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UNA COLORADA (vale más que cien descoloridas)

Lilia Cisneros Luján

El mal atrae

30 de junio de de 2014

Desde relatos anteriores a la era cristiana, hay infinidad de testimonios acerca de lo que provoca el mal en la conducta humana y en las relaciones colectivas, más allá de la visiones aparentemente opuestas de Rousseau –todos los humanos son buenos pero la sociedad los pervierte- o su contrapunto –cristiano y no cristiano- que parte de la maldad innata de cada individuo en la sociedad.

Durante el reinado de Jeroboam II -a mediados del 700 a. de C.- quienes se constituían como voceros del pueblo –llamados entonces profetas- interpelaban a este gobernante advirtiéndole que conocían su grandes pecados como: afligir al justo, recibir cohecho, manipular los tribunales para que el pueblo perdiera sus causas, provocar el lloro en las plazas y en los viñedos y una serie de rebeliones que el rey pretendía minimizar con todo tipo de ritos, desde traer amuletos o consultar adivinos, hasta realizar sacrificios. ¿Le parece coincidencia esta realidad antigua con las penurias de ciudadanos mexicanos del siglo XXI a los cuales sus exiguos ingresos no les dan para pagos de impuestos, altas tarifas de agua, luz y gas y un cúmulo de cobros por usar un auto?

En la antigua Grecia, el llamado padre de la medicina luchó para imbuir en sus seguidores ciertos principios morales, a grado tal que el juramento hipocrático tiene en su esencia el “no causar daño al paciente”; sin embargo en el siglo XXI un joven médico que procura ser exitoso en lo privado –la priva se dice en el argot de los hospitales- deja varias veces su horario institucional –en el IMSS, el ISSSTE o el hospital estatal o federal de la SS- para atender una cirugía programada que le dejará varios miles de pesos de ingreso, experiencia para el prestigio y habilidad acerca de la forma de servirse con los negocios de la salud ¿Se están conduciendo en el sector con cuales principios?

Siendo la culpa una de las cargas que más abruman al ser humano, es conducta tan antigua como la practicada por los herederos del homicida Caín, el desafanarse del “pecado” señalando a otro o alegando alguna no imputabilidad en la conducta atribuida ¿Quién tiene más culpa en el incidente de Jalisco que llevó a la cárcel a 16 médicos, estos galenos, el padre del menor que llegó tardíamente a pedir atención o el sistema de salud pública sin controles eficaces y carente de honestidad?

Con similar criterio podríamos juzgar el tema de la conversación “privada” de una legisladora a la cual hacen picadillo los voceros del monopolio de comunicación masiva que se niega a compartir equitativamente el pastel de los espacios constitucionalmente propiedad de la nación y que por años han explotado no como concesionarios sino como dueños absolutos para usar y abusar de los mismos. ¿Por qué los obligados a cumplir la ley no castigan a quien graba y difunde estas conversaciones? ¿Qué clase de justicia opera cuando por componendas políticas se deja sin castigo al que contrata mujeres con fondos fiscales para sus aviesos deseos lo mismo que al que reparte dinero –se dice cabildear- a fin de tener leyes que “legitimen” su actuar desviado?

Lo cierto es que el mal, además de ser engañoso y deshonrar a quien lo practica[1] da la impresión de poder. Una prosperidad que supuestamente les permite –lo mismo a los delincuentes organizados que a los malos funcionarios del gobierno- discursear y jurar falsamente –lo hacen sistemáticamente en las campañas cuando son candidatos y hasta pagan con recursos arrancados a quienes los producen- aumentando las angustias, produciendo hambre, llanto, tristeza, lamento y destrucción. Por supuesto otro de los efectos más visibles del mal es la división. Al afectado por las acciones perversas se le considera enemigo, pues este al ver la multiplicación de las afecciones políticas que le producen impotencia, tribulación y rebelión o se somete o reacciona con furia por la abundancia de vanidad y lo evidente de las falaces promesas.

El mal lo mismo en la época medieval de las brujas, que en la guerra de las galaxias atrae a las personas débiles y ansiosas de poder, por ello es que proliferan las pandillas de barrio, los grupos delincuenciales y los carentes de una moral o ética de la cual asirse. Si es poder de las tinieblas, perversiones del lado oscuro, libertad mal entendida o visión comercial futurista, al basarse en el encubrimiento de las trampas y enredos para engrandecer a unos pocos ansiosos del aplauso fácil, y la derrota del otro[2] siempre provoca ira y destrucción.

