placer, más millones, no todos legales, algunos sospechosos, otros abusivos, pero aquel viaje a Huatulco no se pierde en la memoria, como nadie olvida a “la señora Macías”, tan afable, tan humilde, tan señora… Dice la leyenda que ahí, donde el pastor Claudio Martínez dejó la vida, donde fue cosido a puñaladas, la muerte habita en cada rincón. Cuentan los que saben de esa leyenda de otro episodio de sangre, de violencia artera y de dolor. Dicen que sucedió allá por el año 94, un crimen que sacudió al vecindario, a los amigos y a ciertos grupos de poder. Refiere la versión que al lugar llegó el comandante Ronaldo Smith, protegido de Edel Álvarez primero, de Marcelo Montiel después, y modificó el escenario. Desde entonces, en los pasillos, en cada muro, en cada habitación se percibe el frío de algo sobrenatural. Ahí fue asesinado el pastor Claudio Martínez, líder de la Comunidad de Dios, y no fue un hecho casual… Tres millones de pesos, nada más, debe el alcalde Marco César Theurel Cotero —“Te rompo tu puta madre”— a conocido restaurant, rincón favorito de la élite municipal, de precios exorbitantes y excelentes platillos. Quiere saldar la cuenta pero hay algo que lo impide: los ediles no lo aprueban pues no es gasto que se justifique. Y tienen razón: más que comidas son bacanales del munícipe con políticos y empresarios, litros de vino y licor para convencer, primero, que Lu-pilla Félix, esposa aún del alcalde, era la avocada a ser la alcaldesa sucesora; luego, cuando reventó el proyecto de la Cenicienta de Minatitlán, para amarrar los apoyos que den vida al sueño del Corredor Transístmico, el clavo ardiente del que se cuelga Theurel para seguir vivo en la política. Por lo pronto, los ediles le dicen no, rechazan saldar la deuda con el restaurant y dejan que Theurel resuelva cómo liquidar 3 millones de pesos, producto de sus francachelas y su espíritu bohemio… INFORME ROJO
El Presidente en su laberinto* La trampa de la reforma educativa * Encarcelar a Elba Esther no bastó * Cómo parar a Peña Nieto * La vena represora de Pepe Murad * El novio incómodo de la ministra cristiana * Tony Macías, a la caza de inversionistas incautos * Flavino amaga con investigar a Theurel * Las tres fichas de Alianza por Coatzacoalcos. 13 de septiembre de 2013 Son indeseables los paros magisteriales, los niños sin clases, los bloqueos carreteros, la violencia in crescendo, la parálisis y el caos, pero es la única vía para limitar a un gobierno, el de Enrique Peña Nieto, que viene lanzando reformas privatizadoras, revienta la economía de muchos y se quiere comer al país. Entrampado, perdido en un laberinto de su propia autoría, Peña Nieto vive días de miedo, sacudido por la movilización de maestros, el repudio a la reforma educativa —que en el fondo es más laboral que educativa—, marchas por todo el país y la afrenta de ver llegar los contingentes de mentores, desafiantes, a las entrañas de la residencia oficial de Los Pinos. En el camino le han gritado de todo, lo insultan, lo agravian, lo invitan a vivir con el salario mínimo, o a someterse a una evaluación como pretende hacerlo con los maestros y si reprueba, que renuncie a la Presidencia de México. Le reclaman la doble cara y la intención oculta. Argüía de entrada el Presidente de México que su reforma era por la calidad de la educación, pero no supo encubrir lo que traía entre manos: el desmantelamiento del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Peña Nieto exaltó la evaluación como la fórmula para alcanzar mejores niveles educativos, sometidos los maestros a exámenes para ser promovidos a direcciones y supervisiones, como si en el magisterio no se aplicara la evaluación desde hace una década, pero se cuidó de abundar en el deslinde del gobierno de las carencias en los planteles escolares, que ahora tendrán que ser atendidas por los padres de familia, pues para eso las escuelas tendrán autonomía y capacidad de gestión. Receloso, el magisterio entendió para dónde iba Peña Nieto. Cuando comenzó la resistencia, afloró también el discurso duro. Emilio Chuayffet, secretario de Educación, cuya tersura es equiparable a la sutileza de un elefante en estampida, admitió que la reforma