UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
DROGA-MATA
25
abril 2016
En un París, que apenas salía del estupor del terror, los asistentes a la
COP21, acordaron, disminuir las emisiones de gases que producen el cambio
climático en un documento más bien laxo cuyo buen propósito se centra en una
meta global de 2 grados máximo de aumento en la temperatura. ¿Cómo lograrlo?
¿Cuánto debe reducir cada país? La indefinición acerca de las cuotas de
responsabilidad nacionales hace del acuerdo de París, un propósito más débil
incluso que el protocolo de Kioto.
Cumpliendo con las fases diplomáticas protocolarias, se escogió el día
mundial de la tierra -22 de abril para la firma formal –dentro del año de
plazo establecido- de los acuerdos aprobados en diciembre pasado en el país
galo y 175 países signaron la ratificación; pero hacer esto realidad va más
allá pues lo que sigue es la presentación de protocolos de al menos 55
países que en su conjunto emitan el 55% de las emisiones venenosas. ¿Qué
pasa con el 85% de países que no presentaron sus documentos de ratificación?
Si bien Kioto nos enseñó que el proceso entre firma y ratificación es una
verdadera guerra de intereses[1] y despiadadas negociaciones de las que USA
terminó saliendo y Rusia logró que le duplicaran las absorciones
justificables en sus bosques -lo cual al final de día compensó la
insuficiencia de reducciones del bloque de países desarrollados- la realidad
es que el planeta muere por las afecciones de climas extremosos.
Con todo y ello, en las políticas de esencia crematística de los medios,
dos notas de corte político parecieron más importantes que la vida de la
tierra, una la de la presiente brasileña, que en un exceso de ingenuidad
imaginó que su poder le daba para salir sin raspones de un proceso de
señalamiento de los corruptos incrustados en su mandato y también aplaudió
el discurso del presidente mexicano que en la víspera de la fiesta para la
madre tierra se convirtió en vocero del cambio de rumbo respecto al uso de
drogas. ¿Virar de lo prohibicionista a lo sanitarista en aras de la salud de
la humanidad es mea culpa de los autores de la guerra? ¿Qué pesó más, la
perversidad de los envenenadores de generaciones completas o la disminución
de las utilidades de este negocio frente al tráfico de personas y armas?
Como sea, nuestro presidente se vio bien, aun cuando los enemigos de México,
al tiempo de su discurso, difundían videos acerca de tortura de las diversas
instancias encargadas del orden. ¿A quien le interesa que México fracase?
¿Cuales serán las instancias responsables de cumplir lo firmado en New York
el pasado 22 de abril en materia de contaminación del globo terráqueo?.
Dejando de lado a los enemigos externos, saltaron a la palestra los
oportunistas internos para decir que “bueno ya es un paso pero falta” ¿Quien
va a surtir la marihuana? ¿Cuáles serían los arreglos con la industria
farmacéutica? ¿Nos contestará Mancera cuestiones acerca del narco menudeo en
la ciudad en su campaña de preguntas y respuestas en grupo radio centro?
¿Cuánto cuesta esta campaña y quien la paga? ¿Nos darán rollos mediáticos en
vez de frijol con gorgojo como ha dicho el clásico?
No he escuchado que el aspirante a presidente para el 2018, declare algo
acerca del impacto en los niveles de contaminación, de las violaciones al
uso de suelo en la ciudad. Tampoco ha salido alguien a explicar las acciones
preventiva o de remediación, cuando los constructores autorizados perforan
ojos de agua o ríos subterráneos[2] Además del bombo y platillo con que se
dijo que habría recuperación y arreglos en el bordo de Xochiaca, no se ve
que se inicien trabajos en esa ruta ni mucho menos nos explican de quien
será el negocio de la venta de árboles -de a 20 mil pesos cada uno- para
reforestar áreas donde se ha sustituido lo verde por concreto y asfalto.
