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INFORME ROJO
Fidel, Yunes y el narco* La gasolinera de Mariano * Despojo en Nanchital * Negocio con Miguel Yuen * Marcelo premia a sus mapaches * Víctor Rodríguez, próximo diputado federal * Segundo Grajales, alcalde electo de Puente Nacional. 29 de octubre de 2013 Trabados en un conflicto sin fin, Fidel Herrera Beltrán y los Yunes panistas destilan odios tan profundos como su obsesión por el poder, rencores que tocan lo político y de preferencia lo personal, y una constante de agresión, que encuentra su mayor expresión en el escenario del narco. De la mano del senador Fernando Yunes Márquez, el ex gobernador ha podido constatar que no está ya “en la plenitud del pinche poder”. Le llueve metralla cada vez que se habla de Los Zetas y los Golfos, de Veracruz convertido en santuario del crimen organizado, del Z-40 y Pancho Colorado y del dinero del narcotráfico para financiar su campaña, en 2004, para asumir la gubernatura. Fernando Yunes, uno de los orgullos del nepotismo del tormentoso Miguel Ángel Yunes Linares, revivió el tema en un momento coyuntural: la designación del embajador de México en Grecia, oficialmente no abordada, pero que la prensa daba por sentado que sería para Herrera Beltrán, con ganas de enviarlo a convivir con Zeus y los dioses del Olimpo, muy lejos de Veracruz. Fidel lo niega. Ni busca Grecia ni antes buscó Argentina. Quizá en el 2014 sí. Quiso ser miembro del gabinete presidencial pero cordialmente los emisarios de Peña Nieto lo mandaron al diablo. Le ofrecieron un cargo marginal, la Secretaría de Organización del PRI nacional, un sarcófago para momias rancias, con intención evidente de confinarlo a un cargo de tercer nivel y, sobre todo, lejos, muy lejos, del Presidente y su grupo compacto. Fidel no aceptó. Dejó esa cartera para su amigo Melquiades Morales Flores, ex gobernador de Puebla, a quien ya no le pinta la dinámica del quehacer priísta pero que en la dirigencia del PRI encuentra un aparador a modo. Punzado con el tema del narcotráfico, Fidel Herrera ha venido esquivando golpes con sabor a “fuego amigo”, a granadas desde Los Pinos. Sus días en el gobierno de Veracruz fueron una vergüenza. Se dejó avasallar por el crimen organizado, por sus prácticas de sangre, por el desprecio a la vida, por la carnicería humana. Fidel fue laxo, tolerante, sospechosamente incapaz para contener la extorsión, el secuestro, los levantones, el asesinato, el avance de las mafias, el festín de los muertos, de los desmembrados y estrangulados, sus cuerpos arrojados a la vía pública, sólo para no dejar duda de que la ley, los gobernantes, las instituciones habían sido aniquiladas. Su excusa fue remitir el mayúsculo problema al orden federal. Sí, el crimen organizado es tarea de la Presidencia de México, pero la policía fidelista —ministeriales y Seguridad Pública— se dejó infiltrar y terminó al servicio de Los Zetas y los Golfos, de Beltrán Leyva o El Chapo. O sea, el gobierno de Veracruz usó “la plenitud del pinche poder” para someterse a la línea de los narcos. Fidel vive días convulsos desde que el FBI de Estados Unidos encausó a Francisco Colorado Cessa en un caso de complicidad con Los Zetas. Pancho Colorado compraba caballos y luego se los vendía a José Morales Treviño, hermano de Miguel Ángel Treviño Morales, el Z-40, segundo en el mando de Los Zetas. Los malosos sobornaban, ganaban las principales carreras en los hipódromos americanos y así lavaban sus millones. Aquella cloaca atrapó a Fidel Herrera. Fue balconeado en una fotografía en diario Reforma, cabalgando con Pancho Colorado. Se sabría que la empresa ADT Petroservicios, del cómplice de los malosos, había recibido contratos de obra pública del gobierno fidelista y de Petróleos Mexicanos, que en Coatzacoalcos se le vendieron a precio de regalo 68.5 hectáreas de la reserva territorial y que en maniobra de última hora el gobierno de Veracruz y el Registro Público de la Propiedad avalaron un traslado de los terrenos para evitar su congelamiento. ¿Eran predios de Pancho Colorado o Pancho Colorado es prestanombre de Fidel Herrera? Al inicio, aquel juicio contra Pancho Colorado Cessa sirvió al ex gobernador de Veracruz para enredar a Miguel Ángel Yunes en el narco. Yunes, que había sido candidato del PAN a la gubernatura en 2012 y que estuvo a un paso de tronar el proyecto transexenal de Fidel, al enfrentarse a Javier Duarte, aparecía en fotografías con el Miguel Ángel Colorado Cessa, hermano de Pancho, cuando éste era candidato del Partido Acción Nacional a la diputación federal por Poza Rica. La imagen fue de escándalo y a Yunes le revivió lo de la fuga del capo Joaquín Guzmán Loera cuando era subsecretario de Seguridad Pública Federal y sus operadores tenían a su cargo el sistema carcelario del gobierno foxista. En esa embestida Fidel y Duarte tuvieron las manos metidas. Condenado a 20 años de prisión, Pancho Colorado finalmente aceptó que fue obligado a venderle caballos cuarto de milla a Los Zetas. Sin embargo, aquel juicio en Austin, Texas, arrojó otro dato explosivo: José Carlos Hinojosa, quien fuera contador del Cártel del Golfo, reveló que le entregó 12 millones de dólares a Fidel Herrera para financiar su campaña a la gubernatura a cambio de tener vía libre para traficar droga en Veracruz. Otro de los testigos, José Enrique Rejón Aguilar, el Z-7, un ex zeta, señaló que el dinero que le entregaban a Francisco Colorado Cessa, entrañable amigo de Fidel Herrera, fue invertido en ADT Petroservicios, las empresa a la que el gobierno veracruzano le otorgaba contratos de obra y a la que le vendió las 68.5 hectáreas en Coatzacoalcos. Con ese bagaje de datos, los senadores panistas no dudaron en implicar a Fidel Herrera con el narcotráfico y montar el escenario de una repulsa a la supuesta embajada del veracruzano en Grecia. Fernando Herrera Ávlia lo hizo el pasado 26 de junio cuando propuso un punto de acuerdo para exhortar a la Procuraduría General de la República a iniciar una averiguación previa por la declaración de José Carlos Hinojosa y los 12 millones de dólares provenientes del narco, supuestamente entregados a Fidel Herrera para financiar su campaña. Se le pedía a la PGR que solicitara copia del expediente a la Corte de Austin, Texas, en Estados Unidos. Según la Comisión Dictaminadora del Senado, se buscó información relativa a esa declaración en la PGR, así como en medios de comunicación abiertos y en la página de internet de la United States District Court Western District of Texas, at Austin, pero “no fue posible localizar información oficial alguna disponible al público en general sobre el caso”. De acuerdo con ese dictamen, de fecha 21 de octubre pasado, pese a no disponer de información oficial de la corte, lo señalado por el senador Herrera Ávila colocaba a Fidel Herrera en el supuesto del uso de recursos de origen ilegal para su campaña a la gubernatura de Veracruz, en 2004. Por ello, el Senado exhortó a la PGR a iniciar una averiguación previa, que incluiría solicitar informes de los señalamientos vertidos en el juicio de Austin, Texas, que implican a Fidel. La supuesta nominación de Fidel Herrera para ocupar la embajada de México en Grecia, que oficialmente no existe, dio pauta a Fernando Yunes para conminar al canciller José Antonio Meade —octubre 15— a no consentirlo por los presunto lazos del ex gobernador con Los Zetas. Fidel, por su parte, desestima las imputaciones. Se jacta de entrar y salir de Estados Unidos a menudo, sujeto a diversas operaciones en su maxilar, sin que las secuelas del juicio a Los Zetas y a Pancho Colorado le quiten el sueño. Así ha sido la guerra Fidel-Yunes. El ex gobernador le cuelga la etiqueta de narco al “can azul”, como se refiere a su acérrimo enemigo, y Miguel Ángel Yunes, ahora vía el orgullo de su nepotismo, lo vuelve a categorizar como el personaje que financió su campaña a la gubernatura de Veracruz con dinero del crimen organizado. Un conflicto sin fin, de odios y rencores, donde ambos protagonizan en un escenario narco. Lo que fue la “plenitud del pinche poder” frente a la frustración de no tener el poder. Archivo muerto Ambicioso sin mesura, Mariano Moreno Canepa mueve el mundo para aterrizar su nuevo y millonario proyecto: una gasolinera en Nanchital. Vinculado al notario Miguel Yuen Ricárdez, hijo del alcalde Alfredo Yuen Jiménez, el ex tesorero municipal de Coatzacoalcos, ivanista repudiado, vía hombres de paja obviamente, está a centímetros de lograr el sueño, así tenga que apropiarse de un bien municipal a la brava y sembrar el odio entre los vecinos que se oponen al abuso y a la suciedad con