UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
¿Fama o eficacia?
20 de julio de 2015
Uno de los temas analizados durante tres años de gobierno popular en
Chile, fue justamente la comunicación masiva.[1] Los enemigos de la
izquierda minimizaron los conceptos de “burguesía” “explotadores”
“Imperialistas”, y se empezó a usar a “el Pueblo”, en sus diversas facetas
de: comerciantes, artesanos, pequeños industriales etc. que a fuerza de
mencionarse fueron pulverizados hasta desaparecer el propio concepto de
pueblo. Todos estos –sujetos convertidos en audiencias fraccionadas- a final
del día se convirtieron en los actores que le darían el tiro de gracia a la
ideología que encarnaba Allende y al mismo pueblo.
Desde los medios dominantes, la labor legislativa fue siendo sustituida
por la importancia de los granes “acuerdos” nacionales –Argentina es un buen
ejemplo- y los asesores expertos que antaño eran contratados en los tres
poderes, luego de ser excluidos del accionar político, hoy corresponde a
“consejos honoríficos” nacionales, extra nacionales y supranacionales que,
de hecho sirven al interés de grupos y ven a las personas únicamente como
consumidores.
Hoy día, el aspirante al más insignificante puesto, antes que imaginar un
programa de gobierno se contacta con los expertos de imagen, gasta
carretadas de dinero –casi siempre ajeno por ser de los contribuyentes al
erario o a su propia causa- y en un golpe de suerte hasta logra ganar alguna
posición más por fama[2] que por capacidad para realizar el trabajo para el
cual se le ha designado.
La reputación –buena o mala- es un valor tan importante para la humanidad
de siglo XXI, que grupos amplios de personas, son capaces de perder su
empleo a cambio de ser seleccionados para algún programa televisivo aun
cuando les denigre[3]. Al igual que Fama con un ojo detrás de cada pluma de
sus alas y una lengua por cada ojo, los medios masivos actuales se encargan
de divulgar los triunfos y desgracias de los pueblos y sobre todo de sus
personajes relevantes. Gran parte de la población -griega o romana según el
caso- apreciaba a Fama pues supuestamente fomenta la comunicación y abre el
conocimiento
Fama o Feme era invocada a menudo por aquellos que estaban orgullosos de
sus actos, que apelaban a su “excelencia” para hacerse notar y distinguirse
del resto. ¿Se ha sorprendido como es que a ciertos “caídos en desgracia” se
les ensalza, como el caso de ex gobernadores o ex-legisladores del mundo
actual? Diez días de martilleo acerca del “chapo”, sus habilidades y métodos
de escape ¿Son para resaltar la impericia de quienes manejan las cárceles y
procuran justicia o para satanizar al criminal cuasi empresario Joaquín
Archibaldo Guzmán Loera? Los admiradores de dicho personaje, que ha ocupado
el primer lugar de fama en la última semana, ¿le apoyarán o sucumbirán a la
oferta de 60 millones por denunciarlo?
En la lucha ideológica del último siglo, no solo se venció a la
izquierda, sino que cambió el perfil de la clase dominante. Esta, ahora es
menos “famosa” en términos de conocimiento de ideales de masas; aunque se ha
apropiado no solo de los medios de producción en su totalidad, sino que
semánticamente también ha robado a las personas todo lo que pudo en algún
momento ser su argumento de búsqueda y lucha.
Hoy lo agitadores legitimados son los voceros, los responsables de
comunicación de las dependencias o de publicidad de las empresas. Como ellos
–según apuntó en su momento Fidel Castro, “aprendieron más rápidamente que
las masas”- entienden la influencia de los grupos para mover al todo, hoy,
en vez de organizar cámaras, federaciones o sindicatos, lo que hacen es
abrir tiempos mediáticos para “jóvenes emprendedores sin filtro”, grupos
sociales para la paz, analistas de la cultura, comentaristas de la nueva
historia, iniciativas en pro de las comunidades etc.
