UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Símbolos
24 febrero de 2014
Cual maléfico lunes, nuevamente el tema emergente opaca a una celebración
cívica. La recaptura de un delincuente cuyo cinismo e impunidad obliga a
sospechar de fuertes complicidades con la gente del poder –político,
mediático y económico- no solo en nuestro territorio, sino en puntos
importantes de la aldea global. ¿Es casualidad la operación, justo cuando el
pueblo clama castigo a los funcionarios despilfarradores señalados por la
ASF? ¿No son también criminales los que usan nuestros impuestos para
promover su imagen como lo hacen delegados y diputados en la ciudad de
México? La mayoría de ellos presumen del cambio de luminarias en sus
demarcaciones y cargan ese costo a sus presupuestos ¿Por qué no se les
investiga por falsedad en declaración, si todos saben que en realidad lo
pagaron con fondos diversos -federales, de auto-generados o de partidas
vecinales- sin que justifiquen que hicieron con lo birlado?.
Mientras la impunidad continúa, hoy serán muy pocos, los que de verdad se
emocionen al pensar o celebrar el día de nuestro mayor símbolo: La bandera.
Entre la compulsión manipuladora de los medios –sobre todo electrónicos-
la cancelación de la educación cívica, y el interés maligno de los enemigos
de México, un número muy reducido de niños y jóvenes, entienden el
significado de los símbolos, el origen y evolución del “lábaro patrio”
cuales motivos impiden que se use la bandera en la moda –en el vecino del
norte, vemos las estrellas y las rayas hasta en la ropa interior- ni mucho
menos la solemnidad que la ley ordena para el manejo de éstos.
Desde los grupos más simples –aun en aquellos no alfabetizados- las ideas
expresadas en signos han sido la forma de comunicación constante. En pleno
siglo XXI figuras, pictogramas y en general símbolos cercanos a lo que fue
la taquigrafía, son elementos visuales que facilitan la trasmisión de
conceptos y la pronta respuesta de comunicados.
Representar una idea mediante gráficos, colores, y en general elementos
que además se han consensuado y aceptado socialmente, es el mejor camino
para la percepción, el registro en la memoria y la asociación del símbolo,
con valores distintivos que refuerzan los lazos del grupo que les adopta. Si
como dijo Aristóteles, pensar impone el visualizar imágenes, algunas de
estas –como sería el caso de la bandera- supone la correlación, con Patria,
Nación, héroes, historia, soberanía, orgullo del ser ciudadano etc. ¿Tiene
en mente la fecha en que se estableció nuestra bandera? ¿Saben sus hijos
cuantas variables ha tenido la bandera de México a lo largo de los más de
200 años que como nación apenas celebramos hace 4 calendarios?
¿Porque a la bandera se le considera un símbolo y que diferencia hay
entre este y otros como los religiosos –cruces, peces, cuentas, velas etc.-
o los políticos? Si nos remontamos al imperio romano, encontraremos que los
legionarios usaban enseñas, por cual se asume que fueron ellos quienes
llevaron esta idea a Europa. Los visigodos también portaban distintivos
aunque al parecer eran rígidos y, no es sino hasta la presencia de los
musulmanes en la península ibérica que se inicia el uso común de paños de
telas ligeras, en forma de banda o estandarte. Los cruzados, asumen esta
forma de distinguirse y llevan sus pabellones a territorios lejanos, y así
el “Francón” germano, pasa por la “bande” francesa y nos llega como bandera
a través de los españoles. Antes de que una bandera fuera considerada como
insigna de nacionalidad, los reyes, grupos de poder o linaje, diseñaron y
usaron estandartes que les identificaban. La bandera vigente con esencia
nacional más antigua es justamente la danesa y resulta lamentable que
celebraciones como la de hoy, sea sustituida en las mentes de la
generaciones jóvenes por la euforia de la captura de un delincuente al que
se le componen corridos y hasta se le incluye en las listas de los mas ricos
del mundo.
El significado de este símbolo cívico que es nuestra bandera, está
asignado, entre otros muchos documentos, en la ley sobre la bandera, el
escudo y el himno nacionales, cuyas variables deberían conocer los educandos
cuando menos en sus versiones de 1984 y 2012. Poco sentido tiene el marchar
de una banda escolar cada lunes, si los chicos no saben que han representado
los tres colores de la bandera a los largo de la historia. ¿Conoce gente que
piensa que nuestro lábaro es una bandera italiana con escudo mexicano?
