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UNA COLORADA (vale más que cien descoloridas)

Lilia Cisneros Luján

Ordenar el Clóset

27 Octubre de 2014

En los últimos 30 años, la deuda pública de América Latina se ha multiplicado más de 32 veces al pasar a un billón treinta y nueve mil dólares. Cumpliendo los planes del consenso de Washington 33% de esa carga para los depauperados pueblos de la región se le debe a instituciones financieras internacionales, 21% a Estados y el 46% a acreedores privados como es el caso de los bancos.

Más allá de cifras imposibles de comprender en un horizonte de niños muriendo de inanición y enfermedades, el hecho es que América Latina y el Caribe encabezan la lista mundial de deudores, es decir, cuatro veces más que los que grava la vida institucional de países en Medio Oriente y África del Norte, triplica al África subsahariana, duplica la de Asia del Sur y supera, en menor grado, la acumulada en Europa Central y Oriental junto con Asia Central.

Si esto es dramático, es peor el pago del servicio de esta deuda. En los treinta años a los que nos referimos, América Latina ha tomado del ingreso de sus pueblos más del triple de toda su deuda externa reciente, para el pago de interés y comisiones[2] lo cual indudablemente presiona para disminuir los programas sociales, como sería educación gratuita, servicios de salud universal, empleo entre otros muchos[3].

Para los estudiantes de normales rurales mexicanas, que además de matarlos de hambre los desaparecen cuando pretenden hacer visible su dramática situación, carecen de sentido los discursos alegres de los funcionarios engolosinados con los parámetros de la macro economía. Tomar dos alimentos –arroz y frijoles si bien les va- al día, bañarse apenas una o dos veces a la semana, carecer de lo indispensable para mantener su entono, -vivienda, enseres de cocina etc.- en condiciones de higiene es lo que impulsa a los más pobres a salir para ser escuchados, tomar un autobús ajeno para llegar a donde se resguarda la autoridad y levantar la voz, aunque el riesgo sea la privación de la libertad e incluso el término de la vida.

De muy poco servirá el sacrificio de los jóvenes –por igual los desaparecidos o muertos de Ayotzinapan o los de otras normales- si la sociedad no medita en la gravedad de ser México el octavo país con mayor deuda del mundo, de entre diez que se tomaron para considerar lo que significa el acumulado de deuda neta y pasivos sin consideración de reservas internacionales –que es otra de las trampas de la macroeconomía- y tenencia de oro. Si nos comparamos con Estados Unidos y al no tener contexto de las notas, decimos que ellos están más endeudados, pero el hecho es que su deuda equivale al 14.2% de su PIB, y quizá salimos más felices si asumimos que los pasivos externos de España equivalen a 103% del mismo parámetro.

Muy interesantes datos nos pueden dar los expertos en economía, aunque lo que ocurre en países emergentes como México, rebasa hechos como que Grecia tiene un endeudamiento equivalente al 90%, frente a un México de 35%; pero la presión social debería ser escuchada de la misma forma en que, cuando somos adolescentes, procuramos atender la voz materna que nos invita primero y nos exige después, a cumplir la responsabilidad de ordenar nuestra habitación y ello incluye el clóset.

Los humanos se refieren al clóset como un sitio a donde alguien o algo puede esconderse. Todos, hemos utilizado este espacio para ocultar lo que no tuvimos tiempo o ganas de ordenar. Alguna vez mamá entró y se conformó con ver la cama tendida y todo con un aparente orden; pero si se mira debajo de la cama y al interior del clóset, invariablemente habría que enfrentarse con la debilidad de la imagen. Debajo del maquillaje, al igual que detrás de la puerta del clóset, debe haber una realidad tan contundente como lo que se muestra hacia afuera. La terrible desgracia de los estudiantes normalistas debería ser una llamada vigorosa para que desde el presidente y su gabinete, los ejecutivos locales y todos los funcionarios que se constituyen en gobierno, se decidan a hacer una profunda limpieza de clóset. Por más cínico e irresponsable que alguien sea, la realidad del clóset, es fácil asumirla con el simple hecho de abrir la puerta. Los terribles eventos que han salido a la luz pública las últimas semanas, son como el cúmulo de cosas desordenadas que nos caen encima cuando ni la puerta donde se esconde todo lo que está mal puede mantenerse cerrada. Hagamos todos una auto crítica y empecemos por poner en orden lo más íntimo, me refiero a propia consciencia[4] a la cual, lo mismo que al pueblo, ningún maquillaje puede engañar.
[1] Según el Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG), para el 2012 se elevó la cifra a partir de 32 mil millones de dólares a un billón 39 mil millones de dólares. El Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM), analiza en documentos de esa red formadas por diversos organismos e investigadores, los mecanismos de diversos gobiernos que han convertido en deuda pública externa, mucho de lo contratado por la el sector privado, que además adquirió a precios de regalo empresas que eran del estado.


