INFORME ROJO
Mussio Cárdenas Arellano
Solalinde:
el lodo de Javier Duarte
* Quiere
callar al sacerdote de los migrantes * Pastores evangélicos de la cuadra
duartista * ¿Y si algo le ocurre a Solalinde? * Nahle no puede gobernar
Veracruz * Jesús Lastra ya reportea en otros cielos * Su estilo, irritar; su
compromiso, informar * Petroleros y también aviadores.
31 de agosto de
2015
¿De qué es
capaz Javier Duarte? De todo. Increpa y hostiga a Alejandro Solalinde, con su
voz y a trasmano, con lodo suyo y con la visión distorsionada de un puñado de
pastorcillos evangélicos que pretenden reprimir y callar, o silenciar, al
sacerdote defensor de migrantes.
Ínfima su
moral, invoca el gobernador de Veracruz a un Dios que sabrá si oye a los impíos
y le pide que Solalinde canalice “todo ese coraje y resentimiento que expresa
contra las instituciones y lo pueda canalizar en contra de los verdaderos
criminales”.
Llega el
discurso de Javier Duarte cuando Solalinde Guerra, el director del albergue
Hermanos en el Camino, tilda al gobierno estatal de Estado criminal que atenta
contra los periodistas, que recuerda que Veracruz es una fábrica de
desaparecidos y que aquí el crimen organizado toma a los indocumentados y los
obliga a convertirse en sicarios.
Le dice Javier
Duarte que ojalá pueda canalizar ese coraje contra “aquellos que tanto dañan y
lastiman a nuestra sociedad, incluidos los migrantes y los periodistas que han
sido afectados por ellos”.
Y luego diría:
“Es una pena que se quiera aprovechar de la desgracia de hermanos que han vivido
situaciones difíciles para sacar un provecho político al hablar de partidos y
organizaciones partidistas; eso definitivamente no se vale, eso es inmoral y no
es propio de una persona de Dios”.
Remata el
gobernador con sus lastres mentales, los fantasmas y el delirio: “Es un hombre
bueno —dice— que defiende una legítima causa, sólo que lamentablemente, hay
personas que se aprovechan de él para jalar agua a su molino”.
Una frase
irónica definió a un Javier Duarte que debe haber aprehendido teología en un
curso por correspondencia: “Que Dios bendiga al padre Alejandro Solalinde”.
Y algo más:
“Quienes buscan verdaderamente el bien común, deben ser factor de unidad, no de
enfrentamiento, debemos unirnos en un mismo fin y propósito”.
Dios es grande,
pero quizá no para atender el ruego de un artífice de la inseguridad y, con su
omisión, del baño de sangre en Veracruz, gobernador del Estado fallido, ahora
Estado criminal.
Día agitado
para Alejandro Solalinde. Se hallaba en el café La Parroquia de Veracruz. Habló
y convivió con jóvenes por la mañana. Luego saludó a un grupo que se hallaba a
metros de distancia. No era prensa ni seguidores. Era un grupo de pastores
evangélicos.
Uno de ellos,
Víctor Villalbazo Hernández, cuestionó la visión de Solalinde sobre Veracruz. Le
dijo: “Para mí, viene usted a dar un mal ejemplo. No hay una inseguridad total.
Hoy vemos en las calles más elementos de la Armada de México, del Ejército
Mexicano, los policías que vienen. Además sí hay libre tránsito y existe
libertad de expresión”.
Sin exaltarse,
cuestionaba al presidente de la Pastoral Social de Movilidad Humana Pacífico Sur
del Episcopado Mexicano:
“No vamos a
decir que es todo miel sobre hojuelas. Pero viene usted a hablar de Veracruz muy
mal, cuando en Oaxaca las cosas están peor”.
Solalinde se
acercó a su mesa. Los saludó. Se expresó con respeto. Recibió a cambio un
reclamo directo, cargado de falsedad. “No hay inseguridad total”, le dijo el
ministro Villalbazo. “Hay libre tránsito y libertad de expresión”.
Reviró
Solalinde con una felpa brutal: “Me da gusto conocer
a una Iglesia agradecida. Qué bueno que el gobernador sea su ídolo, pero yo
hablo de Veracruz porque soy mexicano. Jesús me envió para hablar de la verdad”.
Y
remató:
“Usted por ejemplo no habla de los periodistas desaparecidos, la persecución
contra éstos, de los desaparecidos, de la corrupción. ¿Usted qué está haciendo
al respecto, qué ha hecho usted? Qué pena que lo haya mandado el gobernador para
decir eso. Yo discutiría con usted cuando quiera hablar de la fe, pero no ahora
que lo mandan”.
Días antes los
pastorcillos de Javier Duarte fueron vistos en la mesa del secretario de
Gobierno, Flavino Ríos Alvarado. Niegan que les diera línea. Admiten ese
encuentro.
A los
periodistas que atestiguaron el choque verbal, les queda claro que “no fue
un encuentro fortuito ya que su mensaje sonaba preparado”.
Sostienen los
pastores que Oaxaca, de donde viene Solalinde, está peor. No es así. Allá no
tienen 14 periodistas asesinados en cuatro años y medio como ocurre con el
gobierno de Javier Duarte.
Existe en
Veracruz libertad de expresión. No la usan los textoservidores, las plumas que
se rentan al duartismo, los cómplices del silencio, los aplaudidores a sueldo,
un ejército de inútiles que con nada, ni con el mejor de sus alaridos, podrían
revertir la debacle de imagen de Javier Duarte, propiciada por el desgobierno,
la crisis financiera, el rezago social y la violencia sangrienta.
Evidencian los
pastores, en voz de Víctor Villalbazo, la sumisión de sus iglesias a un
gobernante que dejó crecer al crimen organizado, que lo dejó pasar, que
incumplió su obligación de otorgarle seguridad a la sociedad, pues fue más
lucrativo que las instituciones terminaran siendo avalladas por la delincuencia.
Duarte es su ídolo.
Dice Javier
Duarte que Solalinde se expresa contra las instituciones de Veracruz. Falso.
Alejandro Solalinde no ataca a Veracruz ni a sus instituciones. Fustiga a
quienes las han pervertido, a quienes han dejado en la indefensión al pueblo, a
quienes han ocultado la dimensión real de la desaparición de personas y el
cementerio clandestino a lo largo de la entidad.
Solalinde no
vive en el resentimiento sino en la verdad. Exhibe la degradación de un gobierno
manchado de sangre, con muertos a diario, con levantones y secuestros, con
cuerpos que aparecen mutilados o con tiro de gracia, con ejecuciones a plena luz
del día.
En su paso por
Veracruz, Alejandro Solalinde cuestionó a la curia católica. Describió a un
grupo de obispos de vida cómoda, gente de bien pero sin asumir la defensa de los
veracruzanos.
Le responden
con un llamado a la prudencia, a cuidar sus palabras, a no llegar a casa ajena y
escandalizar.
Sin embargo, el
obispo de Córdoba, Eduardo Patiño Leal, lo secunda. Solalinde no sólo habla mal
de Veracruz, dice. No se tiene por qué callar una verdad si existe. De otra
manera –afirma—, “¿cómo se resolverán si tapamos ojos y oídos?”.
Lava, pues,
Javier Duarte sus lodos con afrentas, su lengua dispuesta para descalificar a
quien viene a develar la verdad de los migrantes, su terrible realidad, muchos
forzados a ser sicarios, otros al trasiego de droga, las mujeres a prostituirse.
Usa lenguaje
provocador el gobernador de Veracruz, creído que Solalinde va a abdicar. Qué
poco conoce al sacerdote de los migrantes, enfrentado a poderes mayores en su
apostolado y en su misión por la dignidad, el rescate, la seguridad de quienes
sólo buscan un mejor lugar para enfrentar la pobreza, la marginación, el olvido
y la represión en sus países.
Mal tino el de
Javier Duarte. Confrontar así a Solalinde implica un riesgo superlativo. ¿Qué
pasaría si tras su violento discurso le ocurre algo al sacerdote de los
migrantes?
Seguro que no
lo pensó.
Archivo
muerto
Morena sólo
tiene dos opciones: Manuel Huerta Ladrón de Guevara, diputado federal saliente
por el distrito II del DF, y Cuitláhuac García, diputado federal entrante por
Xalapa Urbano. A dos se ajusta la lista de los candidateables para Veracruz, las
cartas del Peje López Obrador. Manuel Huerta, xalapeño, con orígenes en
Naolinco, proviene de UCISV-VER, la organización demandante de vivienda de los
80 y 90, para luego pasar al PRD, alcanzando dos curules, una de 1991 a 1994 y
otra en el Congreso que está por fenecer, siendo el más crítico y contundente
legislador de la Legislatura federal actual. Quien no reúne el requisito legal
es Rocío Nahle García, ganadora de la diputación federal por Coatzacoalcos, y
ahora coordinadora del grupo parlamentario del Movimiento de Regeneración
Nacional en el Palacio Legislativo de San Lázaro, con un bagaje incuestionable
en su lucha contra el desmantelamiento de la industria petrolera, aunque
tormentosa en sus días en el perredismo. Dice la Constitución de Veracruz que
para ser gobernador se requiere ser veracruzano por nacimiento o hijo de padre o
madre veracruzano, aún habiendo nacido en el territorio nacional o en el
extranjero (artículos 11 y 43). Rocío Nahle es zacatecana, nacida en Río Grande,
el llamado Granero de la Nación. Su hermano es Arturo Nahle García, priísta,
perredista, priísta, colaborador de Marcelo Ebrard, de Jesús Murillo Karam,
secretario de gobierno con Ricardo Monreal en su estado natal, diputado federal,
procurador de Zacatecas y ahora subsecretario en la SEDATU de Enrique Peña
Nieto. Pudiera haber sido un as en la baraja de López Obrador para Veracruz,
pero Rocío Nahle es originaria de Zacatecas. Y la Constitución de Veracruz le
impide que lo gobierne, en el remotísimo caso de que Morena llegara a ganar la
elección de 2016... Rudo, perspicaz, a veces irritante, fustigaba a preguntas
Jesús Lastra a sus entrevistados cuando rehuían la verdad. Unos lo evadían,
otros admitían el reto, algunos más encontraban en el viejo periodista el canal
para exponer la protesta, para vaciar el dato revelador, para dar la información
precisa. Lastra, el callado Lastra, el bromista Lastra, el sociable Lastra, era
ácido al hablar del sector público, de los corruptos, de las transas, de las
fortunas malhabidas, del cinismo con que se roba el dinero del pueblo, del
atesoramiento del poder. Y de eso escribía, su pluma indoblegable, donde cabía,
donde le dieran cabida, donde lo aguantaran. Reporteó sin freno, en Importante,
en Contacto, en Sotavento, en Diario del Istmo, en Tribuna, en Liberal, en
Gráfico Sur, en Heraldo de Coatzacoalcos, en la radio, corresponsal de Uno Más
Uno y luego de La Jornada. En cuatro décadas hizo periodismo crítico, aguerrido,
sin dejar a un solo personaje que debiera ser confrontado con su realidad y la
realidad del pueblo al que deseara gobernar, al alcalde o regidor, al diputado o
gobernador o senador. Lo escuché quejarse de la viruta que producen las
universidades de periodismo, “chavos que no saben ni qué chingaos preguntar”, me
dijo en infinidad de veces. O “compañeros que nomás están pa’ chingarse un
chayote”, reclamó enchilado y divertido. “Bueno, que las hagan pero con
discreción”, y reía más. Fue periodista sin amor al dinero. Publicaba aunque no
hubiera pago. Lo hacía por las simples ganas de que no se ocultara la verdad.
Quiso ser un actor del presente. Pasó por el IFE como un consejero electoral que
no transigía ni burlaba la ley, que obligaba a que partidos y candidatos,
funcionarios y hasta a la sociedad, se apegaran a la norma electoral. Jesús
“Chucho” Lastra ya reportea en otros cielos. Se fue cuando llegaba a los 71 de
edad. Lo vi enfermo un día, a las puertas del Seguro Social, su presión baja,
sin perder su espíritu crítico. “Y el pinche doctor quiere bajármela más, que
porque me duele la cabeza”, me expresó. “Ha de ser gobiernista y me quiere
matar”, soltó entre risas. Lastra se fue este viernes 28, agobiado por la
enfermedad, sin que se pueda borrar de la mente esas entrevistas en que ponía a
temblar al personaje público, que gozaban sus compañeros de batalla y que
irritaban a los textoservidores. Para su familia, nuestra solidaridad. Para el
periodismo de a de veras, una pérdida irreparable... ¿Cómo así?, pregunta Jairo,
el amigo colombiano. Que trabajan en Pemex y cobran en la nómina del
ayuntamiento de Coatzacoalcos. Les hace el favor conocido personaje cuyo
argumento es que ahí, en la ex paraestatal, ahora empresa del estado, su clan de
aviadores ganan una miseria y, por eso, sólo por eso, hay que apoyarlos para que
los niños puedan seguir en colegios particulares, renovar la minivan de la
señora, asegurar que cada año se den las merecidas vacaciones a las que todo
cobra-sin-trabajar tiene derecho. Pero no hay dinero, dice la versión oficial...
INFORME ROJO
Mussio Cárdenas Arellano
Solalinde: el sicariato en Veracruz y el Estado
criminal
* El gobierno duartista y la complicidad *
Hondureños obligados a secuestrar * Los asesinatos de periodistas y la impunidad
* El clero no escucha a sus feligreses * Meade, presidenciable * Pepe Yunes se
enfila al minigobierno en 2016 * Maryjose, libre y limpia; Duarte, en el fango *
A Samyra le daban copia.
28 de agosto de 2015
Peor que el Estado fallido, el Estado criminal. O sea, Veracruz. Es el que
describe Alejandro Solalinde. Es el Veracruz fiel y el Veracruz próspero donde
Los Zetas hallaron “tierra fértil”, donde se ejerce el sicariato forzado, donde
se impone el terror contra la prensa crítica.
Tiene voz profética este hombre de Dios. Su apostolado, el de los migrantes
que son vejados y extorsionados, lo conduce a la denuncia, a exhibir las redes
de complicidad, los enredos de la Migra y el crimen organizado, la impunidad que
se gesta desde el seno de la instituciones para dejar el delito sin castigo.
Vuelve Alejandro Solalinde Guerra a Veracruz y acusa sin reservas lo que ya
ha dicho pero que no deja de ser: es un cementerio monumental, una fábrica de
desaparecidos, ahí el sello, las huellas de la delincuencia que secuestra y
dispone de la vida de los demás.
De nuevo en Veracruz, el director del albergue Hermanos en el Camino, titular
de la Pastoral Social de Movilidad Humana en el Pacífico Sur del Episcopado
Mexicano, agarra parejo. Fustiga a autoridades municipales y estatales, policía,
criminales y Migración. Y por qué no, señala la pasividad, la indiferencia, el
disimulo, la condición cómoda, insultantemente cómoda, de la jerarquía católica.
Habla el Premio Nacional de Derechos Humanos 2012 del reclutamiento de
migrantes, principalmente hondureños, forzados por el crimen organizado a
convertirse en sicarios, en asesinos por encargo, en secuestradores, en
extorsionadores, y una vez realizada su misión, asesinados a mansalva,
depositados sus restos en fosas clandestinas, Veracruz entre las que mayor
número acumulan.
Miles de centroamericanos —dice Solalinde— no alcanzaron el sueño americano.
Habitan en penales mexicanos, procesados o condenados por haber ingresado a las
filas de la criminalidad.
“Están por extorsión —refiere el sacerdote—, uno que otro por secuestro, pero
recuerden que en el apogeo de Los Zetas los obligaron, los arrastraron a un
sicariato forzado, y ellos tuvieron que participar contra sus mismos compañeros
migrantes y algunas veces contra la misma población”.
Son alrededor de 150 migrantes. “Algunos, de verdad, son inocentes —precisa—,
porque fueron obligados porque o le entraban o los mataban. No había de otra. Y
entonces creo que ha faltado de parte de la justicia general y de parte de la
justicia en Veracruz, el ver esos casos y estudiarlos realmente y que se haga
justicia”.
Veracruz es el purgatorio de la prensa crítica. Una línea de texto, una
denuncia, un comentario, una imagen, pueden ser la diferencia entre la vida y la
muerte. Javier Duarte tiene dos preseas: una política hostil hacia las voces que
exhiben su desastroso gobierno y 14 periodistas asesinados en sus casi cinco
años de administración.
Desdeñoso, insultante su cinismo, Javier Duarte dice que todo se aclara, que
los periodistas son asesinados pero no por lo que escriben, que su gobierno
resuelve y encarcela, que el gobierno federal ha tomado la mayoría de los casos.
Monumental su mentira, no tiene un solo detenido que haya recibido sentencia,
ni tampoco una sola historia que case con la verdad.
Habla, pues, Alejandro Solalinde de impunidad de Estado, de indiferencia, de
omisión, en la esfera federal y estatal, sin mover un dedo para evitar que la
cadena de asesinatos de periodistas sea frenada.
“Pareciera que en Veracruz —puntualiza— hay una total impunidad hacia la
persecución y asesinato de periodistas. Ni autoridades federales ni estatales
vemos que hayan hecho algo. Tal pareciera que nadie va a poner un alto. El
gobierno de Peña Nieto es cómplice del de Javier Duarte, un gobierno criminal”.
Mira con recelo al clero veracruzano, que abandona a su pueblo, que no
reacciona ante la violencia, que enmudece.
“Están viendo al lobo mayor, los pastores, desde la barrera —acusa—. No van a
romper esa barrera porque no fueron formados para eso, pero hay que decir sí
pueden cambiar, si quisieran”.
Solalinde revela lo insólito: los jerarcas católicos saben dónde hay fosas
con desaparecidos. Lo saben pero callan. Rehuyen la verdad. Se alejan de la
justicia.
No hablan los prelados por su formación, porque el Vaticano los conmina a no
agredir a otros estado, al estado político.
“Estos obispos que tenemos en la provincia eclesiástica de Veracruz —agrega—,
yo insisto son personas buenas, son personas educadas pero a ellos los formaron
así. A ellos los formaron de tal manera que el Estado del Vaticano (sostiene
que) un Estado no se puede meter con otro Estado porque no se puede. Cristo no
fundó ningún Estado y fundó la Iglesia para que profetice”.
A veces es rudo Solalinde hasta con los suyos. Visita Veracruz y les da con
todo. Advierte de las complicidades por omisión, de la indiferencia por
comodidad.
“Duele ver a los pastores —explica— que fueron formados para ser
administradores, para permanecer cómodamente, porque un Obispo tiene una
posición privilegiada porque es como un príncipe pero para colmo de males
también tiene miedo, porque con todas esas características la formación que han
dado a los obispos no responden a los riesgos, no responden a los peligros y
asuntos que tenemos”.
Hay una brecha entre clero y feligreses. El pueblo camina solo. Sufre la
violencia, vive la extorsión, atestigua el baño de sangre, los mutilados que son
arrojados por doquier, narcomantas y mensajes, el enredo de la autoridad con la
delincuencia. Y el clero inmóvil, pasivo, degradado.
“Una situación tan grave —señala— como fue y como es la de los migrantes, el
sicariato forzado, Veracruz sigue siendo un centro de sicariato forzado,
desapariciones de jóvenes. Veracruz hay que decirlo es una fábrica de
desapariciones y el ambiente católico sigue de una manera administrativa,
condenando lo que no le parece”.
Su paso por Veracruz, este jueves 27, sacude a todos. Irrita al gobierno
duartista, principal blanco de sus críticas, a la jerarquía católica que calla y
vuelve a callar, cómplice por su tibieza cuando hay que traer a cuentas a Javier
Duarte.
Latente, el tema sigue siendo la corrupción. Actúa el crimen organizado como
cazadores de seres humanos, como reclutadores de hombres y mujeres que abordan
el tren de la muerte, que trepan en La Bestia, que pagan su cuota o se ven
arrojados con saña, golpeados, heridos o asesinados.
Y a todo eso hay algo peor que la indiferencia de la policía: la complicidad.
Sirvió la policía en un principio, como informante. Vaya uso que le dio al
equipo de radiocomunicación, a las unidades motoras, al armamento, cuyo costo se
sufraga con recursos públicos, con dinero del pueblo.
Luego la policía se dedicó a extorsionar, reclutar, integrar bandas,
robándole el negocio a un rival de cuidado: el crimen organizado.
Funesto el panorama, nada hace Javier Duarte para revertir el Estado
criminal. Es el que atenta contra los periodistas o deja impunes sus crímenes.
Es el que es indiferente a los migrantes que son obligados a convertirse en
sicarios. Es el que niega que Veracruz sea un cementerio monumental, una fábrica
de desaparecidos, “tierra fértil” donde se ejerce el sicariato forzado.
Peor que el Estado fallido es el Estado criminal. Ese es Veracruz.
Archivo muerto
Ya inició el show. Abre el juego Enrique Peña Nieto y muestra con qué
definirá la sucesión presidencial, sus cartas, sus afectos, sus arreglos. Mueve
a sus amigos a los enclaves del gabinete, se deshace de la vieja guardia y
perfila a quien sería el delfín a vencer: José Antonio Meade. Ayer canciller,
hoy secretario de Desarrollo Social, Meade Kuribreña llega a la plataforma desde
la que emergió Luis Donaldo Colosio en los días del salinismo, donde se acumulan
los votos de los beneficiarios de los programas sociales, donde se maneja
infinidad de recursos y se realiza intensa operación electoral. Meade es una
carta que lo mismo sirve en los gobiernos panistas que priístas, un alfil del
poder económico, secretario de Energía y de Hacienda con Felipe Calderón y
canciller con Peña Nieto, el caballo negro de la sucesión. Aurelio Nuño va a la
SEP en lo que pareciera ser más castigo que premio, luego que metiera en mil
líos al presidente EPN con el caso Ayotzinapa; Claudia Ruiz Massieu Salinas, es
la nueva canciller, sobrina del innombrable nombrable, Carlos Salinas de
Gortari; Enrique de la Madrid Cordero a Turismo; Rosario Robles a Desarrollo
Agrario, Territorial y Urbano... Impacta en Veracruz que José Antonio Meade
llegue a Sedesol. Forma parte el ex canciller parte del círculo de amigos de
Luis Videgaray Caso, secretario de Hacienda actual; Ernesto Cordero, ex
secretario de Hacienda y ex aspirante presidencial calderonista, y el senador
Pepe Yunes Zorrilla. Entrañables, condiscípulos en el Instituto Tecnológico
Autónomo de México (ITAM), caminan los cuatro en la búsqueda de la Presidencia
de México, Meade y Videgaray ya enfilados. En 2016, se aplicará aquello de que
el próximo presidente requiere de aliados y amigos en las gubernaturas, no en
2018. Requieren Meade o Videgaray que en Veracruz opere un gobernador aliado.
Así no le satisfaga ser gobernador de dos años, Pepe Yunes tendrá que asumirlo
para comenzar a ejercer el control de municipios, Congreso, enclaves priístas,
órgano electoral, medios de comunicación e incluso partidos de oposición. A
Meade y Videgaray no le sirve que Pepe Yunes sea candidato a la de seis años, en
2018, cuando uno de ellos pudiera ser candidato presidencial del PRI... No hay
lugar donde no escuche Maryjose Gamboa voces de aliento. Sabe de la solidaridad,
del respeto y la indignación. Se lo expresan en Los Alcatraces, en Coatepec, el
martes 25, en la comida de cumpleaños de Armando López Contreras, vínculo de
Pepe Yunes con los medios y periodistas. Ahí llegó la autora de Al Aire, la
columna de Notiver, y convivió con el senador, en la mesa de Carlos Jesús
Rodríguez, jefe máximo de Gobernantes.com, también víctima del duartismo.
Maryjose Gamboa escuchaba y sin aspavientos, casi en silencio, agradecía. Un día
después, en La Parroquia de Ruiz Cortines, en Boca del Río, vio a su maestro de
la Universidad Veracruzana, Luis Velázquez Rivera. Saludó a Carlos Vasconcelos,
líder de la CTM en Coatzacoalcos. Escuchó de nuevo la voz de la gente, el gesto
de apoyo, de solidaridad, de indignación. “La vamos a cuidar”, le dijo uno de
ellos. Maryjose Gamboa enfrentó la ira desmedida, demencial de Javier Duarte y
su fiscal, Luis Ángel Bravo Contreras, alias “Culín”, que de un accidente que
ella no provocó, le fue transformado en homicidio imprudencial con agravantes.
Pasó ocho meses en prisión, luchando por su libertad, y sobre todo, por su vida.
Fue remitida a las mazmorras del penal de Tuxpan, el penal de Alberto Silva
Ramos, otro enfermo de poder, ex alcalde, ahora diputado federal electo.
Enfrentó todo y los venció. Salió de la cárcel con un amparo, con la razón de su
lado, derrumbada la infamia, demostrado que nunca hubo exceso de velocidad, ni
ebriedad, ni temeridad. Inacabada, la historia de Maryjose Gamboa sirve por su
valentía, por su entereza, por su reciedumbre, por su resistencia, como
catalizador de un gobierno que abusó del poder, que violó la ley, que atropelló
el derecho humano. Cada quien en su sitio: Maryjose libre y limpia; Javier
Duarte y sus secuaces, en el fango al que pertenecen... Samyra no tiene un buen
pasado. En los tribunales federales debía elaborar resoluciones y sentencias. Y
no lo hacía. Ya tarde, el empleado de otro juez llegaba. Recibía en sus manos el
proyecto en bruto, más bruto que proyecto, y se alejaba con él. Uno, dos días
después, le era devuelto el documento, afinadísimo, y ella lo remitía para su
revisión y aprobación. Quienes atestiguaron el hecho, quienes sabían cómo
operaba el embuste, los insiders, dicen que así no se puede llegar a impartir ni
procurar justicia. Por eso Samyra emigró del Poder Judicial Federal al Poder
Judicial de Veracruz, previo acuerdo del fiscal Luis Ángel Bravo Contreras,
alias “Culín” o “El Bohemio” de las veladas duartistas, para que ningún amparo
procediera o para que procediera cuando lo tuviera en sus manos el magistrado
Mariche, su protector o los amigos de Mariche. Y así, Samyra Koury es hoy fiscal
regional en el sur de Veracruz para gloria de la justicia. Hay otras...
INFORME ROJO
Mussio Cárdenas Arellano
Pepe Yunes y Javier Duarte: cada vez peor
* Virtual rompimiento con Pepe Yunes * La reestructuración de la deuda, el
detonante * No es atribución del legislador, dice * Los 80 mil millones son
reales * La rabieta y el caos * En once días mandó todo al diablo * Tomás ruiz y
Pepe Yunes * Marcelo deja Sedesol * A reinventar el marcelismo * La oreja del
alcalde.
27 de agosto de 2015
A regañadientes, Pepe Yunes accedió a un diálogo que no buscó, que rehuyó y
en el que no creyó. Se trataba de sacar a Veracruz del abismo financiero al que
lo envió Javier Duarte. Trazó un plan, la reestructura de la deuda, el
alargamiento de los plazos, la negociación de las tasas de interés. Y once días
después todo se fue al diablo.
Hoy le agradece el gobernador de Veracruz su interés, que gestione y libere
recursos, pero en el tema de la reestructuración de la deuda, mejor que no se
meta.
Es asunto del ejecutivo estatal, no de un legislador, le dice Javier Duarte,
casado con la máxima de que quien manda y se equivoca, vuelve a mandar.
“Es responsabilidad nuestra —sentenció Javier Duarte— mantener las finanzas
públicas sanas y cumplir con obligaciones”. ¿Finanzas sanas y cumplir con
obligaciones?
De otro Veracruz habla Javier Duarte, ajeno a la realidad que viven
proveedores, constructores, prestadores de servicios, pensionados y
universitarios, que no ven pago mientras el gordobés, en un acto de incapacidad
total, de irresponsabilidad sublime, de ineptitud proverbial, salda pasivos con
bienes públicos, con terrenos, vendiendo los activos en lo que constituye el
mayor saqueo de que tengan memoria los veracruzanos.
Pepe Yunes Zorrilla planteaba un plan financiero , no una venta de garaje,
como quiere Javier Duarte, ni convertir a Veracruz en tianguis dominical donde
se expende a retazos el gobierno, sus bienes, quizá hasta las chapas de las
puertas y las mamparas del fallido programa de la prosperidad.
Once días después, da Javier Duarte el cerrojazo a un acuerdo por Veracruz
que de entrada olía a muerto, porque el fracasado doctor en Economía por la
Complutense de Madrid, si es que el título no es fraudulento, no se sentó con
José Francisco Yunes Zorrilla para evitar el naufragio financiero sino para
entramparlo en un pacto que lo habría obligado a encubrirlo si llegase a ser su
sucesor.
Yunes Zorrilla y el gobernador de Veracruz se reunieron el 13 de agosto.
Hablaron en el rancho San Julián, propiedad del senador, en Perote. Javier
Duarte filtró que hablaron del tema de la sucesión. Pepe Yunes lo negó.
Yunes Zorrilla accedió al diálogo tras meses de resistir el asedio. Evadía a
Javier Duarte desde la visita presidencial, cuando Enrique Peña Nieto encabezó
la ceremonia del Centenario de la Promulgación de la Ley Agraria, el 7 de enero.
Se fue a medio acto, acompañado del también senador Héctor Yunes Landa. Lo dejó,
tácitamente con la palabra en la boca.
Rechazó a emisarios y personeros, a zalameros y bufones, que proponían el
pacto de la infamia: Pepe Yunes sería el candidato del gobernador a cambio de
impunidad, de solapar el saqueo a Veracruz, de encubrir los crímenes y los
pecados, de no tocar a uno solo de los enanos del gobernador.
Lo evadía el senador peroteño y cuando había ocasión, arremetía contra la
forma de gobernar de Javier Duarte, contra la forma de lucrar y mantenerse en el
poder.
“En el Partido Revolucionario Institucional —dijo Pepe Yunes— hay distintas
militancias, distintas expresiones o corrientes. La corriente dominante en
Veracruz que encabeza Javier Duarte, no es en la que yo milito. Tenemos
distintas opiniones y distintas ópticas”.
En lo financiero, la discrepancia es peor.
“Se gasta de más, hay más obligaciones que los ingresos. Lo que hace el
estado cada mes es juntar todo ese recurso y empezar a pagar para resolver la
presión que más urge en ese momento, descuidando y desconociendo lo que estaba
etiquetado para carreteras, por eso no lo vemos para salud o educación. No
necesariamente es un acto de corrupción, pero sí es de responsabilidad pública y
es lo que ha observado la ASF (Auditoria Superior de la Federación)”, dijo el
senador Yunes Zorrilla.