educativa tenía su cuota de laboral y que se pretendía acabar con el régimen de privilegios. Sonaron, pues, las alertas. La reforma pretende fragmentar al sindicato de maestros, reventarles la burbuja en que han vivido desde el PRI los convirtió en soldados del sistema y someterlos a una evaluación que de antemano se sabe amañada, pues se irán a la congeladora los maestros incómodos y se quedarán los dóciles y sumisos, así sean peor de iletrados que Peña Nieto. Desde entonces el paro magisterial afecta a 26 entidades del país y tiene a millones de niños sin clases, trabado el pleito entre el Presidente y el gremio de maestros, acaudillados primero por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), luego por decenas de sindicatos independientes y finalmente por miembros del SNTE que rebasaron a sus caciques y líderes. A Peña Nieto le condenan las argucias, que haya pasado por el Pacto por México las iniciativas para reformar la Ley General de Educación y las leyes reglamentarias, y luego el golpe en el Congreso que no pretende mejorar la educación sino torpedear a los sindicatos magisteriales. Dueños del zócalo de la ciudad de México, de las plazas de capitales estatales, del caos cuando marchan, bloqueados los viaductos y periféricos, las principales avenidas, los maestros tienen de su lado a petroleros, electricistas, padres de familia, artistas, intelectuales, atencos, Panchos Villas, YoSoy132 y pueblos indígenas, y todos aquellos que ven en los alcances de las reformas la fórmula para hacer más pobres a la mayoría y más ricos a los que ya lo son. Peña Nieto habrá entendido que no bastaba encarcelar a Elba Esther Gordillo para asestar el golpe efectista y someter así al SNTE. A diferencia de lo que hizo su padrino Carlos Salinas de Gortari, en 1989, cuando desmanteló a la cúpula del sindicato petrolero y correteó al líder de los maestros, Carlos Jonguitud Barrios, el Presidente dejó viva a la dirigencia magisterial y a los caciques seccionales que, por lo que se ve, no controlan a su gremio. En el fondo, el conflicto es político. Más allá de las prebendas que defiende el magisterio o sus derechos genuinos, como se le quiera ver, lo que está en juego es el poder del Presidente, su capacidad para imponer sus reformas, y la resistencia de los grupos, priístas y no priístas, que lo quieren someter o acotar. Si el movimiento magisterial escala, se dimensiona a niveles impensados y no hay cómo pararlo, las reformas estructurales de Peña Nieto terminarán pulverizadas. De la suerte que corra la reforma educativa, se sabrá qué habrá de ocurrirle a la energética, con su alta dosis de intención privatizadora, aunque Peña Nieto la venda como última llamada para abordar la nave de la salvación económica de México. Vía el Pacto por México —o Contra México— y el Congreso arrodillado, Peña Nieto pudo avanzar en su proyecto privatizador cuando cuajó las reformas laboral y de telecomunicaciones, e imaginó que así sería su primer año de gobierno, pero no advirtió la reacción del magisterio, que hoy tiene de cabeza al país. Indeseable el caos, las escuelas en la parálisis, la protesta en las calles, esa vía, hasta ahora efectiva, sirvió para frenar a un gobierno, el peñista, que viene imponiendo su proyecto privatizador, del que van a gozar los amigos del poder y, por supuesto, el capital extranjero, no los 50 millones de pobres que al final del camino sólo tendrán su reencuentro con la miseria. Peña Nieto ideó su laberinto y ahora no encuentra cómo salir. Archivo muerto Supernecio, José Murad Loutfe Hetty insiste en enviar 20 años a prisión a quienes bloqueen vías de comunicación y afecten los medios de transporte, algo que el emisario del ivanismo resume como “delito de sabotaje”. Pide al Congreso aprobar su polémica iniciativa, derivada de aquella toma de la presa Yuribia cuando el Consejo Supremo de Pueblos Indígenas puso de rodillas al gobierno de Veracruz y dejó sin agua a casi un millón de habitantes de Coatzacoalcos, Minatitlán y Cosoleacaque por el incumplimiento en las obras de infraestructura carretera y el ancestral engaño del que siempre han sido víctimas en la sierra de Soteapan. Murad Loutfe vuelve a la carga, ahora