UNA COLORADA (vale más que cien descoloridas)

Lilia Cisneros Luján

Morir a destiempo

20 Octubre de 2014

Morir es un acto natural de la vida. Dependiendo de las prácticas culturales a los fallecidos se les sepulta o incinera y en menor proporción puede haber embalsamamiento o congelación del cadáver. Dado que el fallecimiento es parte de un ciclo, sobre todo para los parientes es importante conocer el destino final de aquel a quien amaron o simplemente formó parte de su existir. Terminar en una tumba común o clandestina es quizá lo que menos deseamos para nosotros o nuestros seres queridos.

Aun quienes se postulan como “orgullosamente ateos”, esperan tener un espacio –grande y notorio o tan breve como una urna de cenizas- a donde lo mortal se conserve. Son muy interesantes los diversos ritos relacionados con la disposición final del cadáver e incluso hay normas para evitar un trato indigno al despojo de nuestro cuerpo ¿A dónde acuden las madres y familiares de hijos que se fueron buscando mejor destino? ¿Porque angustia tanto el no haber rescatado los cuerpos de los fallecidos en la mina Pasta de Conchos? ¿Qué es lo que se quiebra en la realidad de los aun vivos cuando los ausentes pudieran yacer en una tumba clandestina de Iguala o San Fernando, una oquedad en el desierto, el condado de Brooks[1] o el camposanto de Falfurrias?[2]

La muerte parece ser el signo distintivo de algunos tiempos. Ayer se recordaron las miles de ausencias provocadas por el cáncer, en otros tiempos fue la peste, más atrás la lepra y en el miedo del mundo actual está la amenaza del Ébola con una intensidad mayor que el H1N1 o el SIDA. ¿Qué nos pasa? ¿Por qué gastamos tantos recursos en investigación de fármacos que prolonguen la existencia y al mismo tiempo presionamos para legitimar la eutanasia?

Frente a la muerte afloran infinidad de emociones ¿Conoce casos de familiares que prolongan la agonía de algún cercano solo para seguir cobrando una pensión? ¿Que se le remueve cuando visita a un enfermo cuya casa ha sido saqueada por enfermeras, cuidadoras y sobrinos? ¿Cuántas personas viven abrumadas por la culpa derivada de haber obstaculizado un tratamiento oportuno –de cáncer por ejemplo- previsión importante para evitar la muerte a destiempo de la esposa, madre o hija?

El común denominador de estas muertes parece ser el poco valor que se da a la vida, tanto la material como la trascendente. ¿Quién lleva el censo de los muertos en conflictos bélicos de Asia, África o las zonas depauperadas del mundo? ¿Justifica la bestialidad que a las personas -convertidas en números por la magia de la estadística- se les reduzca a objeto de estudios forenses? ¿Quién estará dispuesto a poner por encima de las pingües ganancias de las farmacéuticas el derecho humano a vivir con dignidad? ¿Se escuchará a quienes denuncian a los fabricantes de armas utilizadas lo mismo por sicarios, militares o “iluminados" de quien sabe cuantas "guerras santas”?

