UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
No les haga el juego
24 de noviembre de 2014
De los mexicanos se han escrito muchas cosas: que somos un pueblo
resentido y proclive a la venganza como resultado de la violación de los
conquistadores españoles; que con el yugo de otros –el patrono
norteamericano por ejemplo- doblamos la cerviz y obedecemos; que tenemos
proclividad a la holganza, la mentira y la transa[1] y que somos fanáticos
–lo mismo para con la Santa muerte, Cristo, la guadalupana, San Juditas, el
PRI, el PAN o el PRD etc.- pero lo innegable es que a pesar del estigma
ilustrado con humor negro por Abel Quezada, aquí estamos como resultado de
la fuerza para sobrevivir.
Los peores momentos de nuestra historia, han tenido como ingredientes, la
ambición -casi siempre de los de afuera- la traición –por lo regular de los
de adentro- y la furia de la llamada madre de la naturaleza a la que hemos
hecho hasta lo indecible para molestar. Pero el hecho es que frente a todos
estos embates destructivos tenemos con que responder. Nuestro cuerpo
diplomático daría mejores resultados si aumentara la presencia de México en
los foros encaminados a disminuir el calentamiento o la destrucción de
entornos naturales y la extinción de especies, en vez de andar recorriendo
el mundo como vendedores –fenicios o maceguales- de todo lo que deberíamos
consumir internamente.
Así como sacamos la casta solidaria, en momentos como el sismo de 1985 o
el rechazo a ejércitos invasores –franceses o norteamericanos- debemos
entender que nos compete a todos el evitar espirales de violencia, sin
importar que la justificación sean las desapariciones, extorsiones,
homicidios, corrupción o la impunidad. ¿Por qué muchos de nuestros
políticos, terminan empleados por empresas transnacionales que aspiran a
comprar o vender en condiciones desventajosas nuestra riqueza -material o
humana- pagándoles por comisión y lavando en ellos sus culpas si el negocio
no tiene “buen fin”? ¿Qué esperamos para acercarnos con prudencia a un ex
aspirante a la presidencia, para hacerle notar lo lamentable de su papel de
Patiño de un payaso pirateado por una televisora a otra que se supone le
hace competencia? ¿Acaso nuestra voluntad no es suficiente para dejar de ver
telerisa o teveasco, además de cancelar –aunque sea solo por hoy- miles de
contratos de cable –visión Prodigy y etcéteras- a lo largo del país
monopolizados en franca burla a las leyes?
Me queda claro que hay muchas cosas que no funcionan con los gobernantes
actuales, como no lo hicieron con los anteriores; pero ¿se resolverían si el
presidente cae –por enfermedad, presiones o amenaza- se dobla o se rinde?
En la lectura bíblica de los libros de Samuel o los Reyes, podemos
encontrar las profundas divisiones entre dos de los descendientes de las 12
tribus que fueron el origen de un pueblo que, aun hoy, sigue apostando al
belicismo. Judá e Israel eran tan antagónicos como lo pudieran haber sido
los espartanos y los atenienses, los liberales frente a los conservadores o
los republicanos y los demócratas. Pero a final de cuentas aquí seguimos,
exagerando los pactos ante la debilidad para cumplir las leyes. Ponderando
la audacia por encima del servicio, ambicionado la riqueza aunque con ello
se vulnere la equidad, permitiendo la violencia por la debilidad de aplicar
la ley y conducirse con justicia.
En un mundo al revés, se llama anárquicos a enfermos agresores que jamás
han leído una letra acerca de la corriente política que si bien propala la
ausencia total de los poderes públicos también implica la ausencia de muchas
ventajas comunitarias como lo es el orden, el respeto por el otro y la
sabiduría de dar a quien lo suyo. Mientras los conductores de “opinión”
aprovechan nuestro temor a la muerte ofreciéndonos historias distorsionadas
de extraterrestres, reptilianas, dinosaurios resucitados[2], vampiros –los
tradicionales o los modernos vegetarianos- hombres lobo, líderes
espirituales –enfermos física y emocionalmente- a los que un superhéroe
dispuesto a sentir, emocionarse y amar finalmente vence después del uso
exagerado de armas como las comercializadas por el programa rápido y
furioso.
Es tiempo de volver a lo simple, el calentamiento global disminuirá
cuando cada uno dejemos de tirar basura y exijamos a la autoridad inmediata
–presidente municipal o delegado- haga su trabajo de recolección,
disposición y manejo con más ética que simples ambiciones comerciales.
