UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
El suelo donde crece mi comida
27 de abril de 2015
Sin restarles importancia a las víctimas de la guerra química, que serán
recordadas el próximo 29 de este mes, le invito a reflexionar sobre las
diversas distorsiones y consecuencias del irresponsable uso y abuso del
patrimonio agrícola mundial. Este tema es importante pues dependen de su
buen manejo no solo la producción de alimentos, sino la diversidad
biológica, la conservación de ecosistemas, conocimientos ancestrales de uso
del suelo y por supuesto la belleza de paisajes arrasados diariamente como
resultado de acciones basadas en la ambición y la usura de corto plazo.
Durante una semana en Berlín, fueron analizados por especialistas -como
Moujahed Achouri, Director de la División de Tierras y Aguas de la FAO-
aspectos que deberíamos estudiar. Refiriéndose al SIPAM[1] cuyo conocimiento
ecológico tradicional, parece ser el mejor seguro para el suministro
continuo de múltiples bienes -alimentos, medicinas- servicios y seguridad de
los medios de vida para millones de comunidades locales y poblaciones
indígenas, más allá de sus fronteras; los 500 asistentes al encuentro dado
como parte de la agenda del año Internacional de los Suelos, anotaron que
para mantener una tierra sana –lo cual entre muchas otras cosas previene la
desertificación- el conocimiento más importante es el que mantienen
poblaciones y comunidades indígenas debido a su cercanía con la naturaleza.
Por tal condición es natural entender que en la tierra se contienen millones
de organismos vivos -desde microbios invisibles, bacterias y hongos hasta la
macrofauna más familiar, como lombrices y termitas- los cuales, aunado a las
raíces de plantas y otros residuos agrícolas u orgánicos, interactúan entre
sí y con las diferentes plantas y animales del ecosistema formando una
compleja red de actividad biológica.
Así pues, los organismos mundiales han asumido que un parte de suma
trascendencia para el desarrollo sostenible es el conocimiento ancestral[2]
de una parte de la humanidad que, al ser discriminada, no encuentra más
camino que la migración –local o transfronteriza- para garantizar las
mínimas condiciones de vida. Si bien los agricultores dependen de suelos
sanos para asegurar el sustento, también los suelos dependen de estos
agricultores para mantenerse vivos, cosa que no ocurre cuando la persona
abandona el terruño y se endeuda a fin de conseguir el pago para un
traficante que le garantice salir de su entorno miserable y llegar a un
lugar donde los sistemas agrícolas modernos los someten, no solo a la
esclavitud laboral sino lo que es mas grave a la ensoñación de producciones
extensivas con el uso excesivo máquinas y fertilizantes que afectan no solo
su salud sino la de aquellos que consumirán tales productos. ¿Esta parte de
la humanidad es también víctima de la guerra química?
Los agricultores tradicionales –a los cuales un presidente de México
condenó a convertirse en jardineros en los Estados Unidos- respetan a la
“madre tierra” y son capaces de producir alimentos nutritivos y de alta
calidad, basados en un enfoque holístico y multidisciplinario, como los
apoyados por los SIPAM en Asia o América Latina[3], que además de producir
alimentos mantienen el patrimonio agrícola mundial ¿Por qué en México se
favorece a los constructores de vivienda asentada aun en suelos agrícolas en
vez de apoyar este tipo de programas para los cuales hay subvenciones no
solo de la FAO como facilitador, sino de diversas agencias mundiales? ¿Con
que criterio se privilegia la actividad de los productores de transgénicos
en vez de empoderar y desarrollar las capacidades de los agricultores
pequeños y/o familiares y las poblaciones indígenas para la gestión
sostenible de sus tierras carentes de recursos hídricos? ¿Pretenden
extinguir a la población mexicana no solo por el tema de alimentos sin valor
nutritivo sino por la monopolización del agua?
México es quizá uno de los mejores ejemplos de la degradación de los
suelos –por erosión y compactación- lo cual además de destruir la
biodiversidad, reduce el carbono orgánico[4] y aumenta consecuentemente la
acidez y la salinización contribuyendo al desequilibrio de nutrientes en el
planeta.
Los expertos asistentes a Berlín insistieron en las ventajas de aplicar
tecnologías de gestión sostenible, empezando por documentar las existentes.
