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INFORME ROJO

Mussio Cárdenas Arellano

Caso Goyo Jiménez: de migrantes a meseras sexuales

* La otra historia, contada por el blog de Luis Velázquez * Un militar, el crimen organizado y el silencio oficial * La lengua larga del Cisne Silva * Gina enlodaba con correos electrónicos a los periodistas, admite * Carlos Vasconcelos trina contra el alcalde * Poncho’s Gym hace competencia desleal * Alianza por Coatzacoalcos se va por la libre * Amante hoy, primera dama después.

26 de febrero de 2014

A nadie lo matan por llamarle “cantina de mala muerte” a una cantina de mala muerte. Los matan, como a Goyo Jiménez de la Cruz, por indagar y meter la nariz en un negocio más sórdido: la trata de blancas, el comercio de carne, el tráfico de migrantes, la esclavitud sexual.

Goyo Jiménez, el reportero de Notisur, Liberal del Sur y La Red, atesoró esa información y documentó el secuestro de indocumentados, los hechos de sangre, las agresiones, pero también la impunidad que nace de la complicidad y el disimulo oficial; la falta de acción de la policía, pues más vale un “entre” que cumplir con el deber legal.

Ahí, en El Palmar, la cantina de Teresa de Jesús Hernández Cruz, autora intelectual del levantón y crimen, según el gobierno duartista, hubo de todo y hasta lo impensable: ofrecían refugio a migrantes centroamericanos y luego los retenían; a las mujeres las convertían en meseras, una opción de trabajo mientras proseguían su camino a la frontera, y después debían vender sexo.

Sabida, conocida la historia, a la vista de todos, Goyo Jiménez penetró como pocos en las entrañas de El Palmar y el bajo mundo en que se movía su dueña, hasta que la mañana del miércoles 5, a las puertas de su hogar, en Villa Allende, municipio de Coatzacoalcos, un comando lo “levantó”.

Desaparecido, nada se pudo hacer para hallarlo. La policía actuó con pasmosa lentitud. Se le habló pero llegó dos horas después, según la viuda, Carmela Hernández.

Goyo Jiménez provocó que la prensa se uniera, que saliera a las calles, que ejerciera presión, que apretara al gobierno de Veracruz. Exigió acciones, motivó reacciones, marchas y manifestaciones en todo México y actos de solidaridad a nivel mundial.

Se sabría luego que al periodista lo mataron el jueves 6, un día después de su plagio, que fue torturado, que imploraba perdón, que lo trataron con saña y finalmente lo degollaron. Su cadáver fue hallado en una fosa clandestina, el martes 11, en el poblado Polanco, en la colonia J. Mario Rosado del municipio de Las Choapas, zona de tráfico de migrantes, de robo de ganado, refugio de delincuentes y matones, el feudo del diputado local Renato Tronco.

Ignorada por la Procuraduría de Veracruz, por el gobernador Javier Duarte de Ochoa, esa pista va más allá de la venganza personal que se reduce a que Goyo Jiménez escribió que El Palmar era una “lugar de mala muerte” y que hubo un conflicto amoroso entre la hija del periodista y el hermano de la dueña de la cantina, con una agresión perpetrada por Teresa de Jesús Hernández Cruz.

Trata de blancas, privación ilegal de migrantes, prostitución obligada, la complicidad de la policía y el encubrimiento político al crimen organizado, conforman la pista que el gobierno duartista no quiere tocar.

De ese tema habló el portal blog.expediente.mx, del periodista Luis Velázquez, en su sección Crónicas, el 13 de febrero, dos días después del hallazgo del cadáver.

Teresa de Jesús Hernández, “la mesera”, “Mamá Tere”, como le llaman, había enfurecido por la nota de Goyo Jiménez en que reseñaba un pleito en la cantina El Palmar, con saldo de un herido, Gilberto Torres Reyes, vecino de la colonia Miramar, que pudo salir y pedir auxilio. Juró la mujer cobrarse el “agravio” porque en el voceo le enlodaban su congal. Lanzó amenazas y luego se las escupió a Goyo Jiménez cara a cara.

No era esa información el motivo de sus rencores, de su ira, sino saberse descubierta en su negocio real: el tráfico de indocumentados y los servicios sexuales obligados.

Dice blog.expediente.mx:

“Y es que para muchos vecinos, no es extraño que la mesera empleara a mujeres con nacionalidad salvadoreña, hondureña, guatemalteca; mujeres que llegaban ahí con la promesa de ir al norte del país, para luego conquistar el sueño americano, pero en ese andar, se topaban con este tipo de trabajos, mesereaban, daban servicios sexuales y luego se las volvían a llevar. Sin embargo, las autoridades a pesar que se enteraban de la situación, nunca hicieron nada. Quizá, recibían dádivas, descuentos, por no ejercer acción legal en contra de los administradores del bar.

“Goyo Jiménez, siempre denunció en sus notas informativas lo que sucedía en el Allende que lo vio nacer, crecer y hacerse un hombre de trabajo, ahí en esa comunidad, donde estudiaban sus hijos, y donde el ambiente de ilegalidad es lo que impera; en ese nido —dicen los vecinos— de delincuentes, pero que ninguna autoridad se ha detenido a frenar.

“No sólo contó lo que pasó esa vez en el bar, la riña que dejó ver que en esa palapa había ilegalidad. Existía una lucha de poder y una venta de sexo irracional; también denunció que en el bar escondían a ilegales, que eran llevados, para luego continuar su camino al norte de México. Es decir, Teresa, la presunta autora intelectual, era pollera”.

Refiere el texto blog.expediente.mx que una de las hijas de “Mamá Tere” se hizo amante de un militar avecindado en Hueyapan de Ocampo. Vivieron su amorío. Él, Sergio Servando Montalvo, pasaba más tiempo con la hija de Teresa Hernández que en su casa grande, pero en 2011, un amigo suyo, Gaspar Gómez Jiménez, llegó a la alcaldía de aquel municipio. Lo nombró inspector de policía, en cuya gestión proliferaron asaltos, robos y secuestros. Luego rompieron.

“Sergio Servando Montalvo, el soldado, regresó a Coatzacoalcos. Volvió a Allende, en busca del amor que encontró en la hija de ‘Mamá Tere’ y al que nunca renunció, ya no como parte del Ejército Mexicano, como elemento municipal. Volvió —según él— como un integrante de la delincuencia organizada y si su suegra antes se sentía protegida, ahora era peor. Tenía el campo libre, todo a la disposición para cometer actos delictivos en el bar ‘El Palmar’, actos que el reportero Goyo Jiménez, narraba en sus notas informativas para los medios La Red y Notisur, para los que trabajaba”, refiere blog.expediente.mx.

Citlali Sáenz Hernández, hija de “Mamá Tere”, dice el blog del periodista Luis Velázquez, también profirió amenazas contra Goyo Jiménez de la Cruz. Citlali era la amasia del soldado Sergio Servando Montalvo. Soberbia y engreída, “le advirtió a toda la familia, que no se siguieran metiendo con ellas, porque les iba a pesar y que ellos más que nadie sabían quien era su marido, donde trabajaba y lo que era capaz de hacer”.

Remata blog.expediente.mx:

“Así fueron las amenazas en contra de Gregorio Jiménez de la Cruz por parte de un par de mujeres, que dieron cobijo al crimen organizado, que vivieron toda su vida en la ilegalidad, protegidas por las autoridades, sin que nadie pudiera hacer y detenerlas”.

Teresa de Jesús Hernández está en prisión, sujeta a juicio, acusada de ser la autora intelectual del levantón y muerte del periodista. ¿Y su hija Citlali, por qué no?

A nadie lo matan por llamarle “cantina de mala muerte” a un tugurio como El Palmar, pero sí por descubrirle a “Mamá Tere”, la pollera, su negocio de trata de blancas, de tráfico de ilegales, de comercio y esclavitud sexual, del que hizo víctimas a decenas de mujeres indocumentadas que vieron frustrado su viaje a la frontera.

Goyo Jiménez lo investigó y documentó. Pero de esa pista nadie quiere saber.

¿Por qué?

Archivo muerto

Cola larga y lengua más larga, la de Alberto Silva Ramos, nuevo coordinador de Comunicación Social en el gobierno de Veracruz: en los tiempos de María Gina Domínguez Colío, su antecesora, hubo guerra de lodo, vía correos electrónicos, contra la prensa incómoda. Sabíalo medio estado, pero ahora sí, oficialmente y por primera vez, admitido. No era aún Silva el vocero del desastre duartista. Faltaban horas y en confianza, lejos de las cámaras y las grabadoras, en Coatzacoalcos, el Cisne de Tuxpan incurría en una delación reveladora, impresa en las páginas de Notiver, nota de Víctor Pineda, el jueves 20: “las redes sociales seguirán pero se eliminarán los ‘bots’ que difunden acciones de gobierno y los correos que golpean a periodistas”. Gina Domínguez, Madame Perversa, exhibida por su sucesor como la mente manipuladora que a partir de tretas informáticas daba rienda a la descalificación de los periodistas críticos, los que cuestionan los desatinos y zarandajas del gobernador de Veracruz. Vaya pues con el nuevo vocero que a horas de ser designado ya hablaba de más y ponía a la luz las suciedades de Gina, una joya de revelación, y también de indiscreción, usados los recursos públicos para arremeter contra la prensa incontrolable, obviamente desde la cobardía del anonimato, con tufo fiel y mano duartista. Algo de semejanza tiene con lo que ocurre en Quintana Roo, allá donde opera Othón González, el de las maletas de Fidel hacia Panamá; algo que Lydia Cacho ya documentó y de lo que aún dará mucho de qué hablar. Es malo tener la cola larga, pero tener la lengua larga es peor. Don Cisne ya comenzó… Trina Carlos Vasconcelos Guevara, líder de la CTM regional, contra el alcalde Joaquín Caballero Rosiñol, falto de palabra, sin nada que honre la cuna que lo vio nacer. Había prometido el alcalde de Coatzacoalcos que su regidor primero, Juan Pablo Sosa González, vasconcelista, tendría la comisión de hacienda; no fue así, pues se la confirió a Felipe Ángel Hernández Pulido, orgullo del nepotismo de Ramón Hernández Toledo, líder de la Sección 11 del sindicato petrolero, marcelista, que por lo que se ve ya no tiene de quien echar mano y opta por la familia y por alguien que sí se preste a los cochupos que suelen hacerse con los recursos municipales. Para José Luis Vasconcelos Ramos, sobrino del líder de la CTM, sería la Dirección de Comercio; al final le salió que iría a Atención Ciudadana. Irritado, Carlos Vasconcelos expresó: ni eso ni nada. Arrió las velas y zarpó a surcar otros mares. Se quedó el alcalde Joaquín Caballero sin el apoyo de la CTM, uno de los tres sectores del PRI, políticamente una mala señal. Cuentan los insiders que allá, en su residencia de Zamora, en vivo, un florido repertorio de mentadas profirió Vasconcelos… Arranca su programa de acción Alianza por Coatzacoalcos, incluida su base legal y la afiliación de gestores en colonias y congregaciones. Jefaturado por Víctor Márquez Fernández y José Manuel Villegas Pérez, Alianza por Coatzacoalcos tendrá en 2015 propuesta independiente para la diputación federal. Por lo pronto, hay en su corto historial cuatro figuras que impulsaron en la contienda municipal y que pudieron llegar al ayuntamiento de Coatzacoalcos: Juan Manuel Rodríguez Caamaño, Noriel Prot Álvarez, José Antonio Chagra Nacif y Gersaín Hidalgo Cruz, el primero secretario del ayuntamiento y los otros tres, regidores. El próximo año, según sus dirigentes, Alianza por Coatzacoalcos se va por la libre… Queja justificada del propietario de un gimnasio ubicado en la segunda calle de Quevedo: en el edificio de tesorería le hacen competencia desleal. Ahí, en el quinto piso, funciona el Poncho’s Gym, zona reservada para musculosos y metropuñales, los de abdomen marcado, al gusto de la cofradía reinante. A diario hay pasarela, observados tras un cristal polarizado, con expresión única: este sí, este no, este sí, este no. ¿Cuánto le cuestan al erario esos caprichos y tanta excentricidad?… Sentencia municipal: amante hoy, primera dama después. Recuérdese a la secretarias del funcionario de obras o a la asesora del secretario, y por ahí se apuntan las bailarinas del síndico, las damas de hierro. Para dignificar la política…


INFORME ROJO

Mussio Cárdenas Arellano

El Cisne Silva: cómo encarceló al periodista Manrique

* Un montaje, la extorsión y un juicio inducido * Exhibió a su hijo en las redes sociales y luego reclamaba privacidad * El vocero del gober, enemigo de la prensa crítica * ¿Son los asesinos de Goyo Jiménez o quién encubre al crimen organizado? * Víctor Rodríguez sólo tendría un voto, el de su hermano Felipe.

