UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
VIVIR DESPUÉS DE LA MUERTE
31 de octubre
2016
La vida es un trascurrir de sucesos tan disímbolos como individuos pueblan
el planeta. Algunos de estos le ocurren a muchos, otros son privilegio de
unos cuantos, pero el único común sin importar clase social, cúmulo de
posesiones o propiedades, nivel educativo, edad o cualquier otra condición,
es la muerte.
De una forma u otra, todos los grupos humanos desde tiempos inmemoriales,
consideran este evento aun cuando la visión del mismo tenga variables, casi
siempre con relación a la percepción espiritual religiosa de los mismos.
Otro factor común vinculado con la muerte, es el anhelo de que la vida se
prolongue, con variables también según la cultura o la época histórica.
En México desde la época precolombina, el tema mortuorio era ya práctica
reiterada en cuando menos 6 de los 18 meses que se consideraban en el año.
Se ha documentado la existencia de una realidad a la cual debían peregrinar
los que concluyeron su estancia en este mundo físico y dependiendo de la
forma en que se haya fallecido, al más allá se llegaba de manera fácil o
ayudado por los vivos. Las festividades para recordar, honrar y ayudar a los
muertos mexicas, eran presididas por la diosa Mictecacíhuatl[1]
Hasta antes del exacerbado consumismo, en cuyo mercantilismo se apoya el
Halloween y las noches de brujas, a los muertos se les veneraba cundo menos
en la fecha de conmemoración de su partida. No se trata de un homenaje como
el de las culturas orientales –la japonesa por ejemplo- y el viaje tiene
diferencias al que se supone hacían los muertos griegos cruzando un río para
llegar al Hades[2]. En México,
fue relativamente sencillo lograr el sincretismo de estas festividades, con
la traídas por el cristianismo católico que recordaba en los primero días de
noviembre a todos los santos fallecidos. El emblemático paso de la vida a la
muerte que en la mayoría de los casos produce temor, en México se enfrenta
con una serie de ritos y tradiciones que la hacen objeto de burla,
veneración y honra -en el hoy tan difundido rito de la llamada santa muerte-
y distintos “entuertos” para ignorarla. A fin de evadir la trascendencia
de una vida que merezca llegar al más allá con dignidad y certeza de gozo y
plenitud –como lo predican los cristianos reformados- los desfiles de
personajes disfrazados –de brujas, monstruos, vampiros, hombres lobo etc.-
resultan el medio perfecto. Sin embargo esta moda abrazada sobre todo por
los jóvenes mexicanos, representa en si misma una serie de pérdidas.
La más obvia, es la vinculada con uno de los aspectos esenciales para la
conformación de nuestra identidad como nación. Desde el 2003 y considerando
la riqueza de los rituales celebrados por etnias como la mexica, maya,
totonaca, y purépecha entre otras, la UNESCO clasificó nuestra fiesta de
día de muertos como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la
Humanidad, entre otras muchas razones por contribuir a la afirmación de la
identidad. Esta festividad anual de celebración de los antepasados, recuerda
al individuo el lugar que ocupa en el seno familiar, amen de constituirse en
orgullo por ser una expresión cultural antigua y de gran valía.
Con todo, la UNESCO ha advertido del riesgo de que dicha tradición, sobre
todo la de visitar los cementerios y colocar coloridas ofrendas, sucumba no
solo por el embate del consumismo de las noches de brujas, sino por otras
expresiones culturales vinculadas con la muerte y asociadas con la
incineración de los restos, mismos que ya no se depositan en iglesias o
panteones sino se arrojan a la tierra, el agua o el aire.
Renacer después de la muerte es un anhelo inherente a la persona misma, sin
importar que esto se admita, se ignore o se niegue. Reconocer que han
existido y existen sujetos que lucran y amasan poder a partir de esta
necesidad, es un hecho. El purgatorio, las indulgencias –no solo del
medioevo, sino también iglesias “modernas” que incluso imprimen documentos
en los que se "certifica" a cuanto equivale “la limosna u ofrenda” en
términos de llegar pronto al cielo, son apenas algunas de las deformaciones
que se han construido en derredor de la muerte. Recién el Vaticano ha debido
hacer pública la postura de la jerarquía católica en cuanto a la
disposición final de los restos; pero más allá de la verdad implícita en la
afirmación de que las personas no mueren del todo si es que las mantenemos
en nuestra memoria, es deseable que nuestra tradición cultural se mantenga
por encima de la compra de calaveritas, flores de cempasúchil o papel
picado.