Invocó una prueba del saqueo: las denuncias de la Auditoría Superior de la
Federación ante la Procuraduría General de la República por desvío de recursos.
“Todos estaremos atentos a ese desenlace. Lo que requiere la sociedad son
decisiones claras y puntuales”, expresó.
Finalmente Pepe Yunes accedió. Dialogó con el gobernador, evadió la sucesión
y tocó el tema de la descomunal deuda del gobierno de Veracruz.
Filtraba Javier Duarte que en lo electoral había concordancia. Pepe Yunes lo
refutó. La sucesión no fue el tema de la reunión sino el colapso financiero.
Abordaría el peroteño el diálogo. Diría que Veracruz requiere reestructurar
su deuda, contratar recursos, alargar los plazos y negociar las tasas de
interés.
Caminaba en esa ruta Pepe Yunes. Había dialogado con el director de Banobras,
preparaba el plan B para enfrentar la deuda descomunal, no de 44 mil 470
millones de pesos, como afirma el gobernador Javier Duarte, sino mucho más,
quizá los 80 mil millones de los que habla el diputado panista Juan Bueno Torio.
Vía Pepe Yunes, el gobierno federal planteaba la solución al problema
financiero de Veracruz. Tácitamente se convertía en el comisionado federal para
el rescate de las finanzas.
Once días después del diálogo en Perote, el escenario tronó. Sutilmente,
Javier Duarte se sacude al senador Yunes Zorrilla, le agradece su buena
voluntad, pero su propuesta de reestructuración de deuda, dice el gobernador, no
le corresponde; es atribución del Ejecutivo, no del legislador.
Le cala a Javier Duarte que Pepe Yunes haya refutado las cifras de la deuda
veracruzana. No son 44 mil 470 millones, como dice el gobernador. Quizá sean los
80 mil millones.
Toma la palabra Javier Duarte, el lunes 24, en una conferencia de prensa en
la que esta vez sí acepta preguntas de reporteros, preguntas que le vienen a
modo para propiciar el rompimiento. Le cuestionan sobre la reestructuración de
la deuda de Veracruz, como propone Pepe Yunes. Dice que puede ser, que lo
analiza, pero que no es función del legislador sino del ejecutivo.
“Es importante el apoyo de cualquier legislador Federal en la gestión de
recursos, liberación de flujo de recursos para cumplir con los compromisos que
tiene la entidad con diferentes actores económicos y sociales”, precisó Javier
Duarte.
Marca ahí su distancia con Pepe Yunes, pues pudiendo dirimir su discrepancia
en corto, Javier Duarte lo llevó al escenario público. El desdén no es a Pepe
Yunes sino al que lo envió.
Desdeña la línea de Los Pinos, donde la inquietud por el desastre financiero
avizora la derrota electoral del PRI en 2016. Desdeña el plan del comisionado
financiero virtual cuando el naufragio parece inminente.
Lo político le resulta irrelevante. Lo social no le inquieta. Es lo
financiero el Talón de Aquiles del gobernador, la deuda que día a día crece, que
se come los recursos; la falta de pago a contratistas; el dinero que no traslada
al Instituto de Pensiones del Estado, provocando que sus afiliados carezcan de
crédito o acceso a vivienda; los casi dos mil millones de pesos que debe a la
Universidad Veracruzana; las becas escolares, y una interminable lista de
rezagos.
Evidenciado, descubierto, Javier Duarte reventó el acuerdo con Pepe Yunes
cuando el actor político más escuchado en Los Pinos advertía implícitamente que
el gobernador de Veracruz miente sobre las cifras de endeudamiento.
Su molestia era evidente en la conferencia de prensa del lunes 24. La deuda
registrada ante la Secretaría de Hacienda es de 44 mil 470 millones de pesos.
Pero admite por primera vez que existe una operación diaria de pago a
contratistas que pudiera ascender a 80 mil millones.
Pepe Yunes fue enviado a mediar en el tema financiero. Sanear las finanzas de
Veracruz implica asumir el mayor crédito para la sucesión. A eso fue enviado.
Olvidó sus rencillas, su conflicto con Javier Duarte, la confrontación con
quien encabeza la corriente dominante en Veracruz, “en la que no milito”, para
abordar el problema toral: las finanzas públicas.
Tocó dos temas: la reestructura de la deuda y el monto de la deuda. Y ahí se
gestó el nuevo Waterloo. Javier Duarte se sostiene en su proyecto de deuda sin
salida, Veracruz en el rezago, en la parálisis financiera, en la falta de obra,
en el déficit mensuales de 900 millones de pesos, que al año son más de 10 mil
millones, sin un plan de emergencia, sin recorte de gastos, dilapidando a lo
bruto, sin variar el rumbo, enfilada la nave al abismo.
Quiso dialogar con Pepe Yunes y usarlo para condicionar la sucesión. A cambio
de la candidatura, garantizarse impunidad total. Iba bien. Tenía que llevar al
senador al tema del sucesor en el gobierno de Veracruz. No imaginó que por la
deuda se volverían a confrontar.
Once días le bastaron para mandar todo al diablo.
Archivo muerto
Entre muchos, Tomás Ruiz se abría paso. Destacaba junto a Pepe Yunes en los
jardines de la quinta Los Alcatraces, en Coatepec, en la comida del martes 26
por el cumpleaños de Armando López Contreras. No se le ve diputado local por
Coatzacoalcos en 2016 o legislador federal en 2018, porque el factor arraigo en
la tierra de sus ancestros, no se le da. Estuvo ahí, en el muestreo del senador
peroteño, en su tercer acercamiento del año con los medios, hablando éste de la
deuda, de la reestructura, de las vacilaciones de Javier Duarte, de la terquedad
de llevar a Veracruz a la parálisis total. Y Tomás Ruiz saludaba a todos,
discreto, sin robar cámara porque la figura no es él sino José Francisco Yunes
Zorrilla. ¿Fue espaldarazo alemanista a quien pudiera ser el futuro candidato
del PRI al gobierno de Veracruz? Cuentan que de concretarse ese proyecto, Tomás
Ruiz quedaría en el próximo gabinete... Fue político el atentado a Armando
Rotter Maldonado, su familia a punto del secuestro. Dijo aquel 22 de enero, que
lo sacaron del camino, que le echaron de la candidatura a base de miedo, con una
intimidación, con el amago de llevarse a su familia. Y se fue de Coatzacoalcos,
sin el apoyo del Partido del Trabajo, que lo había postulado para diputado
federal. Hoy trasciende que no fue el crimen organizado, que los matones fueron
contratados sólo para amagar. Hoy se sabe que el asunto era político, que la
intención era evitar que le restara votos al candidato del PRI, Rafael García
Bringas, así fueran 3, 4 o 12 mil votos, como ahora menciona el ex alcalde
Armando Rotter. Fue un atentado político para sacarlo del camino. Y eso
lograron. No evitaron, sin embargo, el descalabro del tricolor. De eso se
encargaron Morena y el marcelismo... A más tardar en noviembre deja Marcelo
Montiel la delegación de la Secretaría de Desarrollo Social en Veracruz. Regresa
a su feudo. Vuelve a Coatzacoalcos, a operar a ras de piso, a recomponer un
marcelismo que da vergüenza, todos contra todos, a la greña, llamados a la
unidad y a la concordia pero como si no oyeran, pues ahora resulta que cada
quien tiene su proyecto, que todos son líderes y que el que los creó no se ha
dado cuenta que está jodido y la vida se le va. Trasciende su renuncia a la
Sedesol porque lo único que le puede ofrecer Marcelo al senador Pepe Yunes,
operación electoral y triunfos, así como anda el marcelismo, no se puede lograr.
Regresa a su feudo, no a su tierra ni a su raíz porque esa está en Puente
Nacional, para ordenar a sus operadores, para deshacerse de quienes no sirven,
para echar a quienes se enredan con el ivanismo y el chagrismo. Supuestamente
será en noviembre y será la señal de que el proyecto por el gobierno de Veracruz
esta definido... Delaciones, defecciones, decepciones, deserciones y
frustraciones en el PRD, sin entender muchos que el proceso hacia el nuevo
gobernador y la renovación del Congreso de Veracruz ya comenzó. Unos, en
Coatzacoalcos, ya están en el ivanismo, imaginando que la candidata a la
alcaldía será Mónica Robles de Hillman, la diputada que ventajosamente, cuando
su marido era alcalde, el peor en empate técnico con Marcos Theurel, se quedó
con el parque del DIF, convertido en Parque Quetzalli, que también fue un hurto
a quienes idearon el concepto, traído de Cuernavaca. Otros imaginan al PRD
reviviendo viejos triunfos, que se fueron diluyendo por el pleito encarnizado
entre tribus, tocados por el priísmo, por el panismo, por Movimiento Ciudadano,
por el Partido del Trabajo. Hubo delaciones y traiciones, defecciones y
deserciones entre el perredismo de Coatzacoalcos aunque hoy traen clara la idea
de que por línea nacional habrá alianza con el PAN, que tendrán gobierno y
mayoría en el Congreso en la elección 2016 y que tendrán regidurías en el 2017.
Y si se trata de hueso, pues a pujar... ¿Quién es ese personaje, funcionario,
que lleva y trae chisme, que la hace de corre, ve y dile en los pasillos del
palacio municipal, y que es la principal oreja del alcalde, el que delata, el
que mal informa? Una pista: el ayuntamiento se encuentra en el sur de
Veracruz...
INFORME ROJO
Mussio Cárdenas Arellano
Héctor se cuelga hasta de Donald Trump
* Los migrantes y la treta política * Sólo le falta el machete para darle
planazos * El episodio de Manrique * Ericka Ayala, ¿ya no será senadora? *
Gersaín Hidalgo, dormido * La basura y los recursos perdidos * La alcaldesa y
las malas compañías * Pantallas y fichaje * Pueblo que se queja y se deja
comprar.
24 de agosto de 2015
Si pudiera, Héctor Yunes Landa ya hubiera golpeado a Donald Trump. Lo hubiera
sometido y pateado. O habría tomado un machete, como reza aquel episodio de ira
psiquiátrica contra el periodista Jorge Ricárdez Manrique, y lo trajera a
planazos, mentadas y amenazas.
Sólo que Trump no es Manrique. Tiene una fortuna multimillonaria —en
dólares—, es el dueño del certamen Miss Universo, desarrolla un posicionamiento
mediático produciendo sus propios programas en televisión y encabeza a los
precandidatos republicanos que aspiran a la presidencia de Estados Unidos. Su
candidatura es un sueño aunque lo mismo se expresaba de Ronald Reagan y llegó.
Héctor Yunes es un actor. O mejor dicho, un actor de vena violenta. Con Trump
se muestra rijoso, hablador, con los tamaños de una hormiga que le grita a un
elefante y que supone que arrojándose a su cuello lo podrá derribar.
Trump, por supuesto, ni voltea a verlo. ¿Quién ser ese tal Yunes Landa?,
pregunta el acaudalado empresario, por demás racista, que ha mostrado un desdén
mayúsculo por los mexicanos, hasta tildarlos de criminales, violadores y
narcotraficantes, “aunque algunos son buenas personas”. Si, algunos.
Trump es una figura cuestionable, pero figura. Basa una parte de su discurso
en la inmigración y sostiene que a los ilegales hay que expulsarlos de su país y
construir un gran muro para evitar que regresen.
De Trump se cuelga Héctor Yunes para engatusar a los veracruzanos que viven
en Estados Unidos, a la vista el oportunismo electoral, el embuste y la
demagogia.
En “política hay palabras que son como puños. Palabras que lastiman y
actitudes que ofenden. Que lo escuche bien el señor Trump: ustedes no están
solos”, dijo en Los Ángeles, California, el 16 de agosto.
Ese día abordaba el tema ante la Federación de Veracruzanos USA. Les llenaba
el oído, los hacía soñar, tan parecido su rollo al de Fidel Herrera Beltrán, el
gobernador que le negó el derecho a ser su sucesor.
“Vengo a decirles que no están solos —agregó—. Mucho menos hoy, en donde
parece que el odio, la incomprensión y la ignorancia les acechan.
“No admito, como senador de la república, que se les agreda o se les
estigmatice, sea por moda, por publicidad, por táctica electoral o por simple y
llana ignorancia. Quien no tenga un amigo migrante, que lo busque. Yo ya los
encontré”. (Aplausos, diría el comediante Memo Ríos).
No paró ahí. Este domingo 23 difundió su habitual artículo, recogido y
difundido en prensa escrita y portales de internet. Bajo el título “Donald
Trump: precursor de muros de odio y discriminación”, arremetió de nuevo contra
el aspirante presidencial norteamericano.
“Las políticas y comentarios racistas —señaló Héctor Yunes— del precandidato
republicano a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald
Trump, representan una amenaza para nuestros paisanos migrantes y para el propio
país vecino, que en gran medida depende y se beneficia de la mano de obra y
derrama económica generada por nuestros connacionales y de otros países.
“Contrario a lo que algunos consideran, creo firmemente que no es tiempo de
ser temerosos. Es momento de defender a nuestros hermanos inmigrantes ante los
ataques y amenazas de un hombre que pretende fundar su plataforma política a
través de un nacionalismo dañino y emprender acciones en contra de los derechos
humanos, como: requisarles los salarios a los inmigrantes, revocar la 14
enmienda de la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica. Este
precandidato pretende involucionar su sociedad a los tiempos de Hitler.
“Al precandidato republicano se le olvida que ese país se ha caracterizado
por su configuración multinacional, que no existen nativos americanos desde hace
mucho tiempo. El propio Trump es hijo de Mary Anne Macleod, una inmigrante
nacida en la isla Lewis en Escocia, y sus abuelos paternos fueron inmigrantes
nacidos en Kallstadf, Pfalz, Alemania. Qué contradicción.
“La comunidad hispana representa el 17 por ciento de la población total de
ese país, superando los 50 millones de habitantes, de los cuales más de 30
millones son mexicanos. Los lazos familiares y comerciales entre los habitantes
de ambos países, así como los proyectos de infraestructura y cooperación entre
los gobiernos fronterizos hacen inviable el muro anti-migrantes propuesto por
Donald Trump”.
Más adelante diría Yunes Landa:
“Aunque mi voz parezca solitaria, estoy seguro que muchos coinciden en que es
necesario unir fuerzas por el bienestar y protección de nuestros hermanos
migrantes.
“Desde mi trinchera defenderé siempre a los veracruzanos y mexicanos, incluso
fuera de México, tengo la convicción y el deseo para apoyar y gestionar un
frente común en contra de ideas irracionales como las de Donald Trump, que solo
pueden traer retroceso a sociedades avanzadas”.
Y sí, su voz es solitaria. Y también oportunista, ad hoc con el momento
electoral norteamericano, cuando Donald Trump cosecha repudio, pero también el
aplauso de sectores radicales de Estados Unidos.
Yunes Landa defiende a todos y defiende a nadie. Habla por los priístas y
olvida a los priístas. Habla por los cañeros y lo repudian los cañeros. Habla
por Pepe Yunes y le muerde la mano a Pepe Yunes. Hablaba pésimo de Javier Duarte
y terminó en su regazo. Habla ahora por Javier Duarte y si llega a gobernador lo
hará correr.
Su fama es oscura. Su actuación pública, controvertida. Hay en Héctor Yunes
algo peor que su falta de palabra: su carácter volado.
Cuenta la anécdota, resumida en decenas y decenas de cuartillas, que al
periodista Jorge Ricárdez Manrique lo citó en la Subsecretaría de Gobierno, en
los días del fidelismo. Acudió el autor de la columna Del Otro Lado del Cristal.
Sería un encuentro más.
Pronto conoció la ira del hoy senador por Veracruz. Machete en mano lo
correteó por la oficina, golpeado a planazos mientras reclamaba saber el nombre
de quien surtía de información al periodista, si era el secretario de Gobierno,
Reynaldo Escobar.
Consta el hecho en una carta abierta publicada en un periódico de Xalapa.
Manrique dice que no es su firma. A muchos les dice que el episodio es un
infundio. A otros ni les dice que sí, ni les dice que no.
De ser así, Héctor Yunes tiene en sus adentros alma de judicial, violenta su
mano, arrebatado como no debiera ser un senador, mucho menos un gobernador.
Con Donald Trump tiene la oportunidad de trascender. A planazos debiera
tratar a quien se expresa de los hermanos migrantes mexicanos en EU como
criminales, violadores y narcotraficantes.
A planazos lo debiera someter. Puede cerrar los ojos. Puede imaginar que no
es Trump, que es Manrique, que detrás de Trump está Reynaldo Escobar, que es el
que lo hace infamar a los migrantes mexicanos.
Héctor Yunes trae en su agenda el tema de Trump su racismo. No trae, o no lo
expresa, el del naufragio de Veracruz, la deuda descomunal, a ineptitud de
Javier Duarte para sanear las finanzas, la violencia y el baño de sangre, el
crimen organizado que camina de la mano de la pandilla del gobernador, el
derroche y el rezago social.
Héctor Yunes viaja a California. Entretiene el discurso. Regresa y atestigua
la entronización de Manlio Fabio Beltrones Rivera en el PRI, su amigo, su
mecenas, supuestamente el que lo hará gobernador.
Acá, Pepe Yunes y Javier Duarte hablan del Veracruz en quiebra, de la falta
de un plan de rescate, de salvar las finanzas. Pepe Yunes besado también por el
diablo.
Mientras, que Trump se cuide de Héctor Yunes.
Archivo muerto
Suerte ingrata la de la CNOP en Veracruz. Deja la secretaría general
Guadalupe Porras David y llega Ericka Ayala Ríos, desprestigiadísimas, con
pésimo historial, acusadas de todo, impopulares, impuestas en el cargo. A Lu-pilla
Porras le precede su paso por la alcaldía de Minatitlán, fraudes, cuentas
chuecas, puentes pagados y no construidos, represión, golpizas a sus enemigos,
derroche para intentar, infructuosamente, tener un gramo de imagen. A Ericka
Ayala, sus trastupijes en el sindicato del Colegio de Bachilleres de Veracruz,
reclamos en las calles, acuerdos con la institución a espaldas de los
trabajadores, pagos por 30 millones que no llegan a sus agremiados. Es ungida
Ericka Ayala en un evento que acusa el diputado federal electo, panista, Miguel
Ángel Yunes Linares, costó 10 millones de pesos y echó mano Javier Duarte de
recursos del erario. Llega Ericka Ayala a la dirigencia del sector popular
cuando se supone, como ya apuntan algunos analistas, sería senadora en
sustitución de Héctor Yunes Landa, de quien es suplente. ¿O será que Ericka
Ayala sabe que se quedará en la CNOP-Veracruz y Héctor Yunes no será candidato
al minigobierno, en 2016, y permanecerá en el Senado?... Omiso totalmente,
Gersaín Hidalgo Cruz sólo ve pasar los días y las montañas de basura que se
acumulan en el nuevo, en el viejo y en el olvidado basurero de Coatzacoalcos; en
el de Moloacán, tierras que son de Rafael de Hombre López, o en el de Las Matas,
donde se invadió en el derecho de vía de CFE y los ejidatarios cerraron sus
puertas, o en el de la familia Morales Arenas, que dejó de funcionar por orden
de un juez federal pero donde aún arrojan residuos clandestinamente. Y nada dice
el regidor de limpia pública cuando tres veces cierra De Hombre López su
ranchito por falta de pago y pone a Coatzacoalcos al borde del colapso pues ha
de ser algo difícil deshacerse de 450 toneladas de basura al día sin contar con
el relleno sanitario que debió estar construido desde hace años, y sin las
estación de transferencia, cuyos fondos fueron aprobados, el dinero llegó y paró
en la cuenta de un conocido marcelista... Lo que es la osadía. Para poco sirve
Brenda Manzanilla Rico, alcaldesa de Nanchital, sin nada que presumir, sin obra,
con puros alardes, que si la API se queda, la reactiva y retiene el título de
concesión, pero sin resultados prácticos. Tiene dos proyectos en mente: que su
hermano Eduardo se convierta en su sucesor en la alcaldía que ella dejará en
2017, y que no haya obstáculo a los negocios de sus amigos, así tengan ficha
roja de Interpol. Las malas compañías de Brenda Manzanilla, la mano generosa de
la alcaldesa y la danza de millones, bien podrían ser capítulo especial en “El
Señor de los Cielos”. Nanchital vive un rezago escandaloso y a eso se agrega la
turbiedad, los negocios y el nepotismo... “Mover a México” se lee en un extremo,
en un rinconcito, ahí medio perdido. Es el sello del gobierno federal en las
pantallas televisivas que se entregan por miles o decenas de miles. Es que viene
el apagón analógico y el peñanietismo no quiere dejar sin señal a millones de
votantes cautivos, los beneficiarios de los programas de la Secretaría de
Desarrollo Social, que acudían en tropel, algunos haciendo fila o guardando
lugar cuando aún no despuntaba el sol. Acudieron desde el jueves 20 a Ciudad
Olmeca, a pasar de las de Caín, soportando calores, enfrentando la
desorganización del primer día. Hubo desmayados e insolados. Mejoró después,
sillas de ruedas para los ancianitos o los discapacitados, en un trámite que fue
más expedito. Recibían su pantalla luego de verter sus datos. Y una vez
capturados, a extender la mano y estampar las huellas de los cinco dedos, a
manera de fichaje policíaco. En el Movimiento de Regeneración Nacional afirman
que cuando el voto sea electrónico, quizá en 2018, esas huellas servirán para
registrar el voto de millones a favor del PRI. Aún aquellos que hoy se quejan de
saqueo, de la Casa Blanca, de Ayotzinapa, de Tlatlaya, de las reformas
estructurales, aún los que lloran por la devaluación del peso, del recorte de
presupuesto, de la violencia, de los secuestros, de la mano del crimen
organizado que se estrecha con de la clase política, aún aquellos que
despotrican contra Peña Nieto, ahí andaban tras su pantalla marca patito. Se
trataba de “Mover a México” y los mexicanos dejándose mover. Algo así como ir
por su ración de atole con el dedo...
INFORME ROJO
Mussio Cárdenas Arellano
Caso Rubén Espinosa: Javier Duarte bajo sospecha
* El agente de la ayudantía del gobernador que lo amenazó * Con su cámara
registraba la represión del duartismo * Golpeados y robados en Plaza Lerdo * La
carta de sus familiares a EPN * Amenazas recibidas por el gobierno de Javier
Duarte, apuntan * Pepe Yunes y el gobernador * “No son 42 mil millones de deuda”
* Las pantallas de Marcelo * Jesús Alí y el apoyo miserable.
21 de agosto de 2015
A su familia, a sus amigos, a medios de prensa nacional e internacional,
Rubén Espinosa les expresaba el acoso y las amenazas de Javier Duarte, el nivel
de agresión, la intolerancia que intimida y que termina con la vida. Traslucía
miedo. Huía del gobernador. Se había vuelto un “fotógrafo incómodo”.
Su muerte pone bajo sospecha al gobernador de Veracruz, por su vena fascista,
por ser proclive a la represión, por el uso del aparato de poder para enfrentar
a sus críticos, por la brutalidad policíaca contra los movimientos sociales.
Dejó Veracruz cuando la pandilla duartista lo asediaba. Se sabía espiado. Día
y noche, donde fuera, lo seguían agentes de gobierno, “orejas” que se
infiltraban en conferencias de prensa, que andaban armados, que se hacían pasar
por periodistas.
Partió al Distrito Federal cuando sintió la provocación. Tres tipos se
acercaron. Dos más se hallaban a distancia. Uno le indicó que se hiciera a un
lado, figuradamente a un lado.
Tiempo atrás, al fotografiar la represión contra integrantes del Movimiento #YoSoy132
que protestaban por la imposición de Enrique Peña Nieto, el 20 de noviembre de
2012, un agente duartista le advirtió que podría terminar como la reportera
Regina Martínez Pérez, corresponsal de la revista Proceso, asesinada en Xalapa,
el 28 de abril de 2012.
A la televisora Francesa Arte TV, Rubén Espinosa le contó:
“Estudiantes desplegaron una lona, desde una habitación del Hotel México.
Decía: ‘Duarte te tenemos en la mira’. Cuando logré llegar, civiles golpeaban a
manifestantes. Eran policías, hombres y mujeres; detuvieron a varios. Yo empecé
a disparar mi cámara y llegó un elemento de ayudantía (del gobernador), me dio
un golpe y me dijo: ‘¡Bájale de güevos si no quieres terminar como Regina!’ ”.
Vestía de civil la policía veracruzana, al estilo de los Halcones del 10 de
Junio de 1971, en aquella dramática masacre estudiantil que marcó el inicio del
criminal sexenio echeverrista. A los halcones de Javier Duarte se unían los
integrantes de la ayudantía del gobernador. Qué mejor que dejar huella.
Relató a la televisora francesa el nivel de represión en que vive la prensa
crítica de Veracruz:
“En Veracruz hay muchas presiones, el soborno, muchos compañeros reciben
dádivas del gobierno; le llamamos chayo. Lo hacen por cuadrar información a modo
de la clase política. Pero también está el temor, los asesinatos (de
compañeros), la policía no te permite trabajar… Estamos en una total
indefensión, en la marcha siempre hay ‘orejas’, policías que toman registros de
la manifestación, pero también de los reporteros, esto es de todos los días.”
José Gil Olmos, periodista y analista de Proceso, dice de Rubén Espinosa, del
acoso duartista y de su salida de Veracruz:
“Rubén Espinosa se dedicaba a registrar con su cámara fotográfica los
movimientos sociales de Veracruz y la consecuente represión contra ellos
aplicada por la administración de Javier Duarte. Su trabajo no agradaba a las
altas esferas del poder. Reiteradamente amenazado y agredido por personas
fácilmente identificables como agentes del gobierno, el fotoperiodista decidió
volver a la capital del país, una ciudad que alguna vez tuvo fama de ser refugio
para comunicadores de todo el país. No fue suficiente. La ‘ciudad de la
esperanza’ no lo salvó”.
Relata otro pasaje Gil Olmos:
“Con su cámara Nikon registró los momentos más crudos de la administración de
Javier Duarte, sobre todo la represión ejercida contra organizaciones sociales y
periodistas. También los gestos más adustos y rabiosos del gobernador, que se
publicaron en diversos medios e incluso fueron portada en este semanario
(Proceso 1946).
“El 13 de septiembre de 2013 Rubén y otros fotorreporteros fueron agredidos
por la policía estatal, que les quitó sus equipos fotográficos luego del
violento desalojo de los profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores
de la Educación (CNTE) que ocupaban la Plaza Lerdo, en Xalapa.
“Rubén y sus compañeros Óscar Martínez, de la agencia Reuters, y Roger
Martínez y Ricardo Matus, de Imagen del Golfo, quisieron denunciar el hecho ante
la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Cometidos Contra la
Libertad de Expresión, que abrió el acta circunstanciada 123/FEADLE/2013. En
ésta se quejaban de que la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) estatal se negó
a mostrar a los policías que agredieron a maestros y periodistas en el desalojo
de la plaza.
“Los fotógrafos narraron después que la SSP y el gobierno de Duarte les
ofrecieron dinero a cambio de retirar la querella. Rechazaron el ofrecimiento.
Algunos de ellos presentaron la denuncia penal en el fuero local; sin embargo,
Espinosa declinó la demanda, pues adujo que no creía en las instituciones y que
la SSP y la entonces procuraduría estatal eran la misma cosa.
“Rubén prefirió hacer una denuncia pública, junto con otros reporteros,
asesorados por un abogado. En conferencias de prensa consignó la serie de
agresiones por parte de agentes de la SSP vestidos de civil, desde noviembre de
2012 y hasta la última, cuando se documentó el ataque a unos estudiantes el 5 de
junio de 2015”.
Gil Olmos cita a la condena de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para
los Derechos Humanos:
“Si las investigaciones confirman que este aberrante múltiple homicidio tiene
relación con la labor periodística de Rubén Espinosa, estaríamos en presencia de
un acto gravísimo contra la libertad de expresión que, sin duda, causa un efecto
inhibitorio en el ejercicio del periodismo en México”
Y apunta:
“Preocupa aún más el hecho de que una posible represalia se haya podido
materializar en el Distrito Federal, que cuenta con una baja tasa de incidencia
de este tipo de agresiones”. Rubén Espinosa “era una voz reconocible en los
llamados de justicia de otros colegas periodistas asesinados y desaparecidos en
Veracruz.”
Su familia también alza la voz. Reclama que “se sigan las líneas de
investigación relacionadas con la labor periodística de Rubén y el activismo de
Nadia en Veracruz”.
En carta dirigida al presidente Enrique Peña Nieto, exponen hechos que ha
evadido la Procuraduría de Justicia del DF y exige “una rendición de cuentas
pública de Javier Duarte, gobernador de Veracruz, ya que no aceptamos que haya
más periodistas asesinados, ni más casos impunes. Mientras el mandatario
advierte a periodistas ‘pórtense bien’, Veracruz es la entidad más letal para la
libertad de expresión: aquí se matan, desaparecen, y agreden a cualquier voz
crítica al gobierno local”.
Describen por qué regresó al DF, el grado de presión a que fue sometido:
“Rubén Espinosa Becerril regresó al Distrito Federal tras ocho años de
trabajar en Xalapa, Veracruz. El 12 de junio de este año llamó a su hermana para
decirle que estaba en la Ciudad de México: ‘Hubo problemas; está cabrón’ —le
expresó—.
“Rubén con el afán de mantener la seguridad de su familia decía poco;
escondía su miedo. Pero actuaba, se movía y confiaba en las organizaciones con
las que trabajaba. Al llegar dio entrevistas, habló con quien pudo para
protegerse para buscar un camino nuevo lejos del peligro que Veracruz le
significaba.
“Trabajaba en AVC Noticias y como corresponsal de Proceso y Cuartoscuro. Su
camino lo forjó solo, sin escuela, investigando, con ideales firmes y siempre
con el respaldo de la comunidad periodística de Xalapa. Hizo de la fotografía la
manera de compartir su mundo. “ ‘Me han hecho saber que soy un fotógrafo
incómodo para el gobierno veracruzano’, dijo Rubén entrevistado por SinEmbargo.
“Buscaba siempre la verdad, darle voz a través de su imagen a los movimientos
independientes, a las luchas, a los no escuchados. Y por ello le cerraron los
ojos, le amarraron las manos, lo torturaron y le dieron el tiro de gracia. Lo
asesinaron. Lo mataron en un departamento de la colonia Narvarte junto a cuatro
mujeres. Entre ellas una luchadora social, firme y contundente, una gran amiga
de años, Nadia Vera.