22 de febrero de 2014

Puede ser frívolo, exhibicionista, malandro y abusivo, y hasta estar en la mira del crimen organizado, pero el peor y mayor defecto del nuevo vocero del gobernador Javier Duarte, Alberto Silva Ramos, es esa obsesión enfermiza por encarcelar rivales y si son periodistas, mejor.

Demencial, su nombramiento es la expresión más pura del gobierno de ocurrencias que distingue a Javier Duarte, una contradicción descomunal pues si la ex coordinadora de Comunicación Social, María Gina Domínguez Colío, era repelente a la prensa crítica, su sucesor es, por decir lo menos, una amenaza potencial.

Silva Ramos, alias El Cisne, fidelista de medio pelo, encumbrado en el duartismo —dice el gobernador que primero los amigos y después los honestos— y narcisista patológico, asumió la Coordinación de Comunicación Social del gobierno de Veracruz, el jueves 20, para encanto de sus apologistas y para el enfado de quienes le han sufrido y padecido sus excesos.

Acusada de enriquecer a los industriales del periodismo, de dilapidar los recursos asignados al área de prensa y los que de manera subterránea entrega a los medios y a los periodistas a modo, un ejército de zánganos que cobran por cada aplauso y por cada línea que garabatean, Gina se fue con el fracaso a cuestas, su gobernador en el peor nivel de popularidad, pero eso sí, cargada de riqueza, de ostentación, de podredumbre y de soberbia.

Perniciosa, malaleche, Madame Mordaza comenzó a desteñirse cuando apenas le amanecía a la pandilla próspera. Su muerte política fueron los escándalos por la serie de crímenes de periodistas, diez en el sexenio duartista, el peor récord entre los regímenes democráticos a nivel mundial, siendo los de Milo Vela, columnista y editor de la sección policíaca de Notiver; Regina Martínez Pérez, corresponsal de la revista Proceso, y Gregorio Jiménez de la Cruz, reportero de Notisur, Liberal del Sur y La Red, la gota que derramó el vaso, evidencia del caos y la violencia en que se realiza el periodismo crítico en Veracruz.

Su relevo es, sin embargo, una incongruencia con sello duartista. Alberto Silva Ramos, efímero secretario de Desarrollo Social, sólo duró en el cargo seis meses. Asumió la SEDESOL estatal el 12 de agosto de 2013, aunque su rol estelar lo tuvo antes, cuando con mano sucia y la maleta cargada destruía la alianza PAN-PRD por el encargo del gobernador real Fidel Herrera Beltrán y el pseudogobernador Javier Duarte de Ochoa.

Silva no es publirrelacionista ni tampoco funcionario eficiente. Pasó por la alcaldía de Tuxpan y la endeudó como nadie: 277 millones de pesos; perdió un pleito con el IMSS, que agregó otros 80 millones a su debacle; derrochó en imagen personal y se dio el lujo de traer a la encueratriz Larissa Riquelme, posar con un macroposter de Playboy donde la nena exhibía el nalgódromo y luego la hizo de cura de pueblo: la bautizó como “La novia de Tuxpan”.

Siendo candidato a la alcaldía, prometió encarcelar a su antecesor, Juan Ramón Gánem, y así lo hizo. Iniciaba su desastrosa administración, en enero de 2011, cuando en las redes sociales pedía a gritos verlo tras las rejas. Se congratuló cuando meses después lo vio en prisión. Y se indignó cuando el ex presidente municipal resarció los 8 millones que le imputaban y recobró su libertad.

Se cuentan en sus haberes otras fechorías. Una de ellas fue el montaje con que pudo encarcelar al periodista Jorge Ricárdez Manrique, autor de la columna Del otro lado del Cristal, el 8 de mayo de 2011, cuando el duartismo comenzaba a hacer de las suyas y se cumplía aquella premonición de que diez comunicadores que habían sido críticos con Javier Duarte terminarían encarcelados, perseguidos, acosados, enlodados.

Manrique venía documentando el doble discurso, el doble engaño, la demagogia barata y la doble vida de Alberto Silva. Quien miente en casa, le miente al pueblo, decía el periodista.

Acreditaba elementos para un reportaje sobre el delfín duartista, incluidos los daños causados durante la campaña por la alcaldía de Tuxpan a grupos y personas, priistas y no priistas, empresarios y jóvenes, campesinos y sindicalistas.

Silva, maniobrero, engañador, presumía a Emiliano Alberto, un hijo que había procreado fuera del matrimonio. Subía sus fotos a Facebook y recibía un buen de comentarios.

Riguroso en el método, Manrique recurrió a las fuentes directas a partir de un hecho: siendo parte de su vida privada, El Cisne se hacía responsable de hacer públicas las fotografías de su pequeño Emiliano Alberto, producto de su relación con la señora Elsa Basáñez, implícita la infidelidad, el engaño, la calidad moral del político.

Así caminó en su investigación. El punto era que mientras Silva Ramos presumía al vástago, a poco de asumir la alcaldía de Tuxpan, su esposa Celin, una dama de origen cubano, aún a sabiendas de la burla de que era objeto, se convertía alegremente en titular del DIF. A la luz estaba el desliz pues el mismo Silva Ramos había puesto en las redes sociales el producto de su nuevo amor. O sea, marido y mujer se sabían todo y todos estaban contentos.

Un texto titulado “El Cisne Beto Silva”, hecho llegar a Jorge Manrique el 20 de abril de 2011, describe al hoy vocero del gobernador como “el soltero más codiciado” durante la campaña por la alcaldía de Tuxpan, “a pesar de mantener una relación estable con una linda Xalapeña de nombre Elsa, con la cual procreó a Emiliano”. Otro elemento de la doble moral del priísta.

Al saberse investigado, “El Cisne Constructor”, otro apelativo contenido en el texto en alusión a los millones invertidos en pavimentación por la benevolencia del gobernador Duarte, pretendió cooptar a Manrique. Le ofreció publicidad. Luego dádivas. Manrique siguió adelante. El operador era Erick Rosales Morales, su tesorero municipal.

Terminaría armando un montaje, vía un periodista y un editor de radio: Alejandro de la O Fernández y Carlos Antonio Ortiz, allegado éste a la entonces coordinadora de Comunicación Social del gobierno de Veracruz, María Gina Domínguez Colío.

Aquel escribió un correo en el que decía que “el periodista” exigía un millón de pesos para no sacar a la luz el reportaje y que había que “ayudar” al mentado Silva. ¿A qué extorsionador se le ocurriría enviar desde su cuenta de correo electrónico un mensaje y con ello dejar huellas incriminatorias?

Manrique fue citado en Plaza Ánimas, el 8 de mayo de 2011. Alejandro de la O supuestamente le daría información sobre El Cisne Silva. La celada estaba puesta. Alejandro de la O se encontró con un enviado del alcalde, Eduardo Alonso Morales King, jefe de escoltas del alcalde de Tuxpan, por instrucciones de Erick Rosales. Le entregó un maletín con pacas de dinero —30 mil pesos en billetes—. Se aisló para contar el dinero y en ese momento le cayó la policía. Además, toda la escena estaba siendo videograbada.

Minutos después Manrique recibió un mensaje de De la O. Acudió y fue aprehendido. Junto con él iba el constructor Isaías Armenta, a quien también detuvo la policía. El único que no pisó la cárcel fue Carlos Antonio Ortiz, el allegado a Gina Domínguez. Clarísima trampa.

Remitido al cuartel de San José, Jorge Manrique fue tratado como delincuente de alta peligrosidad. El 9 de mayo un convoy de ocho patrullas lo trasladó al penal de Pacho Viejo. Se le consignó por extorsión y se le dejó a su suerte, en manos de Zetas. Las amenazas iban y venían. Manrique a expensas de delincuentes, sometido al terror día y noche.

Y afuera, en los medios, una campaña infame. Usaron a la prensa vendida, a sus textoservidores, mercachifles de la pluma, para bañar de lodo a Jorge Manrique.

Reynaldo Escobar, entonces procurador, le hizo saber que no era su asunto sino del gober.

Pudo sortear su infierno gracias a otros presos políticos que le dieron cobijo y neutralizaron a las bandas que tenían el encargo de tablearlo hasta morir, similar a lo que ocurrió con Carlos Jesús Rodríguez, dueño del portal gobernantes.com, molido a golpes tras ser aprehendido el 10 de mayo por una denuncia por lesiones que reactivó la pandilla duartista.

Sabíase perseguido no por casualidad. Jorge Manrique había tenido una actitud crítica, documentada, indomable hacia Javier Duarte antes y durante la campaña por la gubernatura de Veracruz, en 2010. Cuestionaba su falta de solidez política, la improvisación y ser sólo una imposición del entonces gobernador, Fidel Herrera Beltrán, un títere a modo. Y le sacó a relucir su cuestionado doctorado en la Universidad Complutense de Madrid.

Figuraba Jorge Manrique en aquella lista negra que diera a conocer el periodista Carlos Lucio Acosta y a la que hiciera referencia Manuel Rosete Chávez en su columna Apuntes. Los diez del patíbulo serían perseguidos, encarcelados o desacreditados. Con Manrique, Carlos Jesús Rodríguez, Claudia Guerrero, Manuel Rosete y Mussio Cárdenas se cumplió el vaticinio.

Ahora el lodo se lo vacían, vía Facebook, a Noé Zavaleta, Jorge Morales, Claudia Guerrero, Roberto Morales, Maryjose Gamboa y una decena de periodistas más.

Pasó seis meses en el penal de Pacho Viejo. Vertiginoso el juicio, según la causa penal 149/2011/IX, Jorge Manrique fue condenado por el delito de extorsión, pero por la baja penalidad pagó una elevadísima fianza y pudo recuperar su libertad.

Proscrito del escenario periodístico, muy contados medios le dieron cabida a sus columnas. Sus amigos políticos lo abandonaron, alertados todos de no osar desatar la furia de Javier Duarte, el autopremiado gobernador “defensor de los periodistas”.

Marrullero y vil, Alberto Silva desató su obsesión carcelaria en el periodista Jorge Manrique. Decía que no permitiría que nadie ventilara la vida e imagen de su hijo Emiliano Alberto, cuando que fue él, entonces alcalde de Tuxpan, quien lo hizo en diversas ocasiones, una de ellas el 13 de abril de 2011, en una cuenta de Facebook, de la cual existe evidencia para cuando el señor Cisne quiera debatir.

Así son los absurdos del gobernador de Veracruz. Un empleado que encarcela periodistas, convertido en el nuevo titular de Comunicación Social. Pa’ incongruencias, don Javier.

Lo que es tener mente criminal. Un aplauso, por favor.

Archivo muerto

Formal prisión, como era de esperarse, a Teresa de Jesús Hernández Cruz y cinco secuaces, ella como autora intelectual y ellos como sicarios, presuntos culpables, por el crimen del periodista Gregorio Jiménez de la Cruz. Se les imputa el levantón, ocurrido el 5 de febrero, el asesinato perpetrado previa tortura hasta degollarlo, y su inhumación en una fosa clandestina del poblado Polanco, en la colonia J. Mario Rosado del municipio de Las Choapas. Inverosímil, el móvil más “consolidado”, según la ex vocera del gobierno duartista, María Gina Domínguez Colío, es la venganza personal, aunque la presión de los periodistas y las organizaciones de derechos humanos obligó a que el gobierno de Veracruz haga como que sigue la pista del trabajo periodístico de Goyo Jiménez, quien trabajó para Notiver, Liberal del Sur y La Red. Formal prisión aunque a muchos no convence que algunos de los detenidos y procesados sean los asesinos sino el crimen organizado por lo que publicaba y, sobre todo, investigaba el reportero… Soñador, iluso patético, Víctor Rodríguez Gallegos pregona que será el próximo diputado federal por Coatzacoalcos, con la bendición no del pueblo porque ese no cuenta; no del gobernador Javier Duarte, que no pasa de ser un estorbo político, sino con el visto bueno de su padrino Marcelo Montiel Montiel, desaforado delegado de la Secretaría de Desarrollo Social en Veracruz, cargo que usa para el futurismo político y en sus ratos libres para cumplir las tareas que le encomendó su jefa, la ex perredista salinista Rosario Robles Berlanga ex de Pierna Ahumada, pues su tiempo lo pierde proyectando a su subdelegado administrativo, el tal Víctor Rodríguez. Tan despegado de todos, hasta de los marcelistas, cuando menos un voto sí tendrá seguro Víctor Rodríguez, el de su hermano Felipe, el único que cree en tan demencial proyecto. No más…


INFORME ROJO

Mussio Cárdenas Arellano

Caso Goyo Jiménez: el diputado y socios, bajo sospecha

* Las redadas en Las Choapas * El feudo de Renato Tronco, en la mira * Tráfico de migrantes y de drogas, abigeato, extorsión sindical, ejecutados y mutilados * El crimen organizado, la impunidad y la protección oficial * Goyo Jiménez, asesinado en uno de los enclaves tronquistas * Federico Lagunes y el robo del área verde.

