UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
El mal atrae
30 de junio de de 2014
Desde relatos anteriores a la era cristiana, hay infinidad de testimonios
acerca de lo que provoca el mal en la conducta humana y en las relaciones
colectivas, más allá de la visiones aparentemente opuestas de Rousseau
–todos los humanos son buenos pero la sociedad los pervierte- o su
contrapunto –cristiano y no cristiano- que parte de la maldad innata de cada
individuo en la sociedad.
Durante el reinado de Jeroboam II -a mediados del 700 a. de C.- quienes
se constituían como voceros del pueblo –llamados entonces profetas-
interpelaban a este gobernante advirtiéndole que conocían su grandes pecados
como: afligir al justo, recibir cohecho, manipular los tribunales para que
el pueblo perdiera sus causas, provocar el lloro en las plazas y en los
viñedos y una serie de rebeliones que el rey pretendía minimizar con todo
tipo de ritos, desde traer amuletos o consultar adivinos, hasta realizar
sacrificios. ¿Le parece coincidencia esta realidad antigua con las penurias
de ciudadanos mexicanos del siglo XXI a los cuales sus exiguos ingresos no
les dan para pagos de impuestos, altas tarifas de agua, luz y gas y un
cúmulo de cobros por usar un auto?
En la antigua Grecia, el llamado padre de la medicina luchó para imbuir
en sus seguidores ciertos principios morales, a grado tal que el juramento
hipocrático tiene en su esencia el “no causar daño al paciente”; sin embargo
en el siglo XXI un joven médico que procura ser exitoso en lo privado –la
priva se dice en el argot de los hospitales- deja varias veces su horario
institucional –en el IMSS, el ISSSTE o el hospital estatal o federal de la
SS- para atender una cirugía programada que le dejará varios miles de pesos
de ingreso, experiencia para el prestigio y habilidad acerca de la forma de
servirse con los negocios de la salud ¿Se están conduciendo en el sector con
cuales principios?
Siendo la culpa una de las cargas que más abruman al ser humano, es
conducta tan antigua como la practicada por los herederos del homicida Caín,
el desafanarse del “pecado” señalando a otro o alegando alguna no
imputabilidad en la conducta atribuida ¿Quién tiene más culpa en el
incidente de Jalisco que llevó a la cárcel a 16 médicos, estos galenos, el
padre del menor que llegó tardíamente a pedir atención o el sistema de salud
pública sin controles eficaces y carente de honestidad?
Con similar criterio podríamos juzgar el tema de la conversación
“privada” de una legisladora a la cual hacen picadillo los voceros del
monopolio de comunicación masiva que se niega a compartir equitativamente el
pastel de los espacios constitucionalmente propiedad de la nación y que por
años han explotado no como concesionarios sino como dueños absolutos para
usar y abusar de los mismos. ¿Por qué los obligados a cumplir la ley no
castigan a quien graba y difunde estas conversaciones? ¿Qué clase de
justicia opera cuando por componendas políticas se deja sin castigo al que
contrata mujeres con fondos fiscales para sus aviesos deseos lo mismo que al
que reparte dinero –se dice cabildear- a fin de tener leyes que “legitimen”
su actuar desviado?
Lo cierto es que el mal, además de ser engañoso y deshonrar a quien lo
practica[1] da la impresión de poder. Una prosperidad que supuestamente les
permite –lo mismo a los delincuentes organizados que a los malos
funcionarios del gobierno- discursear y jurar falsamente –lo hacen
sistemáticamente en las campañas cuando son candidatos y hasta pagan con
recursos arrancados a quienes los producen- aumentando las angustias,
produciendo hambre, llanto, tristeza, lamento y destrucción. Por supuesto
otro de los efectos más visibles del mal es la división. Al afectado por las
acciones perversas se le considera enemigo, pues este al ver la
multiplicación de las afecciones políticas que le producen impotencia,
tribulación y rebelión o se somete o reacciona con furia por la abundancia
de vanidad y lo evidente de las falaces promesas.