Seremos más amorosos, piadosos y misericordiosos, si dejamos de hacerle el
juego a pseudo religiosos –budistas, musulmanes, católicos, ortodoxos, o
reformados- que manipulan el anhelo ancestralmente humano de religarse con
su creador. Aun los ateos pecan de fanatismo. Si Usted tiene dudas acerca de
la grey en la que se mueve pregunte antes de acusar, estudie antes de
rechazar y externe su opinión de manera respetuosa para no iniciar o ser
partícipe –aun por omisión- de una guerra santa. No sucumba al temor por los
altos índices de muertes por Ébola, SIDA, hepatitis y diabetes, simplemente
asuma el cuidado de su salud y averigüe quien esta detrás de estas campañas
que, sin resolver el problema, si prolongan nuestras vidas pero con un
calidad más que degradada. Si somos cristianos de fe no esperaremos que
algún científico del futuro nos resucite como a los dinosaurios. Si
escogemos el camino largo de las sucesivas reencarnaciones, el viaje a la
cuarta o quinta dimensión, la participación en la creación de una nueva raza
con la intervención de extraterrestres ¡está bien! pero nada de eso te da la
prerrogativa de imponer tu visión a los otros, que al igual que tú tienen el
derecho a informase y en todo caso a compartirte su punto de vista siempre y
cuando lo hagan con respeto y amor.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
La verdad emerge
17 de noviembre de 2014
En varios momentos hemos abordado el tema de la mentira. Tratada por
psiquiatras, terapeutas, religiosos y sociólogos que advierten cuantas clase
de mentiras se pueden clasificar y cuales son los efectos según la sociedad
de que se trate, la mentira suele correr como el viento, apoyada en rumores
cuyo origen es difícil encontrar y con diversos niveles de daño, según la
esencia misma del suceso o el nivel social de quienes se encargan de
esparcirla.
A 20 años de dos homicidios de alto impacto en México, el libro del
abogado Humberto Hernández Haddad, nos enseña como la mentira se convierte
en percepción, lastima daña y enfrenta hasta producir ruptura y nulidad de
la justicia. Son muy pocos los que saben la verdad de una persona como José
López Portillo o Gustavo Díaz Ordaz. Se impusieron las percepciones acerca
de la frivolidad de uno y la intransigencia del otro; pero ¿quien puede
realmente asegurar la verdad sobre el homicidio de los Kennedy o las
inclinaciones de conducta de Miguel de la Madrid? Y lo más relevante ¿Quién
conoce la verdad sobre la afectación de conductas privadas en el ámbito
público del trabajo de estos personajes?
Los expertos en criminalística, saben que por muchas piedras que se hayan
colocado a un cuerpo antes de arrojarlo al río, tarde que temprano los
restos del asesinado flotarán y eso de alguna manera lo sentenciaba mi sabia
abuelita: “la mentira permanece hasta que la verdad emerge” En los lejanos
tiempos de mi adolescencia, las mentiras preocupantes versaban sobre la
virginidad de las muchachas, la honestidad de los muchachos y la fidelidad
de los cónyuges. Hoy con la tecnología en mano, las redes sociales te pueden
acusar de pederasta, estigmatizarte como fanático –lo cual se hace muy grave
si el calificativo se asocia a una religión o grupo extremista- hacerte
perder tu empleo o señalarte casi como un criminal y mandarte a la cárcel,.
¿Ha escuchado mentiras acusatorias entre familiares disputándose una
herencia? ¿Le consta que las fotos publicadas en facebook, sobre la buena
salud de un abuelito corresponden con una realidad que apenas lo mantiene
vivo y lo trae como bulto solo para que siga generando su pensión? ¿Sabe de
divorciados que inventan cualquier cantidad de perversidades en contra de su
“ex” solo para arrebatarle a sus hijos? Podría llenar un libro con ejemplos
de mentiras que inician en los núcleos mas básico de la sociedad como es el
caso de la familia, el barrio o la escuela y siendo esto innegable ¿porque
esperar que esas personas se conviertan en adalides de la verdad al llegar a
adultas?
Sobre el tema de la lamentable “desaparición” de 43 estudiantes de una
normal rural en nuestro país, hay infinidad de versiones, hipótesis, líneas
de investigación y por supuesto mentiras. ¿Quién ha logrado articular
protestas internacionales en varias embajadas de México en el mundo? ¿El
hartazgo de los mexicanos ha sido el único motor de marchas, entrevistas
mediáticas, exigencias, quema de bienes –camiones, oficinas, edificios de
partidos e instituciones- y promoción del señalamiento antigubernamental
casi como deporte o espectáculo?
