UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Suicidio
28 de abril de 2014
Escandalizarse por el aumento de suicidios en el mundo -que en México,
solo para el caso de los adolescentes de entre 15 y 19 años se ha convertido
en la tercera causa de decesos- es solo una aproximación superficial a la
tragedia de una muerte auto infligida de seres humanos cuya desesperanza o
frustración, les abruman al grado de no apreciar su propia vida. Los efectos
para la familia, los compañeros de escuela, maestros, vecinos, terapeutas
etc. son impactantes, pues en diversos niveles la culpa aparece empezando
por la duda de: cuanto más podría haber hecho pasando por ¿Cómo es que no me
di cuenta? hasta llegar al ¡aquel fue el responsable!
Como en cualquier caso, la prevención[1] es lo más importante y para
prevenir nada mejor que conocer el problema sus causas y sus efectos. En
temas tan sensibles como éste, la primera reacción es de negación: “es que
la gente está tan desesperada que su única salida es aventarse al metro” “La
falta de educación es lo que los lleva a esos extremos” “No quiso ver el
sufrimiento de sus hijos y por eso se mató” “Nunca superó la muerte del ser
amado”, son algunas de las frases evasivas para tratar de entender; pero lo
cierto es que solo en México el 30% de las suicidas tenían educación
superior y contrariamente a lo que se supone, casi el 81% de quienes deciden
cortar su vida son hombres.
¿Podemos alegar falta de inteligencia en Ernest Hemingway, Van Gogh,
Virginia Woolf o Tchaikovski? Varios estudios han encontrado que el gremio
de los escritores y creadores en general acumula un alto grado de suicidios:
Reinaldo Arenas, poeta y escritor cubano, Horacio Quiroga, son algunos de
los que luego de escribir como obra póstuma su carta explicativa del temor a
enfrentar una enfermedad incurable, su decepción por el rechazo sentimental
de alguien cercano y hasta su afán de provocar alguna conducta en alguien
amado, se matan y así tenemos a Ian Curtis, Marilyn Monroe y un buen número
de rockeros –o cercanos a estos como el caso de Samuel Epstein representante
de los Beatles- negados a aceptar para sí o para la pareja un destinto que
no desean[2]
Quitarse la vida supone gran variedad de métodos, el veneno es quizá uno
de los más antiguos y en esta lista podemos incluir a Sócrates, Cleopatra,
Nerón o Marco Antonio. De entre las medidas de prevención más simples, sobre
todo para el caso de adolescentes está la de evitar armas de fuego - el 60%
de todos los suicidios en los Estados Unidos son por armas- en casa. Son
tantos los casos de jóvenes, desde secundaria hasta universidad, que han
usado la pistola de los padres para matar a compañeros y luego suicidarse,
que casi nos hemos vacunado frente a la emoción que produce una tragedia de
tales alcances la cual en la mayoría de las veces supone para el perpetrador
un acto de justicia. Si esto parece casi normal en el siglo XXI, es
importante recordar épocas pretéritas en la cuales matarse por honor era
usual, como el caso de Lucrecia –mujer de César sobrino de Lucio Tarquinio-
quien se apuñala luego de denunciar la violación de un primo que además de
ultrajarla le amenazó con exhibirla como supuesta amante de un esclavo. Aun
cuando este tipo de motivación no es muy de moda y ya no existe el método de
los duelos en los que una de las partes acudía sabiendo que el resultado
sería su muerte, algunos suicidios como el del ex alcalde de Saint-Cyprien
en Francia o el de un ex presidente sur coreano, podrían agregarse a la
categoría de “honor” o reivindicación por culpas[3] como la corrupción.