18 de febrero de 2014

Sabiendo cómo es, sabiéndole la esencia delictiva al diputado Renato Tronco Gómez, y la de sus amigos y socios, la policía de Veracruz no buscó a Gregorio Jiménez de la Cruz en Las Choapas a partir de una corazonada. Lo hizo porque conoce quién, por qué y de a cuanto se protege ahí al crimen organizado.

Tierra de nadie, administrada por un cacique en ciernes, Las Choapas y sus alrededores es un escenario de violencia cotidiana, de levantones, de migrantes extorsionados o asesinados, corredor de droga, de robo de ganado, de agresiones policíacas al amparo de la impunidad, de ejecutados que aparecen a orillas de carretera, torturados y mutilados, de muertos desmembrados que yacen en fosas clandestinas.

Ese feudo, del río Tonalá al río Coatzacoalcos, el distrito electoral 30 de Veracruz, son los dominios, no políticos pero sí extralegales del diputado Renato Tronco, el administrador del bajo mundo con la venia del gobernador Javier Duarte de Ochoa y la bendición del ex gobernador Fidel Herrera Beltrán.

Ahí, en Las Choapas, del 7 de febrero a la fecha, se vive una cacería humana motivada por el “levantón”, dos días antes, del periodista Gregorio Jiménez de la Cruz, cuyo cadáver apareció en una fosa clandestina, el martes 11 en el poblado Polanco, en la colonia J. Mario Rosado, en territorio tronquista.

Presionado por la prensa que exigía hallar con vida al reportero de Notisur, Liberal del Sur y La Red, que salía a las calles a protestar, que lo ridiculizaba públicamente —“si no pueden, renuncien”— y que le destazaron a sus enviados —Erick Lagos, el retorcido secretario de Gobierno; Felipe Amadeo Flores Espinoza, desprocurador, y María Georgina Domínguez Colío, la vocera inútil—, la noche del jueves 6 de febrero, el gobernador implementó acciones de fuerza que impactaron en el feudo tronquista.

Al día siguiente, el viernes 7, la policía de élite de Seguridad Pública arremetió contra socios de Renato, protegidos, empleados y también contra taxistas, usuarios, petroleros y ganaderos, en una oleada que incluyó hasta el desarme y detención del jefe de la policía municipal, Wilfrido López Vicente, esbirro número uno del ex alcalde Tronco Gómez.

Aquello fue un festín de agresiones. A unos les pegaron con razón y a otros sin razón. Allanaron domicilios, encañonaron a sus moradores, sembraron miedo. A Ismael Thomé Becerra, jubilado de Pemex, le robaron celulares, un Ipod, alhajas y dinero en efectivo. A su familia, nueve miembros, incluidos niños, los mantuvieron pecho a tierra, con las armas apuntándoles, aterrorizados.

No era casual la acción alevosa de la policía duartista. Thomé Becerra, “El Muñi Muñi”, vive en la colonia J. Mario Rosado, cerca de donde habrían de hallar el cuerpo del periodista Gregorio Jiménez. Pero él nada tuvo que ver.

Jornada de zozobra, ese viernes 7 en cuestión de minutos Las Choapas se llenó de retenes. Decenas de taxis eran revisados minuciosamente. Uno de ellos, el 125, aún más. La policía duartista halló en su interior un teléfono celular. Exigían saber de quién era. Nadie, ni el conductor ni los pasajeros se hacían responsables. Y que se cargan a todos con rumbo desconocido, presumiendo que algunos de ellos fueran “halcones”. Algunos de ellos regresarían a sus hogares intimidados, golpeados, amenazados. Y de ahí a denunciar al MP.

A eso de las 14:40 horas, López Vicente se percató de la presencia de unidades policíacas. Quiso acercarse. De inmediato lo rodearon. Fue desarmado. Le retiraron su pistola, una Pietro Beretta, calibre 9 milímetros; su radio y su credencial de director de Seguridad Pública Municipal. El esbirro mayor de Tronco, tratado como delincuente. Qué agravio para Renato.

Unas 25 patrullas de Seguridad Pública se adueñaron de Las Choapas. Doce se apostaron sobre el bulevar Antonio M. Quirasco. El resto se diseminó en las colonias Tiburoneros, Aviación, Campo Nuevo y J. Mario Rosado, ahí donde cuatro días después hallarían el cuerpo de Gregorio Jiménez, torturado, mutilado y enterrado en una fosa clandestina.

Irritado por la acción arbitraria, Ismael Thomé acudió al Ministerio Público. Ahí se llevó una sorpresa: se hallaba el comandante de la Agencia Veracruzana de Investigaciones (AVI), esposado, detenido, en manos de sus mandos superiores y de los elementos de Seguridad Pública. Después sería relevado, concentrado en Xalapa. ¿Por qué?

Avanzaban los efectivos de la SSP sobre la avenida 20 de Noviembre. Llegaron al desguasadero de Jesús Uribe Esquivel, uno de los prestanombres de Renato Tronco, sin un centavo en el pasado reciente, ahora millonario constructor y dueño del negocio Grúas Tou. (Uribe fue de los que suscribieron aquel desplegado en que lincharon públicamente al entonces regidor Alfredo Pérez Juárez, asesinado mes y medio después, siendo Renato Tronco alcalde de Las Choapas y, según la Procuraduría estatal, autor intelectual del crimen). Revisaron cada centímetro del lugar, pero no hallaron al periodista.

Una decena de choapenses fueron “levantados” por la policía de élite de Javier Duarte, embozados todos, sin dar la cara, oculta su identidad.

Al día siguiente, Renato Tronco se engalló. En carta enviada a diversos medios de comunicación, arremetía contra la policía “ramboide” del gobierno de Veracruz.

Disfrazado de hombre moral, el diputado por Las Choapas disertaba sobre la conducta honesta de los servidores públicos y el respeto a los derechos de la sociedad. Vaya con el tipo si cuando era alcalde apaleaba ciudadanos con su policía violenta, “ramboide”.

“Entendemos de la necesidad del actuar; pero que sea de manera eficiente, eficaz y respetuosa por parte de las corporaciones policíacas, no como desgraciadamente lo lleva a cabo nuestra policía estatal; quienes no buscan quién se la hizo sino quien la pague. Como lo ocurrido el 7 de los corrientes en Las Choapas con el ciudadano Ismael Thome Becerra.

“En actos por demás desesperados o total incompetencia que son de dominio público. Ahora me explico cuánta razón tienen los periodistas en su reclamo.

“El actuar irresponsable, ilegal y “ramboide” de los policías nos obliga a pensar que hasta podrían haber sido ellos quien levantaron al periodista o ser responsable de más actos que se le achacan a la delincuencia, es la única manera de explicarnos su actitud y prepotencia.

“Sr Secretario

“En realidad es muy lamentable que a la sociedad veracruzana se nos esté obligando a creer que es de la policía “acreditada” de quien deberíamos cuidarnos.

“Esto podría ser también motivo de creer que tienen razón los policías municipales despedidos de Coatzacoalcos, nos puede orillar a que tienen razón los de la sierra de Soteapan-Tatahuicapan y sus alrededores, como también da razón a la sociedad de Jalcomulco quienes enfrentan una problemática con la empresa Odebrecht ; en fin podría dar razón a tanto reclamo social.

“Ofrezco mi criterio, experiencia y análisis de lo antes expuesto, estoy abierto al diálogo, análisis o debate para que juntos busquemos Soluciones, no problemas”.

Evidente y abierta la amenaza, no es la defensa del pueblo choapense lo que mueve a Renato Tronco a enfrentar al gobierno estatal, a increpar de refilón al titular de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez Zurita, autor del zafarrancho. Le llama “Sr Secretario” pero no se atreve a citarlo por su nombre.

Le duele al cacique en ciernes, aprendiz del poder a la brava, el allanamiento del negocio de Jesús Uribe, constructor beneficiado por su gobierno, en la mira del sistema por su súbito enriquecimiento. Le enchila la redada en el poblado Polanco, en la colonia J. Mario Rosado, su feudo, donde tiene una buena cuota de seguidores y esclavos electorales, ahí donde sería hallado el cuerpo de Gregorio Jiménez y la casa de seguridad donde lo tuvieron privado de su libertad, donde lo torturaron para que cantara antes de ultimarlo.

Muy gallo estaría Tronco, pero de nada le sirvió alzarle la voz al gobierno duartista, pues las redadas continúan, ahora con seis desaparecidos más, entre ellos una jovencita de 15 años, todos “levantados” por los de la camioneta blanca, en que se mueve la policía de élite de Seguridad Pública y los AVI’s de Enoc Maldonado Caraza, el fiscal de hierro de Duarte.

De sus casas, del parque Juárez de Las Choapas y hasta de un motel, fueron sacados los seis choapenses. Sus familiares los buscaron en las corporaciones policíacas de aquel municipio y de Coatzacoalcos. Nadie les da razón de ellos.

Intensa, la búsqueda de más implicados en el asesinato del periodista Gregorio Jiménez de la Cruz no es casual en Las Choapas. En el feudo de Renato Tronco el crimen organizado se mueve a sus anchas: paso de migrantes, muchos de ellos son extorsionados mientras otros mueren por no pagar a las bandas delincuenciales impunes; su territorio es una vía abierta al tráfico de drogas; siendo una zona ganadera de alto registro, el abigeato es cosa de todos los días; los asaltos carreteros, sobre todo en la Ocozocoautla-Raudales-Las Choapas, está considerado de los de mayor incidencia en el país; a diario hay ejecutados y mutilados.

Tronco es el rey en la tierra de nadie, en el territorio sin ley. Regentea el diputado a los sindicatos de obreros y es él, ningún otro, ni el gobernador Javier Duarte, quien decide que obras le son contratadas a las organizaciones gremiales, previo pago del diezmo.

Ese control sobre los sindicatos obreros que le trabajan a las empresas que perforan pozos para Pemex, ha provocado batallas entre los afiliados, agresiones, violencia sin fin, baleados a manos de los “coyotes” del legislador. Y cuando un dirigente se rebela, es “levantado” por la policía municipal, y por el mismo director de Seguridad Pública, el hoy vilipendiado Wilfrido López Vicente, y llevado a la presencia del aprendiz de cacique.

Es Las Choapas el refugio de las bandas del crimen organizado que operan en Villa Allende, Nanchital, Ixhuatlán del Sureste, Moloacán y Agua Dulce, todo el distrito 30, el Coatzacoalcos Rural, representado en el Congreso de Veracruz por Renato Tronco.

Sin protección política, sin encubrimiento oficial, sería imposible que pudieran actuar los sicarios que levantan ciudadanos inocentes en cada uno de esos lugares, que ejecutan, que mutilan, que arrojan a sus víctimas a orilla de la autopista Coatzacoalcos-Villahermosa, o que los sepultan en fosas clandestinas.

No es casual que la embestida de Seguridad Pública y la AVI se haya dado en Las Choapas. Es el feudo de Renato Tronco, su territorio, donde abundan las casas de seguridad y es refugio de matones. No fue corazonada que ahí hubieran hallado el cuerpo de Goyo Jiménez.

Por eso, Renato Tronco y sus socios están bajo sospecha.