Generalmente los adictos al mal han sido primero “honestos” de temporal o de oportunidad. Critican, cuando están fuera al grado de taladrar la conciencia con datos espeluznante de seguridad, el aumento de la tortura[3] la contabilidad de cadáveres y fosas clandestinas, el acoso –sexual, laboral intrafamiliar, del gobierno y hasta de vecinos con alguna concesión oficial- aunque no tiene empacho en usarlo cuando arriban al poder. Al agotarse los temas malignos de manipulación surgen inquietudes novedosas como el riesgo por la disminución de la tierra cultivable a manos de los explotadores privados de petróleo, uranio y otros minerales; pero una vez que “los sistemas democráticos” les dan la oportunidad de ser parte de los beneficiados por el maná, oficial que no divino, empiezan a gastar, ostentar y por supuesto robar, porque a fin de cuentas el mal atrae, tornando en odio la justicia y la benevolencia. El verdadero amor –en términos políticos el servicio al otro- no practica el mal, no divide, no excluye, no difama, no abusa; en concreto no es egoísta, jamás resta siempre suma. ¿Usted está listo para defenderse de la atracción maligna?


UNA COLORADA (vale más que cien descoloridas)

Lilia Cisneros Luján

En tierra Ajena

23 de junio de de 2014

La celebración por la llegada de niños españoles a México en la presidencia de Lázaro Cárdenas y la muy difundida cifra de 50 millones de desplazados y demandantes de asilo en el mundo, obligan a retomar el tema de la migración. Moverse de un lugar de origen a otro de destino, con la intención de cambiar la residencia habitual para permanecer un tiempo o quizá establecerse permanentemente en otro sitio es inherente a la esencia misma de la humanidad, nómada en sus orígenes tribales y en constante movimiento hace más de setenta mil años desde África, luego Asia, después Europa y necesariamente América.

Estudiando la historia o analizando la demografía es de sentido común dilucidar que las personas migraron en tiempos muy antiguos para buscar tierras de bonanza cuando se descubrió la agricultura; mercancías y compradores durante los albores del comercio[1], procurar mejor clima si el que se tiene es extremo, huir de la inseguridad[2] –propiciada por criminales, gobiernos autoritarios, e incluso maridos o padres y familiares enfermos y violentos- o buscar nuevos emprendimientos[3]

Sería poco serio intentar explicar el origen de los primeros imperios del planeta –Mesopotamia, Egipto, Persia, Grecia, Macedonia, Fenicia, Cartago o Roma- al margen de los importantes desplazamientos de soldados y pobladores que igual por la fuerza o de manera libre ocuparon nuevas tierras. Luego de las grandes migraciones de pueblos indo-europeos, el sistema feudal, que tenía como eje el vincular las personas a la tierra, si bien tuvo como lado positivo la creación de aldeas, por el otro aumentó el conflicto bélico cuyo fin era conquistar la propiedad del otro. Pocos países de la actualidad pueden ser mejor ejemplo que los Estados Unidos de América, de la fuerza de los movimientos migratorios, y tal como ocurrió con el fin del sistema feudal que sucumbe frente a los Estados nacionales; en pleno siglo XXI, parece ser que el comercio global y las consecuencia socioeconómicas de la gran brecha entre los pobres y los ricos, enfrenta al ser humano a una nueva forma de migración, calificada por casi todos como ilegal, indeseable y hasta criminal.

¿Existe en la mente de los comerciantes globales el recuerdo de una Venecia cuyo predominio fue resultado de las migraciones entre aldeas con artesanos, campesinos con mercancías que se movieron desde y hacia Italia? ¿Hubiese sido ese el resultado si las fronteras se abrieran a las mercancías pero no a las personas? El descubrimiento de nuevas tierras –no solo para los europeos, sino aquellos habitantes de islas en el archipiélago de Hawai o en los fríos extremos habitados por los vikingos- ¿se habría dado sin el empuje de la migración? ¿Qué asusta o que fines perversos mueven a quienes explotan, criminalizan o vejan al ser humano que arriesga todo para migrar? Aun sin ir más lejos, las migraciones al interior de los países desde el ámbito rural a las ciudades o a la inversa ahora que estas últimas se están convirtiendo en territorios insufribles, son a querer o no, algo inherente a nuestra naturaleza móvil.