Hoy día, además de colgarse, pegarse un tiro o arrojarse de lo alto o al
paso de un vehículo, los elementos más comunes para auto infligirse la
muerte son, las pastillas –sacadas del botiquín de los padres o robadas en
algún establecimiento- y muchos otros químicos que van matando poco a poco,
lo mismo a niños que jóvenes o adultos. Aun cuando impacta más el
suicidio[4] de un solo acto, son millones los seres humanos que van
matándose lentamente por ingerir alcohol o cualquier otra droga -sobredosis
con medicamentos de venta libre o intercambiada con amigos y compañeros- y
otros que lo hacen por omisión al evitar alimentarse –bulimia, anorexia y
abstinencia de comida en ancianos que deciden ya no seguir en el mundo- lo
ideal sería no esperar al mes de septiembre para evitar que en México se
quiten la vida 16 jóvenes cada 24 horas y que 25 más lo intenten en ese
mismo lapso. Observar datos de depresión, trastorno bipolar, sentimientos de
irritabilidad o agitación, desesperanza, complejo de inferioridad, insomnio;
es responsabilidad básica de los padres y, en el caso de que éstos sean
sospechosos de abusos en consumo de alcohol y drogas o perpetradores de
abuso emocional, físico o sexual, es imperativo que algún otro miembro de la
familia, la escuela o el barrio intervenga si es necesario con apoyo de las
instancias protectoras de la infancia.
Saber que las niñas tienden a suicidarse -cortándose o por ingesta de
pastillas- y que lo piensan el doble que los varones, es tan importante como
tener consciencia que los niños fallecen por suicidio cuatro veces más que
las niñas. Además de las causas intrínsecas propias de la adolescencia la
potencialidad del suicidio aumenta cuando del exterior existen acosos como
el bulling escolar o cibernético, la hostilidad sexual o el verse atrapado
en rencillas financieras que involucran a miembros de la familia o amistades
muy apreciadas por los adolescentes. No dejar pasar señales de advertencia
–retraimiento, regalo de sus pertenencias, considerar el suicidio como tema
de conversación y desarrollo de conductas autodestructivas como excesos de
manejo de juegos cibernéticos o peligrosos- es el mejor método de prevención
y eso es posible con la intervención de adultos maduros y estables.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
¿Murieron?
21 de abril de 2014
Más allá de los desajustes emocionales que padecen adultos en cuya
infancia sufrieron un rompimiento emocional, como resultado de algún tipo de
separación anormal de sus vínculos familiares tempranos, la muerte es algo
presente en la humanidad aun cuando se le ignore. En términos psicológicos,
el temor a la separación de los “objetos” que nos dan identidad y seguridad
–empezando por la madre y el padre- se procesa en etapas diversas del
desarrollo infantil y la consolidación en la adolescencia. La muerte de
Gabriel García Márquez, ha hecho del conocimiento popular, sus antecedentes
de crianza, con abuelos que fueron determinantes en su vida. Gabo declaró
que bajaría tranquilo al sepulcro, con tal de que alguien se acordara de una
frase suya y, si algo saturó en estos días las redes sociales, fueron muchas
de sus frases.
"Lo único malo de la muerte es que es para siempre. Lo demás, todo es
manejable. Pero esta sí que es una trampa, habernos metido en esto tan
difícil y después...Yo jamás pensé en mi muerte. Empecé a pensar en eso
hacia los 60. (...) Fue una noche, estaba leyendo un libro y de repente
pensé: 'Caray, me va a pasar, es inevitable, es así”. Antes no había tenido
tiempo de pensar en eso. Y de pronto ¡paf!, caray, que no hay
escapatoria...", declaró, quien dejó este mundo justo un jueves Santo,
conmemorado en la liturgia cristiana como “día de intimidad” en alusión a
los momentos que tuvo Jesús de Nazaret con sus discípulos, a quienes lavó
los pies polvorientos del camino, antes de compartir el pan y el vino de la
pascua, los cuales a partir de la muerte del Mesías se convirtieron en
símbolos de un nuevo pacto.