para que se la apliquen a los maestros que traen jodido al gobierno por la reforma educativa de Enrique Peña Nieto y cuyas movilizaciones en Veracruz sirven para demostrar que el gobernador Javier Duarte carece de control y cualquiera se le trepa a esas barbas que sólo han servido para equipararlo con El Botija en las redes sociales. Si Pepe Murad hubiera vivido en días de Revolución, seguro que encarcela a Emiliano Zapata. Lo que es tener la vena represora. ¿Sabrá lo que es la sensibilidad política? Seguro que no… ¿Quién es ese joven discreto, habilitado como chofer, asistente, guarura y almohada, que mantiene un tórrido y secreto idilio con una ministra evangélica, célebre por su palabra justiciera y la sonrisa fingida? Nuevo episodio de “Amor en Silencio” versión sacrílega, que habrá de sacudir a quienes gustan de historias peliculescas. Un dato: el romance no es nuevo; hace un rato que se comenta en las comunidades religiosas… A la caza de incautos, Tony Macías busca inversionistas que quieran inyectarle millones a su fallido proyecto tecnológico Frutas y Verduras Asépticas de Veracruz (FYVVER), que a estas alturas anda ya en punto muerto. Beduino al fin, el suegro incómodo del gober Javier Duarte hizo añicos los 350 millones de pesos que los veracruzanos le inyectamos a su negocio faraónico, vía “inversiones” de la Secretaría de Finanzas durante el gobierno de Fidel Herrera Beltrán, o sea recursos del erario público, según los informes de gobierno y la síntesis financiera del sexenio de la paranoia fidelista. Tres años después, FYVVER es un desastre, sin personal, sin materia prima, sin producción. Y Tony, el inefable Tony, fingiendo que es el gran emprendedor, promotor de cuentos y cazador de incautos que le pongan los millones que él, como los buenos magos de pueblo, sabrá cómo desaparecer… Boquiflojo y provocador, quiso el alcalde Marcos Theurel Cotero —“Te rompo tu puta madre”— punzar al líder del Congreso de Veracruz, Flavino Ríos Alvarado, por la negativa a autorizar el relleno sanitario para Coatzacoalcos. Disparó, golpeteó y señaló que la presidencia de la Legislatura —léase Flavino— se negó a abordar el tema, supuestamente ya aprobado y que derrumbó el proyecto, obligado ahora Theurel a no disponer de los 100 millones de pesos autorizados por BANOBRAS. Flavino Ríos, que no nació ayer en política, respondió con un misil de alto impacto: el Congreso investigará a Theurel por el adeudo que mantiene con Comisión Federal de Electricidad por falta de pago del servicio de alumbrado público, algo así como 10 millones de pesos. “Se le autorizaron recursos y tendrá que explicar qué hizo Theurel con ese dinero”, concretó el líder del Congreso. Y Theurel se quedó frío… Su incursión —la primera desde que se conformó— le dejó a Alianza por Coatzacoalcos tres enclaves en el Ayuntamiento de Coatzacoalcos: los futuros regidores José Antonio Chagra Nacif, Noriel Prot Álvarez y Gersaín Hidalgo Cruz. Previo a la integración de la planilla del PRI y del Partido Nueva Alianza, trabó acuerdos para impulsar a esos tres personajes; en campaña operó en seis colonias clave y empujó para lograr una votación tan significativa para que sus propuestas pasaran. Se sabe que Alianza por Coatzacoalcos ya teje otro proyecto político a mediano plazo… INFORME ROJO
El show de la pastora Lucy5 de septiembre de 2013 * El duelo y la sonrisa de la esposa del pastor asesinado * Duarte, Amadeo, Theurel, Caballero, Mónica Robles en un discurso contradictorio * Se abre el juicio a los electricistas inculpados * La sucesión Bringas y los terrenos de Edel * La colonia de los petroleros y el basurero. Más política que mística, profundamente intencionada —¿o malintencionada?