El mal lo mismo en la época medieval de las brujas, que en la guerra de
las galaxias atrae a las personas débiles y ansiosas de poder, por ello es
que proliferan las pandillas de barrio, los grupos delincuenciales y los
carentes de una moral o ética de la cual asirse. Si es poder de las
tinieblas, perversiones del lado oscuro, libertad mal entendida o visión
comercial futurista, al basarse en el encubrimiento de las trampas y enredos
para engrandecer a unos pocos ansiosos del aplauso fácil, y la derrota del
otro[2] siempre provoca ira y destrucción.
Generalmente los adictos al mal han sido primero “honestos” de temporal o
de oportunidad. Critican, cuando están fuera al grado de taladrar la
conciencia con datos espeluznante de seguridad, el aumento de la tortura[3]
la contabilidad de cadáveres y fosas clandestinas, el acoso –sexual, laboral
intrafamiliar, del gobierno y hasta de vecinos con alguna concesión oficial-
aunque no tiene empacho en usarlo cuando arriban al poder. Al agotarse los
temas malignos de manipulación surgen inquietudes novedosas como el riesgo
por la disminución de la tierra cultivable a manos de los explotadores
privados de petróleo, uranio y otros minerales; pero una vez que “los
sistemas democráticos” les dan la oportunidad de ser parte de los
beneficiados por el maná, oficial que no divino, empiezan a gastar, ostentar
y por supuesto robar, porque a fin de cuentas el mal atrae, tornando en odio
la justicia y la benevolencia. El verdadero amor –en términos políticos el
servicio al otro- no practica el mal, no divide, no excluye, no difama, no
abusa; en concreto no es egoísta, jamás resta siempre suma. ¿Usted está
listo para defenderse de la atracción maligna?
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
En tierra Ajena
23 de junio de de 2014
La celebración por la llegada de niños españoles a México en la
presidencia de Lázaro Cárdenas y la muy difundida cifra de 50 millones de
desplazados y demandantes de asilo en el mundo, obligan a retomar el tema de
la migración. Moverse de un lugar de origen a otro de destino, con la
intención de cambiar la residencia habitual para permanecer un tiempo o
quizá establecerse permanentemente en otro sitio es inherente a la esencia
misma de la humanidad, nómada en sus orígenes tribales y en constante
movimiento hace más de setenta mil años desde África, luego Asia, después
Europa y necesariamente América.
Estudiando la historia o analizando la demografía es de sentido común
dilucidar que las personas migraron en tiempos muy antiguos para buscar
tierras de bonanza cuando se descubrió la agricultura; mercancías y
compradores durante los albores del comercio[1], procurar mejor clima si el
que se tiene es extremo, huir de la inseguridad[2] –propiciada por
criminales, gobiernos autoritarios, e incluso maridos o padres y familiares
enfermos y violentos- o buscar nuevos emprendimientos[3]
Sería poco serio intentar explicar el origen de los primeros imperios del
planeta –Mesopotamia, Egipto, Persia, Grecia, Macedonia, Fenicia, Cartago o
Roma- al margen de los importantes desplazamientos de soldados y pobladores
que igual por la fuerza o de manera libre ocuparon nuevas tierras. Luego de
las grandes migraciones de pueblos indo-europeos, el sistema feudal, que
tenía como eje el vincular las personas a la tierra, si bien tuvo como lado
positivo la creación de aldeas, por el otro aumentó el conflicto bélico cuyo
fin era conquistar la propiedad del otro. Pocos países de la actualidad
pueden ser mejor ejemplo que los Estados Unidos de América, de la fuerza de
los movimientos migratorios, y tal como ocurrió con el fin del sistema
feudal que sucumbe frente a los Estados nacionales; en pleno siglo XXI,
parece ser que el comercio global y las consecuencia socioeconómicas de la
gran brecha entre los pobres y los ricos, enfrenta al ser humano a una nueva
forma de migración, calificada por casi todos como ilegal, indeseable y
hasta criminal.
