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INFORME ROJO
Caso Regina: ni silencio ni olvido* El móvil imposible, el que implica a Fidel * En la elección de Villa Allende no hubo error * Marcelistas y joaquinistas reventaron a Keren Prot * Ganó Luis Esteban y cobró a Diario del Istmo 48 mil * Chico Balderas: el velorio y el saqueo * Se cuartea el minicacicazgo de Tronco * La candidatura del hermano, en el aire. 30 de abril de 2014 ¿Por qué en silencio? Voz estridente, sonora, Regina se merece proclamas y protestas, mítines y marchas, reclamos de justicia, un alto a la impunidad surgido desde las entrañas del gremio periodístico; un “ni un periodista más”. ¿Por qué en silencio? Regina es hoy un ícono de la lucha por el respeto a la libertad de expresión, por la libertad de los periodistas para buscar y documentar la noticia, como ella lo hacía; por el acceso a los datos, a las nóminas, a los procesos de licitación de obras, al gasto público, al derroche publicitario, a la construcción de imágenes con cargo al erario. ¿Por qué en silencio? Hoy un sector de la prensa que presume de libre se acalla y amordaza, guarda sus palabras, contiene la ira de otros días por la muerte de Regina, el crimen no aclarado, el crimen impune, el crimen encubierto. ¿Por qué el silencio? Sólo unos cuantos salen a las calles o rememoran el crimen en sus textos. Sólo unos cuantos exigen justicia, acusan al sistema, reclaman con razones. Unos más lo analizan en las páginas periodísticas, en los medios electrónicos. ¿Y los demás? Regina Martínez Pérez murió hace dos años. Fue asesinada por lo que escribía. Hallada en su hogar, visibles en su piel las huellas de la violencia, el cuello destrozado, estrangulado, el odio irracional en el ambiente, vestigios de la mano del criminal que la sacó de este mundo por encargo de los poderes reales, del cerebro intelectual. Tuvo vida hasta el 28 de abril de 2012. Ese día comenzó a hilvanarse la leyenda de una periodista que no cedió ante el poder, que admitió su miedo, que se supo observada, pero que mantuvo la intensidad de sus misiles, demoledora en su crítica, documentada y, sobre todo, infinitamente honesta y valiente. Regina, con su muerte, sacó a las calles a decenas de periodistas. Los hizo hablar, protestar, retar al poder. “Justicia para Regina”, “No se mata la verdad, matando periodistas” y muchas proclamas más fueron la bandera de un sector de la prensa que pugna aún por hallar a los autores del asesinato, no los que asesinos fabricados por la Procuraduría estatal. Marcharon entonces los indignados. Olía a muerte Xalapa. Regina en el Semefo. Transcurría el fin de semana inmerso en el luto. Vino el sepelio. Lloró su familia, sus amigos, sus alumnos. Al despertar, el lunes, los periodistas cerraban filas. Ayer fue Milo Velo, hoy es Regina, ¿mañana quién? Olía a muerte y no era pregunta premonitoria. Era que la muerte pernoctaba con la prensa. Luego fueron Gabriel Huge, Guillermo Luna, Esteban Rodríguez, levantados, mutilados, embolsados, hallados en un drenaje de Veracruz. Poco después Marco Antonio Báez Chino, también plagiado, encontrado en fragmentos. Con más razón salía la prensa a ejercer su derecho a la protesta. Caminaba por la calles, alzaba la voz, expresaba en cartulinas y mantas su rechazo a la violencia, Veracruz convertido en la capital mundial del odio a los periodistas, el Veracruz de Javier Duarte traducido a zona de guerra sin guerra, con bajas no de militares sino de trabajadores de la pluma, el pleito entre bandas de criminales y el gobierno agazapado, insolentemente agazapado. Regina Martínez, al ser ejecutada, potenció el caso Veracruz. Antes de ella, había control de daños. Unos de días de reclamo, la ofrenda floral del gobernador, promesa de justicia, y al carajo la investigación. La prensa nacional medio hablaba y se callaba. Con Regina, el duartismo quedó al desnudo. Fidel Herrera, el ex gobernador, y Javier Duarte, el gerente del negocio, habían urdido planes para hacer pagar a la prensa crítica, los insolentes que cuestionaron el despilfarro, el saqueo; los osados que documentaron el atraco de la bursatilización, la mano del entonces secretario de Finanzas, un tal Javier Duarte, en la descomunal deuda de Veracruz; los irreverentes que rompieron el silencio cuando la mordaza fidelista impedía hablar del narco impune, irreverentes porque dijeron y dijeron, y no se cansaron de decir, en los días “de la plenitud del pinche poder” que esto se había convertido en el santuario de Los Zetas con la venia de Fidel. Regina Martínez pertenecía a esa lista negra de diez periodistas en la mira del chacal. La dio a conocer el respetado Carlos Lucio Acosta en su “Periodistas críticos, ¿bajo investigación?”, seguida por Manuel Rosete Chávez, en “Diez periodistas al patíbulo”. Regina ocupaba el segundo lugar en la lista. A los diez se les categorizaba como “periodistas incómodos al sistema por su actitud crítica”. Regina golpeteaba a diario en sus notas de la agencia APRO, y en el portal informativo de Proceso, amén de sus reportajes en esa revista, una de las más influyentes a nivel mundial. Era incómoda por múltiples temas, pero uno, uno, calaba en Fidel: la inseguridad. Sabíase de ella, pero como un fenómeno social que afecta a todos los pueblos. Acá, en Veracruz, era inseguridad con la bendición del poder. Un grupo criminal, Los Zetas, fue el elegido en la tierra prometida. Se permitió infiltrar a la policía, a los ministerios públicos, a los jueces. Sus notas daban cuenta de los elementos policíacos consignados ante instancias federales por vínculos con el narco. Regina irritó a Fidel hasta ser denunciada cuando Proceso publicó la fotografía de la necropsia a la indígena Ernestina Ascensión, violada por militares en la sierra de Zongolica. Fidel Herrera destituyó a los médicos forenses que dictaminaron que hubo violación. No podía ser así. El presidente Felipe Calderón, quizá atestado de alcohol como era su estado natural, dijo que murió por una gastritis, y así quedó en el acta. Para entonces, Regina Martínez ya tenía una denuncia encima, sin una evidencia siquiera de que su mano haya sido la que hizo publicar la fotografía en cuestión. Es demencial que el móvil del crimen de Regina Martínez sea el robo, a manos de dos raterillos de mala muerte, a los que la Procuraduría de Veracruz en tiempos de Felipe Amadreo Flores Espinosa, les da categoría de “amigos” de la periodista; los dejó entrar; convivió con ellos; se bebió unas cervezas, y luego la mataron para robar. Y Veracruz entero se fundó ayer. Perverso Javier Duarte, persiste en su misión de alejar la muerte de Regina del móvil profesional, cancelar la pista de los políticos. De hacerlo así, el primero citado a declarar en calidad de sospechoso, sería Fidel Herrera Beltrán. No murió en balde Regina Martínez. Sacudió al medio de prensa, sacó a los periodistas a las calles, los hizo hablar, los hizo protestar, los hizo retar a un sistema opresor y represor. Provocó que la prensa mundial pusiera los ojos en Veracruz, capital del asedio contra los comunicadores, y acorralara a su gobernador Javier Duarte, por su inquina a sus críticos, por la mala leche con que se amordaza y se somete con la complicidad de los dueños de los medios. Dos años después, sin embargo, las protestas por el crimen de Regina han menguado. Unos se acogen al olvido; otros protestan en silencio; unos más han guardado sus líneas, sus plumas, sus voces, para otros temas. Denise Dresser invita a no disentir en silencio. La libertad de expresión está amenazada. El sistema priísta se recompone, criminaliza la protesta, acalla el periodismo de investigación, simula proteger cuando en realidad reprime. “Lo que ningún periodista amenazado puede o debe hacer es callar —dice Denise Dresser—. Guardar silencio no es una opción vis a vis un Estado que se ha acostumbrado a intimidar. A hostigar. A acorralar. Ante él habrá que disentir fuerte y claro. Al pétreo mascarón que resurge cada seis años, habrá que enfrentarlo con cincelazos ciudadanos, firmes y valientes. Hoy y siempre”. Hay que tomarle la palabra: disentir fuerte y claro. Regina no merece el silencio. Hacerlo es como volverla a matar. Archivo muerto Nada casual, nada al azar, la elección de la agencia municipal de Villa Allende no se cayó por error sino porque así lo calculó el marcelismo que gobierna a Coatzacoalcos. A Keren Prot Vázquez le hicieron creer que era la candidata del alcalde Joaquín Caballero Rosiñol. Le allanaron el camino, le sumaron corrientes, hicieron declinar adversarios, todos a su lado, demasiado bonito para ser real. Y ganó. Llegó su caso al Tribunal Electoral del Estado de Veracruz y ahí asumieron que 125 funcionarios de casilla —no cinco o diez— eran inelegibles porque no viven en Allende, porque no pertenecen a la sección electoral de la casilla, porque son funcionarios de confianza en el Ayuntamiento de Coatzacoalcos, marcelistas pues. Y semejante violación a la ley