Documentarse, estudiar, conocer el que, como y porque de las ofrendas es una
sabia manera de honrar no solo al cercano que se nos ha adelantado, sino a
todo lo que en siglos ha sido la base de los que somos: un pueblo rico en
sentimientos, creativo, capaz del señalamiento y la autocrítica y orgulloso
de nuestras raíces. Un pueblo que sin empacho afirma “mi casa es tu casa” un
pueblo al que solo los ignorantes se atrevan a descalificar resaltando las
excepciones –narcos, tratantes y comerciantes de todo lo malo- y sin
reconocer cuantos premios Nobel, cuantos becarios científicos y cuantos
jóvenes estudiantes han ganado preseas de oro y otras, debido a sus grandes
capacidades.
[1]
Esposa del señor de los muertos “Mictlantecuhtli”.
La Catrina de José Guadalupe Posada, tiene mucho de inspiración en esta
conocida “dama de la muerte” o señora de la tierra
[2]
Casa de un Dios del mismo nombre que según el mito era hijo de Cronos y Rea,
quien unido a sus hermanos Zeus y Poseidón derrotaron a los titanes. Aquí
llegaban los muertos, algunos después de ser juzgados por sus obras en este
mundo. Según los helenos era Caronte, quien les ayudaba a cruzar el río
Aqueronte, después de cobrarles un óbolo.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
GANDALLA
24 de octubre
2016
A 400 años de la muerte
de un icono del lenguaje español[1]
-que entre sus muchas singularidades tiene la de haber sido condenado por
“el Santo Oficio” post mortem- hay dos vocablos maravillosos, traídos desde
la antigüedad y con mucha vigencia sobre todo en México. Gandaya como
descriptivo de quien prefiere vagabundear, sin responsabilidad de tiempo y
gandalla, adjudicada a un personaje con tendencia a imponer su supremacía
–física o derivada de alguna autoridad- generalmente con mala intención.
Se le llama así a
funcionarios que tomando la ventaja de su puesto otorgan credenciales de
“asalariado” a individuos cuya actividad “informal” es administrar el uso de
los espacios públicos, mediante el cobro de una cuota “voluntaria”, que de
no ser entregada justificará que el susodicho “administrador” le dañe su
automóvil o profiera en su contra amenazas e insultos. Igual se califica de
gandallas a dueños de autos estacionados sobre banquetas, sitios balizados
–por estar destinados para discapacitados o el ascenso y descenso de
enfermos, alumnos etc.- rampas, accesos a establecimientos de constante
flujo peatonal como cines, bancos, plazas comerciales, entre otros.
Cuando las conductas
prepotentes de autoridad sobreabundan, es predecible que surjan movimientos
para frenar lo que en términos de percepción cuando menos se considere
violador de los derechos de todos y en todo caso injusto. Si ponemos a
trabajar nuestra memoria podemos citar una larga lista de grupos que al
amparo de algún partido o independiente de estos, se han organizado –como
IAP, AC, SC- con el objetivo central de poner coto a los actos de abusadores
o simplemente gandallas, casi todos bajo el aura de movimiento sociales.
Estas acciones colectivas
no efímeras, tienen el común denominador de contar con una suerte de
organización, dispuesta a recurrir a acciones extra institucionales en la
búsqueda de los cambios que aspira impedir o promover. Generalmente tales
fenómenos tienen su génesis en alguna crisis –social, laboral, económica,
ideológica, religiosa- y pueden llegar al extremo de rupturas o al logro de
sus metas[2].
Con el slogan “la ciudad
es de todos”, un miembro del panismo, dedicado a la producción de software,
se ha autonombrado “city manager” y como primera meta tiene la de recoger de
las calles “bienes mostrencos”, que luego entrega a las autoridades
delegaciones, exigiendo inventario y entrega de la boleta correspondiente.