que se conduce. Sobre 2 mil 500 metros cuadrados, 50 por 50, en lo que estuvo enclavado el tanque elevado de agua, a la entrada de la colonia San Miguel Arcángel, en el camino a Ixhuatlán del Sureste, se proyecta instalar la estación de servicio. Pasada por el cabildo, cómplices los ediles que la avalaron, la solicitud llegó al Congreso de Veracruz. Pide el alcalde de Nanchital la aprobación de un comodato por cien años a favor de la empresa que le sirve de pantalla a la mancuerna Mariano-Yuen, o la venta del predio municipal a razón de 2 mil 500 pesos el metro cuadrado, unos 6 millones 250 mil pesos. Confía Mariano en los turbios oficios del diputado José Murad Loutfe Hetty, cabildero de petate, ivanista de mente represora, para planchar a los legisladores y así despojar a los nanchitecos del predio en cuestión. Cuentan los insiders, los que oyen todo en palacio, que el flamante notario Miguel Yuen, de pésima fama y ambición desmedida —coyote de obras públicas municipales y zar de los negocios que hacía en la Administración Portuaria Integral hasta que acabó con ella—, será socio en el negocio a largo plazo, pero su padre, el alcalde Alfredo Yuen, ya sacó ventaja del proyecto: una vivienda con valor de 800 mil pesos en el fraccionamiento Maradunas, en Coatzacoalcos, asignado como finiquito a su ex esposa Aleida González Luis, tras el sonado divorcio y los galones de güisqui para curarse las penas. Cuenta el insider mayor que la mentada casa la puso el tal Mariano como pago del cabildeo y aprobación del comodato o compra-venta del predio de la gasolinera. Diga que sí o diga que no el Congreso de Veracruz, sometan o no a Flavino Ríos o a Eduardo Andrade, lo que está por estallar es la repulsa de los vecinos pues a nadie le consultaron si aceptaban que se instale la estación de servicio, como exige la ley, en un predio que los nanchitecos dan por robado y en el que, afirman, no permitirán que se consume el atraco de la explosiva pareja Mariano-Yuen. Y a todo esto, ¿cuánto ganaba Mariano Moreno para andar gestionando gasolineras por aquí, por allá y hasta en Nanchital, como si fuera más rico que Rogelio Lemarroy o Edel Álvarez? ¿O es que sí lo es? ¿O las gasolineras son Iván Hillman, gerente de CONAGUA en Veracruz? ¿O la inversión es con préstamos de aquella sensual bailarina de nombre Karen? Hay más… Quemarse las manos por Marcelo Montiel, comprar el voto de los pobres, robarse los programas sociales federales, tiene su premio. Víctor Rodríguez Gallegos será el próximo diputado federal por Coatzacoalcos, y Segundo Grajales es ya alcalde electo por Puente Nacional, la tierra que vio nacer a Marcelo Montiel; este último su primo, quien decía barbaridades y obscenidades de Marcelo, entre otras aquella de la preferencias sexuales. De esa calaña son los operadores del nuevo delegado de la Secretaría de Desarrollo Social federal en Veracruz, pero por el trabajo sucio hay que arrojarles su hueso… INFORME ROJO
Marcelo: Sedesol en manos del mapache* Traficante de la pobreza * Los programas sociales a cambio de votos * Reventar y pactar con los adversarios * David Porras y el crimen de La Mayra * La Potra y el muerto * A dividir el cabildo de Minatitlán * Marcelo y los electricistas del pastor * El nieto canadiense * Gustavo Linares, violador de derechos humanos. 24 de octubre de 2013 Por donde ha ido, sea una alcaldía, sea el Congreso de Veracruz, sea el gobierno estatal, sea el PRI, Marcelo Montiel Montiel va dando cuenta de su infinita capacidad para corromper, robar elecciones, reventar adversarios, ocultar muertos, maquillar crímenes y pactar, si es posible, hasta con el diablo. Trepado en el carruaje del poder, hoy es delegado de la codiciada Secretaría de Desarrollo Social federal en Veracruz, aunque el chip de su memoria RAM aloje una cadena de datos de alta explosividad: la contracampaña marcelista al candidato presidencial priísta, Enrique Peña Nieto, en el distrito de Coatzacoalcos, en 2012, donde El Peje López Obrador lo barrió. Aquella anécdota fue documentada por el alcalde Marco César Theurel Cotero —“Te rompo tu puta madre”— en una serie de videos que difundió primero en portales de noticias afines —imagendelgolfo.com, de la succionadora familia Robles, José Pablo, Mónica y Roselia, mitad rojos, mitad amarillos— y luego en la prensa local y estatal, multiplicados los testimonios de que Marcelo quería todo, menos que ganara el hoy Presidente de México. Sabrá en qué andarían pensando Rosario Robles Berlanga, ex de Ahumada, secretaria de Desarrollo Social, y quienes califican los nombramientos en el equipo peñista, cuando avalaron a Marcelo Montiel, pero el tema sin duda no pasó por el filtro de la honestidad y mucho menos por el de la lealtad. Marcelo Montiel, alias “La Esmeralda”, no es un lobo estepario que sepa sobrevivir lejos de la manada. En sus días en fuga, a salto de mata porque Agustín Acosta Lagunes emprendió una cruzada para aniquilar al hernandezochoísmo, saboreó el exilió en el Estado de México y en el Distrito Federal. Apadrinado por Carlos Brito Gómez, su inventor, se vinculó a corrientes mexiquenses y defeñas, a Mario Ruiz de Chávez, a Roberto Madrazo Pintado, y a quienes hace treinta años no imaginaban que algún días llegarían a Los Pinos, el equipo de Alfredo del Mazo, de Arturo Montiel y del mismo Peña Nieto. Se le sabe priísta, se le sabe cuadrado en la mecánica del PRI —con el candidato que diga el partido aunque sea enemigo— y se le sabe consciente de que la traición es una factura que se paga con sobreprecio, pero en la campaña presidencial Marcelo Montiel sólo operó para su candidato a la diputación federal por Coatzacoalcos, Joaquín Caballero Rosiñol, y no para Peña Nieto. La votación entre uno y otro fue abismal. Y la derrota de Peña Nieto ante el izquierdista López Obrador fue para recordar. Un año más tarde, desde la Secretaría de Desarrollo Social estatal, impuso a su candidato, Caballero Rosiñol, en la alcaldía de Coatzacoalcos, lo que lo hace dueño del segundo presupuesto municipal más alto de Veracruz. Y luego llegó el choque con el gobernador Javier Duarte de Ochoa, cuya ingenuidad lo hizo pensar que Marcelo Montiel aceptaría irse al PRI por dos años, congelado. Llegar a la delegación de la Sedesol federal en Veracruz es robarle un pedazo del “pinche poder” a Fidel Herrera Beltrán y mandar por un tubo al Javier Duarte. Sedesol es la cereza del pastel y un cúmulo de recursos, el control de los programas sociales, de Oportunidades, de 65 y Más —“oro molido”, diría el mapache Salvador Manzur—, el abasto de leche, las despensas de Diconsa, el cemento, las láminas, la varilla y toda ayuda que aterriza en las promotoras del PRI. Según la mafia fidelista, entre ellos el gordobés Duarte, Sedesol federal era suya, pero el escándalo de los mapaches de Boca del Río, el robo de los programas sociales, los videos y audios que exhibieron los Yunes azules, despeñaron a Ranulfo Márquez Hernández, “Cabeza de Lata”, y Peña Nieto aprovechó para colocar a Marcelo Montiel como cuña y quitarle a Fidel Herrera los recursos millonarios de la dependencia y su uso electoral. Poco sabe Marcelo “La Esmeralda” Montiel del pudor y mucho, en cambio, del descaro. Sus dotes de mapache ya los tenía, pero quedó evidenciado en la elección municipal, este 2013. Le fue descubierto un cargamento de cemento, adquirido por la Sedesol estatal con recursos federales, del programa Piso Firme, cuyos destinatarios serían los promotores priístas en todo Veracruz. Marcelo Montiel y su círculo cercano suscribieron 34 contratos con los proveedores de CEMEX. Pagaron 194 millones 550 mil 23.26 millones de pesos. Las licitaciones fueron a todas luces simuladas. La entrega se realizó en plena veda electoral, cuando el gobierno estaba impedido de aterrizar sus programas. Fieles cómplices de esa y muchas otras tretas, Víctor Rodríguez Gallegos, jefe de la unidad Administrativa de Sedesol estatal; Carlos de la Rosa López, director Jurídico, y Segundo Grajales Lagunes, secretario técnico, estamparon sus firmas en los documentos incriminatorios. Ocultar muertos tampoco le es ajeno; maquillar criminales, menos. Una anécdota de sangre fue el asesinato de Miguel López García, La Mayra, un mesero homosexual de la zona de tolerancia, acribillado por el entonces director de Ingresos del Ayuntamiento de Coatzacoalcos, David Porras Pacheco, protegido de Marcelo Montiel, la madrugada del 24 de noviembre de 1993. Ebrio, prepotente, David Porras se indignó cuando a su hermano le cobraron los litros de alcohol que se bebió en el bar Capri, un tugurio donde se ejercía la prostitución a placer. Llegó al lugar, sacó