De la muerte hay relatos fantásticos, credos diversos e hipótesis
variadas. Se le teme porque en términos físicos representa –sobre todo para
los autodefinidos como ateos- el final, el acabose, el no retorno, la
pérdida total[1]. Desde el antiguo Egipto y sobre todo a inicio del imperio
nuevo –desde 1550 hasta 50 A.C.- se empezaron a escribir diversos
sortilegios cuyo fin era ayudar a los que morían a salir del inframundo -Duat-
para viajar a la otra vida. Los primeros escritos se plasmaron en objetos
como sarcófagos y paredes de pirámides y luego se recopilaron como Libro de
“la salida al Día” o de “emergencia a la luz”.
Pero más allá de ritos cambiantes, fantasías a veces macabras –en
Aracataca lugar de nacimiento de Gabo, se hablaba con los muertos y todas
las supersticiones acababan siendo dogmas- y más allá de los negocios que en
derredor de la muerte los hombres han inventado; un personaje, reconocido
por judíos, musulmanes, budistas y en general por casi todo el mundo, nos
dejó un mensaje diferente acerca de la muerte.
Jesús de Nazaret –para unos profeta, otros maestro, luchador social,
sanador de enfermedades, según cada cual- dijo de sí mismo que era el hijo
de Dios, con la misión fundamental al venir a este mundo para pagar la deuda
humana y con ello vencer a la muerte[3]. Para consumar este acto divino de
amor, no era necesario continuar con reglas terrenas basadas en obras como
ofrendar en sacrificio animales o frutos de la tierra, flagelar el cuerpo o
disponer de recursos financieros a fin de reducir con abonos chiquitos
–indulgencias- el sufrido pase por un purgatorio inexistente en la mente
divina. Al recordar a quienes le seguían sorprendidos por el recordatorio de
su resurrección al tercer día profetizada desde los tiempos más antiguos; se
propuso, y lo sigue haciendo, clarificar la mente de quienes prefieren
seguir complicados ritos a veces de moda, en vez de acogerse a la promesa
hecha por el padre amoroso a sus criaturas libres y semejantes. En el
principio, cuando todo era armonía y relación perpetua con Dios, la
humanidad fue capaz de elegir el mal, basada en un acto de vanidad. ¿Son
patologías emocionales, deficiencias en el desarrollo, mala influencia de
quienes nos rodean, debemos responsabilizar a los que nos llevan por el
camino de la infracción, el odio, la violencia, el miedo o la guerra? ¿Si
Freud, Buda o Mahoma hubiesen sido los primeros habitantes del paraíso el
resultado hubiera sido distinto? La muerte ha sido una sentencia advertida a
quienes se les avisó con oportunidad la realidad de lo maligno; dejar pasar
el castigo era negar una de las cualidades divinas: la justicia. Pero Dios
no quiere la muerte de su criatura sino que se arrepienta y viva eso es
amor. De todos los que han dado recetas para vencer a la muerte, solo uno se
atrevió a derramar su propia sangre para que, de manera gratuita, sin largas
meditaciones, sin invocaciones a deidades del universo, sin monedas en los
ojos para entregar a un barquero después de la travesía, sin sacrificios
sádicos cada vez que la culpa me abruma, pudiéramos recuperar la
inmortalidad perdida.
Habida cuenta que no somos “marionetas de trapo” en las manos de un Dios
que nos dio vida y que desde el principio de los tiempos prometió
rescatarnos de la muerte elegida por nuestro mal uso de la libertad, el
mayor acto de vanidad se consuma cuando nos negamos aceptar con humildad
este regalo. No hace falta dar muchos brincos si el suelo está parejo, mis
obras, si acaso sirven de algo, será como simple fruto para testificar mi
salvación por gracia. Aun el que no cuenta con dinero para organizar una
fundación que reparte millones de pesos, tiene derecho a salvarse, con el
acto simple de recordar, como buena parte de la humanidad ayer lo hizo, que
Jesucristo resucitó de entre los muertos para que Tu, los que amas y ya se
fueron, Yo, podamos tener vida. No solo la vida que recordamos y podemos
contar, sino la vida eterna que El nos obsequió de forma gratuita.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
¿Con que autoridad?