—, la pastora Lucy ya es gobiernista, duartista, incitadora de enconos disfrazados de justicia hasta convertir su voz en ariete de la ley, porque, dice, “la Comunidad de Dios ha sido agraviada”. Su perorata es una joya. Rubricadas con aplausos y vítores en medio del duelo, sus palabras arengaban por igual a sus feligreses a perdonar, a amar, a buscar la justicia, a asumirse lastimados por el crimen de su pastor y esposo, Claudio Martínez Morales, y simultáneamente a orar por los cuatro electricistas inculpados y por sus familias, refundidos en prisión, enjuiciados por el implacable testimonio de la dama. Luz Margarita Enríquez Reyes —la pastora Lucy— trae la contradicción en la piel. Ilesa en una masacre brutal que cimbró a Coatzacoalcos, pudo ver a los tipos que se supone entraron a su hogar por la puerta principal de su ostentosa mansión. Fue sometida, supuestamente también, atada y amordazada y dejada así en la cocina del hogar. Sus verdugos, o mejor dicho los de su esposo, se dirigieron a otras áreas. Sedientos de dinero y al no hallar mas que una mísera cantidad, dice la dama, la emprendieron contra el líder de la Comunidad de Dios. Era la mañana del 17 de junio. Cruzado el horror con la saña, Claudio Martínez murió en un mar de sangre, mientras la pastora Lucy, testigo crucial —en sus ojos el perfil anatómico y la vestimenta, en sus oídos las voces de los sicarios—, inexplicablemente gozaba de un privilegio único: la dejaron vivir. ¿No hubiera sido lógico que la silenciaran? Transcurridos los días de duelo, las exequias, el tiempo de pésame y las elecciones de diputados y alcaldes, la pastora Lucy se volvía de humo mientras los ecos del caso Claudio se perdían en el tiempo. Reapareció convenientemente 70 días después cuando la policía de Veracruz levantaba e incomunicaba a cuatro trabajadores de Comisión Federal de Electricidad y el Ministerio Público les imputaba el crimen. Lucy de Claudio los terminó de hundir al rendir su declaración ante el juez. Denostada en las redes sociales, acusada de ser la asesina de su marido, un mundo de lodo a cuestas, fijó posición en la sede de la Comunidad de Dios con un discurso que lo mismo hacía énfasis en lo político que brincaba a lo místico. Recibida entre aplausos, ambiente relajado, imperceptible el dolor por el escandaloso crimen, la pastora Lucy acudía al enredo de sus ideas para posicionar su arreglo con el poder. Aquí, unos fragmentos del show: “La Comunidad de Dios ha sido agraviada —dijo remarcando cada palabra—. Cada uno de sus fieles, cada familia, hoy aquí reunida, ha sido lastimada”. Provocaba así el primero de los aplausos. “Primero —agregaba—, porque le arrebataron la vida a nuestro pastor fundador, y segundo, porque se pretende confundir, trastocar, equivocar y desconcertar a la sociedad de Coatzacoalcos”. A su lado se hallaba una imagen de Claudio Martínez, su rostro sonriente, la imagen a venerar. Dos veces dirigió la pastora Lucy su mirada al retrato y en una le habló como si estuviera vivo. ”Estamos aquí frente al recuerdo nuestro —gira el cuerpo, pasa la mirada fugazmente por la imagen de Claudio y retoma el hilo del monólogo—, al recuerdo vivo de nuestro pastor, al recuerdo de ánimo, de energía, de vigor, de aliento, de esfuerzo, de valor y de virtud”. Hace un alto ante una nueva andanada de aplausos. Lucy Enríquez sonríe por primera vez, entre los gritos de su rebaño. “Porque ha sido él, ha sido él, quien durante toda su vida nos enseñó a defender la verdad. “Por esa razón y en tu nombre —voltea a ver de nuevo el retrato de Claudio—, hacemos un llamado a nuestras autoridades a no dejarse intimidar por nadie”. Sube el tono de los aplausos y de los gritos. “Más allá de colores y partidos, más allá de la forma de pensar y de creer, más allá del color y de nuestra piel, está la justicia y el respeto. “Por eso reconocemos las acciones que a nuestro favor ha impulsado el gobernador del estado, el procurador de Justicia y nuestro alcalde Marcos Theurel”. Le sigue otra avalancha de aplausos. “Y lanzamos desde aquí un llamado al alcalde electo, Joaquín Caballero, para que reafirme su defensa a favor de las madres que han perdido a un esposo o a un hijo, a favor de aquellos que defienden su fe, y que son perseguidos; a favor de cómo nosotros exigimos una comunidad más segura. “A partir de este momento nuestra comunidad está en permanente oración para que ilumine a los jueces y magistrados al momento de emitir un juicio. A ellos y sus familias estará dedicada nuestra intención. Y de manera particular estaremos en oración constante por los inculpados y por sus familias. “La justicia, el respeto y la verdad son los ejes de toda buena sociedad. “No