la dejó pasar la Junta Electoral Municipal. Fue omisa pero con conocimiento del delito. Y la elección se invalidó. Así lo planeó el marcelismo, pues Keren Prot no es de Joaquín Caballero ni de Marcelo Montiel; sus orígenes políticos están con el ex síndico Roberto Chagra Nacif y con Lu-pilla Félix de Theurel, la ex primera dama que ya no pinta en Coatzacoalcos. Va Keren Prot a una nueva contienda, extraordinaria, y sus adversarios —Alejandro Trujillo es la carta de Joaquín y Marcelo— irá en alianza para frenar a la joven política, a quien ya se la hicieron una vez y se la quieren hacer de nuevo… Callado y contundente, Luis Esteban Castillo humilló a Diario del Istmo, a la familia Robles Barajas y a los responsables administrativos, que urdieron la canallada de fincarle cargos de robo para eludir sus responsabilidades laborales. Lejos de amedrentarse, Luis Esteban los enfrentó, se negó a suscribir una deuda canjeable justamente por la miseria que le ofrecían a manera de liquidación, huyó de ellos y los emplazó legalmente en la vía penal por amenazas y privación ilegal de la libertad, y en los tribunales laborales. Pudo finalmente asestarle una derrota más a Mónica Robles, la diputada enemiga de sus empleados, y cobró algo más de 48 mil pesos por concepto de liquidación. Le dio donde más les duele a los miembros del Clan de la Succión. ¿Quién dice que no se puede?… ¿Quién es ese líder sindical que justo cuando Francisco Javier “Chico” Balderas era velado, se ocupaba en abrir una caja fuerte de donde extrajo piezas de valor y pistolas con cacha de oro, y de algunos escritorios tomó decenas de pacas de dinero? Desleal y taimado, se sabía mal visto por el líder de la Sección 11 del sindicato petrolero, para él cerradas las puertas de la gloria. Pudo así llegar a ser algo, encumbrarse, enriquecerse, perder la razón, cuando todo era caos y el balderismo se despedazaba por suceder a su patriarca. ¿Quién es?… Distante, cada vez más distante, la candidatura de Miguel Ángel Tronco Gómez no se ve llegar para contender por la alcaldía de Las Choapas. Lo rechaza el Partido Verde Ecologista de México —2014 no es igual a 2013, dice su representante ante el consejo general del Instituto Electoral Veracruzano, Arturo Martínez— y hasta se da el lujo de criticar a Renato Tronco Gómez, el minicacique, tildándolo del diputado más faltista en la Legislatura estatal. Quizá con filo, dijo Elizabeth Morales García, lideresa del PRI en Veracruz, en su visita a Coatzacoalcos, que la candidatura de Las Choapas es del PVEM y que el PRI la respaldará por ser parte de la coalición. Lectura clara: si no es con el apoyo del Verde, los Tronco ya se pueden ir a la porra… INFORME ROJO
Caso Regina: los caminos torcidos de Javier Duarte* La cuota de Marcelo: 2 millones al mes * ¿Por qué Chagra no denunció el doble levantón? * Fidel Robles y el candidato de Las Choapas * Emilio Cárdenas, vocero del PRI * Crisis en Limpia Pública * ¿Nuevo Rey de la Basura?. 27 de abril de 2014 Aferrado a un móvil sin lógica, ejercida la “justicia” a base de amenazas y tortura, Javier Duarte de Ochoa quiere al crimen de Regina Martínez Pérez como rehén de sus fobias periodísticas, revertir una sentencia en contra y de paso mandar al diablo al magistrado Edel Álvarez Peña. Enano entre los de moral pequeña, el gobernador de Veracruz maniobra para validar el descabellado móvil que hizo a la corresponsal de la revista Proceso responsable de su propia muerte, asesinada por dos compañeros de parranda, “novia” de uno de ellos, delincuencillos, uno seropositivo, y refrendar que no la mataron por lo que escribía. De veras que se necesita tener mente criminal para armar semejante estupidez. Terco, Javier Duarte ha sostenido esa hipótesis desde que Regina Martínez fue victimada la tarde del 28 de abril de 2012 —ya dos años— en su hogar de Xalapa, golpeada y finalmente estrangulada, acallada cuando exhibía con sus denuncias el regreso de personajes siniestros a la farándula del poder, vinculados con el crimen organizado, cuando denunciaba la degradación social y la pobreza, la corrupción, el saqueo de las arcas públicas, el atropello militar en zonas indígenas y la narcopolítica como moda de gobierno. Regina Martínez fue asesinada por su trabajo profesional y eso Javier Duarte lo sabe. Valiente ella, pudo enfrentar a un sistema envilecido, revelar cifras del gran peculado fidelista, documentar la infiltración de los malosos en las policías, evidenciar la miseria en que está sumido Veracruz. Y, en cambio, cobardes sus detractores, no tuvieron límites para enlodar a la corresponsal de Proceso y lincharla pública y judicialmente cuando ya no podía defenderse. Duarte le apuesta a un juicio de amparo, próximo a resolverse. Con un fallo a favor, se extinguiría la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Veracruz que dejó en libertad a Jorge Antonio Hernández Silva, alias “El Silva” —agosto 8 de 2013—, por violaciones a sus derechos humanos, carecer de una debida defensa legal y confesar mediante tortura. Duarte, en ese punto, se hizo de un aliado a modo: Ángel Alfonso Martínez Pérez, hermano de Regina, quien con su juicio de amparo pretende hace efectiva la condena de 38 años a “El Silva”, impuesta por la juez Beatriz Rivera Hernández. Agraviada desde un primer momento, Regina Martínez hasta muerta fue objeto del embate del sistema. Le imputaron una conducta ligera. Filtró la Procuraduría Veracruzana que era lesbiana. Luego llamó a declarar a reporteras amigas, obligadas a dejar su huella dental para compararla con una supuesta mordida que presentaba la periodista. Nunca se salió Javier Duarte del script: El móvil era el robo y de ahí no se movió. Convivieron la periodista y sus amigos. Luego vinieron las cervezas. Después la gresca, el ataque, las manos sobre Regina. Al final, un cuerpo sin vida. Se llevarían con ellos —“El Silva y José Adrián Domínguez Hernández, alias “El jarocho”— cuanto pudieron. Seis meses más tarde, entre palos de ciego y presión social, la prensa hablando de impunidad, el gobernador salió con la charada de que había resuelto el caso Regina Martínez. Presentó al “Silva” como autor del crimen —octubre 30 de 2012—, mientras Veracruz entero y el gremio de prensa entrecruzaban recelo e incredulidad, indignación y coraje. Seis meses después fue condenado. Le echaron 38 años y seis meses de prisión. Se sabría que en ese lapso no se le atendió médicamente de su problema de sida. Y algo más: le arrancaron la confesión de culpabilidad mediante tortura. Era el 9 de abril de 2013. “El Silva” apeló la sentencia. Llegó su caso al Tribunal Superior de Justicia de Veracruz. Lo tuvo en sus manos el magistrado Edel Álvarez Peña, alias “Cara de Muela”, y en cosa de tres meses derrumbó la coartada genial del gobernador Javier Duarte. Álvarez Peña fue el ponente de la sentencia. Su compadre Andrés Cruz Ibarra lo secundó. Por mayoría decidieron que Hernández Silva quedara en libertad. Era el 8 de agosto de 2013. “El Silva” fue privado de su libertad varias semanas antes de que se le consignara. “El Silva” fue detenido sin orden de aprehensión. “El Silva” fue torturado. “El Silva” fue obligado a incriminarse. “El Silva” careció de una debida defensa en el juicio. “El Silva” estuvo seis meses en la cárcel sin que se le atendiera médicamente por su problema de sida. “El Silva” vio violados sus derechos humanos. Bajo esos agravios, Jorge Antonio Hernández Silva dejó la prisión, el caso Regina se quedó sin culpable y Javier Duarte enfrentó un ridículo más. Cobraba así el “Magistrado Cara de Muela” cuentas viejas. Golpeó al gobernador de Veracruz y a su gurú, Fidel Herrera Beltrán. Álvarez Peña fue tácitamente echado de la política luego de ser alcalde de Coatzacoalcos y líder estatal del PRI, ninguneado pese a su consorcio periodístico —El liberal y una decena de medios— de línea suave, lisonja y aplauso servil a cambio de millonarios contratos de publicidad oficial. Ese mismo mes, Ángel Alfonso Martínez, hermano de Regina, interpuso el juicio de amparo para que “El Silva” vuelva a prisión. Ante el Cuarto Tribunal Colegiado de Xalapa, fue admitido el 25 de octubre de 2013. De acuerdo con la revista Proceso, el magistrado ponente es Agustín Romero Montalvo, cuya esposa, María Dolores Silva Ovando, fue favorecida con un nombramiento de Javier Duarte como integrante del consejo directivo del Centro Estatal de Justicia Alternativa. O sea, por razones de agradecimiento —o complicidad—, el gobernador de Veracruz ya amarró al magistrado clave. Si concede el amparo, Regina fue asesinada por uno de sus compañeros de parranda y se valida así la hipótesis del robo; si no, “El Silva” fue torturado, obligado a incriminarse, se le detuvo sin orden de aprehensión, se le privó de su libertad varias semanas antes de ser consignado, oculto en una casa de seguridad, y careció durante del juicio de un abogado interesado en liberarlo. Si se concede el amparo, Javier Duarte y el magistrado