¿Existe en la mente de los comerciantes globales el recuerdo de una
Venecia cuyo predominio fue resultado de las migraciones entre aldeas con
artesanos, campesinos con mercancías que se movieron desde y hacia Italia?
¿Hubiese sido ese el resultado si las fronteras se abrieran a las mercancías
pero no a las personas? El descubrimiento de nuevas tierras –no solo para
los europeos, sino aquellos habitantes de islas en el archipiélago de Hawai
o en los fríos extremos habitados por los vikingos- ¿se habría dado sin el
empuje de la migración? ¿Qué asusta o que fines perversos mueven a quienes
explotan, criminalizan o vejan al ser humano que arriesga todo para migrar?
Aun sin ir más lejos, las migraciones al interior de los países desde el
ámbito rural a las ciudades o a la inversa ahora que estas últimas se están
convirtiendo en territorios insufribles, son a querer o no, algo inherente a
nuestra naturaleza móvil.
Si en el reino animal las poblaciones de mariposas monarcas o aves de muy
diversas especies, migran y hasta son protegidas ¿Qué es lo que se germina
al interior del humano para reaccionar de manera diversa entre y contra sus
pares? Convertir la migración en un asunto económico –son miles de millones
los que manejan las agencias defensoras de los derechos de los migrantes en
el mundo- es tan o más agresivo que la migración misma. ¿Quién es más
criminal, el bandido que pide cuotas, esclaviza, secuestra y hasta mata al
migrante o el que maneja millones de dólares para defenderlos sin lograrlo?
El tema de escándalo ahora es el de los niños migrantes. Esas nuevas
generaciones que nacieron y han vivido conociendo el fenómeno por relatos de
sus amigos vecinos y padres. La expectativa de una vida mejor a la que
tienen les impulsa a buscar el sueño que en la mayoría de las veces se
convierte en pesadilla. Hace 21 años, grabé un programa sobre el tema en la
serie de radio que entonces conducía. De manera vertical la estación –no
comercial sino oficial- omitió trasmitirlo y suspendió mi tiempo al aire.
¿Qué callos estaba pisando dos décadas atrás con el tema de la migración
infantil? ¿Cuantos niños de entonces a ahora han seguido migrando? ¿Por qué
el énfasis en la migración infantil al extranjero y la ceguera respecto de
la migración de niños de zonas rurales e indígenas hacia las grandes urbes?
¿Cuáles opciones se dan a niños migrantes que juegan en los camellones,
venden dulces en la vía pública y aprenden a pedir limosna antes de hablar
español?
Dentro de este fenómeno inherente a la naturaleza humana, también hay
niños que son arrancados de su madre, sus abuelos, su cultura de origen, por
algún familiar cercano. ¿Terminarán todos como privilegiados al igual que
los chicos españoles adoptados en el régimen de Lázaro Cárdenas? ¿Podría
convertirse en género próximo, diferencias específicas como la del
astronauta mexicano que con un español muy deficiente hoy viene a decirles a
los escolapios del país del que emigró su familia que lo máximo es estudiar
en la NASA y convertirse en migrante espacial?
Habrá que esperar que los famosos de las teorías holistas de la
migración, nos den sus conclusiones, mientras eso ocurre, ojala hubiera
políticas publicas que arraiguen en vez de expulsar a esos menores de edad
hoy y futuros ciudadanos de un país como México que cada día marcha más
atrás en la carrera del desarrollo global. Si los niños centroamericanos
cruzan nuestra frontera buscando los factores de atracción de Norte América,
debiéramos buscar acuerdos con los países que les expulsan para
beneficiarles, a final de cuentas, son niños, son humanos, son seres vivos
que tienen derecho a viajar. Ojala lo pudieran hacer por turismo y no por
hambre y sed……..de justicia.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Recordar es ¿Empezar a vivir?