Archivo muerto

Rufián de marras, Federico Lagunes decía defender las áreas verdes, regresar a Coatzacoalcos lo que los vivales le habían arrebatado. Tuvo en la mira hasta aquellas de las que su patrón, Iván Hillman Chapoy, siendo alcalde, dispuso como quiso. Discurso puro, rollo para el que se lo crea, Pulgoso del Istmo terminó sus días de regidor convertido en el ladrón al que siempre aspiró ser. Detenta hoy un área verde de casi 2 mil 382 metros cuadrados. Documentado, el caso muestra que desde hace un año el Ayuntamiento intenta ejercer su derecho sobre el predio pero el señor Lagunes, el ex regidor, otrora cirilista, ahora roblista y mañana quién sabe, se resiste porque, dice, el gobernador Javier Duarte le permite eso y más. O sea, el que hace no la paga. ¿Que dónde está en predio robado? Luego les paso el croquis y la documentación oficial…


INFORME ROJO

Mussio Cárdenas Arellano

Caso Goyo Jiménez: se desmorona el gobernador

* Repudio a las condiciones de inseguridad de los periodistas en Veracruz * Milo Vela y el “primo incómodo” de Javier Duarte * Regina: crimen sin castigo * Goyo: su trabajo periodístico, la pista que no quiere investigar * La Opinión de Los Ángeles pide que renuncie el gober * “Cínico, opaco, impune, intimidador”, le dice.

17 de febrero de 2014

Hostil, infinitamente altivo desde su pedestal de gobernador, Javier Duarte ha sido duro con la prensa, acosador de periodistas críticos, indiferente a la represión policíaca y omiso ante el ataque del crimen organizado contra los comunicadores, pero con tres casos se quebró: el de Milo Vela, el de Regina Martínez y el de Gregorio Jiménez de la Cruz.

Frágil y vulnerable, el gobernador de Veracruz escucha y lee, siente el reclamo y la protesta, la ira de muchos, dentro y fuera de México, por su imperdonable pasividad en la oleada de sangre que enluta al periodismo y que exhibe al Duarte real, un espectador complaciente de las acciones de los gangsters, de los sicarios, de los matones que ultiman a sus victimas por una paga, porque tocan los intereses de las élites de poder y a veces sólo por placer.

Escandaloso, el caso Veracruz, el caso Duarte, detonado por el “levantón” y asesinato del periodista Gregorio Jiménez de la Cruz, en Coatzacoalcos, ya es tema nacional e internacional. Condenado por todos, devino en algo más radical: la exigencia de que el gobernador se vaya, que renuncie, por su omisión cómplice a su obligación de otorgar condiciones de seguridad a la sociedad y por ese afán irracional de pretender desligar las muertes de los comunicadores de su oficio profesional.

Goyo Jiménez, especialista en temas policíacos, reportero de Notisur, Liberal del Sur y La Red, estuvo ausente seis días. Fue plagiado el 5 de febrero en su domicilio de Villa Allende, municipio de Coatzacoalcos, y su cadáver apareció el martes 11 en una fosa clandestina, en el poblado Polanco, en la colonia J. Mario Rosado, en Las Choapas, en la zona colindante con el estado de Tabasco.

Goyo Jiménez fue levantado, desaparecido, torturado y por último degollado con insólita crueldad, inmundo y despiadado su asesino. Cuenta el sicario que la víctima pedía perdón al saberse perdido. ¿Perdón de qué? ¿Qué habrá publicado para recibir un castigo así? ¿O qué sabría y no llegó a publicar? ¿O a quién le sabría algo grande, algo pesado?

Con el apelativo de “El Pantera”, otras veces con su nombre, Gregorio Jiménez publicaba información que reflejaba cómo devora la inseguridad a Villa Allende: asesinatos, secuestros, ejecuciones, robos, plagios, extorsiones.

Gregorio Jiménez reseñaba hechos violentos desde su óptica policíaca. En ese género se movía como pez en el agua. Era un reportero de nota roja. Escribía con la puntualidad que exige la información de policía. Y así habló de niños plagiados, de zozobra, de miedo.

Asolada por la violencia, Villa Allende es rehén de bandas delincuenciales que atracan comercios, allanan casas, asesinan a plena luz del día, matan con instinto demencial. Y eso lo sabe Seguridad Pública, el Ejército, la Naval, la Policía Federal, sin que nadie hubiera actuado con éxito alguno. De eso también escribía Goyo Jiménez, la información como evidencia de la incapacidad o la complicidad de las instituciones.

Goyo reporteó un caso y coincidentemente su cuerpo quedó a escasos metros del personaje central de aquella nota. Fue un golpe periodístico cuando reseñó cómo un comando armado atacaba a tres líderes sindicales y uno de ellos, Ernesto Ruiz Guillén, alias “El Dragas” o “El Cometierra”, era herido en las piernas y llevado con destino mortal. “Se lo tragó la tierra” tituló Notisur, en torno al “levantón” del 18 de enero pasado.

Goyo Jiménez fue ejecutado el 6 de febrero, un día después que lo plagiaran. Su cadáver apareció el martes 11. Pudo ser hallado a tiempo pero el Mando Único Policial llegó tardíamente al lugar del levantón, dos horas después de que se reportara el hecho. Pudo establecerse un cerco, bloquear las salidas de Villa Allende, cerrar los caminos para impedir que los sicarios lo trasladaran a otro municipio, como finalmente ocurrió.

Quiere ahora Javier Duarte que el móvil del crimen sea la venganza personal, por un pleito con la vecina, encargada del bar “El Palmar” o “El Mamey”, Teresa de Jesús Hernández Cruz, molesta porque Goyo Jiménez había reporteado un crimen y publicado que en ese “lugar de mala muerte” se mantenían privados de su libertad a migrantes indocumentados. Y porque un hermano de la dueña de la cantina y la hija del periodista habían sido novios y aquello terminó en una agresión a la joven. “Tú te vas a morir”, le dijo la mujer a Goyo alardeando que era amiga de Los Zetas y que ya les había encargado el trabajo.

Por esa ruta va la Procuraduría de Veracruz, atrapada en un laberinto sin salida, mientras los periodistas de Coatzacoalcos, del sur de la entidad, de la capital Xalapa, de la conurbación Veracruz-Boca del Río, del DF, Chiapas, Querétaro, Coahuila, del extranjero, la prensa en español, inglés, francés, italiano, las organizaciones de periodistas y derechos humanos, Reporteros Sin Fronteras, Artículo 19, Human Rights Watch, Periodistas de a pie, Red de Periodistas Judiciales Latinoamericanos, el Comité para la Protección de Periodistas, Amnistía Internacional y muchos más, demandan el esclarecimiento del caso y que sea la principal línea de investigación el trabajo periodístico de Goyo Jiménez.

Pero no. Javier Duarte sólo piensa en desconectar los crímenes de los periodistas de su actividad profesional.

Así fue cuando un comando irrumpió en la casa de Miguel Ángel López Velasco, “Milo Vela”, reportero, columnista y editor del periódico Notiver, la madrugada del 20 de junio de 2011. Fue acribillado junto con su esposa Agustina Solana Melo y su hijo Misael López Solana.

Lo ejecutó la mafia y el gobierno de Javier Duarte sólo dio palos de ciego. Nunca siguió la ruta de sus publicaciones.

Milo Vela había documentado los malos pasos de Luis Rosas Duarte, presunto primo del gobernador Javier Duarte. Lo tildó del “primo incómodo” y en sus columnas de mayo de 2011 reseñaba cómo con “chinche cañón amarrado a la cintura, causando estupor y terror entre la clientela”, acudía al viejo café de La Parroquia, en el puerto de Veracruz. Se refería a él como un “fantoche” y advertía: “Si el señor tiene miedo, pues que no vaya al café o que se compre un perro”. El tema lo documentó la periodista Balbina Flores.

Decía Milo Vela que Luis Rosas Duarte, denominado con el nombre clave “Halcón”, operaba con agentes de la Dirección de Detección del Delito, ramificados con elementos de tránsito y de la policía Intermunicipal de la zona Veracruz-Boca del Río-Medellín, desaparecida después por vínculos con el crimen organizado, sustituida por las fuerzas federales.

Un mes después de exhibir al “primo incómodo” del gober, Milo Vela y su familia fueron asesinados, allanado su hogar, acribillados con balas de ametralladora. Nunca se quiso seguir esa línea de investigación. Tiempo después, el gobierno de Javier Duarte se acogió a una supuesta versión de que otros tres periodistas —Gabriel Huge, Guillermo Luna Varela y Esteban Rodríguez— le habían pedido a un grupo de sicarios que ultimaran al columnista de Notiver y a la reportera de policíaca, Yolanda Ordaz de la Cruz, a quien además degollaron.

¿Por qué no siguió el gobierno de Javier Duarte la tesis del trabajo profesional de Milo Vela para dar con sus asesinos y el móvil del crimen?

Menos de un año después, Duarte enfrentó su mayor escándalo: el asesinato de la corresponsal de la revista Proceso en Xalapa, Regina Martínez Pérez, el 28 de abril de 2012.

Golpeada a mansalva, Regina Martínez murió estrangulada en el baño de su hogar. Ya antes había expresado que era acosada. Un día le allanaron el domicilio. Lo hicieron de manera perfecta. No violaron ninguna cerradura. Usaron técnicas de primer nivel, una llave maestra, lo que emplean los policías políticos del gobierno.

Acuciosa reportera, honesta sin mancha, Regina Martínez había seguido la pista de los narcopolíticos veracruzanos; de los movimientos sociales contra el gobierno de Fidel Herrera Beltrán; el suicidio del asesor de campesinos e indígenas, Ramiro Guillén, inmolándose en Plaza Lerdo, frente al palacio de gobierno, en Xalapa; el regreso de priistas acusados de complicidad con la delincuencia; el deterioro de las finanzas del gobierno veracruzano desde que Javier Duarte era titular de SEFIPLAN, y la violación y muerte de la indígena de la tercera edad, Ernestina Ascensión, en la sierra de Zongolica, a manos de militares.

Duarte desoyó los llamados, los reclamos, las exigencias de seguir la línea del trabajo periodístico de Regina Martínez. Lo desdeñó, lo relegó, lo sepultó.

Optó por el móvil pasional. Su coartada fue que Regina convivía con sus asesinos, que era novia de uno de ellos, que bebía y que un día le robaron y la silenciaron. Cuanto lodo.

Presionado por los periodistas y los defensores de derechos humanos, el gobernador de Veracruz recurrió a un acto de magia. A los seis meses, el 30 de octubre de 2012, presentó a Jorge Antonio Hernández Silva, alias “El Silva”, y lo acusó de ser el asesino material.

“El Silva” se quejó de haber sido torturado para incriminarse. Aún así la justicia de Veracruz lo halló culpable. Condenado a 38 años de prisión, apeló la sentencia. Finalmente, el Tribunal Superior de Justicia, vía el magistrado Edel Humberto Álvarez Peña, le concedió la libertad bajo el argumento de violaciones a sus derechos y de haber declarado bajo tortura. A Edel Álvarez le costó la publicidad para su consorcio periodístico, encabezado por El Liberal.

Hoy, Javier Duarte de Ochoa vive días para no recordar. Gregorio Jiménez, el periodista de Notisur, Liberal del Sur y La Red, detonó un estallido mayúsculo tras ser levantado, torturado y degollado por sicarios, matones a sueldo.

Su muerte, violenta y traumática, generó una oleada de críticas, incitó a muchos a hablar descarnadamente de la inseguridad en Veracruz y movió a reclamar que los periodistas tengan que ejercer su oficio bajo riesgo, a expensas del crimen organizado.

Una de las publicaciones más feroces fue la de La Opinión de Los Ángeles. El diario norteamericano pide al presidente Barack Obama presionar al mandatario mexicano Enrique Peña Nieto por el caso Veracruz.

Tilda a Javier Duarte de “cínico, opaco, impune e intimidador” por tratar a la ligera los asesinatos de periodistas.

Agrega: “El estado de Veracruz, bajo el gobernador Javier Duarte, es el mejor ejemplo de la desprotección que existe contra los reporteros y la impunidad de que gozan las bandas armadas que se mueven intimidando y asesinando periodistas. Durante los tres años y medio del gobierno de Duarte en Veracruz, diez periodistas fueron asesinados, cuatro desaparecidos y se produjeron 132 ataques contra la prensa estatal”.

Titulado “El Veracruz de Duarte”, el editorial de La Opinión de Los Ángeles, habla que la “desprotección de la prensa, la impunidad con que se mata a periodistas y la poca seriedad en la investigación de estos crímenes son un atentado contra la libertad de expresión en México”.