la pistola y comenzó el show. El mesero se escondía tras la barra del cantinero; lo cazó, disparó una y otra vez, y finalmente lo mató. Fue un crimen con premeditación, alevosía y ventaja. Marcelo Montiel logró esconder a su protegido. De un rancho cercano lo sacó y hasta el día de hoy es prófugo de la justicia. No hay policía que lo encuentre aunque David Porras Pacheco es un activo internauta de Minatitlán que publica a menudo sus procaces comentarios en Facebook. Aquel episodio de sangre marcó para siempre a Marcelo Montiel. Fustigado, a golpe de tinta y papel, fue responsabilizado de la conducta delincuencial de David Porras y de su fuga. Luego pactaría con esa prensa. En su segunda incursión en la alcaldía de Coatzacoalcos, denunció a Diario del Istmo y a su dueño, José Pablo Robles Martínez, por daño moral. A diario se leían en el periódico de la succión comentarios sobre las preferencias sexuales del hombre verde, ataques a su vida privada, a su familia. Ganó el litigio pero no cobró la indemnización unos 50 millones de pesos. A cambio, acordó con el Clan de la Succión respeto a su vida y sus preferencias. Reventar a sus adversarios y pactar con ellos, le es igual. A Iván Hillman le hizo creer que le operaría votos para que fuera diputado federal, en 2009; al final lo masacró. A Roberto Chagra lo atrajo y le cobró que lo hubiera traicionado con Fidel Herrera; lo desterró del circulo duartista y le impidió ser diputado federal, menos local. A Gonzalo Guízar, ex candidato panista a la alcaldía, lo aplastó en dos ocasiones en la elección municipal. Su masoquismo, sin embargo, es patético. En la elección local de 2013, cedió espacios en la planilla priísta para sus enemigos. Roberto Chagra colocó a su hermano, José Antonio; Iván Hillman tendrá posiciones en áreas de confianza; Gonzalo Guízar, dispondrá de obras y cargos de control interno, y a la familia Robles, los succionadores, les concedió la diputación para Mónica Robles Barajas, esposa de Iván Hillman. Mapache al fin, así ve la política Marcelo Montiel. Nada es absoluto, todo es relativo, todo es negociable, los amigos de hoy son los enemigos de mañana, y a los acérrimos adversarios se les da el beneficio de la complicidad. Vaya cinismo. Sólo le faltó pactar con el diablo. ¿O ya lo hizo? Archivo muerto Con un muerto en la conciencia —su marido, Javier Gómez Gutiérrez, “El Potro”—, vuelve Isabel Morales Aguirre por lo que dejó en el Ayuntamiento de Minatitlán. Tormentosa, mandona, abusiva, infinitamente insoportable, La Potra será regidora perredista a partir de enero de 2014. Ya se verá la de tretas que se sabe la señora, toda una manipuladora, insaciable con el poder, que en nada duda si se trata de romper la armonía en el cabildo. Siendo síndica, entre 2005 y 2007, traía al alcalde Raúl Morales Cadena a los tumbos, chantajeado y sometido, hasta que un pleito de alcoba terminó con un baño de sangre y en medio de él, su marido, el célebre “Potro”, prestanombres acaudalado del que sólo quedó el recuerdo. Lo que aún no se sabe es si con “La Potra” hará su regreso triunfal Dhamara Gómez Morales —¿o López Morales, como reza el apellido de su verdadero padre?—, su hija, a quien un reporte policíaco ubica como el personaje de cuyas manos salieron los disparos que acabaron con la vida del padre adoptivo. Ambas huyeron con el beneplácito de Fidel Herrera Beltrán, entonces gobernador, que así se las quitó de encima. La ley torcida por la otra ley, la del que gozaba de la plenitud del “pinche poder”. ¿O será que el de Nopaltepec las trae de regreso, pues hay favores que nunca se terminan de pagar?… Coincidencias de los tiempos: Marcelo Montiel Montiel, investido como nuevo delegado de la Secretaría de Desarrollo Social federal en Veracruz, y el anuncio de que los electricistas acusados del crimen del pastor Claudio Martínez Morales, líder de la Comunidad de Dios, podrían obtener su amparo —o en su caso serles negado— el 8 de noviembre. Un caso y el otro, aunque parezca que no, tienen relación… Ni por error, ni por accidente, pasó por la mente del famoso abuelo que tendría un nieto canadiense. Allá, en la tierra de la hoja de maple, vive la hija, la chica jet-set político, exiliada un año para evitar el escándalo social. Desde allá, llegan los informes y se agolpan las preguntas. Ella ve pasar los días a son de una melodía: Experiencia Religiosa, la de Enrique Iglesias… No por méritos, que no los tiene, apunta Gustavo Linares Yépez a treparse en la nave municipal que comandará el próximo alcalde de Coatzacoalcos, Joaquín Caballero Rosiñol. Debe su promoción a Iván Hillman Chapoy, su amo y patrón, líder del Grupo Integra y actual gerente de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) en el organismo Golfo-Centro. Con esos harapos se tapa Iván luego de sus sucesivos descalabros políticos hasta terminar convertido en un burócrata de palacio, cerca del gobernador Javier Duarte, pero sin que nadie lo pelara. Gustavo Linares, el de la barbacoa de perro que degustó en un no muy lejano cumpleaños, tiene encima una recomendación de la Comisión Estatal de Derechos Humanos por la golpiza que le dio la policía municipal a un grupo de habitantes de villa Allende, en 2007, que protestaban por la afectación de un terreno para la construcción del hospital de aquel lugar. Linares era secretario de Gobierno y fue el instigador de la agresión policíaca, que provocó un escándalo y la condena social. De ahí su estatus de violador de derechos humanos. Vaya con semejante carta de presentación. Puras finísimas personas en el próximo ayuntamiento… INFORME ROJO
La policía de Duarte, por el camino de la tortura* Millones para depurar la corporación * Policía secuestrada y golpeada por la policía de élite * Querían que se incriminara en un caso de narco * Theurel sabotea a Duarte * PRD: días malos y días peores * Mónica Robles para liderar el Congreso de Veracruz * Pero si no controla ni a Iván. 21 de octubre de 2013 Con ingenuidad fingida, sin desconocer en qué lodos caminan los suyos, Javier Duarte de Ochoa exalta a su policía, le ve méritos y la describe moralmente sana, mientras Veracruz entero se sacude por escándalos de tortura, desaparición forzada, secuestro, amenazas y vínculos con el narco, que involucra a la dudosamente prestigiada Policía Estatal Acreditable. Presume el gobernador que Veracruz ha llevado un proceso de depuración, que se han ido 4 mil de los 10 mil policías que integran la corporación porque “no son confiables” y no encuadran en los estándares del Sistema Nacional de Seguridad Pública. “Estamos refundando una corporación —dice Javier Duarte con pecho henchido—. Esto conlleva un proceso. No es de un día para otro. Seguimos unos pasos, queremos lograr con eficacia los objetivos que nos hemos planteado”. Y remata con una frase para los bronces: “Es una policía que no es del gobierno, es del pueblo y para el pueblo”. De tiempo acá, el gobernador de Veracruz anda trepado en un torbellino demagógico, obsequioso con la seguridad pública. Importa expresiones melosas y sentencias pintorescas, la realidad ajena, el abuso encubierto: “Es la policía para todos los ciudadanos, que responde a todos los intereses de la gente, que responde a un Veracruz que sigue su marcha”. Otra: “Juntos hemos recuperado nuestras calles, juntos estamos garantizando la armonía y la tranquilidad, cada quien desde su trinchera, cada quien desde su situación y responsabilidad que tiene al frente de la sociedad”. Megalómano por naturaleza, soñador cuando anda despierto, Javier Duarte de Ochoa exalta de la policía “su capital humano, mujeres y hombres que forman una nueva institución”. Y así sigue, subsanando con palabrería dominguera el catálogo de omisiones en materia de seguridad pública, la entrega de las corporaciones policíacas al crimen organizado en el régimen fidelista, cuando el gordobés era secretario de Finanzas y luego diputado federal. Avasallado por el Veracruz violento que le heredó Fidel Herrera Beltrán, su hacedor y gurú, el gobernador repella las fisuras del desastre policíaco con despidos a granel, capacitación a ultranza y una supuesta moral de 10. O sea, se fueron los malos y se quedaron los buenos. Teóricamente así debiera ser, pero no. Duarte y su área policíaca vuelven sobre un camino andado, el de la agresión artera, el atropello a mansalva, el delito inventado, la represión arbitraria, la fabricación de culpables y el abuso de poder. Noé Zavaleta, corresponsal de la revista Proceso, en Veracruz, describe la conducta criminal de la policía duartista con certeros arponazos: “La Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz continúa inmersa en la vorágine de críticas desde el violento desalojo de maestros y agresiones a periodistas ocurridas el pasado 14 de septiembre en la plaza Lerdo de Xalapa. Ahí además de lesiones y robos a reporteros, se detuvo al activista y fotógrafo Juan Alberto Arellano Mariano, a quien la fuerza pública puso a disposición del Ministerio Público Federal acusado de portación de armas de grueso calibre y posesión de enervantes. Arellano obtuvo su libertad 12 horas después al demostrar su inocencia. “En la desaparición de ocho policías municipales de Úrsulo Galván, reportada el 11 de enero pasado, familiares y amigos de los oficiales también responsabilizan a los cuerpos de elite habérselos llevado”. También habla de la corrupción que aún impera en la policía veracruzana: “Apenas en la primera semana de octubre la Secretaría de Marina-Armada de México arribó al Cuartel de San José, aglutinados los turnos de la Policía Estatal Conurbación Xalapa (integrada por nuevos policías). Las fuerzas armadas procedieron al pase de lista de 10 elementos; los oficiales nombrados fueron intervenidos por la Semar y puestos a disposición de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO) de la Procuraduría General de la República, para que se inicie una investigación por presuntos vínculos con el narcotráfico, confirmó una fuente de la corporación”. Así que pulcra e impoluta no es la policía del gobernador Javier Duarte. Persisten sus vicios, agravados otros, mejor adiestrada ahora pero para embestir la protesta popular, acusar con pruebas falsas y usar la tecnología criminal contra el pueblo. Es golpeada la sociedad pero también los de adentro, los de casa. Una oficial del agrupamiento carretero, Jacqueline Espejo Moctezuma, víctima del atropello, hace añicos la solvencia de la policía duartista. Acusa a cuatro elementos de actuar como delincuentes, golpeadores, arbitrarios, que la incomunicaron y con violencia física y psicológica intentaron obligarla a incriminarse en un caso de narcotráfico. Jacqueline Espejo, madre soltera, policía veracruzana, modesta su conducta, describió el horror vivido. Habló ante la prensa. Vació un relato estrujante, sometida por la fuerza, agraviada y sumida en la incertidumbre de no saber cuanto más ha de vivir. Salía de su turno en el Cuartel San José, en Xalapa, el 3 de octubre. Abordó el taxi 6859 y en ese instante cuatro elementos de la patrulla 1397 la obligaron a descender. Lo hizo. De inmediato la esposaron de pies y manos, los ojos vendados, inmóvil. Fue llevada a la Academia de Policía El Lencero, fuera de Xalapa. Por cuatro días se le torturó. Recibía patadas a placer y cachetadas en el rostro. Una y otra vez la misma sentencia: que reconociera que eran suyos varios tabiques de marihuana. Le contaron sus captores que tenían información de sus hijos, que sabían sus movimientos, su vida en manos de ellos. Jacqueline Espejo debía admitir que tenía vínculos con el narcotráfico y arrastrar en su declaración al comandante Omar Espejo. Jaqueline Espejo presentaba daño en el cuello y usa un collarín. Cuando fue liberada, sin hacer suyas las infames acusaciones, al cuarto día de su captura, notificó lo ocurrido en su comandancia. La ignoraron. En cambio le fue entregado el oficio SSP-A/DA/SRH/MOV/./1671ª/2013, suscrito por el secretario de Seguridad Pública de Veracruz, Arturo Bermúdez Zurita, para que se trasladara al municipio de Pánuco, en la frontera con Tamaulipas, zona donde el narcotráfico está caliente. ¿Tú también, Bermúdez? “El mensaje para mí fue muy claro: me mandan de operativo a Panuco. En mis 10 años como oficial yo ya era del sector carretero, pero administrativo. Cumplo casi siete años sin usar pistola. Me envían allá para que no vuelva, no con vida”, expresó Jacqueline. Su caso es dramático, pero el del taxista que la llevaría a su hogar aquella noche, Andrés Aguilar Marín, es peor. Fue detenido por la honestísima policía duartista y 18 días después no aparece. Su hermana, María del Rosario Aguilar, lo buscó en cárceles preventivas, en el Ministerio Público, Cruz Roja y en los penales de Pacho Viejo y Villa Aldama. No lo halló. Formalmente pidió a un juez que se emita una orden de cateo para verificar si se encuentra en la Academia de Policía El Lencero, donde estuvo confinada y fue torturada la policía Jacqueline Espejo. “Andrés Aguilar fue detenido ilegal y arbitrariamente sin orden de aprehensión alguna, siendo privado de su libertad y exponiendo su integridad personal, por lo que se teme que sufra maltratos, torturas, alguna de las penas prohibidas por el artículo 22 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, e inclusive privación de la vida”, señaló la abogada Pía Irene Salazar. Dicho amparo hace responsable de la desaparición del taxista a Bermúdez Zurita, a su director de Operaciones, José Manuel Martínez, ya implicado anteriormente en maltrato y hostigamiento a periodistas de Telever en Coatzacoalcos, y al comandante de la División de la Policía Estatal, Arturo Paredes Guevara, “por cualquier lesión, herida o privación de la vida contra Andrés Aguilar Marín”. Así pues, uno es el discurso del gobernador Duarte, que exalta a su nueva policía, la que depuró, de la que echó a los elementos “no confiables”, y otra la realidad, con policías de peor ralea, capacitados y adiestrados a precio millonario para seguir en la línea de siempre, en la tortura, en el agravio a la sociedad y en el actuar como si el crimen organizado tuviera uniforme, fuera de élite y también acreditable. Finge Javier Duarte no saber en qué lodos caminan los suyos. Sólo finge. Archivo muerto Muy picudo, Marco César Theurel Cotero —“Te rompo tu puta madre”— no ve cómo pero cada que puede, cada que lo tiene al alcance, sabotea a Javier Duarte. A punto de liberar la presa Yuribia, tomada por maestros rebeldes, el alcalde de Coatzacoalcos soltaba la amenaza pública: una demanda contra los mentores que ahorcaron el suministro de agua. O sea el gobernador Duarte y su secretario de Gobierno, Erick Lagos Hernández, apagando el fuego y que llega Marcos y le rocía gasolina…. Pulverizado, el PRD vive días de vergüenza en Coatzacoalcos. No habrá regidor perredista en el próximo ayuntamiento, producto de una infame votación en la elección municipal, su peor escenario en 20 años. Su credibilidad por los suelos, enfrascadas las tribus en sus eternos pleitos de verdulería, todos contra todos, acusándose de traiciones y golpes bajos. Su dirigencia es tan inocua —un fantasma tendría más vitalidad— que no hay quien dirija la nave, a la cual el agua le entra por tantas grietas que el naufragio es inevitable. Se lo propusieron los perredistas, echaron por la borda su estatus de partido aplanadora, sus triunfos sobre el PRI, sus diputaciones federales, una local, una alcaldía, decenas de regidurías, hasta convertir al PRD en el retrato del fracaso. Misión cumplida. Lo intentaron y lo lograron… O sea, que a Mónica Robles Barajas, la futura diputada del Clan de la Succión, la promueven para ser lideresa de los legisladores del PRI en el Congreso de Veracruz, mientras al cacique del magisterio, Juan Nicolás Callejas Arroyo, le va como en feria, vilipendiado, insultado, acusado de enriquecimiento más que explicable, movido de aquí para allá, como calzón de borracho, por sus agremiados que lo quieren ver jubilado y lejos de la política. Sólo tiene dos problemas doña Mónica: quiere controlar el Congreso y no es capaz de controlar ni a su marido, el ojo alegre Iván Hillman Chapoy, y posee la señora un historial de abusos contra empleados de Diario del Istmo, del que es presidenta del consejo de administración, a quienes les inventa delitos para echarlos sin el consabido pago de liquidación. La pura solvencia moral y mejor honradez… INFORME ROJO