“Ni ellas ni él merecían ser asesinados. No, cuando Rubén se fue al DF
buscando salvaguardar su vida de las amenazas que había recibido en el estado de
Veracruz por parte del gobierno de Javier Duarte. No, cuando dio aviso a todos
los medios que estuvieron a su alcance para advertir a las autoridades federales
y capitalinas acerca del riesgo en el que se encontraba. Él pensó que esos
gritos de auxilio lo salvarían y sin embargo no fue cobijado por el Estado”.
Crece la sospecha sobre Javier Duarte. Su ayudantía, su policía, sus agentes
vestidos de civil, sus halcones en manifestaciones, sus espías, todos fueron
cercando el círculo al fotoperiodista, colaborador de Proceso y Cuartoscuro,
fotógrafo de AVC, hasta hacerlo huir de Veracruz, huir del gobernador, huir de
la muerte.
Habló para protegerse. Advertía así el riesgo de hacer periodismo en
Veracruz. Señalaba a Javier Duarte de hostigarlo, de decidir qué podía hacer o
dejar de hacer con su vida. Acudió a la organización Artículo 19. Quiso acogerse
a los protocolos de protección de la Secretaría de Gobernación pero en ésta fue
tratado como “caso ordinario”.
Murió el 31 de julio, golpeado, con el tiro de gracia, en la masacre de la
Narvarte, junto con Nadia Vera y otras tres mujeres, en un caso que el gobierno
del Distrito Federal se empeña en enlodar, atribuirlo a un robo o a un conflicto
entre dos bandas de narcotraficantes.
Su voz, sin embargo, acusa a Javier Duarte.
Archivo muerto
No va Pepe Yunes a Xalapa. Va Javier Duarte a Perote. Irreconciliables, comen
en la casa del senador veracruzano. Relegan el tema electoral. Hablan de
finanzas, de lo que sabe el gobernador, en lo que ha fallado, de lo que le ha
provocado a Veracruz. Asume Pepe Yunes Zorrilla el rol de puente, de canal de
emergencia entre el gobierno duartista y el gobierno federal. Lo hace como si
cuidara ya las finanzas y comenzara a reparar el deterioro del estado al que
aspira a gobernar. Pepe Yunes le dice a Javier Duarte lo que ya ha expresado en
público: que aplique un plan emergente, que corrija el déficit mensual de 900
millones, que pague a proveedores, que cese el derroche y la vida de oropel. Le
faltó decir que deje de desviar recursos, que deje de financiar campañas
priístas, que deje de hacer negocios, vía familiares, con el dinero de Veracruz.
Indigno momento para el gordobés. Su principal enemigo, el senador que se niega
a pactar a cambio de impunidad para la pandilla duartista, le viene a decir cómo
sanear las finanzas de Veracruz, de sobra, pues, el doctorado en economía que
dice Javier Duarte que cursó en la Complutense de Madrid. Atrae Pepe Yunes al
gobernador y lo ridiculiza. No son 42 mil millones la deuda de Veracruz, como
afirma Javier Duarte. Súmele IPE, IMSS, pasivos con constructores y proveedores,
bursatilización, quizá los 80 mil millones de los que habla el diputado panista
Juan Bueno Torio. O sea, Javier Duarte es un mentiroso. Y lo viene a exhibir
Pepe Yunes. ¿Y Héctor Yunes? Ah, sí, en Estados Unidos increpando a Donald Trump
y su racismo... Pepenador de votos, se monta Marcelo Montiel en el reparto de
pantallas de televisión a beneficiarios de programas sociales para reactivar su
desvencijada estructura electoral. Convoca a miles, la militancia de Sedesol, a
Ciudad Olmeca, en el poniente de Coatzacoalcos. Ahí asigna la pandilla
marcelista, el joaquinismo y anexas, los aparatos con que sustituirán los
televisores que dejarán de servir una vez que ocurra el apagón analógico. De
entrada es una aberración. Cuando el peso se devalúa dramáticamente, cuando las
inversiones por la reforma energética no llegan, cuando los ingresos por
exportación de petróleo se desploman, cuando se avizora una crisis económica sin
precedente, el gobierno peñista destina recursos, personal, tiempo a repartir
pantallas. Así de jodido está México. Y Marcelo Montiel, delegado aún de la
Secretaría de Desarrollo Social federal en Veracruz, usa la repartición como
gancho y trampa para rescatar a los fans perdidos... ¿Quiénes son esos dos
personajes municipales que tiemblan cuando escuchan hablar de los Juegos
Parapanamericanos Toronto 2015? Ambos, un regidor y un funcionario, se negaron a
apoyar al joven Jesús Alí Cortés Román, competidor veracruzano. Le cerraban la
puerta, lo bateaban. Le llegaron a ofrecer 600 pesos, un insulto, que no fueron
aceptados por la familia del competidor. Cuando trascendió la canallada, por
arte de magia aparecieron los recursos, 5 mil pesos. Jesús Alí vendió su laptop
para sufragar los gastos de viaje al DF. Su mamá ha gestionado ingresar al
programa Prospera, pero le han negado ese beneficio. Bastó un regaño, una vez
que el caso se conoció públicamente, y el dinero llegó a las manos de Jesús Alí.
Así de miserables, ambos dos, como dirían en mi pueblo...
INFORME ROJO
Mussio Cárdenas Arellano
Rubén
Espinosa, Segob y las amenazas en Veracruz
* Respuesta
a los 500 intelectuales y artistas * Dos semanas antes de la ejecución, Segob
alertó * ¿Omisión de la Fiscalía, CEDH y CEAPP? * Salvador Abreu y los poderes
apócrifos * Los Vidal se inconforman * ¿Qué hay en los terrenos de Grupo
Ortiz? * Abisac y Marissa, dos casos * El marcelismo puede esperar.
20 de agosto de
2015
Más jodido no
podía estar. Humillado, requerido judicialmente, escucha Javier Duarte, pasmado,
que la Secretaría de Gobernación buscaba a Rubén Espinosa en el DF para
protegerlo por las amenazas recibidas en Veracruz.
Segob alertó a
la Fiscalía de Veracruz, a la Comisión Estatal de Derechos Humanos, a las
organizaciones que presuntamente defienden a los periodistas. Les pedía que
contactaran con el fotoperiodista, que se acercaran y que ayudaran a
incorporarlo al mecanismo de protección a comunicadores.
Sabía, pues, el
aparato duartista que el gobierno federal tenía en sus registros a un periodista
de nombre Rubén Manuel Espinosa Becerril, cuyo exilio se precipitó por las
amenazas, el hostigamiento, el asedio, el espionaje, la vigilancia cuerpo a
cuerpo a manos de los esbirros del gobernador de Veracruz.
Y lo supo dos
semanas antes que al fotoperiodista, colaborador de Proceso y Cuartoscuro, de la
agencia AVC, lo ejecutaran en un departamento, el 401 del edificio marcado con
el número 1909 de Luz Saviñón, en la colonia Narvarte, del DF, la tarde del 31
de julio.
Con Rubén
Espinosa murió la antropóloga, activista social y productora cultural, Nadia
Vera Pérez; la maquillista Yesenia Quiroz Alfaro; la colombiana Milena Virgina
Martín, identificada inicialmente como “Nicole” o “Simone”, y la empleada
doméstica Alejandra Negrete Avilés.
Da así un
vuelco el crimen de la Narvarte, con una revelación insólita, fuera del guión
que había tejido el gobierno de Miguel Ángel Mancera Espinosa, el fabricante de
culpables desde que era procurador en el DF.
Mancera, su
procurador Rodolfo Ríos Garza y todo el aparato judicial, centraron el caso en
las hipótesis del robo y la droga. Filtran información a medios de comunicación
afines, sembrando de minas el caso, así sea violando la secrecía ministerial,
soltando detalles y generando corrientes de opinión cuyo propósito ha sido
criminalizar a las víctimas, propiciar que se diga que tenían malas compañías,
que eran drogadictos y prostitutas, y que si fueron asesinados, se lo merecían.
Así se conducía
la Procuraduría capitalina, sin atender la hipótesis de que a Rubén Espinosa lo
hubieran asesinado por su trabajo periodístico, por las fotografías en que
revelaba la brutalidad policíaca contra movimientos sociales, la represión
contra manifestantes, el caso de los ocho alumnos de la Universidad Veracruzana,
agredidos a mansalva por un grupo parapolicíaco, presuntamente al servicio del
secretario de Seguridad pública, Arturo Bermúdez Zurita, que los tundió a golpes
con bates de beisbol, palos con clavos, machetes y armas largas, la madrugada
del 5 de junio.
En el haber
periodístico de Rubén Espinosa se hallaba aquella otra madrugada, la del 13 de
septiembre de 2013, cuando un grupo policíaco desalojó la Plaza Lerdo, frente al
palacio de gobierno, en Xalapa, a punta de macanazos, golpe de escudo, bastones
eléctricos, balas de goma y armas. Echaba de ahí a maestros y defensores de
derechos humanos que protestaban contra la reforma educativa. Los largaba para
permitir que dos días después Javier Duarte diera el Grito de Independencia.
Reprimir para consumar la gesta cívica.
Nada de eso
atendía la Procuraduría mancerista. Repetía que no se descartaba ninguna línea
de investigación. Pero en los hechos, y en sus actuaciones judiciales, y en el
expediente, ni remotamente se seguía la pista de la ejecución por el trabajo
profesional de Rubén Espinosa y, por supuesto, menos las amenazas que lo
hicieron huir de Javier Duarte.
Apenas y
atendía Mancera la protesta de periodistas, intelectuales, artistas, defensores
de derechos humanos, ciudadanos colombianos que exigían que no estigmatizara a
Mile Virginia Martín, de quien la Procuraduría del DF filtraba que era
narcomenudista y que fue el objetivo de los sicarios, previa violación,
estrangulamiento y finalmente el tiro de gracia.
Varió la
indiferencia cuando 500 intelectuales, periodistas y artistas, directivos del
PEN Internacional, una de las agrupaciones más influyentes a nivel mundial,
instaron al presidente Enrique Peña Nieto a centrar a investigar las amenazas a
Rubén Espinosa.
A eso siguió el
editorial de New York Times que pidió a Peña Nieto “repudiar” las advertencias
que hacía Javier Duarte a los periodistas, cuando dijo “Pórtense bien” y llamó a
los comunicadores “manzanas podridas”.
Respondió Peña
Nieto. Lo hizo a través del subsecretario Roberto Campa Cifrián, quien dijo que
los delitos contra los periodistas constituyen atentados contra las libertades
de toda la sociedad.
Mal para Javier
Duarte. Pero le iría peor.
Revela ahora la
Segob que dos semanas antes de la ejecución de Rubén Espinosa había establecido
comunicación con la Fiscalía de Veracruz, la Comisión Estatal de Derechos
Humanos, organizaciones defensoras de los periodistas, a las que les pidió
acercaran al fotoperiodista con la intención de que se acogiera a los mecanismos
de protección.
Campa lo
refirió así en entrevista con Milenio Televisión:
“Se estableció
comunicación de inmediato con las instancias locales, con la Procuraduría de
Veracruz, con la oficina de Derechos Humanos de Veracruz, con las instancias
federales, y también establecimos comunicación con las organizaciones defensoras
de periodistas para advertir que habíamos encontrado esta situación y para
pedirles que se acercaran al periodista para que se incorporase al mecanismo”.
Eso ocurrió dos
semanas antes. No hubo resultados. El 31 de julio, Rubén, Nadia, Yesenia, Mile
Virginia y Alejandra fueron asesinados en la Narvarte. Según la hipótesis de la
Procuraduría del DF, los mataron tres individuos que perpetraron un robo.
Extraño robo pues dejaron teléfonos celulares, computadoras y hasta la tarjeta
de circulación del vehículo en el que huyeron.
La versión es
descabellada. Y peor: según la Procuraduría, los tres rateros eran novios de
Mile Virginia y Yesenia. Ello, malabaristas y viene viene. Ellas prostitutas.
Novios que según el único detenido, pagaron por tener sexo con ellas. ¿O sea?
Campa agregó:
“(Las
organizaciones) nos dijeron que lo estarían buscando (a Rubén Espinosa) para
tenerlo en el mecanismo y desafortunadamente sucedieron estos hechos”.
Si algo andaba
mal, ahora está peor. Que se sepa, nadie buscó a Rubén Espinosa. Oficialmente no
ha habido una postura, ni de la Fiscalía General, ni de la CEDH, ni de la
Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas. Hubo omisión.
De ahí que sean
citados como parte de la investigación, Javier Duarte; el secretario de
Seguridad, Arturo Bermúdez Zurita; el presidente de la CEDH, Fernando Perera
Escamilla, y la presidenta de la CEAPP, Benita González Morales.
No se sabe si
movieron un dedo por Rubén Espinosa. Todo indica que no. Fue omisión y hoy el
fotoperiodista está muerto.
Grave
predicamento para Javier Duarte, para su pandilla, para la CEAPP. Si hubieran
actuado, si hubieran tenido un mínimo sentido de humanidad, el crimen de Rubén
Espinosa se habría evitado.
Tendrán que
acreditar a quién recurrieron, qué familiares, amigos o compañeros de trabajo
fueron consultados para conocer el paradero del fotoperiodista y qué respondió
Rubén Espinosa a la intensión de Segob de incorporarlo al mecanismo de
protección.
Ha servido la
presión internacional. PEN Internacional, PEN America Center, los 500
intelectuales, periodistas y artistas, el New York Times, dimensionaron el
crimen y obligaron al presidente a no ser cómplice pasivo del gobernador de
Veracruz, a repudiar las advertencias de Javier Duarte.
Si se trata de
salvar el pellejo, Enrique Peña Nieto salva el suyo, no el de Javier Duarte.
Mancera puede
seguir con la pista del robo y la droga. Ahora se sabe que la pista de las
amenazas apunta a Veracruz. Y que es la más sólida.
Vuelco insólito
que tiene a Javier Duarte a un paso de la renuncia.
Más jodido no
podía estar. Lo humillaron. Lo hicieron declarar, así haya sido pactado, una
farsa, pero lo requirieron judicialmente. Y luego la respuesta peñista a los 500
intelectuales, la presión mundial, en que categoriza los crímenes contra los
periodistas como atentados contra las libertades de todos los mexicanos.
Faltaba algo.
Revela Segob que pidió a dependencias del duartismo localizar a Rubén Espinosa.
Nadie reportó nada. Quizá ni lo buscaron. Hoy está muerto.
Dos semanas
pasivo el duartismo. Los sorprende el crimen. Y tres semanas después se acogen
al silencio, callan, suponiendo que nadie diría nada. Error. Segob le imprime
otro cariz al asesinato del fotoperiodista: omisión fatal.
Estaba mal
Javier Duarte; ahora está peor.
Archivo muerto
Su nombre,
Salvador Abreu Herrera. Detentó poderes notariales, realizó operaciones
inmobiliarias, concretó venta de tierras. Don Salvador Abreu, administrador de
la Cruz Roja de Coatzacoalcos, amigo de muchos, la sonrisa para todos, paseaba
por los juzgados y por el Registro Público de la Propiedad. Concretó operaciones
diversas sobre tierras que fueron de Mario Vidal Rivera. Sus herederos, vía la
apoderada legal, Irasema Marinka Vidal Aguirre, sostienen que el poder de
Salvador Abreu fue y es apócrifo. “Nunca se le otorgó poder de ningún tipo, ni
por mi señor padre Mario Vidal Rivera, como de mi señora madre, Rosa Aguirre
Marinque”. Corresponde el comentario a un oficio cursado al Registro Público de
la Propiedad de Veracruz por haber falseado información a un juez federal en
torno al estado que guardan los inmuebles propiedad de la familia Vidal. Caso
explosivo porque los desarrollos inmobiliarios cercanos a la Universidad
Veracruzana carecen de sustento jurídico, gracias a los trafiques de notarios,
empresarios vivales, funcionarios corruptos y jueces sin escrúpulos. Salvador
Abreu, quien detentara poderes notariales con el que concretó una operación de
más de 10 hectáreas, era el administrador de Suites Mohill, entonces propiedad
de los notarios Juan Hillman Jiménez y Francisco Montes de Oca López... ¿Qué hay
en los terrenos propiedad de Grupo Ortiz, calle y área verde incluida? Cuentan
los vecinos de la colonia Ampliación López Mateos, en la entrada a
Coatzacoalcos, que infinidad de chatarra, retazos de lo que algún día fueron
tráilers, torton, camiones de rediles, todo lo que circula por las carreteras y
autopistas del sur del país. ¿Cómo llegaron ahí? Ese es el misterio... Una
incapacidad médica le permite a Abisac Sosa no asistir al DIF de Coatzacoalcos.
Y qué bien. Su condición física no se lo permite. Ahí realiza tareas de prensa y
nutre de información al sistema de comunicación del ayuntamiento joaquinista. En
lo político, sin embargo, tiene claro, definido y sin una duda, su lealtad al
marcelismo. Se le vio en Xalapa, el miércoles 12, en el Teatro del Estado,
atestiguando la toma de posesión de Víctor Rodríguez Gallegos como nuevo líder
del Movimiento Territorial del PRI en Veracruz. Así, incapacitada y todo, Abisac
Sosa fue a cumplir con su obligación política. En tropel acudía el marcelismo a
la entronización, con aires de imposición, del operador más cercano a Marcelo
Montiel, su dueño. Fueron muchos, no así la subdirectora de Comunicación Social,
Marissa Cabrera Férez, cuya presencia nadie habría extrañado ni añorado pues esa
oficina camina sola, cada quien en lo suyo. Abisac tiene bien puesta la camiseta
de su equipo político; Marissa ni idea tiene de qué es eso...
INFORME ROJO
Mussio Cárdenas Arellano
Javier Duarte y el crimen organizado, añeja complicidad
* Yunes Linares acusa al gobernador * Le dieron millones de dólares y los
deja operar, afirma * Pedirá comisionado federal para Veracruz * Lavador de
Zetas que financió campaña de Duarte * Benita, Namiko y el caso Rubén * La CEAPP,
tapadera del gober * Marcelo y la SIOP * Diezmos, autos y viajes de placer.
19 de agosto de 2015
Funesto retrato, perfil de un cómplice. Es Javier Duarte inmóvil, tolerante,
más que omiso, más que ajeno a la realidad. Calla y no actúa cuando la violencia
devora a Veracruz, cuando el crimen de Rubén Espinosa le atrae el repudio, el
juicio internacional.
Construye ese retrato su enemigo frontal, el cáustico Miguel Ángel Yunes
Linares, cuyo conflicto viene por herencia fidelista. Lo describe solapador,
implicado con la delincuencia, añeja la complicidad.
A Yunes Linares sólo lo aguanta Yunes Linares. Y ese día, lunes 17, peor.
Había afianzado Ricardo Anaya su triunfo en la contienda interna de Partido
Acción Nacional, en una elección en que pulverizó al senador Javier Corral,
frustrado convocante a la “rebelión de las bases”.
Yunes, operador de Anaya en Veracruz, como antes lo fue de Gustavo Madero, el
presidente nacional saliente, sentía amarrada así la candidatura a la
minigubernatura de dos años en el 2016.
Horas después del triunfo anayista, preconizaba el diputado federal electo:
“Frente a la violencia que azota a Veracruz, Duarte guarda silencio por
complicidad. Por eso no se atreve a actuar. Por eso no cambia a Bermúdez
(Arturo, secretario de Seguridad Pública) y no toma decisiones de fondo; ni han
detenido, ni detendrán a nadie porque son cómplices de la delincuencia
organizada”.
Y reiteraba:
“Lo digo con todas sus consecuencias y toda responsabilidad: Duarte y su
pandilla son cómplices de la delincuencia organizada y por eso los dejan operar
libremente en Veracruz y esa complicidad viene desde hace mucho tiempo”.
Su discurso sacudía a las estructuras del duartismo, conscientes todas que
Yunes Linares podrá ser un paranoico de la palabra, un enemigo irreconciliable,
un vesánico con sed de venganza y obsesión por llevar a prisión al gordobés y al
padrino del gordobés, Fidel herrera Beltrán, pero lo que a todos les queda claro
es que, cierto, irrefutable, Javier Duarte ni hace ni dejar hacer contra la
delincuencia organizada.
Decía Miguel Ángel Yunes que el Veracruz duartista es un Veracruz donde la
violencia crece sin control, donde la muerte ronda, donde la sangre corre a lo
largo de la geografía del estado y donde de esa sangre están manchadas las manos
del gobernador.
Duros, los datos del INEGI reflejan esa realidad: en el primer años de
gobierno de Javier Duarte los homicidios se incrementaron en más del 100%, al
pasar de 461 en 2010 a 1,000 en 2011, y las cifras preliminares de 2014 indican
que ese año se cometieron casi mil 500 homicidios en Veracruz, más de 4 por día.
“Por esa razón —planteó—, según cifras del propio INEGI, el 70% de los
veracruzanos se sienten inseguros y han cambiado su forma de vida y sus rutinas
para evitar ser víctimas de los delincuentes”.
Abordó la masacre de la Narvarte, en el DF, el múltiple homicidio en que
fueron ejecutados, el 31 de julio, el fotoperiodista Rubén Espinosa Becerril,
fotógrafo de la agencia AVC y colaborador de Proceso y Cuartoscuro; la activista
Nadia Vera Pérez, antropóloga y productora cultural; la maquillista Yesenia
Quiroz Alfaro; la colombiana Milena Virginia Martín, y la empleada doméstica,
Alejandra Negrete, quien cubría apenas su segundo día de trabajo.
Criminalizados, filtrada la información de que ambos —Rubén y Nadia—
consumían drogas, inhibida la pista que guía hacia Veracruz, las amenazas y el
hostigamiento que sufrían, perseguidos por la policía de Javier Duarte, decidida
la Procuraduría del Distrito Federal a atribuir el multihomicidio a un robo y a
una vendetta entre bandas dedicadas al tráfico de drogas, Yunes Linares se mofa
de la versión de que las víctimas son culpables de andar con malas compañías.
“Que mala memoria tienen Duarte y su pandilla —decía—. Hay que recordarles
que quienes han convivido con individuos vinculados con la delincuencia
organizada son ellos: uno de sus financieros de campaña hoy está sentenciado a
20 años de prisión en Estados Unidos por delitos vinculados al tráfico de
drogas”.
Alude a Francisco “Pancho” Colorado Cessa, dueño de la empresa ADT
Petroservicios, quien fue procesado por vínculos con Los Zetas, por admitir que
compraba caballos de carreras para lavar dinero. Fue sentenciado a 20 años de
prisión. Apeló y el juicio inició de nuevo.
Con Pancho Colorado se ve a Fidel Herrera en una cabalgata en Ozuluama, al
norte de Veracruz, el 27 de mayo de 2006, trepados ambos en caballos de fina
estampa, irrefutable la fotografía que apareciera en la primera del periódico
Reforma. “Espléndidos”, dijo el ex gobernador cuando le preguntaron sobre los
equinos del lavador.
Diría luego el sultán del Golfo que de Pancho Colorado ni recibió los
afamados pura sangre, ni los montó en aquella cabalgata. O sea, todos lo vieron,
existen fotografías publicadas y él responde que no es lo que parece.
Incuestionables también los 22 contratos que su gobierno otorgó a ADT
Petroservicios y las casi 7 hectáreas en la reserva territorial de Coatzacoalcos
que le vendió a precio a precio de ganga, y que luego, estando en prisión Pancho
Colorado, regresaron al gobierno de Veracruz para evitar que en un embargo se
perdieran. ¿De quién eran las tierras: de Fidel o del lavador de Los Zetas?
Yunes Linares también ha sido señalado de vínculos con Pancho Colorado, vía
el portal Reporte Índigo, que afirmó que hasta un avión le rentó al empresario
para transportar a la ex candidata presidencial, Josefina Vázquez Mota.
Yunes se trabó en una disputa pública con Reporte Índigo, acusándolo de ser
usado por la mano de la fidelidad y de Javier Duarte y de atribuirle nexos y
operaciones que no puede probar. “Publican infamias”, dijo a la periodista
Carmen Aristegui.
Su descripción del Veracruz violento, se explica en la tolerancia y
complicidad institucional de un gobierno que solapa a la delincuencia.
“Hay un pacto, ellos los dejaron operar en Veracruz a cambio de muchos
millones de dólares y hoy no pueden echarse para atrás”, dice filoso Yunes.
Avizora el diputado electo una tormenta en el Congreso federal. Ahí propondrá
la integración de la comisión especial que investigue los vínculos “entre Javier
Duarte y la delincuencia organizada”.
Yunes quiere incendiar al duartismo. Plantea solicitar, vía punto de acuerdo,
que el presidente Enrique Peña Nieto designe un comisionado federal que se haga
cargo de la seguridad pública en Veracruz.
Quiere, pues, un gobernador alterno, al estilo Michoacán, suplantando al
gobernador en funciones, como le ocurrió a Fausto Vallejo, deshecho
políticamente por el nivel de penetración del narcotráfico en su gobierno y en
diversas esferas de la sociedad.
“Sólo así podrá romperse el vínculo perverso entre Gobierno del Estado y la
delincuencia organizada”, precisó Yunes Linares.
Vapulea al gobernador de Veracruz cuando la presión internacional sobre el
caso Rubén Espinosa sacude las estructuras duartistas, señaladas de hostigar y
amenazar al fotoperiodista.
Describe a un gobernador omiso, que permitió la operación del crimen
organizado en Veracruz, señalado de haber financiado su campaña con recursos del
narco, con un empresario, Pancho Colorado, que admitió haber suministrado
recursos a Fidel Herrera y luego a Javier Duarte, que provenían del crimen
organizado.
Lío grande el que le arma Yunes Linares a Javier Duarte. Lo toma en el
momento crucial, debilitado políticamente, avasallado mediáticamente, repudiado
dentro y fuera del PRI, mal visto en Los Pinos.
Añeja complicidad con el crimen, le dice.
Archivo muerto
Ni falta hacía su testimonio. Benita y Namiko dirán que Rubén Espinosa no se
acogió a la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas,
que lo buscaron pero rechazó el cobijo. Benita González para eso está. Preside
la CEAPP con más penumbra que destellos, alardeando apoyo al gremio, a los
compañeros en riesgo o enviándoles que si los 100, que si los 200, que si los
500 pesos para medicamentos. Y no es que sea marra; es que el presupuesto se va
en la super nómina y en cursos, conferencias y charlas que, por lo que se ve, no
sirven para un carajo. Nunca se le verá fijando la posición crítica de la CEAPP.
Nunca condenará el régimen de agresión, insidia, hostigamiento, represión,
violencia, que distingue al fascistoide duartismo. De Benita González no vendrá
un juicio crítico, contundente, medianamente moral, en torno al ambiente de
hostilidad generado por Javier Duarte contra la prensa veracruzana, provocado e
inducido en todas las esferas de gobierno, contra la prensa libre, contra ese
sector de los periodistas a los que no pueden comprar con convenios de
publicidad, chayos y embutes, viajes, viejas o viejos, programitas de
pseudoayuda social. ¿Sirve de algo que se duela Benita de las agresiones y
persecución contra compañeros periodistas, sin identificar al autor de la
villanía, al solapador de la violencia, al Javier Duarte que pasará a la
historia por los 14 crímenes de comunicadores cometidos en su gestión? Namiko
Matsumoto es igual o peor. Es la verdadera dueña de la CEAPP, la que maniobra,
la que medra y lucra con un organismo que sirve de tapadera del gobernador
Javier Duarte y su pandilla. Su CEAPP fue creada para simular que Javier Duarte
siente preocupación por el gremio de prensa. Es maquillaje y farsa. Benita y
Namiko son extras en la parodia. Su testimonio ante la Procuraduría del DF en
torno al crimen del fotoperiodista Rubén Espinosa, es irrelevante, solo para ir
acreditando que en la ejecución de la Narvarte no tiene que ver el desgobernador
de Veracruz... Con Buganza o sin él, con Tomás Ruiz o sin él, la pandilla
marcelista maniobra y controla el contratismo en la Secretaría de
Infraestructura y Obras Públicas del gobierno de Veracruz. Su alfil es Miguel
Ángel Trujillo, director de Obras Públicas del Estado, sobre quien pesan quejas
y denuncias, reclamos y advertencias de constructores que por un contrato
tuvieron que aportar recursos, automóviles o viajes de placer. Dice un detallado
informe: de la oficina de Trujillo sale la instrucción, remarcando que el
beneficiario sería el subsecretario Caleb Navarro Kloss. En un principio, el
avance de obra era aprobado. Luego venía el apriete. Dice el informe elaborado
por un constructor, que el operador del negocio es Miguel Ángel Trujillo. Su
tarea es objetar la obra, apretar al contratista, vía los supervisores, y
exprimirlo. Navarro Kloss feliz mientras el negoció marchó. Ocurrió, pues, que
donde hay dos diablos, sobra uno. Caleb Navarro no volvió a ver un peso partido
por la mitad. Ha pataleado, se ha quejado, ha despotricado, pero legalmente no
puede hacer más. A menos que esté consciente que si cae Trujillo, cae él, y que
si incrimina al marcelista, se incrimina él. Se suponía que Marcelo Montiel es
un apestado en el gobierno duartista, reñido a muerte con Javier Duarte. Se
suponía, pero en los hechos, controla la obra pública de la SIOP y los diezmos
que de ella emanen...
INFORME ROJO
Mussio Cárdenas Arellano
Caso Rubén Espinosa: ahora el New York Times
* Insta el rotativo a Peña Nieto a repudiar advertencias de Javier Duarte
* El robo que no parece robo * El sospechoso denuncia tortura * Se patina el
alcalde * Yunes Linares amarra candidatura * Guillotina a theurelistas *
González, Hillman, Ramón, González Anaya y Abreu, en mega fraude con tierras.
18 de agosto de 2015
Fama, la de Javier Duarte. Nada más 14 periodistas asesinados en su gobierno,
asedio, amenazas, persecución. Por ello, 500 figuras de corte internacional que
lo increpan. Y ahora el New York Times le dedica un editorial de repudio al
crimen del fotorreportero Rubén Espinosa Becerril.
Toca al gobernador de Veracruz y a su patrón, el presidente Enrique Peña
Nieto, señalado de omiso, de no hacer “lo suficiente para proteger a los
periodistas y combatir esta cultura de la impunidad”.
Rudo el editorial del periódico más influyente a nivel mundial, cita la
expresión que proyectó a Javier Duarte: “Pórtense bien” como un “Compórtense”, y
el demencial “Vamos a sacudir el árbol y se van a caer muchas manzanas
podridas”.