Si en el reino animal las poblaciones de mariposas monarcas o aves de muy diversas especies, migran y hasta son protegidas ¿Qué es lo que se germina al interior del humano para reaccionar de manera diversa entre y contra sus pares? Convertir la migración en un asunto económico –son miles de millones los que manejan las agencias defensoras de los derechos de los migrantes en el mundo- es tan o más agresivo que la migración misma. ¿Quién es más criminal, el bandido que pide cuotas, esclaviza, secuestra y hasta mata al migrante o el que maneja millones de dólares para defenderlos sin lograrlo?

El tema de escándalo ahora es el de los niños migrantes. Esas nuevas generaciones que nacieron y han vivido conociendo el fenómeno por relatos de sus amigos vecinos y padres. La expectativa de una vida mejor a la que tienen les impulsa a buscar el sueño que en la mayoría de las veces se convierte en pesadilla. Hace 21 años, grabé un programa sobre el tema en la serie de radio que entonces conducía. De manera vertical la estación –no comercial sino oficial- omitió trasmitirlo y suspendió mi tiempo al aire. ¿Qué callos estaba pisando dos décadas atrás con el tema de la migración infantil? ¿Cuantos niños de entonces a ahora han seguido migrando? ¿Por qué el énfasis en la migración infantil al extranjero y la ceguera respecto de la migración de niños de zonas rurales e indígenas hacia las grandes urbes? ¿Cuáles opciones se dan a niños migrantes que juegan en los camellones, venden dulces en la vía pública y aprenden a pedir limosna antes de hablar español?

Dentro de este fenómeno inherente a la naturaleza humana, también hay niños que son arrancados de su madre, sus abuelos, su cultura de origen, por algún familiar cercano. ¿Terminarán todos como privilegiados al igual que los chicos españoles adoptados en el régimen de Lázaro Cárdenas? ¿Podría convertirse en género próximo, diferencias específicas como la del astronauta mexicano que con un español muy deficiente hoy viene a decirles a los escolapios del país del que emigró su familia que lo máximo es estudiar en la NASA y convertirse en migrante espacial?

Habrá que esperar que los famosos de las teorías holistas de la migración, nos den sus conclusiones, mientras eso ocurre, ojala hubiera políticas publicas que arraiguen en vez de expulsar a esos menores de edad hoy y futuros ciudadanos de un país como México que cada día marcha más atrás en la carrera del desarrollo global. Si los niños centroamericanos cruzan nuestra frontera buscando los factores de atracción de Norte América, debiéramos buscar acuerdos con los países que les expulsan para beneficiarles, a final de cuentas, son niños, son humanos, son seres vivos que tienen derecho a viajar. Ojala lo pudieran hacer por turismo y no por hambre y sed……..de justicia.


UNA COLORADA (vale más que cien descoloridas)

Lilia Cisneros Luján

Recordar es ¿Empezar a vivir?

16 de junio de de 2014

La indudable comprensión de la historia, como ciencia que se avoca a estudiar el pasado de la humanidad en general, de ciertos grupos, tiempos o espacios en particular e incluso del origen y devenir de objetos como: mobiliario, vestimenta, arte –pinturas, esculturas, joyas, enseres de uso familiar o ritual- hasta monumentos y edificios, ha sido el fundamento en avances de la civilización.

Los nueve libros de historia atribuidos a Herodoto[1] se editaron de esa forma, en alusión a las nueve musas y aluden tanto a fuentes orales como escritas con anterioridad a su obra. De las musas que en siglo II a. de C. sirven de base a la edición de la producción de aquel historiador y geógrafo griego una de ellas “Clío” era la protectora de esta ciencia y de la poseía épica, temas de los cuales siempre escribía. Al igual que Herodoto lo hizo de las guerras Médicas, el perfil de los personajes, la etnografía vinculada con estos y por supuesto la geografía en donde ocurrieron los hechos.

Casi no hay artista que haya dejado de lado la pictografía de esta ciencia. Francisco de Goya en su obra “La verdad el tiempo y la historia”, nos dio un bello ejemplo del respeto por el anciano tiempo que trae de la mano la verdad e imagina que la historia debe registrarse por medio de la escritura. Ya sea una narración, algún suceso, un relato imaginario e incluso las mentiras, deben ser un referente para lograr averiguar los hechos que ocurrieron.

En medicina se llega al diagnóstico de una enfermedad a partir de lo asentado en la historia clínica. Podemos darnos idea de cómo era la historia natural de épocas prehistóricas con el apoyo de la arqueología, geología, paleoantropología y muchas otras ciencias biológicas. Indudablemente, la observación, rescate conservación, preservación y divulgación del origen, de obras de edificadores y construcciones monumentales, como las pirámides, los castillos, los conjuntos habitacionales de antaño y en general los edificios que fueron hechos con algún propósito, son parte fundamental de la historia.