El tema del agua es vital y ofende nuestra inteligencia cuando se afirma
“el agua no se privatizará” pues sabemos que empresas privadas
–embotelladoras, industrias diversas etc.- tienen prioridad en su
adquisición y uso. Se nos aclara luego que no se privatizará la
administración ¿será entonces que los funcionarios a los que se les paga con
nuestros impuestos han pasado a ser gerentes de alguien? ¿Qué hace CONAGUA
en términos de la NOM-011-CNA-2000? ¿En que le afecta a Usted y su propiedad
que el nivel del suelo de la ciudad esté 10 metros más abajo del lago de
Texcoco, aun cuando en 1910 nos encontrábamos a casi 2 metros por encima de
este límite? ¿Qué mueve la mente perversa de quienes ante la futura
desocupación en el oriente la de la ciudad de lo que hoy es el aeropuerto,
rechacen la idea de hacer ahí una zona verde de recarga?.
¡Ya basta! Es la exclamación casi unánime de los defeños, capitalinos,
chilangos o como quiera que se nos vaya apodar a los que aquí vivimos desde
que éramos un espacio de privilegio en términos de armonía con la tierra. Si
a nosotros ha de corresponder colectar el agua de lluvia, generar energía
con paneles solares, podar los árboles que alguien indebidamente plantó en
la orilla de nuestra barda o al lado de coladeras; si nosotros seremos los
responsables de la disposición final de basura para disminuir los
lixiviados, entonces no paguemos impuestos con los que se comprarán drogas
medicinales, ni seamos cómplices de una “constitución” que solo servirá para
esclavizarnos más.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
PODERES SUPRA NACIONALES
18
abril 2016
La realidad de poderes por encima de los que rigen internamente a las
naciones que supuestamente están en la plenitud de su democracia es la serie
de eventos en América Latina, que tienen como objeto fundamental no dejar
huella alguna de sistemas político-económicos que puedan, cuando menos,
cuestionar y cuando mas operar sistemas distintos a los emanados del
consenso de Washington y los diversos tratados de libre comercio.
En México por ejemplo en la burda profundización de la etapa de
descalificación[1] y sin
importar las emociones de padres que han perdido a sus hijos, llegaron una
serie de “expertos internacionales independientes” recomendados
por La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)
que alentaron la fantasía de encontrar a los estudiantes vivos y
generalizaron la percepción de que los mexicanos somos incapaces de lavar
nuestra ropa sucia en casa. Dentro de sus indagatorias ¿hay algo vinculado
con las acciones del crimen organizado que recluta “a las buenas o las
malas” a jóvenes depauperados? ¿Cómo se integra la ética de “expertos” que
cobran al erario de una nación millones de dólares al tiempo que
descalifican a los integrantes de un poder electo democráticamente? ¿De
verdad nuestros profesionales de diversas ramas del peritaje no están a la
altura de otros extranjeros? ¿Cuántos de ellos se han preparado justo en
universidades internacionales?
Luego de un año de intentos de desestabilización -como para pasar a la etapa
de enfrentamiento- se les avisa a estos “expertos” que el día del niño
expira su mandato -se les acabó el veinte diría el vulgo- y deben entregar
conclusiones; qué les duele más ¿el cierre de sus ingresos multimillonarios,
la exhibición de su juego no muy limpio o el destino de los 43 estudiantes?
¿Quién subsidia el trabajo de OSC que enuncian la defensa de los derechos
humanos, al tiempo que descalifican sin proponer más alternativas que seguir
gastando en su infraestructura y sus expertos?.
Siendo innegable una realidad de corrupción e impunidad –que por cierto no
es monopolio de México- las propuestas a bote pronto no necesariamente son
eficaces. Recuerdo hace años, varios grupos de comunicadores que al grito de
“ni uno mas”, nos manifestamos en el monumento a la revolución exigiendo
seguridad para los profesionales de “la tecla” como se decía en el pasado.
Algunos de los dirigentes, sugirieron que las desapariciones y homicidios de
periodistas, dejaran de ser delitos del ámbito local y se concentraran en la
PGR. A quienes todavía fuimos educados en conocimiento de la autonomía de
los estados, el pacto federal y otras cosas que parecen haber muerto, no
solo nos miraron como viejos dignos de un espacio de antigüedades sino nos
aislaron y a más de dos sexenios de distancia pregunto: ¿han disminuido
estos lamentables hechos, por haber una sección especial en la CNDH o por
haberle cargado más chamba a la PGR y saturar la burocracia de los
juzgados? ¿Que sigue? ¿Deberán ser las instancias internacionales las que se
hagan cargo de nuestros procesos de justicia? ¿De verdad el grado de
inmadurez de la sociedad mexicana da para que nos traten como imberbes e
incapaces? El intento de amarre de navajas en contra del PGR y la CNDH[2],
¿son parte de un resentimiento personal, tienen sustento de investigación o
son refritos de opiniones no calificadas? El abogado que ha llamado piojosos
a sus “defendidos” insiste en que los “pulcros” son los de las instancias
internacionales ¿se les llamará a estos padres y “dirigentes” malinchistas?