Al mes de la advertencia, fue ejecutado Rubén Espinosa, confinado al exilio,
tras una serie de amagos, tras la vigilancia a que era sometido, a las amenazas
que le proferían, a la represión que vivió en el desalojo de Plaza Lerdo, a la
presión demoledora por haber captado las imágenes de los ocho alumnos de la
Universidad Veracruzana, agredidos por un grupo parapolicíaco, presuntamente
adiestrado, criminalmente adiestrado, en las instalaciones de la Academia El
Lencero.
New York Times identifica la maltrecha gestión de Javier Duarte y su fobia a
la prensa crítica y sitúa a Peña Nieto como el presidente que no actúa, que
permite y solapa el grado de indefensión en que se conduce el periodismo libre
en Veracruz.
Su titular es contundente: “El asesinato de la prensa libre en México”. Y al
presidente de México lo insta a repudiar las advertencias de Javier Duarte.
Del gobernador de Veracruz dice:
“Desde que el Sr. Duarte asumió el cargo en 2010, la intimidación y los
crímenes contra periodistas en Veracruz se han disparado, según defensores de la
libertad de prensa. Catorce han muerto y al menos tres han desaparecido. En la
mayoría de los casos, las autoridades locales han tratado de restar importancia
a la idea, de que los periodistas fueron asesinados para silenciarlos.
A Peña Nieto lo conmina:
“Poner fin a estos ataques a la prensa requiere una acción contundente por el
Sr. Peña Nieto. Él debe repudiar la advertencia del Sr. Duarte —los dos hombres
pertenecen al mismo partido—. Y más allá de investigar y perseguir los delitos
del pasado, él y los funcionarios locales deben tomar medidas concretas para
proteger a los periodistas que arriesgan sus vidas haciendo su trabajo…”
El editorial de New York Times es el siguiente:
“Un mes antes de que el fotoperiodista mexicano Rubén Espinosa fuera
asesinado en la ciudad de México a finales de julio, el gobernador de Veracruz,
la provincia de donde el señor Espinosa había huido temiendo por su vida, dio a
otros periodistas una advertencia.
“ ‘Compórtense’ (‘Pórtense bien’), urgió el gobernador de Veracruz, Javier
Duarte, a los reporteros. ‘Vamos a sacudir el árbol y se van a caer muchas
manzanas podridas’.
“El Sr. Duarte dijo que su advertencia estaba destinada a disuadir a los
periodistas que simpatizan con los narcotraficantes y otros criminales. Sin
embargo, muchos periodistas mexicanos comprensiblemente lo vieron como una
amenaza, a los que realizan la cobertura crítica de los funcionarios locales.
“Desde 2010, al menos 41 periodistas han sido asesinados en México.
Aproximadamente 20 han desaparecido. Periodistas mexicanos están asediados por
poderosas organizaciones criminales y en algunos casos, por parte de
funcionarios del gobierno que no quieren que sus fechorías sean expuestas. La
mayoría de los casos permanecen sin resolver, dejando a los periodistas en
muchas partes del país, con una terrible elección: se autocensuran o son
silenciados por una bala.
“El gobierno del presidente Enrique Peña Nieto no ha hecho lo suficiente para
proteger a los periodistas o combatir esta cultura de la impunidad.
“ ‘Un atentado contra la vida de un periodista, es un ataque al derecho de la
sociedad a ser informada’, escribió un grupo de destacados periodistas y
defensores de la prensa en una carta al Sr. Peña Nieto, expresando su
indignación por el último asesinato.
“Exigieron a su gobierno llevar a cabo una investigación creíble sobre el
asesinato del Sr. Espinosa, reportero gráfico de 31 años de edad, y examinar la
participación de funcionarios locales que pueden haber sido cómplices en el
asesinato de reporteros.
“Los crímenes contra periodistas no son los únicos que habitualmente quedan
impunes en México. El Sistema de justicia penal del país es notoriamente débil,
susceptible a la intromisión política y la corrupción. Esto es más grave en las
partes del país sacudidas por la violencia alimentada por el narcotráfico. Las
autoridades estaban profundamente avergonzadas el mes pasado, cuando más alto
prisionero con perfil del país, el narcotraficante Joaquín Guzmán Loera, escapó
de la cárcel por segunda vez.
“El Sr. Espinosa dejó Veracruz, un estado costero del sureste, poco después
de que fotografió activistas de estudiantes que fueron golpeados por hombres
enmascarados. Cuando llegó a la ciudad de México, dijo a sus amigos que se
sentía inseguro, porque extraños le habían preguntado si él era el fotógrafo que
había huido de Veracruz.
“El Sr. Espinosa recibió un disparo en el apartamento de un amigo el 31 de
julio, junto con cuatro mujeres. Los fiscales detuvieron a un sospechoso y han
tratado de retratar el crimen como un robo, pero muchos mexicanos encuentran
esta decisión dudosa.
“Desde que el Sr. Duarte asumió el cargo en 2010, la intimidación y los
crímenes contra periodistas en Veracruz se han disparado, según defensores de la
libertad de prensa. Catorce han muerto y al menos tres han desaparecido. En la
mayoría de los casos, las autoridades locales han tratado de restar importancia
a la idea, de que los periodistas fueron asesinados para silenciarlos.
“Poner fin a estos ataques a la prensa requiere una acción contundente por el
Sr. Peña Nieto. Él debe repudiar la advertencia del Sr. Duarte —los dos hombres
pertenecen al mismo partido—. Y más allá de investigar y perseguir los delitos
del pasado, él y los funcionarios locales deben tomar medidas concretas para
proteger a los periodistas que arriesgan sus vidas haciendo su trabajo…”
Ya no es el problema de Javier Duarte. Le endosa el crimen de Rubén Espinosa
a Peña Nieto, exhibido como un presidente omiso que “no ha hecho lo suficiente
para proteger a los periodistas” o “para combatir esta cultura de la impunidad”.
Alguien no se porta bien. Es Javier Duarte. No se porta bien cuando su
policía asedia, golpea, reprime, insulta, encarcela, tortura, agrede, en una
dinámica de hostigamiento a la prensa, actuando con alevosía, usando la fuerza
desmedida, el tolete y el bastón eléctrico.
Así debieran portarse con los malosos. Pero no. Con ellos se entienden.
Recibe metralla Peña Nieto. Se la debe a Javier Duarte.
New York Times conmina al presidente: que repudie las advertencias de Javier
Duarte. Con eso basta.
Archivo muerto
Vaya robo. Huye Rubén Espinosa Becerril de Javier Duarte, de su policía, del
espionaje, del hostigamiento, de la amenaza. Huye de Veracruz. Siete semanas
después es ejecutado en un departamento de la colonia Narvarte, en la capital
del país, junto con la activista social Nadia Vera y tres mujeres más. Y dice la
Procuraduría del DF que el móvil es el robo. Y si no, un pleito entre bandas
dedicadas al tráfico de drogas. Pero el robo, como lo plantean, es inverosímil.
Dice el último reportaje de Proceso, medio en el cual colaboraba Rubén Espinosa:
“En el departamento se quedaron al menos tres computadoras y dos teléfonos
celulares. Tampoco tomaron las televisiones que había en dos cuartos ni la ropa,
calzado y perfumes costosos en el cuarto de Milena (Virginia Martín, de
nacionalidad colombiana) y Yesenia (Quiroz Alfaro), como se reportó en el
informe de “modus vivendi” que hizo la Policía de Investigación en el lugar. Es
más, ni siquiera se llevaron la tarjeta de circulación del Mustang rojo,
presuntamente propiedad de Milena, que Yesenia traía en su bolsa de mano. El
auto fue localizado tres días después de la masacre en calles de la delegación
Coyoacán, aparentemente bien estacionado y sin señas de desvalijamiento”. ¿Robo
o ganas de evadir la pista que conduce al palacio de gobierno de Veracruz? Hay
más: el único detenido, Daniel Pacheco Gutiérrez, acusa tortura. “Comenzaron a
golpearme para introducirme a un auto que llegó; me subieron a golpes,
aplicándome la llave china. Me decían palabras obscenas, que me estaban
esperando los colombianos, que no me hiciera pendejo, que ya sabían todo. Uno de
ellos me presionó el cuello y perdí el conocimiento por unos segundos. Reaccioné
a base de golpes. Me amenazaron de que si nos los ayudaba irían por mi familia”.
Analiza la Comisión de Derechos Humanos del DF su caso. Aplican el Protocolo de
Estambul para determinar si dice la verdad. Y de ser así, el caso se caería por
faltas al debido proceso... Lanza el dardo Miguel Ángel Yunes Linares. Veracruz
tiene una pandilla, la de Javier Duarte, y está coludida con el crimen
organizado, habla con los malosos, se entiende con los malosos, le sirve a los
malosos. Arremete el panista contra lo que queda de Javier Duarte, ufano del
triunfo de Ricardo Anaya en la elección interna del PAN, a quien le operó votos
y con quien amarra la candidatura a la gubernatura de dos años en 2016. “Frente
a la violencia que azota a Veracruz —dice Yunes Linares—, Duarte guarda silencio
por complicidad, por eso no se atreve a actuar, por eso no cambia a Bermúdez y
no toman decisiones de fondo; ni han detenido, ni detendrán a nadie porque son
cómplices de la delincuencia organizada”. Y asesta el golpe: “Lo digo con todas
sus consecuencias y toda responsabilidad: Duarte y su pandilla son cómplices de
la delincuencia organizada y por eso los dejan operar libremente en Veracruz y
esa complicidad viene desde hace mucho tiempo”. Hay más en un discurso de Yunes
azul que describe la vulnerabilidad del gobernador de Veracruz y el estado de
miseria política, corrupción y complicidad con el crimen organizado. El pacto de
las pandillas, pues... Reversazo de vértigo, suicida, de efectos adversos, que
atrapa al alcalde Joaquín Caballero. A las 3 de la tarde del domingo 16,
difundía que no aplicaría el Reglamento de Tránsito estatal fundamentado en la
inquietud de la población por las infracciones demenciales y las multas
desproporcionadas. Daría vigencia al reglamento municipal, aprobado por el
cabildo en marzo pasado. “Una buena”, llegaron a expresar sus adversarios. Si
Coatzacoalcos lo hacía, si la segunda economía de Veracruz se negaba a aplicar
el ordenamiento estatal, cualquiera podría hacerlo. Y si uno de los
ayuntamientos priístas más sólidos desafía al gobernador, los demás también.
Pero seis horas después se acabó el valor o hubo arreglo. A las 9 de la noche
fue retirado el comunicado del sitio de internet del ayuntamiento. Pareciera un
apriete de tuercas. Pero hay algo más. En seis horas cambió la perspectiva.
Dicen los insiders de palacio que ahora sí fluirán las participaciones estatales
y las federales que tiene retenidas ilegalmente la Secretaría de Finanzas y
Planeación del gobierno duartista... Paga Marco César Theurel Cotero —“Te rompo
tu puta madre”— sus desplantes y sus locuras. Publicó aquella carta contra el
alcalde Joaquín Caballero Rosiñol, acusándolo de contraer deuda, como si él no
hubiera hecho lo mismo, de no realizar obra pública, de inflar la nómina, de
despedir personal y seguir teniendo una nómina carísima. Pues ya le llegó la
factura. Mary Mora, su ex directora de Egresos en su alcaldía, en vías de ser
cesada como auxiliar de la síndica Alejandra Theurel Cotero. Otros incrustados
por Theurel en la nómina tácitamente están en calidad de “aviadores”, asignados
al Partido Nueva Alianza. O sea, Marcos Theurel acusa a Caballero de despedir
personal y seguir teniendo una nómina muy elevada, y resulta que a esos
contribuyen los “aviadores” del ex alcalde de Coatzacoalcos. Por lo pronto,
guillotinazo joaquinista al theurelismo... No sólo es Sercel. Otra inmobiliaria,
JoJoJo, figura en el trafique de terrenos, ubicados entre la Universidad
Veracruzana y Pensiones del Estado, en Coatzacoalcos, consumando ventas de
manera irregular. De acuerdo con información procedente del Registro Público de
la Propiedad, el caso data de hace 30 años y se ha venido perfeccionando al paso
del tiempo. Se mencionan apellidos como González, Hillman, Ramón, González
Anaya, Hayek, Abreu, y hay desde inscripciones y notas marginales colocadas
ilegalmente hasta falsificación de poderes notariales. ¿Falsificación de poderes
notariales? Sí, tres. Y en el ajo están los fedatarios...
INFORME ROJO
Mussio Cárdenas Arellano
El crimen de Rubén Espinosa: presión internacional
* 500 personajes instan a Peña Nieto en carta abierta * “Investigar con
integridad” * Actuar contra funcionarios estatales y municipales * El Chochol
defiende a su verdugo * La verdad lo hará pedazos * Pepe Yunes ni se paró ni le
aplaudió a Duarte * Joaquín desafía al gober.
17 de agosto de 2015
Tronantes los aplausos, de qué le sirven a Javier Duarte cuando vienen de
vasallos, y de mozos, y de una corte de enanos. Truenan por un instante y se
apagan, ahogados por la voz de 500 figuras de excepción, algo así como la
conciencia internacional, que expresan su repudio al crimen de Rubén Espinosa.
Arma un show el gobernador. Lo rodea el priísmo. Acuden a él en acto menor,
la renovación del Movimiento Territorial del PRI en Veracruz, la tarde del
miércoles 12. Y escucha una defensa vacía, sin argumento, la pobreza mental del
líder tricolor, Alfredo Ferrari, que advierte y amenaza, que enfatiza que el
silencio no basta, que increpa a un enemigo al que no se atreve a identificar.
Le sigue el nuevo dirigente del MT, Víctor Rodríguez Gallegos, peón del
marcelismo, con una arenga menos provocadora. A quienes calumnian el PRI los
enfrentará... trabajando. Y ya.
Cumplen así los priístas con el ritual del engaño. Aclaman de pie a su líder
formal, el indeseado, el advenedizo, como lo catalogara con tino Héctor Yunes
Landa, en 2010, por robarle la candidatura a gobernador, siendo el gordobés un
desconocido en el PRI. Hoy, cosas del descaro y del cinismo, Yunes Landa es la
propuesta de Javier Duarte para el minigobierno de dos años a elegirse en 2016.
Simulan como maestros los priístas. Aplauden con rabia a su gobernador, aún
sabiendo que el advenedizo sólo ha servido para destruir las finanzas de
Veracruz, para hincarse ante el crimen organizado y para provocar el peor
período de corrupción y la más grave crisis de impunidad en la historia de
Veracruz.
Prolongan el aplauso para consumar el engaño. Luego se van. Allá Javier
Duarte con lo que ha de venir, el desenlace del multihomicidio, la masacre, la
ejecución en la Narvarte.
Tres días después, vuelve la tormenta. Ya no hay aplausos. Hay condena. Hay
repudio. Hay indignación. Hay sospecha.
Son 500 y son una voz que pesa. Hablan artistas, intelectuales, periodistas,
y todos expresan, no a Javier Duarte, sino al presidente Enrique Peña Nieto, la
urgente necesidad de esclarecer el crimen de Rubén Espinosa Becerril y Nadia
Vera, el fotoperiodista y la antropóloga y activista social que tuvieron que
irse de Veracruz, exiliados, seguidos, perseguidos y finalmente ejecutados,
junto con tres mujeres más.
Demoledora, la carta insta a Peña Nieto a “investigar con integridad”; que se
realice la investigación sin contemplaciones de los funcionarios estatales y
municipales que, en cada caso, se puedan haber visto involucrados”; cataloga el
crimen de Rubén Espinosa, colaborador de Proceso y Cuartoscuro, y fotógrafo de
AVC, como un “parteaguas”.
De Javier Duarte, los 500 intelectuales, artistas y periodistas dice:
“Los reporteros de Veracruz que reciben amenazas están convencidos de que
éstas provienen de funcionarios del gobierno del estado. Desde que el actual
gobernador, Javier Duarte, llegó al poder en 2010, las amenazas, los maltratos,
y los asesinatos de periodistas han alcanzado cifras sin precedente en Veracruz:
catorce han muerto de manera atroz, y tres han desaparecido. En cada uno de los
casos se ha desechado como línea de investigación judicial el ejercicio
profesional de las víctimas”.
Y agrega:
“Hasta ahora, 37 colegas de Rubén Espinosa han tenido que abandonar sus
trabajos, sus hogares y sus familias, y desplazarse a la Ciudad de México tras
recibir amenazas. Rubén Espinosa fue asesinado a las pocas semanas de su llegada
a la capital”.
Suscriben la carta 500 personajes, entre ellos Noam Chomsky, Salman Rushdie,
John Coetze, premio Nobel, Lydia Cacho, Denise Dresser, Sergio Aguayo, Juan
Villoro, los periodistas Carl Bernstein, Tom Brokaw, Jon Lee Anderson, Sandra
Cisneros, Margaret Atwood, los cineastas Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro y
el actor Gael García, entre otros.
Entre los firmantes se encuentran directivos del PEN American Center, del PEN
International, del English PEN: Kwame Anthony Appiah, Louis Begley, Ron Chernow,
Maureen Freely, Jo Glanville, Peter Godwin, Suzanne Nossel, Francine Prose, John
Ralston Saul y Andrew Solomon, así como Joel Simon, director ejecutivo del
Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), y Marian Botsford Fraser,
titular del Comité de Periodistas en Prisión.
El texto íntegro de la carta es el siguiente:
“Nosotros, periodistas, escritores, y artistas creativos de todo el mundo,
con el apoyo de PEN y el Comité de Protección a los Periodistas, vemos con
indignación los ataques contra los reporteros en México. Cuando se ataca a un
periodista se atenta contra el derecho a la información de la sociedad entera.
“El 31 de julio fue asesinado en Ciudad de México el fotoreportero Rubén
Espinosa, junto con una activista de derechos humanos, dos de sus compañeras de
piso y la empleada doméstica del lugar. Este crimen ha sido un parteaguas. La
Ciudad de México era considerada uno de los últimos lugares seguros para el
ejercicio periodístico. Pero ahora no parece haber santuario alguno para los
reporteros perseguidos en México.
“Desde el año 2000 decenas de reporteros han sido víctimas de homicidio; se
sabe de otros 20 que continúan desaparecidos. La abrumadora mayoría de estos
crímenes permanecen en la impunidad. La CNDH apunta a evidencia que involucra a
funcionarios públicos en varios de los ataques contra periodistas y medios de
comunicación. Las amenazas físicas extremas y generalizadas que padecen los
reporteros llama la atención de las organizaciones encargadas de vigilar la
libertad de expresión en el mundo, y de grupos como el Comité de Protección a
los Periodistas y PEN, que abogan por los derechos de la prensa. Todos ellos han
hecho campañas para acabar con lo que se ha llamado censura a tiros.
“Rubén Espinosa, asesinado a sus 31 años de edad, laboraba como fotógrafo en
el estado de Veracruz. Tras recibir varias amenazas graves, huyó a la Ciudad de
México hace algunas semanas. Los reporteros de Veracruz que reciben amenazas
están convencidos de que éstas provienen de funcionarios del gobierno del
estado. Desde que el actual gobernador, Javier Duarte, llegó al poder en 2010,
las amenazas, los maltratos, y los asesinatos de periodistas han alcanzado
cifras sin precedente en Veracruz: catorce han muerto de manera atroz, y tres
han desaparecido. En cada uno de los casos se ha desechado como línea de
investigación judicial el ejercicio profesional de las víctimas. Hasta ahora, 37
colegas de Rubén Espinosa han tenido que abandonar sus trabajos, sus hogares y
sus familias, y desplazarse a la Ciudad de México tras recibir amenazas. Rubén
Espinosa fue asesinado a las pocas semanas de su llegada a la capital.
“Señor Presidente; no debe haber mas asesinatos: el homicidio de Espinosa, y
de Alejandra Negrete, Yesenia Quiroz, Nadia Vera, y Mile Virginia Martín —las
cuatro jóvenes que murieron con él— deben ser investigadas con integridad. Los
verdaderos homicidas tienen que recibir juicio justo y condena pronta. En su
país, señor Presidente, las estadísticas de impunidad en los casos contra
periodistas son alarmantes: Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos, 89
por ciento de los asesinatos permanecen sin resolver. La Comisión ha denunciado
que sus propias investigaciones son obstaculizadas por las autoridades. La
negligencia judicial garantiza la impunidad.
“Hoy el periodismo en todo el mundo vive bajo asedio: los reporteros
mexicanos, en particular, viven en peligro mortal. Las organizaciones
criminales, los funcionarios de gobierno corruptos, y un sistema de impartición
de justicia incapaz siquiera de determinar la responsabilidad de los asesinos
son causa de la extrema vulnerabilidad de los reporteros.
“Señor presidente, le urgimos a:
“1.-Garantizar el esclarecimiento inmediato y efectivo de los asesinatos
contra Rubén Espinosa y la enorme cantidad de periodistas en México que han
caído como él, y la investigación sin contemplaciones de los funcionarios
estatales y municipales que, en cada caso, se puedan haber visto involucrados.
“2.- La revisión inmediata de los mecanismos para la protección de
periodistas y el compromiso efectivo de su gobierno para garantizar la libertad
de expresión en México”.
De poco le sirve a Javier Duarte el aplauso de los enanos. 500 personajes,
conciencia internacional, en cambio, presionan a Peña Nieto. Es insostenible el
México donde al periodista se le mata por lo que piensa, por lo escribe, por lo
que critica.
Pero a Javier Duarte no le da para más. Quiere borrar una masacre con
algarabía, discursos melosos, arengas, mensajes, intimidación, el sello de su
sexenio.
Le aplauden a rabiar los priístas. Se quejan, se duelen, increpan, reclaman
y, por qué no, amenazan. Si el gobernador tiene en su haber 14 periodistas
asesinados, crímenes cometidos en su sexenio, el silencio no basta.
“Eso no lo permitiremos —dice el líder Ferrari—”. Y Javier Duarte se da por
servido, emocionado, imaginando que ahí termina la masacre de la Narvarte.
Tres días bastaron para que el aplauso al gobernador quedara ahogado.
Archivo muerto
Jodido el Movimiento Territorial del PRI. Su nuevo líder, Víctor Rodríguez
Gallegos, emerge del fango en que se ha convertido la Sedesol federal en
Veracruz, de los millones sin destino, del uso de los programas sociales para
pepenar votos, de la perversidad y el descaro de robarse el dinero de los
adultos mayores. Llega Víctor Rodríguez al MT y da cátedra de desvergüenza. Para
su verdugo, Javier Duarte, hay solidaridad de refilón, un apunte al escandalazo
por el crimen del fotoperiodista Rubén Espinosa y la antropóloga y activista
Nadia Vera, perseguidos del duartismo, hostigados y seguidos hasta el DF, en su
exilio y allá ultimados. “Hoy en Veracruz —dijo el paniaguado Víctor Rodríguez—
estamos siendo objetos de calumnias infundadas y de descalificaciones dolosas. A
todos ellos les decimos que seguimos adelante, unidos más que nunca en favor de
nuestro estado”. Y más adelante: “Hoy que las voces radicales salen para
desacreditar el trabajo de los priistas en Veracruz, hoy que los inconformes de
todo y de siempre, se lanzan a atacar sin sustento, sin razón y el odio al
gobierno de Veracruz, a todos ellos les digo que el PRI seguirá trabajando”. A
ver, don Chochol. ¿Estamos siendo objeto de calumnias? Que se sepa, quien está
en el centro del torbellino por su fobia a la prensa, por las madrizas que su
policía le propina a los periodistas, por hacerle al pitoniso advirtiendo que
caerían “manzanas podridas”, sugiriendo que se portaran bien y luego han venido
ocurriendo los asesinatos, es Javier Duarte. Ni hay calumnia infundada ni hay
descalificación dolosa. El señalamiento es al gobernador por hechos consumados,
por represión, por expresiones que fueron públicas, porque la lengua lo
traicionó, porque su policía se excedió e incurrió en violencia desmedida,
porque son 14 periodistas asesinados durante el duartismo. No se desacredita el
“trabajo de los priístas en Veracruz”. Se critica el desgobierno de Javier
Duarte y su pandilla. Patético, pues, el intento de defensa de Víctor Rodríguez,
el más avanzado de los mozos de Marcelo Montiel, en un clásico caso de Síndrome
de Estocolmo, justificando a su verdugo, el que lo dejó sin candidatura a la
diputación federal por Coatzacoalcos porque, según el gobernador, no garantizaba
el triunfo del PRI... Pronunciada por San Pablo, vale. Pero expresada por Javier
Duarte, suena a blasfemia. “La verdad nos hará libres”, dijo Saulo de Tarso, el
maestro de la ley, perseguidor de Cristo en los primeros destellos del
cristianismo. Replica Javier Duarte la frase del apóstol, no con humildad ni
sencillez. Trasluce los rencores de la impotencia, apabullado por un escándalo
de muerte, un crimen aberrante, la persecución que dio por resultado el
quíntuple asesinato de la Narvarte, entre ellos Rubén Espinosa Becerril, el
fotoperiodista, colaborador de Proceso y Cuartoscuro y fotógrafo de AVC, y Nadia
Vera, antropóloga, activista social y productora cultural. Enésima pifia de
Pseudo San Javier. La frase debió ser: “La verdad me hará pedazos”... Muchas
porras, mucha melcocha, mucha lisonja priísta, pero Pepe Yunes ni se inmutó. Ni
aplaudió ni se puso de pie. Lo hacían todos, Erick Lagos, David Velasco Chedraui,
ambos a sus costados, pero el senador veracruzano no secundó la faramalla en
torno a Javier Duarte, usada la imposición de Víctor Rodríguez Gallegos como
líder del Movimiento Territorial del PRI para respaldar al vilipendiado
gobernador. Fue el único, reiterando que ahí hay frío polar, que no hay acuerdo,
que la descalificación de los textoservidores, urdida en Casa Veracruz y en
palacio, sólo ha servido para que el desgobernador cada vez sea peor visto en el
gobierno federal por torpe y marrullero. De Pepe Yunes no recibió Javier Duarte
ni un aplauso y cuando todos se pusieron de pie simulando que lo quieren, el
senador se mantuvo sentado... No aplica el reglamento de Tránsito en
Coatzacoalcos. Lo anuncia el alcalde Joaquín Caballero Rosiñol en un desafío a
Javier Duarte. Aquí, desde marzo se aprobó un reglamento municipal, con multas
menos severas. Políticamente es un golpe mayor. Coatzacoalcos es el segundo
municipio con mayor presupuesto, el tercero en importancia política, detrás de
Xalapa y Veracruz. Son los síntomas de la debacle, el poder que se extingue, la
debilidad evidente, dramática, de un gobernador al que un día le aplauden y al
otro le dan la espalda...
INFORME ROJO
Mussio Cárdenas Arellano
Al otro reportero de Proceso que iban a ejecutar
* Jorge Carrasco informaba sobre el caso Regina * La revista
responsabilizó a Javier Duarte de la amenaza * El ex corresponsal de Televisa y
el jefe Zeta * Erick Lagos no quiere ser candidato * Víctor Rodríguez cierra la
puerta al marcelismo * La alianza PRD-PAN va * Katia Carrillo a TV Azteca.
14 de agosto de 2015
Rubén Espinosa se fue por miedo. Huyó de Veracruz el fotoperiodista,
colaborador de Proceso, alertado del peligro, espiado y amenazado. Llegó al DF,
confiado en que la distancia le salvaría la vida. Hoy está muerto.
Jorge Carrasco Araizaga, reportero de Proceso, fue advertido del riesgo, un
presunto operativo para ultimarlo, en 2013, surgido de los sótanos del poder en
Veracruz. Irían por él al DF.
Jorge Carrasco era coadyuvante en la investigación ministerial por el crimen
de la entonces corresponsal en Veracruz, Regina Martínez Pérez. Atendía el caso,
sus avances y rezagos, el sesgo que daba la Procuraduría duartista, desde
aquella aciaga tarde del 28 de abril de 2012, cuando el cuerpo de la periodista
fue hallado sin vida en su hogar, en Xalapa.
Informaba puntual Jorge Carrasco. Detallaba el manejo que el gobierno de
Javier Duarte daba a las pesquisas del crimen. Advertía la intención de
desvincular la actividad periodística de Regina Martínez de las causas por las
que fue ejecutada.
Tenía el reportero una condición de privilegio, al acceder al expediente del
caso. Así pudo constatar la intención de fabricar un chivo expiatorio en la
persona de Jorge Antonio Hernández Silva, alias “El Silva”. Y así fue.
El 14 de abril de 2013, Proceso publicó el reportaje de Jorge Carrasco en que
informó sobre la sentencia condenatoria contra “El Silva” a 38 años. Sin
embargo, precisó que la juez Beatriz Rivera Hernández no tomó en cuenta que en
la casa de Regina Martínez no se halló ni huellas dactilares ni pruebas para
exámenes de ADN que pudieran acreditar que el sospechoso era culpable del
asesinato o que hubiera estado ahí. Escribió Carrasco:
La juez sólo siguió la “verdad jurídica” construida por la PGJ a partir de la
confesión del condenado y de acusaciones de María del Rosario Morales Zárate, su
hermana de crianza y esposa de Adrián Hernández Domínguez, El Jarocho, a quien
la dependencia señala como el autor principal del homicidio. Tanto a la PGJ como
a la juez le bastaron esos dichos. No hubo ninguna prueba pericial que
demostrara esa verdad legal, ni huellas o muestras de ADN que inculparan a
Silva.
Rivera Hernández dictó la condena sin ser informada por la PGJ de que no se
encontró ni una sola huella del Silva en la casa donde la periodista de 49 años
fue asesinada el 28 de abril de 2012, en la ciudad de Xalapa.
Un dictamen pericial de la PGJ elaborado el 29 de octubre de ese año, casi un
mes después de consignarlo ante la juez, concluye contundente: “Los fragmentos
dactilares latentes (dubitable) y los decadactilares del C. Jorge Antonio
Hernández Silva, alias El Silva (indubitable), no corresponden en ubicación,
situación, relación, forma y dirección”.
Esa información detonó la amenaza contra su integridad. El 16 de abril,
Proceso dio a conocer que se habían activado protocolos de protección y que
hacía responsable al gobernador Javier Duarte de lo que pudiera ocurrirle a
Jorge Carrasco y al corresponsal Noé Zavaleta.
La información fue la siguiente:
El semanario Proceso informa a la opinión pública que a raíz de la cobertura
periodística y la coadyuvancia en las investigaciones ministeriales llevadas a
cabo por nuestro reportero Jorge Carrasco Araizaga en el caso del asesinato de
nuestra corresponsal en Veracruz, Regina Martínez Pérez, hemos recibido
información sobre la presunta intención de funcionarios y exfuncionarios del
estado de Veracruz de atentar contra la integridad personal del periodista.