El tema es tan importante que la mayoría de los países han trabajado en leyes que garanticen la conservación de los inmuebles, que en sí mismos representan valores culturales. Algunos son declarados monumentos nacionales o de la humanidad a fin de protegerlos de proyectos urbanísticos que puedan considerar su demolición o una intervención de tal envergadura que borre su esencia.

En México como en la mayoría de los países de América Latina, los planes reguladores de pueblos barrios y colonias señalan los inmuebles o zonas de conservación histórica[2]. Un caso emblemático, es el edificio de la calle Justo sierra 16, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Calle que hoy, colinda con los restos precolombinos del denominado Templo Mayor.

Me di el gusto de recorrer, los patios –no todos están abiertos- subir y bajar las escaleras, por las que acudíamos a las aulas de lo que en los inicios de los sesenta todavía era la preparatoria uno en el turno matutino y la tres en el vespertino,

Caminé por el pasillo del segundo nivel a donde estaba la vetusta biblioteca, los salones de laboratorio y el espacio en donde practicábamos esgrima. Busqué la moderna –para aquellos entonces- segunda biblioteca “Castellanos Quinto”, Observé la puerta de lo que fue el salón del grupo 410 en 1963. Subí hasta lo que era el “depa” y ¡Oh sorpresa! todo son paredes pintadas con aceite, no hay una sola banca de estudios, la mayoría de la butacas –excepto la laterales- de "el generalito" han sido sustituidas por sillas apilables y ni siquiera el escritorio se puede encontrar por lado alguno.

El aula magna con escalones donde daba la clase de sociología el maestro Briseño, el auditorio donde ocurrían todos los concursos estudiantiles, son espacios fríos “modernos” y con aire minimalista.

Conversé, con las jóvenes de la mesa de informes que emocionadas escucharon mis relatos. Lo hice también con el chico egresado de antropología e historia que dormitaba en la semi-penumbra del aula magna ya sin butacas, ni escalones y todos, excepto la de vigilancia UNAM que resguarda la puerta del generalito- recibieron con agrado los referentes históricos. Luego de preguntar por la puertas originales que han sido sustituidas por “modernas” muy similares a lo que luego vi en otras instalaciones a cargo de CONACULTA, la respuesta de alguien que casi ajusta dos décadas de ser testigo de lo que ha ocurrido, me dijo. “Bueno cuando las quitaron se fueron a una bodega de lo que fue el anexo de Prepa dos, junto con los candiles, pero según se, todo eso se tiró a la basura”.

¡Por Dios, en estos casos recordar es empezar a morir!


UNA COLORADA (vale más que cien descoloridas)

Lilia Cisneros Luján

Padre perfecto

9 de junio de de 2014

En una sociedad matriarcal, como la mayoría de las hispanas, la figura del padre se ha desdibujado en medio de calificativos como: machista, golpeador, psicópata, manipulador, promiscuo, atenido, bueno para nada, mantenido, mandilón, borracho y muchas más.

No les falta razón a algunas mujeres que han encontrado como herramienta de defensa leyes que al final del día con el afán de protegerlas, dejan en verdadero estado de indefensión a la parte más débil de una relación de pareja, es decir los hijos, que algún día serán padres.

Se de muchas féminas que logrando desposeer de la patria potestad a padres no muy recomendables, pierden la batalla final cuando sus hijos reciben a hurtadillas –casi siempre mientras ellas están trabajando para seguir proveyendo- la presencia o los comentarios de padres tramposos. “todo esto es tuyo, pero tu madre no te deja disfrutarlo” “yo te compraría un coche, pero tu madre…..” “si tu madre no cambia de actitud no puedo pagarte la carrera” y así hasta el infinito. Y cuando los hijos son adultos, aun si han comprobado que su padre era desde mentiroso hasta abusador, defraudador o cualquier otra cosa que incluso le mantenga en la cárcel, el daño será casi siempre irreparable. ¿Conoce mujeres inteligentes que se someten a parejas muy mayores soportando todos su defectos con la esperanza de que las acepten y amen como imaginaron que debía hacerlo el padre que abandonó el hogar? ¿Cuántas mujeres en el mundo han quedo verdaderamente imposibilitadas de establecer una relación sana con ningún varón, como resultado de un padre que les insultaba y golpeaba? ¿Se ha topado con esos qué aun no salen de una relación –por divorcio o viudez- y ya están buscando quien se convierta en la pilmama[1] de sus hijos?