En un mundo agobiado por la mayor importancia dado al negocio que a la vida, proliferan fundaciones, escuelas de medicina –Universidad de Baylor e Indianápolis por ejemplo- asociadas con funerarias[3] que como en el caso de Texas dan “sepultura” a cuerpos de “desconocidos” y le pasan al condado o algún otro, facturas promedio de 1000 a 2000 dólares por cada cadáver depositado sin mas dato que un número o una cruz de madera.

La búsqueda de estudiantes que sobrevivían en condiciones infrahumanas en una normal de Guerrero, ha destapado la macabra realidad de restos humanos tal vez pertenecientes a un hijo, una esposa o un padre secuestrado. ¿Cuántas víctimas de este delito arropado en la “discreción forzada” denominada cifra negra, ya habían localizado a su familiar en las cercanías? ¿Por qué la autoridad no revisa de manera sistemática estos barrancos y parajes, donde la población sabe que se dejan los despojos de vidas truncadas? ¿Será la omisión un camino para tranquilizar la conciencia?

Por la abundancia de información enfocada a la felicidad aunada a lo material –poseer coches, casas, aviones, ropa, posibilidades de vacacionar etc.- hemos llegado al infierno de una humanidad incapaz de saciarse. Los que aun practicamos valores fundamentales vemos con preocupación que también los postulados conservados en estructuras religiosas o filosóficas –imperfectas como todo lo humano- se están convirtiendo en producto. Cada vez y con mayor frecuencia escuchamos de divisiones de iglesias porque algún grupo ambicioso se quiere hacer del control de bienes y productos logrados por los fundadores. Igual sabemos de “falsas doctrinas” enfocadas a ofrecer una trascendencia buscada como forma de reconciliarse con el creador; aunque desdibujada entre pastores festivos, curas pederastas y guías espirituales ofertando reencarnaciones a cuyo estado superior se puede llegar Fast track mediante el pago, ya no de indulgencias sino de colegiaturas perennes a cursos de sanación, meditación y trascendencia. Durante el tiempo que ocupé para escribir estas reflexiones miles de hombres y mujeres encontraron el fin de sus vidas en el planeta. Algunos porque ya era su hora; pero muchos mas a destiempo, como resultado de un mundo convulsionado en donde deambula una humanidad perdida.


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Lilia Cisneros Luján

El cataclismo que viene

13 Octubre de 2014

Todo en el planeta tiene algún tipo de interacción –biológica, minera, tectónica, etc.-cuyas relaciones al ser alteradas, pueden producir catástrofes como la extinción de una especie o la destrucción total de algún entorno.

Consumir los recursos naturales –vegetales, animales e incluso los no renovables- de manera controlada, es algo normal siempre y cuando no se llegue a extremos como los que hemos soportado, sobre todo en las dos últimas centurias y particularmente a partir de la segunda mitad del pasado siglo. Excesos producen destrucción y muerte no solo de individuos cuyo reloj biológico está determinado por muchos factores desde el nacimiento, sino del planeta mismo, el cual reacciona con inundaciones, temblores, tsunamis y avalanchas por la depredación de bosques o de la atmósfera cuya capa de ozono, protectora de los rayos UV, está provocando cáncer y por supuesto cambio climático.

La ancestral vanidad humana engendra entre muchas conductas inconvenientes –pecado en sentido religioso- la ambición que permita ostentar estatus -que se supone mejora la esencia misma del individuo- mediante riquezas para adornar el cuerpo o el lugar donde se habita o para darse “lujos” como viajar y adquirir todo tipo de cosas materiales. Uno de los bienes que cada vez se demanda con mayor exigencia es justamente la energía: para mover grandes motores industriales, vehículos –coches, aviones, barcos, motocicletas- alumbrar calles y habitaciones, decorar con motivos de fiestas como el día de muertos, la Navidad, o las fechas patrias entre otras.

La inventiva humana ha usado por muchos años para tales fines recursos básicamente extinguibles como el carbón, petróleo o gas: pero como se ha advertido tales fuentes se están agotando, cuando menos en los mantos más superficiales.