Agustín Romero convertirían a Regina en responsable de su propia muerte al haber abierto las puertas de su hogar a sus asesinos. Y si se concede el amparo, descalifica al magistrado Edel Álvarez Peña, ponente de la sentencia que permitió a Hernández Silva dejar la prisión por causas de tortura, reducido a la condición de chivo expiatorio. Mayúsculo descalabro para el “Magistrado Cara de Muela” por llevar a su gobernador al apartado de los impostores de la justicia. Si el amparo es negado, queda impune el asesinato de Regina Martínez. Derrumba el móvil del robo y mantiene la hipótesis de que a la corresponsal de Proceso la asesinaron por su trabajo profesional, por sus denuncias, por su crítica, por revelar la podredumbre del fidelismo y la complicidad del duartismo. Si el amparo es negado, Javier Duarte estará liquidado. Lo pierde su fobia a la prensa. Aborrece la crítica. Se indigna ante la verdad en letras de molde. Lo irritan los reportajes de corrupción, su gobierno en el centro del escándalo. Lo intimida la otra cara de la bursatilización. Lo aplasta el periodismo de denuncia. Lo frustra saber que hay prensa que no se deja comprar, Regina entre ellos. Si el amparo es negado, Javier Duarte esta perdido. ¿Por qué no siguió la pista del crimen causado por lo que escribía Regina? ¿Por complicidad? ¿Por la implicación de alguien cercano? Lo de Regina Martínez será un crimen de Estado. Archivo muerto Exigente, rapaz, no opera campañas política Marcelo Montiel por puro amor al arte. Negocio al fin, cuentan sus fans que exigía 1.5 millones mensuales a Marco César Theurel Cotero —“Te rompo tu puta madre”— apenas estrenado éste en la alcaldía de Coatzacoalcos. Tuvo en sus manos un pago y no hubo más. Ahí rompieron lanzas y ahí se declaró la guerra. Filtran también que hoy, con Joaquín Caballero Rosiñol en la presidencia municipal, reclama de su pupilo 2 millones al mes, canalizados hacia el Departamento de Lavado del marcelismo. Quienes conocen los vericuetos de la historia dicen que Caballero no quiere verse en el lugar de Theurel —el peor alcalde de la historia de Coatzacoalcos— por incumplir los pactos… ¿Que por qué Roberto Chagra no denunció el doble levantón del que fue objeto? ¿Y por qué se resiste a admitir que las dos visitas del crimen organizado sí ocurrieron? Imposible, terriblemente imposible, que alguien pueda justificar los 4 millones de pesos que pagó —2 millones a una banda y otros 2 a la otra— en un lapso de 24 horas y hacer de cuenta que le quitó un pelo al gatito. ¿Qué le puede decir a la Procuraduría de Veracruz o a la Procuraduría General de la República? ¿Que lo pagado a los malosos es producto de sus domingos, de sus ahorros o del Melate?… Refractario a la corrupción, intransigente con el PRI, Fidel Robles Guadarrama tiene un dilema en Las Choapas: el virtual candidato del Partido del Trabajo a la alcaldía, Miguel Ángel Gómez Díaz, lleva en la piel el fierro del tronquismo. Hace un año operaba para Renato Tronco Gómez, el minicacique choapense, y apuntalaba al candidato del PRI-PVEM a la alcaldía, Miguel Ángel Tronco Gómez, echaba porras, hacía piruetas y denostaba a su concuño, el abanderado del PRD, Marco Antonio Estrada Montiel. Era, pues, una pieza del tronquismo-priismo. Dilema serio el del diputado Fidel Robles, coordinador estatal del PT, tan duro con el priismo, con el duartismo, con la fidelidad, y en Las Choapas, su candidato sirviendo de comparsa a Renato Tronco y a su clan… Por tercera vez, curtido en la experiencia, José Emilio Cárdenas Escobosa asume la Coordinación de Comunicación Social del PRI en Veracruz. Le precede su paso inmediato por la Coordinación de Comunicación Social del gobierno de Veracruz, en funciones de asesor de Alberto Silva Ramos; coordinador de asesores del ex subsecretario de Gobierno, Enrique Ampudia Mello; representante del Partido Nueva Alianza ante el Consejo General del Instituto Electoral Veracruzano y ante la Junta Local del IFE en Veracruz; secretario general y presidente de la Fundación Colosio; coordinador de asesores del secretario de gobierno de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares, en el sexenio chirinista; catedrático de la Universidad Veracruzana; ex directivo del portal en internet Crónica del Poder, y actualmente propietario del portal De Interés Público.com, además de autor de la columna política De Interés Público, donde despliega su reconocida capacidad de análisis y la profundidad de sus ideas sobre el acontecer de Veracruz. Licenciado en economía, con un doctorado en ciencia política y derecho público, cursado en la Universidad Autónoma de Madrid, España (el suyo sí es real), Emilio Cárdenas encara el reto de recomponer la imagen del PRI, tender puentes hacia sus críticos, realizar la cirugía estética que le urge al tricolor y posicionar a su dirigente, Elizabeth Morales García, en la ruta hacia el proceso federal del próximo 2015 y la renovación de comités municipales y seccionales… ¿Quién es ese genio que urdió controlar el sistema de limpia pública de Coatzacoalcos, manejar el producto de las multas a su antojo, tumbarle el tiempo extra a los empleados e inundar de recomendados esa área, convertidos en limpiacalles los operadores del PRI y sus achichincles, con cargo obviamente al erario municipal? ¿Quién con semejante voracidad, burdo y descarado, con antecedentes penales, que ve en la limpia pública su oportunidad de convertirse en el nuevo Rey de la Basura, otro Cuauhtémoc Gutiérrez, el futuro dueño del relleno sanitario? ¿Quién?… INFORME ROJO
García Márquez: imaginación infinita* Los que leyeron “Cien años de soledad” y los que no * La agresión de Vargas Llosa * Peña Nieto y el zafarrancho en Veracruz * Duarte ya cansó al Presidente * Levantón a Chagra * Comandante de SSP, tratante de personas * La dama de hierro rebasa a Marcelo * La China de uña larga * El periodista se va decepcionado. 23 de abril de 2014 Morirse tiene lo suyo. A Gabriel García Márquez lo citan muchos, pero son más los que lo elogian sin haber leído una de sus líneas; lo rememoran sin tener idea de sus cuentos, sus novelas, sus artículos o sus reportajes; lo exaltan sin saber que además de Cien Años de Soledad hay una obra monumental, decenas de libros, cientos de textos, miles de cuartillas, millones de ideas, expresadas con olor a tinta. Tras el Macondo recreado ahí, pueblo mágico donde tejió una historia fantástica, descripción de la miseria, los deseos del hombre, retratos de lo absurdo, amores impuros, el incesto, el olvido por seis generaciones, hay otros espacios literarios quizá tanto o más enigmáticos: “La hojarasca”, “Crónica de una muerte anunciada”, “El otoño del patriarca”, “Los funerales de la Mamá Grande”, “El general en su laberinto”, “El amor en los tiempos del cólera” y quizá presente en muchos “El coronel no tiene quien le escriba”, porque lo vieron hecho película. García Márquez fue un inventor. Hizo la reingeniería del español, pero más que en sus palabras y sus juegos verbales, en la construcción de nuevas formas de decir y de contar. Recreó la realidad a partir de imágenes cargadas de invención, pero una vez sumergidos en la lectura, atrapados por su encanto, lo inverosímil pudo hacerse cotidiano. Es el llamado realismo mágico. Muerto siendo ya inmortal, parafraseando a Javier Aranda, Gabo ha desatado una vorágine de elogios, la exaltación de su obra, una avalancha de adjetivos, una revolución de citas que permiten reconocer la grandeza del colombiano. “Muchos años después, frente al paredón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recodar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por el lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”, dice el célebre primer párrafo de “Cien años de soledad”. Y luego contaría las hazañas del militar que perdió 32 batallas. Si Rulfo da vida a los fantasmas de Comala, y Pedro Páramo es el cacique mítico, García Márquez en “Cien años de soledad” se permite matar a Melquiades, el gitano, y poco después volverlo a la vida, hacerlo regresar a Macondo, estar con los Buendía y de nuevo verlo morir. Ningún lector costumbrista, asiduo a la novela formal, halla lógica en la obra cumbre de García Márquez. Ahí se conjuga lo irreal con lo mágico, la superchería con la sensatez, los amores prohibidos, tías con sobrinos y sobrinas con tíos, niños con cola de cerdo, una profecía, la de Melquiades, que veía al primero de los Buendía, José Arcadio, atado a un árbol, y al último de ellos, el hijo de Mauricio Babilonia y Amaranta Úrsula Buendía, un bebé consumido por las hormigas, condenadas las seis generaciones a la soledad, al silencio, al olvido, a la muerte, a la tristeza. Macondo y el diluvio y finalmente Macondo destruido por un devastador huracán. Cuando llegó el Nobel, en 1982, García Márquez estaba cierto que no se premiaba sólo “Cien años de soledad”. Había obra, y mucha, y monumental, significada toda por ese estilo que retrataba la miseria de los