tengamos miedo de predicar y defender estos valores. Justicia ante el abuso, respeto ante el dolor, verdad ante la mentira”. De nuevo aplausos mientras algunos agitaban sus pañuelos blancos, rememorando la brillante faena del torero en la fiesta brava. “Esos fueron precisamente los ejes de campaña de nuestra ahora diputada Mónica Robles de Hillman, cuya gestión al frente de la sociedad de Coatzacoalcos es urgente a favor de los que piden justicia. “Hoy, aquí, frente a Claudio, quiero que pongan su mano en el corazón y quiero que cerremos nuestros ojos y que digamos: te perdono a ti que me separaste de mi padre, de mi esposo, de mi hijo, de mi hermano. Te perdono a ti que me arrebataste a mi pastor. Te perdono. Te llevaste a un hombre pero no nuestra fe”. Más aplausos y más gritos. Tiene para todos la pastora Lucy. Se asume duartista, amadeísta y theurelista, cerrados sus ojos a la fabricación de culpables que distingue al régimen de la prosperidad y a los frecuentes alardes bipolares del alcalde de Coatzacoalcos, sus amenazas, la provocación, el lenguaje violento, la ira desbordada, sus insultos —“Te rompo tu puta madre”— y el acoso a sus enemigos. La pastora Lucy se rinde ante ellos. ¿A cuenta de qué? Lucy de Claudio quiere en su regazo al alcalde electo Joaquín Caballero Rosiñol para que garantice una comunidad más segura, y reclama de Mónica Robles “justicia, respeto y verdad”, sus premisas de campaña. Rehén de sus propias contradicciones, la pastora Lucy conmina a sus feligreses a orar “por los inculpados y por sus familias”, justo dos días después que ante el juez les arrojó su testimonio acusatorio, no desprovisto de inconsistencias, les hundió otra daga que sirvió para el auto de formal prisión, sujetos pues a juicio. No es común ver a alguien en duelo, traspasada por el crimen despiadado a domicilio, con la sonrisa que le provocan sus fieles en atronadores aplausos. Así son las tempestades. Hay quien les ve su lado alegre. Su dolor es suyo y de su familia. Pero la pastora lo hace extensivo a su iglesia. “La Comunidad de Dios ha sido agraviada”, dijo de entrada en su controvertido discurso, expresión de manipulación. No se sabe que otras tragedias de feligreses se hayan convertido en agravio a la Comunidad de Dios. Combina Lucy de Claudio su arenga a pedir justicia con una oración por los inculpados y por sus familiares, y con la misma alerta a las autoridades “a no dejarse intimidar por nadie”. ¿Por qué orar por los inculpados que ella pretende hundir? A Dios rogando y con el mazo dando. Cita colores y partidos como si el pastor hubiera sido crucificado en plena jornada electoral. ¿Por qué el ingrediente político? ¿A qué militantes les dirige el dardo? Crecen juntos la cizaña y el trigo como el lodo y la verdad. En el día final, Dios los separará. ¿En qué reino le tocará estar a la pastora Lucy? Archivo muerto Reos por consigna, los cuatro electricistas acusados del crimen del pastor Claudio Martínez Morales ya enfrentan juicio. Les dictaron auto de formal prisión —martes 3— en medio del estupor de la sociedad, la impotencia de sus familiares y la ira colectiva. Adrián Saldívar Valencia, Jorge Arturo Jara García, ”El Negro Jara”, Roberto Lara Velásquez y Felipe Vicente Cortes Rodríguez, “El Cachetes”, apelaron de inmediato pues son un cúmulo de inconsistencias e irregularidades las que dominan su caso, desde su arbitraria detención, permanecer incomunicados en manos de la Agencia Veracruzana de Investigación, las contradicciones de la viuda del pastor, Lucy Enríquez Reyes, testigo clave, la que pide orar por ellos y al mismo tiempo insta a las autoridades “a no dejarse intimidar por nadie”. O sea, la pastora Lucy sí ve chido que sus feligreses marchen y reclamen justicia y le parece agrio que los familiares de los acusados marchen y condenen una injusticia. Enrique Rentería Zavaleta, abogado defensor, se va por la vía de la apelación y del amparo para derrumbar la mascarada justiciera del gobernador Javier Duarte, el proyecto de los chivos expiatorios, la fabricación de culpables en todo su esplendor… Dicen los de la “banda inmobiliaria” que Edel Álvarez Peña, alias el Magistrado Cara de Muela, dueño del