16 de junio de de 2014
La indudable comprensión de la historia, como ciencia que se avoca a
estudiar el pasado de la humanidad en general, de ciertos grupos, tiempos o
espacios en particular e incluso del origen y devenir de objetos como:
mobiliario, vestimenta, arte –pinturas, esculturas, joyas, enseres de uso
familiar o ritual- hasta monumentos y edificios, ha sido el fundamento en
avances de la civilización.
Los nueve libros de historia atribuidos a Herodoto[1] se editaron de esa
forma, en alusión a las nueve musas y aluden tanto a fuentes orales como
escritas con anterioridad a su obra. De las musas que en siglo II a. de C.
sirven de base a la edición de la producción de aquel historiador y geógrafo
griego una de ellas “Clío” era la protectora de esta ciencia y de la poseía
épica, temas de los cuales siempre escribía. Al igual que Herodoto lo hizo
de las guerras Médicas, el perfil de los personajes, la etnografía vinculada
con estos y por supuesto la geografía en donde ocurrieron los hechos.
Casi no hay artista que haya dejado de lado la pictografía de esta
ciencia. Francisco de Goya en su obra “La verdad el tiempo y la historia”,
nos dio un bello ejemplo del respeto por el anciano tiempo que trae de la
mano la verdad e imagina que la historia debe registrarse por medio de la
escritura. Ya sea una narración, algún suceso, un relato imaginario e
incluso las mentiras, deben ser un referente para lograr averiguar los
hechos que ocurrieron.
En medicina se llega al diagnóstico de una enfermedad a partir de lo
asentado en la historia clínica. Podemos darnos idea de cómo era la historia
natural de épocas prehistóricas con el apoyo de la arqueología, geología,
paleoantropología y muchas otras ciencias biológicas. Indudablemente, la
observación, rescate conservación, preservación y divulgación del origen, de
obras de edificadores y construcciones monumentales, como las pirámides, los
castillos, los conjuntos habitacionales de antaño y en general los edificios
que fueron hechos con algún propósito, son parte fundamental de la historia.
El tema es tan importante que la mayoría de los países han trabajado en
leyes que garanticen la conservación de los inmuebles, que en sí mismos
representan valores culturales. Algunos son declarados monumentos nacionales
o de la humanidad a fin de protegerlos de proyectos urbanísticos que puedan
considerar su demolición o una intervención de tal envergadura que borre su
esencia.
En México como en la mayoría de los países de América Latina, los planes
reguladores de pueblos barrios y colonias señalan los inmuebles o zonas de
conservación histórica[2]. Un caso emblemático, es el edificio de la calle
Justo sierra 16, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Calle que
hoy, colinda con los restos precolombinos del denominado Templo Mayor.
Me di el gusto de recorrer, los patios –no todos están abiertos- subir y
bajar las escaleras, por las que acudíamos a las aulas de lo que en los
inicios de los sesenta todavía era la preparatoria uno en el turno matutino
y la tres en el vespertino,
Caminé por el pasillo del segundo nivel a donde estaba la vetusta
biblioteca, los salones de laboratorio y el espacio en donde practicábamos
esgrima. Busqué la moderna –para aquellos entonces- segunda biblioteca
“Castellanos Quinto”, Observé la puerta de lo que fue el salón del grupo 410
en 1963. Subí hasta lo que era el “depa” y ¡Oh sorpresa! todo son paredes
pintadas con aceite, no hay una sola banca de estudios, la mayoría de la
butacas –excepto la laterales- de "el generalito" han sido sustituidas por
sillas apilables y ni siquiera el escritorio se puede encontrar por lado
alguno.
El aula magna con escalones donde daba la clase de sociología el maestro
Briseño, el auditorio donde ocurrían todos los concursos estudiantiles, son
espacios fríos “modernos” y con aire minimalista.