¿Se resolverían problemas de salud como la obesidad, la diabetes, la
proliferación de tumores, simplemente con volver a los cultivos naturales?
Qué es más rentable ¿caminar por la ruta de revertir la degradación de los
suelos o anunciar la cancelación de uso de aspartame en las bebidas
dietéticas de cola?
Por lo pronto el 2015 y su celebración mundial se terminara en unos meses
¿Continuará vigente el propósito de conservación de los suelos cultivables?
o seguiremos construyendo casas de concreto que en breve nadie habitará
debido a la alta mortalidad por desnutrición u otras enfermedades vinculadas
con la alimentación. El asunto de la salud humana tiene mucho que ver con la
salud de los suelos donde se asientan las familias para sostener la vida y
producir lo que se come. Esto debió ser parte de la educación para el
desarrollo sostenible cuya década también concluye este año y no puede
separarse de los programas del Segundo Decenio de las Naciones Unidas para
la Erradicación de la Pobreza -2008-2018- el correspondiente para los
Desiertos y la Lucha contra la Desertificación -2010-2020- y el de la
Diversidad Biológica -2011-2021- todo lo cual ocurre en nuestra casa
planetaria, donde no podemos presumir de eficientes mayordomos, gerentes o
administradores.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Madres niñas
20 de abril
de 2015
Por si
no lo han notado, desde este mes del niño, está ya en curso la publicidad
para el día de las madres. ¿Será que los mercadólogos han encontrado un
nicho de comercio por el disparo de embarazos precoces[1]
en países como Estados Unidos e Inglaterra? La relevancia de este hecho, que
trae al mundo mas menos 13 millones[2]
de bebés hijos de mujeres menores de edad, va más allá de que solo el 10% de
tales nacimientos estén ocurriendo en países desarrollados. La OCDE, ha
llamado la atención sobre el incremento del fenómeno en las naciones que he
mencionado, al tiempo que resalta la cifra de más de 200 embarazos por cada
mil adolescentes en Nigeria o el Congo en tanto que las dos Coreas y Japón,
apenas tienen de 1 a 3 eventos por la misma tasa. Y el dato debe verse de
manera integral, pues los embarazos de adolescentes son la principal causa
de mortalidad en este grupo poblacional independientemente que la tendencia
sea casarse en poblaciones africanas o se trate de uniones libres y elección
de maternidad con soltería como se vislumbra en Europa y muchos países de
América Latina.
El tema
sin embargo no se agota solo en las consecuencias físicas –mortalidad de
madre y recién nacido, bajo peso de éste, complicaciones de la madre como
preclampsia o anemia- pues en el aspecto emocional hay mucha tela de donde
cortar. La mayoría de estos embarazos no han sido deseados. En países como
India y ciertos musulmanes al igual que en algunas poblaciones sobre todo
rurales de la república mexicana[3],
a las niñas se les compromete en matrimonio desde muy pequeñas. Dependiendo
del origen étnico y el peso de la niña, esta puede tener su menarquia a los
once años y aun antes como resultado de una alimentación llena de hormonas.
El perfil de “esposos” en un alto porcentaje es alguien mayor a la púber,
cuando menos una década; lo cual agrega a los factores biológicos una serie
de consecuencias asociadas con lo social, familiar y personal.
Si bien
es cierto que el fenómeno se asocia con diversos estadios de pobreza y aun
en los países desarrollados ocurre donde el acceso educativo es muy
limitado, en estas naciones se suman situaciones de inestabilidad familiar y
social. Los estudios encaminados a disminuir el problema, han encontrado que
por lo general ocurre fuera del matrimonio, conlleva un cierto estigma
social –agudizado si la adolescente pertenece a algún grupo religiosos
rígido- que son más vulnerables la niñas huérfanas –lo mismo si vienen de
alguna institución[4] o las
que fueron adoptadas desde temprana edad- y las que cursan esta etapa de la
vida en hogares donde alguno de los padres está ausente por divorcio,
encarcelamiento o muerte.
Un
factor predisponerte del embarazo precoz es el maltrato del menor. Niños que
sufrieron abandono –por padres que pasan la mayor parte de su tiempo fuera
del hogar bien por trabajo bien por vicios, que fueron molestados
sexualmente e incluso aquellos que fueron tratados con cualquier tipo de
violencia, encuentran en la relación sexual precoz una forma de evadirse de
una realidad que les lastima aun cuando esté reprimida.