Desde el pasado domingo por la noche, Proceso empezó a recibir informes
acerca de una reunión entre exfuncionarios y funcionarios de gobierno, de
seguridad pública y de la Procuraduría veracruzana cuyo propósito era acordar
acciones hostiles en contra del reportero en respuesta a su publicación más
reciente en torno el caso de Regina Martínez, que comenzó a circular en todo el
país el mismo domingo 14.
La cita habría tenido lugar en el fraccionamiento Las Ánimas, en Xalapa, con
la pretensión de ordenar la búsqueda de información personal del periodista en
todas las bases de datos nacionales, además de dar con su paradero. Este
semanario pudo averiguar que en esa reunión se acordó el traslado de agentes del
gobierno veracruzano al Distrito Federal, así como a los estados de México,
Morelos y Querétaro, para recabar datos relativos al periodista.
Este martes 16, la información más reciente obtenida por Proceso indicó que
ayer lunes se realizó una nueva junta, en la cual se decidió la captura del
reportero y la decisión de hacerle daño en caso de que se resista.
Los asistentes a dicha reunión, según este informe, fueron enfáticos en
“tener cuidado con las cámaras” de seguridad pública instaladas en el Distrito
Federal, donde ya se encuentra “gente” del estado de Veracruz.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la Procuraduría General de la
República y la Secretaría de Gobernación fueron puestas al tanto por este
semanario de todos los detalles relativos a esas juntas y sus supuestos
participantes. Desde la noche del lunes, estas autoridades activaron el
mecanismo de protección a periodistas en favor del reportero.
Proceso responsabiliza al gobierno del estado de Veracruz de cualquier
agresión que pudieran sufrir a partir de estos hechos Jorge Carrasco Araizaga y
su familia, el actual corresponsal de la revista en la entidad, Noé Zavaleta, y
todo el personal que colabora con este semanario en todo el país.
En el curso de hoy martes, tanto el gobernador Javier Duarte como el mayor
José Nabor Nava Holguín, subsecretario de Seguridad Pública del estado, y Mario
Delfín, director de la Agencia Veracruzana de Investigación, negaron de manera
tajante haber tomado parte en las reuniones mencionadas y de las amenazas
vertidas en ellas.
En declaraciones a Proceso, el mandatario y sus colaboradores se
comprometieron explícitamente a respetar el trabajo periodístico de la revista,
de sus reporteros y del corresponsal con sede en Xalapa, Noé Zavaleta. Duarte,
adicionalmente, se comprometió a que habría un respeto absoluto a la integridad
física de Jorge Carrasco.
Jorge Carrasco fue objeto de protección y se salvaguardó su integridad. Pudo
continuar su actividad como reportero de Proceso en el DF, crítico en todo
sentido.
Contundente, Proceso hizo responsable a Javier Duarte. Detectó el operativo
en el que participaban “funcionarios y ex funcionarios” de seguridad y de la
Procuraduría, hoy Fiscalía, que tramaban acciones “hostiles” contra Carrasco
Araizaga.
Señaló que en la reunión más reciente “se decidió la captura del reportero y
la decisión de hacerle daño en caso de que se resista”. ¿Acaso tramaban un
levantón como el de Goyo Jiménez o Moisés Sánchez Cerezo?
Encrespa a Javier Duarte la línea de Proceso. Es su catalizador, el espejo de
su desgobierno, el desastre financiero, la deuda descomunal, la violencia, la
inseguridad, el baño de sangre, mutilados por doquier y 14 periodistas muertos
en el ejercicio de su profesión, la mayoría críticos indomables.
Proceso lo desnuda y paga la factura. Primero fue Regina, asesinada; luego
Carrasco, amagado con acciones “hostiles” para capturarlo, y ahora Rubén,
ejecutado. ¿Quién sigue?
Vaya similitud. En ambos casos se habla de envío de matones al DF. A Jorge
Carrasco se le pudo proteger; a Rubén no. En los dos se advierte la irritación
del gobierno duartista por su trabajo periodístico. En los dos está el factor
“cámaras de seguridad”; que se cuidaran de no ser grabados al levantar a
Carrasco y las que no funcionaban en el edificio donde mataron a Rubén aunque
los supuestos asesinos aparecen en un video de vigilancia del gobierno del DF.
En el caso Regina, el detenido está señalado de robo, no de asesinato; en el
caso Rubén, el detenido presuntamente participó en el robo, pero no admite que
mató a nadie.
Rubén Espinosa sentía el asedio de los agentes del duartismo que le seguían
los pasos, que lo acompañaban a todas partes, que lo veían y llegaron a
hablarle, que dejaban su mensaje intimidatorio.
Salió de Veracruz el 9 de junio. Se fue al DF. Un día, en un café, un tipo se
acercó y lo llamó por su nombre. Le expresó que él, Rubén, era el periodista que
había tenido que irse de Veracruz.
Se supo inerme. Lo habían ubicado. Sabían sus movimientos. Planeaba regresar
y enfrentar lo que fuera. Cuando lo comentó, le aconsejaron que aguardara, que
el peligro no había pasado.
Su exilio terminó el 31 de julio. Ese día le arrancaron la vida.
Archivo muerto
Ironía mediática: difunde Televisa que el fotoperiodista Rubén Espinosa da
positivo para cocaína y marihuana y Nadia Vera positivo para marihuana. Lo
festinan los duartistas, sus bots, sus textoservidores, como si en el gobierno
de Javier Duarte no hubiera adictos o ebrios consumados. Recuérdese aquella
entrevista mañanera del gobernador, aún bajo los efectos del alcohol, donde
describía la autopista México-Tuxpan como “pa-drí-shi-mo”, o el día de la mega
parranda, beso incluido, con Romero Deschamps en Coatzacoalcos. Cierto o no,
consumidores o no, nada justifica la saña con que fueron asesinados Rubén y
Nadia. Horas después, un ex reportero de Telever, filial de Televisa, Juan
Heriberto Santos Cabrera, es asesinado en el interior de un bar en Orizaba.
Presuntamente departía con el jefe de plaza de Los Zetas. Mueren seis personas.
Dos reporteros del periódico El Buen Tono, que también se habrían hallado en la
mesa del capo, resultaron ilesos. Los despidió el propietario del rotativo, José
Avellá, porque afirma que ahí no estarían hablando de periodismo ni de libertad
de expresión. Según información filtrada, Juan Heriberto Santos Cabrera sería
quien pagaba a los reporteros asignados a la fuente policíaca para que ocultaran
información relacionada con los zetas. ¿Desde cuándo era el planchador del
crimen organizado entre la prensa? ¿De dos meses a la fecha o cuando fungía como
corresponsal de Televisa? O simplemente este también es montaje, llevándose al
baile a la empresa de Azcárraga... Quienes saben contar, que no cuenten con
Erick Lagos. No será candidato a gobernador de dos años en 2016. No es su
proyecto. Irá, eso sí, por la de seis, en 2018. Usará su condición de líder de
la bancada priísta veracruzana para posicionarse, para revitalizar al fidelismo,
para hacer amarres, comprar conciencias, someter inercias, torcerle la mano al
rival. Tiene definido el ex secretario de Gobierno y ex líder del PRI estatal
que al minigobierno irán Héctor Yunes Landa o Pepe Yunes Zorrilla. Pero si el
PRI se fractura, se divide y Pepe Yunes cumple su promesa de apoyar “al
candidato de otro partido”, el próximo gobernador será Miguel Ángel Yunes
Linares. Y en ese escenario habrá persecución, denuncias, cacería de brujas y
cárcel para fidelistas y duartistas. Y entonces tampoco habrá sexenio en 2018.
Por lo pronto, Erick Lagos asumirá su diputación federal en septiembre y será el
pastor de los legisladores priístas veracruzanos... Si los astros se alinean, si
del Movimiento Territorial Víctor Rodríguez Gallegos brinca a la candidatura del
PRI a la diputación local, en 2016, habrá cancelado toda posibilidad de que el
marcelismo pueda disputar la alcaldía de Coatzacoalcos en 2017. Colmados de
espacios, de cargos, de reflectores, a las huestes de Marcelo Montiel no se les
cumpliría el capricho de seguir ostentando la presidencia municipal. De ahí la
condescendencia de Mónica Robles, Iván Hillman, el Partido Verde, el Clan de la
Succión, para que pasen los marcelistas, se alleguen la diputación local y le
dejen al camino libre hacia la alcaldía a la hoy diputada local por
Coatzacoalcos. O sea, Víctor Rodríguez cerrando la puerta a su grupo político y
abriéndosela a la inefable Mónica... Esta vez sí. Tan mal quedó Javier Duarte
con el Partido de la Revolución Democrática, con los Chuchos y Nueva Izquierda,
que la alianza con el Partido Acción Nacional es un hecho. Será avalada en el
próximo congreso nacional del PRD, donde elegirán nuevo líder tras el retiro de
Carlos Navarrete de la dirigencia nacional. En Veracruz, el consejo estatal lo
dominan Nueva Izquierda y el ex diputado local y federal, Rogelio Franco Castán.
Sacarán el acuerdo con sus consejeros, sin pactos ni enredos, sin los Condado de
Acayucan, sin Romero Aquino, sin Moreno Brizuela, sin la corriente de Amalia
García. Esa alianza PAN-PRD, en este momento, sin trabajo electoral, se llevaría
por lo menos 15 de los 30 distritos. O sea, partiría al Congreso de Veracruz.
Falta el trabajo político. Una vez que se desarrolle, amarillos y azules
estarían a centímetros de controlar la Legislatura, traer a cuentas al
gobernador Javier Duarte, encarcelar a su pandilla duartista y cancelar toda
posibilidad de que el PRI pueda ganar la elección en 2018. Dicen los perredistas
que nada de lo que ofrezca Javier Duarte para frustrar la alianza, se compara
con lo que tendrán en sus manos si llegan al gobierno de Veracruz... Ericka
Corona fue por muchos años editora y factor clave en TV Azteca Coatzacoalcos. Ya
no lo es. A su relevo llega Katia Carrillo Cervantes, ex conductora de
noticiarios en Olmeca TV y DI Noticias. Ericka Corona tenía en el pulso de la
noticia, editaba y detentaba la jefatura de información. Katia es imagen, ángel
y simpatía. La belleza tiene lo suyo. Es la línea de TV Azteca nacional...
INFORME ROJO
Mussio Cárdenas Arellano
Javier Duarte merece ser linchado
* El origen del conflicto es la represión * Ahora hostiga a amigos y
compañeros de Rubén y Nadia * La investigación judicial es encubridora * No
investigan las agresiones de 2012 y 2013 * Reagrupa Marcelo a sus hijos * Víctor
Rodríguez, líder del MT * Crisis artificial en CMAS para justificar
privatización * Asesinan a ex corresponsal de Televisa en Orizaba.
13 de agosto de 2015
¿Merece ser linchado? Sí. Merece enfrentar a la justicia, no usarla. Merece
Javier Duarte ser linchado por la violencia provocada, por los crímenes de
activistas sociales, de líderes campesinos, de ambientalistas, de 14
periodistas, por la ejecución de Rubén Espinosa y Nadia Vera. ¿Merece el
linchamiento público? Obvio que sí.
Muy sentido, muy insensato, dice el gobernador de Veracruz que no cree en el
fuero, pero “tampoco en los linchamientos públicos que lejos de crear valor,
alejan de la verdad y encubren a los verdaderos culpables”.
Son las palabras de un ardido, llevado ante la ley por la muerte de Rubén
Espinosa Becerril, fotoperiodista, corresponsal gráfico de la revista Proceso y
de Cuartoscuro, fotógrafo de la agencia AVC, y de la antropóloga Nadia Vera
Pérez, activista social, productora cultural, impulsora de la protesta contra el
desgobierno duartista.
Son las palabras de quien no sabe. No se trata de no creer en el linchamiento
público. Se trata de sentirlo, de afrontarlo cuando el uso del poder se vuelve
irreflexivo y torpe, usada la policía para reprimir, para agredir, para espiar,
para amenazar, usada la Fiscalía para fabricar culpables o para liberar
criminales y darles impunidad.
Javier Duarte se queja y reclama. Dice allanarse a la ley y con la misma
trasluce el rencor por la felpa mediática diaria a su responsabilidad en el
crimen de Rubén y Nadia.
“Tampoco creo en los linchamientos públicos”, expresa, visiblemente
agraviado, mancillado por la oleada de repudio que activó la ejecución del
periodista y la activista social, el 31 de julio, en el departamento 401 del
edificio 1909 de la calle Luz Saviñón, en la colonia Narvarte, en el Distrito
Federal.
Su problema es de percepción. Es linchado públicamente por el hartazgo
social, la condena a un régimen que quiso —y quiere— resolver el conflicto con
la sociedad a punta de golpes y amenazas, de espionaje y acoso.
No revisa Javier Duarte el origen ni el efecto de su debacle, en caída libre
por la muerte de Rubén y Nadia y las otras tres mujeres ejecutadas en el DF,
mancilladas ellas, golpeada la activista social y luego ultimada a balazos,
tundido a golpes el fotoperiodista y luego ultimado con el tiro de gracia.
Le indigna el linchamiento público sin reparar que sus métodos franquistas,
el uso del garrote, la violencia institucional, la policía capacitada,
adiestrada, equipada con alta tecnología para reprimir al pueblo, le van dando a
la sociedad el derecho de linchar.
Le dicen “fuiste tú”, le llaman “asesino”, le imputan “fue Duarte”, en una
reacción calculada, provocadora, legítima, que pudo no darse si Javier Duarte,
el gobernador, hubiera abierto cauce a las demandas sociales.
Su gobierno es otra cosa; es desgobierno. Su policía reprime, amenaza,
hostiga, levanta personas y las desaparece, secuestra y extorsiona, cobra
venganza, tortura, usa el poder para embestir a sus críticos o a los mismos
policías.
Vive un desastre político por no ser político. Improvisado, inventado por
Fidel Herrera Beltrán, su antecesor, no entendió para qué era el poder. Creyó
que era para agraviar y someter, y no para el equilibrio de fuerzas políticas.
No imaginó que el gobierno es una válvula de escape, la vía para matizar
conflictos.
Le indigna ver a la prensa, a los amigos de Rubén Espinosa y Nadia Vera en
las calles, clamando justicia, repudiando la simulación, el engaño.
Ahí los ve porque la actuación de la Procuraduría del Distrito Federal es
tendenciosa, falaz, cómplice. Dice incluir todas las líneas de investigación,
pero no lo hace. Centra el móvil del quíntuple crimen en el robo o, si acaso, en
una lucha por el poder entre bandas colombianas dedicadas al narcotráfico.
Acusan los coadyuvantes, abogados que representan a los familiares de Nadia
Vera y Rubén Espinosa, que la Procuraduría del DF filtra información a los
medios de comunicación, que confecciona una historia paralela a la verdad y que
en ella no incluye la actividad profesional, brava y crítica, de Rubén y Nadia.
No explica la PGJDF cómo pudo ser asesinada Nadia Vera a las 21 horas del
viernes 31, cuando que oficialmente, los sicarios perpetraron el ataque entre
las 2 y 3 de la tarde. Y luego se retiraron.
Lo sórdido, lo tendencioso, provoca suspicacia, recelo y rechazo social. De
ahí que arrecie la embestida contra Javier Duarte, que lo tilden de encubierto
por el gobierno de Miguel Ángel Mancera, que se dispare la sospecha.
No quiere ser linchado públicamente Javier Duarte pero su policía persiste en
la agresión y el acoso contra los grupos que demandan el esclarecimiento del
crimen de la Narvarte.
Lo acusan la Defensoría y Estrategia integrales para los Derechos Humanos y
Territoriales (Decide), el Comité 5 de Junio, La Asamblea Veracruzana de
Iniciativas y Defensa Ambiental (Lavida), colectivo independiente Voz Alterna y
la periodista Norma Trujillo, de La Jornada Veracruz.
Son asediados desde que salen de casa. Los siguen. Los intimidan. Les aplican
la misma táctica que a Rubén Espinosa, quien hoy está muerto.
Acusan que el ataque a los estudiantes universitarios, la madrugada del 5 de
junio, y las agresiones a periodistas y activistas en marchas y mítines, en 2012
y 2013, “debieran ser el punto de partida para indagar las razones de Espinosa y
Vera para huir de Veracruz”.
Sobre ellos hay persecución. Ignacio Córdoba, uno de los universitarios
agredidos la madrugada del 5 de junio, en Xalapa, expuso que el primer
periodista en llegar al Centro de Especialidades Médicas fue Rubén Espinosa.
Después se trasladó al departamento de la calle Herón Proal, donde había
ocurrido el ataque a manos del grupo parapolicíaco, presuntamente entrenado en
la Academia El Lencero de la Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz.
“Sus fotografías salieron en diversos medios nacionales e internacionales”,
expresó.
Julián Ramírez, de la Alianza Nacional contra el Fracking, cuestiona la
investigación, la hipótesis de que la masacre tuvo como origen el robo o la
droga y un sinnúmero de inconsistencias por parte de la Procuraduría del DF:
“¿Por qué se dice que los hechos fueron entre dos y tres de la tarde y el
parte forense afirma que el deceso ocurrió a las nueve de la noche?; ¿qué han
aportado de relevante los testigos?; ¿por qué el activismo de Nadia no se
contempla como línea de investigación y vulnerabilidad?; ¿Por qué no se toma en
cuenta la agresión directa del gobierno de Veracruz a grupos estudiantiles y
activistas con los que Nadia y Rubén simpatizaban?; ¿Qué explicación dan a tanta
saña hacia las víctimas?
“¿Un arma utilizada por primera vez y con silenciador pudo ser utilizada por
un franelero y un malabarista?; ¿Con que afán se filtró información confidencial
a los medios de comunicación, pero no se le quiso entregar a los abogados?
“¿Por qué no se le permitía declarar a los amigos y familiares de las
víctimas que querían aportar más información?; ¿Por qué se ha priorizado el
móvil del robo y se han minimizado otras líneas de investigación? y ¿Por qué se
le permitió recoger sus pertenencias a la testigo clave, alterando así la escena
del crimen?”.
La percepción es de encubrimiento. Javier Duarte, su policía, su Fiscalía,
sus esbirros vestidos de civil, armados, infiltrados en mítines y
manifestaciones, en conferencias de prensa, en la recolocación de la placa con
el nombre de Regina Martínez en la Plaza Lerdo, no son pista para la
Procuraduría del DF.
Ahí, en esos eventos, fueron reprimidos Rubén Espinosa y Nadia Vera. Pero no
se arredraron. Se engallaron. Siguieron su camino. Enfrentaron al gobierno con
las únicas armas de la razón y su valentía.
Hostigados, cuando ya era insoportable el asedio, decidieron salir de
Veracruz. Nadia dijo que hacía responsable de lo que le ocurriera a Javier
Duarte. Rubén dijo que prefería morir de un balazo que ser torturado en
Veracruz.
Nada de eso investiga la Procuraduría del DF. Y ante el contubernio y el
disimulo, la sociedad toma las calles. Grita “fuiste tú”. Acusa a Javier Duarte
de “asesino”. Van a Casa Veracruz y colocan flores y retratos del fotoperiodista
y la activista.
Se duele Javier Duarte del linchamiento público. Dice que no cree en el
fuero, pero tampoco en el linchamiento. Pero se lo ha ganado. Y lejos de mitigar
la presión, continúa el asedio. Ahora contra los amigos y compañeros de Nadia y
Rubén.
¿Merece ser linchado? Sí.
Archivo muerto
A regañadientes, nalgueados, con apretón de orejas y advertencia, acudieron
los marcelistas al llamado de su amo, Marcelo Montiel. Fueron a encumbrar a
Víctor Rodríguez Gallegos a su ascensión como nuevo líder del Movimiento
Territorial en Veracruz. Es la migaja que le arroja el gobernador Javier Duarte
tras dejarlo sin diputación federal, vetado como candidato del PRI, pues decía
el gobernador que no garantizaba el triunfo o que Coatzacoalcos, negociado,
sería para el Movimiento de Regeneración Nacional. Renuente a ir, finalmente el
marcelismo armó la pantomima. Atiborró el Teatro del Estado, el miércoles 12, en
Xalapa, quedando unas 300 personas fuera del recinto. Posaban la fotografía,
abrazados, guardando el odio, Víctor Rodríguez y Jesús Moreno Delgado, director
del DIF, cuyas aspiraciones por ser candidato provocaron la fractura marcelista
y que Javier Duarte los dejara con un palmo de narices. A su lado, el tesorero
municipal, Alfonso Morales Bustamante, y junto a él, Miguel Antonio Wong Ramos.
Aparecen en la foto Alfredo Ferrari, líder estatal del PRI; el alcalde Joaquín
Caballero Rosiñol, y el secretario de Gobierno, Oliver Damas de los Santos.
Colmaría de elogios Víctor Rodríguez a Joaquín Caballero —“mi hermano”—, como si
entre ambos no hubiera rivalidad. Y a distancia, observaba el show Marcelo
Montiel. Parece, pero no es. Simulan unidad porque ahí estaba Pepe Yunes
Zorrilla, el senador al que le ofrece Marcelo generarle votos para que sea
gobernador. Obvio, si la imagen del marcelismo es de ruptura, qué votos le puede
acarrear. Los Cuatro Fantásticos tenían que fingir... Crisis artificial la de
CMAS. Sobran recursos. Hay capacidad para abastecer de agua a Coatzacoalcos,
pero optan por racionar o dejar sin líquido a más de 300 mil habitantes. El
ayuntamiento ya interconectó nueve pozos perforados a la línea que viene de la
presa Yurivia, cada uno con capacidad de 30 litros por segundo, pero CMAS no los
integra a la red. Aportarían en conjunto 270 litros por segundo. Sin embargo,
CMAS se resiste. Presumiblemente, es cuestión de recursos. De acuerdo con el
alcalde Joaquín Caballero, la construcción corrió a cargo del ayuntamiento y los
entregó el 16 de julio; la operación y mantenimiento es cosa de la comisión de
agua local. El pretexto de CMAS es el costo de operación. Refiere que el costo
de la energía eléctrica se dispara, lo que merma sus finanzas. Pero es sólo
pretexto. En renglones menores, CMAS deja de adquirir refacciones y provoca que
los pozos salgan de operación. Actualmente son cinco pozos inactivos. Es una
crisis artificial, que ocasiona que por más de una semana y el algunos casos por
más tiempo no haya una gota de agua. La intención es que la sociedad vea con
buenos ojos la privatización o concesión a particulares —¿Odebrecht?— y que los
particulares se agandallen un negocio que deja millones de pesos al mes y que
hoy son usados como nómina de grupos políticos. Agazapada, dejando que el
alcalde Caballero sea el pararrayos de esta crisis, CMAS pasa por alto que al
que jode es al pueblo. Su responsabilidad es insoslayable... Violento Veracruz:
dos catedráticos de la Universidad Veracruzana Intercultural fueron secuestrados
en Huazuntlán, municipio de Mecayapan. Los halló el grupo antisecuestro y los
rescató. Hay voces que expresan que los secuestradores son duartistas y que ante
el caos que enfrenta el gobernador, simplemente les dieron la orden de liberar a
los catedráticos. En Castillo de Teayo, un menor fue plagiado; apareció muerto
el miércoles 12. En Orizaba, se suscita un enfrentamiento ente una célula de los
Zetas y el Ejército. Muere el ex corresponsal de Televisa, Juan Heriberto Santos
Carrera; otros dos reporteros resultaron heridos. En Texistepec, es ejecutado
Arturo Vázquez García, alias “El Sapo”, a quien atribuyen la toma de la caseta
de peaje cercana a Sayula de Alemán. Encabezaba cada asalto y solía gritar
consignas contra el gobernador Javier Duarte. Intentó tomar las casetas de los
puentes Coatzacoalcos I y II, pero fue repelido. Un vehículo se le cerró ayer,
descendieron varios individuos y comenzaron a dispararle. Murió en el acto. Día
sangriento este miércoles 12...
INFORME ROJO
Mussio Cárdenas Arellano
Javier Duarte: culpable sí es
* Agresiones de la policía duartista * Rubén Espinosa terminaría como
Regina, muerto * Y dice el gober que todo es “linchamiento público” * Que
investiguen a la policía del gobernador: Huerta * Formal prisión y libertad al
médico Poblete * OPC: pierde demanda y cobra en CMAS * Sabotaje entre
marcelistas.
12 de agosto de 2015
Cada golpe, cada insulto, la amenaza a su labor periodística o aquella voz
que un día advirtió “deja de tomar fotos si no quieres acabar como Regina”, o
sea muerto, implican a Javier Duarte, a su policía represora, a sus agentes
armados que infiltran protestas, en el crimen de Rubén y en el ultraje a Nadia.
Cada acto de presión, el espionaje, la agresión, la destrucción de su
material gráfico, el acoso a la activista social, o ser fotografiado a cada
instante, o el asedio institucional contra las voces críticas, fue conformando
el ambiente de culpabilidad que atrapa al gobernador de Veracruz.
Presionado, intimidado, Rubén Espinosa optó por el exilio. Se fue de Veracruz
el fotoperiodista, colaborador de Proceso y Cuartoscuro y fotógrafo de la
agencia AVC, con el miedo en la piel, con la imagen de aquellos esbirros del
duartismo que lo esperaban a unos metros de su hogar, que lo seguían a todas
partes, caminando a su lado o detrás, incitándolo a callar y finalmente
escuchando al que le expresó que “se hiciera a un lado”.
Víctima de una policía por demás infame, de la mente criminal que los maneja,
de los sicarios con uniforme que sirven al tirano de palacio, Nadia Vera,
antropóloga, productora cultural, también se fue. Categorizó a Javier Duarte
como un ignorante, que entregó el poder al narcotráfico y lo hizo responsable de
lo que le pudiera ocurrir. Y le ocurrió. La mataron.
Su muerte es el acabose y el clímax de un gobierno déspota, sin rumbo, sin
brújula, que desdeña la crítica, que hostiga a los críticos, que reprime con
premeditación, con alevosía y con ventaja; que usa la fuerza y la rudeza así sea
violentando la ley, pisoteando los derechos fundamentales; que aplasta y que se
escuda en la impunidad.
Rubén y Nadia son víctimas de Javier Duarte. Se fueron al exilio, al Distrito
Federal, marcando distancias, movidos por el instinto de conservación y el amor
a la vida, lejos del aprendiz de tirano, de su rencor y su ira. Suponían que
estarían a salvo.
Allá los alcanzó la muerte. Fueron por ellos y acabaron con su existencia, la
tarde del viernes 31 de julio, en un departamento de la colonia Narvarte, en el
401 del edificio marcado con el número 1909 de Luz Saviñón.
Dice el gobierno del DF, vía su Procuraduría, que el móvil de ambos crímenes,
y el de otras tres mujeres, es el robo. Después filtra que es una vendetta entre
bandas colombianas dedicadas al narcotráfico. Insinúa que Rubén y Nadia no eran
el objetivo sino una mujer de Colombia a quien primero identificó como “Nicole”,
luego “Simone” , ahora Mile Virginia Martín y mañana quien sabe.
¿Y el móvil por el trabajo periodístico de Rubén Espinosa? ¿Y el activismo
social de Nadia Vera? ¿Y el exilio forzado por la intimidación y violencia
provocada por el gobernador Javier Duarte?
Decía el procurador Rodolfo Ríos Garza que nada se descarta. Ajá. En los
hechos, el clima de hostigamiento generado por Javier Duarte hacia la prensa no
se mencionaba en la indagatoria.
Cedió ante la presión de la prensa independiente, nacional e internacional,
los organismos defensores de derechos humanos, el escándalo, la crítica, por
informar a medias y dedicarse a filtrar versiones que alejan el multihomicidio
del móvil político y la represión a la libertad de expresión.
Javier Duarte alega que fue él quien solicitó ser interrogado. Dijo el lunes
10 que habló con el jefe de gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera Espinosa, y
que así lo acordaron. Respondería al interrogatorio en un hecho inédito y
ejemplar.
Sí y no. Mancera envió al personal de la Procuraduría capitalina a Xalapa.
Javier Duarte no respondió de manera directa ni de viva voz. Según despachos de
prensa, lo hizo mediante cuestionario. Y respondió por escrito. No hubo asedio
judicial, ni preguntas insistentes.
Y no lo hubo porque quien llevó a cabo el “interrogatorio” fue la Fiscalía
General de Veracruz, la antigua Procuraduría estatal, un apéndice del
gobernador, encabezada por Luis Ángel Bravo Contreras, alias “Culín”, su
empleado.
Buen show pero malos actores. La noche del martes 11 trascendía que aquello
era una pantomima patética, Javier Duarte usando la diligencia para exculparse y
los enviados de la Procuraduría del DF convertidos en patiños de carpa jarocha.
Artículo 19, la organización internacional que defiende los derechos de los
periodistas y que en esta ocasión representa a las hermanas de Rubén Espinosa
Becerril, advirtió que se le impidió participar en la diligencia. Su
cuestionario, supuestamente lo presentó la Procuraduría del DF.
Concluida la farsa, Javier Duarte emitiría un comunicado que exhibe su
pobreza mental y el desdén institucional:
“Nunca he creído en el fuero, así que en un hecho inédito de la historia
política y jurídica de México, personal de la Procuraduría del Distrito Federal
estuvo presente en esta jurisdicción y recabó la información que yo pudiera
aportar.
“En dicha declaración respondí a todas sus preguntas y dejo claro que me
deslindo totalmente de los acontecimientos ocurridos el 31 de julio en la ciudad
de México.
“Así como no creo en el fuero, tampoco creo en los linchamientos públicos que
lejos de crear valor, alejan de la verdad y encubren a los verdaderos culpables.
“La Verdad nos hará libres”.
Asoma la soberbia. Había presumido Javier Duarte que respondería al
interrogatorio de la Procuraduría. No fue así. Respondió a un cuestionario, un
ardid para evitar ser replicado y presionado por la autoridad judicial.
Se deslinda del crimen de la Narvarte, de la muerte de Rubén y Nadia, a
quienes no cita por su nombre, que dice son “los acontecimientos ocurridos el 31
de julio en la ciudad de México”.
No cree en el fuero, dice Javier Duarte, tampoco en “los linchamientos
públicos que lejos de crear valor, alejan de la verdad y encubren a los
verdaderos culpables”.
Altivo, como siempre, evade el gobernador de Veracruz la razón del
“linchamiento público” que lo ubica como el “asesino” de la Narvarte, acusado
así en marchas, en pancartas, en mantas, entre gritos y lamentos.