¿Joder al gobierno o joder a la sociedad?* Yuribia: la gota que derramó el vaso * Hasta los que apoyaban al magisterio, trinan * Maestros agreden a ciudadanos * La causa justa en manos de porros normalistas * Marcelo y el túnel * El contrato ilegal * Chica del jet-set político: un embarazo muy religioso * La futura regidora, orgullo del nepotismo panista. 18 de octubre de 2013 En cosa de días, quizá infiltrado, quizá fragmentado, el movimiento magisterial veracruzano ha transitado de la causa justa —sus derechos laborales vulnerados y el hartazgo que provoca el cacicazgo callejista— a un activismo tan exacerbado que lejos de minar a los políticos que legislan en su contra, terminó agraviando a la sociedad. Hoy se les ve violentos, amenazantes, insensibles a los estragos que provocan los bloqueos carreteros, el cierre de grandes comercios y en el caso del sur de Veracruz, la toma de la presa Yuribia, que dejó sin agua a medio millón de habitantes. Siguen en las calles, a veces desquiciando el tráfico vehicular; en los planteles escolares sin dar clases, aunque paulatinamente recuperando el ciclo, impartiendo letras, números, exploración y civismo; en los medios, los menos reflejando su lucha, los más desacreditan las movilizaciones. Pero como sea, ahí están. Su tesis es que la reforma educativa los afecta, destroza sus derechos laborales, los somete a una evaluación, no para que mejoren como maestros sino para filtrar a los disidentes y contestatarios, a los enemigos del cacicazgo de Juan Nicolás Callejas Arroyo y del gobierno, y aplicarles la guillotina. Esa es su causa justa y en eso tienen razón. Van por la cabeza de Callejas porque lo ven corrupto, enriquecido hasta el insulto, pegado a la ubre del presupuesto, engrapado a la Cámara de Diputados y si no a la Legislatura estatal, sostenido por una corte de bufones sindicales, la mafia de la Sección 32 del SNTE, en quienes se ha quedado una parte significativa el dinero destinado a la educación. No se puede tener mejores alumnos, planes de estudio de calidad, convertir al sistema educativo en plataforma de desarrollo de Veracruz, si el gobernador Javier Duarte, como antes Fidel Herrera Beltrán, sostienen su alianza con la pandilla magisterial del vetusto Callejas. No se puede enarbolar la bandera del amor a la educación cuando el “líder moral” del magisterio veracruzano logra para sí negocios inconfesables y su cúpula permanece intocable e intocadas sus tres, cuatro, ocho o hasta doce plazas por dirigente, que representan tres , cuatro, ocho o hasta doce salarios que el líder cobra sin trabajar. Tradicionalmente controlado, el magisterio veracruzano no era ajeno a esa desigualdad sindical. Arriba, en el feudo callejista, corrían los millones, el poder, la impunidad, las diputaciones, alcaldías, regidurías, y abajo, en las bases, el trabajo electoral, la operación política, que dieran acceso a una comisión sindical, una plaza más, ser director, delegado, inspector o supervisor. En la dinámica del gran pastel, todos llevaban su tajada. Y ahí seguirían, con sus migajas en el regazo, hasta que la reforma educativa cambió la correlación de fuerzas. Instigados por la Coordinadora Nacional de la Educación, el ala radical del sindicato, los maestros veracruzanos, concluyeron que el peor camino a seguir era el de la indiferencia, que el miedo es una apuesta fatal y que para empezar había que lanzar por la borda al líder venal Juan Nicolás Callejas Arroyo y a los pitufos rojos que le sirven de cortesanos. Su táctica de lucha, en cambio, ha ido de lo espectacular al desastre. Reclamaron respeto a sus derechos, a no quedarse sin empleo y a sepultar la evaluación tramposa. Suspender clases, bloquear carreteras, tomar plazas, ejercer su derecho constitucional a la libre expresión y a la asociación en lugares públicos, se convirtió en la cara visible del repudio que provoca el proyecto de reformas estructurales del Presidente Enrique Peña Nieto. Lo exhibieron incapaz de contener el caos, la revuelta magisterial, el brote de inconformidad de otros actores sociales, los petroleros, los campesinos, los indígenas, la izquierda, los lopezobradoristas, la APPO, los fanáticos de la revuelta. Lo mostraron falto de habilidad política. Rebasado el gobierno, EPN daba tumbos, mostraba intransigencia y externaba que en las reformas no daría ni un paso atrás. Todo cabría en lo que es un movimiento de protesta, si no fuera porque el objetivo del caos dejó de ser el gobierno y terminó impactando a la sociedad. Dejar a los niños sin clases, es daño a terceros. Bloquear carreteras y desquiciar el transporte de carga y de personas, es daño a terceros. Impedir que mujeres embarazadas, ciudadanos enfermos, aquejados algunos por cáncer, pudieran trasladarse a recibir tratamiento en otras ciudades, es daño a terceros. Impedir que empleados y obreros llegaran a sus centros de trabajo, es daño a terceros. Así actúan quienes tienen como meta la impopularidad. Impune y arbitrario, un sector del magisterio fue beligerante y prepotente hasta granjearse el repudio social, sin oír a nadie, sin escuchar razones, la sorna en sus labios, la intransigencia irracional. Haber tomado la presa Yurivia, que abastece de agua a Coatzacoalcos, Minatitlán y Cosoleacaque, el nudo industrial del sur del Veracruz, fue una acción descabellada, una locura que provocó el repudio de por los menos medio millón de ciudadanos. Fue la gota que derramo el vaso. Ya antes a los activistas de Tatahuicapan, del PRD, de izquierda, de las comunidades indígenas, les había ocurrido algo similar. Indignados porque el gobierno de Veracruz prometió obras, caminos, reforestación en la sierra de Soteapan y no cumplió, bloquearon la presa Yuribia y desquiciaron el abasto de agua. Corría el año 2006. Fidel Herrera les prometió resarcir los daños e iniciar un proyecto carretero que dejó a medias. En 2010 la tormenta Mateo acabó con todo y el gobierno volvió a empeñar su palabra. Apenas cumplió. Hace un año la historia se repitió. Los tatahuis y sus aliados del Consejo Supremo de Pueblos Indígenas bloquearon carreteras y la autopista. Exigían sus caminos y el pago al constructor que realizaba las obras, José Manuel Flores Ríos, El Oaxaco, protegido del ex gobernador oaxaquense, José Murat Casab, asesor del gobernador Javier Duarte. El Oaxaco fue levantado tras entrevistarse con el entonces secretario de Gobierno, Gerardo Buganza Salmerón, y eso sofocó la revuelta en la sierra. Como se le vea, la presa del Yuribia es moneda de cambio. Quien la secuestra, obliga al gobierno a negociar. Esta vez dicen los maestros que son ellos y que así irritan al pueblo contra el gobierno. Falso. Medio millón de veracruzanos despotrican contra el magisterio y hasta urgían que el Ejército, la Naval o la policía duartista recuperara la presa. O sea, la represión, con todo lo antinatural que resulta, fue vista como una opción. Tácticamente, el magisterio provocó un efecto contrario a su lucha. Sus causas justas fueron rebasadas por la mecánica con que se conducen. A la prensa la insultan y la agreden como si los reporteros fueran quienes deciden la línea editorial, como si fueran los ejecutivos o los propietarios de los medios, como si fueran los que reciben la instrucción del gobierno para desacreditar a los maestros. La violencia contra quienes buscan la noticia, es injustificable. Tan reprobable fue la represión a los maestros en Plaza Lerdo, a flote la faceta criminal del gobernador Javier Duarte, como las agresiones de “maestros” a comunicadores. No todo el magisterio comparte esa táctica de lucha. Los maestros de Las Choapas, los de Agua Dulce, los de Coatzacoalcos, los de Minatitlán y Cosoleacaque, no van en la línea de afectar a medio millón de ciudadanos secuestrando la presa Yurivia. Identifican la mano negra del gobierno duartista y el tufo a la fidelidad. Crea el conflicto, hazte necesario y desinfla el conflicto. Así es la perversidad de los políticos, de Duarte y de Fidel. Lo cierto es que a los maestros no se les ve monolíticos. Un sector del magisterio va por su demanda original: la abrogación de la reforma educativa y deponer a Callejas, y otro, el de los porros normalistas, por sembrar el caos, bloquear carreteras, dejar sin agua a poblaciones enteras y si algo faltara, madrear periodistas. En el camino algo se olvidó: se trataba de joder al gobierno, no al pueblo. Archivo muerto Dueños de la calle, señores del desmadre, su territorio era eso, suyo, inexpugnable. Habían tomado avenida Universidad, cerca de Plaza Forum, al poniente de Coatzacoalcos. De acera a acera, los maestros bloqueaban el paso vehicular con el estribillo de la protesta, de sus derechos laborales atropellados por la reforma educativa. Aquella noche del sábado 12 de octubre, cientos de automovilistas los increparon, les reclamaban el abuso, la arbitrariedad de su causa social que pasaba por encima de los derechos del ciudadano. En respuesta, los “maestros” arrojaron piedras, ladrillos, escombro, todo convertido en proyectiles para repeler al pueblo. Hubo lesionados, golpeados en el cuerpo, en las piernas, en los brazos —entre ellos un familiar de este columnista—, víctimas de quienes se dicen “educadores”, sin demostrarlo. No todos son así, pero los de ese día sí actuaron como porros normalistas que piden respeto sin que se lo hayan ganado… Del expediente de Marcelo Montiel Montiel se extraen decenas de marrullerías y centenares de fechorías. Una de ellas tuvo que ver