La
mayoría de estos niños, no han tenido una información responsable acerca de
las consecuencias de las relaciones sexuales tempranas. Si los familiares
que les rodean -tíos, primos, hermanos de diferente madre o padre- están
afectados o son más inestables emocionalmente; tales adolescentes serán más
susceptibles de embarcarse en un embarazo, con todos los riesgos que ello
implica. Si bien la altísima tasa de embarazo adolescente ha disminuido
desde la década de 1950[5], el
aumento de nacimientos fuera de matrimonio hoy por hoy va a la alza, lo
mismo que las interrupciones espontáneas o inducidas de la gestación.
Los
esfuerzos educativos en todo el mundo –como el Centro de Orientación
para Adolescentes (CORA) iniciado por Anameli Monroy
hace 37 años en México- han detenido la explosión de este fenómeno
promoviendo básicamente el uso tanto del condón como los medicamentos anti
conceptivos; pero a varias décadas de dicho logro, los índices de
infertilidad también se están disparando iniciándose toda una corriente de
estudio que interpreta el embarazo precoz como una forma natural no pensada
de preservación de la especie[6].
Si Usted es responsable de la felicidad y vida óptima de un
adolescente es conveniente que esté enterado de que una buena educación
sexual incluye, además de la escuela, la sociedad o los medios, a la familia
cuya conducta es una forma de educación.
Fundamentalmente los padres,
y los abuelos deben saber que según la Kaiser Family Foundation, en los
Estados Unidos un 29% de adolescentes se sintió presionado a tener
relaciones sexuales, el 24% declaró en el estudio que “había hecho algo
sexual que realmente no quería hacer” en tanto que el 33% del grupo
estudiado simplemente pensaba que mantenía “una relación normal en donde las
cosas se movían demasiado rápido” En la mayoría de los estudios no solo de
este país sino en el mundo, aparece la presión de los compañeros así como el
consumo de alcohol y otras drogas, como el factor que alienta tales acciones
de riesgo y por supuesto problemas de conducta como la vergüenza de hablar
del tema con alguien informado y con autoridad.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Involución educativa
13 de abril de 2015
A un mes de la celebración del día del maestro, la señora Sylvia
Schmelkes, arropada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de
Desarrollo Social, nos receta un informe verdaderamente alarmante, no solo
por la calificación reprobatoria “descubierta” luego de los estudios del
Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE)[1] sino por el
negro futuro para la siguientes generaciones de escolapios que se
enfrentarán a un panorama de falta de maestros. ¿Cómo podríamos haber
esperado otro resultado si a la institución magisterial la hemos estado
moliendo a golpes?.
La lucha en contra de la educación empezó por golpear a las instancias
públicas como resultado de líneas marcadas desde el norte del mundo, abarcó
acciones de descalificación desde la primaria hasta las universidades e
incluyó el señalamiento –a veces justo- indiscriminado de todos los
maestros. La ruta hacia la privatización, venía del Banco Mundial, diversas
instancias de la ONU y por supuesto “hombres de presa” coyunturales
advertidos de las utilidades de los negocios educativos; hoy la oferta para
todo tipo de cursos –desde ortografía hasta diplomados médicos o de
negocios- saturan las computadoras de millones de usuarios ¿En que ha
beneficiado esto a México?
Desde la jefatura de Educación de la UNICEF sale una sentencia demoledora
por el hecho de que la educación no es una opción para todos los niños, sino
privilegio de algunos. ¿Podemos estar ciertos de que el postulado retórico
de “educación para todos” alcanza a los hijos de comerciantes ambulantes?
Los pordioseros que observa Usted por el cristal de su auto cuando miden
menos de un metro veinte o ya con su estatura de adulto desnutrido aunque
con la misma mirada lastimera, le siguen pidiendo cooperación pero vestidos
son el uniforme del cilindrero ¿tienen algún diploma? ¿De que se graduaron
estos mexicanos creativos para el engaño y sin más opción que estirar la
mano para recibir una limosna? ¿Por qué a los noticieros les interesa más
machacar la “holganza, irresponsabilidad, acciones de desestabilización” de
los maestros de Oaxaca, Michoacán o Guerrero y no muestran el lamentable
panorama de generaciones –infantiles y adolescentes- víctimas de la
inequidad educativa tanto en cantidad como en calidad?[2] El tema de los
rechazados en las universidades ya es de suyo insostenible como argumento de
lucha social, cuando los resultados promedio de los aspirantes no alcanzan
siquiera los cuarenta aciertos sobre un examen de 120 preguntas básicas.