El joven ex delegado y ex diputado panista –no se si esto sea también un
“ex” pues cuando se le señala o se le pregunta dice que es apartidista-
tiene en su haber “logros y fracasos”. En términos generales cada vez que un
elemento policíaco, no sabe que hacer cuando se le solicita que remita al
juez cívico a una persona, da toda una lección de cómo, cuando y porque
debe hacer dicha remisión; igual ocurre cuando alguna autoridad
administrativa en la delegación no sabe como reaccionar frente a la entrega
de los bienes “mostrencos” que por centenas se le ponen en sus explanadas.
Por su parte el público que puede ver –presencial o virtualmente- los
argumentos de administradores de centros culturales, instituciones
filantrópicas y hasta dueños de hospitales y oficinas del MP, “justificando”
–en un alegato casi siempre atropellado y violento- porqué si pueden usar la
calle o las banquetas como estacionamiento, y así se asume la posibilidad de
aprender el inmenso desconocimiento de las leyes y en el peor de los casos
las triquiñuelas que se inventan para violarlas.
Frente a estos “logros”
el mayor fracaso es observar como a la vuelta de las horas, su “liberación
de espacios públicos” se torna en un conato de linchamiento, aglutinamiento
de vecinos contra vecinos –aflorando los intereses partidistas y ruines- los
riesgos de anarquía y la lamentable burla de las autoridades de la ciudad
que además de inauguraciones, apariciones de espectáculo y medidas para
favorecer futuras aspiraciones sea cual fuera el partido que vaya a
arroparlos, hacen caso omiso a la corrección pretendida por el “movimiento
anti gandallas”. Así las cosas ese esfuerzo público, al cual eventualmente
se suman vecinos, sobre todo jóvenes,
por trasladar a las autoridades pertinentes
las exigencias colectivas, parece
convertirse en un fracaso. ¿Se puede considerar movimiento social alguna
actuación solitaria, que eventualmente suma asistentes coyunturales? ¿Cuál
es el límite entre el valor de un señalamiento y el insulto abierto o
soterrado contra el infractor o su defensa?
Sea lo que fuere este
movimiento anti-gandalla y sus calcomanías de "respeta al peatón" sus
volantes de orientación jurídica mayormente relacionados a la ley que regula
conductas como el evitar tirar basura en la calle, estacionarte donde no
debes o agandallarte en suma lo que es de todos, esto debería, cuando menos,
trocarse en una llamada de atención a las autoridades de las grandes urbes
de cómo en un solo momento la chispa de la inconformidad y el desapego a las
leyes puede tornarse en incendio incontrolable. ¡Que bien que aun tenemos la
libertad de reunirnos públicamente, que malo que se haga afectando los
derechos de terceros, que bueno que podamos usar los medios públicos para
difundir nuestras ideas, que malo que los dueños de los medios utilicen
estos argumentos para hacer propaganda de lo que sea, que bien que tengamos
la libertad de asociarnos que mal que interesadamente se den facilidades
solo a los más pudientes, y no se apoyen la auténticas causas populares!
La generación de jóvenes del siglo XXI, vive
en el caos, la desmovilización, el hedonismo. La gran oportunidad de los
adultos, estemos o no en la obligación de responder a lo mandatado por un
cargo público, es trasmitirle la experiencia que nos ha permitido, llegar a
hasta este punto sin poner en riego, al planeta y a nuestros congéneres.
Enseñemos lo que hemos hecho mal, realicemos con ellos acciones que no
puedan calificarse de gandalladas.
1]
Miguel de Cervantes Saavedra.
[2] Tanto las revoluciones como los
movimientos más reaccionarios, suelen involucrar por igual a un solo
segmento que a varias clases –interclasista o multipartidistas- y así se han
dado movimientos como el obrero, el feminista, el ecologista, el pacifista,
el militarista, el Okupa, o el antiglobalización.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
ERRADICAR LA POBREZA
17 de octubre
2016
Desde la comunidad pacifica, con propiedad común de bienes –en contra
posición a la propiedad privada- cuyos habitantes se rijan por ideales
filosóficos y políticos distintos a las pueblos sobre todo europeos del
siglo XVI; el planteamiento de un país en donde las diferencias económicas,
de clase y sociales no existan o se reduzcan al mínimo, ha sido un sueño
irreal tan o más idealizado que la república platónica.