Así fraccionada la humanidad de hoy es impelida a votar o hacer la guerra
para aniquilar al presidente o primer ministro –Egipto, y los países de la
primavera árabe- o para decirle a sus gobernantes que no le pague a los
deudores –Grecia-, sin entender realmente las consecuencias de su
“legitimación popular” a través de los medios.
El sensacionalismo, es un método de comunicación “moderna”, tan o más
incisivo que la nota roja de las revistas y pasquines de la segunda mitad
del siglo XX. Hoy un blog mexicano, publica la fatalidad de que los
herederos de un muerto con pendientes fiscales, deberán responder por ello
si no dan de baja a la persona física fallecida o empresa cerrada señalada
en el domicilio donde viven[4] Ante esta realidad ¿que deberían hacer los
funcionarios públicos: rebelarse como lo hizo en su momento Hugo Chávez? ¿Se
vale que en aras del temor a la acusación de ser protagonistas de la censura
se meta dinero de los contribuyentes a un barril sin fondo como lo es la
publicidad? Tema harto difícil, no solo porque el dinero público lo manejan
unos cuantos, quizá poco eficaces, sino por las consecuencias de atreverse a
retar, a lo que fue un poder sujeto; pero convertido hoy en el más poderoso
por aquello de su experiencia en fabricar famas.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
¿Cuanto vale el tiempo?
13 de julio de 2015
Desde el emotivo y casi cursi relato de un niño preescolar, afanado en
saber cuanto recibe su padre por la hora de trabajo, a fin de ahorrar y
comprarle una hora para que le acompañe en la cena familiar, pasando por los
diplomados que le entrenan en la reflexión de saber ponerle precio y por
ende vender su tiempo profesional, hasta la relatividad esgrimida por
Einstein, el tiempo es algo que no siempre valoramos con sabiduría.
Recordar que el valor de un mes es muy claro para la madres de niños
prematuros; el de una semana para los editores de revistas, el de un minuto
para el usuario que perdió un tren –puntual no como los microbuses
mexicanos- el de un segundo para quien evitó un accidente por el motivo que
fuera en ese instante y el de una milésima de segundo para el deportista
ganador de una medalla olímpica, es apenas la costosa reflexión de un curso
gerencial. Medir el tiempo de miles de niños oaxaqueños, cuyas clases han
sido suspendidas por motivos políticos o las horas de angustia de Sofi,
arrancada de los brazos de su madre mexicana por el padre que vive en
Canadá, es tan relativo como el tiempo de millones de niños secuestrados
para la esclavitud laboral o sexual. Qué tiempo tiene más importancia, ¿el
de la bolsa de Nueva York que demoró el inicio de sus actividades en la
semana o el de un niño abandonado por la madre y el padrastro en un patio de
casa paupérrima en Ciudad Juárez? ¿Cómo puede cotizarse el tiempo de
rehabilitación de infantes -desnutridos o botados en un basurero- rescatados
e ingresados a un hospital para su estabilización?
En un mundo donde a todo se le asigna un precio, el socio junior de un
despacho de abogados del primer mundo cobra por una hora de consultoría de
200 a 300 dólares. Los obreros[1] de países emergentes, sufren debido a que
se les paga por una jornada de ocho horas, lo que en otras latitudes
recibirían por una hora. ¿Cuántas horas de convivencia familiar sacrifican
los migrantes, que dejan atrás esposa, hijos, padres a cambio de enviarles
el producto de un trabajo pagado en promedio a 16 dólares la hora?
Einstein explicó que en términos de la relatividad el tiempo no es
absoluto y varía según el marco referencial del observador. Dijo este genial
personaje que lo único constante en el universo es la velocidad de la luz en
el vacío y todo lo demás, -como el caso del tiempo- varía; poniendo el
ejemplo de la pareja que puede pasar una hora besándose en el parque y le
parecerán solo 10 minutos, en tanto que si estuvieran sentados o atrapados
en el fuego quemándose, el primer minuto les parecería como la hora mas
larga de su vida.