Conversé, con las jóvenes de la mesa de informes que emocionadas
escucharon mis relatos. Lo hice también con el chico egresado de
antropología e historia que dormitaba en la semi-penumbra del aula magna ya
sin butacas, ni escalones y todos, excepto la de vigilancia UNAM que
resguarda la puerta del generalito- recibieron con agrado los referentes
históricos. Luego de preguntar por la puertas originales que han sido
sustituidas por “modernas” muy similares a lo que luego vi en otras
instalaciones a cargo de CONACULTA, la respuesta de alguien que casi ajusta
dos décadas de ser testigo de lo que ha ocurrido, me dijo. “Bueno cuando las
quitaron se fueron a una bodega de lo que fue el anexo de Prepa dos, junto
con los candiles, pero según se, todo eso se tiró a la basura”.
¡Por Dios, en estos casos recordar es empezar a morir!
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Padre perfecto
9 de junio de de 2014
En una sociedad matriarcal, como la mayoría de las hispanas, la figura
del padre se ha desdibujado en medio de calificativos como: machista,
golpeador, psicópata, manipulador, promiscuo, atenido, bueno para nada,
mantenido, mandilón, borracho y muchas más.
No les falta razón a algunas mujeres que han encontrado como herramienta
de defensa leyes que al final del día con el afán de protegerlas, dejan en
verdadero estado de indefensión a la parte más débil de una relación de
pareja, es decir los hijos, que algún día serán padres.
Se de muchas féminas que logrando desposeer de la patria potestad a
padres no muy recomendables, pierden la batalla final cuando sus hijos
reciben a hurtadillas –casi siempre mientras ellas están trabajando para
seguir proveyendo- la presencia o los comentarios de padres tramposos. “todo
esto es tuyo, pero tu madre no te deja disfrutarlo” “yo te compraría un
coche, pero tu madre…..” “si tu madre no cambia de actitud no puedo pagarte
la carrera” y así hasta el infinito. Y cuando los hijos son adultos, aun si
han comprobado que su padre era desde mentiroso hasta abusador, defraudador
o cualquier otra cosa que incluso le mantenga en la cárcel, el daño será
casi siempre irreparable. ¿Conoce mujeres inteligentes que se someten a
parejas muy mayores soportando todos su defectos con la esperanza de que las
acepten y amen como imaginaron que debía hacerlo el padre que abandonó el
hogar? ¿Cuántas mujeres en el mundo han quedo verdaderamente imposibilitadas
de establecer una relación sana con ningún varón, como resultado de un padre
que les insultaba y golpeaba? ¿Se ha topado con esos qué aun no salen de una
relación –por divorcio o viudez- y ya están buscando quien se convierta en
la pilmama[1] de sus hijos?
Lo embates en contra de instituciones como el matrimonio o la familia,
han agudizado la tendencia de satanización de la figura paterna. Elisa
Morgan[2] dice que debido a “promesas preconcebidas cuyo origen son las
buenas intenciones” aceptamos el mito de la familia perfecta; sin embargo
desde el punto de vista psicológico y de la mayoría de las religiones se
reconoce a la familia como una institución imperfecta, por el simple hecho
de ser humana, en la cual personas disfuncionales construyen familias sin
estructura.
¿Se resolverá el problema matando al padre? ¿Han funcionado mejor las
familias que a partir de los sesenta propusieron como conquista la unión
libre? ¿Hay más felicidad en los hijos de madres solteras? ¿Son mejores
padres, los que juegan ese rol en una relación homosexual? ¿Basta con
proveer la casa soñada –con recámaras para cada vástago, jardín, varios
baños, sala de juegos, cocina moderna, electrodomésticos suficientes etc.-
para convertirse en buen padre?
Continua señalando la autora que recién he citado que “la mayoría de las
madres sabe que se necesita más que comodidades para que una casa sea un
hogar”. Las características más importantes de un hogar son las cualidades
espirituales y el amor entre padre, madre e hijos y por supuesto familiares
con experiencia y sana espiritualidad como son los abuelos. Una de las
imperfecciones que más ha arruinado las familias modernas es la confusión
entre el verdadero amor filial y el que resulta de las relaciones sociales.