Nadie vio a Javier Duarte empuñar el arma que acabó con la vida de Rubén,
Nadia y las otras tres mujeres. Nadie observó golpearlos hasta morir. Nadie vio
que violara a tres de las cuatro mujeres. Físicamente nadie lo vio ultrajar,
torturar ni soltar el tiro de gracia.
Su culpabilidad radica en la represión de su policía contra Rubén Espinosa,
agredido en mítines, en el desalojo de Plaza Lerdo, ahora Plaza Regina Martínez,
el asedio cuando divulga las imágenes de los ocho universitarios agredidos, la
madrugada del 5 de junio, en Xalapa, a manos de un grupo parapolicíaco,
presumiblemente entrenado en la Academia El Lencero, la academia de policía de
la Secretaría de Seguridad Pública.
Su policía lo reprimió. Sus agentes lo asediaban, lo seguían, le tomaban
fotos, lo grababan, le decían que dejara de tomar fotografías o le ocurriría lo
mismo que Regina Martínez, la corresponsal de Proceso, asesinada en Xalapa, el
28 de abril de 2012.
Eso es una amenaza de muerte. Y la profirió un funcionario del gobierno de
Javier Duarte.
De ahí la responsabilidad del gobernador de Veracruz.
De ahí la culpabilidad de Javier Duarte, cuyo afán por enfrentar a la prensa
crítica fue generando un clima de conflicto, hostigamiento, amedrentamiento,
miedo, al grado de llamarle “manzanas podridas”, vinculados a las mafias,
expresión de la delincuencia, sin identificar a cada quien por su nombre, sin
reconocer que sus cuerpos policíacos, esos sí, sirven al crimen organizado.
Rubén y Nadia se fueron de Veracruz. Se acogieron al exilio. Buscaron refugio
en el DF, suponiendo que la mano criminal y la mente perversa que los hostigaba
y los amedrentaba, que los seguía y los intimidaba, no los alcanzaría en la
capital del país. Calcularon mal y el viernes 31 de julio fueron asesinados.
Javier Duarte no jaló el gatillo, pero provocó su muerte.
Culpable, sí es.
Archivo muerto
Rollo puro el de Javier Duarte, exculpándose de los crímenes de Rubén
Espinosa y Nadia Vera. Y sólo a su círculo cercano convencen. Otros sectores
dudan. Uno de los escépticos es Manuel Huerta, el diputado federal de Morena.
Que se investigue qué dependencias hostigaban a Rubén Espinosa Becerril,
sostiene. Que se analice el contexto de violencia en que realizan su trabajo los
periodistas de Veracruz. “Una completa investigación —dice— debe incluir
obligadamente contexto de violencia que han padecido los periodistas de
Veracruz, pues en el caso del fotoperiodista Rubén Espinosa Becerril, él mismo
se encargó de denunciar situaciones de hostigamiento e intimidación que lo
orillaron a trasladarse de Veracruz al Distrito Federal, en la búsqueda de un
lugar seguro para su trabajo”. Las policías fueron señaladas por Rubén Espinosa
como “responsables de su persecución”... Una mala y una buena para el doctor
Mario Poblete. Le dictan auto de formal prisión por falsificación de documento y
auto de libertad en la acusación por abuso de autoridad. Es el médico que
atendió a José Armando Salinas Linares, alias “El Panadero”, torturado en Las
Choapas, acusado de participar en el secuestro y crimen de la niña Karime
Alejandra Cruz Reyes y su tía Mónica Reyes Baruch, entre julio y septiembre de
2014. Su testimonio es clave. Si “El Panadero” fue torturado, si lo mantuvieron
incomunicado nueve días, si los agentes ministeriales violaron la ley, si el
fiscal de Veracruz, Luis Ángel Bravo Contreras, lo sabía y calló, ganará el
juicio de amparo y el caso quedará en la impunidad. De ahí que el fiscal “Culín”
lo haya acusado de falsificación de documento, que los testigos de aquella
atención médica, los días 3 y 4 de septiembre, vivan estresados, negando los
hechos, diciendo, como el paramédico Gustavo, que no estaba en Las Choapas pero
no sabe qué decir cuando se le pregunta dónde estaba, y tendrá que probar su
excusa; o la enfermera Perla del Carmen Alpuche Velázquez, que señala que no
atendió ese caso. Hay evidencia de que ahí estuvo José Armando Salinas Linares y
que lo vieron cuando el médico Poblete le realizó las curaciones, pues tenía un
corte en el cuello, tasajeado con un arma punzocortante, la clásica tortura
física y psicológica. Pero el miedo es severo. Y los testigos lo sufren. A
Fisculín no le importa si “El Panadero” se pudre en la cárcel. Lo que pretende
evitar es que el abogado del médico, Enrique Rentería Zavaleta, logre su
libertad. Se quedaría el caso sin el único implicado, obvio el fracaso de la
Fiscalía de Veracruz. Se asemeja al crimen del pastor evangélico Claudio
Martínez Morales. Fueron encarcelados cuatro trabajadores electricistas.
Rentería logró que les concedieran el amparo, también torturados para
incriminarse. Eso ridiculiza al fiscal. De ahí que no admita otro fracaso, la
Fiscalía sin ganar un caso relevante, siendo la burla de todos. De ahí que el
abogado Enrique Rentería también esté acusado de falsificar el certificado
médico. Así lo quiere parar “Culín”... Capricho o negligencia, el juez Guillermo
Vargas le tiene tirria al Poder Judicial de la Federación. Desde el 29 de junio,
el juez 14 de distrito concedió amparo a la maestra Inés Valladares Lavín, quien
buscando justicia laboral y que le pague su liquidación el Instituto Educativo
Margarita Olivo Lara, terminó siendo acusada de uso de documento falso, con una
orden de aprehensión y sin poder andar en la calle, cuando que el citado
documento es la presunta liquidación, falsa, con una firma que no es de Inés
Valladares, pues le fue falsificada, según consta en dos peritajes. Vargas fue
notificado pero salió de vacaciones. Y de ahí se desentendió. Dejó pendiente
invalidar la orden de aprehensión. Regresó y sigue en las mismas. Van 44 días y
no acata la sentencia, burlándose del Poder Judicial de la Federación, a la
vista que en Veracruz la Suprema Corte de Justicia de la Nación vale tanto como
un billete de tres pesos... De buena fuente: Obras Portuarias de Coatzacoalcos
cobra 600 mil pesos mensuales a la Comisión Municipal de Agua y Saneamiento por
una demanda que perdió. Insólito, aberrante que OPC reciba recursos públicos,
ilegales, de CMAS por un litigio fallido con el que pretendió ser indemnizada al
quedar fuera de la construcción de la planta de tratamiento de aguas residuales.
Aquel juicio incluyó la intervención de las cajas de cobro y haber dispuesto de
más 4 millones de pesos de pagos de usuarios. Sin embargo, una sentencia federal
dejó a OPC sin nada, obligada a entregar las cajas y a devolver el dinero
retenido bajo el criterio de que son inembargables los recursos correspondientes
a servicios públicos. Presumiblemente, no reintegró los 4 millones.
Posteriormente, pretendió que le pagaran gastos y costas del juicio y también le
fue negado. Exigía 16 millones de pesos por un juicio perdido, sin derecho a
nada. Hoy, según informes internos de CMAS, OPC cobra 600 mil pesos mensuales de
manera ilegal. El artífice del atraco es el director Jurídico, Pedro Tiburcio
Zaamario, protegido del suegro del gobernador, Jesús Antonio Macías Yazegey. OPC
de plácemes, Tiburcio feliz, mientras no hay dinero para habilitar cuatro de los
30 pozos que el ayuntamiento de Coatzacoalcos entregó a CMAS, al tiempo que las
protestas por la falta de agua cada vez son mayores y más airadas... Sabotaje
sutil, pero al fin sabotaje, entre el marcelismo. Inundó de invitaciones Víctor
Rodríguez Gallegos al priísmo. Los instaba a acudir a su toma de posesión como
nuevo líder estatal del Movimiento Territorial, en Xalapa, este miércoles 12, a
las 6 de la tarde, en el Teatro de Estado. Llegaban las invitaciones a los
cubículos y oficinas del ayuntamiento de Coatzacoalcos. Y ahí, las secretarias
tenían la encomienda de ocultarlas. Sigue, pues, la guerra en el marcelismo, los
chuchistas contra los victoristas. Otros no irán por ser día laborable y
trasladarse a Xalapa implica perder un día de salario. Víctor “Migajas”
Rodríguez ya verá cómo llenar el recinto o pasar un mal momento en el día de su
consagración...
INFORME ROJO
Mussio Cárdenas Arellano
Javier Duarte, “fuiste tú”
* Marcha de repudio en Xalapa * Tildan al gobernador
de “asesino” * De Plaza Lerdo a Casa Veracruz * Javier Duarte tendrá de
declarar * La humillación * Firma falsificada en documento del caso Karime *
El obispo y la autodefensa * Acarreo para Víctor Rodríguez * ¿Lideresa de la
APEC o de FONACOT?.
11 de agosto
de 2015
“Fuiste tú”, le gritan a Javier Duarte. No lo bajan de
“asesino”. Lo asedian cientos. Lo increpan con furia a las puertas de Casa
Veracruz. “Javier Duarte, fuiste tú”, reprochan, en la mayor protesta, acusado
de provocar la ejecución del fotoperiodista Rubén Espinosa y la activista social
Nadia Vera.
Marchan por la paz. Marchan contra el aprendiz de
tirano. Marchan en respuesta al deslinde cínico del gobernador de Veracruz que
así, sin más, como quien tiene el alma limpia, se dice ajeno al crimen de la
Narvarte.
Recogen las crónicas periodísticas el repudio y la
protesta. “Gobierno fascista que mata periodistas: gobierno tirano que matas a
mi hermano”, le sueltan en el trayecto a la residencia oficial. Y luego: “Fuera
Duarte”, “Fue el Estado”.
Dice el portal Plumas Libres que la Plaza Lerdo o Plaza
Regina, como la rebautizó un sector de la prensa crítica en honor a la
corresponsal de Proceso, asesinada el 28 de abril de 2012, en Xalapa, se llenó
de flores. Era un “altar con flores, velas, fotos, nombres” y que “una vez más
fue testigo de la tristeza e indignación”.
Noé Zavaleta, reportero, corresponsal de Proceso, amigo,
hermano de Rubén Espinosa, describe la escena en la residencia oficial del
gobernador: “Sobre
la placa que da la bienvenida a la ‘Casa Veracruz’, periodistas depositaron
flores blancas y colocaron retratos tanto de Rubén Espinosa como de Nadia Vera”.
“Sabemos quién fue”, dice la lona negra en que se
insertan los rostros de Nadia y Rubén. Con ella avanzan desde Plaza Regina hasta
Casa Veracruz. Se va nutriendo el contingente, cargado de ira, de repudio al
peor gobernador que Veracruz haya parido.
Hay más consignas:
“¿Y si la siguiente fueran tus hijos, tu esposa, tu hermano… seguirías diciendo
que en Veracruz no pasa nada?”, “Mancera, no protejas a Javier Duarte”,
“Montano, guarura de Duarte” y “La libertad de expresión es un pase a la
muerte”.
Era Rubén Espinosa un fotorreportero incómodo, refieren
sus compañeros. Alzaba la voz por los periodistas asesinados. Captaba la
protesta, el rechazo a la arbitrariedad, al silencio oficial, a la indolencia, a
la represión.
Y cuando se exilió, dejó claro que no quería ser el
siguiente periodista al que le arrancaran la vida. Lo expresó en una entrevista
con Rompeviento TV, asediado por los esbirros de Javier Duarte y del secretario
de Seguridad pública, Arturo Bermúdez Zurita.
Fue ejecutado en el Distrito Federal. Sufrió tortura y
el tiro de gracia. Su cuerpo y el de Nadia Vera, así como los de tres mujeres
más, fueron hallados la noche del viernes 31 de julio, en el departamento 401
del edificio ubicado en Luz Saviñón 1909, colonia Narvarte, cerca de la
Secretaría de Comunicaciones y Transportes, cerca del multifamiliar SCOP, cerca
de la Torre de Telecomunicaciones, cerca del Eje Central.
Huyó de Veracruz. Huyó de Javier Duarte. Huyó del asedio
y el espionaje, de los matarifes que el desgobierno duartista envía a las
conferencias de prensa vestidos de civil, no orejear sino a captar rostros, a
infiltrarse, a mezclarse entre la prensa crítica.
Luego los vio al salir de su hogar. Después los sintió
caminar a su lado. Más tarde se los topó de frente, hacerle señas, hablarle,
decirle que se hiciera a un lado. “Sigue tomando fotos y te va a pasar lo que a
Regina”, le expresó en tono de amenaza uno de los matarifes del duartismo.
Y ahora dice Javier Duarte que nada lo implica en el
crimen de Rubén Espinosa.
Nadia Vera marchaba contra la imposición de Enrique Peña
Nieto. El 20 de noviembre de 2012, días antes que asumiera el poder, salió a las
calles y expresó su repudio. Fue reprimida, disuelto el contingente a punta de
tolete y macana, el único idioma de la policía duartista, el puño y mazo, la voz
de la intolerancia.
Nadia Vera habló a Rompeviento TV. Tildó a Javier Duarte
de ignorante. Dijo que no gobierna, que entregó el gobierno a los narcos.
Nadia Vera dijo que si algo le ocurría hacía responsable
a Javier Duarte, que si algo le sucedía la culpabilidad sería del gobernador de
Veracruz. Y le sucedió.
Ambos quedaron en una recámara del departamento 401. A
ella la ultrajaron, la golpearon y le asestaron un balazo. A él lo tundieron a
golpes y finalmente lo balearon.
Fue robo, planteó el procurador del DF, Rodolfo Ríos
Garza, en las horas siguientes a la ejecución. Luego diría que una de las
muertas, Mile Virginia Martín, de nacionalidad colombiana, pudo ser el objetivo
de los atacantes. Varió el móvil a una vendetta entre bandas colombianas
dedicadas al narcotráfico. Se tardó una semana en revelar la identidad de la
chica. Primero le llamó “Nicole”, después “Simone”, en un esfuerzo por ocultar
su nombre.
Decía el procurador del DF que seguía todas las líneas
de investigación. No descartaba el móvil de la actividad profesional de Rubén
Espinosa. Lo decía pero no hubo una sola evidencia de que indagara por ahí, que
siguiera las amenazas vertidas por el gobierno de Javier Duarte contra el
“fotógrafo incómodo”.
Filtraba, en cambio, cuanta información servía para
mantener a salvo al gobernador de Veracruz. Vendía su verdad colocándola en el
buzón de la prensa afín, sus difusores, los que potenciaron la hipótesis del
robo y la vertiente del narcotráfico.
Así fue hasta el lunes 10. De regreso a Veracruz, Javier
Duarte abordó el tema. Contó —y cuenteó— que su gobierno ama a los periodistas,
que no hay hostigamiento, que ofrece garantías para realizar su trabajo, que se
respeta la libertad de expresión.
Contó —y cuenteó— Javier Duarte que los crímenes de
periodistas no quedan impunes en Veracruz. Del cajón de las mentiras extrajo el
expediente del embuste. Aseguró que el de Gabriel Huge, Guillermo Luna y Esteban
Rodríguez fue provocado porque los tres habían pedido a una célula criminal que
ultimara a Milo Vela, Yolanda Ordaz y Misael López Solana. Llegó otra banda y
los ultimó. Ajá.
Contó —y cuenteó— que los asesinos de Marco Antonio Báez
Chino fueron identificados. Eran zetas. Convenientemente murieron en un
enfrentamiento con efectivos militares. O sea, si fueron o no, se llevaron el
secreto a la tumba.
Contó —y cuenteó— que el crimen de Regina Martínez fue
resuelto; que a Jorge Antonio Hernández Silva le echaron 38 años de cárcel por
el robo y homicidio, y que el cómplice está prófugo. Falso. “El Silva” fue
recapturado luego que lo liberaran por haberle violado sus derechos, ser
torturado y carecer de un abogado que o asesorara. Volvió a prisión, pero no
puede ser juzgado por homicidio sino sólo por robo.
Dice que están resueltos los crímenes de Gregorio
Jiménez de la Cruz y Moisés Sánchez Cerezo, pero no aclara que aún se encuentran
en juicio, sin sentencia.
Y así los embustes de Javier Duarte.
Algo pasó en el fin de semana. Miguel Mancera, jefe de
gobierno del Distrito Federal, da un vuelco al caso. Presionado por un sector de
la prensa, nacional e internacional, por intelectuales y organismos
independientes de derechos humanos, ordena que la Procuraduría capitalina tome
la declaración del gordobés.
Javier Duarte lo admite. Dice que lamenta la muerte de
Rubén Espinosa. Advierte que colaborará con la Procuraduría del DF en el
esclarecimiento del crimen.
Tongo o no, teatro o no, Javier Duarte está sentado en
el banquillo de los acusados. Lo citan en calidad de testigo, no indiciado, en
un ardid carente de lógica.
¿Testigo de qué? ¿De las golpizas que recibió el
corresponsal gráfico de Proceso y Cuartoscuro, así como fotógrafo de la agencia
AVC, a manos de policías duartistas? ¿Del asedio de los agentes de gobierno que
lo espiaban, que lo seguían, que lo intimidaban, que lo amenazaban?
La farsa es total. Javier Duarte comparece en su feudo.
No se traslada al DF. Le envían personal de la Procuraduría del DF, pero la
diligencia la realizará la Fiscalía General de Veracruz, o sea Luis Ángel Bravo
Contreras, alias “Culín”, o sea su empleado y su brazo ejecutor un sinnúmero de
injusticias.
Es evidente la marrullería. Simulan justicia cuando a
Javier Duarte se le da calidad de testigo en un hecho, la persecución a Rubén
Espinosa, que tiene tintes de represión de Estado.
Es una farsa y a la vez una humillación. Nunca antes un
gobernador veracruzano había sido llevado al terreno judicial. Quizá sea para
atenuar el escándalo y luego salir con certificado de impunidad, pero la
humillación queda ahí.
“Fuiste tú”, le dicen cientos o miles en Xalapa. Van a
la residencia oficial y le plantan flores. De “asesino” no lo bajan. Le imputan
la autoría de un crimen que está cimbrando a Veracruz y a México entero.
Terminan sus vacaciones. Bienvenido a la realidad, don
Javier.
Archivo muerto
Otra mala para el fiscal Luis Ángel Bravo, alias “Culín”:
reitera el médico Mario Poblete Hipólito que el certificado con el que lo
inculpan, es apócrifo. No es su firma. No lo elaboró. Lo dice en el careo que
este lunes se realizó para establecer si es presunto responsable de abuso de
autoridad y falsificación de documento. Mario Poblete sostiene en su
declaración, ya ratificada ante el juez federal, y en el careo con el director
de la Cruz Roja de Las Choapas, Dagoberto Ortiz Camacho, y la administradora,
Yadira Calderón de los Santos, que ese certificado no lo elaboró pues en la
fecha que se señala se hallaba incapacitado. Suscribió otros, el 3 y 4 de
septiembre, en el que consta la atención a un sujeto que luego sabría que se
trataba de José Armando Salinas Linares, acusado de coparticipación en el
secuestro y asesinato de la niña Karime Alejandra Cruz Reyes y su tía Mónica
Reyes Baruch, entre julio y septiembre de 2014. Salinas Linares presentaba una
herida en el cuello. Lo atendió en dos ocasiones a petición del comandante de la
Policía Ministerial, Cándido Aguilar Vázquez, quien no permitió que en los
registros apareciera el nombre del detenido. En su ratificación, el médico Mario
Poblete sostiene que no conocía al abogado Enrique Rentería Zavaleta y que supo
de él cuando llegó una notificación judicial. Su testimonio es una carga letal
para el fiscal Luis Ángel Bravo. Determina que el detenido, Salinas Linares, fue
sometido a tortura y que lo tuvieron incomunicado, en manos de la ministerial en
Las Choapas, en actuaciones judiciales fuera de la ley. Explosivo, el caso es un
clavo ardiente para el fiscal. Pretende doblegar al abogado Enrique Rentería,
quien le echo abajo la acusación contra cuatro trabajadores electricistas
acusados del asesinato del pastor evangélico Claudio Martínez Morales, y ahora
estaría demostrando que el acusado por el caso Karime Alejandra fue torturado,
lo que le haría ganar el juicio de amparo. Eso le pasa a “Culín” por querer
torcer la ley... Categórico, el obispo de Coatzacoalcos, Rutilo Muñoz Zamora: la
sociedad debe exigir al gobierno que esclarezca cada crimen que se comete, que
no haya impunidad. Vivimos una ola de inseguridad “y violencia ha rebasado a los
cuerpos policíacos, por lo que es necesario que las colonias, los barrios y las
familias se organicen para protegerse unos a otros”. Es el principio de las
autodefensas, el fracaso de las instituciones, el derecho de los pueblos a
garantizar su seguridad... Acarreo masivo, mínimo 150 promotoras de colonias,
mínimo otros 200 empleados municipales, mínimo unos 200 priístas más. Todos
conminados a aplaudirle al nuevo líder del Movimiento Territorial del PRI en
Veracruz, Víctor Rodríguez Gallegos. Toma posesión este miércoles 12, a las 6 de
la tarde, en el Teatro del Estado, en Xalapa. Circulan ya las invitaciones en
tono verde, al estilo Héctor Yunes Landa, suscritas por la dirigente nacional
del MT, senadora Ana Lilia Herrera Anzaldo. Se cuelga de las estructuras ya
establecidas, de los enclaves del PRI, del presupuesto de los ayuntamientos para
sufragar el acarreo, pues “El Chochol” no mueve ni los pies en un danzón.
Recibe, pues, las migajas del poder, luego que el gobernador Javier Duarte lo
vetara para ser candidato del PRI a la diputación federal “porque no garantiza
el triunfo”. A cambio le dieron uno de los organismos más vilipendiados del
PRI... Qué activa Victoria Rasgado, presidenta de la Asociación de Periodistas
de Coatzacoalcos. Obtiene descuentos en una papelería y en tiendas de uniformes
escolares. Y dice que habrá más. Preside la APEC, pero pareciera que lidera
FONACOT. Es para ayudar a la economía de los periodistas. Buen dardo pero mal
tino. Debiera la señorita Rasgado organizar al gremio, dictar líneas de acción,
reclamarle a los medios que les paguen salarios de hambre, que les estén
conculcando la seguridad social, que los echen con liquidaciones ínfimas, que
tengan que vivir del chayote. Tiene un ejemplo a la mano: Diario del Istmo, el
medio para el que labora Victoria Rasgado, la presidenta de FONACOT, perdón, de
la APEC...
INFORME ROJO
Mussio Cárdenas Arellano
Rubén Espinosa: qué sicario tan bruto
* Dejó su huella y lo fueron a buscar * Hacia el culpable fabricado * ¿Y
las amenazas duartistas? * Duarte, apabullado en el Congreso * La complicidad
del PRI * Rentería, detenido y liberado * Hugo Ríos, Ricardo Alor, Flavino
Ríos * El diputado del alemanismo * Tres notarios y un nuevo fraude.
Hay un nuevo modelo de sicario: el que caza a su víctima, la sorprende, la
viola, la tortura, le descarga el arma y le da el tiro de gracia; sus huellas
por todas partes, vuelve a su guarida y aguarda ahí a que llegue por él la
autoridad. Algo así como matar y dejarse encarcelar.
Es único el procurador de justicia del Distrito Federal, Rodolfo Ríos Garza,
en el thriller de la Narvarte, la ejecución del fotoperiodista Rubén Espinosa
Becerril, la activista social Nadia Vera Pérez y tres mujeres más, una de ellas
la colombiana Mile Virginia Martín, cuya identidad por días se encubrió con el
apelativo de “Nicole”.
Fantasiosa su mente, infinita su imaginación, vendía primero el fiscal
capitalino la hipótesis del robo, luego la del narco en un ajuste de cuentas y
mañana quién sabe.
Ríos Garza exhibe a Daniel Pacheco Gutiérrez como uno de los participantes en
la masacre ocurrida en el departamento 401 del edificio marcado con el 1909 de
Luz Saviñón, en la colonia Narvarte, la tarde del viernes 31 de julio.
Lo halló por un detalle que pareciera tan banal como insólito. Su huella
digital aparecía en algunos sitios del departamento. Cotejada en los archivos de
la Procuraduría, dio la identidad del rufián, un ex convicto que purgó condena
por robo y violación.
Daniel Pacheco es un sicario, pero no tan sicario. Según el procurador Ríos
Garza, estuvo presente en la ejecución del periodista Rubén Espinosa, Nadia
Vera, Yesenia Quiroz, Mile Virginia Martín y la empleada doméstica Alejandra N.
Ahí estuvo pero él no jaló gatillo alguno. Tampoco golpeó. Tampoco violó. ¿A
qué fue entonces Daniel Pacheco al domicilio donde se perpetró en multihomicidio?
A robar y seguro a dejar su huella para ser reconocido y luego a esperar
pacientemente a que el procurador Ríos Garza lo encontrara y detuviera.
Daniel Pacheco, de 41 años, pasado por la cárcel, dice que él no participó en
la ejecución y según las versiones difundidas en la prensa nacional, el
procurador de Miguel Mancera le cree. “Estuvo presente, pero no disparó”, dice.
Eso sí, cantó a la sola instrucción de los agentes ministeriales, persuasivos
como son, con el tehuacán en una mano y la picana en la otra. A ellos les reveló
la identidad de los otros dos sujetos que participaron en el ataque, sus
cómplices, ellos sí responsables de las violaciones y de accionar las armas. Se
les busca en las delegaciones Iztapalapa. Tláhuac y Tlalpan. Daniel Pacheco fue
detenido en la delegación Coyoacán.
Según el comunicado de la Procuraduría del
DF, “el presentado tiene el carácter de probable
responsable, que no implica responsabilidad penal hasta que, en su caso, lo
determine la autoridad jurisdiccional”.
Según el portal
de Proceso, “el sujeto aceptó su participación en los hechos. Agregó que la
dependencia a su cargo tiene evidencias de que tres hombres involucrados en el
multihomicidio llegaron a las dos de la tarde al departamento y se fueron una
hora después.
“Tenemos
evidencia —dijo el procurador Ríos Garza— de que los probables responsables
llegaron minutos después de las dos de la tarde. Es decir, tenemos la evidencia
donde ellos salen poco después de las tres de la tarde, es decir, no estuvieron
las tres horas, sino estuvieron aproximadamente una hora en el departamento”.
A los tumbos va
el procurador capitalino, quien en el tema de armar telenovelas inverosímiles
compite con el fiscal de Veracruz, Luis Ángel Bravo Contreras, alias “Culín”.
Centra su
pesquisa en la ruta del narco, en la hipótesis de que los sicarios iban por la
mujer colombiana, la supuesta “Nicole” o “Simone” y que resultó ser Mile
Virginia Martín, y también en el robo.
No descarta
ninguna línea de investigación, incluida la de las amenazas que recibieran Rubén
Espinosa y Nadia Vera de parte de agentes policíacos del gobierno de Veracruz.
Pero en los hechos, nada apunta a que la investigación retome el clima de
hostilidad contra la prensa provocado por el gobernador Javier Duarte.
Una semana
después, la represión, la violencia, el hostigamiento, la amenaza, la
intimidación que sufriera Rubén Espinosa por su trabajo periodístico no se
traduce en acciones por parte del gobierno del DF, que permitieran conducir a
las razones del crimen.
Dice el
procurador Ríos Garza que “todas las líneas de investigación están abiertas”.
Eso afirma pero no se acredita con hechos, no se ve, no se percibe.
Suscita, pues,
la repulsa. Lo cuestionan y lo condenan en las redes sociales, en los espacios
libres, donde destaca el activismo social que era captado por la lente de su
cámara fotográfica, entre ellos el ataque a los ocho jóvenes alumnos de la
Universidad Veracruzana, el 5 de junio, a manos de un grupo parapolicíaco del
que se sabe fue entrenado en la Academia de Policía El Lencero. Sirve pues el
dinero del pueblo para financiar el porrismo de estado y que esos porros tengan
licencia para golpear y matar.
Hay simulación
cuando para dar con los asesinos de un periodista se omite su línea de trabajo,
cuando el impacto de lo que escribe, habla o difunde no es el eje de una
investigación judicial.
Dice Ríos Garza
que sigue los hechos ocurridos en Veracruz, pero centra la atención en el robo y
en la línea de la vendetta entre bandas dedicadas al narcotráfico.
Así va el
fiscal de Mancera, diluyendo la hipótesis de que a Rubén Espinosa, como a Nadia
Vera los mataron por su línea crítica hacia el gobierno de Javier Duarte, por
advertir que la prensa no sometida en Veracruz vive en un estado de represión
permanente, hostigada, espiada o comprada a través del chayote o el convenio de
publicidad.
Se advierte el
carpetazo, la salida fácil, las piezas unidas en un rompecabezas inaudito,
inverosímil, donde el robo se combinó con el narco y produjo un multihomicidio
en el que nada tuvo que ver el trabajo periodístico de Rubén y la actitud
crítica y contestataria, organizando a grupos sociales de Nadia.
Al depa de Luz
Saviñón llegó la muerte. Tres de sus emisarios irrumpieron en él. Dos dieron
paso a la bestialidad que brotaba de su interior. Sometían a sus víctimas, a
Rubén, Nadia, Yesenia, Alejandra y Mile Virginia. Lanzaban una descarga de
violencia, golpes a granel, tortura brutal.
Tres de las
mujeres –Nadia, Yesenia y Mile Virginia— pasaron por la agresión sexual,
violadas, ultrajadas. Luego recibirían por lo menos un disparo, el tiro de
gracia. Rubén y Alejandra también fueron ultimados con una descarga.
Dos de los
delincuentes actuaron como bestias. El otro no. Daniel Pacheco dice que estaba
ahí pero que él sólo fue a robar. Sus cómplices abusaron de las mujeres, él no.
Sus cómplices las tundieron a goles, él no.
Nuevo modelo de sicario el que vende el procurador
del DF: con principios, con ética, con respeto, incapaz de violar pero sí de
matar. Bruto el sicario, deja huellas para después ser atrapado.
¿Difícil de creer? Imposible.