Muchos siglos antes que Albert Einstein descubriera por medio de la
ciencia muchas cosas relativas al tiempo, la humanidad supo que en el cuarto
día, Dios puso lumbreras[2] en el firmamento que servirían para separar el
día de la noche y contar las estaciones, los días y los años. A los
pobladores de Efeso, un discípulo converso les recomendó “aprovechar los
tiempos porque los días son malos” y en los días posteriores a su
resurrección, Jesucristo respondió a los discípulos que le inquirían acerca
de si el reino de Israel sería restaurado en su tiempo, que las razones y
los tiempos son potestad del Padre.[3]
El interés del ser humano por conocer el tiempo, va más allá de un poema,
su versión musical o las investigaciones científicas de la relatividad. En
el año 64 D.de C. un apóstol que vivió en carne propia el peso de la
equivocación y el miedo, explicó a los gentiles conversos, que “un día
delante del Señor es como mil años, y mil años como un día[4]. El contexto
social al cual se enfrentaba aquel pescador, no tenía a la santa muerte, ni
al santo de los villanos de apellido Malverde, ni había santeros, ni
chamanes que hicieran limpias, ni yoghis que predicaran la irresponsabilidad
social mediante el abandono; aunque los falsos maestros negaban la verdad de
la redención, difundían dudas acerca de la resurrección de Cristo y sus
cualidades como persona. Si por tu edad o por alguna condición de salud,
supieras que tu tiempo es corto ¿Cómo utilizarías cada uno de tus días? En
uno de los tantos cantos de alabanza que son los Salmos se expresa:
Enséñanos Señor a contar nuestros días de tal forma que traigamos al corazón
sabiduría -salmo 90:12- y en muchas de las noches bohemias que aun algunos
humanos del siglo XXI cantamos se dice “sabia virtud de conocer el tiempo: a
tiempo amar y desatarse a tiempo….”
En medio de la guerra de intereses –chinos que bajan el precio del hierro
como resultado de la disminución de la demanda, estadounidenses que hacen lo
propio con los precios del petróleo para ponerle obstáculos a los rusos-
sería un oasis en tal realidad de violencia y confusión el que Usted y
Usted, y Usted, valore su tiempo en familia y en comunión con los que ama,
como lo más preciado de su vida. Si el día de mañana morimos, nuestra
posición en la empresa o el puesto público que ostentamos, será fácilmente
remplazado; pero la pérdida será eterna para aquellos que nos aman y peor
aun si ellos mueren y no están con Usted –porque alguien los alejó o no tuvo
horas para ellos, lamentará el no haberle dado valor a ese tiempo. Es
legítimo luchar, para lograr tiempo cerca de los seres que deberían
importarle, hay que hacerlo con sabiduría, oportunidad, paciencia y amor.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
El cristal con que se mira
6 de julio de 2015
En medio de la guerra de intereses en que se ha convertido la educación
en México –por una lado las instituciones tratando de alfabetizar y
trasmitir valores –académicos desde las matemáticas pasando por la historia
hasta el entrenamiento para habilidades técnicas- los destructores de la
cultura –CENTE, Telerisa, TVasco y demás medios electrónicos- por fin están
logrando su cometido de control por la vía subliminal; es decir la
destrucción de lo que pudiera ponerle coto a su ambición crematística y
sustitución del pueblo soberano por grupos eminentemente conservadores que,
a lo largo de la historia de México se han caracterizado como elitistas,
dispuestos no solo a despreciar, sino incluso aniquilar a quien no coincida
con sus ideas.
El tema central para el lavado de cerebro colectivo es lo de menos, este
año el centenario de la muerte de Porfirio Díaz –Oaxaqueño, militar, con
facilidad para los “acuerdos”- resulta como un traje confeccionado a la
medida para la conducción masiva de escolapios y población adulta ansiosa de
contar con algún símbolo que le devuelva el orgullo de ser mexicano. ¿Qué
pasaría si en vez de reivindicar al oriundo de una región de la patria que
aun hoy tiene altos índices de marginación, se difundiera con igual
intensidad las ventajas del cooperativismo[1]? ¿Por qué causas relegamos un
decenio internacional de la ONU, que considera a esta forma de organización
productiva el mejor camino para la equidad?