Con un destino similar al de Tomas Moro[1],
Víctor Hugo[2] quien por
señalar lo trágico de la desigualdad, sobre todo en la famosa obra Los
miserables, termina extraditado y rechazando la amnistía que le ofrecía
Napoleón III. Este poeta y dramaturgo, al igual que muchos otros políticos
de su tiempo provocaba escozor, por los discursos sobre la miseria y las
ambiciones dictatoriales de muchos que fueron sus correligionarios en la
última fase de su vida, en la cual se interesó por intentar cambios a través
de la política.
Pasar del diagnóstico de calamidades derivadas de sociedades diversas, donde
unos se imponen a otros para esclavizarlos, venderlos, sojuzgarlos, usarlos,
o matarlos; a la preocupación para erradicar la pobreza –propósito de la ONU
que hoy espera una coincidencia mundial- sigue siendo desde tiempo
inmemorial, un ideal no cumplido. Terminar con la pobreza es el primero de
los 17 objetivos para el milenio en el marco del desarrollo sostenible,
habida cuenta que “La pobreza no se mide solamente por la insuficiencia de
ingresos; se manifiesta en el acceso restringido a la salud, la educación y
otros servicios esenciales y, con demasiada frecuencia, en la denegación o
el abuso de otros derechos humanos fundamentales [...][3]
quien termina su liderazgo en unos meses, no sin antes dejarnos una lista
importante acerca de lo que significa 836 millones de personas viviendo en
la pobreza extrema. ¿Cómo haría Usted si fuera una de cada 5 personas que
viven con un dólar -19 pesos- diario? Por supuesto Usted puede consolarse si
sabe que en esta condición sobreviven apenas en las regiones: Asia
Meridional y África Subsahariana y en países pequeños y agobiados por las
confrontaciones bélicas; pero ¿Puede asegurar que en nuestro país no existen
niños que por nutrición deficiente son más bajitos que el promedio
establecido por la OMS? Y regresado a los conflictos bélicos, si solo en el
2014 abandonaron sus hogares miles de familias y en este 2016, son millones
los que dejan atrás todo buscado salvar la vida y una mejor vida ¿Cuántos de
ellos sin ser originalmente pobres, llagarán a esta condición sobre todo si
hoy están en etapa de infancia?
Agregue a eso las predicciones del Banco Mundial acerca de las consecuencias
del cambio climático- hay que pensar en Haití sólo como un ejemplo- la
reducción del agua potable, el aumento de “negocios transnacionales” como la
trata de personas, la venta de armas o drogas; el limitado acceso a la
justicia, la desigualdad en el acceso a la educación y miles de etcéteras
que han convertido a la humanidad en una masa de depredadores, alejados de
la felicidad que podría alcanzarse con los mínimo satisfactores.
“Escuchemos y prestemos atención a las voces de las personas que viven en la
pobreza. Comprometámonos a respetar y defender los derechos humanos de todas
las personas y a poner fin a la humillación y la exclusión social que las
personas que viven en la pobreza enfrentan cada día promoviendo su
participación en las iniciativas mundiales dirigidas a poner fin a la
pobreza extrema de una vez por todas” es el discurso de la ONU pronunciado
por su secretario general; pero ¿que haces tu para ser más solidario?
¿Cuánto alimento botas a la basura? ¿en cuántos proyectos de desarrollo
estás involucrado? ¿Levantas la voz para señalar a tus autoridades lo poco
funcional de sus actos?