Y pide la renuncia del gobernador Duarte:

“El gobernador priista no quiere que la gente esté informada de lo que ocurre en Veracruz, y mucho menos de que sepa cómo están matando a los periodistas. Esta actitud de no garantizar protección a los reporteros ni querer investigar honestamente sus asesinatos lo hace cómplice de estos homicidios. Duarte no debe permanecer en el gobierno, los veracruzanos se merecen estar informados en vez de ser víctimas de la desinformación y de un periodismo bajo intimidación”.

Muchos, en las redes sociales, en Facebook, en Twitter, en la radio, en la prensa escrita, exigen que Javier Duarte deje el gobierno de Veracruz. Y hacen bien.

En una frase, Javier Duarte se desmorona.


INFORME ROJO

Mussio Cárdenas Arellano

A Goyo Jiménez lo mataron por lo que escribía

* Javier Duarte, como siempre, quiere evadir la realidad * El caso del líder de la CTM secuestrado en Villa Allende, entre sus notas * Ambos cadáveres en las fosas clandestinas de Las Choapas * Romana Ortega, cesada en El Heraldo * Llamó “mentiroso” al secretario Erick Lagos * Represalias desde Xalapa.

12 de febrero de 2014

Puntual y preciso, valiente y osado, Gregorio Jiménez de la Cruz tocaba temas de inseguridad, secuestros, ejecutados, pero hubo uno que fue el detonante de su vida y que provocó su muerte: el “levantón” del líder de la CTM, Ernesto Ruiz Guillén, a manos de un comando armado.

Goyo Jiménez —así, con ese apelativo con el que trascendió fronteras— murió por lo que sabía y por lo que publicaba, por el ambiente de violencia que mantiene atrapado en la zozobra a Veracruz y por las condiciones de riesgo en que se mueve la prensa libre, la prensa crítica, la prensa de denuncia, la prensa que no le aplaude sus desatinos al gobernador Javier Duarte de Ochoa.

Hallado en una fosa clandestina, en el poblado Polanco, en la colonia J. Mario Rosado de Las Choapas, su cuerpo es la viva expresión del odio y el rencor, golpeado y presumiblemente mutilado —dos de los tres cadáveres encontrados tenían cercenada la cabeza, dicen reporteros—, ultimado a pocas horas de su plagio y finalmente agraviado con versiones infames de que algo tuvo que ver con la delincuencia que le ajustó cuentas.

Seis días sin Goyo Jiménez, agitaron de nuevo el debate en torno al periodismo de alto riesgo que se practica en Veracruz, peor ahora en los días del duartismo en que suman ya diez comunicadores muertos a manos del crimen organizado y la respuesta tan tardía como falaz del gobierno de Javier Duarte, que ni procura justicia, ni garantiza seguridad, ni tiene respeto por los muertos y mucho menos por la verdad.

Goyo Jiménez, reportero de tres medios —Notisur, Liberal del Sur, La Red, mal pagado en por lo menos dos de ellos—, conjuntaba sencillez y humildad con apego al trabajo profesional, estricto en el dato, en la declaración, en la viveza de los hechos, en el rigor de la información, traía en su agenda de trabajo los casos de secuestro, las extorsiones y los ejecutados.

Vivía en la medianía de quien recibe un salario precario —cuentan sus compañeros que su esposa habría recibido en los últimos días 2 mil pesos por algunas semanas de trabajo; o sea poco y con retraso— y se ayudaba vendiendo sus fotografías de eventos sociales, actos escolares y deportivos. Su hogar era una casa sin repello, con techo de lámina. ¿De dónde, pues, la perversa versión de que recibía su entre de los delincuentes? ¿De dónde, si la riqueza y lo malhabido es inocultable, se ostenta y se presume?

Fue levantado la mañana del 5 de febrero. Hasta su vivienda, en Villa Allende, llegó un comando en dos vehículos. Descendieron cinco sujetos. Lo esposaron al estilo de la policía que opera vestida de civil y lo subieron a uno de los autos. No se supo más de Goyo hasta que su cadáver apareció en una fosa de Las Choapas, a 40 kilómetros de Coatzacoalcos.

Goyo Jiménez surcó los espacios de la comunicación. Se alzó la voz por él, por su vida, por su regreso. Tomaron las calles sus compañeros de profesión, la prensa libre pero también la prensa indignada. A diario, en dos marchas, los periodistas de Coatzacoalcos reclamaban por Goyo y demandaban al gobernador Duarte acciones inmediatas, una pesquisa urgente, el cierre de fronteras, seguir el hilo conductor hacia los grupos criminales, a las bandas identificadas, las que son sobradamente conocidas en las corporaciones policíacas y que a menudo dan pistas de quién y por orden de quién secuestran y asesinan.

Goyo Jiménez murió a las pocas horas de haber sido “levantado”. Golpeado, torturado, presumiblemente mutilado, dejó esta vida un día después de su plagio, el jueves 6, el mismo día en que el gabinete de seguridad de Javier Duarte llegaba a Coatzacoalcos y ofrecía hallar pronto al periodista de Notisur, Liberal y La Red.

Indignados, reacios a aceptar la patraña como verdad oficial, la prensa libre de Coatzacoalcos trató ese día con aspereza al secretario de Gobierno, Erick Lagos Hernández; al procurador Felipe Amadeo Flores Espinoza; a la vocera intragable del gobernador, María Georgina Domínguez Colío, y al fiscal del antidoping fallido, Enoc Maldonado Caraza, el mismo que en su momento enredó el caso Regina Martínez, la corresponsal de Proceso en Veracruz, asesinada el 28 de abril de 2012.

Apareció Gregorio Jiménez, el martes 11, pero no como la prensa y la sociedad hubieran querido. Goyo se convirtió en un símbolo de paz y de lucha por el respeto al trabajo de los periodistas. Demandaban su libertad y su vida en Veracruz, en México y en todo el mundo. Lo queremos vivo, repetían compañeros de trabajo, periodistas mexicanos, españoles, argentinos. Nos unió a todos, como bien dice Marcela Turati, de Proceso.

Irresponsable, increíblemente mentiroso, imprudente como nadie, ese día el diputado local Eduardo Sánchez Macías, el mismo que había dicho el caso Goyo Jiménez no impactaría a Veracruz, dio “la buena noticia” de que el periodista había sido hallado con vida. Vaya con semejante industrial del periodismo, dueño de los Heraldos, un consorcio que ha crecido al amparo del gordobés Javier Duarte. No sabe lo que es confirmar una información.

No era así. Hallaron las fosas clandestinas la madrugada del martes 11. En ellas, tres cuerpos: el de Goyo Jiménez; el del líder obrero de la CTM de Villa Allende, Ernesto Ruiz Guillén, “El Dragas” o “El Cometierra”, y el de otro individuo apodado “El Bemba”.

Ahí, en ese punto, comienza a descomponerse la historia oficial. Simplista, sencillamente absurda, la versión del fiscal Enoc Maldonado habla de una venganza personal de la vecina de Goyo Jiménez, Teresa de Jesús Hernández Cruz, de quien en un principio se dijo era propietaria del bar El Mamey, y que por haber publicado el periodista que en ese escenario se registró un hecho delictivo y llamarle lugar “de mala muerte”, fue que decidió contratar a los sicarios para el levantón y crimen.

Luego se diría que no, que Teresa Hernández no tiene ningún bar, que es su ex suegra, que los hijos de ambos fueron novios y que al producirse un conflicto entre los jóvenes, vino el choque entre el periodista y la mujer. De ahí el móvil personal. ¿Absurdo? No, estúpido.

Ilimitada, la perversidad del gobierno de Duarte es capaz de incriminar a cualquiera y dejar impune lo obvio. Goyo Jiménez, para el gobierno de Veracruz, no fue “levantado” y asesinado por lo que escribía sino por un romance fallidos de tipo familiar. Lo perverso no mitiga su descaro.

Gregorio Jiménez había seguido al pie de la letra la ruta de los secuestros y levantones en Villa Allende. Reporteó muchos, pero uno de los más sonados fue el del líder cetemista Eduardo Ruiz “El Cometierra”.

“Se lo tragó la tierra”, fue el encabezado periodístico en Notisur que reseñó la nota de Goyo Jiménez sobre el plagio del dirigente de la CTM. Terminaba una reunión con afiliados, lo acompañan otros dos líderes: Roberto Nasta Ripol, “El Nasta”, y Leonardo Mendoza, “El Chaquira”. Un comando fue por ellos. Todos huyeron, menos Eduardo Ruiz. Le dispararon y dos balas dieron en sus piernas. Fue subido a uno de los autos y desapareció. Eso ocurrió el 18 de enero pasado y al día siguiente Gregorio Jiménez lo publicó. Otros medios de comunicación aseguran que pidieron 5 millones de pesos por regresarlo vivo.

Su cadáver apareció en la segunda de las fosas clandestinas. Junto al “Cometierra” fue hallado otro cuerpo, el de “El Bembas”. A 25 metros yacía, entre la tierra, Gregorio Jiménez de la Cruz. ¿Coincidencia? ¿Casualidad? Goyo Jiménez, el autor de la nota en que se advertía del secuestro del dirigente cetemista, y Eduardo Ruiz Guillén, el líder obrero, juntos y víctimas de sus mismos verdugos.

¿Dónde, pues, se perdió la coartada del régimen duartista de que el periodista Gregorio Jiménez fue ultimado a causa de una venganza personal de su vecina y ex suegra?

Insólita, la versión oficial es un insulto a la inteligencia de los veracruzanos; es el inútil y obsesivo empeño de Javier Duarte de que los periodistas en Veracruz son asesinados por todo, menos por su trabajo periodístico. Así fue con Regina Martínez, de quien también dijo que la ahorcaron por intimar con sus victimarios; de Milo Vela, Misael López Solana y Yolanda Ordaz, dizque por afectar los intereses de otro grupo de periodistas, Guillermo Varela, Gabriel Huge y Esteban Rodríguez, quienes a su vez le habrían pedido a sicarios del narcotráfico que los ultimaran, y que luego otro grupo del crimen organizado le hizo lo mismo por andar cobrándoselas a sus colegas. Santo enredo duartista.

Así de infumables, absurdas y perversas son las coartadas de Javier Duarte si se trata de justificar la muerte de los periodistas. Mueren, según el gobernador, porque tienen problemas personales, porque se ligan a grupos criminales, o porque su vecina y ex consuegra los manda matar. Pero nadie, absolutamente nadie, por denunciar el clima de inseguridad y violencia que agobia a Veracruz.

Van diez periodistas muertos en el sexenio duartista. La sangre de diez periodistas ha marcado a Javier Duarte. Murieron Milo Vela, Misael López Solana, Yolanda Ordaz, Noel López Olguín, Regina Martínez, Gabriel Huge, Guillermo Varela, Marco Antonio Báez Chino y ahora Gregorio Jiménez. Y en todos los casos el móvil oficial no tuvo que ver con su trabajo periodístico.

Presa del síndrome del avestruz, el gobernador Javier Duarte se empeña inútilmente en negar la realidad y en faltarle a la verdad.

Gregorio Jiménez, y todo Veracruz lo sabe, murió por lo que escribía.

Esa pista, aunque el gobernador no lo quiera, se habrá de seguir.

Archivo muerto

Brava, de palabras recias, Romana Ortega fue la primera damnificada del caso Gregorio Jiménez. La cesó del periódico El Heraldo de Coatzacoalcos por llamarle “mentiroso” al secretario de gobierno, Erick Lagos Hernández. Romana, una joven reportera, allegada a Goyo Jiménez y su familia, quizá la más allegada dentro del gremio, encaró a Erick Lagos la noche del jueves 6, fallida la rueda de prensa que devino en un episodio de recriminaciones por las promesas fallidas del gobierno duartista, por el clima de inseguridad que sigue produciendo ciudadanos levantados, ciudadanos secuestrados, ciudadanos extorsionados. Romana Ortega expresó que la policía no tuvo capacidad de reacción como decía Erick Lagos, que llegó dos horas después del plagio y que sólo preguntó el nombre del levantado y se retiró. “Es usted un mentiroso”, le dijo a quien ya se siente gobernador de Veracruz —¿de cuál fuma señor secretario?— y ahí marcó su suerte. Tajante, la orden fue no recibirle más notas a Romana Ortega en El Heraldo de Coatzacoalcos, el heraldo de los Sánchez Macías, serviles al gobernador Javier Duarte, emparentados con él vía Karime Macías Tubilla, la verdadera “gobernadora”. Justo le habían expresado los periodistas de Coatzacoalcos al pull de funcionarios que llegaron a sofocar el fuego por el levantón de Goyo Jiménez, que por ejercer su libertad de expresión no se generaran presiones hacia los dueños de los medios ni conflictos laborales, y lo primero que hacen los Sánchez Macías es cerrarle la puerta a Romana Ortega. Vivales, desvergonzados, los Sánchez Macías; insidioso y fascista, Erick Lagos, van al anecdotario del caso Goyo Jiménez, mientras Romanita va a las redes sociales, a los foros en que se vigila la libertad de expresión, convertida en damnificada del poder rapaz, víctima de la intolerancia, admirable su valentía…


INFORME ROJO

Mussio Cárdenas Arellano 

Caso Goyo Jiménez: vivo se lo llevaron, vivo debe regresar

* Levantado y sin saberse de él * Documentó secuestros en Villa Allende * Airada protesta de periodistas * Revientan mascarada del gabinete de seguridad * El investigador perverso de Javier Duarte * Despachos contables, por el filtro del Congreso * Mariano Moreno: días de pobreza y días de riqueza * El amigo que lo vestía * Priísta chantajista: el Mustang rojo que le regaló ROMA.