Existen miles de análisis acerca de cómo el uso de estas energías, en vez de las llamadas limpias y sustentables -la solar o la eólica solo por citar dos ejemplos- nos está acercando al final no solo de la raza humana sino del planeta mismo.

Por la perforación de pozos petroleros la miseria y la distancia entre pobres y ricos se ha agudizado en el mundo, lo cual entre otras muchas consecuencias nos ha llevado a un crisis mundial alimentaria y de agua por la descomposición –depredación, saqueo o destrozo- de tierras que antaño eran cultivables, mantos freáticos contaminados o sobreexplotados. Economías como la venezolana dependen en un 95.9% de su petróleo y gas[1], a lo cual se debe agregar otros bienes primarios derivados de la minería tan o más destructores de la tierra[2]. ¿Qué mueve a gobiernos a modificar legislaciones para permitir que “hombres de presa”, reciban dinero a carretadas, sin la menor misericordia por los que padecen sed y hambre?

La limitaciones éticas de quienes tienen, como valor máximo la riqueza, lleva a absurdos como el fracturar hidráulicamente capas más profundas de la tierra, para seguir usando gas y petróleo. El fracking, es tan peligroso que la ONU ha tomado cartas en el asunto por lo pronto estableciendo el 11 de octubre -24 horas después de la celebración de la promulgación de la carta de los derechos humanos- como el día mundial de lucha contra esta práctica, no solo por las consecuencias telúricas que origina[3], sino por los millones de litros de agua que se usan para quebrar la lutita[4] y que quedan insalubres para el consumo humano y animal por los químicos que a esta se le agregan. Sorprende la ingenuidad de jefes de estados como el de Bolivia, que con todo y su trayectoria ha autorizado ya, la explotación de varios bloques de terreno con esta técnica; pareciera que los espejitos siguen encandilando a América latina a fin de saquear con la misma voracidad y rapiña de los colonizadores llegados desde España.

El pillaje y la devastación están sobre nosotros; ya tenemos diluvios alternados con años de sequía, movimientos mortales del subsuelo, malversación de recursos públicos –diputados sometidos a campañas de cabildeo para la modificación de leyes- uso del presupuesto en la devastación- y lo que es más grave retrocesos conductuales que ponen al ser humano en fases tan primitivas y monstruosas como las que superaron tribus acostumbradas al sacrificio de los congéneres, bien por violencia en favor de supuestos dioses bien por muertes bestiales y masivas que han extinguido a muchas etnias. ¿Qué puedo hacer? se estará preguntando. En primer término estar dispuestos a transformarnos por medio de la renovación del entendimiento y para ello es preciso informarse. Difundir lo que nos ocultan supone también organización. Un ciudadano romano de sangre hebrea, se tomó tal atrevimiento y logró innovar conductas en muchos habitantes del Asia menor. Hagámonos escuchar por quienes toman decisiones tan absurdas como secar lagos, entubar ríos, contaminar afluentes o mares y destruir la única casa que tenemos “La tierra”.


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Lilia Cisneros Luján

¿No se olvida?

06 Octubre de 2014 (un día como ayer, mi hija Yvi, partió al cielo hace justo 8 meses)

Cuando algo tan importante como el movimiento estudiantil de 1968, se convierte en slogan de un programa de entretenimiento[1] en el canal de las estrellas, en realidad se está sellando el féretro a donde la manipulación mediática quiere sepultar el cambio total de paradigmas que inició en 1966 en varios estados de la república. En al menos 16 entidades y por supuesto el distrito federal, estudiantes de diversas universidades, manifestaron su interés en lograr modificaciones sustanciales en: las formas de designación de funcionarios –estatales y de instituciones educativas- la concentración comercial en líneas aéreas, las vejaciones a estudiantes por parte de cuerpos policíacos –locales o federales- los deficientes sistemas educativos, la expulsión de maestros -y luego hasta funcionarios- a todas luces corruptos y represores entre otras, así como la apertura democrática a grupos minoritarios.