14 de abril de 2014
Búsqueda constante del ser humano es el bienestar no solo económico, sino
sobre todo aquel que nos retribuya emocionalmente madurez y espiritualmente
paz, liberación de la culpa y en general autoridad integral para señalar
-con bases y no con rumores y fantasías enfermizas- al que ofende, rompe
equilibrios e impide a los justos crecer. El siglo XXI, inició con la oferta
de los poderes del mundo de que ¡por fin! las naciones alcanzarían bienestar
social y financiero como resultado de la apertura sin límites al intercambio
de mercancías.
El comercio ha sido, desde épocas muy remotas, una actividad inherente al
ser humano. Los fenicios, desarrollaron la navegación como resultado de su
vocación comercial, seguida por griegos y llevada a diversas partes del
norte de África y Europa; sin embargo la ambición por atesorar más de lo que
es necesario para vivir con decoro, se ha convertido también en conductas
individuales o grupales que se revierten en contra de la humanidad.
Construir con alturas inauditas y en suelos inadecuados para enriquecerse
y lograr visibilidad e importancia y sin más inspiración que un anhelo
enfermizo por ser adulado o colocarse por encima de alguien, no es asunto
solo de las autorizaciones tramposas e interesadas de una oficina de la
ciudad de México avalada por delegados que se burlan de las leyes,
naturales, humanas, de protección al ambiente y respeto a quienes ahí viven.
La incontable riqueza enterrada de pirámides que en su momento fueron causal
de muerte de trabajadores esclavizados o guerreros derrotados, debiera ser
analizada sobre todo en el tema del equilibrio natural que hizo reverdecer
árboles talados y vegetación cortada, como prueba fehaciente de lo que
ocurre cuando se violenta la autoridad en este caso del entono. ¿Se hubiera
evitado el colapso de edificios en India, Rusia y muchas otras naciones si
estos temas estuvieran por encima de la histeria comercial?
Fenicia[1] -civilización antigua de negocios que no dejó huellas
trascendentes de su existencia y adoraba a Nergal, dios de la caza y la
guerra- no es el único ejemplo de cómo el comercio cuyos intereses son
puestos por encima de valores, termina por llevar a la ruina a personas y
naciones. China, -hoy mencionada como la causante del cierre de empresas
textiles, zapateras y de otros muchos giros en América Latina- ya en algún
momento cifró su éxito comercial en un solo producto: el opio. El
intercambio de otros bienes –seda, té y porcelana con gran demanda en
Inglaterra- propició un déficit de plata en Gran Bretaña que aprovechó el
interés de los chinos en evitar la adicción al opio de su población,
empezando a pagar con esta droga a los comerciantes poco honestos. El manejo
inadecuado del comercio propició el crecimiento de adictos, -con todo y la
prohibición en 1829 que hizo el emperador Daoguang- la disminución de
ingresos –plata básicamente- provenientes del exterior de China y con el
paso del tiempo la guerra del opio[2].
El afán crematístico es peor que el salitre minando muros y cimentaciones
de nuestra mejor vivienda. Aun las estructuras religiosas pueden ser dañadas
por un comercio manejado sin ética ni escrúpulos. Ayer la clerecía cristiana
del mundo –católico, ortodoxo y evangélico- recordó que Jesús, quien se
definió como “el camino la verdad y la vida” celebró su entrada triunfal a
Jerusalén, entonces sometida por el imperio romano. ¿Hasta donde esa emoción
colectiva sacó a flote la inclinación materialista de Judas? ¿Cuántos
jóvenes aprendieron entonces que para mantener un estatus. –de rico,
importante, pudiente o poderoso- se vale insultar, perseguir y hasta matar a
quien miran como espejo de las limitaciones personales? ¿Cuál fue la dosis
de temor en fariseos que antes de revisar su conciencia se preocuparon de
las posibles afectaciones financieras por la acción de volcar las mesas
donde comerciantes vendían elementos para el culto?