¿No han valorado estos greengófilos la gran aportación cultural de una joven
adolescente de apenas 13 años –Malitzin- que supo hacer de su tragedia una
oportunidad para sus pueblos colonizados?
Pero esta tragedia de entreguismo –hoy los bancos, las empresas, las playas,
las fronteras etc. son ya de extranjeros- no es privativa de México. Lo que
vemos en Brasil y Argentina nos enseña, que cuando el gobernante no se ciñe
a los intereses de los poderes supra nacionales, estos pueden patrocinar
toda suerte de movimientos –aunque no sean de primaveras árabes- que les
permitan cambiar de dirigentes a los cuales ellos miran como gerentes de sus
empresas neoliberales. Ante la imposibilidad de demostrar actos de
corrupción en contra sseff o Cristina Fernández, el aparato supra nacional,
las aísla no difunde sus posturas, esconde la realidad de un golpe de estado[3]
en contra de la primera y de simple y puro desprestigio contra las
actuaciones de la segunda. ¿Así es como cumplen los enunciados
internacionales de protección de derechos de las féminas? ¿Quién es peor, el
delincuente de toda clase de ilícitos –personas, drogas, armas, lavado etc.-
que le enriquece o los empresarios dispuestos a sobre facturar, corromper a
parlamentarios y autoridades medianas y cobardes que sacan la castaña con la
mano del gato? ¿Cuándo aprendieron estos traidores a la humanidad a hacer
uso de las tácticas populares para sacrificar a sus “enemigos”? ¿Qué se
requiere para que las masas comprendan la hipocresía de los acusadores de
Dilma, de Cristina, Evo, y todos los mexicanos que en esencia tiene como
mayor delito el no haber cumplido los caprichos y demandas de los hombres
más ricos del mundo?
[1] Desde hace décadas he
sostenido que la estrategia favorita de los poderes imperialistas, más que
la invasión o la guerra se constriñe a: descalificar, enfrentar y finalmente
sustituir.
[2]
La diputada Araceli Damián (Morena), integrante de la comisión especial,
expuso que las policías de Iguala y de Cocula no actuaron motu propio, y la
CNDH demostró que la PGR no ha implementado una investigación profunda.
[3]Desde
2011, Dilma empezó acciones de "limpieza" en los organismos públicos.
Quienes hoy le hacen la guerra desde el parlamento tenían tratos criminales
con FUMAS y algo similar ocurrió con le ministerio del Transporte y su
cómplices en el Senado.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
CUANDO SE HACE NORMAL
4 abril 2016
En plática con una niña preadolescente de nacionalidad belga-mexicana, a la
cual le expresé mi preocupación acerca de sus sentimientos por los últimos
atentados terroristas, su respuesta me causó más inquietudes que los
atentados mismos: “Bueno señora, es normal, han ocurrido explosiones, en
España, en Francia, en Turquía y muchos otros países; es como en México,
aquí secuestran, violan y asesinan, lo que hay que hacer es tener cuidado,
no ir a lugares donde viven los terroristas, no viajar de noche en el metro,
en fin tener cuidado”
No supe, si congratularme por una mente “tan madura” o entristecerme por un
indicio de como es que la violencia se han convertido en “algo normal”, para
una generación completa de la humanidad. Mucho se ha escrito del porque los
niños de las favelas brasileñas o los de comunidades marginadas en México,
se enrolan en el crimen organizado -casi siempre por la ilusión de contar
con poder y satisfactores de los cuales carecen- e incluso hay libros y
películas de “casos de la vida real”, de jóvenes que al final del día con
pleno convencimiento se colocan un cinturón de explosivos y dan su vida
–llevándose con ellos muchas otras existencias- por una causa supuestamente
superior, como sería la contenida en alguna religión extremista[1].