Reducir está lucha de casi 40 meses a un lema –por supuesto pirateado- que centra su visibilidad en la pura masacre en la cual los que ahora se llenan la boca con testimonios de hechos que no conocieron o que incluso negaron o tergiversaron en su momento, es apenas un guión repetido por gente de la farándula que ni por asomo ha revisado el cúmulo de datos y documentos resumidos en la obra de quien ante la crisis asumió la dirección de la Facultad de Derecho de la UNAM luego de la caída del Rector Ignacio Chávez.

La generación que hoy frisa en los 70 años se daba cuenta de lo que implicaba la intervención norteamericana en Vietnam o la invasión rusa a Hungría y le molestaba la persecución anti comunista aun cuando no simpatizara con las izquierdas de entonces. Las tomas de autobuses, marchas y huelgas fueron la respuesta de inconformidad por pagos insuficientes a personas atropelladas, ciudadanos encarcelados y sobre todo exclusión de las generaciones jóvenes en la toma de decisiones del gobierno. Por supuesto que hubo desmanes. No se llamaban anarquistas, pero había revoltosos que robaban mercancía y hasta herían a los estudiantes inquietos; pero entonces al igual que hoy no eran detenidos los vándalos sino los líderes pensantes que ponían en riesgo un sistema autocrático.

“…..Sería un error considerar que este movimiento surgió de una explosión repentina de las inquietudes estudiantiles”[2] se escribió en un libro que vio su primera edición en 1971 y que debería ser revisado por noveles comunicadores cuyos falsarios jefes sustituyen una verdad histórica con un hecho, monstruoso sí, aunque por lo mismo tan tremendo como para ocultar la verdadera esencia que llevó al mismo. ¿Sabía que el movimiento del 66 fue impulsado en buena medida por funcionarios del gobierno cuyo presidente consideraba una afrenta la reelección del Dr. Ignacio Chávez? ¿Cuántos han meditado acerca de los orígenes y consecuencias del asalto a la preparatoria número 7 por miembros del MURO[3]? ¿Qué instrucciones tenía el general Luis Cueto y con que criterios acudía o no a los llamados de los citadinos? ¿Cuántos y quienes de los que acompañaron los movimientos del 66 y del 68 eran “esquiroles”?

El dos de octubre las cosas se salieron de control. Es falso que no se escuchara a los estudiantes. La manifestación del 13 de agosto llegó al zócalo, sin represión alguna. Se habían publicado diversos documentos elaborados tanto por el Consejo Nacional de Huelga[4] como las aportaciones de todas las organizaciones que conformaban la Asamblea Plenaria. La derogación de los delitos -disolución social- contenidos en los artículos 145 y 145 bis del código penal, la liberación de los presos políticos –ya no eran solo los estudiantes- incluidos Demetrio Vallejo y Valetin Campa se manifestaron en consignas y pancartas, al mismo tiempo que las injurias en contra del presidente, la policía y los granaderos.

¿Quién aprovechó el clima para provocar el dos de octubre? ¿Cuántos de los presidenciables dentro del gabinete conocían la conducta predictiva del Licenciado Díaz Ordaz? ¿Cómo entendieron esos aspirantes a la continuidad el discurso del 1 de agosto en Guadalajara cuando el Presidente dijo? “Estoy entre los mexicanos a quienes más les haya herido y lacerado la pérdida transitoria de la tranquilidad en la capital de nuestro país. Acordémonos de lo que nos une, olvidemos de lo que nos divide ….” ¿Conoce los detalles preparatorios de la marcha que ese mismo día salió de la UNAM encabezada por su rector y con la participación de otras instituciones educativas?

Muchos de los que hoy pintamos canas nos percatamos con el paso del tiempo que no hay movimiento absolutamente blanco. Los infiltrados no son solo pandilleros o porristas. Siempre hay los eternos interesados en mantener el conflicto para vender a quien sabe quien la solución del mismo. Ojala que los actores actuales de la lucha politécnica y social, revisaran el libro que he citado pues mas allá de la opinión del autor, contiene hechos, datos, fechas y una serie de acontecimientos cuyo estudio comparado permitirá a los jóvenes de hoy actuar con mas sabiduría.

 

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