Quienes sabían del principal personaje de lo hoy denominado “Semana
Santa”, agitaban ramas y daban voces de “Hosanna, bendito el hijo, el
reino….” aunque seguramente al llegar al templo compraron palomas, corderos,
harina y todo lo que creían necesario para su salvación de pecados tan
simples como desconocer la autoridad del viejo, del familiar, del rechazado,
del mal tratado, por ende de La Palabra misma. Jesús de Nazaret, purificó,
un día después- el templo que debía ser casa de oración y se había
convertido en cueva de ladrones. Lo hizo con autoridad divina, afectando a
escribas y sacerdotes que buscaron y lograron eliminarle. Muchos de los que
entonces le conocieron, se apartaron y mantuvieron al margen de algo
incomprensible para el alejado de las cosas divinas. Sus enemigos creyeron
haber triunfado, pero luego de mas de dos mil años, con todo y la
continuidad de un comercio sin límites, capaz de convertir en producto
incluso a las personas visualizadas como mejor mercancía que las drogas, las
armas, lo pirateado o lo robado; a quien se recuerda es a El, el Cristo, el
Emmanuel. ¿Tiene Usted en mente algún personaje que usó a su esposa, hijos o
sirvientes para asegurar favores? ¿Cuántos casamenteros –de antaño y de hoy-
son ejemplo como lo sigue siendo aquel humilde carpintero? ¿Con que
autoridad algunos padres enseñan a su hijos a cuestionar al Padre de padres?
¿Entenderán que el lloro y crujir de huesos por ver a su descendencia
insensible, intrascendente e incluso persevera, es propiciada por una
educación que sobre-valora el tener sobre el SER? Ojala que esta Semana
Santa le sirva de reflexión trascendente.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
TERCER ACTO ¿Como se llamó la obra?
7 de abril de 2014
El telón se abrió, para un primer acto con rieles, trenes, riesgos de
descarrilamiento, muchos actores –de empresas constructoras, supervisoras,
financieras; grupos políticos, comunicadores, revendedores, personal de
limpieza, acomodadores etc.- y cerca de medio millón de extras que debieron
conformase con ser entrevistados fuera de la escena, pues apenas unos
cuantos cabían en el foso. El ciclorama, cuya pintura de andenes modernos,
piezas rotas como si se tratara de un antiguo transporte y una sugerencia
fantasmal para evocar al mejor alcalde del mundo, tenía todavía fresca la
pintura. Llamaba la atención el grupo de superhéroes, un tanto cuanto
atropellados repitiendo guiones cortos, cuyo texto se encargaron de difundir
una y mil veces los críticos de este teatro chicharronero. Desde la parrilla
y el telar –en una combinación de madera y acero- las luces y el decorado
movible daban al espectador la sensación de un escenario donde la justicia
entraría en cualquier momento a dar a cada quien su merecido. Pero de
pronto, todos los villanos respiraron aliviados; surgió un nuevo
dictaminador asegurando, que no hay incompatibilidad entre rieles y ruedas;
que todo está en orden ¡vamos! ni siquiera se puede culpar a los actores de
remplazo el haber sido deficientes en el mantenimiento. Con la intervención
de este mago de la elusión de problemas cuyo guión era dictado desde la
concha del apuntador, el telón corrió, dejando ver algunos despistados
extras caminado por el Proscenio.
El segundo acto, tenía una escenografía completamente distinta. El telón
de fondo no era rígido, los tramoyistas movían la tela y los barcos, con lo
cual algunos actores y parte del público empezaron a sentir mareos. En el
tercer plano del escenario, muchos extras, sentados argumentaban a favor de
su holganza y exigencias. A través del escotillón aparecían y desaparecían,
buques de gran calado, pacas de dinero, personajes señalados como presuntos
culpables de desfalco a un banco, todos vestidos de azul pero no marino.