¿Sabía que incluso las medidas de su diseño están marcadas en la ley? ¿Por
qué hay ceremoniales diversos para izarla, retirarla, pasarla de un grupo a
otro e incluso saludarla? ¿Ha observado como es que muchos gobernadores, se
llevan la palma de la mano al corazón ignorando que este gesto es propio de
los anglos sajones? El permitir que esto se convierta en uso común ¿pretende
que borremos lo que nos distingue de otras comunidades países y
antropologías? ¿No fue suficiente el encanto de los espejitos para borrar a
los mayas, los aztecas y tantos otros que hora se afanan en redescubrir?
Ojala que Usted y sus hijos indaguen y celebren dignamente el día de la
bandera.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Envanecidos
17 febrero de 2014
Pasado mañana, tendrá lugar la Cumbre de Líderes de América del Norte, no
en la capital de la república mexicana, ni en una playa turística, tampoco
en alguna ciudad que implique remembranza de eventos históricos en favor de
la soberanía o en defensa de la patria, sino en Toluca. Todo el programa
gira en derredor de temas económicos, esos que cobraron primacía cuando se
ponderó un TLC cuyas consecuencias no han sido ni la disminución de la
pobreza, ni el fortalecimiento de la clase media en nuestro país tratado
como colita de león que, en la evolución de este feroz felino, espera
deshacerse de dicho apéndice lo más pronto posible.
En los corrillos y medios del vecino central del TLC, se da por sentado
que el señor Obama tiene como tarea, convencer de las ventajas del Acuerdo
Traspacífico de Asociación Económica (TPP) como una manera de fortalecer los
intereses de los tres firmantes, hace 20 años, del TLC. Por supuesto el tema
de “apoyo” –léase intervención de soberanía, al rival más débil en estos
tratados- seguirá vigente en retórica que, de avanzada ya ha preparado el
ánimo colectivo con declaraciones acerca del horror de las acciones del
crimen organizado en materia de drogas, trata de personas, venta de armas,
expresiones incontrolables de violencia en Michoacán y otros puntos del
territorio con fuentes de riqueza[1] incalculable. ¿De verdad a los grupos
transnacionales de poder, representados por el presidente de los Estados
Unidos de América, les interesa combatir al narcotráfico? ¿Cuáles son las
verdaderas intenciones con relación a este impresionante negocio cuya
tendencia “moderna” parece ser una mezcla perversa de estatización y
privatización legitimadas? ¿La reforma migratoria seguirá siendo la
zanahoria por la cual se logra que el burro continúe avanzando con todo y su
pesada carga? ¿Quién mueve a individuos que oficiosamente intentan salvar a
los Estados Unidos de una responsabilidad inocultable? Estos “espontáneos”
que surgen para acallar las auténticas voces invitando a la reflexión,
entienden ¿que al expresarnos también lo hacemos en favor de los pobres[2] y
marginados de los Estados unidos? ¿Cuáles son los temores de Joe Biden,
vicepresidente, al cual no convencen argumentos que dese el 2004, han
expresado los opositores al TLC y hoy al TPP? Se ha dicho que el PRD de los
chuchos busca una reunión con Obama por el tema del petróleo ¿Les mueve una
auténtica defensa de México, o simplemente quieren ser invitados a la
partida del pastel?
Pareciera que la estrategia de informar con verdades a medias tiene como
su principal ejemplo esta cumbre, donde lo esencial es justamente lo que no
se ha dicho y por ello las preguntas son muchas y las respuestas pocas y
evasivas. ¿Es casualidad el regreso de Calderón justo unos días antes de la
cumbre toluqueña? A quince años de la privatización de un medio tan
importante para el traslado de personas, transporte de mercancías y
mejoramiento de la infraestructura que tenía ferrocarriles de México,
¿cuáles han sido las ventajas para México y su pueblo? ¿Tiene algún asomo de
culpa el ex presidente Zedillo por estos resultados? Y el tercer “ex” autor
de esta ponderación de lo económico ¿aparece para demostrar que él también
puede vanagloriase del programa global de un capitalismo rabioso con dominio
casi absoluto en el mundo?
Y mientras algunos esperan que temas como el calentamiento global o la
salud pública sean de interés para los gerentes políticos de las naciones,
en el control de masas del siglo XXI, de forma similar a lo ocurrido en el
imperio romano, hay poco pan y mucho circo. A los cristianos no se los comen
los leones, pero si negocios emergentes y de coyuntura[3], a los disidentes
no se les recluye en cárceles o pabellones psiquiátricos, basta con
señalarlos en los medios para que las masas los repudien y; a los ejércitos
de individuos inocentes, se les entusiasma para caminar en peregrinajes
culturales convertíos en competencia mediática –“cuantos Feligreses mas
llegan esta año a la basílica”- se les consulta sobre el uso de mariguana o
se les invita a debatir sobre el destino de la mariposa monarca.