En la escuela tal vez tenga una veintena de compañeros, pero la mayoría de
ellos no serán fundamentales para el desarrollo integral de un niño,
discernir eso es parte de la responsabilidad de un padre. Mantener unida a
la familia –extensa y ampliada- debiera ser otra cualidad.
Aun cuando la mayoría de los niños se ocuparán esta semana de diseñar
regalos que obsequiarán el próximo tercer domingo del mes, habrá miles que
pronuncien “papá” sin una esencia de confianza –consciente o subconsciente-,
que le permita plantear todo y esperar todo.
Salomón[3] dijo que, es mejor vivir en la pobreza con temor del Señor que
poseer grandes tesoros y tener problemas por ellos. Una atmósfera amorosa y
espiritual es la característica más deseada en un hogar. Cuando el padre
terrenal niega –a veces por un conflicto no resuelto y otras por ignorancia-
la profundidad de lo que significa “Padre Nuestro” su postura se convertirá
en dificultad para la maduración emocional, espiritual y social del niño.
Métodos psicológicos ampliamente difundidos como el análisis
transaccional, reconocen en las etapas de desarrollo las diferencias entre
hijo y padre. Ser un verdadero padre supone humildad para pedir perdón si se
han tenido excesos –con los hijos o con cualquiera que haya sido ofendido en
presencia de los hijos- disposición para rectificar el daño infligido,
valentía para afrontar las consecuencias de lo dicho o lo realizado y amor
suficiente e incondicional como el que mostró el progenitor del hijo
pródigo.
Se de muchos individuos a los que se les dificulta creer en Dios, por el
ejemplo de malos padres, vergonzosos guías espirituales –curas pederastas o
pastores adúlteros- e incluso figuras sustitutas –amigos mayores, tíos,
maestros- que dañaron profundamente a quienes confiaron en ellos como si
fueran buenos padres. A estos también hay que recordarlos el próximo 15 de
junio. Demostremos que hemos madurado perdonando: a los hijos que física o
emocionalmente se fueron en la búsqueda de “algo mejor” y a los padres cuyo
daño solo puede ser reparado con los ojos puestos en nuestro Padre
Perfecto”[4] “Un Dios y Padre de todos… por todos y en todos”
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Co-dependencia
2 de junio de de 2014
Con todo y las mas de mil repeticiones publicitarias, cada vez es mas
difícil que tanto individuos como grupos de mexicanos se conviertan en
crédulos convencidos de afirmaciones optimistas sin sustento. A la par de
spots y gacetillas pagadas, lo que en otros tiempos fue una sección
periodística denominada “policíacas” o “nota roja” se ha convertido en un
recordatorio permanente –los críticos del nazismo le llamaban lavado de
cerebro- del estado de salud de policías atacados por habitantes inconformes
en una delegación en la ciudad de México, donde no solo se ha hecho
costumbre linchar a quien un grupo supone culpable, sino se le quita la vida
a un juez al llegar a su domicilio, iniciando sistemáticamente las
especulaciones –que no indagatorias serias, científicas y en secrecía-
acerca del posible móvil de robo o el porque de su soltería a los 53 años.
Acorde con una visión de éxito que supone el aniquilamiento del otro –el
competidor comercial, el militante de otro partido, el seguidor de otro
credo- los enfrentamientos llegan a absurdos como los ocurridos la semana
pasada, donde un grupo que se unió para luchar en contra del secuestro,
luego de afirmar que este delito ha aumentado –contradiciendo a la versión
oficial- invita a “no atacar a las instituciones” en tanto otro defiende el
derecho de los ciudadanos de llegar al extremo de manifestarse, cerrar
vialidades y gritar consignas para que las instituciones hagan algo.