Lo embates en contra de instituciones como el matrimonio o la familia, han agudizado la tendencia de satanización de la figura paterna. Elisa Morgan[2] dice que debido a “promesas preconcebidas cuyo origen son las buenas intenciones” aceptamos el mito de la familia perfecta; sin embargo desde el punto de vista psicológico y de la mayoría de las religiones se reconoce a la familia como una institución imperfecta, por el simple hecho de ser humana, en la cual personas disfuncionales construyen familias sin estructura.

¿Se resolverá el problema matando al padre? ¿Han funcionado mejor las familias que a partir de los sesenta propusieron como conquista la unión libre? ¿Hay más felicidad en los hijos de madres solteras? ¿Son mejores padres, los que juegan ese rol en una relación homosexual? ¿Basta con proveer la casa soñada –con recámaras para cada vástago, jardín, varios baños, sala de juegos, cocina moderna, electrodomésticos suficientes etc.- para convertirse en buen padre?

Continua señalando la autora que recién he citado que “la mayoría de las madres sabe que se necesita más que comodidades para que una casa sea un hogar”. Las características más importantes de un hogar son las cualidades espirituales y el amor entre padre, madre e hijos y por supuesto familiares con experiencia y sana espiritualidad como son los abuelos. Una de las imperfecciones que más ha arruinado las familias modernas es la confusión entre el verdadero amor filial y el que resulta de las relaciones sociales. En la escuela tal vez tenga una veintena de compañeros, pero la mayoría de ellos no serán fundamentales para el desarrollo integral de un niño, discernir eso es parte de la responsabilidad de un padre. Mantener unida a la familia –extensa y ampliada- debiera ser otra cualidad.

Aun cuando la mayoría de los niños se ocuparán esta semana de diseñar regalos que obsequiarán el próximo tercer domingo del mes, habrá miles que pronuncien “papá” sin una esencia de confianza –consciente o subconsciente-, que le permita plantear todo y esperar todo.

Salomón[3] dijo que, es mejor vivir en la pobreza con temor del Señor que poseer grandes tesoros y tener problemas por ellos. Una atmósfera amorosa y espiritual es la característica más deseada en un hogar. Cuando el padre terrenal niega –a veces por un conflicto no resuelto y otras por ignorancia- la profundidad de lo que significa “Padre Nuestro” su postura se convertirá en dificultad para la maduración emocional, espiritual y social del niño.

Métodos psicológicos ampliamente difundidos como el análisis transaccional, reconocen en las etapas de desarrollo las diferencias entre hijo y padre. Ser un verdadero padre supone humildad para pedir perdón si se han tenido excesos –con los hijos o con cualquiera que haya sido ofendido en presencia de los hijos- disposición para rectificar el daño infligido, valentía para afrontar las consecuencias de lo dicho o lo realizado y amor suficiente e incondicional como el que mostró el progenitor del hijo pródigo.

Se de muchos individuos a los que se les dificulta creer en Dios, por el ejemplo de malos padres, vergonzosos guías espirituales –curas pederastas o pastores adúlteros- e incluso figuras sustitutas –amigos mayores, tíos, maestros- que dañaron profundamente a quienes confiaron en ellos como si fueran buenos padres. A estos también hay que recordarlos el próximo 15 de junio. Demostremos que hemos madurado perdonando: a los hijos que física o emocionalmente se fueron en la búsqueda de “algo mejor” y a los padres cuyo daño solo puede ser reparado con los ojos puestos en nuestro Padre Perfecto”[4] “Un Dios y Padre de todos… por todos y en todos”


UNA COLORADA (vale más que cien descoloridas)

Lilia Cisneros Luján

Co-dependencia

2 de junio de de 2014

Con todo y las mas de mil repeticiones publicitarias, cada vez es mas difícil que tanto individuos como grupos de mexicanos se conviertan en crédulos convencidos de afirmaciones optimistas sin sustento. A la par de spots y gacetillas pagadas, lo que en otros tiempos fue una sección periodística denominada “policíacas” o “nota roja” se ha convertido en un recordatorio permanente –los críticos del nazismo le llamaban lavado de cerebro- del estado de salud de policías atacados por habitantes inconformes en una delegación en la ciudad de México, donde no solo se ha hecho costumbre linchar a quien un grupo supone culpable, sino se le quita la vida a un juez al llegar a su domicilio, iniciando sistemáticamente las especulaciones –que no indagatorias serias, científicas y en secrecía- acerca del posible móvil de robo o el porque de su soltería a los 53 años.