¿Será esto una perversidad de los rectores en contra del pueblo o una
realidad dramática de falta de preparación? ¿Cuántos de estos rechazados,
concluirán su etapa formativa con diplomas de “universidades patito”? ¿Cuál
es el costo beneficio y para quién de becarios -de secundaria, preparatoria
y nivel superior- cuyo monto se basa en nuestros impuestos? ¿Por qué cada
vez los colaboradores –desde intendencia hasta gerencia o secretaría de
Estado- son más ignorantes? ¿Qué es lo que no aprendieron quienes usan lo
ajeno - igual un helicóptero que los lápices, plumas y papelería de la
oficina- para beneficio particular?
Lo ocurrido en campos diversos de nuestra geografía donde de pronto se
descubre una explotación en niveles de esclavitud y a final del día las
víctimas eligen dejar de luchar por derechos que no entienden a cambio de
seguir medio comiendo, es una evidencia más, del lamentable panorama
educativo de México. Evidentemente hay pueblos más afectados que nosotros en
un mundo donde se ha privilegiado el comercio aun cuando el precio sea la
insatisfacción de las necesidades básicas de supervivencia. ¿Puede ser feliz
un joven egresado de instancias técnicas –para preparación de alimentos o
atención de programas de turismo- solo por haber logrado un empleo detrás
del mostrador de una empresa de comida rápida? ¿Cuál es el futuro de niños
en edad escolar que dedican su tiempo de aprendizaje cargando al último bebé
de sus padres o llevando en su cabeza un bote de 15 kilos de fresas o
pepinos?
Unas horas después del informe sobre nuestra ineficacia educativa, en
Panamá dos presidentes –de los Estados Unidos y de México- incluyeron en sus
discursos el tema de la educación. Se habló de la necesidad de no solo
educar a nuestros niños sino a todos los niños; en el entorno hay la
suscripción de convenios para intercambio de estudiantes entre diversos
países y a la hora de la verdad, cuando alguien con conocimientos superiores
va a buscar empleo le salen con algo así como “felicidades, pero para
nuestra oferta usted esta sobre valuado”.
Los empelados de primer nivel de los presidentes Obama y Peña Nieto,
¿están calificados para resolver los retos educativos? ¿De cual prontuario
sacan sus frases domingueras los hacedores de discursos que estos “jefes de
Estado” pronuncian en foros internacionales? ¿Dónde se prepararon los
responsables de las finanzas de los criminales, sus mercadólogos y los
abogados que les defienden? Muchas preguntas de una lado y demasiado ruido
aunque pocas nueces del otro.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
Observar la muerte
6 de abril de 2015
¿Qué tiene en común, el copiloto del avión alemán, los jóvenes
convencidos de que el mejor camino para su trascendencia humana es colocarse
un chaleco de explosivos o los Spring brake que abarrotan las playas de
México? ¿En quien hay más locura, en los cabeza rapada neonazi, los
fanáticos que secuestran niñas y matan estudiantes universitarios africanos
o los fundamentalistas que decapitan o queman personas y destruyen objetos
de culturas milenarias? ¿Cómo es que en pleno siglo XXI, horrores cometidos
por los romanos en contra de sus súbditos, los cristianos persiguiendo
judíos mediante la inquisición y los japoneses torturando coreanos, sigan
siendo el pan de cada día en la realidad y en visiones mediáticas?.
Al igual que ocurrió en el Gólgota, un camino erróneo para tratar de
perderle el miedo a la muerte es observarla. Las generaciones de hoy,
educadas en sistemas que mal entienden el laicismo, tienen pocos referentes
acerca del valor de la vida. Dios es repudiado porque no se le conoce o
porque me impusieron una versión autoritaria del mismo. El vacío que deja
este ateísmo funcional pretende llenarse con actos de “heroísmo” casi
siempre bélico y conductas que lleven al éxito[1] entendido este como la
acumulación de dinero y poder. La existencia debe ser vivida cada día,
“desprendiéndose –soltando dicen algunos mal llamados budistas- de todo” sin
límites para lo que serían abusos en alcohol, tabaco, marihuana y otras
drogas más fuertes; y sobre todo “con permiso para matar", igual mi cuerpo
-por los excesos, la falta de cuidado, la irresponsabilidad en el manejo de
la salud- que la vida del otro.