Hace más de dos mil años un ciudadano romano de origen hebreo, difundió
por medio de uno de sus discípulos jóvenes una texto compacto que pretendía
recordar los principios básicos que los seguidores de los apóstoles parecían
estar olvidando. El autor, Saulo de Tarso mejor conocido como Pablo, recordó
a su pueblo –que eran básicamente gentiles o sea no hebreos- cuales eran los
principios a seguir y que no tenían que ver con lideres envanecidos por
disputas necias de hombres[4] “corruptos de entendimientos y privados de la
verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia…. Porque los que quieren
enriquecerse caen…. en muchas codicias, que hunden a los hombres en
destrucción….porque la raíz de todos los males es el amor al dinero….” No se
si tales males incluyan contradicciones como criticar a un presidente
extranjero porque reprime la libertad de expresión y al mismo tiempo trabaja
en casa para regular las marchas y manifestaciones libres a las que se ve
obligado un pueblo ignorado y desoído. Tampoco me da el espacio para
comprender porque los delegados, que tienen presupuesto para mantener en
óptimas condiciones la ciudad, deben ser apoyados por una acción conjunta de
ciudadanos y policías que cada fin de semana pintarán banquetas y recogerán
basura; pero lo cierto es que estamos dirigidos por personas envanecidas por
un poder temporal que ya nadie respeta.
[1] No es solo petróleo, sino materia prima para la minería, recursos
biológicos de gran valor para la industria de medicamentos, agua, puntos
estratégicos como aduanas, para el comercio mundial, jóvenes inteligentes y
bien preparados por nuestras universidades públicas y hasta ejércitos de
personas famélicas dispuestas a trabajar casi en límites de esclavitud para
sobrevivir etc.
[2] Son millones –se hablo de 30 en los años 80- de niños a lo largo del
territorio que no tienen acceso a los satisfactores básicos.
[3] de superación personal –dese una paseada por valle de Bravo, San
Miguel Allende e incluso algunos pueblos famélicos del Edo. Mex y vea
cuantos “santuarios” se ofertan para mejorar su espíritu- de mejoramiento
físico: spas, pilates, aerobicos y yoga; y cuente cuantos grupos pseudo
cristianos, pseudo judíos y pseudo musulmanes están proliferando en todo
México
[4] Primera carta a Timoteo 6: 3-10 La Biblia
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Justicia desbalanceada
10 febrero de 2014.
Con todo y la crisis humana de autoridad y de credo, autores como Max
Horkheimer, Theodor Adorno y Jürgen Habermas, se vieron precisados a asumir
que “… la religión, o cuando menos el sentimiento íntimo de que Dios existe,
tiene una importancia decisiva para la realización de una sociedad más
razonable y más justa, para una ordenación plausible de lo existente ……” a
fin de determinar porqué el signo de los tiempos, en el marco de un
positivismo rabioso, sufre las consecuencias de los muchos pensamientos
desacralizadores en los cuales Dios carece de sentido absoluto, con lo que
muere la verdad eterna.
Esto viene a cuento por el riesgo de acostumbrarnos a endurecer el
corazón como resultado de la injusticia reiterada, por haber convertido la
moral en cuestión de gusto subjetivo o capricho de unos cuantos; y
consecuentemente el anhelo de justicia cumplida, parece ser el más demandado
en una aldea global, donde la contienda –por igual la que ocurre entre dos
individuos en la escuela, que la muerte a escala inimaginable por la lucha
interna de una nación- ocurre de manera cotidiana y casi siempre aderezada
de mentira y odio que se revierten en contra del propio ser humano.
En una realidad de profundas injusticias entender sufrimientos
inevitables como el infortunio –por despilfarro o malos tratos físicos o
psicológicos- la vejez, el dolor y la muerte necesariamente apela a la
urgencia de “religarse” con una instancia que garantice la justicia; una
justicia en la cual los platos que miden y pesan el actuar humano estén
balanceados. ¿Se logrará esto con las recién promulgadas reformas
constitucionales para la transparencia? ¿Por qué los órganos existentes para
dicho fin –Secretaría de la función pública por ejemplo- fueron incapaces de
detener las acciones depredadoras de una presidenta de CONACULTA, en contra
de vecinos de un barrio habitacional violentado?[1] ¿Será fatalidad que las
leyes de transparencia revienten por el lado débil de una sociedad
entusiasta y participativa merecedora de recursos, a fin de trabajar por el
bien común y dejen impunes a burócratas irresponsables que no realizaron
bien su trabajo de registrar? ¿Con que vara se mide a un organismo pseudo
público que se apodera de los bienes que produjo un grupo de ciudadanos
conscientes para llevar salud, educación o gestoría social a los marginados?