Archivo muerto
Nadie como Javier Duarte. Nadie tan imputado en el Congreso federal, hecho
trizas por la oposición, los panistas, los perredistas, PT, Movimiento
Ciudadano, Morena, acusando indolencia oficial, incapacidad, complicidad, pues
corre sangre de periodistas en Veracruz como en ninguna otra entidad, la última
el asesinato de Rubén Espinosa Becerril, de AVC, Proceso y Cuartoscuro. Que
explique, pide el PAN, por qué se han dado 14 asesinatos de comunicadores en el
tiempo en que Javier Duarte ha reinado en Veracruz y si hay implicación de
funcionarios públicos en el clima de hostilidad, la represión y en la muerte
misma de los periodistas. Advirtió en PRD que la semana próxima solicitará
juicio político al gobernador. “El juicio político no implica que sea ‘autor
intelectual’. Basta con que incumpla su responsabilidad constitucional de
proteger a los periodistas. Y lejos de protegerlos, los criminaliza”, afirmó
Fernando Belaunzarán, de la fracción parlamentaria del partido del sol azteca.
Obvio, PRI y Partido Verde fueron a mostrar que en complicidad no tienen rival.
Argüían las rémoras tricolores que a Rubén Espinosa, Nadia Vera y cuatro
personas más lo mataron en el DF y no en Veracruz y que todo indica que es obra
del crimen organizado y no asunto que tenga que ver con la libertad de
expresión. Bloquea el PRI que la investigación del crimen de Rubén Espinosa y
las cuatro mujeres en la colonia Narvarte sea atraída por la PGR. ¿Por qué? Si
se supone que no hay nada que esconder, que el móvil es el narco, no las palizas
que le daba el gobierno de Javier Duarte a los periodistas críticos y a los
activistas sociales, qué caso tenía negar que el caso lo tomara en sus manos la
PGR. Sea como sea, Javier Duarte fue masacrado como nunca... En su auto, con su
esposa y dos hijos, subido a una grúa, llegó Enrique Rentería Zavaleta a
Coatzacoalcos. No se bajó del vehículo cuando intentaron ejecutarle una orden de
aprehensión por falsificación de documento. Así lo trajeron a Coatzacoalcos.
Grotesco el nuevo ardid del fiscal “Culín”, alias Luis Ángel Bravo Contreras,
que sabía del amparo concedido en suspensión provisional al abogado Enrique
Rentería por el embuste de que falsificó el certificado médico que demuestra que
al procesado José Armando Salinas Linares lo torturaron agentes policíacos en
Las Choapas, que sufrió lesiones en el cuerpo, que lo tuvieron retenido e
incomunicado durante nueve días. A eso, tácitamente, se le llama violación del
debido proceso y con ello cualquier juez otorga la libertad del detenido. En
redes sociales difundía Enrique Rentería la imagen del portal del Poder Judicial
de la Federación en que consta la suspensión provisional. Dice la subfiscal
Samyra del Carmen Koury Colorado que ella oficialmente no estaba notificada
cuando se armó el sainete contra el abogado. Rentería defiende a José Armando
Salinas Linares, acusado de haber participado en el secuestro de la niña Karime
Alejandra Cruz Reyes. Salinas Linares, alias “El Panadero”, acusa tortura para
incriminarse, y el médico Mario Poblete Hipólito certificó que lo atendió en la
Cruz Roja de Las Choapas, constando el hecho en un certificado y en la bitácora
ministerial. Asoma la corrupción, la vejación, la tortura, la violación a la
ley. Rentería llegó con su familia en el auto a Coatzacoalcos. Pretendieron
abrirle el auto con cerrajero. Fue internado, impedido el paso a la prensa en
otra más de los atropellos de Fisculín. Horas más tarde, Enrique Rentería estaba
libre bajo fianza, violado el amparo que le concedió un juez federal. Deja ahí
el mensaje el fiscal del duartismo: aún con amparo, si así lo quiere, aprehende
y encarcela. Pasan el Poder Judicial Federal por un episodio de infamia, de
vergüenza pura, pisoteados los jueces por la arbitrariedad y prepotencia del
fiscal del gobernador Javier Duarte. Que habrá sanción, puede ser. Que habrá que
pagar multa, la que sea al fin que sale del erario público. Veracruz sin ley, en
manos de filibusteros... Atropella Hugo Ríos y lo
festina su padrino uno, Ricardo Orozco Alor, y más su padrino dos, Flavino Ríos
Alvarado. Atropella el líder de la Red de Jóvenes por México, versión dirigencia
municipal del organismo priísta, a otros dirigentes que deseaban ser diputados
en el Parlamento Juvenil del Congreso de Veracruz y que hoy acusan que la
elección fue una farsa. A todos irritó Hugo Ríos, proyectado a un cargo de corte
estatal sin mérito alguno, acaso acarreando borregos del Instituto Tecnológico
de Coatzacoalcos a los mítines priístas y pepenando uno que otro voto en cada
elección. Otros jóvenes trabajan de tiempo atrás en el PRI, pegando propaganda,
haciendo gestión, ligados a las promotoras sociales. De ahí la ira de los
líderes juveniles del PRI que amagan con denunciar que la elección del diputado
juvenil fue una mascarada. Dejó pasmado al marcelismo y a su líder, Marcelo
Montiel Montiel, que no atina a ver que ya lo desplazan en su feudo. Ricardo
Orozco Alor es el guía del futuro diputado juvenil pero quien coloca esas piezas
hacia la sucesión en la gubernatura, es Flavino Ríos Alvarado, a favor del
alemanismo para quedarse con el gobierno de dos años... Irredentos, tres
notarios gustan del fraude con efecto a largo plazo. Dan fe de un fideicomiso en
los 80; certifican operaciones de compraventa en los 90, y avalan la reventa
hace unos meses. Si fueran del montón, ni en cuenta. Pero no. Son notarios con
pedigrí, acaudalados y afamados, así venga de la delincuencia lo que tienen y lo
que ostentan. Ya casi les cursan oficio de que enfrentan una denuncia, el fraude
en el horizonte judicial, un escándalo en el jet-set...
INFORME ROJO
Mussio Cárdenas Arellano
Javier Duarte: el crimen y los miedos
* ¿Dónde anda el gobernador? * Agazapado, en la peor crisis del duartismo
* Caso Rubén y Nadia: los políticos se encubren * La venganza del fiscal *
Cárcel al abogado Rentería * Acción legal porque le derrumbaba el caso Karime
Alejandra * Protesta en el Congreso * Prensa exige que cese clima de
hostigamiento * Que desaparezca la CEAPP.
6 de agosto de 2015
Agazapado, vive sus miedos Javier Duarte. No da la cara, no responde a las
críticas, capotea el vendaval bajo la alfombra, oculto en la vergüenza, mientras
Veracruz se sacude por el crimen del fotoperiodista Rubén Espinosa.
Triste papel, indigno y aberrante, el del gobernador de Veracruz a quien
dentro y fuera de su estado, en México y más allá de sus fronteras, se le acusa
de haber propiciado el clima de hostigamiento, las condiciones adversas para
realizar el trabajo reporteril, la represión policíaca, el asedio, el espionaje,
la amenaza y la intimidación.
¿Qué dice Javier Duarte? Nada. No se le ha escuchado pronunciar una palabra,
expresar de frente y con agallas, de viva voz, una explicación, menos un lamento
válido, creíble, en torno a la ejecución de quien fuera fotógrafo de la agencia
AVC y colaborador de Proceso y Cuartoscuro.
Su silencio es vergonzoso, muy de él, retrato del político improvisado y
mediocre, sacado de la chistera como acto de magia política, como conejo de la
suerte —o de la mala suerte para Veracruz— con el que su antecesor y padrino,
Fidel Herrera Beltrán, quiso imponer un maximato, el fidelato de los 12 años.
Su reacción al crimen de la colonia Narvarte ha sido un mísero comunicado,
redactado por la mano de la insensibilidad, expresando un lamento sin sustento,
inverosímil pues si alguien ha sido especialmente hostil con la prensa, es
Javier Duarte.
“El gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa —dice el texto de dos
párrafos—, lamentó los aberrantes hechos ocurridos la noche del pasado viernes
en la colonia Narvarte de la Ciudad de México, donde perdieron la vida cinco
personas, entre ellas, el fotoperiodista Rubén Espinosa Becerril.
“El mandatario manifestó este domingo su plena confianza en que las
autoridades de la Procuraduría General de Justicia de Distrito Federal habrán de
esclarecer este caso lo más pronto posible”.
Javier Duarte es de palabras huecas y de ideas aún más chuecas. Lamenta lo
que no siente y usa un término, “aberrante”, con el que intenta dimensionar el
tamaño de una indignación que le es ajena.
No fue aberrante, seguro, la paliza que le propinó su policía a los
periodistas en Plaza Lerdo frente al palacio de gobierno de Xalapa, la madrugada
del 13 de septiembre de 2013, y ahí amagaron a Rubén Espinosa, lo zarandearon,
fue golpeado, obligado a borrar las imágenes que yacían en la tarjeta de memoria
de la cámara fotográfica, el registro de la intolerancia y la agresión.
Nada es peor que la falsa congoja. Javier Duarte la practica bien. Se duele
del crimen de Rubén Espinosa que no siente, y hay voces que lo ubican como la
mano que meció la cuna. Su relación con la prensa no es mala; es peor.
Tilda a la prensa de manzanas podridas, de tener vínculos con el crimen
organizado, de ser la expresión de los delincuentes y les lanza una lección
ética —“pórtense bien”— como si en su inmensa anatomía hubiera un gramo de
calidad moral para dictar las conductas de los demás.
En seis días, Javier Duarte se mantiene a distancia, sabedor que los fuegos
del multihomicidio lo queman y lo abrasan, pues nunca en la historia de Veracruz
un gobernador había sido tan arteramente agresivo con la prensa crítica y tan
torpe como para suponer que con una legión de textoservidores podía inventarse
una fama.
Nadia Vera Pérez, la joven activista social, antropóloga, le llamó ignorante
con gran agudeza en aquel video que estremeció a todos, descalificado el
gordobés porque, le dijo Nadia, no gobierna él, gobierna el narco.
Y a falta de inteligencia política, de habilidad, de colmillo y experiencia,
aplica la mano dura y la treta para reclamar su espacio y replegar a quienes
disienten o protestan.
Represor nato, imagina Javier Duarte que el poder no se pierde ni disminuye.
Su policía bloquea campesinos camino a Xalapa; les impide ejercer su derecho a
manifestarse, violando la Constitución, rompiendo el orden legal. Qué sabe de
leyes el abogado egresado de la Ibero si el poder lo suplanta todo.
Y así con maestros y todos aquellos que se concentran para reclamar la
indolencia oficial, la falsedad y la mentira, el daño ambiental, el agravio a
las leyes.
Eso sí, a los 400 Pueblos los trata como quejosos VIP, las mujeres con sus
cueros al aire, grotescas, y los varones de risa. Su protesta es denigrante.
Hacen de Xalapa una letrina y los xalapeños los tienen que aguantar por ser el
espectáculo favorito del señor gobernador.
Su respuesta al crimen de la Narvarte fue un comunicado de dos párrafos en
que lamentó el hecho y dispuso todo esfuerzo para colaborar en el
esclarecimiento de ese hecho de sangre. Ajá.
Lo dice en palabras y lo niega en los hechos. Su conducta es otra. Mientras
ofrece colaborar con las pesquisas policíacas, lanza a sus textoservidores a
lavarle la imagen, a justificar su rol represor, a exonerarlo a priori en un
juicio que aún no inicia, a derivar el caso de los cinco ejecutados en la
hipótesis del narcotráfico, el mejor montaje para evadir el móvil político,
alejarlo de la represión a quien tuvo una labor constante de crítica, como lo
fue Rubén Espinosa.
No se sabe dónde anda Javier Duarte. Se le cita en Miami, en España, lejos de
toda acción de gobierno, vacacionando lejos del torbellino, faltando a su
responsabilidad política, reacio a enfrentar el peor momento de su gobierno, la
mayor crisis en lo que va del duartismo, acusado públicamente de estar detrás de
la ejecución del fotoperiodista, Nadia Vera y tres mujeres más, o por lo menos
de ser el autor intelectual de ese clima de ofensa, represión, espionaje,
agresión hacia la prensa crítica y el activismo social.
Sin chistar, sin inmutarse, ve los palos de ciego del procurador del DF,
Rodolfo Ríos Garza, que primero dice que el quíntuple crimen obedeció a un robo;
luego sale con que es el narcotráfico. Acusa que el objetivo del ataque era la
colombiana Nicole, a quien llaman también Simone, pero no se llama ni Nicole ni
Simone, sino Mile V. Martín, según difunde en Twitter el columnista Julio
Hernández López.
Ríos Garza está peor que Luis Ángel Bravo Contreras, el fiscal del duartismo.
Conforma el móvil del crimen organizado y por esa ruta se va, lejos de que a
Rubén Espinosa y a Nadia Vera los hallan ejecutado por haber enfrentado al
duartismo.
Dicen los genios de la palabra, corifeos de Javier Duarte, que Rubén y Nadia
estuvieron en el lugar equivocado, a la hora equivocada, en la circunstancia
equivocada. No eran ellos el objetivo, sino la colombiana, a quien dan por hecho
que era la “burra de la Narvarte”, una mujer de 29 años quien apenas tenían un
mes viviendo en el departamento 401 del edificio 1909 de Luz Saviñón. O sea, que
con trabajo la conocían.
Bendita casualidad. Rubén amenazado por el duartismo; Nadia amenazada por el
duartismo. Ambos exiliados de Veracruz. Rubén seguido y hostigado en el DF. Los
dos con el miedo en la piel. Y mueren ejecutados, torturados, baleados de pura
chiripa, en el ataque a la colombiana desconocida.
Ni a “Culín” Bravo Contreras y a su guionista de cabecera, autor de thrillers
y novelones poca abuela, Enoc Maldonado Caraza, se les hubiera ocurrido
semejante historia.
“No les creemos”, gritó la prensa de Xalapa, en el Congreso de Veracruz, en
una irrupción inédita, condenando a Javier Duarte porque su actitud amenazante
fue lo que provocó la huida de Rubén Espinosa y Nadia Vera de Veracruz hasta su
ejecución en el DF.
¿Que Javier Duarte no es responsable? Lo es y de sobra. “13 periodistas
asesinados, ningún condenado por los delitos, dos casos en donde los testigos
han dado su confesión por medio de un delito de Estado, la tortura; un récord en
el gasto en publicidad oficial a medios locales para silenciarlos, amenazas
públicas reiteradas del gobernador, 37 periodistas desplazados de Veracruz… No
sé, me suena a una irresponsabilidad defender que
como-no-se-puede-probar-que-él-no-los-mató entonces debemos callarnos. Solución:
no se dejen llevar por los diabólicos contrafactuales pendejos”, resume Antonio
Marvel en su espacio de internet Final de Juego.
No es ajena la ejecución de Rubén y Nadia al pacto de la impunidad en la
familia política. Lo plantea Edgardo Buscaglia, especialista internacional en
crimen organizado y corrupción. Lo publica el periodista Témoris Grecko, en el
portal Cuadernos Doble Raya:
“Toda investigación que intente llegar al meollo de quién fue el presunto
responsable y de generar material probatorio es bloqueada por definición. ¿Por
qué? Porque en un pacto de impunidad como el de México o el de Rusia, ni bien
quieres llegar a un actor político, y ese actor político tiene información sobre
muchos otros actores políticos, inmediatamente el sistema judicial se cierra”.
Mientras el gobernador vacaciona. El torbellino gira. Lo atrapa, lo sacude,
cimbra a su gobierno y él nada hace.
El silencio dice mucho. Así está Javier Duarte.
Archivo muerto
Un más de “Culín”. Implica al abogado Enrique Rentería en falsificación de
documentos, sólo para impedir que el único detenido y procesado del caso Karime
Alejandra Cruz Reyes quede en libertad. Rentería, ex agente del Ministerio
Público en Coatzacoalcos, logró acreditar que José Armando Salinas Linares,
presunto copartícipe en el secuestro y muerte de la menor, vio violados sus
derechos sometido a tortura, incomunicado, antes de ser presentado al juez, en
septiembre de 2014. Basó su prueba en el certificado que expidió el médico Mario
Poblete Hipólito, quien entonces era legista en el MP de Las Choapas. Acreditó
éste que atendió al detenido sin saber que era acusado del secuestro de la niña
Karime Alejandra, que lo llevaron con él policías ministeriales y que presentaba
una herida en el cuello. Consignó su nombre en la lista de pacientes, dato que
pasó a la bitácora ministerial. Basta ese testimonio para establecer que José
Armando Salinas, alias “El Panadero”, vio violados sus derechos. Vulnerado el
debido proceso, quedaría en libertad vía un amparo. Pero las tretas del fiscal
Luis Ángel Bravo Contreras, son infinitas. Acusa ahora a Enrique Rentería y a
Mario Poblete de falsificación de documento, sabedor que el caso está perdido.
Mario Poblete fue sustraído ayer de su domicilio, en Las Choapas, mediante
engaños; recibió una llamada diciéndole que tendría que presentarse a realizar
una certificación en la comandancia ministerial. Abordó un taxi, llevando con él
su silla de ruedas, pues le fue amputada una pierna. Poco después, agentes
policíacos lo hicieron bajar y lo trasladaron al penal Duport Ostión en
Coatzacoalcos. En Xalapa, Enrique Rentería se encontraba con su familia a bordo
de su automóvil. Pretendieron ejecutar la orden de aprehensión. Se negó. Todos
en el interior del vehículo, fueron remolcados hasta Coatzacoalcos. Perdido, el
fiscal Luis Ángel Bravo recurre a tretas de abogadazo. Se recuerda cuando
Enrique Rentería lo derrotó en el caso del crimen del pastor evangélico Claudio
Martínez Morales, líder de la Comunidad de Dios, en 2013. Acusados falsamente,
endebles las pruebas, los cuatro trabajadores electricistas señalados de la
masacre lograron su libertad con un amparo. “No está terminado”, dijo “Culín”. Y
prometió que reaprehendería a los cuatro electricistas. Consuma su venganza con
la maniobra para tener al abogado Rentería tras las rejas, acusado de
falsificación de documento, sin derecho a fianza, en manos del aparato represor.
Nunca antes Veracruz había vivido un período de oscuridad como el que atraviesa
por la inseguridad, la violencia, la justicia torcida, la corrupción de la
Fiscalía, los inocentes en las cárceles y los criminales gozando de libertad.
Sabe “Culín” Bravo que si el caso Karime Alejandra se cae, comenzaría a hacer
maletas e irse con su música a otra parte. Este jueves se espera la repuesta de
Enrique Rentería, su familia y sus abogados... Se cimbra el Congreso de
Veracruz. Irrumpe la prensa, los compañeros de Rubén Espinosa Becerril, sus
amigos, sus hermanos. Protestan por la inacción del Poder Legislativo, por la
complicidad con el desgobierno de Javier Duarte, por la inoperatividad de la
Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas, por el clima
de hostigamiento contra la prensa crítica, por las amenazas abiertas y el desdén
del gobernador hacia los comunicadores, por los 14 periodistas asesinados, los
cuatro desaparecidos, los 32 exiliados, uno de ellos en Francia, otro en Estados
Unidos, otros más en el interior del país, dedicados a otra cosa, salvando su
vida. Falla el sistema cuando se vulnera la integridad de un gremio que es voz
de la sociedad, que abre sus canales, que refleja la denuncia, que expresa la
protesta social, y con ello asume el riesgo de ser reprimido, de sentir el
aparato policíaco en la piel, golpeados y amenazados como le ocurrió al
fotoperiodista Rubén Espinosa, de la agencia AVC y colaborador de la revista
Proceso y la agencia fotográfica Cuartoscuro. Exigían que cese la intimidación
por parte de Seguridad pública, la policía violenta, arbitraria, prepotente, del
secretario Arturo Bermúdez Zurita, del gobernador Javier Duarte. “Si les queda
vergüenza, dignidad y un poquito de conciencia social”, le expresó a los
diputados Noé Zavaleta, corresponsal de Proceso, que exijan a la Fiscalía
General del Estado que se ponga a disposición de la PGR y de la Procuraduría del
DF para entregar los avances de la investigación por la agresión a los
universitarios en Xalapa, la madrugada del 5 de junio, de la cual “Rubén como
activista y reportero dio total cobertura y seguimiento”. Exigieron también el
cese del hostigamiento y que la Fiscalía deje de proteger a los agentes que
participaran por omisión o complicidad en el ataque a estudiantes”. Exigen
también que desaparezca la CEAPP, pues en “no ha servido para nada y solo ha
sido un elefante blanco”. Que le caiga el veinte a Javier Duarte: a eso ha
llevado el clima de hostigamiento propiciado por el gobernador contra la prensa
crítica; a que el Congreso de Veracruz sea escenario de una protesta en medio de
una sesión...
INFORME ROJO
Mussio Cárdenas Arellano
Rubén Espinosa: el montaje de la droga
* La Procuraduría del DF se enreda * Encubre el móvil de la represión
duartista * Incongruencias en la investigación * “Sabemos quién fue” * Marchas
en Xalapa por Rubén y Nadia * Hugo Ríos, el diputado juvenil impuesto * CEAPP:
protestas de lunes a viernes * El comisionado Enríquez prefiere cocinar.
5 de agosto de 2015
De Nicole sólo se sabe que se llamaba Nicole. O Simone. Es la chica muerta,
asesinada en la masacre de la Narvarte, donde dejó la vida Rubén Espinosa, donde
le arrancaron la existencia a Nadia Vera. De Nicole se afirma que es colombiana
y con ese montaje, el de la hipótesis de la droga, se evade la pista de la
represión contra el fotoperiodista de Proceso, Cuartoscuro y AVC.
Cinco días después, sigue a los tumbos la Procuraduría de Justicia del
Distrito Federal, apabullada cuando soltó la versión de que a Rubén Espinosa y
las cuatro mujeres los ejecutaron sólo por robarles.
No se sabe qué robaron. No se sabe si fueron tres o cuatro matones, si
conocían a las víctimas, si pasaron horas ahí. No se dice a qué hora ocurrió la
ejecución. Y si sólo eran rateros, por qué actuaron con la saña de un sicario.
Hay más dudas que certeza, la investigación atropellada como si la intención
fuera alejar el móvil real, el de la venganza política, implicado el duartismo
en las agresiones que sufriera el fotoperiodista Rubén Manuel Espinosa Becerril
a manos de la policía veracruzana, los esbirros del secretario de Seguridad
Pública, Arturo Bermúdez, en la amenaza, el hostigamiento, el encuentro cara a
cara con sus verdugos, policías vestidos de civil.
Dice el procurador capitalino, Rodolfo Ríos Garza, que va por todas las
líneas de investigación, incluida la de Veracruz, las amenazas al periodista
desde el seno del duartismo, los episodios de violencia en Plaza Lerdo, el 13 de
septiembre de 2013, cuando registró con su cámara el avance de la policía, el
uso de los bastones eléctricos, los toletes, los escudos con arma, el golpe
artero.
Ese día, a Rubén Espinosa lo obligaron a formatear su memoria y borrar sus
imágenes. Pero sabrá cómo, pudo conservar algunas. Las entregó a la agencia AVC
y evidenció la mano represora del desgobierno de Javier Duarte.
Evidenció a la policía vestida de civil, uno de los elementos armado,
infiltrado así en la conferencia de prensa del Partido del Trabajo, cuando fue
revelado el “Balance Electoral 2015”, el Informe Bermúdez, que categorizaba a
los grupos disidentes como “anarquistas” e “incómodos”.
Vinculado al movimiento estudiantil universitario, no ocultó sus ligas con
sus dirigentes. Cubrió la agresión a ocho de ellos, la madrugada del 5 de junio,
a manos de un grupo parapolicíaco, los entrenados en la Academia El Lencero, la
policía del gobernador, con licencia para apalear y permiso para asesinar.
Nada, sin embargo, le quita el sueño al procurador del DF, Rodolfo Ríos
Garza. Rubén Espinosa salió de Veracruz molesto, indignado por tener que
modificar su conducta, mantenerse a salvo, no exponerse, guardarse. “Me caga”,
dijo el corresponsal gráfico de Proceso, el autor de la portada con que
dimensionó el reportaje sobre el secuestro y crimen de otro periodista, Gregorio
Jiménez de la Cruz.
Perfiló Ríos Garza el móvil del robo y fue como accionar una granada de
bolsillo. Estalló y lo pulverizó.
Da palos de ciego el procurador del DF. Filtra información a su prensa amiga.
La usa como termómetro de la opinión pública, el sonar de las reacciones para
evitar un descalabro.
Cinco días después no logra saberse qué robaron. Tampoco se explica cómo un
ladrón agrede, tortura, viola, dispara y da el tiro de gracia. O sea, ladrones
que actúan como sicarios. O sicarios que se comportaron como sicarios.
Agravia el enredo. Filtró la Procuraduría que Rubén Espinosa llegó al
departamento 401 del edificio marcado con el número 1909 de Luz Saviñón, colonia
Narvarte, el jueves 30 de julio. Había reunión. Se convirtió en fiesta. Se
transformó en bacanal. Dice que Rubén Espinosa pernoctó ahí. Era amigo de Nadia
Vera Pérez, antropóloga social, activista, integrante del Movimiento #YoSoy132,
ex miembro de la Asamblea Universitaria en Xalapa, productora de programas
culturales.
En la “fiesta” habrían estado Yesenia Quiroz Alfaro, maquillista; Nicole, la
supuesta colombiana, desempleada pero con un Mustang Shelby modelo 2006,
poseedora de joyas de oro, que no fallaba en el pago de los gastos que originara
el departamento.
Supuestamente habrían estado cuatro amigos varones. Habría corrido alcohol. A
eso de las 8 de la mañana, otra inquilina, Esbeidy, se fue a trabajar. Ella
sería quien por la tarse, cerca de las 7:30, hallaría los cinco cuerpos sin
vida.
Según el expediente, los ladrones tomaron las joyas de Yesenia y Nicole. Las
introdujeron en una maleta y las llevaron consigo.
A todos los golpearon y luego les dieron el tiro de gracia. Dice el
expediente que con Nicole hubo “especial y marcada saña”.
En un principio se advirtió que las cámaras de seguridad del edificio
permitirían identificar a los asesinos. Después se anunció que los equipos no
servían. Posteriormente fue filtrado el video en que se ve a los asesinos salir
del edificio, abordar el Mustang rojo con franjas blancas, propiedad de Nicole,
y alejarse.
Inicialmente se mencionó que los vecinos habían visto un vehículo que
permaneció varios días en el lugar, vigilando. Luego reconoció la Procuraduría
del DF que se trataba del automóvil de Nicole. O sea que no era ningún vehículo
sospechoso.
Ríos Garza volvió a recular. La “fiesta” nunca ocurrió. Rubén, Nadia y un
amigo de Rubén llegaron al edificio a eso de las 2 de la mañana del viernes 31.
Ella se quedó en el departamento. Ellos se marcharon. Por la mañana el
periodista regresó. Ahí permaneció. Supuestamente envió un mensaje a las 14:30
diciendo que salía en ese momento hacia su domicilio. No lo hizo. A las 7:30 de
la tarde fueron hallados los cuerpos. Los vecinos confirmaron que no hubo
fiesta.
El 1 de agosto, el portal Letra Roja señaló que la masacre fue resultado de
un conflicto entre bandas colombianas dedicadas al narcotráfico. Aludía a la
aprehensión de un conocido narco, originario de Cali, de nombre Alexcey Veru
Vázquez, dedicado a reclutar hombres y mujeres procedentes de Bogotá y
Cartagena, quienes operan en México.
Nicole habría sido integrante de la banda, y a ella se debe la aprehensión de
Alexcey y cuatro cómplices.
Una versión dice que usaron un arma calibre 9 milímetros con silenciador.
Otra asegura que usaron almohadas para ahogar el sonido. De ahí que los vecinos
aseguran que no escucharon ningún disparo. ¿Eran ladrones o eran sicarios?
Nada, sin embargo, aterrizó en área fértil. La pista del narco se diluye ante
la presión de los medios de comunicación y las organizaciones defensoras de los
derechos de los periodistas.
Se trata de un montaje que enmascara la pista Veracruz, las amenazas y
agresiones del gobierno duartista, el asedio policíaco, el hostigamiento hacia
Rubén Espinosa, al grado de verse espiado, encarado, conminado a hacerse a un
lado, a callar.
Rebelde, ético, Rubén Espinosa prefirió salir temporalmente de Veracruz antes
que ceder a la presión. Se exilió en el DF. Ahí recibió otra amenaza cuando en
un café un tipo lo reconoció, le dijo su nombre y le señaló que era el
periodista que había tenido que salir de Veracruz.
Iban sobre él. Consumaron su misión el viernes 31 de julio. Ese día lo
golpearon, lo torturaron y lo balearon.
Nadia Vera formuló declaraciones contundentes a Rompeviento TV, en internet.
Dijo que en Veracruz no mandaba Javier Duarte sino el narco, que el poder estaba
en manos de los zetas y que el pueblo se había convertido en la mercancía, que
debía pagar cuota si quería trabajar o instalar un negocio.
“Les estorbamos”, expresó. Les estorbamos a unos y a otros. Les estorbamos a
la represión legal y a la represión ilegal, señaló la joven.
Nadie fue vejada, presumiblemente atacada sexualmente, torturada y baleada.
Murió junto a Rubén Espinosa, su amigo y según algunas referencias
periodísticas, su pareja sentimental.
Nicole es un misterio. A cuatro de los muertos se les identifica con nombre y
apellidos; a Nicole no. Otras versiones la llaman Simone.
Es el montaje de la droga, la coartada del gobierno capitalino para sostener
que fue un robo, o que los sicarios iban por la colombiana. Así diluye y rechaza
que el objetivo era Rubén Espinosa, el corresponsal de Proceso y Cuartoscuro y
de la agencia AVC. Así descarta que fuera un ataque contra Nadia Vera, quien
aseguró que en Veracruz no manda el gobernador sino el narcotráfico.
No se sabe quién es peor: si Javier Duarte o si Miguel Ángel Mancera. Duarte
hostiga a la prensa crítica, la criminaliza, le llama “expresión de la
delincuencia” y la trata a punta de golpes, de amenazas y de represión. Mancera
simula que procura justicia.
¿Por qué no se revela la verdadera identidad de Nicole?
Archivo muerto
“Sabemos quién fue”. Es la leyenda que se ve en la manta, con los rostros de
Nadia Vera y Rubén Espinosa. Marcharon los periodistas xalapeños, sus amigos,
sus parientes, aún quienes no los conocían, exigiendo justicia, implicando al
gobernador Javier Duarte en el crimen de fotorreportero, exiliado en el DF,
hasta donde alcanzó la mano de la delincuencia o de la policía que actúa como
delincuencia. Marcharon este martes 4, no sólo en la capital de Veracruz.