pueblos de América Latina, cada uno envuelto en su propia magia. Tuvo Gabo la imaginación para concebir que en ese pueblo irreal llamado Macondo un día murió Mamá Grande, “a cuyos funerales vino el Sumo Pontífice”. O el retrato aquel del improvisado dentista, el único en el pueblo que extraía muelas. “Un día de éstos”, se llama el cuento compendiado en Los funerales de la Mamá Grande. Describe un episodio de venganza popular, la ira de todos aliviada en un instante único. Acude el alcalde al dentista sin título. Se topa con la reticencia del doctor. La vence con sutil amenaza. Si no lo atiende, le pega un tiro. Accede, pues, y se dispone a extirpar la muela que tantos dolores provoca. Sin anestesia, le dice el dentista. ¿Por qué? Tiene un absceso. Procede a la faena. La extrae en medio de brutal dolor. “Aquí nos paga veinte muertos, teniente”, apunta el dentista. Entre lágrimas, el alcalde logra ver la muela. Se sabe humillado, presa de la venganza popular. Pagó así una afrenta. Contó García Márquez la angustiosa espera del coronel al que nunca llega la carta que valida su pensión, trama que entremezcla la miseria, los anhelos, el amor senil, la esperanza, el azar, la fe cifrada en un gallo de pelea que ha vencido a muchos y un hijo del que nunca se supo más en su aventura de enfrentar al gobierno. Habló de los días perdidos y la vida secreta del general Simón Bolívar, el laberinto del libertador; tiempos de muerte y amor en medio de una epidemia de cólera; el relato de un náufrago que primero fue héroe nacional y luego, cuando él mismo reveló que no hubo tormenta sino un contrabando en un barco oficial, Colombia entera se sacudió, el periódico El Espectador fue clausurado y García Márquez tuvo que irse al exilio. México no fue su segunda patria. Fue su patria distinta, decía. Tras vivir en Europa, llegó a tierras aztecas. Aquí produjo gran parte de su obra. Aquí desarrolló periodismo. Fue fundador de La Jornada; fue articulista de Proceso. Sus textos “Regreso a la guayaba”, “Náufragos en el espacio”, “La historia vista de espaldas”, “269 muertos”, “Inglaterra los ha hecho así”, por citar algunos de los cientos que escribió, recreaban historias sin ficción, aguda la pluma. Le recriminan sus críticos su amistad con Fidel Castro, líder cubano, libertador de su pueblo y finalmente dictador. García Márquez negó siempre ser socialista, pero concebía al mundo ideal con las soluciones sociales, sin hambre, sin pobreza, con educación y salud. Su rigor periodístico lo plasmó en “Relato de un náufrago”, “La aventura de Miguel Littín, clandestino en Chile”, “Noticias de un secuestro”. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1982 y ese día rompió el protocolo. No vistió el tradicional frac negro; llevaba un liquiliqui de lino blanco, el traje de los coroneles de las guerras civiles; en sus manos una rosa amarilla y un discurso profundo: La soledad de América Latina. Amigo de presidentes, de artistas —Shakira y Gabo se profesaban devoción—, hubo uno que hizo del agravio un episodio de escándalo: Mario Vargas Llosa. Intenso aquel momento, el 12 de febrero de 1976, en la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica, García Márquez se acercó, extendió los brazos, se dispuso a prodigarle un abrazo y recibió un certero puñetazo en el ojo izquierdo. Reclamaba Vargas Llosa una supuesta majadería a Patricia, su esposa. García Márquez yacía en el suelo, cubierto el rostro con las manos, y el peruano lanzando improperios. Gabo intentó dar una explicación pero fue callado. Que se lleven a este majadero, ordenó Vargas Llosa. Había detrás problema conyugales y una intervención imprudente, acallada. Consta la historia en las páginas de Excélsior y luego en la “Terca memoria” de Julio Scherer, incluido el fallido intento de Vargas Llosa por imponer la censura. “Cuando no quiera que las cosas se publiquen, don Mario, no las haga en público”, le dijo Scherer al autor de La Ciudad y los perros. Seis años después Gabo sería Premio Nobel de Literatura. Su antes amigo Vargas Llosa tardaría 28 años más en lograrlo. Murió Gabriel García Márquez el 17 de abril pasado, a los 87 años, en la capital mexicana. Una parte de sus cenizas partió a Colombia; la otra permanecerá en México. Más de 20 millones han leído “Cien años de soledad”, traducido a 40 idiomas; otros hablan de él con fervor, contagiados de su realismo mágico, aunque nunca antes hubieran seguido sus líneas, sus ideas, plasmadas con olor a tinta. Archivo muerto Ingobernable, Veracruz recibió a Enrique Peña Nieto entre gritos, reproches, demandas y protestas. Llegó el lunes 21. Conmemorábase el centenario de la defensa heroica del puerto de Veracruz frente a la invasión yanqui de 1914. A unas cuadras del evento, marchaban los maestros agrupados en el Movimiento Magisterial Popular Veracruzano. Se abrían paso y retaban. Llegaban hasta las líneas de la policía, conminados a no seguir. Insistían y eran replegados. Y de ahí, el enfrentamiento con palos, piedras y sillas, “la nueva defensa heróica del puerto”. Cuentan que de por sí Peña Nieto y Javier Duarte tienen su relación política con frialdad bajo cero y, como apunta el columnista Ricardo Alemán, pronto habrá una sacudida en Veracruz. 21 de abril, el principio del fin… Corrían los primeros días de abril. Frente al fastuoso palacete se detuvo el auto. Descendieron su conductor y el hijo. Anduvieron unos pasos y en eso los interceptó un comando. El chico ingresó al hogar; el padre tuvo su paseíto. “Te dejamos libre tres años. Ahora jalas o mañana paseamos al chico”. Y a la mañana siguiente —dicen sus allegados— entregó 2 millones de pesos. Horas después, otro comando de malosos repitió la escena. Un día mas tarde entregaría otros 2 millones. ¿Una pista? Su nombre empieza con R de Roberto y Ch de Chagra. Así que 4 millones pagados en menos de 24 horas. Eso es saber ahorrar… Se llama Fidencio Sedas Muñoz y es comandante de grupo en Seguridad Pública de Veracruz. Cesado, investigado, concentrado a Xalapa, supuestamente está siendo procesado por desaparición de personas en Las Choapas. Se le implica con las bandas dedicadas a la trata de personas, ciudadanos choapenses y migrantes centroamericanos. Su arresto ocurrió tras el hallazgo del cuerpo del periodista Gregorio Jiménez de la Cruz, reportero de Notisur, Liberal y La Red, en una fosa clandestina en la colonia J. Mario Rosado, el 11 de febrero. De ahí vendría la desaparición de ocho vecinos de Las Choapas, justo cuando la Agencia Veracruzana de Investigaciones arremetía contra gente inocente, en una oleada de terror sin precedente. Un día llegaron nuevos mandos de la SSP, destituyeron al personal, reubicaron al delegado regional y a Fidencio Sedas supuestamente lo consignaron para después someterlo a juicio. Ahora sólo falta que lo deje ir aparato de justicia duartista… Hábil, audaz, la “dama de hierro” decide, ordena, impone. Dueña de todo, apenas deja Víctor Rodríguez Gallegos la subdelegación administrativa de la Secretaría de Desarrollo Social federal en Veracruz, la señora asume funciones. Manda como si fuera Marcelo Montiel, el delegado estatal, azorados los empleados de la dependencia al ver las ínfulas de la “dama de hierro” y la concha de Víctor Rodríguez. ¿Sabrá Rosario Robles de pierna ahumada que ya hay delegada bis de Sedesol en Veracruz?… “Ahí viene La China”. Y La China llega a las tiendas departamentales con la uña desenvainada. La China recorre cada piso y cada sección. Va a Fábricas, a Sears, a Liverpool, y donde la ven provoca más alarma que un ninja trasnochado. Con habilidad extrema toma de todo, lo que esté a su alcance, lo que le quepa en el bolso, chácharas y baratijas. “Ahí viene La China”, dice el personal de seguridad y de inmediato le colocan sombra, deseando caerle con algo de valor, algo que valga la pena para remitirla a la autoridad. Lo suyo no es gusto por lo ajeno. Lo suyo se llama cleptomanía, pero a los suyos les importa nada su suerte. Y ella no se quiere curar. Cosas del jet-set… ¿Quién es ese periodista de la vieja guardia que de un momento a otro dejará, decepcionado, las filas del que ha sido su medio de comunicación por más de 30 años? Se va regateando una indemnización justa. Se va herido, acotado por no comulgar con las ideas políticas de su patrona. Se va convencido de que la industrialización del periodismo es rapaz. Se va irritado por la absurda condición, obviamente rechazada, de que no trabaje en otro medio de comunicación local… INFORME ROJO