periódico Liberal, se valió del título de propiedad de la Sucesión Bringas para acreditar una amplia extensión de tierra que peleó en los tribunales a la familia González y que involucró a la compañía Jakarta, a la constructora Fénix y que de paso tocó a los Lemarroy. O sea, que si el título de la sucesión Bringas es fraudulento, por lógica Edel Álvarez, el Magistrado Cara de Muela, es un defraudador irredento y para muestra el predio que se halla junto a la tienda de autoservicio Soriana El Palmar, en la zona comercial de Coatzacoalcos. En ese entonces la escritura de la Sucesión Bringas sí valía y era legal. De su negro pasado en cuestión de tierras, se extrae otro caso: la sórdida operación de compra-venta entre Edel Álvarez y el sindicato petrolero, donde la Sección 11 edificó la unidad habitacional 24 de Octubre, a sabiendas de que confinaba a cientos de trabajadores petroleros a vivir junto al basurero municipal, en sus casas más moscas que personas y más pestilencia que perfumes. Semejante trastupije no termina ahí, con el terreno de dudosa procedencia de Edel Cara de Muela, pues implica a funcionarios municipales que se prestaron a que se construyera la colonia de los agremiados de Ramón Hernández Toledo junto al antiguo tiradero de basura, uno de ellos con las siglas M de Marcelo y M de Montiel, el dueño del cacicazgo, casi delegado de Sedesol federal en Veracruz y francotirador a la gubernatura en 2016, para desgraciarle los planes a Fidel Herrera y a la pandilla fidelista. Se trata de un caso que ya camina rumbo a la revista Proceso… ¿Que quién es la hija del funcionario que provocó el crimen del pastor Claudio Martínez? Una pista: es morena, agraciada y se le relacionaba con un tal Carlos… INFORME ROJO
El pastor asesinado y la hija del funcionario* Theurel: la vendetta con el superintendente de CFE * Una banda de criminales, dice * ¿Y su banda de rateros? * Pepe Murad y el proyecto CMAS. 2 de septiembre de 2013 Erosionado por sus traspiés, al tope la incredulidad, el aparato de justicia de Javier Duarte da tumbos para enfrentar el crimen del pastor cristiano Claudio Martínez Morales y con un montaje descabellado —el proyecto de los chivos expiatorios— pretende evadir el móvil pasional. Vive otra tormenta el gobernador de Veracruz desde que la Agencia Veracruzana de Investigación levantó a cuatro trabajadores electricistas, los desapareció, los incomunicó y tejió con su destino la solución al asesinato del líder religioso, ultimado la mañana del lunes 17 de junio, a suerte de cuchilladas, golpes arteros por doquier y gritos de odio que le reprochaban conductas abusivas y la falsedad de su palabra divina. Duarte y su Procuraduría detonaron otro capítulo de arrebatos, mentiras ocultas, verdades frágiles y la sordidez de una investigación judicial cuyo mérito fue desencadenar burletas hacia el gobierno de la prosperidad porque, a fin de cuentas, quién le puede creer a una partida de ilusionistas que inventan asesinos donde no los hay. A grandes rasgos, la historia cuenta los enredos del aparato de justicia duartista cuando la sangre del pastor aún fluía de su cuerpo tasajeado —36 cortes, la mayoría en la zona de los genitales y uno letal en la yugular— y el temblor comenzaba a sacudir los cimientos de la Comunidad de Dios, la iglesia que Claudio Martínez trajo a Coatzacoalcos, otorgada la franquicia por Carlos “Cash” Luna, el líder máximo de esa organización con sede en Guatemala. Su fastuoso hogar, un palacete enclavado en la colonia Petrolera, enjardinado, convertido en una fortaleza, se transformaba en el escenario de un crimen brutal y del morbo popular. Llegó el Ministerio Público, los peritos, expertos en detectar huellas, hilos de sangre, rastros dejados por los asesinos. Sometieron a la viuda, Luz Margarita Enríquez Reyes, la pastora Lucy, supuestamente amordazada y atada por los sicarios mientras ellos enviaban a Claudio a la otra vida, si es que la hay. Desatado el escándalo, la Procuraduría de Veracruz taponó todos los resquicios para evitar fugas de información. Antes del 7 de julio, día de la elección de alcaldes y diputados, no habría nada que decir. Y así se hizo. Dejó correr los días sin inquietar