También en Guanajuato y Sonora, y este miércoles 5 habrán concentraciones en
todo el país, en Nayarit, en el Estado de México, en el DF, y también en Madrid,
España. “No nos mataron a un reportero, ni a una activista… nos mataron a
nuestros hermanos”, dicen mientras exponían fotografías de Nadia y Rubén.
Jornada álgida, los moneros de los medios presentaban sus cartones, incisivos,
un Javier Duarte ensangrentado, degradado políticamente, bajo sospecha de haber
ordenado la muerte del fotoperiodista de la agencia AVC, colaborador de
Cuartoscuro y Proceso. Sigue la indignación, y más cuando el duartismo intenta
diluir la gravedad del caso, arguyendo que sí, que Rubén Espinosa fue asesinado
pero no por razones de su labor periodística. Sigue la tormenta, reventado
Javier Duarte cuando envía a su tropa de inútiles, sus textoservidores, la mafia
de papel, a actuar como la Caja China, distrayendo con falacias, lanzando lodo
sobre el charco de sangre. Hora y media permaneció el contingente frente al
palacio de gobierno, ausente el desgobernador Javier Duarte, reacio a admitir
que en gran medida la vida de los periodistas críticos se pierde por el ambiente
hostil a la prensa, por sus balandronadas, por la instrucción policíaca de
apalear a cuanto periodista tenga enfrente... Repudiado, por el drenaje,
vilipendiado, llega Hugo Ríos al Parlamento Juvenil. Lo increpan líderes
estudiantiles, universitarios, priístas muchos de ellos, miembros de la
izquierda, todos aquellos que se acogieron a la convocatoria, que creyeron que
habría juego limpio. Hugo Ríos dirige la Red de Jóvenes por México en
Coatzacoalcos, líder priísta. O sea, dados cargados, mascarada vil, burdo
desaseo para ir proyectando a quienes serán los mandamases de la política en
Veracruz. Dicen los líderes defraudados que van a calentarle la plaza a Hugo
Ríos, cuestionado su liderazgo porque de dedazos ya están hartos. Coincide la
repulsa con una carta suscrita por Mariana Yunes, joven que aspiró a ser parte
del Parlamento Juvenil, quien revela nombres, padrinos, ligas políticas y
contubernio. De Hugo Ríos dice Mariana Yunes, así, en tres líneas: Miembro del
ayuntamiento de Coatzacoalcos y representante del distrito Coatzacoalcos Urbano.
Es el relevo de Jessy Ramos, la joven a quien Joaquín Caballero proyectará para
militar en las ligas estatales del PRI. Eso sí que es querer agitar el
avispero... O sea que Gerardo Enríquez Aburto, integrante de la Comisión Estatal
para la Atención y Protección de los Periodistas, practica la solidaridad y el
respaldo al gremio en semana inglesa. En la red social Facebook dice la
reportera Ely Aviña que no lo vio en la protesta del domingo 2 por el crimen del
fotoperiodista Rubén Espinosa. Responde Enríquez Aburto: “Lo siento lic sab y
domingo me dedico a mis actividades de Chef en El muellecito lic”. Se refiere a
su restaurant en la congregación Las Barrillas. Ah, bueno. Hay que aguantar
represión, agresión, amenazas, corretizas, tortura y hasta tiro de gracia, de
lunes a viernes. En fin de semana, la CEAPP no atiende...
INFORME ROJO
Mussio Cárdenas Arellano
Rubén Espinosa: exilio que mata
* Los sicarios lo hostigaron y luego fueron por él * En el DF, en un café,
recibió otro amago * Javier Duarte, señalado * Del plato de Duarte a la protesta
* El diputado Ahued desnuda al Congreso * El predio de los Vidal * Grupo Ortiz
se quedó con calles y área verde * Otro lío para el alcalde.
4 de agosto de 2015
A regañadientes se fue Rubén Espinosa de Veracruz. Creyó en el exilio, en la
distancia, en que perdido entre la mancha urbana del DF le permitiría disuadir a
los sicarios y a los patrones de los sicarios, duartistas o no duartistas,
bermudistas o no bermudistas, y así diluir su sentencia de muerte. Pero el
exilio falló.
Murió a manos de chacales, pasado por la tortura, con un tiro de gracia,
presumiblemente colgado, en un departamento de la colonia Narvarte donde horas
antes departía con amigas y amigos, con Nadia Vera Pérez, activista social, con
dos mujeres más y luego la empleada doméstica que encontraron una final
sangriento y brutal.
Dejó Veracruz por el asedio y las amenazas. Se fue por el clima de
hostigamiento creado por el gobernador Javier Duarte contra la prensa crítica,
por sus constantes reproches, por los amagos velados de agresión, represión o
acción judicial.
Se fue después de sentirse como aquel que tiene el arma en la sien o la daga
en la espalda, por el discurso duartista que denostaba la labor reporteril y las
críticas contra su gobierno, fundamentadas en el saqueo y la quiebra financiera,
por el fracaso de la seguridad, por la entrega del territorio veracruzano al
narcotráfico.
Fotoperiodista activo, parte de AVC, corresponsal y colaborador de la revista
Proceso y de la agencia Cuartoscuro, Rubén Espinosa tuvo su propio calvario.
Sufrió represión, golpes, el insulto, la amenaza, el embate policíaco, el ataque
de las fuerzas al servicio del secretario de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez
Zurita, en aquel episodio de Plaza Lerdo, la madrugada del 13 de septiembre de
2013, cuando hubo desalojo, el escenario limpio, a modo, para el grito de Javier
Duarte, el Grito desafinado de la Independencia.
Ese día lo agredieron los esbirros del duartismo. Le quitaron su equipo
fotográfico. Fue obligado a formatear la memoria de su cámara y ver perdidas las
imágenes del zafarrancho, del uso de armas tácticas, de bastones eléctricos, de
toletes para aplastar movimiento magisterial.
Rubén Espinosa Becerril denunció el atropello. Luego explicaría que el
gobierno de Veracruz le solicitó desistirse de la acción penal, retirar la
denuncia. No lo hizo. La mantuvo y la escaló a instancias nacionales, al
mecanismo de protección a periodistas del gobierno federal.
Muerto Rubén Espinosa, dice ahora la Fiscalía General de Veracruz que no hay
registro de denuncia alguna por parte del fotorreportero. No en sus archivos; sí
en la instancia federal, que ha confirmado que la reactivará y el dará curso.
Junio fue un mes decisivo en su vida. Dio seguimiento a las protestas por la
agresión a ocho estudiantes de la Universidad Veracruzana, molidos a golpes
cuando un grupo parapolicíaco, los muchachos de Bermúdez, irrumpieron en el
domicilio de uno de ellos, en Xalapa, sobre la calle Herón Proal, cerca de la
Unidad de Humanidades y del PRI estatal, y los atacaron con machetes, palos con
clavos, bates de beisbol y armas largas.
En las calles, los estudiantes reclamaron la represión. Gritaban que agredir
a uno era agredir a la comunidad universitaria en general. Rubén Espinosa
captaba con su lente la protesta. Dejaba evidencia que no solo eran alumnos de
la UV, sino activistas sociales, defensores de derechos humanos, ambientalistas,
militantes de partidos de izquierda.
Identificó también a agentes vestidos de civil que participaron en una
conferencia de prensa, convocada por el Partido del Trabajo, donde fue
denunciado el espionaje de la Secretaría de Seguridad Pública del gobierno
veracruzano a activistas sociales. Los tildaba de “anarquistas” y de
“incómodos”. Algunos de los señalados tenían vínculos con los universitarios
agredidos la madrugada del 5 de junio.
Luego vendría la represión y el hostigamiento. Día y noche era vigilado. Al
salir de su hogar ya lo esperaban. Lo seguían a todas partes. Después se le
acercarían. Le dirían que se hiciera a un lado. Le esbozarían que estaba en sus
manos. Tendría contacto cara a cara, cercanísima la distancia, al alcance de los
sicarios.
Entonces se fue de Veracruz. “Me caga”, dijo cuando refirió que no poder
salir era la muerte, que no tener libertad lo incomodaba, que no sabía cuando
podría regresar.
Creyó en el exilio. Se trasladó al Distrito Federal. De allá era y allá
retomó su camino. Vivió casi ocho años en Veracruz, pero el clima de
hostigamiento gestado por Javier Duarte y sus sicarios, le obligaron a dejar la
entidad.
Se fue. Iba sin recursos, según relatan las crónicas que se han escrito a
raíz de su muerte. Acudía a eventos, a protestas, a marchas en las calles, cuyas
gráficas difundían los medios para los que trabajaba.
Se imaginó libre en el exilio. Sólo lo imaginó. Existe una referencia que
apunta a que un día, mientras se hallaba en un café, un individuo se le acercó y
le dijo, así, directo, sin mayores preámbulos, que era Rubén Espinosa, el
periodista que había tenido que salir de Veracruz.
Lo tenían ubicado. Los sicarios iban por él. Sólo sería cuestión de esperar.
Su cuerpo apareció sin vida, con huellas de golpes, con dos balazos, uno de
ellos el tiro de gracia, en la recámara del departamento 401 de la calle Luz
Saviñón, en la colonia Narvarte, delegación Benito Juárez, en el DF, el viernes
31 de julio.
Fue martirizado, como si los sicarios hubieran ido a terminar el trabajo que
habían comenzado en Veracruz, cercándolo, amedrentándolo, hablándole cara a
cara, diciéndole los malvivientes que se hiciera a un lado, el dedo sobre los
labios, la mirada que retaba.
Fueron por él cuando todo el gremio suponía que el exilio era la mejor carta
de seguridad. Lo hallaron junto a Nadie Vera, su amiga, supuestamente su pareja
sentimental; junto a Jesenia Quiroz Alfaro, una joven de 19 años, maquillista;
junto a Nicole, presuntamente colombiana; junto a Alejandra, la señora que se
encargaba del aseo en el departamento.
El exilió falló. Los medios nacionales e internacionales lo reprueban.
Aseguran que la ciudad de México ya no sirve para perderse entre la mancha
humana.
Ningún exilio funciona si no hay un mecanismo de protección. Supuestamente
Rubén Espinosa no se acogió a él. Sólo salió de Veracruz, suponiendo que
aquellos a quienes había agraviado con sus fotografías, Javier Duarte, Arturo
Bermúdez Zurita, lo dejarían en paz.
Al exilio se fue Andrés Timoteo, autor de Texto Irreverente, una de las
columnas más punzantes del periódico Notiver. Vive en Francia. Salió de Veracruz
poco después del crimen de Regina Martínez, su amiga y colega con quien convivió
por años. Una versión sostiene que el siguiente periodista ejecutado sería
Andrés Timoteo.
Miguel Ángel López Solana dejó Veracruz horas después que sus padres, Miguel
Ángel López Velasco, columnista de Notiver, especialista en nota policíaca, y
Agustina Solana, fueron acribillados en su hogar. Ahí murió su hermano Misael,
quien era fotorreportero de Notiver.
Miguel Ángel López Solana se trasladó al DF. Lo cobijó el diario La Jornada.
Luego viajaría a Estados Unidos donde se mantiene bajo resguardo. Ahí se le
concedió el asilo por razones de seguridad.
Exiliados, 32 periodistas han tenido que salir de Veracruz alertados que el
crimen organizado los tiene incluidos en una lista negra. Algunos de ellos
retornaron bajo su propio riesgo. Guillermo Luna Varela se fue amenazado.
Regresó y el crimen organizado lo asesinó y desmembró una semana después del
asesinato de Regina Martínez. Apareció embolsado junto con Gabriel Huge y
Esteban Rodríguez, ambos periodistas.
El exilio funciona bajo condiciones de confidencialidad. No se puede andar en
áreas públicas, al alcance de cualquiera.
Es efectivo el exilio cuando la víctima queda lejos del victimario, del
agresor, del sicario, del gobernante que no soporta la crítica, de los
delincuentes que operan al amparo de la impunidad oficial. No es efectivo si
sólo se deja una entidad y se vuelve a la rutina a unos kilómetros de donde se
corría el riesgo.
Quienes salieron de México alcanzaron mayor seguridad. Quienes se fueron de
Veracruz y reiniciaron sus actividades en el DF, en Oaxaca, en Puebla, en el
norte o sur del país, en el occidente, siguen en la mira de sus verdugos.
A Rubén Espinosa lo cazaron. Un día lo abordó un tipo en un café. Le dijo
quién era y que había salido de Veracruz. Lo tenían ubicado. Su exilio nunca fue
tal. Y si lo fue, falló.
Hoy crece la indignación. Se alzan las voces que acusan al gobernador de
Veracruz del quíntuple homicidio, de su fobia contra Proceso, contra Rubén,
contra Regina Martínez, la corresponsal asesinada en Xalapa, el 28 de abril de
2012.
El exilio, pues, falló.
Archivo muerto
¿Periodistas? ¿Quiénes? ¿Esos que se sientan en la misma mesa y tragan en el
mismo plato del gobernador y que luego se duelen que otros periodistas, ellos sí
de a de veras, como Rubén Espinosa, como Regina Martínez, como Moisés Sánchez,
con la denuncia en una imagen, en un reportaje, en una nota, han sido asesinados
por criticar al duartismo y al estado de caos al que Javier Duarte ha llevado a
Veracruz? Acuden al llamado del gobernador por amor al chayote, por la dádiva,
por evitar el riesgo de perder las canonjías y las prebendas. Los menos van para
cubrir la nota, registrar el discurso, captar al gordobés en una gráfica,
redactar y a ver si su medio les publica la realidad del desarticulado
gobernador de Veracruz y su mundo de fantasía política, la prosperidad a la que
sólo tuvo acceso la familia feliz, o sea, los truhanes y los pillos que han
gobernado con él. ¿Cuántos de los que lloran y lamentan la ejecución de Rubén
Espinosa, torturado y ultimado con el tiro de gracia en el exilio que se suponía
le garantizaba seguridad en el DF, son los mismos serviles que aplauden a rabiar
los discursos de la ilusión. Escuchan a Javier Duarte. Lo elogian. Le roban una
foto en grupo, una selfie, un instante. Untan su cuerpo con el bálsamo de la
demagogia. Y luego lloran por los periodistas asesinados. No jodan. Esos no son
periodistas... Con Ricardo Ahued siempre hay nota. Sube a tribuna el diputado
priísta, razona su posición, reclama unas veces entre líneas, otras duro y sin
piedad, increpa y desecha la orden. Sorprende y no, el ex alcalde de Xalapa. Ya
antes se ha abstenido de aprobar las aberraciones que envía el gobernador Javier
Duarte al Congreso de Veracruz. O de plano las vota en contra. Reprobó la
reclasificación de valores catastrales, solicitada por 22 municipios, porque no
le enviaron la información para estudiarla, y porque el predial habrá de afectar
la economía de los contribuyentes, incluidos muchos de la tercera edad. Habló de
voracidad económica. “No podemos seguir legislando así compañeros, porque mañana
nos la van a cobrar afuera los ciudadanos y más ahorita con un tema en donde a
la gente no le alcanza para pagar, donde los pensionados tienen que pagar
predial”, dijo Ricardo Ahued Bardahuil. Reclamó que no le hayan entregado las
actas de cabildo de los 22 municipios con sus respectivas tablas que establecen
cuáles serán los valores catastrales en 2015 y cuál será el valor en 2016. Votó
en contra Ricardo Ahued en uno más de sus actos de congruencia. Se enfrentó a la
borregada priísta y a los pseudopositores que todo le avalan a Javier Duarte.
Hubo mayoriteo pero aún perdiendo, Ricardo Ahued exhibió que los priístas votan
a ciegas, serviles, sin reparar en el daño que le provocan al pueblo. Entre los
22 municipios que tendrán nuevos valores catastrales, están Xalapa y
Coatzacoalcos. Ahued desnuda otra vez al Congreso de Veracruz... Otro conflicto
por tierras. Denuncian los herederos de Mario Vidal Rivera despojo de una
fracción de terreno en la colonia Ampliación López Mateos. Suscrito por Irasema
Marinca Vidal Aguirre, apoderada de la familia, un oficio dirigido al alcalde
Joaquín Caballero Rosiñol establece que la empresa Grupo Ortiz se aposentó sobre
su predio de mil 521 metros cuadrados, adquirido a Corett en 1983, pero que
también se agenció parte de las calles Palmas y Gardenias, así como áreas
verdes. Implica el caso al líder transportista Ramón Ortiz Cisneros, de la CTM,
célebre por su protesta contra el gobierno de Veracruz por un adeudo de 10
millones de pesos en la obra del túnel sumergido de Coatzacoalcos. Amén de la
demanda civil que interpondrá la familia Vidal Aguirre, al alcalde Joaquín
Caballero le toca el rescate de las vialidades y el área verde. En el oficio,
Irasema Marinca Vidal Aguirre esboza términos como incumplimiento del deber
legal, responsabilidad, obligación. “El Sr. Ramón Ortiz Cisneros, de Grupo
Ortiz, se ha aprovechado de la inoperatividad municipal —y quisiera pensar que
no existe negligencia o complicidad— además de las responsabilidades en que
incurra usted Señor Presidente municipal por omisión y/o incumplimiento de un
deber, y así se ha apoderado de manera flagrante de la vía pública. Eso,
ingeniero Joaquín Caballero, es sumamente grave”, refiere el documento. Le
demanda la entrega del acuerdo de cabildo en que se haya solicitado al Congreso
de Veracruz la autorización para donar o vender áreas verdes y vialidades; si no
hubo venta o donación de las áreas verdes y vialidades, proceder judicialmente
contra Ramón Ortiz; identificar al notario público que pudiera haber validado el
despojo a los bienes municipales, y cancelar cualquier registro en Catastro
haciendo efectivo el que acredita a Mario Vidal como comprador ante Corett y a
sus herederos como titulares del predio. Uno conflicto más por la tenencia de la
tierra. Menudo lío para el alcalde...
INFORME ROJO
Mussio Cárdenas Arellano
Rubén Espinosa huía de Javier Duarte y el crimen lo alcanzó
* Torturado, baleado, colgado * Era corresponsal de Proceso, Cuartoscuro y
AVC * Dejó Veracruz hostigado por la policía represora * La hipótesis del crimen
político * Exigen investigar el móvil de su trabajo periodístico * “No quiero
que pase lo que a los estudiantes de la UV” * “Fue Duarte”.
Hostigado, golpeado, espiado, Rubén Espinosa se fue de Veracruz lanzando
pestes, salvando su vida, lejos de los sicarios autorizados, lejos de Javier
Duarte. Burló a la mano criminal sin imaginar que esa mano criminal lo
alcanzaría en su refugio, en el DF. Hoy está muerto.
Brutal, su muerte estremece. Hiere a un gremio, el de prensa, en el que Rubén
Espinosa hacía fotoperiodismo, vinculado estrechamente a los movimientos
sociales, a la protesta, a la denuncia contra el duartismo, al activismo social,
a diario su descripción en imágenes del Veracruz harto de corrupción y
atropello, de injusticia e impunidad.
Lo hallaron con huellas de tortura, dos impactos de bala, amordazado con
cinta industrial, cinta plateada, colgado.
“El cuerpo de Rubén estaba muy golpeado de la cara, presumiblemente torturado
y con dos impactos de bala, reveló su hermana a sus compañeros y amigos
fotoperiodistas. Trascendió que se le halló pendiendo de una cuerda”, relata
Nantzin Saldaña del portal 24 Horas.
Había cuatro cuerpos más. Uno era de Jesenia Quiroz Alfaro, de 19 años de
edad. Otro era de Nadia Vera, originaria de Chiapas, egresada de la Universidad
Veracruzana, antropóloga social, miembro del Movimiento #YoSoy132 y activista
social. Era amiga de Rubén Espinosa aunque algunas versiones citan que era su
pareja sentimental.
Dantesca escena, sangriento escenario, en el departamento 401 de Luz Saviñón
1909, colonia Narvarte, delegación Benito Juárez, zona de clase media alta,
tranquila, muy cercana a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes del
gobierno federal.
Ahí se hallaban los cinco cadáveres. Los encuentra una de las jóvenes que
habitaban el lugar. Salió a trabajar y al volver abrió la puerta y se topó con
el primer cuerpo. Horrorizada, temerosa, se alejó. Dio aviso a la policía.
De Rubén Manuel Espinosa Becerril se le supo con vida hasta el jueves 30.
Hubo reunión en ese domicilio y ahí pernoctó. A eso de las 2:30 de la tarde, el
viernes 31, envió un mensaje a un amigo. Supuestamente se dirigía a su hogar.
Sin embargo, no llegó.
A las 19:30, una de las habitantes del departamento de Luz Saviñón encontró
los cuerpos sin vida. Llegó la policía. Notificó al Ministerio Público. Esa
noche trascendió lo del quíntuple homicidio, viral en las redes sociales, pero
no se identificó a nadie.
Una hermana de Rubén Espinosa, inquieta por no saber de él, llamó a un amigo
que había estado en la reunión del jueves 30. Era sábado 1 de agosto. Ambos
fueron al lugar. Vieron el edificio acordonado y supieron de la tragedia. Horas
después lo vieron. Yacía sobre una plancha en el Servicio Médico Forense, el
cuerpo de Rubén agredido, torturado, baleado, la expresión de la barbarie en su
humanidad.
Ya para entonces trascendía la masacre. Rubén Espinosa se convertía en el
catorceavo periodista veracruzano o que realizaba su trabajo periodístico en
Veracruz, asesinado durante el régimen duartista.
Presa de la vorágine, la prensa crítica de Veracruz alertaba al mediodía del
sábado 1 de la ausencia de Rubén Espinosa. “Está desaparecido el corresponsal de
Proceso, AVC y Cuartoscuro”, difundían. Mantenían esa línea en su información,
en sus portales, en sus redes sociales, mientras en corto se agolpaban las
versiones funestas.
Pedía la familia no dar por cierta versión de la muerte del reportero gráfico
hasta confirmar. Sin embargo, a esa hora la agrupación defensora de la libertad
de expresión Artículo 19 confirmaba el desenlace fatal.
Se desliza la hipótesis del crimen político. Javier Duarte es el centro de la
sospecha, acusado abiertamente, señalado de ordenar la muerte de Rubén Espinosa,
implicado en la voz de los que marchan y protestan, de los que toman el Ángel de
la Independencia, la representación del gobierno de Veracruz en el DF, Plaza
Lerdo en Xalapa, los que encaran al gordobés en Córdoba, en Veracruz, en
Coatzacoalcos. “Fue Duarte”, expresan. “Gobierno duartista asesino de
periodistas”, reclaman. “Javier Duarte Estado asesino”, exclaman.
No halla cómo contener la Procuraduría de la capital el embate de la prensa y
la certeza de que Rubén Espinosa lo ultimaron por su trabajo periodístico y por
su activismo social, perseguido y hostigado por el gobierno duartista, golpeado
por una policía con instintos criminales, la de Arturo Bermúdez, la de Javier
Duarte, la que usa toletes y bastones eléctricos para enfrentar el derecho de
los veracruzanos a manifestarse y a hablar con libertad.
Rubén Espinosa sintió la mano del poder el 13 de septiembre de 2013. Cubría
el plantón de maestros en Plaza Lerdo, en Xalapa. Trascendía que habría
desalojo. Y así fue. De madrugada llegaron los robocop de Javier Duarte.
Arremetieron contra todos. Pegaban, pateaban, usaban los escudos como arma,
soltaban la descarga eléctrica.
Rubén iba captando la desmedida fuerza del desgobierno duartista. Sus
imágenes se acumulaban en el equipo fotográfico. De pronto la policía lo detuvo,
lo encapsuló, le obligó a formatear la memoria de la cámara, a no dejar huella.
Y luego lo agredieron.
Siguió en lo suyo. Cubría protestas, que son a diario en Xalapa, por
incapacidad, por valemadrismo, por negligencia del gobierno. Una de ellas tuvo
que ver con la agresión a ocho alumnos de la Universidad Veracruzana, la
madrugada del 5 de junio, cuando un grupo parapolicíaco, entrenado en la
Academia El Lencero, como fue exhibido de inmediato en las páginas del diario
Notiver, arremetió contra ellos. Los vapuleó con bates de beisbol, palos,
macanas, bastones eléctricos y hasta un arma larga. Iban encapuchados, aunque
uno de lo agresores llevaba el rostro descubierto, fácil de identificar.
Rubén Espinosa participó en otro episodio altamente corrosivo para el
gobernador de Veracruz: la recolocación de la placa con la que la prensa
denomina Plaza Regina Martínez a la Plaza Lerdo. Alude a la corresponsal de
Proceso, asesinada el 28 de abril de 2012, en su casa, en Xalapa, cuyo crimen
aún permanece impune, fabricados los culpables, uno libre y otro al que le
violaron sus derechos y por lo cual ya no puede ser juzgado por ese delito.
Lo de los estudiantes de la UV y la recolocación de la placa en la Plaza
Regina Martínez marcaron su salida de Veracruz. Así se planteó en este espacio,
el 17 de junio:
“ ‘El pasado miércoles, tres hombres corpulentos, con actitud sospechosa y
sin retirar sus miradas intimidatorias, me tomaron fotografías en las afueras de
mi casa, ellos iban acompañados de un taxi… un sujeto, con bermudas blancas,
playera azul de un equipo de futbol y zapatos de vestir, hizo movimientos
corporales con toda la intención de que yo me percatara de que me estaban
tomando fotografías’.
“Ya los había visto afuera de su casa. Los vio por la mañana pero ‘no presté
tanta atención’.
“Posteriormente, tras cubrir el diálogo entre estudiantes y directivos de la
Universidad Veracruzana, luego de la agresión que sufrieran los ocho alumnos, la
madrugada del viernes 5, caminaba sobre la avenida Xalapeños Ilustres. Otros
sujetos de ‘complexión delgada pero musculosa’ le hicieron saber que tenía que
‘quitarme del camino’ si no quería ser agredido.
“ ‘Algunos metros más adelante, al pasar por las instalaciones de la Policía
Auxiliar, otros dos tipos, morenos, de cabello corto, corte tipo militar, que se
encontraban en la parada de autobuses, afuera de una carnicería, me siguieron.
Uno avisó al otro con el codo, me señaló con la mirada y de nueva cuenta no
dejaron de seguir mi trayecto a lo que me resguardé en una tienda de artículos
para bebé que se encuentra a contraesquina de la carnicería, los tipos cruzaron
la calle, uno de ellos volteó, me retó con la mirada por última vez y se
retiraron del lugar’, dijo Rubén Espinosa.
“Sus temores tienen un por qué. Rubén Espinosa fue uno de los periodistas que
se percataron que en la conferencia de prensa del Partido del Trabajo, en
Xalapa, había tipos armados. Vestían de blanco. Dialogaban con los ‘orejas’ del
gobierno.
“Ahí reveló el PT que el gobierno de Veracruz tenía una lista de estudiantes,
activistas, defensores de derechos humanos, ambientalistas, militantes de
partidos políticos, catalogados como ‘incómodos’.
“Filtrado al PT, el documento se denomina ‘Balance Electoral 2015’. Lo
elaboró o pasó por la Secretaría de Seguridad Pública del gobierno veracruzano y
en ella se tilda a los ‘incomodos’ de ‘anarquistas’ y ‘desestabilizadores de
elecciones’.
“Rubén Espinosa participó en la colocación, por segunda vez, de la placa con
el nombre de Plaza Regina, en Plaza Lerdo, frente al palacio de gobierno, en
Xalapa. Una vez la pusieron, fue retirada, la volvieron a colocar y acaba de
desaparecer, obvia la irritación del gobernador, obvia la afrenta, obvia la
repulsa porque el crimen de la periodista Regina Martínez Pérez, corresponsal de
Proceso en Veracruz, fue un antes y un después para Javier Duarte.
“Ese 9 de junio, Rubén Espinosa participó en la recolocación de la placa. A
su lado y de frente tenía a ‘orejas’ del gobierno. Con ellos había
pseudoperiodistas infiltrados, uno de ellos que se hacía pasar por reportero de
Imagen del Golfo, desmentido luego por el propio portal.
“A Rubén Espinosa, como a otros periodistas, le tomaron fotografías. Y
después comenzó el asedio, hostigado, con la amenaza constante”.
Cuando se fue de Veracruz, externó su enfado. “Me molesta, me caga estar así,
aislado, con miedo, no poder chambear a gusto, pero prefiero salirme, antes que
me pase lo que a los estudiantes”, dijo.
Lo de él fue peor. No lo apalearon, lo mataron. Pasó por una sesión de
tortura, maniatado, golpeado, colgado y finalmente con dos impactos en el
cuerpo, uno de ellos el tiro de gracia, según la versión del procurador
capitalino, Rodolfo Ríos Garza.
Su muerte atrapó a Javier Duarte. Lo increpa Veracruz, salvo los
beneficiarios de su desgobierno. Lo acusa la prensa libre, la intelectualidad,
los activistas sociales, los defensores de derechos humanos. Le gritan que
detrás del crimen está él, Javier Duarte de Ochoa.
Por represor, por agresor, por violador de la ley, la prensa nacional e
internacional señala la responsabilidad de Javier Duarte en el crimen de Rubén
Espinosa. El País, de España; Jorge Ramos, de Univisión; Proceso, La Jornada, El
Universal, Raymundo Rivapalacio, Julio Hernández López, Jenaro Villamil, decenas
de comunicadores le imputan que es culpable.
Rafael Rodríguez Castañeda, director de Proceso, exige que se tome como
principal línea de investigación el trabajo periodístico de Rubén Espinosa.
Carga el gobernador de Veracruz con el peso de sus errores, por su fobia a la
prensa crítica, por el desdén a todo señalamiento, por su torpe afán de creer
que la realidad es como se la pintan sus aduladores, los bufones del elogio, los
textoservidores que le cuestan una millonada al erario y que no sirven para
recomponerle la imagen.
Javier Duarte tiene una policía violenta, incapaz de abatir la delincuencia
pero extremadamente agresiva con la sociedad. Su punto culminante lo alcanza
cuando agrede a los periodistas críticos, a quienes cubren la protesta, a
quienes registran con sus cámaras la irritación popular y el repudio a un remedo
de dictador, al fan de Francisco Franco. Así era Rubén Espinosa.
Lo grave es que Rubén Espinosa creyó en el exilio. Salió de Veracruz, se
acogió a la protección que da el DF. Hacía su vida tranquila, añorando volver a
suelo jarocho, cuando la mano criminal, que suponía había dejado atrás, lo
alcanzó.
Si Javier Duarte tuviera vergüenza habría renunciado. Pero no la tiene.
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