Veracruz: el crimen organizado nunca se fue* El diputado José Ratón y su falso diagnóstico de los malosos * Marcelo y los dos salvadoreños * Actas falsas en Puente Nacional * Ocho homicidios en cinco meses * La síndica y la venta de cerveza * Mily y Pablo Montero, aquellos días * Karime pierde, dice Theurel * Iván El Coyote * Los tres mayates que llegaron a notarios. 20 de abril de 2014 Incierta y desproporcionada, maquillaje de ficción a la cruda verdad de Veracruz, es la expresión de José Ramón Gutiérrez de Velasco Hoyos: el crimen organizado está de vuelta, intenta reposicionarse, pero hay gobierno para impedirlo. Eso dice José Ratón, como se le conoce en el mundo de la política, defenestrado por los priístas, a los que ahora sirve, no como el diagnóstico fatal por los días violentos que dominan ya el escenario de Xalapa, la capital veracruzana, sino por la exaltación del gobierno que impedirá el regreso de la delincuencia mayor. Como puede, el diputado neopriísta, converso al tricolor después de ser alcalde del Partido Acción Nacional en el puerto jarocho, intenta explicar la extraña paradoja del duartismo que en el discurso dice que la seguridad está garantizada por las fuerzas federales mientras en los hechos los malosos siguen haciendo lo que les viene en gana, dueños de las calles, administradores de las balas y la sangre de otros malosos y también de las víctimas inocentes. “Es algo delicado, no se puede ocultar. En Xalapa están nuevamente personas de la delincuencia queriendo posicionarse y no se les permite y el gobierno está tras ellos. Sería mentira decir que no pasa nada y al contrario, se sabe que hay personas de la delincuencia que han querido entrar a Xalapa, por eso luego se dan estas confrontaciones”, suelta el diputado que preside la Comisión de Justicia del Congreso de Veracruz. Cercado por la prensa, cuestionado, sale al paso José Ratón de las críticas por la nueva oleada violencia en la otrora tranquila Xalapa, por el rafagueo de las metralletas, por los disparos de los revólveres, por el miedo de la gente, el terror de los niños, el silencio de la sociedad o las voces de los valientes que se atreven a protestar. Están de regreso los del crimen organizado, reconoce el diputado priísta, pero matiza: hay gobierno, y está tras las bandas de delincuentes; los persigue, los enfrenta, no los deja dominar las parcelas y las urbes de Veracruz. “No tiene que haber, ni bandas de una, ni de otra, no tiene que haber bandas ni nadie que tenga el derecho de sentirse impune aquí. Sabemos que estas situaciones agreden y lastiman físicamente a la sociedad y no se debe de permitir. El gobierno tiene que dar el mensaje que no se permite la instalación de ninguna banda de ninguna delincuencia”, dice. Sería una buena historia si tuviera el ingrediente de la verdad. Sobran argumentos para acreditar que no es así. El crimen organizado no está queriendo posicionarse, como dice el legislador ex azul, que “hay personas que han querido entrar a Xalapa”. Diseminado, extendido por toda a geografía veracruzana, el crimen organizado nunca se fue. Permaneció operando, comiéndose al gobierno, ganando terreno, burlándose del Mando Único Policia, infestando de droga la entidad, desarrollando estrategias de muerte, extorsionando a todos, devastando a la sociedad. Se escucha cada vez más el sonido de las balas de los malosos como si aquí fuera Ciudad Juárez o Reynosa, pero dice el diputado José Ratón que es mejor acostumbrarnos pues podrían continuar por tiempo indefinido, debido a que el crimen organizado intenta operar en la capital de Veracruz. Sin embargo, “el gobierno no lo permitirá”. O sea, la inseguridad crece porque hay violencia, pero el discurso de Gutiérrez de Velasco es ambivalente: identifica la gravedad de la embestida del crimen organizado, pero se devalúa su argumento en cuanto le da al gobierno de Javier Duarte una estatura que no tiene. Suena bien el rollo del legislador. Hay gobierno. Hay fuerzas de seguridad. Hay Policía Acreditable. Hay más armamento, patrullas, equipos de radiocomunicación, logística, inteligencia. Vigila el Ejército, vigila la Marina, vigila la Policía Federal. Y quieren los malosos regresar, dice el diputado José Ratón, pero no se les va a permitir. Una parte de la prensa —la prensa vendida— le da voz al diputado presidente de la Comisión de Justicia. Otros lo aclaman. No advierten que es una crítica tramposa, pero matizada para luego pronunciar el discurso servil hacia un gobierno que no arregla el tiradero policíaco que heredó del régimen de la fidelidad, y su propio cochinero, policías acreditables que torturan y reprimen; elementos de la Agencia Veracruzana de Investigaciones que levantan, secuestran, trafican personas; un aparato de justicia corrupto, ministerios públicos que fabrican pruebas, jueces que condenan a cambio de una paga o por consigna política. Nada tan falso como que los malosos intentan posicionarse de nuevo en Xalapa, como ocurre en Veracruz, en Córdoba, en el norte y en el sur. Ahí han estado y nunca se fueron. Ya no tiran 35 cuerpos en Boca del Río, en la zona turística; no aparecen otros 30 en una casa de seguridad, descuartizados todos; o periodistas como Milo Vela, ejecutado con su familia en el interior del hogar, en una madrugada brutal; o embolsados como Gabriel Huge, Guillermo Luna Varela y Esteban Rodríguez; o torturados y decapitados como Yolanda Ordaz de la Cruz; o sepultados clandestinamente como Noel López Olguín; o molidos a golpes y luego estrangulados como la corresponsal de Proceso, Regina Martínez Pérez; o desmembrados y embolsados como Marco Antonio Báez Chino, o levantados, torturados y sepultados en fosas clandestinas como Gregorio Jiménez de la Cruz. Siguen los narcos, los secuestradores, los extorsionadores, los tratantes de mujeres, los corruptores, los traficantes de migrantes, actuando con la misma beligerancia, impunes, a lo largo y ancho de Veracruz, seguros que la ley no los alcanza porque para eso es el gobierno duartista, cómplice por omisión y casi siempre por acción. Tiran cadáveres en las ciudades o los sepultan en fosas cavadas con sus manos; se trenzan a punta de disparos con otras bandas; acuden por su cuota a antros y comercios; extorsionan empresarios y profesionistas; en su lista figuran alcaldes, funcionarios y líderes de partidos. Y dice el diputado que están intentando posicionarse de nuevo. Dos caras, traidor natural, José Ratón Gutiérrez de Velasco no se hace notar porque su palabra sea creíble, su moral devaluada desde que era alcalde de Veracruz y comenzó a tejer su historia de desprestigio. Que diga ahora que los malosos quieren volver es falaz; nunca se fueron. Que exprese que no lo lograrán porque hay gobierno para impedirlo, es demencial, pues este gobierno está para permitirles que hagan de las suyas. Son sabidos los enredos de la fidelidad con el crimen organizado, la protección mediática a Los Zetas, el alquiler del territorio veracruzano sin aclarar quién se quedó con las rentas aunque habría que preguntárselo a Fidel Herrera, la infiltración de las policías, en su nómina agentes del MP, jueces, magistrados. Sabido es que Javier Duarte sólo simula que enfrenta a los malosos mientras las balaceras callejeras y los encontronazos de sicarios son ya parte del panorama visual de los veracruzanos. Y José Ratón quiere vender la idea de que si los malosos intentan volver, hay gobierno para enfrentarlos, para perseguirlos, para frustrarlos. Un maquillaje al Veracruz violento e incontrolable. No regresan porque nunca se fueron. Archivo muerto Tres décadas y algo más hacen ya de la primera transa de Marcelo Montiel. Llegaron a él dos migrantes, salvadoreños, urgidos de establecerse, de llevar la fiesta en paz, necesitados de trabajo. Y él, empleado del Registro Civil, les fabricó actas de nacimiento. En un tris los hizo ciudadanos mexicanos, nacidos en el mero Puente Nacional, estado de Veracruz. Semanas después, descubierta la trastada, MMM buscaba eludir la justicia. Angustiado, temeroso, fue llevado de oficina en oficina. Y así llegó a la de Raúl Ramos, hernandezochoísta, cercano a Carlos Brito Gómez, poderoso subsecretario de Gobierno. “¿Y cuánto cobraste?”, le inquirieron. “Nada”, respondió. “Pues qué pendejo porque esto se cobra bien”. Disipada la amenaza de cárcel, el hoy delegado de la Secretaría de Desarrollo Social federal en Veracruz emprendió su carrera delictiva en la política, y los dos indocumentados terminarían siendo familia. Tres décadas y algo más de aquel episodio, el origen de todo, lo que define al hombre honesto y al que no lo es. Hay otra sobre un homicida que se le fue. Después se las cuento… A los tumbos la Subprocuraduría de Justicia en el sur de Veracruz. En cinco semanas, ocho homicidios, ni uno aclarado. Y los acusados de haber asesinado al gerente de la Volkswagen, Arturo Casados, ganan un amparo y de un momento a otro recuperarán su libertad, sin que el sub, Ricardo Carrillo Almeida, mueva un dedo para interponer un recurso de revisión; los del pastor Claudio Martínez a un paso de ser liberados, si bien dos de ellos están identificados en otro caso criminal; los del periodista Gregorio Jiménez de la Cruz, en vías de obtener un amparo que los libere. Acusar sin pruebas, sin argumento, provoca injusticia, o no aplicar los recursos legales genera impunidad. Unos se van por negligencia de la autoridad y otros por complicidad, lo mismo el inocente que el culpable. Para todos hay salida. ¿O no, señor subprocurador?