con el túnel sumergido, su obra cumbre, inflada en costos, técnicamente cuestionada, con fisuras uno de los elementos que yacen bajo el río Coatzacoalcos, latente el riesgo de un desastre mortal. Mano floja, Marcelo Montiel, en su primera alcaldía, dispuso en julio de 2001 que se le otorgara a la empresa BM el pago del proyecto ejecutivo por asignación directa, “tomando en cuenta que tenía avanzados estos trabajos desde hace meses”. Montiel, llamado entre la fauna política “La Esmeralda”, se cuidó de embarrarse solo las manos. Obtuvo la aprobación del cabildo, generosamente recompensados los ediles, y burlado aquello que la ley manda: convocar a una licitación pública. BM se llevó más de 15 millones de pesos, una parte pagada con recursos municipales y otra con dinero federal. Luego se sabría que BM estaba ligada al ex secretario general del Partido Acción Nacional, César Nava Vázquez, el mismo del tema del impuesto de traslación de dominio de las petroquímicas, un fraudazo a Pemex, como cuenta a detalle el libro “Camisas Azules, Manos Negras”, de Ana Lilia Pérez, hoy en el exilio. Historias de corrupción, de las que “La Esmeralda” Montiel sabe más de lo que se cuenta… Escándalo por venir: chica del jet-set político ve transformar su cuerpo, anida en su seno un nuevo ser, pronto el alumbramiento. Del padre se sabe que fue religioso; ya no se le ve. Por sus manos corrían ríos de dinero, sin registro y sin control. Se le cuenta un matrimonio maltrecho. Ah, y un escándalo de sangre. ¿De quién se trata? Le atinó. ¿Y el abuelo? Nada feliz, muy iracundo, las canas verdes y muy visceral… Regidor de oropel, servidor encubierto del PRI, Pedro Hernández ya le halló gusto al ayuntamiento, al roce político y a la nómina municipal. Marcelista sin pudor, ahora tiene a su hija, Martha Hernández, en lugar seguro, una regiduría en el próximo cabildo de Coatzacoalcos. Una vez en funciones, la niña panista será un voto más para el marcelismo, a cambio de uno que otro parquecito en la colonia donde reside o allá donde don Pedro tiene su capital político, obviamente construidos con la empresa contratista recomendada. Cuatro años será así, mientras en el PAN se preguntan los militantes si no habrá alguien más con talento, ética, honestidad e integridad para alcanzar una regiduría. O se trata sólo de tráfico de influencias, el beso del Pipo Vázquez Cuevas o los arreglos con Marcelo Montiel, de los que el panismo supuestamente se había librado. En lo que vino a terminar el PAN en Coatzacoalcos: una auténtica agencia de colocaciones, el fomento al nepotismo… INFORME ROJO
Mónica Robles: pecados guardados* Ofrece legislar para evitar asentamientos en zonas de riesgo * ¿Y los lotes donde reubicaría a colonos de la Fertimex? * Duarte pretende matar de inanición a sus alacranes mediáticos * Theurel vocifera contra Flavino Ríos * Con “una lanita” el Congreso lo va a encubrir * Gersaín canjea el Día del Empleado por 250 pesos * Fidel Ronzón se promueve para el gobierno joaquinista. 8 de octubre de 2013 Disfrazada de ecologista, Mónica Robles es de las que lanzan recetas mágicas para preservar el medio ambiente y algunos conjuros para salvaguardar a quienes habitan en zonas de riesgo, pero en su vida le ha tendido la mano alguien y, en cambio, solapó la venta de áreas verdes que su marido Iván Hillman, siendo alcalde de Coatzacoalcos, urdió y perpetró. Sus pecados son de omisión y, por supuesto, de soberbia. Pontifica cuando habla de la tragedia de Guerrero, los muertos, los reubicados, quienes perdieron todo, los sepultados por la montaña en La Pintada y ofrece con inusitado desparpajo que una vez diputada en funciones, legislará para que nadie, absolutamente nadie, enfrente en Veracruz una experiencia similar. Podría conmover su discurso si no fuera porque Mónica no es así. Sus días al frente del DIF Municipal permitieron escanearla y saber cuán grande es su inutilidad y aún mayor su ego. A su mausoleo llegaban las voces de ayuda, se multiplicaba el grito desesperado de quienes veían irse con las lluvias y las inundaciones su precario patrimonio, una vida plagada de miserias y hasta un hálito de dignidad. Y ante la dimensión de esa desventura, la señora Hillman sólo atinaba a repartir despensas, cobertores y algo de ropa. O sea, lo que indica el protocolo, nada más. Nunca fue sobresaliente en esa materia. No se le da la conmiseración. El DIF le sirvió para emprender una campaña de autoelogios publicitarios que terminó por saturar la paciencia de los lectores de periódicos, los audioescuchas en la radio y los televidentes, sin lograr el palomazo de una sociedad a la que Mónica Robles siempre ha menospreciado, pero que es bien correspondida. Lo de hoy es su discurso, una oda a la alegría. Se ofrece la señora de Hillman como baluarte para no permitir más asentamientos irregulares en zonas de riesgo y así preservar la integridad de los ciudadanos. ¿Sabrá de lo que está hablando la diputada electa? ¿Sabrá que es el PRI, el partido que la llevó al Congreso veracruzano, el principal auspiciador de esos asentamientos a cambio de votos? Ya antes trató de ser la buena samaritana y resultó un auténtico fiasco. Inundados hasta el cuello, alcanzados por la creciente del río Calzadas, en la zona pantanosa de Coatzacoalcos, los habitantes de la colonia Fertimex le pedían ayuda. Mónica Robles aceptó y prometió un sueño: reubicaría a por lo menos cien familias. Tocó puertas y obtuvo los cien lotes. Se realizó el estudio socioeconómico, se analizó la capacidad de pago y las condiciones del terreno. Se cubrió la tramitología y se acreditó que el proyecto iba. Cinco años después, los vecinos continúan a la espera de que la ex presidenta del DIF-Coatzacoalcos haga efectiva su palabra. Eso pasa cuando la lengua es más falsa que la imagen publicitaria, cuando la promesa hueca suplanta al compromiso real o cuando la tragedia de los otros sirve para medrar. Nadie sabe el destino de los cien lotes. Su valor, a precios de gobierno, oscilaba en los 7 millones de pesos y la factibilidad de uso para vivienda fue validada por la Dirección de Patrimonio del Estado, con el visto bueno del Ayuntamiento que encabezaba Iván Hillman Chapoy, esposo de Mónica Robles. Otro episodio de la incongruente vida pública de Mónica Robles tiene que ver con el turbio desempeño de su esposo en la alcaldía, el manejo inescrupuloso de los recursos y la constante violación a la ley. Ella, como siempre, silenciosa cómplice, convidada de piedra. Hillman cruzaba ya su último tramo de gobierno. Urgido de exprimir al ayuntamiento, un día llevó al seno del cabildo la venta de áreas verdes, sobre todo las que se encuentran entre las colonias Petrolera y Puerto México. Propuso el cambio de uso de suelo y la venta inmediata a una veintena de colonos que las requerían para ampliar sus inmuebles, para usarlas como cocheras o como acceso a sus viviendas. Salvo cuatro ediles que no asistieron a la sesión, el punto fue aprobado por unanimidad. Y así se le remitió al Congreso de Veracruz para su conocimiento y validación. Era un auténtico robo a Coatzacoalcos. Una vez que la Legislatura estatal lo tuvo en sus manos, identificó el abuso: Hillman obvió pasos, burló el procedimiento y transgredió la ley. Reconvenido por el Congreso, fue obligado a tragarse su soberbia y obtener de nuevo el acuerdo de cabildo para el cambio de uso de suelo de las áreas verdes y enviarlo para su aprobación en Xalapa; una vez avalado, ser remitido a la Dirección de Desarrollo Urbano del gobierno estatal y si no había objeción, de regreso en Coatzacoalcos, vuelto a la consideración del cabildo para proceder a la venta a particulares. Entonces pudieron sus amigos y protegidos engullirse las áreas verdes, un atentado al medio ambiente y al desarrollo sustentable. Desenfrenado, Iván Hillman cometió otro atraco en la colonia Esperanza Azcón y terminó llevándose entre las espuelas al gobierno de Veracruz. Propuso la asignación de un área verde a un grupo de colonos priístas, a quienes así les pagaba su incondicionalidad. Acordó en cabildo y validó el despojo. Días después, la Dirección de Patrimonio del Estado lo exhibió. Se trataba de un predio que habría de ser donado al ayuntamiento de Coatzacoalcos, pero que en los hechos aún pertenecía al gobierno de Veracruz por cuestión de trámites burocráticos. Y con ello quedó revertida la donación. Hecho público el constante atropello a la ley, Mónica Robles calló y solapó el despojo al pueblo de Coatzacoalcos, que por el afán enfermizo de Iván Hillman por el manejo de la tierra, veía perder algunas de las escasas áreas verdes con que cuenta la ciudad. Su