7 de febrero de 2014

Desde la impotencia de ser sociedad y no gobierno, familiares y amigos, reporteros y editores, todos reclaman que el periodista Gregorio Jiménez de la Cruz regrese con vida, que no sea uno más en la estadística de muerte y que no sea criminalizado por el gobierno de Javier Duarte de Ochoa para evadir su responsabilidad en la ola violenta que azota de nuevo a Veracruz.

Su caso, el levantón que sufriera el miércoles 5, cuando apenas despuntaba el día, sacudió al medio periodístico, irritó a sectores de la sociedad, sumió en el miedo y la zozobra a muchos, pero también reeditó el viejo dilema de que el gobierno veracruzano no puede con la delincuencia o es su cómplice, que no puede con la criminalidad y que fabrica culpables para cubrir su cuota de supuesta justicia.

Gregorio Jiménez —46 años, puntual en su denuncia, reportero de nota policíaca en Notisur, Liberal del Sur y La Red— vio su vida en un torbellino. Al amanecer suponía que sería un día más. Dos horas después, no se sabría más de él.

Llevó a su hija a la escuela. Regresaba a su domicilio, en un callejón, en una colonia sin regularizar, en Villa Allende, situada en la margen derecha del río Coatzacoalcos, frente a la cabecera municipal. Tripulaba un auto compacto, cuando una camioneta le dio el cerrón. Goyo Jiménez la esquivó, maniobró y siguió su camino.

A eso de las 7:15 ingresaba a su domicilio. Dos vehículos —uno de ellos era una camioneta, color gris con franja negra— se detuvieron ahí. Descendieron cuatro o cinco individuos. Se escuchó que uno preguntó: “¿es la casa del fotógrafo?”.

Algo le dijeron y remataron con una orden intimidante: “te va a llevar la…”. Gregorio Jiménez pidió que no se metieran con su familia. Fue inmovilizado. Dicen que lo esposaron. Subido a uno de los autos, se lo llevaron. Desde entonces, pasó al régimen de los “levantados”. ¿Esposado? ¿Acaso fueron policías vestidos de civil?

Horas después comenzó la protesta. Sus compañeros periodistas salieron a las calles. Realizaron una marcha de la clínica 36 del Seguro Social al parque Independencia. Portaban cartulinas improvisadas con el reclamo de justicia, de la inmediata liberación de Goyo, de la falacia del gobernador Javier Duarte de que en Veracruz, el que hace la paga. Hacían la réplica: En Veracruz, el que la hace no la paga. “No más secuestros, no más levantados”, exigían en su demanda pública.

Esa tarde del miércoles 5, sus compañeros de gremio marcharon de nuevo. Se plantaron frente a la base del Mando Único Policial, su feudo en el ex penal de Palma Sola, zona inexpugnable, zona de miedo pues de ahí, siendo inocente, se puede pasar a un separo y luego al Centro de Readaptación Social Duport Ostión. Fueron escuchados, pero no hubo respuesta.

Reclamaban que a los familiares no se les diera protección. Desatada su indignación, expresaban que la policía llegó al domicilio del periodista, tarde como siempre, y sólo pidió datos generales. Luego se retiró. Obtuvieron que la familia de Gregorio Jiménez fuera llevada a un lugar seguro, inermes ante el agravio, el miedo en ellos, la angustia en su alma.

Ese miércoles 5 trascendió la detención de dos personas. Después se hablaría de tres. Gregorio Jiménez había venido documentando la oleada de secuestros en Villa Allende. Escribió sobre cuerpos hallados en parajes solitarios. Describió los hallazgos, los despojos humanos, la saña con que les ultimó, algunos mutilados, víctimas de la violencia del Veracruz bronco.

Una versión se convirtió en línea de investigación: la revelación de que en un bar llamado El Mamey tenían privados de su libertad a dos migrantes indocumentados. Aquello desató la ira de la propietaria, Teresa de Jesús Hernández Cruz. Le reclamó. Le hizo saber que los demandaría. Le hizo llegar la amenaza: “No sabes con quien te metes”. Deslizó lo que vendría: le enviaría gente para “ajustar cuentas”. Otra versión dice que le espetó: “Te vas a acordar de mí”.

Dos meses después, Gregorio Jiménez fue levantado en su domicilio. Airada, la protesta de sus compañeros de gremio pretendió ser sofocada con una campaña de suciedad, al estilo de la pandilla duartista, de bots y hackers que enlodan a las víctimas. A Goyo Jiménez se le criminalizó, se sugirió que si fue levantado era porque se lo buscó, porque tendría vínculos con el crimen organizado.

Humilde su hogar, Goyo no ostenta riqueza ni le sobra el dinero. Colabora con tres medios de comunicación: Notisur, Liberal del Sur y La Red. Vende sus fotos de sociales, de eventos deportivos, de actos escolares para llevar más recursos a casa. El dinero sucio, por regla general, se ostenta, se evidencia. Goyo no era así ni tiene por qué ser criminalizado.

Una tercera marcha prendió el tablero de las alertas del gobierno de Veracruz. Caminaron los periodistas de Coatzacoalcos. Llegaron al parque Independencia. Se apostaron en las escalinatas del palacio municipal. Exhibieron sus cartulinas de protesta. Luego las colocaron en los escalones, y con ellas, sus equipos de trabajo. “Duarte ¿Veracruz Seguro?”, refería una de las proclamas más directas. Amenazaron con tomar acciones drásticas.

Esa noche del jueves 6, llegó el gabinete de seguridad. Erick Lagos, secretario de Gobierno; el procurador Amadeo Flores, y la vocera del gobernador, María Gina Domínguez Colío, recibieron metralla. No los dejaban hablar. Habló Madame Incomunicación y fue abucheada. En plena rebeldía, los reporteros desafiaban y reventaban al gobierno de Javier Duarte. Rodeados de pancartas y mantas, con reclamos las leyendas, hirientes para el gobierno de Javier Duarte, terminaron por exigirles el pronto esclarecimiento y que Gregorio Jiménez regrese vivo.

Este viernes 7, Madame Mordaza volvió a reunirse con la prensa. Rechazó que la Procuraduría General de la República haya atraído el caso. Absurda justificación cuando dijo que la PGR no destinaría tantos elementos policíacos —supuestamente más de mil— como lo hace el gobierno de Veracruz. Embustera profesional, Gina Domínguez falsea la verdad. Que la PGR atraiga el caso no implica que la Procuraduría estatal se desentienda del caso.

Infame, el cinismo de la pandilla duartista es agravio sobre agravio.

Infame, la expresión del investigador del caso, Enoc Maldonado Caraza, siniestro personaje que enreda lo derecho y enloda la justicia: El “levantón” de Goyo Jiménez pudiera obedecer a conflictos con los vecinos, dijo. Tuvo ese tipo el caso Regina Martínez, corresponsal de Proceso, y lo complicó, fabricó a un culpable, a Marco Antonio Hernández Silva “El Silva”, torturado para que confesara, condenado por una juez inicua y liberado por el Tribunal Superior de Justicia en la persona del magistrado Edel Álvarez Peña. No hay vecino, en cambio, que hable mal de Goyo.

Infame el gobernador de Veracruz, pretende desligar el plagio de Gregorio Jiménez de su actividad profesional, de sus denuncias sobre la oleada de secuestros y levantones en Villa Allende.

Infame, el diputado local Eduardo Sánchez Macías, secretario de la Comisión para Atención y Protección de los Periodistas en el Congreso de Veracruz, dueño de los Heraldos de dudosa procedencia, servil al gobierno estatal, a su amo Javier Duarte, al expresar que el plagio de Gregorio Jiménez no impactará a Veracruz. ¿No? Si desde la mañana del 5 de febrero, Veracruz está en la escena nacional e internacional por levantón del periodista.

Infames los dueños de los medios de comunicación que amenazaron a sus reporteros con despedirlos si continuaban acudiendo a las marchas de protesta contra el gobierno pasivo de Javier Duarte. Infames frustrados, pues el gremio se unió, alzó la voz y desafió a los traficantes de la información.

No es un caso de excepción Gregorio Jiménez de la Cruz por se periodista. Es un referente del Veracruz hincado ante el crimen organizado, apabullado por la violencia, sometido a las bandas delictivas. Desprotegida, la sociedad está en manos de los malosos mientras el gordobés Duarte presume que en Veracruz, el que la hace la paga, y que Veracruz cada vez es más seguro.

Nada tan cierto como la realidad. Veracruz está en manos del hampa, rebasadas sus instituciones, sometido el gobernador Duarte. Entre el miedo vive la sociedad, plagiados y secuestrados los ciudadanos todos los días; descabezados en Tierra Blanca, en La Tinaja, mutilados en el puerto de Veracruz, en todos los rincones del estado.

Le sobra razón a Miguel Ángel López Solana, hijo del periodista Miguel Ángel López Velasco “Milo Vela”, de Notiver, ejecutado éste en su hogar en 2011, cuando desde el exilio en una carta habla de la complicidad del gobierno de Veracruz con la delincuencia, de la fabricación de culpables, de la injusticia cotidiana, del show que Duarte, Erick Lagos, Amadeo Flores y Gina Domínguez armaron y están comenzando a ejecutar.

Justa, la demanda de su familia, de sus amigos, de sus compañeros de prensa, es que Gregorio Jiménez de la Cruz regrese vivo, a prueba la moral del gobernador Duarte, al aire la efectividad del aparato de inteligencia, la fórmula para acabar con las bandas delictivas.

A Goyo se lo llevaron vivo y vivo lo deben regresar.

Archivo muerto

De la mano del diputado Francisco Garrido Sánchez viene el golpe letal a los despachos contables que auditan y engañan a los alcaldes en fuga, que maquillan los estados financieros y que diseñan la cuenta pública municipal. Será de ley ahora que los contadores externos sean certificados por el Órgano Superior de Fiscalización y que tengan el aval del Congreso de Veracruz. Se acaba el negocio del maquillaje de cifras a precio millonario, cómplice el ORFIS. Ahora será la Legislatura la que palomee o no a los contadores de las cuentas municipales… Acaudalado empresario, Mariano Moreno Canepa se da vida de rey, de cantina en cantina, las mejores viandas, los mejores güisquis, y hasta su red de gasolineras donde, en el colmo del cinismo, sus prestanombres resultan ser ex empleados a su servicio cuando era tesorero municipal de Coatzacoalcos, Paco Alemán uno de ellos. De su lado, la fortuna le ha dado todo, aunque no sepa explicar de dónde salió tanto y de 2005 para acá. Antes de asumir la tesorería, su vida era otra, a veces asalariado, a veces no. Tenía un Contour negro pero, miserable su bolsillo, pedía vales de gasolina para poder mover el auto. Un amigo apodado el Tulle —o cuando menos eso creyó que era— le compraba ropa, lo vestía. Pero cuando se convirtió en el hombre fuerte de Iván Hillman en la alcaldía, ni a ese amigo quiso recibir. De la estrechez a la bonanza; de vivir en casas prestadas al negocio gasolinero. Sólo tuvo que pasar por la tesorería municipal… ¿Quién es ese priísta, perfumado y zalamero, premiado con un hermoso Mustang, color rojo, motor al cien por ciento, luego de trabar trámites a la constructora ROMA? Tenía en sus manos números de predial y cédulas catastrales alteradas, de dudosísima procedencia y con ello apretó a Rolando Fernández, dueño de la conocida empresa. Tras la entrega del auto, como por arte de magia esa documentación se volvió legal y pudo concluirse la construcción de viviendas…


INFORME ROJO

Mussio Cárdenas Arellano

Mónica Robles y sus mil máscaras

* Diputada roja, verde, amarilla * La equidad de género, su lado flaco * El dilema de Duarte: con Fidel o con Peña Nieto * Paco Alemán, ¿prestanombre de Mariano? * Brenda y Hernández Toledo y la gasolinera de Nanchital * La Expo feria, negocio sucio * Andrés Azuela se hace el inocente * El fraude en la Expo del papá.