… Con el negocio de la cerveza también hizo chuza Alejandra Theurel Cotero, hermana de Marcos —“Te rompo tu puta madre”—, el entonces alcalde de Coatzacoalcos. Proveía de la bebida a la Expo Feria y cobró hasta el último centavo de lo vendido aunque ella no liquidara su adeudo con los dos jóvenes que le habían allegado el producto, obligándolos a pagar de su bolsillo a la empresa cervecera. Gusta de esos negocios la hoy síndica, sin escrúpulos de por medio, sin consideraciones con nadie, el uso inmoral del poder, pero así es la malosa Madame Perica… Días de gloria, de jauja, los de la fidelidad. Mily Chagra Nacif, la reina de la corte, una deidad ante la cual rendían culto todos, lo fue también para Pablo Montero, cantante de música vernácula y actor de telenovela, de medio pelo pero actor. Fan del ex alcalde Marcelo Montiel —o MMM fan del cantante—, Pablo Montero no se perdía uno sólo de los festejos del Grito de Independencia, contratado con cargo al erario de Coatzacoalcos. Y ahí, entre Marcelo Montiel y Mily Chagra se le iba toda la audición, su atención para ellos, sus canciones, sus bromas, los tragos, la piel, la anécdota del corte de cabello en forma de guitarra, su intimidad… No a todos les cae así el crimen organizado: 24 horas entre un levantón y otro. Al priísta de los millones malhabidos, sí. En la próxima los detalles… Así, directo, pelado, soberbio. Pregona Marco César Theurel Cotero —“Te compro tu puta madre”— que entre Karime Macías de Duarte y Lu-pilla Félix de Theurel para la diputación federal por Coatzacoalcos, mil veces Lu-pilla. “Karime pierde”, dice a todos en Xalapa, a Pepe Yunes, y el senador mejor calla. O sea, deslenguado y marrullero, siempre provocador con Javier Duarte, aún sabiendo que lo de la candidatura de la “gobernadora” es pura vacilada… Coyote de CONAGUA, Iván Hillman administra millones, suscribe contratos y requiere su respectivo “ten percent”. Hacía lo mismo en Coatzacoalcos, en sus días de alcalde, Mariano Moreno en la tesorería, ambos acumulando fortuna que hoy lavan a la vista de todos. Coyoteaba entonces, incluida la Dirección de Seguridad Pública Municipal, y se aferra a esa costumbre en la gerencia regional de la Comisión Nacional del Agua… Eran jóvenes y estudiaban en Xalapa. Uno era El Gato, otro El Paco y otro El Fredy. Pobretones, subsanaban la falta de recursos con amoríos inconfesables, novios de gays, entre ellos un “profesor” que a su vez suministraba “producto” para políticos de alcurnia. Así, metidos en ese fango, aliviaban su miseria, estudiantes de leyes entonces, políticos después, notarios millonarios hoy… INFORME ROJO
Las transas de la síndica* Cobró indebidamente 2 millones * Usó tres facturas de constructores * Pide proveedor separarla del cargo * El cabildo marcelista la protege * Yuribia, rehén de todos * Duarte, como la Chimoltrufia * La diputada inútil quiere ser directora escolar * México: silencio forzado * Las “infames” de Veracruz. 7 de abril de 2014 Voraz como pocos, amiga de malosos, malosa ella, Alejandra Theurel Cotero tiene gusto por los giros negros, la venta de alcohol, los negocios sórdidos y una irrefrenable pasión por cobrar obras y servicios que no brinda, en los que no invierte, que le son ajenos. Oveja negra en el ayuntamiento de Coatzacoalcos, debiera ser un ejemplo de pulcritud, ética, honestidad e integridad, como se le exige a cualquier síndico municipal, cargo al que llegó por accidente político; debiera serlo, pero no lo es. Impuesta por su hermano, el ex alcalde Marco César Theurel Cotero —“Te rompo tu puta madre”—, su misión es evitar que una acción legal por todas las fechorías que cometió lo lleve a prisión. Peri Theurel, como se le conoce en el bajo mundo y en la vida pública, no es menos vil que su bipolar hermano. Es imputada de haberse agenciado más de 2 millones de pesos por la instalación de gradas y acondicionamiento de escenarios que realizó una empresa particular en la edición 2012 del Carnaval de Coatzacoalcos, a la cual aún se le adeuda el servicio. Corría marzo de 2012 cuando sucedieron los hechos. Raziel Garduza López, abogado y proveedor del ayuntamiento, tuvo la concesión del suministro de gradas naturales, mil gradas de aluminio con butacas en poliuretano y 5 mil 700 metros lineales de vallas, colocar pantallas led, armar el palco principal, tarimas para la prensa, rentar camionetas para remolcar los carros alegóricos, pago de alimentos de sus empleados y readecuar espacios en tiempo récord. Le pagarían 2 millones 345 mil 56 pesos más IVA. Hizo su parte. La empresa cumplió con su encomienda e incluso detectó que por años los proveedores jugaban con el número de gradas, pues en total se reportan 30 mil espacios para quienes acuden al evento en cada uno de los paseos del carnaval, cuando en realidad la afluencia es de 50 mil. O sea, de manera subrepticia, organizadores y graderos en eventos anteriores obtenían ganancias por 20 mil espacios que no eran manifestados al fisco ni a la administración del carnaval, algo así como 400 mil pesos diarios. Pintaba bien el negocio, pero el theurelismo lo echó a perder. Raziel Garduza presentó la factura 003, de fecha 30 de marzo de 2012, y ahí comenzó su peregrinar. Evasivos, los funcionarios de tesorería escamoteaban el servicio. Su titular, Daniel Jiménez Medina, y el director de Adquisiciones, Brian Carlos López Mendoza, un granuja de marca, iban de mentira en mentira. Aplicaban la aburridora. Usaban incluso el nombre del gobernador de Veracruz, Javier Duarte para evitar el pago: el apoyo económico de 5 millones de pesos no había aterrizado, y sin él, los adeudos no serían saldados. Falsa, la versión sería desmentida por personal de la Contraloría interna y por el mismo contralor, Rafael Tejeda Patraca, quien reveló la verdad a Raziel Garduza: nunca hubo tal apoyo económico del gobernador y sólo se trataba de un pretexto para no pagar. En tesorería se filtró la versión real: Brian Carlos López Mendoza recibió dos meses antes de iniciar el carnaval el dinero para sufragar el gasto de gradas, vallas y acondicionamiento de escenario. Tuvo los recursos y los malversó. Semanas después, Garduza enfrentó al theurelista (Ver INFORME ROJO, 2 enero 2013): “Molesto encaré a Brian Carlos López en su oficina y con el cinismo que caracteriza a los delincuentes, me dijo que efectivamente los servicios que yo le había brindado en el carnaval por 2 millones de pesos, por instrucciones del presidente municipal Marcos Theurel Cotero, su hermana Alejandra Theurel los había facturado con una de sus empresas y que yo le fuera a cobrar a Alejandra Theurel. “Sin embargo, no me lo recomendaba pues me podía ocasionar problemas mayores, pues él sabía que Alejandra Theurel paga cuota a los de la última letra (a Los Zetas) y que sólo con pedirles el favor, me llevarían a viajar. “Días después encaré al presidente municipal y le recrimine lo sucedido exigiéndole mi pronto pago, recibiendo a cambio una publicación en los diarios en donde me separaba de mi cargo y me daba trato de delincuente para luego amenazarme de que a mí no se me debía absolutamente nada y que no se me ocurriera intentar nada porque me partiría la madre”. Dos años después, Raziel Garduza vuelve a encontrar un cabildo cómplice. Ahora es el marcelismo el que evade el pago. Lleva su caso a los regidores del PRI y a los de oposición, le dicen que sí y se retractan. Cursó un oficio, vía Edith Medina Ascencio, el 5 de febrero pasado, recibido por el cabildo actual entre el 16 y 19 de ese mes, en el que plantea el caso, denuncia las prácticas tortuosas de Marcos Theurel; el tesorero Daniel Jiménez, y el director de Adquisiciones, Brian Carlos López Mendoza, para evitar pagar los servicios contratados. Previamente lo cabildeó con regidores priístas y de oposición. Todos le aseguraron que lo discutirían, esclarecerían dónde se trabó el trámite, quién cobró el servicio de gradas y otros accesorios y deslindarían responsabilidades. Pero nada hicieron. “Son hechos lastimosos, vergonzosos, lacerantes en mi patrimonio familiar por arbitrarios, que fueron debidamente premeditados con la única y malsana finalidad de defraudarme, cometidos por el ex presidente municipal Marcos C. Theurel Cotero, su ex tesorero Daniel Jiménez Medina, el ex funcionario Brian Carlos López Mendoza y presumiblemente la hoy síndica del ayuntamiento de Coatzacoalcos, la hermana del ex presidente municipal saliente, Alejandra Theurel Cotero, coludidos todos con el cabildo saliente cual vil delincuentes…”. Categórico, el oficio señala que el proveedor acudió ante el contralor municipal, Rafael Tejeda Patraca, ale transcurrir varios meses y no obtener respuesta oficial a su solicitud de pago. Éste le sugirió canalizar su gestión ante las instancias judiciales ya que apreciaba irregularidades en la asignación del contrato “y la negativa del tesorero, Daniel Jiménez Medina y de Brian Carlos