En pleno siglo XXI, la mentira se ha convertido en un instrumento más
dañino que las armas de fuego y al emerger algunas verdades, estas dejan de
ser efectivas pues se les convierte en espectáculo ¿Qué pasaría si en vez de
aumentar el rating y la circulación de medios impresos por el tema de la
llamada “casa blanca” alguien asume el compromiso de recorrer el camino
institucional para denunciar hechos que pudieran ser constitutivos de
delito? ¿A que le temen quienes solo esparcen escándalos a sabiendas de que
estos debilitan a México y sus instituciones? O dicho de otra manera ¿a que
intereses sirven los hacedores de verdades a medias que a final del día son
mentiras? Yo puedo imaginar el sufrimiento de los padres de estudiantes de
Ayotzinapa y la de miles de padres que jamás han vuelto a saber de sus
descendientes. No hay, según lo he vivido, dolor más grande que el perder un
hijo. Pero esto no convierte a los padres en modelos de santidad ni seres
inimputables. El tema es bastante delicado, por ello debemos evitar que el
escándalo impida llegar a la verdad, aun cuando con la salida de ésta a la
superficie se hieran quien sabe cuantas sensibilidades.
Una realidad, que me lastima como abogada, es la percepción generalizada
de un poder judicial corrupto, ambicioso e insensible. Sí, es verdad que
hiere una resolución de la Corte que lanza por la borda el anhelo de
expresarse de manera legítima en un tema como el aumento a los salarios
mínimos, al mismo tiempo que los autores de dicha sentencia están
satisfechos del aumento en 6% de sus emolumentos, que por cierto no son ni
por millones cercanos al salario mínimo. ¿Basta este criterio para
descalificarlos? Los autores de tal mentira ¿han analizado el fondo del
asunto? ¿Cuántos se han arriesgado por meter a la cárcel a fiscales, quizá
más torpes que corruptos, incapaces de presentar indagatorias con un buen
porcentaje de conducción a consignaciones y después a la sentencia?
Siempre me repito que esto es el mundo y no el paraíso. Nadie somos
perfectos, las presiones, las tentaciones, las fallas nos rodean desde la
etapa formativa misma; pero el tema no se acaba matando al perro sino
buscando el antídoto contra la rabia. En mayo de este año el ministro Juan
N. Silva Meza enfatizó la urgencia de que “la sociedad tenga la certeza de
que los juzgadores funcionan a partir de normas, procedimientos y reglas
claros suficientes para identificar y sancionar las conductas de aquellos
elementos que no se conduzcan con estricta honorabilidad”. Yo creo en esta
premisa, como también me queda claro que por más que se mienta, siempre
emerge la verdad, mientras eso ocurre, todos, no solo los jueces, ni el
ejecutivo y tampoco los legisladores son los culpables del engaño. La
viabilidad de México es responsabilidad de todos. No hagamos el juego a
quienes buscan destruirnos mediante la descalificación y el enfrentamiento
violento. No permitamos la sustitución de un noble pueblo por sujetos que
solo ambicionan lo que aun nos queda de patria.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Estado ¿De qué?
10 de noviembre de 2014
Hay conceptos rimbombantes sobre todo para quienes no tienen una idea
clara de los alcances del mismo. Retóricamente suena bonito, interesante y
hasta impactante hablar del Estado de Derecho; pero ¿Sabía Usted que muchos
tiranos o dictadores abundan en normas jurídicas escritas que legitimen al
poderoso su actuar injusto? Con que las leyes estén organizadas, establezcan
ciertos límites al gobierno, hayan sido aprobadas por un poder legislativo y
sean del conocimiento público, ya estamos hablando de “Estado de Derecho”
que casi siempre va de la mano del “estado democrático”.
Sin embargo, las personas –físicas o morales- lo que más anhelan es
seguridad jurídica, certeza que se pierde cuando las leyes sufren demasiados
cambios, son extremadamente abundantes -y por ende terriblemente complicado
su cumplimiento- y su aplicación conlleva en sí misma la violación de
derechos fundamentales.
¿Se ha enfrentado a cobros injustificados de servicios como luz o agua
–todavía como parte de la obligación gubernamental- que por el paso del
tiempo han caído en el supuesto de prescripción de la acción de cobro y para
CFE o SACMEX a resulta de algún párrafo en reglamentaciones administrativas
menores le obligan a pagar por el ejercicio autoritario de presiones como el
corte del servicio fundamental? ¿Cuántos adultos mayores que al ser
excluidos de la posibilidad de un empleo deciden rentar alguna propiedad, se
enfrentan luego al despojo de su patrimonio por “genialidades” como “la
extinción de dominio” dado que quien se hospedaba era un mafioso encantador?