a la principal testigo del caso, la pastora Lucy, que evadía al MP con la argucia de que vivía su duelo. Declaró la pastora entre el sigilo y la complicidad, cuatro días después, sólo para decir vaguedades. Muerto su marido, su otra preocupación era sacar sus muebles de la escena del crimen. Así lo hizo, con mudanza y todo, y con el beneplácito del MP. Su duelo se prolongó hasta el lunes 26 de agosto cuando apareció en el programa Mamá Sola. A la periodista Julieta Lujambio le argumentaba que el móvil era el robo, que los ladrones iban “por la ofrenda”, porque pensaban “que teníamos dinero” y como no hallaron nada de valor, según la pastora Lucy, se enojaron y reaccionaron con violencia. “Estoy segura de que eso pasó. No veo otro móvil”, agregó la viuda del pastor que días antes se le vio discutir acaloradamente con Claudio Martínez. “Creo que el móvil está muy claro”, reiteró. Y ofreció trabajar con las autoridades judiciales para esclarecer el crimen y que se castigue a los responsables. Convenientemente llegó la reaparición pública de Lucy Enríquez. Un día antes —25 de agosto— los familiares de los cuatro trabajadores electricistas irrumpieron en las oficinas ministeriales. Habían obtenido información clave. Uno de los desaparecidos fue detenido por la AVI a las puertas de la Comisión Federal de Electricidad. La AVI lo negó. Al día siguiente, el lunes 26, familiares, amigos y compañeros de trabajo, incluido el líder del sindicato de electricistas, Víctor Andrade, aumentaron la presión. Bloquearon los accesos a Coatzacoalcos y generaron un caos vehicular de antología. Fue así como la AVI presentó a los desaparecidos, cinco días después de haberlos levantado, violados sus derechos, sometidos a tortura, golpeados, quemados por los toques eléctricos aplicados en sus genitales, según acusaron desde la rejilla de prácticas, una vez consignados al juzgado. Era el proyecto de los chivos expiatorios. Lucy Enríquez fue requerida —viernes 30 de agosto— por el abogado defensor, Enrique Rentería, un ex agente del MP que conoce las entrañas de la Procuraduría. Rentería la hizo caer en contradicciones. Antes no pudo reconocer la pastora a los asesinos pues llevaban el rostro cubierto y ahora afirmaba que eran ellos, dos de los cuatro electricistas aprehendidos. Una reyerta se armó en el juzgado entre los amigos, feligreses y guaruras de la pastora Lucy y los periodistas que cubrían su declaración, mientras los familiares de los electricistas protestaban y en cartulinas estampaban leyendas en que se leía que la viuda de Claudio Martínez dijera la verdad. Dos días después, otro jaloneo se dio a las puertas de la Comunidad de Dios. Convocados a una conferencia de prensa, los periodistas fueron acosados por un feligrés que no cesaba de tomarles fotografías. Al reclamar el ambiente de hostilidad, uno de los gendarmes de la pastora en duelo se encaró y retó a golpes a los reporteros. Convenientemente también, el alcalde Marco César Theurel Cotero —“Te rompo tu puta madre”— embistió al superintendente de la CFE, Carlos Jiménez Zavala, de quien demandó su cese porque, dijo, en la paraestatal opera una banda de criminales. Simultáneamente se le fue a la yugular a los familiares y compañeros de trabajo de los electricistas detenidos por el bloqueo a los accesos de Coatzacoalcos, vía una denuncia penal. Es obvio el intento de intimidar a los familiares de los inculpados, quienes acusan tortura para declararse culpables. Nada, sin embargo, les hizo mella. El domingo 1 marcharon hasta el penal Duport-Ostión y exigieron que el gobierno se apegue a la ley y cesen las mentiras de la pastora. Endeble, frágil, la tesis del robo palidece frente a una ruta que Duarte, el procurador Felipe Amadeo Flores Espinosa, el subprocurador Jorge Yunis Manzanares y el Ministerio Público, no intentan andar: el móvil pasional. Una versión filtrada desde el aparato judicial desdibuja el teatro duartista. Refiere un amorío entre el pastor Claudio Martínez y la hija de un funcionario del gobierno de Veracruz, radicado en Coatzacoalcos, cuyo saldo fue el sangriento homicidio. Tensos los ánimos, el poderoso funcionario reclamó al líder religioso su proceder, su