Ellos, los del poder y el dinero, subliminalmente nos condicionan al odio
–contra los musulmanes, los depredadores de la belleza terráquea, los
terroristas que por igual reclutan niños a los que arman o niñas para
empezar a procrear desde la adolescencia- en vez de animarnos a evitar estas
conductas ¿Cuál es mayor causa para desplazarse lejos de su tierra de
origen? ¿Será la guerra por el petróleo o los diamantes, el miedo a ser
decapitado o violado, la búsqueda de opciones para la sobrevivencia? o
simplemente la posibilidad de blindarse para evitar el castigo por sus
acciones.
Es “multifactorial” dicen los investigadores pagados con millones de
dólares o euros que la gente común ni siquiera puede imaginar. ¿Cuántos tan
o más poderosos de antaño fueron tan o quizá más cobardes, que los cínicos
avecindados hoy fuera de México a la sombra de maestrías o doctorados en
donde la justicia nacional no los alcance? Porfirio Díaz –ya maquillado con
polvo de arroz para mirarse blanco- se exilió en la nación a cuyo ejército
se supone había combatido; Díaz Ordaz, fue nombrado embajador en la patria
que antaño nos había colonizado, Benito Juárez y Madero vieron en los
Estados Unidos el sitio al que podían huir para librarse de calamidades que
no controlaban en su momento y el cura Hidalgo, tiene estatuas en todo el
país que para nada retratan su conducta bucólica y desordenada según los
religiosos de la época. ¿Quiénes pues son los buenos y hasta donde se les
permite llegar a los malos?
Centrar la felicidad humana en la acumulación de bienes, da monstruos
como el multimillonario Trump. Imaginar que el poder humano puede lograrlo
todo trastorna la voluntad colectiva como ya lo demostró Hitler, ocultar lo
diabólico que se puede ser cuando se es investido de poder –incluso si tal
investidura fue “democrática”- lleva a absurdos como la pirámide Babel en la
antigüedad o la modernas torres de Dubai o de paseo de la reforma en la
ciudad de México, porque a fin de cuentas, si bien en toda persona hay
claro-oscuros, la aspiración de la humanidad es vivir en libertad, paz y
armonía.
No son pocos, los que auguran el cercano final de un capitalismo
deshumanizado, donde el éxito personal se mide en términos del tener y no
del ser, la cultura se convierte en mercancía y la equidad social en
pretexto para administrar la pobreza y contar con piezas de retórica
manipuladora y de simulación.
¿Por qué no podemos todos disfrutar las bellezas que aun quedan en el
mundo, en vez de mirar solo los desastres propiciados por los irresponsables
de la época? ¿Qué tal que en vez de una cumbre para analizar el desastre
climático, pudiéramos todos asistir a una fiesta de la armonía con la
tierra? Mucho más constructivo sería, estar lo suficientemente alimentados,
sin presiones fiscales absurdas, sin necesidad de refugiarnos en la
informalidad como una salida del desempleo y con el tiempo bastante para
ampliar conocimientos virtuales o presenciales acerca de lo que es nuestra
casa, colonia, ciudad, nación y planeta. ¿Por qué esperar que nos llegue el
tiempo de ser convertidos en galletas verdes[2] o como material idóneo para
acudir caminando a los hornos crematorios de donde se generara la energía
para los que aun queden habitando el mundo feliz?[3]
Dilucidar si tal o cual personaje es idóneo o no –para gobernar, dirigir
u opinar desde los organismos globales sobre lo que debe hacerse en un país
ajeno- debería ser producto de análisis informado y no de dádivas para
comercializar el voto; porque a fin de cuentas, la realidad y las personas
son cambiantes, no solo por su propia evolución sino por como las percibe
cada quien según el cristal con que las mire. Lo que si debería de ser una
regla común es el respeto a las instituciones, más allá de las limitaciones
de quien sea el titular de las mismas.
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