Si nos damos tiempo de leer los diálogos entre Sócrates y Critón cuando
el primero estaba en la cárcel ateniense y el segundo se acercó a
confirmarle que debía morir, podemos entender que no siempre el cumplimiento
de la ley es justo.
Critón veía la gran injusticia de obligar a un hombre sabio, apacible y
feliz, terminar suicidado como resultado de una sentencia legítima. Desde el
inicio confiesa Critón que entró con sigilo mientra Sócrates dormía porque
sobornó al guardia. Igual le hace saber que está en la posibilidad de
salvarlo, pero la métrica de valores de ambos era distinta. El final de la
cicuta lo conocimos desde la secundaria: La opinión de las mayorías había
producido males, no pequeños, sino muy grandes y una de las víctimas fue
Sócrates. En el cumplimiento de la sentencia había certidumbre pues se tenía
pleno conocimiento del problema. Las alternativas de solución propuestas
–evitar la muerte- eran conocidas aunque no afines al pensamiento socrático.
Para Critón la alternativa de mayor beneficio –salvar la vida- no fue
compartida por Sócrates quien escuchó educadamente las diversas propuestas
de quienes deseaban salvaguardarlo[1].
Recuerdo que hace no más de 5 años varios vecinos nos embarcamos en una
auténtica defensa de nuestro barrio, deteriorado hoy, no solo por la
horrenda y pseudo-minimalista caja de cristal la cual alberga una librería
costosa y que no vende nada, amén de haber sido la causa directa de la
destrucción de la Iglesia de Conchita por la extracción de millones de
litros de agua del subsuelo. Logramos reunir voluntades, todos estábamos de
acuerdo, aun los que circulaban por nuestra calle nos animaban a seguir con
la lucha. Invertimos nuestros ahorros ante el embate multimillonario de
“relaciones públicas” de CONACULTA para desprestigiarnos y vencernos.
Logramos una sentencia de amparo favorable pero; al final del día ganó
–basada en argumentos legítimos- la voluntariosa entonces directora pues el
mismo tribunal que nos dio razón, luego nos la retiró.
Nuestro último acto fue un réquiem por el Estado de Derecho. Marchamos
con el ataúd en hombros, en silencio y convencidos -al igual que lo hizo
Sócrates entonces- que lo más valioso en la vida es la congruencia aun
cuando ello implique que suframos amenazas, difamaciones y todo lo que es
capaz de utilizar cualquier mafioso quien coludido con el poderoso, inicia
la espiral de violación al propio Estado de Derecho[2].
Como podemos ver, el anhelo de esperanza, el convencimiento de que la
realidad expresada en discurso corresponda con la verdad y la certeza que
aun en ambientes de riesgo podemos tener protección jurídica, son muy
antiguos, como lo son las limitaciones de quienes deben redactar las normas
y luego cumplirlas, para evitar el miedo colectivo a lo incierto y lo
imprevisible, como está ocurriendo a lo largo del territorio, ante lo cual
la parte bestial del humano reacciona intentado defenderse con igual o mayor
violencia que la que deseamos erradicar.
Una parte de mí se siente satisfecha, pues al parecer aun con el paso del
tiempo alguien compartió mi idea de que el Estado de Derecho había
agonizado; pero podríamos resucitarlo simplemente con el cumplimiento de un
sistema de leyes que no debieran descalificare solo porque “no son
modernas”. Si el cumplimiento es demasiado complicado entones si, hay que
legislar para simplificarlo pero, sin tirar a una fosa y quemar todo lo que
ha sido el sustento jurídico de México evitando por cierto las “ocurrencias”
con las que el ignorante llena su vacío de conocimiento.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
¿Desvergonzados?
3 de noviembre de 2014
Cuando se han recorrido más décadas de las que cuentan los miembros del
gobierno actual y en ese tiempo se han visto las reiteradas complicidades
entre funcionarios –mexicanos y de otros países sobre todo estadounidenses-
y gente dedicada a lo sucio como sería el tráfico de droga, armas y
personas, es difícil tragarse píldoras retóricas de pretendida cura contra
la culpa.
No es la primera vez que enfrentamos el horror de decenas –que al final
del día se convierten en miles- de seres humanos privados de su libertad, su
salud, vida y en márgenes mucho más amplios de sus derechos fundamentales,
como lo es el acceso a satisfactores básicos de alimentación, educación,
vivienda entre otros.