López Mendoza, de cubrir el pago de mi factura, porque ésta ya había sido liquidada a la hermana del entonces presidente municipal, Alejandra Theurel Cotero, quien había presentado para el cobro de los servicios tres facturas de empresas constructoras, según versión del mismo personal de la Contraloría municipal”. Instaba al cabildo a determinar el pago de sus servicios de gradas, o sea los 2 millones 345 mil 56 pesos más IVA; esclarecer qué funcionarios autorizaron por acción u omisión ese pago indebido a otro proveedor y que sean sancionados, e identificar qué personas físicas o morales cobraron indebidamente el servicio de gradas y accesorios del Carnaval 2012. En el punto cuatro, pide se solicite al Congreso de Veracruz sea separada temporalmente del cargo la actual síndica Alejandra Theurel para ser investigada, pues “no puede fungir como juez y parte en actos que han significado un quebranto a las finanzas municipales”. Maloliente, la atarjea del ayuntamiento sigue igual que en los días del theurelismo. Regidores priistas y de oposición eludieron el caso, nuevamente burlada la ley, moralmente despedazado el cabildo de Coatzacoalcos. Solapada y encubierta, a lo que no escapa Lady Perica es al debate público. Exhibida por Brian Carlos López como amiga de los malosos, que pide favores —ojo PRG— y por la Contraloría municipal, que asegura presentó tres facturas de constructoras para cobrar los 2 millones 345 mil 56 pesos más IVA, Alejandra Theurel resulta peor que su inefable hermano. Gusta de los giros negros, los negocios sórdidos, de su pasado de escándalo y su presente de abuso, la venta de alcohol en los palenques de feria, la facturación engañosa, el cuento de las edecanes, su vida pública para desprestigio del ayuntamiento de Coatzacoalcos. Éticamente reventada, cobró por un servicio que no brindó, que le era ajeno, siendo tres años como proveedora encubierta, beneficiaria de la corrupción theurelista, rapaz e impune pues los millones son para compartir y los pesos comprar voluntades. Dice que ya lo hizo y que ahora, siendo síndica, con fuero, quién se lo puede impedir. Archivo muerto Rehén de todos, la presa Yuribia que abastece de agua a Coatzacoalcos, Minatitlán y Cosoleacaque sirve para que los maestros exhiban la imposición de jefes de sector y supervisores escolares; que el gobierno negocie en lo oscurito y siga mintiendo; que los campesinos de Tatahuicapan adviertan que por incumplimiento oficial, bloquea el suministro de agua para medio millón de habitantes. Son 30 años a la espera de que les cumpla el gobierno el desarrollo que les prometió desde los días de Agustín Acosta Lagunes en el gobierno de Veracruz; 30 años de promesas incumplidas; 30 años con el anuncio de mejores carreteras y puentes para sacar sus cultivos y poder comercializarlos, escuelas, la reforestación de la zona serrana, aledaña a los arroyos Ocotal y Tezizapa, instalaciones de salud y su porcentaje de las utilidades que generan los sistemas de agua de los tres municipios. En 30 años, el gobierno de Veracruz ha mentido, engañado, maniobrado y olvidado, y cosecha el repudio y la intransigencia que siembra. Tienen su razón los maestros y los campesinos de Tatahuicapan, pues todos defienden sus derechos y protestan contra la imposición oficial. No tienen razón, en cambio, en afectar a terceros, a medio millón de habitantes de Coatzacoalcos, Minatitlán y Cosoleacaque, que ven entorpecida su vida por los desencuentros entre el gobierno y la disidencia magisterial y los originarios de la sierra de Soteapan. Pudiendo realizar una protesta inteligente, no lo hacen. Pueden tomar la presa Yuribia y cerrar sus válvulas un día, pero abrirla al día siguiente para que la afectación sea menor. Obligar así a una solución integral y en caso de cerrazón del gobierno, radicalizar su posición. Liberada la presa, la madrugada del viernes 4, queda una lamentable lección: los radicalismos no benefician a nadie: ni el del gobierno ni el de sus detractores… No es rentable el secuestro, dice el gobernador Javier Duarte de Ochoa. ¿Entonces por qué Veracruz ocupa el sexto lugar nacional en ese delito? ¿Lo hacen los malosos por deporte, por convicción, por nutrir su ego, por satisfacer su alma? Su maltrecho discurso es una vergüenza y de paso, también recula don Javier. Antes había dicho que en Veracruz no pasa nada. “Sí pasa”, dice ahora, pues él como dice una cosa, dice otra. Cuarto año de gobierno, cuando el síndrome de la Chimoltrufia afecta al gobernador… Osada, audaz, quiere Patricia Peña Recio concluir su período como gris diputada federal en 2015 y de ahí convertirse en directora de la Escuela Técnica Industrial 96, por supuesto a contrapelo del magisterio de Coatzacoalcos que no la traga ni la deglute. Ilusa, supone la legisladora que los maestros la van a dejar pasar por ser la consentida del vetusto líder, Juan Nicolás Callejas Arroyo, y menos en un plantel donde lo que sobra son maestros derechosos. Suenan, pues, los tambores de guerra y eso presagia una masacre magisterial… No tiene desperdicio el documental “México: silencio forzado”, en que varios periodistas describen el clima de violencia, la represión, las muerte, el hostigamiento, la impunidad en torno al gremio de prensa. Se puede ver en el portal de la organización Artículo 19 o con el siguiente link: http://vimeo.com/38841450… Red de prostitución la que hay en el gobierno de Veracruz, infinitamente mayor que la del PRI del Distrito Federal. Secretarias que son “edecarnes”, muchas de ellas adscritas al Registro Civil de Xalapa; otras en nóminas de las dependencias de gobierno. Las reinitas de palacio a la vista de todos, muchas de ellas unas verdaderas “infames”, dignas de la serie de Cadena Tres. Y todas pagadas por usted, y usted, y yo, para el disfrute de los señores del poder… INFORME ROJO
Javier Duarte: para los amigos, la impunidad* Duarte denuncia a La Bestia * Larrea y Slim, dueños de los ferrocarriles * El Carnaval: Azuela y Jaime Ruiz se rayaron * Dos borrachitas para sabotear a Yunes Landa * La mano de Pepe Yunes * Infiltrados en el consejo electoral de Las Choapas * El Parque Jurásico, a revisión * El payaso de Bustamante. 2 de abril de 2014 Enriquecidos escandalosamente, Gabriel Deantes Ramos y Edgar Spinoso Carrera pudieron pasar por el pantano en que está convertido el gobierno de Veracruz, atesorar poder, hacer e incrementar fortuna e irse cubiertos por el manto de la impunidad. Les bastó tener un cómplice: Javier Duarte de Ochoa. Uno y otro, inútiles para el servicio público, leales a la corrupción, tuvieron encomiendas infames: comprar a la oposición para fracturar la alianza PAN-PRD en los comicios locales de 2013, y realizar negocios multimillonarios a los que, por supuesto, no es ajeno el gobernador. Señalados, imputados, acusados de pillos y rufianes, Deantes y Spinoso pudieron tener una suerte agria de no ser porque en lo más álgido de la discusión pública, fueron tácitamente exonerados de culpa con una frase insólita de Duarte: “No hay ninguna investigación. Lo que hay es un proceso de entrega-recepción y en el caso de que se encuentren algunas anomalías tendrán que responder ante las instancias correspondientes”. Deantes dejó la Subsecretaría de Ingresos en Finanzas y Planeación, entre gritos de desleal y ladrón, hasta de la prensa duartista, omiso ante el derroche de recursos federalizados consignados en el informe de la Auditoría Superior de la Federación. Spinoso se fue de la Oficialía Mayor de la Secretaría de Educación de Veracruz, implicado en desvíos financieros con recursos también federales, embustes y mentiras que tensaron la relación con la disidencia del sindicato magisterial, y la sombra de la corrupción. Fueron los alfiles del gordobés en operaciones turbias y componendas políticas, negocios insanos, nada que desconociera Javier Duarte, nada que se hiciera al margen de él. Antiguo vendedor de celulares en su natal Tamaulipas, primo de Alberto Silva Ramos, ex alcalde de Tuxpan y encarcelador de periodistas, el ex favorito de la sucesión, el Cisne tuitero, Gabriel Deantes Ramos no se distinguió por su habilidad para hacer negocios sino por su falta de escrúpulos para materializarlos. Corría cualquier riesgo, exponía el pellejo y sabía salpicar… o servir de prestanombre. Cuentan quienes lo vieron activo, hiperactivo, que en 2013, junto con Erick Lagos Hernández, hoy secretario de Gobierno, entonces líder del PRI estatal, iba y venía por todo Veracruz con la maleta en las manos. Visitaba dirigentes perredistas, alcaldes perredistas, caciques perredistas. Su encomienda era comprar a quien se quisiera vender. Y tuvo clientela. De la Secretaría de Finanzas salieron miles de millones de pesos para mantener dividido al PRD. Y Deantes gozaba de manga ancha y el beneplácito del gobernador; lo que fuera, al precio que fuera, con cargo al erario de Veracruz. De aquellos periplos, sensibles los perredistas a la vendimia, se obtuvo un rendimiento