discurso ecologista es tan falso como su compromiso con los colonos que habitan en zonas de riesgo. Ella misma, poseída por el conjuro de los colores cálidos y la devoción al arco iris, se agenció un parque público y lo convirtió en el parque Quetzalli, un remanso ambiental que ha resultado un jugoso negocio para la diputada electa por Coatzacoalcos. Generosidad es un concepto que no entra en su código mental. Si alguien lo sabe son sus empleados en Diario del Istmo, periódico del que es presidenta del consejo de administración, propiedad de su padre, el periodista José Pablo Robles Martínez, el jefe del Clan de la Succión, según el ex gobernador Fidel Herrera Beltrán. Un día sí y otro también, hay despidos injustificados, atropellos laborales, fabricación de delitos para no liquidar a empleados, juicios en Conciliación y denuncias públicas del gremio periodístico al que la diputada Mónica Robles dice pertenecer, aunque no haya escrito ni un telegrama o una tarjeta navideña. Mónica Robles es una mujer que vive anestesiada por el poder: su madre, Roselia Barajas, fue diputada federal del PRD, vía plurinominal, y hoy da pena verla sin capital político; su marido Iván Hillman fue alcalde de Coatzacoalcos, el peor hasta la desastrosa llegada de Marco César Theurel Cotero, y su padre José Pablo chupa de aquí y chupa de allá, del PRI, del PAN y del PRD, ocultando noticias al mejor postor. Sacerdotisa de los colores cálidos, Mónica Robles de Hillman está colmada de pecados ambientales, omisiones políticas y un aroma de complicidad. Difícil creerle si cuando pudo se burló de quienes viven en zonas de alto riesgo. Archivo muerto Años de vacas flacas, de penurias y apreturas, negro su futuro, asoman para la prensa vendida de Veracruz días de llorar. Les retirará Javier Duarte de Ochoa el subsidio millonario, la publicidad que sirve para colmarlo de lisonjas y para deformar la dramática realidad de Veracruz. Secas las arcas del gobierno, no hay con qué sostener ese aparato mediático extremadamente oneroso y tan poco eficaz, pues el hecho de repetir mil veces las mentiras del gobernador no han servido para inventar la realidad. Va la voladora para tan nefasta prensa. Algunos cobraron su última factura y ni las gracias les dieron; otros ya recogieron sus documentos de cobro y se fueron con las manos vacías. La orden ha sido tajante: si saben contar, que cuenten con la publicidad del gobierno de Veracruz pero a partir de enero próximo; antes, nada. Actúa así el gobierno de Javier Duarte con su ejército de serviles, pues ni para ellos quedó un céntimo. Es como un abuso de autoridad sin que el agraviado —o sea, la prensa vendida— pueda reclamar justicia… Imprudente, bocón, Marco César Theurel Cotero —“Te rompo tu puta madre”— tiene un gusto por exhibir sus cohechos y a sus cohechados. Su última la cuenta con sorna: Carlos Brito, su gurú, le sugirió buscar al líder del Congreso de Veracruz, Flavino Ríos Alvarado; “dale su lanita”, relata Theurel que le sugirió el maestro zen de priísmo, y desde entonces duerme tranquilo el alcalde de Coatzacoalcos, libre del asedio de la Legislatura. Coronó aquella genialidad de su mentor Brito con un atracón de carnes y trago a discreción en El Trocadero. De ahí salió a contar que con una “lanita” el Congreso de Veracruz le admitirá las cuentas públicas que no aprueba el cabildo, los gastos sin comprobar, las obras no autorizadas pero sí pagadas y mil corruptelas más. Quizá Flavino Ríos haya olvidado aquella anécdota en el restaurant Los Piquitos, el día del beso de caballeros de Javier Duarte al líder petrolero Carlos Romero Deschamps, cuando acudió al baño y según la versión que dispersara Theurel, cayó de bruces. Divertidos los theurelistas, llevaron chisme a su patrón, el joven alcalde de Coatzacoalcos, para que después lo supiera el mundo. Flavino Ríos es un artista de la memoria. Difícil suponer que haya olvidado aquella afrenta… Gersaín Hidalgo Cruz no proviene de un círculo de talento. Lidera a los empleados municipales de Coatzacoalcos por una traición y un padrinazgo político. Lo hace peor que mal, agraviados los derechos de muchos, amenazados la mayoría, sus plazas al mejor postor y su reserva de empleados eventuales convertidos en operadores del voto para que el dirigente pudiera ser regidor. Hoy enfrenta la furia de su gente. Les ha dicho que no habrá Día del Empleado, que el ayuntamiento está en quiebra, sin un peso de sobra. Gersaín ofrece 250 pesos a cada agremiado para compensar la falta de cortesía y ha provocado la condena de todos. Cada año, el festejo es una bacanal. Corre el güisqui, el brandy, el ron, la comida y los manjares, sobre todo los premios, estéreos, refrigeradores, estufas. Y ahora los quiere indemnizar con míseros 250 pesos. Gersaín olvida un detalle crucial: el festejo del Día del Empleado es contractual, obligatorio para el Ayuntamiento de Coatzacoalcos, para el alcalde Marco César Theurel Cotero —“Te rompo tu puta madre”—, a menos que quiera terminar arreglando su omisión en los tribunales laborales… Virtudes no tiene, pero Fidel Ronzón ya se ve en la silla del director de Recursos Humanos Municipales. Gonzalista desahuciado, sería la primera concesión entre los priístas rojos del marcelismo y los priístas azules que representa el ex candidato del PAN a la alcaldía de Coatzacoalcos, Gonzalo Guízar Valladares. Cuentan la historia los insiders de palacio, los que están por llegar y que se harán inquilinos de la presidencia municipal por los próximos cuatro años. No importan los pecados que dejó Fidel Ronzón en el reclusorio Duport-Ostión, reos fugados, tráfico de drogas, negocios mafiosos. Así es como funciona esa perversión que llaman gobernabilidad: a los enemigos todo, a los amigos nada. Éstos pueden esperar… INFORME ROJO
2 de octubre sí se enloda* Los mártires de Tlatelolco y su legado democrático *Los anarquistas de hoy, pagados para desacreditar * Duarte y el magisterio, duelo a muerte * Le sitian Xalapa al gobernador * El empresario inmobiliario y sus transas * con J de Jaime y Q de Quintanilla * El PANAL ya perfila candidatos * Gamboa Pascoe presidirá congreso de CTM en Veracruz. 3 de octubre de 2013 Año con año, el 2 de octubre camina en dos sentidos: el que conduce al recuerdo de la masacre estudiantil que marcó al México de hoy, y el de la violencia artificial, desatada por los grupos anarquistas, criminales sin rostro que marchan sin reivindicar nada, destruyendo, robando, asaltando para enlodar la memoria de un episodio nacional que abrió nuevos cauces de expresión social. Evoca el clímax del conflicto estudiantil con el régimen autoritario, el gobierno fascistoide y represor de Gustavo Díaz Ordaz, un gorila con poder y mente criminal que aplastó la protesta, la exigencia de respeto a la autonomía universitaria, la demanda de libertad a presos políticos y la apertura democrática con el recurso de las armas. Corría el año de 1968. México replicaba la agitación estudiantil mundial, el andar de los universitarios franceses, la hora de los jóvenes, la solidaridad del magisterio, los médicos golpeados y encarcelados por exigir respeto a sus derechos laborales, y con ellos la izquierda clandestina y el activismo social. Aquel movimiento estudiantil arrancó con una gresca. Jóvenes de las vocacionales 2 y 5 se enfrentaron a miembros de la preparatoria particular Isaac Ochoterena. Aquella agresión mutua provocó la intervención del cuerpo de granaderos del DF que terminaron allanado las instalaciones universitarias. Celosos de su autonomía, los estudiantes exigieron el cese de los jefes policíacos y la desaparición del cuerpo de granaderos de la policía capitalina. A esa demanda sumarían otras: la libertad de los presos políticos confinados en Lecumberri por el delito de disolución social, entre ellos los líderes ferrocarrileros Demetrio Vallejo y Valentín Campa; elevar el nivel educativo y la calidad de la educación universitaria; abrir cauces a la democracia y acabar con las prácticas fraudulentas del PRI; apertura en los medios de comunicación, y la desacralización del presidente, convertido en un monarca sexenal. ¿Se parece en algo al México de hoy? Habría de sacudirse el país desde aquel 26 de julio, cuando ocurrió la gresca estudiantil y la intervención de los granaderos, hasta el 2 de octubre al ser aplastado el movimiento por la mano gangsteril de Díaz Ordaz. Se sucedían huelgas, universidades en paro en provincia, la adhesión de catedráticos, entre ellos un símbolo de la lucha social, Heberto Castillo, que a la postre iría a la cárcel, el campesinado; Eli de Gortari, tío de quien a la postre sería presidente de México, Carlos Salinas de Gortari; los obreros, organizaciones agrarias y miles de activistas sociales que exigían el cese del Estado autoritario y el fin del presidencialismo déspota. A diario salían los jóvenes a las calles y a diario recibían palizas de la policía. Llevaban la represión en la piel, tundidos a culatazos, a patadas siniestras, y muchos de ellos paraban en las mazmorras de las delegaciones por el solo hecho de ejercer su derecho a la protesta. Tenía México los ojos del mundo encima. Sede de los Juegos Olímpicos, que iniciarían el 12 de octubre, el país vivía días negros y teñidos de sangre. Díaz Ordaz acusaba un complot internacional que sólo su mente enferma podía concebir. Finalmente, acicateado por los grupos radicales, reprimió brutalmente a los estudiantes. 