La tercera llamada para el tercer acto, interrumpió la algarabía de un
público impaciente que no veía a la justicia aparecer. En las butacas y
palcos se hablaba de corrupción, impunidad, intenciones ocultas y hasta
empezaron a correr las apuestas entre quienes decían que nadie sería juzgado
y otros inocentes asistentes a un espectáculo de mediocridad asegurando que
ya habría llegado el momento de arrancar de la vida ciudadana a los
hambreadores, los saqueadores de la riqueza nacional, los mentirosos, los
villanos y hasta los lobos cubiertos con piel de oveja.
El telón ya no abrió a la americana –de manera horizontal- funcionaba
tipo guillotina y al tiempo de ir subiendo una voz femenina, denunciaba
abusos, manipulación, disposición de fondos públicos no para programas
predeterminados en presupuestos aprobados, sino para orgías y excesos como
los que trascendieron a su tiempo y espacio con Nerón, Calígula y otros
personajes cuasi satánicos a lo largo de la historia.
En el primer plano de un escenario que reproducía la imagen de un antiguo
chiquero pueblerino, un actor muy pasado de peso, repetía clamores por su
inocencia, los corifeos danzaban y cantaban siguiendo a un jefe –Korufaisol-
que acusaba al hombre pesado por ser el peor de los villanos, el explotador
de mujeres, el cínico, el desordenado, el gastalón, el irrespetuoso, el
golpeador, el mentiroso, el enfermo.
En medio de los seguidores del portavoz, de un actor principal cuya
identidad nunca fue revelada, apareció el pequeño gnomo, asegurando a los
pobladores que vivían cerca del chiquero, que el rechoncho sería mandado
tras bambalinas, hasta que la obra terminara. También se apartaron del
corifeo un grupo de militantes, cantando “expulsión, sanción, inclusión”.
Algunas actrices del primer acto, con sendas túnicas amarillas, fustigaban,
demandaban, sentenciaban, haciendo caso omiso al otro grupo de actores de
relleno que les reclamaban el no haber actuado con similar moralina cuando
un jefe de su propio chiquero se comportó de manera similar al brujo obeso,
oculto ya tras las cortinas laterales.
Los espectadores, cuchicheaban. ¿va a regresar? Decían algunas liderezas.
¡Como crees ya fue demasiado abuso! decían otras y la sucesión de un guión
plagado de incongruencias, inconsistencias y frases tímidas de cómplices
temerosos de ser señalados también como parte del lastre de ese partido, que
teniendo todo perdió la presidencia, mató a sus lideres –candidato y
dirigentes- e inventó a cerdos y chupacabras volvía a convertir la obra en
una algarabía desordenada sin pies ni cabeza. Abundaban los villanos y
héroes mezclados, unos verdes, otros azules, los de más allá tricolores y
hasta amarillos; todos vociferaban para que los ecos de la justicia
analizando pruebas arrojadas a la basura, no fueran entendidos por los
asistentes a la función, de una obra, cuyo nombre y autores han sido poco
difundidos.
Lo ahí expuesto más bien parecían hechos para tratar en barandilla de
juzgado penal ¿Por qué entonces los pocos actores serios lo convirtieron en
político? ¿merece alguno de los partidos actuantes representar o dirigir a
la ciudad solo por tener la capacidad de acarrear multitudes a las urnas,
así llueva truene o relampaguee? ¿Cómo se llamó esta obra? ¿Alguno de mis
lectores sabe si el autor se desenvuelve en: CIA, hombres de presa,
estructuras de sotana, dinosaurios, bebesaurisos o tecnócratas? No se, pero
la trivia está abierta, recibo sus comentarios si estuvieron en los tres
actos de esta presentación, que no acierto a dilucidar si es teatro clásico,
neoclásico, renacentista, romántico, simbolista, expresionista o del
absurdo.
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