¿Cuántos casos conoce en que se haya aplicado justicia al miembro de la
familia que actúa con sevicia en perjuicio de su esposa, hijos, hermanos o
ancianos padres?
En la mayoría de las veces el conglomerado social se enfrenta a
innumerables sufrimientos e injusticias originadas por los grupos de poder
–oficiales si se trata de ministerios públicos, jueces que deciden según les
marque su propio interés mesquino- políticos mediocres destructores de
entornos y sociedades; comerciales como farmacéuticas y fabricantes de
alimentos que distribuyen cosas de mala calidad y hasta medios de
comunicación productores de propaganda mentirosa acerca de todo lo anterior.
En un mundo convulsionado donde a un delegado de la ciudad capital le
importa más la instalación de parquímetros que la recolección de basura, el
suministro de agua y la seguridad en las colonias, la añoranza de que estas
condiciones de sufrimiento e injusticia no sean lo definitivos en su
entorno, puede, por igual resultar en respuestas violentas e irracionales,
que en luchas organizadas y constantes. ¿Será la moral, los valores
tradicionales y en algunos casos las religiones con estructura lo que hagan
la diferencia? Difícil de responder, en un entono en el que el ladrón de
casa habitación, no debería de salirse con la suya por sobre la angustia de
la victima inocente[2].
Los casos de crueldad –en los homicidios, secuestros y hasta cuidados de
ancianos- mezclan por igual el maltrato físico y el psicológico ¿Cuántas
parejas o hijos terminan muriendo por la sevicia sin que siquiera se inicie
una averiguación? ¿Qué políticas públicas tiene el Estado para evitar que
individuos dañados anden por la vida perjudicando a otros? Estos enfermos
están conscientes del daño que hacen? Fotos como la de un criminal desnudo y
cubierto de billetes ¿Son una forma de promover la relación injusta, la
sevicia y la violación a los derechos fundamentales? ¿El abuso en la
corrección disciplinaria en contra de los hijos se atiende con justicia? o
termina el perpetrador libre y los niños presos en una institución que
seguramente no les dará mejores tratos.
Hay una gran diferencia entre la justicia social que permite educación
igualitaria para todos y las políticas de limosna, becando a algún miembro
de la familia más con sentido electorero y ánimo crematístico para los
negocios escolares. Tampoco hay justicia balanceada para evitar el hambre,
sin evitar detener el consumismo irracional a fin de poner un alto a las
enfermedades de la obesidad y, seria sano revisar si la auténtica libertad
de credo al liberarse de manera irresponsable, ha dado como resultado,
aberraciones en sí mismas inequitativas y prestas a aprovechar de manera
perversas la necesidad humana de contar con amarres teológicos y morales.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Constitución de 97 años
3 febrero de 2014.
A escasos 3 años de convertirse en centenaria, la constitución de 1917,
“fruto del primer movimiento social que vio el mundo en el siglo XX”[1], ha
perdido su esencia. Son muchas las causas que provocan esta percepción, pues
más allá de reformas en textos tendientes a la “modernización” quizá la más
maléfica es el abandono de muchos ciudadanos y gobernantes, del anhelo y el
propósito de vivirla.
El nacimiento de este maravilloso texto, del cual aun quedan algunos
vestigios, surgió de la decisión de mexicanos orgullosos de serlo y, por
ende, decididos a preservar conquistas ganadas en el ámbito social, que en
sí mismas conllevan la dignidad de la naturaleza humana. A lo largo del
texto original de esta constitución, la “libertad” nos atrapa aun cuando la
palabra no sea explícita, por tratarse de un concepto abstracto que encierra
la prerrogativa de la persona para conducirse acorde a su voluntad, sin más
limites que el derecho de otros. Tiempos hubo en que frente a los intentos
de grupos retrógrados que pretendían destruir el producto de “la obra más
bella que se puede esculpir, una mente y un corazón que realizan un destino
humano”[2], México en su conjunto reaccionaba defendiendo “La carta Magna”,
cuyo precedente significó llevar los anhelos de libertad –aderezados de
justicia e igualdad- hasta el extremo de sacrificar la propia vida. Hoy esa
obra parece una simple pieza de museo, de la cual hablan personaje indignos
de representar los anhelos del pueblo.