Sin caer en el espacio común de que también hay que contar lo bueno, destaco
el discurso del rector de la UNAM, cuando resalta “La desigualdad no es una
mera situación desafortunada, sino un problema estructural enraizado que, de
manera inaplazable, se debe erradicar. La falta de oportunidades se traduce
en una alarmante brecha educativa, pues los pueblos originarios tienen, en
promedio, 3.7 años menos de escolaridad que el resto de la población y, en
consecuencia, genera bajos ingresos, mayores tasas de natalidad, más pobreza
y menor esperanza de vida” La educación entonces es un camino, sobre todo si
esta se concibe en la dualidad de privilegio y obligación, es decir, una
beca ¡Bienvenida! aunque también el compromiso de regresar a la comunidad si
se trata de estudiantes de culturas autóctonas o a la colonia o en general a
un lugar donde el que tuvo el privilegio de aprender, pruebe la satisfacción
de servir, antes que imaginarse millonario. Crear políticas públicas, en la
asignación del presupuesto y en todos los ámbitos de la educación sobre todo
la pública no es solo cuestión de pesos y centavos, es la posibilidad de
entendernos entre nosotros y hacerlo respecto de nuestro entorno. Es el
compromiso común de tratar al otro como lo han hecho conmigo al darme una
beca o una trasmisión de la experiencia; es en suma emprender un camino de
solidaridad, con mis congéneres y de cuidado con la casa que nos alberga y
que sin ser el centro del universo si sigue siendo el plantea más idóneo
para nuestra vida.
[1] Thomas More, conocido y
venerado por los católicos como Sto. Tomás Moro -1478-1535- teólogo,
político, humanista, poeta, traductor, abogado, lord, canciller de la corte
de Enroque VIII e importante detractor de la reforma protestante de William
Tyndale y Martín Lutero, estableció en su obra, conocida como Utopía, una
elección de autoridades mediante voto popular –aun cuando este era diferente
de lo que promueven las democracias actuales- terminando ejecutado por el
rey al cual había servido y aconsejado.
[2] Escritor francés cuya vocación
literaria se manifestó desde sus estudios de primaria. Nos dejó poesía,
obras de teatro –las orientales. Hernani, Nuestra señora de París, Ruy Blas,
los burgraves, entre otras muchas destacando los miserables.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
AUTO ENGAÑO
10 de octubre
2016
La incapacidad
de reconocer las propias limitaciones y más aun los errores, aunada a una
compulsión por endilgar a otros “fallas” que en realidad cometemos
sistemáticamente, es interpretada benévolamente por los psicólogos
freudianos como “proyecciones” y/o mecanismos inconscientes de defensa. A
las personas que dicen una cosa y hacen otra, el vulgo les llama mentirosos,
hipócritas y en los casos más diplomáticos, doble moralistas. Aun cuando la
mayoría de los sistemas –sociales, religiosos o políticos- condenan la
deshonestidad en el tratamiento de cualquier tema al grado de calificarlo
como oprobioso, la doblez en el discurso y la conducta parece ser algo
central en el comportamiento del ser humano, según consigna la historia
desde las religiones más antiguas como algo, cuando menos, inconveniente
aunque siempre condenado[1].
Analistas como
Noam Chomsky, consideran responsables de males de las sociedades actuales
-como sería la guerra o las desigualdades sociales- a quienes promueven
tales conductas por la negativa de aplicar a nosotros mismos valores que si
aplicamos al otro. ¿Quién es más responsable del estado de abandono en que
se encuentra la capital de nuestra república, las autoridades locales que a
lo largo de dos décadas han gastado mal o los responsables del erario
federal a quien se reclama por ajustarles los recursos?
Teóricos tanto
del mundo financiero como de las relaciones internacionales -y en muchos
casos el ejemplo extremo son algunos embajadores- consideran que la
hipocresía, puede ser benéfica, para evitar la guerra y obtener más
ganancias, siempre y cuando esta se encuentre perfectamente organizada. A
pesar de tal visión el rigor semántico nos indica que “el fingimiento de
cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se perciben”[2],
contraviene una valoración objetiva, que no debe someterse a aberraciones de
ignorantes, dispuestos a usar las palabras deformando a capricho la realidad
misma, justificando lo indefendible con expresiones como “eso es mi
realidad”, “así es como yo lo interpreto” como si la realidad pudiera
poseerse o individualizarse según la percepción del deshonesto.