¿Alguien puede aclarar cual de las dos reuniones respondió a las necesidades
de seguridad de las personas? ¿Se $abe lo que propició el cambio hacia la
institucionalidad de familiares que antes vociferaban contra policía y
procuradores omisos por cuanto a datos del familiar desaparecido o
secuestrado?
En la competencia de cifras y el round entre grupos de poder, las
discrepancias no solo se refieren a aumentos o disminuciones de delitos como
el mencionado, también los voceros de las bondades de la macroeconomía ya no
son unánimes, como hace 20 años, cuya meta era el TLC y el viraje al
neoliberalismo absoluto. Dos décadas después los textos reflexivos acerca de
riesgos de un capitalismo furioso que haría más grande la brecha entre ricos
y pobres y que no necesariamente se reflejaría en el bolsillo del pueblo,
siguen siendo vigentes. ¿Será esto el sustratum detrás de reacciones
violentas e irracionales de las masas? La “adquisición de un sentimiento de
potencia invencible” –como afirmó Le Bond[1] y la desaparición del
sentimiento de responsabilidad” ¿es un fenómeno exclusivo de grupos
populares en las calles? ¿No se puede inferir que el contagio mental y la
sugestibilidad también están presentes en un conjunto de legisladores o el
equipo de trabajo de un ejecutivo no necesariamente ducho en todas las
materias que son de su responsabilidad?
Lo innegable es que tanto gobernantes como gobernados tienen miedo. De
manera puntual en América Latina, y ello incluye a México, se ha perpetuado
una dependencia colectiva en la cual las personas tienden a “perder de vista
su responsabilidad individual”[2] como consecuencia de la pasividad que a
sus demandas ofrecen tanto gobernantes como mercadólogos. El exceso de
reglamentaciones descontextualizadas, los sistemas educativos sin esencia
trascendente, las ofertas pseudo altruistas basadas en la caridad, por
siglos condicionaron a la gente a esperar que sus necesidades fueran
resueltas por el otro, lo cual es normal en etapas muy tempranas del
desarrollo, pero se convierte en patología individual o colectiva si se
mantiene hasta la edad adulta.
Como si se tratara de un juego de tenis de mesa, las personas son
arrojadas de un lado a otro –la izquierda o la derecha, los cristianos o los
musulmanes, los contribuyentes o los informales, los manifestantes libres o
los reprimidos- soportando los golpes de raquetas cuyos dueños asumen que
hemos aceptado ese rol frente a sus excesos, corruptelas e impunidad.
¿Clamar por el respeto a las instituciones supone que seguiremos de un lado
a otro como pelota de ping pong, con los brazos bajos y sin contenido de
materia gris? Cuando observamos en los más cercanos la ausencia total de
decoro e incluso excesos en materia de pudor, ¿podemos acusar a los
responsables de las instituciones de violar reglas internacionales
protectoras de los derechos humanos? ¿Qué tanto nos corresponde a cada quien
por el bulling escolar o cibernético si los propios padres convierten, o
permiten que alguien cercano lo haga, la imagen de sus hijos en producto?[3]
Más que propiciar y en algunos casos incrementar el encono –de padres de
familia contra maestros o autoridades educativas, de contribuyentes contra
SHCP o de desempleados contra la STPS- lo que todos tendríamos que hacer es
empezar a actuar en el ámbito de nuestra competencia. Trazar rutas de acción
que incluyan el ejercicio de la experiencia adquirida por parte de los
adultos, la enseñanza del respeto a jóvenes que han crecido sin limites, sin
ejemplos de consistencia, sin valores trascendentes.
Terminar con la co-dependencia patológica supone esfuerzo individual y
proyección colectiva. Si todos jalamos parejo seguramente venceremos al
populismo mentiroso, la mediocridad burocrática y la delincuencia –oficial y
organizada- qué nos impide vivir libres, felices e inmunes al encono.
Rompamos las cadenas que nos impiden crecer, impulsemos el auténtico
desarrollo que va más allá del futbol comercial, las telenovelas o la fama.
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