5 de febrero de 2014

Multicolor, tan roja como los priístas, tan verde ecologista o tan amarilla como el PRD, Mónica Robles de Hillman tiene una máscara para cada ocasión. Dice defender a las mujeres golpeadas con las que mantiene tanta afinidad, impulsar la equidad de género o calentarle el ánimo a los taxistas. Con todos va, pero nada puede arreglar.

Histriónica, la diputada local por Coatzacoalcos aboga en el Congreso de Veracruz por causas ajenas, por la calidad de los trabajos legislativos, por las acciones anticrimen y hasta hace como que defiende a los electricistas acusados de asesinar al pastor Claudio Martínez, líder de la Comunidad de Dios.

Tiene cuerda la maestra Mónica —con posgrado en la Universidad de Columbia, en Nueva York— pero en el fondo no es más que la misma dinámica de la succión que heredó de su padre, el periodista José Pablo Robles Martínez, dueño del consorcio integrado por Diario del Istmo, Imagen de Veracruz, Imagen del Golfo, Llave y DI Noticias, todos al servicio de la izquierda pero chupándole recio a la ubre del gobierno priista.

Mónica Robles legisla a punta de ocurrencias. Y abre la boca sólo para proferir absurdos que van dando cuenta de que su estadía en el Congreso de Veracruz es, si acaso, un accidente electoral que le debe a su odiado enemigo, el delegado de la Secretaría de Desarrollo Social federal en Veracruz, Marcelo Montiel Montiel.

Trapecista del servicio público, a Mónica Robles Barajas se le da política de golpe y porrazo. Antes de ser la primera dama de Coatzacoalcos, entre 2005 y 2007, simplemente no existía. Era la sombra de su traslúcido marido, el repudiado Iván Hillman, al que la familia Succión le allegó la presidencia municipal en un turbio enredo con el ex gobernador Miguel Alemán Velasco, y la complacencia de Fidel Herrera Beltrán, candidato del PRI en 2004 al gobierno veracruzano, creído el sultán de golfo que así tendría a los Robles en la bolsa y con ello la protección y el silencio a su voracidad. De que los hay ilusos, los hay.

De su paso por el DIF de Coatzacoalcos sólo se recuerda cómo se agenció un parque público, convertido en “escuela de educación ambiental” al que le apodó Quetzalli, y con un acuerdo de cabildo de último momento, se lo quedó. O sea, un robo en despoblado.

Fuera de su mausoleo ecológico, con nómina y servicios pagados por el ayuntamiento de Coatzacoalcos, y las cuotas de visitantes para ella, y un refugio para mujeres golpeadas, cuya idea original plagió, Mónica Robles ha gastado litros de saliva en proyectos faraónicos y millones de pesos del erario para recomponer su repulsiva imagen personal.

Amante de los colores cálidos y de las yerbas de olor, fue amarilla en sus días de primera dama municipal mientras su esposo Iván El Terrible llegaba a la alcaldía por el PRI. Eran los días de la imprudencia, nula la visión de lo que habría de venir. Públicamente se pronunciaba la esposa del alcalde priísta contra el desafuero de Andrés Manuel López Obrador, promovido por Vicente Fox para enjuiciar al candidato vitalicio de las izquierdas, encarcelarlo y evitar que contendiera por la Presidencia de México.

Ya daba muestras de que la succión era lo suyo.

De 2007 a 2013, la señora Robles de Hillman se fue al cajón del silencio. Volvió a aletear cuando los priístas requirieron de la complicidad de los Robles, cercano el proceso electoral, la renovación del Congreso de Veracruz y la elección de nuevos alcaldes.

Se hizo candidata a diputada local. No la postuló el PRI sino el Verde Ecologista, o sea el PRI verde, en una coalición que evitó una revuelta de las bases militantes. O sea, Mónica Robles entró a la contienda por el traspatio, por la puerta trasera, por el cuarto de servicio, entre las sombras.

Llegó al Congreso, no por méritos pues no los tiene, sino porque su acérrimo enemigo, Marcelo Montiel, el que provocó la derrota de Iván Hillman en la elección para diputado federal en 2009, le allegó votos.

Quiso Mónica Robles caminar sola, al margen del candidato a la alcaldía, Joaquín Caballero Rosiñol, pero su intención de voto alarmó a todos. Sería castigada por las promotoras marcelistas, por las de Gloria Corrales, la ex primera dama municipal, a quien tanto denostó y grilló. Su nave naufragaba y el único camino fue colgarse de Marcelo Montiel.

Hoy en el Congreso estatal es aprendiz de todo y maestra de nada. Preside la Comisión de Equidad y Género, que ya parece obsesión; es secretaria de la de Procuración y Justicia, y vocal de la de Desarrollo Regional.

Fuera de la creación del Centro de Estudios de la Igualdad, que aprobó el Congreso sólo para quemar presupuesto en un elefante blanco, Mónica Robles de Hillman únicamente produce destellos y ocurrencias que magnifican los medios del consorcio de su padre, pues se trata de posicionarla para la próxima alcaldía de Coatzacoalcos.

Un día, al comparecer el procurador Felipe Amadeo Flores Espinosa, le dijo que habían dudas en torno al crimen del pastor Claudio Martínez, líder de la Comunidad de Dios, y el funcionario le respondió que también tenía dudas. Eso bastó para que se orquestara una oleada de elogios para Mónica Robles por “abogar” por los supuestos autores del asesinato.

Otro día hizo alharaca por la iniciativa para certificar los trabajos legislativos. Propuesta del PVEM, los priístas verdes, establece que deben revisarse los procedimientos legislativos y ver que se cumplan; que no se dispense la lectura de iniciativas sin respetar el plazo de 48 horas para cada diputado la conozca y analice. Habrá que ver qué hace doña Mónica, la diputada verde-amarelha, cuando la orden de gober Duarte sea mayoritear a la oposición.

Diputada volátil, apenas si calienta su asiento en los asuntos cruciales. En las comparecencias de los secretarios del gabinete duartista, pasaba lista y abandonaba el recinto legislativo, calca de sus compañeros Juan Nicolás Callejas Arroyo, David Velasco Chedraui, Raúl Zarrabal Ferat, Joaquín Guzmán Avilés, Jesús Velásquez y Jesús Vásquez, según el reporte del corresponsal de Proceso en Veracruz, Noé Zavaleta.

Tiene mil máscaras Mónica Robles. Una de ellas le sirvió para calentar el ánimo del gremio taxista. Dijo que en Coatzacoalcos, por ejemplo, podría acceder el gobierno a subir la tarifa de 13 a 20 o 25 pesos en el primer cuadro de la ciudad. Los taxistas se engulleron el cuento hasta que, días después, el director de Tránsito, Roberto López Santoyo, cerró la polémica con un no rotundo.

Su bandera mayor bandera es la equidad de género. Pero ahí también peca de falsa. Si lo sabrán las reporteras de Diario del Istmo, que han sufrido sus desplantes, su altivez, su soberbia. Si lo sabrán las empleadas del DIF de Coatzacoalcos que la aguantaron tres años. Si lo sabrán las promotoras sociales priístas que padecieron su ninguneo.

Priista por conveniencia, perredista de corazón, verde por accidente, Mónica Robles tiene una máscara para cada ocasión.

Así es el arte de la succión.

Archivo muerto

No fue halago ni gesto de amigos. Javier Duarte de Ochoa recibió la instrucción presidencial, vía el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el titular de Hacienda, Luis Videgaray Caso: o se alinea con el Presidente Enrique Peña Nieto o verá muy a la distancia la sucesión en el gobierno de Veracruz. Ha sabido que la condición para permanecer en Veracruz es romper con su antecesor, Fidel Herrera Beltrán, limpiar la casa, echar a los secretarios fidelistas, y si fuera necesario, dejar fluir las acciones contra el crimen organizado que implican a la fidelidad. Pero no termina de hacerlo. No es pacto político, pues ante el peñanietismo que hoy gobierna a México, Javier Duarte es nada. Sabe Peña Nieto que lo de Duarte es la traición. Pero mientras al gordobés le recomiendan lanzar a la basura lo que queda de la fidelidad, a Fidel lo recibe Osorio Chong, lo invita a sumarse al proyecto de sucesión en que el senador José Francisco Yunes Zorrilla lleva las de ganar y lo quiere en la línea del Presidente de México. Y a todo esto qué dice Miguel Ángel Yunes Linares, el mayor enemigo del fidelismo, que forma con el secretario de Gobernación y el procurador Jesús Murillo Karam, una trinca infernal. ¿O es Yunes el que puso la trampa?… Personaje gris, Francisco Eduardo Alemán Rasgado es un caso para Ripley. Potentado hoy, titular del terreno y de la franquicia de la gasolinera que ha de construirse en la colonia San Miguel Arcángel, en Nanchital, debe tener una fortuna —10 millones por lo menos— para un proyecto de tanto nivel y que arrastra tantas violaciones a la ley. A su nombre está el predio, que en realidad es un área verde vendida por el ex alcalde Alfredo Yuen Jiménez, con la complicidad del cabildo anterior y el Congreso de Veracruz actual, pero sin la anuencia de los vecinos. También detenta los derechos otorgados por Petróleos Mexicanos para operar la estación de servicio. Sentado ahora en un polvorín de varios megatones, a Paco Alemán se le recuerda cuando era uña y mugre de la ex vocera de Iván Hillman Chapoy en el ayuntamiento de Coatzacoalcos, Norma Martínez Cuervo, una de las tres únicas seguidoras de Mariano Moreno Canepa; luego fue director de Catastro, por supuesto para validar más trafique de áreas verdes, vía cuentas de predial y cédulas catastrales. Y hoy, según acusan los vecinos del lugar, Paco Alemán es prestanombre de Mariano Moreno, ex tesorero del ivanismo, y el villano más villano entre los priistas de la comarca. Así habrá ahorrado Mariano que le ha dado por fundar gasolineras por aquí y por allá, en Coatzacoalcos y Nanchital, su tierra natal. Su suerte inicial está en manos de la alcaldesa Brenda Manzanilla Rico, otra fan de los negocios personales con cargo al erario público. Y en última instancia, Ramón Hernández Toledo, líder petrolero y cabeza de la Sección 11, quien acata cuanto Iván Hillman y el Clan de la Succión del Istmo le ordenan. Vaya show: o Brenda y Ramón se ponen del lado del pueblo o le cumplen el negocio a los políticos de riqueza inexplicable… De feria en feria, dentro y fuera de Veracruz, como si la calidad le importara, Andrés Azuela Berchelmann ha ido moldeando lo que será su proyecto para Coatzacoalcos. Negociante, administrador de hoteles en litigio, lo que mueve al joven Azuela es el negocio sucio que en cada edición se teje en torno a la mentada Expo Feria local. Invariablemente es lo mismo: puestos de tacos, de tortas, fresas con crema, tragadera de alcohol sin límite, una auténtica feria-mercado, como la definiera hace años el hoy líder de los hoteleros de Veracruz, Ezequiel Guzmán Arango. Pero el negocio —y eso Azuela lo sabe— está en el doble boletaje, en la venta de stands que no se reportan, en la contratación de artistas a un precio y su registro en la contabilidad al doble, o en la concesión del palenque también con cifras oscuras. Sabiendo cómo se las gasta Andrés Azuela, no extraña que afirme que la Expo no es rentable. Ya de entrada advierte pérdidas oficiales aunque el negocio esté en la doble contabilidad ¿O qué no le contó su papá lo que ocurrió en los años 90? ¿No le dijo cómo fraguó y ejecutó el fraude a la Expo Feria, documentado todo en una auditoría que evidenció el lodazal, pago de facturas por trabajos y servicios no realizados, el doble boletaje? Pues si no le contó, aquí tendremos la historia…


INFORME ROJO

Mussio Cárdenas Arellano 

En Veracruz, el que la hace no la paga

* Fidelistas y duartistas, impunes * El Congreso de Veracruz, cómplice de la corrupción en 2012 * Las “aventuras sexuales de Marcelo y Theurel” * Aquella demanda por daño moral * José Luis Pérez empinó a José Pablo Robles.