conducta infiel, su santísima hipocresía y el descaro divino, señala la versión. “Tú tendrás mucho poder pero yo tengo mucho dinero”, habría respondido el pastor. Días después ocurrió el crimen. No lo hizo por mano propia, dice la versión. Contrató “servicios profesionales”, sicarios que durmieron en el interior del sacro hogar; que no tuvieron que brincar la reja o forzar cerradura alguna, ni su móvil era robar. Su objetivo era Claudio Martínez, nadie más. Pudieron ultimar a la pastora Lucy pero esa cláusula no aparecía en el contrato. Inverosímil resulta, pues, la versión de la viuda. Si los asesinos iban por dinero y al no hallarlo se tornaron violentos, ¿por qué no la mataron a ella? No hurga el gobernador Javier Duarte en el móvil pasional. Lo descarta la viuda Lucy Enríquez. Theurel intimida a quienes acusan prácticas de tortura para que los cuatro electricistas se incriminen. Son reacios a aprender la lección del caso Regina Martínez, corresponsal de la revista Proceso ultimada en Xalapa, con un asesino fabricado, también a base de tortura, condenado por una juez de consigna a 38 años de cárcel y luego declarado libre por el Tribunal Superior de Justicia por violaciones a sus garantías y derechos. Vilipendiado, en el clímax del descrédito, el aparato de justicia de Javier Duarte hizo del crimen del pastor cristiano Claudio Martínez Morales un escándalo insólito. Y todo por no seguir la pista del móvil pasional, la ruta del funcionario agraviado y los sicarios de trabajo fino. ¿A qué le teme el gobernador si el delito no lo cometió don Javier? Archivo muerto Sin moral alguna, menos un rasgo de virtud, al alcalde Marco César Theurel Cotero —“Te rompo tu puta madre”— le da por destilar ponzoña. Exige cesar del superintendente de la Comisión Federal de Electricidad, Carlos Jiménez Zavala, porque cuatro empleados de la paraestatal son acusados por la policía ministerial del crimen del pastor Claudio Martínez Morales, cosido a puñaladas la mañana del 17 de junio, y de paso denunció a los familiares amigos y compañeros de trabajo que protestaron por su desaparición y bloquearon los accesos a Coatzacoalcos, acción ciudadana que obligó a la policía a presentarlos públicamente. Theurel se vale del caso para dirimir su propia vendetta con el funcionario de CFE, quien lo mantuvo a raya, cortó suministro eléctrico en colonias no regularizadas ni municipalizadas, donde los vecinos se robaban la luz con anuencia del alcalde. Recuérdese cuando un poste de luz cayó y electrocutó a una familia. Quería el bipolar de palacio la crucifixión de Carlos Jiménez Zavala, cuando el asunto lo resolvería la dependencia con el pago de la indemnización, como dice la ley. Pero la osadía de Theurel va más allá. Acusa que el superintendente debe irse porque en CFE opera una banda de criminales. ¿Y la del ayuntamiento de Coatzacoalcos? ¿Y Brian Carlos López Mendoza, de quien el contralor Rafael Tejeda Patraca pidió su cese como director de Adquisiciones por desvío y malversación de recursos, pero que Theurel sostiene en el cargo así tenga que violar la ley? ¿Y los constantes desatinos de Brian Carlos en el sentido de que Alejandra Theurel, hermana de Marcos y futura síndica municipal, paga su cuota al crimen organizado y a cambio pide “favores”, lo que la hace una delincuente? Y el mismo Theurel, que amenaza proveedores, constructores, según audios que circulan por internet, en portales, en Youtube. Da risa el alcalde chambasucia: hablar de bandas criminales como si la de casa no fuera la peor, la que él encubre y solapa… Alista maletas José Murad Loutfe Hetty. Cuentan sus allegados que ya reservó estadía en la Comisión Municipal de Agua y Saneamiento de Coatzacoalcos, posición que se le dará al grupo Hillman para que no enchinchen ni contaminen el ambiente político en el cuatrienio que está por venir. Como quien dice, a Pepe Murad no le dieron sino que lo van a poner donde hay. Tendrá a su disposición todo CMAS, las obras fantasma, las reparaciones de fugas, los aviadores en nómina, pero no el área de comercialización, esa reservada para el marcelismo, hoy en manos del inamovible Sergio Amaro…
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