político: la división del PRD, con dos consejos estatales, con dos líderes, todos en el ajo, creando las condiciones para que el Tribunal Electoral de Poder Judicial de Veracruz declarara inválida la alianza PAN-PRD, sustentando la negativa del consejo espurio a jugar con el PAN. Sabida por todos, priístas y no priístas, la historia refiere que esa treta fue fraguada por el ex gobernador Fidel Herrera Beltrán, financiada con recursos federales por Javier Duarte y operada por Erick Lagos y Gabriel Deantes, hasta pulverizar a la oposición, ganar el Congreso y las principales alcaldías de Veracruz. No todo fue a dar a manos de la oposición. Fidelistas natos, obviamente una parte de los recursos, pagados en efectivo para no dejar huella, quedaron en sus manos. Edgar Spinoso, por su parte, ya era rico cuando nació, pero el duartismo lo llevó a las nubes. Hijo de César Spinoso Foglia y sobrino de Roque, fundador de la Unión Nacional de Productores de Caña, asesinado en 1984, pudo gozar de una fortuna que muchos ansían, según describe la periodista Silva Núñez Hernández, autora de la columna Fuera de Foco. Spinoso es un especie de bufón en la corte duartista, junto al trovador del istmo, Fernando Charleston Hernández, secretario de Finanzas y Planeación, amigo éste de Javier Duarte porque solía prestarle su departamento en el Distrito Federal cuando la necesidad era mayor. Spinoso posee residencias, autos, tierras, edificios que le renta al gobierno de Veracruz, aviones, departamentos, restaurantes, negocios de telefonía y la constructora Aledce, S.A. de C.V., que es la punta de la madeja para entender bajo qué corruptelas se mueven los hombres del gobernador. Con el título “La gran estafa”, Silvia Núñez retoma en su columna la información revelada por el diputado panista Juan Bueno Torio, que alude a las inconsistencias halladas por la Auditoría Superior de la Federación en la aplicación de recursos federales concernientes al año 2012 y que le pegan de lleno a dos áreas claves del gobierno duartista: Finanzas y Educación. O sea, a Deantes y Spinoso. En sus gestiones se operó o se encubrió el desvío de partidas, generando un daño a la Hacienda Federal, por diversos rubros, entre ellos una de 500 millones 599 mil 32.30 pesos por no haber aplicado recursos del Fondo de Infraestructura Social Estatal (FISE). Otro: 117 millones 725 mil 408.85 pesos por no aplicar recursos reintegrados del Fondo de Aportaciones para la Educación Básica y Normal, que Spinoso debió detectar desde la Oficialía Mayor de la SEV. Uno más: 60 millones 173 mil 787 pesos no aplicados del Fondo de Aportaciones para la Educación Básica y Normal. Otro: pagos por 74 millones 709 mil 887.96 pesos no vinculados a lo que establece el Convenio Marco de Coordinación entre el gobierno de Veracruz y el gobierno federal. Y así otras partidas que debieron ser atendidas por Gabriel Deantes Ramos en SEFIPLAN y Edgar Spinoso Carrera en la SEV. Y que no lo hicieron porque no supieron, no quisieron, no pudieron o porque era ese el plan de usar los recursos electoralmente para comprar a la oposición y “mochar” una fracción de lo que tuvieron en sus manos. De acuerdo con la información revelada por la periodista Ana Lilia Velásquez, reseñada por Silvia Núñez, están sujeta a investigación la constructora Alcede, de Edgar Spinoso Carrera, y sus socios, entre los que figuran su hermano Alfredo; sus otros hermanos, César y Astrid; su esposa Elvia Carlota Besil Samperi; su suegro Carlos Besil Milán, y el subdirector de Recursos Humanos de la SEV, José A. Ojeda Rodríguez. Por parte de Gabriel Deantes, aparece en la investigación su esposa Laura Saldaña; el director de Administración de SEFIPLAN, Eduardo Contreras Rojano, y el tesorero, Antonio Tarek Abdalá Saad, vinculado a tres empresas proveedoras del gobierno de Veracruz: Veintiocho Construcciones, Siete Caminos y Sheba Constructora e Inmobiliaria. Tarek Abdalá fue el tesorero del DIF estatal en tiempos de Rosa Borunda. ¿Prestanombre de la doña? Por las manos de Deantes y Spinoso corrieron cientos si no es que miles de millones de pesos. Debieron cuidar su aplicación o reintegro al gobierno federal. Pero no. Uno operó la compra de la oposición para frustrar la alianza PAN-PRD y el otro vio florecer negocios para enriquecerse más de lo que ya era. Acusados de todo, de deslealtad, de haberse enriquecido a espaldas del gobernador, de ser rufiales, pillos y ladrones, pudieron acallar la embestida cuando Javier Duarte lanzó su frase infame: “No hay ninguna investigación”. Duarte les dio su bendición. Duarte supo encubrir a Fidel Herrera, a Marco César Theurel Cotero —“Te rompo tu puta madre”—, a Víctor Arredondo en la SEV, y ahora a Manzur, Pablo Anaya, Adolfo Mota. Cómo no hacerlo con Deantes y Spinoso, dos peones del duartismo. Es un encubridor profesional Archivo muerto ¿Sabrá el gobernador Javier Duarte a qué le tira cuando denuncia a la empresa ferroviaria Ferrosur por el caso de los migrantes agredidos, asesinados y las indocumentadas violadas en el sur de Veracruz? ¿Sabrá que el dueño de Ferrosur es Jorge Larrea, propietario de la tercera reserva mundial de cobre, y que lo es desde que Ferromex y Ferrosur se fusionaron en 2005, y que la concesión de Ferrosur le fue otorgada a Carlos Slim Helú, el segundo hombre más rico del mundo y a quien el mismo Duarte le abriera las puertas de Veracruz para que realice inversiones cuantiosas —fraccionamientos, plazas comerciales, hospitales—, las que le puedan salvar su deplorable y patética gestión como gobernador? Debió escuchar el gobernador a los que dicen que no hay que pelearse con el dinero. Ahora, a comerse ese pollito, don Javier. Y si ya está en ese plan, ¿por qué no denuncia a Miguel Alemán por los asaltos y crímenes que se cometen en los ADO?… Desorganizado, botín de piratas, fue el Carnaval Coatzacoalcos 2014 el desastre que se esperaba. Deslucido, con el escándalo de la reina fea, la basura por todos los rincones, heridos, apuñalados, batallas campales, más de 35 accidentes automovilísticos, el evento no resultó más que un negocio de Andrés Azuela Berchelmann y Jaime Ruiz López y sus respectivas pandillas. Desfilaron algunas estrellas que en la TV se ven bien y de carne y hueso son más hueso que carne. Azuela controló la contratación de artistas; Jaime Ruiz el atraco de las gradas. Más adelante, la historia a detalle… ¿Quiénes son esas dos priístas, narcisistas, fanáticas del rímel, el bilé y el trapo fino, amantes de la caña, que bien flameadas y como Dios les dio a entender irrumpieron en un episodio de campaña del hoy senador Héctor Yunes Landa, en Coatzacoalcos? Por horas habían departido con el también legislador José Francisco Yunes Zorrilla y de ahí —¿será con línea?— se lanzaron a estropear el acto del nacido en Soledad de Doblado. Habrían propiciado un desastre, de no ser porque entre los priístas hay quienes tienen espíritu de cantinero: saben tratar a borrachas necias. Dos pistas: una es dirigente del PRI y la otra funcionaria municipal y querida de un editor. Las diabluras de Pepe no perdonan ni a la parentela… Dos casos y dos ópticas: en Chumatlán fue tomado el consejo electoral municipal; en Las Choapas, no. Allá, la presencia de priístas y de gente ajena al municipio, provocó la protesta radical de los partidos opositores al PRI. Acá, en Las Choapas, todo pareciera estar bien. Pareciera, pues dos consejeros tienen lo suyo: Eduardo Carreño es priísta de toda la vida, de Coatzacoalcos, ex aspirante a dirigir el tricolor local y ligado al grupo del ex alcalde Iván Hillman Chapoy y su esposa, la hoy diputada priísta-verde, Mónica Robles Barajas de Hillman, compañera de Congreso de Renato Tronco; y Adelaido Infanzón García, ex funcionario del IFE en Coatzacoalcos, hoy empleado del INEGI, vinculado a Marcelo Montiel, cacique priísta y actual delegado de la Secretaría de Desarrollo Social federal en Veracruz. O sea, a la vista dos personajes con tufo a PRI y no hubo quien los impugnara. También la oposición es cómplice del fraude, aunque sea por omisión… A revisión el Parque Jurásico construido y habilitado durante la alcaldía de Marco César Theurel Cotero —“Te rompo tu puta madre”— y que hoy evidencia cómo dilapidar 12 millones con tretas y corruptelas. Destartalados, los dinosaurios mecánicos dejan de dar servicio a sólo unos meses de ser puestos en funcionamiento; el terreno donde se construyó el parque no fue bien acondicionado, y los ingresos están sujetos a revisión pues se observan lagunas financieras donde todo mundo metió mano. Cree Theurel que la tormenta pasó cuando lo que se ve venir es un tsunami… Parientes, amigos, protegidos, de todo incrusta Alfonso Morales Bustamante en el ayuntamiento de Coatzacoalcos. Está el cuñado, la prima, el chofer y hasta el payaso Pin Pon, que funge como auxiliar del tesorero municipal, sin tareas específicas, para lo que sea, al fin que es muy chistoso…
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