Desventurado, el discurso del gober Javier Duarte tiene un problema de raíz: no es creíble. Dice que en Veracruz “el que la hace la paga”, como si la impunidad no existiera, como si la complicidad no burlara la ley, como si los socios de la pandilla oficial hubieran ya pagado por sus abusos y por sus delitos.

“El que la hace la paga”, llegó a expresar Duarte en Coatzacoalcos, falto de originalidad, trilladísima la frase, en un mensaje a los delincuentes que hacen y deshacen con la seguridad, que hablan el idioma de la violencia y que no hallan más ley que la de las balas del odio y más reglas que las que ellos imponen.

Apabullado por la violencia —secuestros, levantones, asesinatos, robos en los que se viola a mujeres, ejecuciones con cuerpos mutilados, asaltos a comercios— intenta combatir al crimen organizado y a la delincuencia común con palabras y más palabras.

“El que la hace la paga”, no pasa de ser una frase más, con efectos devastadores para la pobre y frágil imagen del gobernador de Veracruz, burla de muchos, la voz bravía, pero impostada, falsa, fallida porque no hay un solo veracruzano que le crea, y un solo ejemplo que acredite que el aparato judicial trabaja para hacer justicia.

En el reino de la impunidad, Javier Duarte ha dejado sin castigo a su sensei político, Fidel Herrera Beltrán, con quien engendró la crisis de hoy, la quiebra de Veracruz, atados uno al otro, de cuyas mentes surgió la maltrecha idea de la bursatilización y la contratación de créditos que a los tumbos se van pagando, y a veces ni eso.

Por Fidel pasó el disimulo, la renta del territorio veracruzano al crimen organizado, el tráfico de migrantes, el secuestro y el levantón como artículos de primera necesidad para las bandas de delincuentes, la policía al servicio del narco, y luego decir que en Veracruz no había sicarios sino niños becarios, o que las únicas zetas conocidas eran las del alfabeto.

Fidel la hizo pero no la pagó por el saqueo de las instituciones, sexenio de Hidalgo, secas las arcas públicas y una deuda que alcanzó los 34 mil millones de pesos; la duplicación de presupuesto a través de fideicomisos que fueron impugnados por el diputado Manuel Bernal hasta que el perredistas se volvió fan del gobernador; la venta del Agrocentro a cambio de 2 mil tractores proveídos por la empresa china Foton, de los que nadie supo en qué rancho fueron a parar; el desfile de las barbies por las que se perdía el rumbo, el sentido y la razón, así costara un mundo de dinero el goce y del disfrute del placer.

Impunes, cobijados por el gobernador Javier Duarte, otros fidelistas también la hicieron pero no la pagaron: Jorge Carvallo, Erik Lagos, Alberto Silva, Marco César Theurel Cotero —“Te rompo tu puta madre”—, Lupe Porras, Carolina Gudiño, Elizabeth Morales, Regina y Fabiola Vázquez, Gladys Merlín, Alfredo Gándara, y los duartistas que también medraron con Fidel pero que hoy son virreyes: Arturo Bermúdez, Vicente Benítez, Daniel Lugo, Adolfo Mota, Raúl Zarrabal, Jorge Ramírez Tubilla, y hasta donde la memoria alcance.

De todos y cada uno hay historias qué contar. Infinitos, sus pecados políticos son un revés a la sentencia del gobernador Javier Duarte de que “el que la hace la paga”.

Carvallo hizo de su paso por el Congreso de Veracruz un caso de escándalo, señalado de dispendio y corruptelas con las finanzas, sin fondo el barril en el que caía el producto de las dádivas, los “regalos” de alcaldes, como el de Coatzacoalcos, Marcos Theurel, que llegó a soltarle 20 millones a cambio de la candidatura para que su esposa Lu-pilla Félix fuera presidenta municipal. Hoy vocifera Theurel que el entonces líder del Congreso lo timó.

Traficante de parcelas de poder, candidaturas, cargos en el organigrama de gobierno, Erick Lagos Hernández salió millonario del PRI estatal, a sus pies los priistas que sembraron en su parcela y también la oposición, perredistas y panistas a quienes les embarró las manos para deshacer la alianza que pudo ganar el Congreso y matar lo que resta del sexenio de Duarte.

Alberto Silva Ramos, “El Cisne”, endeudador de Tuxpan, derrochador infame, gobernó con la frivolidad de un descarado, las nalgas de la encueratriz Larisa Riquelme en un macroposter para convertirla en “La Novia de Tuxpan”. Recibió el municipio con una deuda de 27 millones de pesos y lo entregó con 259 millones. Y así Duarte lo hizo secretario de Desarrollo Social estatal y su carta fuerte para la sucesión.

Marcos Theurel, bipolar, intragable, embustero, presumió con Fidel Herrera la construcción de mil puentes que en realidad no realizó. Siendo secretario de Comunicaciones de Veracruz, dilapidó recursos, muchos de ellos federales, que una vez auditados por la Auditoría Superior de la Federación, tuvieron que regresar a su origen. Para entonces ya habían sido cobrados los diezmos y las obras estaban ejecutadas, unas en su totalidad y otras a medias.

Theurel fue enviado al municipio de Coatzacoalcos. Atestó de corrupción el ayuntamiento, la obra pública contratada con empresas de sus socios, amigos y familiares, violando la ley una y otra vez, sobregirado con 204 millones de pesos en el ejercicio 2012, sin que el cabildo le aprobara estados financieros y cuenta pública, pero finalmente encubierto por el Órgano de Fiscalización Superior de Veracruz. “El que la hace la paga”, pregona el gobernador.

Lupe Porras, alcaldesa de Minatitlán en los días de Fidel, no acreditó el uso de recursos, ocultó cifras, desapareció bienes de Protección Civil, liberó cheques ilegalmente, suscribió créditos de los que no sabe su destino. Duarte la haría después lideresa estatal de la CNOP, el sector popular del PRI. El que la hace la goza, dicen los priístas.

Gladys Merlín, siendo diputada local en el fidelismo, se dedicó a chantajear a la empresa inmobiliaria ROMA hasta que la alineó con Fidel. Luego el PRI la hizo alcaldesa de Cosoleacaque, inmersa en obras fallidas, la corrupción en todo su esplendor, empeñada en que su hijo Emigdio fuera político hasta encajarlo como diputado suplente.

Despilfarro, corrupción, obras de relumbrón y fastuosas fortunas, fue el signo del paso de Elizabeth Morales por Xalapa, Carolina Gudiño en Veracruz, Regina y Fabiola Vázquez en Acayucan, y Alfredo Gándara en Poza Rica. Todos cobijados por Fidel y solapados por Duarte.

No ha sido mejor el sexenio de Javier Duarte. Por el escándalo de los mapaches de Boca del Río fueron proscritos Salvador Manzur Díaz y Pablo Anaya, el delfín de la sucesión y el operador del fraude, detestables ambos al escucharlos y verlos en audios y videos aleccionando a los priístas como robarse los programas sociales federales, los adultos mayores tildados como “oro molido” porque a cambio de míseros 600 pesos eran voto seguro para el PRI. Pillados con las manos en la masa, gozan de impunidad.

Vicente Benítez fue literalmente atrapado en el escándalo de los 25 millones de pesos hallados en un avión en el aeropuerto de Toluca; dinero en efectivo, dizque para promover la Cumbre Tajín, las fiestas de La Candelaria y el Carnaval de Veracruz. Benítez, el pagador de la campaña de Duarte en 2010, dejó la tesorería. La hizo pero no la pagó, pues poco después se convirtió en subsecretario de Desarrollo Social, donde el saqueo no tiene límite.

Otro duartista, Daniel Lugo Carrasco, el del título falso, pasó por la Dirección de Bachilleratos, donde le puso cuota a las tiendas escolares, y después de su cese, el gordobés lo rehabilitó designándolo director de Educación Superior. ¿El que la hace la paga?

Quien enmascara la propiedades de Javier Duarte es Jorge Ramírez Tubilla, su primo político. A su nombre aparecen operaciones en la compra y traslado de bienes en Maricopa, Arizona, en Estados Unidos. Jorge Ramírez no lo hace de a gratis. Fue procurador fiscal del gobierno de Veracruz y hoy es subsecretario de Ingresos. Ser prestanombre deja.

Impensable que Arturo Bermúdez Zurita, secretario de Seguridad Pública, pague por sus constantes agravios a la sociedad. Sus subordinados, la tropa y los mandos operativos, arremeten contra el pueblo, torturan, lesionan, usan bastones eléctricos, gases lacrimógenos, tecnológica para reprimir, lo mismo contra maestros, estudiantes, periodistas, campesinos.

Bermúdez enfrenta la resaca del levantón, tortura y muerte de Gibran Martiz Díaz, joven cantante, participante de La Voz, a manos de policías estatales. Negada la versión en un principio, tuvo que aceptarla a fin de cuentas. Supuestamente consignó a siete policías, pero se guardó sus nombres, sus rostros, sus datos generales.

Sería eso lo peor, pero no. Crece la versión de que un sobrino, tuvo un altercado con Gibran días antes del plagio. Luego llegarían los escoltas del joven Bermúdez y precipitarían la vida de Gibran en un hecho de sangre. Eso es un crimen y ¿el que la hace la paga?

A los tumbos, la frase del gobernador Javier Duarte no da certeza a nadie. Provoca burla. Nadie de los que han pasado por su gobierno y han delinquido, de los que fueron fidelistas, como él, han sido requeridos por la justicia. Veracruz es el reino de la impunidad. La ley se le aplica a los enemigos, a los veracruzanos de a pie. A los amigos, a los subalternos, a los socios políticos del gobernador, se les encubre.

“El que la hace la paga”. Ja.

Archivo muerto

Sumisos y cómplices, mansos porque para eso están, los diputados veracruzanos, los priistas y los satélites del PRI, dieron su aval a la cuenta pública 2012. Sabían de irregularidades en seis secretarías del gobierno de Veracruz, en institutos, fideicomisos y los ayuntamientos de mayor potencial financiero —Coatza, Xalapa, Veracruz, Boca del Río, entre otros— y pasaron por alto fechorías y trastadas, el daño patrimonial, el desvío de recursos. Dieron por bueno el informe del Órgano de Fiscalización Superior de Veracruz, la tapadera de la corrupción, maquillista del saqueo, que pinta de negro los números rojos, y que solapa a las ratas de cuello blanco. Pasó la cuenta pública 212 con observaciones a modo, las irregularidades en la Secretaría de Comunicaciones en tiempos de Raúl Zarrabal Ferat, diputado por Boca del Río que dice que el que nada debe, nada paga; lo del túnel sumergido y el Puente Coatzacoalcos I; espacios educativos, y algo qué hurgar en 38 municipios menores. Sólo diez legisladores votaron en contra: los del PAN, PRD y PT. Otros 36, muy ufanos, orgullosísimos del saqueo, priístas y satélites, dijeron va, que para ellos habrá premio mayor… Se actualiza aquel affaire entre Marcelo Montiel y José Pablo Robles por una demanda de 50 millones de pesos por daño moral. Las imputaciones, los agravios, las confesiones, la aceptación del delito, el litigio de 2009 —expediente 8/2009, ante el Juzgado 14 de Distrito de carácter federal— que perdía el succionador del istmo, porque se le hizo fácil imputar un amor en la montaña entre el hoy delegado de la Secretaría de Desarrollo Social federal, Marcelo Montiel, y el entonces secretario de Comunicaciones, Marcos Theurel, ex alcalde de Coatzacoalcos; un hallazgo en la cama, según las informaciones de Diario del Istmo, que provocó la ruptura de Theurel con su primera esposa, según Federico Lagunes y José Pablo Robles. Por cierto, el infausto José Luis Pérez se encargó de escribir el 7 de abril de 2009, que los escritos insidiosos —“aventuras sexuales entre personas del mismo sexo”, le llama— sí eran de la autoría del periódico de Robles, la prensa roblista. Sublime defensa que sirvió para terminar de trabar a Diario del Istmo con 50 millones y obligarlo a un convenio. Hoy, cuando Marcelo y el succionador mayor caminan sobre nubes, la historia carbura de nuevo. Corre video…

 

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