Cuando finalmente la muerte llega –al parecer cada vez en edades más
tempranas- se hace del velorio “del ser amado” una pretexto para las
relaciones sociales, un camino Fast track para librarme del problema -sobre
todo si la muerte fue inesperada por un accidente o cualquier demasía, que
si esta llega luego de una larga lucha derivada de enfermedades hoy en boga
como son las autoinmunes, la diabetes, la hepatitis, el cáncer o el SIDA.
Como sea, al igual que ocurrió en la crucifixión[2] de Cristo casi siempre
hay tres tipos de grupos que se acercan a quien está muriendo o acaba de
morir. En el calvario el mayor número de los testigos de la muerte de Jesús
de Nazaret simplemente pasaban por un camino recorrido cotidianamente. Estos
nada sabían del crucificado o no les interesaba su mensaje y peor aun quizá
ni se volvieron a mirarle. Este grupo desinteresado por la misión de
Jesucristo sigue siendo el mayoritario, su afán primordial es llegar al
destino de diversión, a cumplir su rutina o simplemente a vivir una
existencia despreocupada por el amor al otro, la trascendencia o la vida
eterna.
Un segundo grupo que siempre observa la muerte lo conforman aquellos que
deben estar ahí: los empleados de la funeraria, los vendedores de arreglos
florales, los médicos forenses, los encargados de la cafetería, los
familiares que esperan un juicio benévolo después de haberse conducido con
desinterés y perversidad; hasta los que acuden para ver si los retrata un
fotógrafo de sociales o son reconocidos por algún familiar del difunto. En
el Gólgota había soldados; autoridades religiosas cerciorándose que el
profeta desechado muriera; operarios encargados de los clavos, las cuerdas,
los maderos etc. En este grupo lo mismo coinciden los sádicos, los
masoquistas, los interesados en obtener algo –se dice que los soldaos se
rifaron las pertenencias de Jesús- y muchos otros cuya mayor identidad es la
falta de madurez. Cual infantes, tal grupo de observadores de la muerte
hacen bromas, critican, se conducen caprichudamente y hasta suelen ser
agresivos –activa o pasivamente- no solo con el moribundo o el fallecido
sino también con quienes realmente se duelen del trance.
El tercer grupo que observó la muerte de Jesús fue el de su seguidores
–no todos pues unos se habían escondido y otro hasta se suicidó- y
obviamente la madre. Hasta los encargados de limitar el acercamiento
entendieron la perversión implícita en negar la cercanía de quien estuvo en
el nacimiento y por naturaleza debería estar en el deceso de quien es carne
de su carne y sangre de su sangre. Quizá el dolor de este familiar es el más
profundo, casi siempre silencioso, sin aspavientos, con ojos resecos,
respiración, imperceptible. Lo único que puede explicar la ausencia de una
madre durante la agonía del hijo, es el hecho de que ella haya partido antes
o que la perversión de otro se lo impida. Los documentos extra bíblicos,
hablan de que la suma de observadores del segundo y tercer grupo de la
muerte de Cristo, no superaba las dos centenas. Simpatizantes eran los
menos, otros que recorrieron el camino corto que salía por la puerta de
Damasco al norte de la ciudad, eran simples curiosos, holgazanes, y adictos
al “espectáculo” de la muerte. Ellos no tuvieron ni el Nintendo ni tantos
otros episodios virtuales que hacen de la muerte un juego pero; aun así,
disfrutaban con ver la del otro, sin deparar por un solo momento que si
bien, la mortalidad implica un principio de justicia, la dádiva amorosa de
Dios se concretó justamente en ese evento reconocido a mas de dos mil años
de distancia aun por los que se niegan aceptar el dicho de Jesús de Nazaret,
quien se definió así mismo como “el camino, la verdad y la vida y como el
hijo de Dios” cuya misión no fue la de enseñar, ni sanar, ni confrontar,
sino justamente pagar la deuda para que su criatura pueda gozar de vida
trascendente. Ayer domingo, los creyentes en Cristo recordaron con júbilo el
momento de la resurrección, prueba del cumplimento de la promesa de vencer a
la muerte, por más dolorosa que esta sea.
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