2 de Octubre no se Olvida, dice la arenga 45 años después. Aquella tarde, en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, se habían concentrado de miles de estudiantes. Fallido el intento de disuadirlos, amenazados de sufrir la acción policíaca con el absurdo argumento de que ese mitin no estaba autorizado —¿autorizado?—, los jóvenes persistieron en su encomienda sin advertir la trampa. Instalados en el edificio Chihuahua, los líderes del Comité Nacional de Huelga enumeraban sus demandas, escuchados desde el piso superior por agentes del gobierno infiltrados, vestidos de civil, con el guante blanco que distinguía al Batallón Olimpia, un grupo criminal integrado por elementos del Estado Mayor Presidencial, guardias presidenciales y de la Dirección Federal de Seguridad, entonces a cargo del veracruzano Fernando Gutiérrez Barrios. Una bengala lanzada desde la Torre de Tlatelolco iniciaba la masacre. Volaron dos helicóptero sobre la Plaza de la Tres Culturas. Transcurrirían unos minutos para el ataque. Desde el edificio Chihuahua, el Batallón Olimpia inició los disparos. Unos alcanzaron a elementos del Ejército que custodiaban la Secretaría de Relaciones Exteriores y que se acercaban a la masa estudiantil; otros proyectiles dieron en la humanidad de los asistentes al mitin. Por horas reinó el caos. Todo mundo se protegía. Unos buscaron refugio en los departamentos. De ahí fueron sacados a rastras, golpeados, acribillados. Oficialmente fueron 20 muertos. Versiones de periodistas nacionales y extranjeros revelaban que la cifra era entre 200 y 300 y un número escandaloso de heridos y detenidos, unos confinados a la cárcel de Lecumberri, otros al Campo Militar No. 1, sin se que se les remitiera a las agencias del Ministerio Público. Muchos nunca aparecieron, pues los cuerpos eran recogidos por el Departamento de Bomberos, trepados sin vida en camiones de basura, para nunca más volver a saber de su existencia. Hay quien escribió que murieron más de mil 500. Raúl Álvarez Garín, Eduardo Valle, Félix Hernández Gamundi, fueron algunos de los líderes detenidos. Otros, como Marcelino Perelló, reaccionaron y condenaron en ruedas de prensa la brutalidad del régimen diazordacista. Poco informaba la prensa. Los nacionales eran amedrentados en sus redacciones, sometidos los directivos y más los dueños por el control oficial. A los corresponsales extranjeros, el gobierno los hostigaba, mientras en Europa se realizaban movilizaciones de repudio al presidente criminal. Aquella gesta, aquellos mártires, aquel episodio marcó a México y a los mexicanos. Monolítico, soberbio, el régimen priísta sería forzado a abrirse a la democracia, a entregar espacios de poder, a ceder el control del Congreso, a respetar el voto de castigo, gubernaturas y alcaldías en manos de la oposición. De ahí la trascendencia del 2 de Octubre, vivo el recuerdo de aquellos jóvenes —hoy ancianos y algunos que ya se han ido— que con sus ideas, con sus ideales, con sus demandas genuinas, con su lucha por la libertad de los presos políticos y la derogación del delito de disolución social, usado por el gobierno para encarcelar a los enemigos; con su valor para enfrentar a un régimen criminal, abrieron los espacios de expresión y manifestación pública que hoy pueden gozar los mexicanos. “2 de Octubre no se Olvida”, gritan en las calles los estudiantes de aquel 68, en el DF, en las capitales estatales, en recuerdo de los que murieron y su gesta, el parteaguas del México moderno, una revolución sin armas que modificó la relación gobierno-sociedad y que dejó fuera de Los Pinos al PRI por doce años, marcado su regreso por el fraude y por el repudio social. Eso se lo debemos a los jóvenes del 2 de octubre. En la otra vía, también en las calles, hoy está la infiltración de los anarquistas. Sin rostro, embozados, cobardes, nada tienen que hacer el 2 de octubre como no sea generar el caos. Agreden a la policía, allanan negocios, rompen cristales, lanzan petardos, bombas molotov. Pelafustanes pagados, los mal llamados anarquistas —Flores Magón lo fue, pero sin agresión alguna, con ideas, honesto, comprometido con la sociedad, reprimido, perseguido y exiliado— sólo sirven para enlodar el recuerdo de la tarde-noche de Tlatelolco, trágica pero histórica. 2 de octubre no se olvida, pero sí se enloda. Emisarios de la violencia, año con año enturbian el recuerdo dramático del movimiento estudiantil del 68. A eso los envían. Vándalos, ellos sí, dan la imagen del caos, violadas las leyes, el ataque impune a los cuerpos policíacos, convertidos en desmitificadores del episodio de Tlatelolco. Esa es su misión. 2 de octubre sí se enloda. Pero no se olvida. Archivo muerto Será por iluso o por imprudente, o por un iluso imprudente, pero el gobernador Javier Duarte de Ochoa ha de recordar aquel día en que dijo que el movimiento magisterial en Veracruz no prendía. De entonces para acá, Xalapa es un caos, Plaza Lerdo está en manos de sus adversarios; marchan a diario por la avenida Lázaro Cárdenas; los normalistas, los padres de familia, los estudiantes de secundaria, los telebachilleres, todos están en pie de guerra. Xalapa, la capital del territorio jarocho, fue sitiada el martes, bloqueados sus accesos y las líneas de autobuses tuvieron que cancelar corridas. Se movilizan los maestros en Veracruz, Orizaba, Coatzacoalcos, Minatitlán, Las Choapas, con su argumento irrefutable: la reforma educativa no es educativa, es laboral. Marcha el magisterio rebelde reclamando sus derechos y también mentándole la madre a sus líderes del SNTE, gusanos vendidos y sumisos al servicio del régimen de Peña Nieto y del proyecto que privatiza la educación. Javier Duarte ya ensayó la opción del garrote, de los bastones eléctricos, de la agresión artera en Plaza Lerdo, y lo único que vio fue crecer la revuelta magisterial. Quiere ahora que los maestros se enfrenten a los maestros; que los padres de familia echen a los paristas. O sea, la solución de fuerza, pero enviando a sus emisarios a que se llenen de lodo, mientras él se perfuma las manos. Está dicho: Javier Duarte no sirve para las grandes empresas políticas… Vive metido en líos judiciales, señalado de despojo, falsificación de sentencias, denuncias por fraude, cobro de indemnizaciones por tierras que no son suyas y un rosario de ilícitos más. Es un adalid del delito. Pronto será portada en una conocida revista nacional, su fama circulando de estanquillo en estanquillo, sus jugarretas legales a detalle. Pseudoempresario inmobiliario, lo más que lo tienta es el juego de la especulación, cuentachiles que compra a 5 y vende a 10, sobre todo las casas y terrenos ajenos. Una pista: sus iniciales son J de Jaime y Q de Quintanilla. ¿Algo más?... Presuroso, el Partido Nueva Alianza se apresta a iniciar el juego de la diputación. En el distrito 11, el distrito de Coatzacoalcos, contempla dos cartas: Víctor Márquez Fernández y José Manuel Villegas Pérez, integrantes de Alianza por Coatzacoalcos y operadores que obtienen votos sin que medio dinero, sólo por la lealtad de su gente en colonias y congregaciones. Inicia pronto el PANAL, como en su momento lo hizo Joaquín Caballero Rosiñol, primero diputado federal y ahora alcalde electo de Coatzacoalcos. La fórmula es el posicionamiento de imagen y las ganas de enfrentar a priístas que son más de lo mismo… Presidirá Joaquín Gamboa Pascoe el congreso de la CTM en que será reelecto Enrique Ramos como líder en Veracruz. Será en el World Trade Center de Boca del Río, este sábado 5. Hoy viernes se realiza el consejo estatal, donde definirán qué centrales cetemistas regionales ocuparán las carteras del comité veracruzano. Por Coatzacoalcos asiste Carlos Manuel Vasconcelos Guevara, cuya CTM, con 106 organizaciones con toma de nota, es la más numerosa de Veracruz…
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