En el ámbito de la biología, podemos encontrar como base de muy diversas
patologías las percepciones –aumentadas o disminuidas- que en el caso de
coexistir más de una dan lugar a casos de histeria o hipocondrías. Además
de las percepciones cuantitativas, hay quien no es capaz de reconocerse en
su entorno, tiene temores a las distancias que mira como insólitas, asume
que eso que ocurrió ya lo había visto, o distorsiona -en forma o tamaño- los
objetos de los cuales se rodea.[2]
Lo que parece ser una verdad irrebatible –desde Abraham Lincon hasta los
publicistas del PAN- es que la guerra puede erradicarse porque a final de
cuentas “somos más las personas buenas que las malas”; sin embargo más allá
de si la violencia es una patología social inherente al ser humano como
“descendiente de primates belicosos y extremadamente territoriales” o de si
ésta ocurre por la influencia de liderazgos cuyas variables psicológicas
pueden ser calificados como patológicos, el hecho es que diariamente el
tema primordial que impacta a las generaciones en desarrollo, se vincula con
las diversas formas de matar –por explosivos, elementos químicos o
biológicos, tortura –física o emocional- y uso de toda suerte de armamento.
¿Caben prácticas de socialización positiva en un campo de batalla? ¿Solo los
que realizan acciones bélicas como las descritas son homicidas y asesinos o
hay empleados de organismos internacionales y de diversas ONG que son igual
o más violentos?
¿Cómo evitar que su hijo estudiante de secundaria, sucumba a la violencia?
¿Bastarán las fórmulas estructurales dictadas por los responsables de la
política para erradicar el buling o la influencia de yijadistas compañeros
de clase? Millones de infantes en el planeta expresan frases como: “es mejor
que mis padres estén separados, porque no es una buena influencia para mí
verlos peleando” ¡¿?! Aceptar esta premisa dictada por uno de los cónyuges
es quizá el mejor preámbulo para que ese mismo niño asegure que las guerras
de exterminio e incluso la autoinmolación, son normales o cuando menos no
tan malas como las justificadas por razones de expansión económica o
espiritual.
Que hayan pasado de ser excepciones individuales a generalización
justificativa de diversas acciones belicosas, nos permite vislumbrar como es
que la valoración subjetiva ha sucumbido a percepciones intuitivas en grupos
sociales amplios. ¿Cómo es que millones de personas que dejan su origen por
las consecuencias violentas que les asolan, llegan a fronteras y barricadas
dispuestas a ejercer mayor violencia que la que les forzó a huir? Hoy mismo
más allá de la proliferación de polémicas en favor o en contra del
multiculturalismo europeo, los infantes y adolescentes del mundo reacciona a
partir de inferencias inconscientes pues son ellos los más susceptibles de
someter su valoración subjetiva como resultado de percepciones sucesivas de
un hecho que termina por parecerles normal.
La consecuencia es la abulia total –para continuar estudiando, buscando un
empleo en suma desarrollándose- o la decisión de apoyar a cualquiera de las
partes en conflicto. La semilla de la violencia, parece pues estar en la
genética –biológica o social- del ser humano. Individuos decididos a pugnar
por la no violencia[3] son casi
siempre agredidos por los bélicos sean estos muchos o pocos. El
encarcelamiento, el aislamiento social –a escritores, actores, líderes
comunitarios -pro bosques, defensa de derechos, etc.- y hasta la
desaparición forzada o el homicidio, son algunas de las guerras soterradas
quizá con mayor eficacia que los misiles o los virus esparcidos contra
poblaciones enteras.
Sea cual fuere la justificación de una guerra –de exterminio por motivos de
raza, credo, comercio y venganza; o preventiva por “reacomodo” de
poblaciones enteras basados en cuestiones ecológicas o ambientales- el
llegar al punto de calificar a esta como normal es quizá la bomba más letal
para la humanidad.
[1]
El tema no es solo del presente siglo o de la religión musulmana,
antecedentes hay entre los cristianos y aun anteriores como los relatados en
la Tora, por el pueblo judío.
[2]
Cualitativas:
desrealización, despersonalización; acrofobia, déjà vu y jamais vu,
metamorfopsias: dismegalopsias, macropsias, micropsias, heautometamorfopsia,
trastorno dismórfico corporal; heautoscopia, etc.
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