Un estudiante de la normal rural hoy conocida en todos los confines del
planeta apuntó: Si no tenemos acceso a la educación, nuestras opciones se
reducen a la inmigración o a ser contratados por sicarios. ¿Lo entienden los
hacedores de discursos, empeñados en convencernos que las normales rurales
son cosas del pasado y que también son obsoletos los programas educativos
vigentes aun cuando no se cumplan? ¿Será destruyendo instituciones con la
complicidad de los sindicatos a modo por decir lo menos, como se crearán los
nuevos empleos que imaginó Calderón y que no saben como producirlos los
pomposos egresados de universidades privadas que hoy nos gobiernan?
La endeble naturaleza humana guiada por la vanidad y no por la sabiduría,
destruye cíclicamente lo aportado por sus antecesores y en eso los gobiernos
de México son campeones. Doña Esther Zuno de Echeverria trabajó en su tiempo
los huertos familiares, que en el relevo sexenal se dejaron de apoyar y sus
fundamentos fueron escondidos en lo más recónditos de los archivos. ¿Saben
estos destructores que hoy tal concepto forma parte de las metas del milenio
en la ONU y que incluso hay días y años internacionales dedicados a la
producción de hortalizas por familias?
Educación y empleo es un binomio que no puede quedar fuera de la tragedia
de Ayotzinapa, y mucho menos el cinismo de los actores de partidos que
tratan de aprovechar el tema para destruir al posible contendiente electoral
o los traidores de México usando el dolor de padres, hermanos e hijos para
abaratar cuanto se pueda todo lo que pretenden llevarse las empresas
transnacionales carentes de probidad.
La violencia no es como pretenden algunos medios –nacionales y
extranjeros- algo exclusivo de México, ahí están las centenas de niñas de
secundaria secuestradas en países donde el credo espiritual es una libertad
elemental inexistente. ¿Qué mayor violencia que el reclutar niños para
lavarles el cerebro y usarlos como armas suicidas? En el tema de la trata de
personas, países pobres o estratos de de miseria en las naciones ricas son
los que tienen oferta de menores de edad y mujeres; pero ¿No son violentos
los “educados y pertenecientes a la alcurnia” que amasan grandes fortunas y
poder por este inmoral comercio?
¿Quienes son más violentos, los que salen en su desesperación a quemar
autos y destruir propiedad ajena o los que aparentan ser gente bonita aunque
dispuestos a ocultar la verdad, que casi siempre conocen, aun cuando en su
simulación estén cubriendo crímenes atroces? Pero el origen del problema no
está solo en la total destrucción del Estado de Derecho, dicha devastación
ha comenzado en el hogar mismo. Ahí la comunicación intergeneracional está
baldada, los hijos no escuchan y además cuestionan a los padres, sobre todo
aquellos que en su confusión, creyeron que era una mejor opción enviarlos a
conglomerados de “gente bien” aun cuando la educación fuera deficiente.
¿Cómo podemos pedir a esos chicos, cuya base de formación considera más
valiosas las relaciones públicas que el saber, se ocupen por lograr una
sociedad igualitaria? Tales padres pagan para dar relaciones de altura a sus
vástagos, no importa si carecen de educación cívica, matemática o de
gramática.
¿Cómo esperamos que no sean desvergonzados, si sus primeras trampas se
dieron en la escuela para obtener una calificación inmerecida a como diera
lugar y en ello sus progenitores fueron cómplices cuando menos por omisión?
¿Porque no discriminar, si son jóvenes, ayunos de conocimientos elementales
de historia, ética o lógica, que aprendieron desde la mesa familiar que las
escuelas públicas son mugrosas, sus maestros tranzas y rijosos?
De lo que no cabe duda es la pérdida de lo esencial que el horror de
Guerrero nos ha mostrado, no solo por los 43 desaparecidos, sino por la
identidad de todos los seres humanos botados en basureros, fosas
clandestinas que no son de ahora sino cuando menos con una antigüedad de 15
años y, sobre todo, el cinismo de quienes buscan el poder, sin importar que
para lograrlo se prostituyan voluntades mediante la dádiva de pan y la
entretención de un circo carísimo que convierte tradiciones como el día de
muertos en “shows Hollywoodescos” cuya mediocridad es similar a la de
organizadores que también juegan el rol de autores intelectuales de un
crimen imperdonable, el asesinato de México, con premeditación –en
complicidad con el banco mundial y todos los fondos financieros
internacionales que existen- alevosía, ventaja y traición. ¿Será que
nuestros políticos perdieron la vergüenza y por ello estamos a merced de
desvergonzados o simplemente hemos elegido a una runfla de sinvergüenzas?
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