Acorde con una visión de éxito que supone el aniquilamiento del otro –el competidor comercial, el militante de otro partido, el seguidor de otro credo- los enfrentamientos llegan a absurdos como los ocurridos la semana pasada, donde un grupo que se unió para luchar en contra del secuestro, luego de afirmar que este delito ha aumentado –contradiciendo a la versión oficial- invita a “no atacar a las instituciones” en tanto otro defiende el derecho de los ciudadanos de llegar al extremo de manifestarse, cerrar vialidades y gritar consignas para que las instituciones hagan algo. ¿Alguien puede aclarar cual de las dos reuniones respondió a las necesidades de seguridad de las personas? ¿Se $abe lo que propició el cambio hacia la institucionalidad de familiares que antes vociferaban contra policía y procuradores omisos por cuanto a datos del familiar desaparecido o secuestrado?

En la competencia de cifras y el round entre grupos de poder, las discrepancias no solo se refieren a aumentos o disminuciones de delitos como el mencionado, también los voceros de las bondades de la macroeconomía ya no son unánimes, como hace 20 años, cuya meta era el TLC y el viraje al neoliberalismo absoluto. Dos décadas después los textos reflexivos acerca de riesgos de un capitalismo furioso que haría más grande la brecha entre ricos y pobres y que no necesariamente se reflejaría en el bolsillo del pueblo, siguen siendo vigentes. ¿Será esto el sustratum detrás de reacciones violentas e irracionales de las masas? La “adquisición de un sentimiento de potencia invencible” –como afirmó Le Bond[1] y la desaparición del sentimiento de responsabilidad” ¿es un fenómeno exclusivo de grupos populares en las calles? ¿No se puede inferir que el contagio mental y la sugestibilidad también están presentes en un conjunto de legisladores o el equipo de trabajo de un ejecutivo no necesariamente ducho en todas las materias que son de su responsabilidad?

Lo innegable es que tanto gobernantes como gobernados tienen miedo. De manera puntual en América Latina, y ello incluye a México, se ha perpetuado una dependencia colectiva en la cual las personas tienden a “perder de vista su responsabilidad individual”[2] como consecuencia de la pasividad que a sus demandas ofrecen tanto gobernantes como mercadólogos. El exceso de reglamentaciones descontextualizadas, los sistemas educativos sin esencia trascendente, las ofertas pseudo altruistas basadas en la caridad, por siglos condicionaron a la gente a esperar que sus necesidades fueran resueltas por el otro, lo cual es normal en etapas muy tempranas del desarrollo, pero se convierte en patología individual o colectiva si se mantiene hasta la edad adulta.

Como si se tratara de un juego de tenis de mesa, las personas son arrojadas de un lado a otro –la izquierda o la derecha, los cristianos o los musulmanes, los contribuyentes o los informales, los manifestantes libres o los reprimidos- soportando los golpes de raquetas cuyos dueños asumen que hemos aceptado ese rol frente a sus excesos, corruptelas e impunidad. ¿Clamar por el respeto a las instituciones supone que seguiremos de un lado a otro como pelota de ping pong, con los brazos bajos y sin contenido de materia gris? Cuando observamos en los más cercanos la ausencia total de decoro e incluso excesos en materia de pudor, ¿podemos acusar a los responsables de las instituciones de violar reglas internacionales protectoras de los derechos humanos? ¿Qué tanto nos corresponde a cada quien por el bulling escolar o cibernético si los propios padres convierten, o permiten que alguien cercano lo haga, la imagen de sus hijos en producto?[3]

Más que propiciar y en algunos casos incrementar el encono –de padres de familia contra maestros o autoridades educativas, de contribuyentes contra SHCP o de desempleados contra la STPS- lo que todos tendríamos que hacer es empezar a actuar en el ámbito de nuestra competencia. Trazar rutas de acción que incluyan el ejercicio de la experiencia adquirida por parte de los adultos, la enseñanza del respeto a jóvenes que han crecido sin limites, sin ejemplos de consistencia, sin valores trascendentes.

Terminar con la co-dependencia patológica supone esfuerzo individual y proyección colectiva. Si todos jalamos parejo seguramente venceremos al populismo mentiroso, la mediocridad burocrática y la delincuencia –oficial y organizada- qué nos impide vivir libres, felices e inmunes al encono. Rompamos las cadenas que nos impiden crecer, impulsemos el auténtico desarrollo que va más allá del futbol comercial, las telenovelas o la fama.

 

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