En una retórica sin sustento, la libertad se ha convertido en instrumento
de enfrentamiento colectivo. Unos exigiendo derecho a circular, a mantener
su entono habitacional sin cambios basados en el interés crematístico o a
recibir del gobierno vivienda, educación y servicios de salud dignos y otros
a manifestar sus inconformidades desoídas, mediante escritos, juicios y en
el extremo en marchas, bloqueos o toma de espacios que llamen la atención
del funcionario irresponsable. ¿Cómo se puede pedir al ciudadano que ame su
Constitución y la defienda, si autoridades judiciales usan sus textos para
“darle palo”? ¿Pueden los padres que llevaron a sus hijos a la guardería
ABC, confiar en una Constitución por cuya interpretación no se les permitió
acceso a la justicia? ¿Cuántos comités vecinales, grupos organizados del DF
o de zonas de conservación, han visto que los jueces, en largos textos les
dan la razón –en litigios por uso de suelo- pero al final se excusan de
condenar a los infractores buscando recovecos de formulismos puestos en la
Ley, justamente para vulnerar la libertad de los gobernados?[3] ¿Aprenderá a
ser libre un niño víctima de bulling, al cual sus maestros no defienden?
¿Qué entienden por libertad los menores considerados objeto y moneda de
cambio entre cónyuges que se acusan mutuamente y solo pueden ver a los hijos
con “supervisión” de un trabajador social adscrito al juzgado? ¿Es libre la
madre a la cual un yerno, sin más sustento que su poder enfermizo, le impide
ver o tener una conversación a solas con su hija? ¿De que forma afecta el
ejercicio de la libertad de otros, una persona que por la viudez o el
divorcio, manipula la voluntad de los hijos para borrar de su memoria a
familiares cuya presencia le resulta incómoda o le produce culpa?
El texto original de la constitución de 1917 tenía como sustento el
“anhelo colectivo de elevar el nivel de existencia y otorgar un nuevo modelo
para entender la política, el derecho y la moral”[4] hoy, a escasos tres
años de cumplir su centenario, se presume en el extranjero los cambios
realizados y que en esencia son contrarios a su espíritu original. En dos
días estarán listos los discursos preparados por quienes no vacacionaron en
el impulso turístico del pasado fin de semana largo. Para desgracia del
pueblo hablarán de dignidad los indignos, de justicia los injustos y de
libertad los opresores. Unos defenderán la esencia dinámica de lo ahí
plasmado por una comunidad, que decidió su forma de organizarse y otros
dirán que es la norma de normas aun cuando por la influencia global se le de
mayor fuerza a los tratados internacionales; lo único seguro es que habrá
fiesta, libertinaje discursivo, nota periodística.
Pocos reconocerán la muerte del Estado de Derecho, pues esa calificación
solo la merece aquel capaz de “detener al poderoso y proteger al débil”,
posibilidad inexistente, cuando en la norma básica y las secundarias, se ha
nulificado la esencia social que fue orgullo para México hace 97 años.
Esencia social para asegurar al hombre que “vivir no es sinónimo de sufrir”
y que por el contrario vivir “supone aliento para gozar de la existencia y
tratar de superarse …..cada quien según sus posibilidades y necesidades a
partir del concepto de igualdad de oportunidades”[5] La tinta de los diarios
y el software de las computadoras darán cuenta de libertad de expresión,
religiosa, de enseñanza, de pensamiento y hasta sexual; pero poco se dirá
con honestidad de la forma en que la libertad esencial -inclusive
psicológica o metafísica- está siendo vulnerada en reformas estructurales
decididas por minorías, cuya simulación extrema parte de la descalificación
de las instituciones, dejando de lado a la mayoría de la gente.
[1] Jorge Carpizo M. La constitución mexicana de 1917. 1982 Tercera
edición.
[2] Ibídem
[3] Coyoacán tendría muchos ejemplos y uno de ellos es el haber plantado
una librería, en medio de zona habitacional, con un gasto injustificable y
violando, no una sino muchas normas, incluso constitucionales.
[4] José Vasconcelos Que es la revolución México 1937 P. 91
[5] Jorge Carpizo M. La constitución mexicana de 1917. 1982 Tercera edición.
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