Podríamos citar
muchos los ejemplos de pura hipocresía en última semana, muchos de ellos
vinculados al abordaje de la inseguridad en el Valle de México, que según
las encuestas arroja un 91% de personas que tienen una percepción negativa[3]
acerca de su comunidad, el salir a caminar en la vía pública, lo inútil de
denunciar y los efectos contrarios a la salud por la contaminación. Dónde
está la verdad, ¿En la autoridad que presume de disminución en el crimen, lo
que dicen mis vecinos, o lo que exageran los medios? ¿Cómo puedo sentirme
seguro si los antiguos vendedores de tortitas de nata hoy son parte de las
"células criminales" que roban en el periférico? ¿Por qué la oferta de
quitar a los vagoneros y darles capacitación se ha olvidado? ¿Qué y quien
sanciona a padres de familia que enseñan a sus hijos a robar?
No importa que
seamos habitantes de las delegaciones más inseguras de DF -Gustavo A.
Madero, Iztacalco y Venustiano Carranza- ni que seamos peatones,
automovilistas o motociclistas; si como adultos somos parte del 72% que por
miedo hemos cambiado nuestros hábitos sociales y familiares. ¿De verdad el
tener permiso para portar armas nos daría mayor seguridad?
Si el separar
la basura, el ahorrar agua o usar el transporte público, me exentara de ser
parte de los casi 7 millones de personas que mueren anualmente en el mundo
por factores de contaminación ¿Tendría yo menos temor de salir a las 5 de la
mañana a dirigirme al camión recolector o a la micro? Si acaso me sumo a la
moda de las bicicletas ¿Evitaría meterme en sentido contrario, circular en
la mitad del arroyo, subirme a las banquetas y provocar con insultos y
agresiones a los automovilistas? ¿Estoy segura de que la industria
farmacéutica no nos podría un tache si evitamos enfermedades derivadas de la
contaminación que a ellos les producen pingües ganancias?
Pero sigamos
con los ejemplos, no se necesita ser nutriólogo ni especialista en nada para
saber que la obesidad, la mayoría de las enfermedades gastrointestinales, la
fauna nociva y otra vez la contaminación son derivados de la venta de
alimentos en la vía pública. ¿Por qué nadie puede resolver este problema
¿Qué hacen los secretarios de salud? ¿De que más viven los inspectores de
calle? ¿Cómo es que ninguna autoridad tiene alguna propuesta para evitar
pordioseros –muchos de ellos con mejores ingresos que nosotros- tanto en las
calles, las plazas y los propios transportes públicos?
Los criminales
urbanos ahora usan más su lenguaje corporal que el verbal y hacen gala de lo
que puede intimidar -brazos desnudos con tatuajes, ropa harapienta aunque
tan ajustada que casi devela detalles de genitales, mirada torva, voz
amenazante, ya no para exigir a los pasajeros sus cosas porque es un asalto,
sino “pedirles” que apoyen con “lo que sea su voluntad” dejando en la bolsa
que les ponen enfrente una “cooperación” ¿Es lícita esta actividad, ¿No
considera que tengo el derecho humano a no ser molestado ni violentado aun
cuando se trate de un pedigüeños que a lo hora de la verdad es delincuente
novedoso?
Traslademos
esto a la supuesta entrega de tabletas a niños de primaria, a las familias
que roban bolsas en los restaurantes y carteras en el metro y confrontemos
con las cifras de los funcionarios que usan su tiempo de trabajo en
comparecencias de burla donde reportan mentiras por las cuales nadie les
sanciona.
[1] chaneph "hipócrita",
"sin dios" o "profano" palabra hebrea del libro de JOB. Hipócritas en
la condena de Jesús a los escribas y fariseos en el nuevo testamento.
Gautama Buddha, condenó a un hombre por tomar la apariencia de un asceta
(texto budista Dhammapada). Munafiq, sujetos que manifiestan ser
creyente pero que en realidad no lo son según el Corán.
[2] Larousse (Edición de 1987)
[3] Ver La Encuesta Nacional de
Seguridad Pública Urbana (ENSU) del Inegi. Sobre todo datos del mes pasado.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
SANCIÓN
03 de octubre
2016
Cometer cualquier acto que infrinja una
norma y más aun la ley, tiene cierta posibilidad de corrección, si dicha
norma contiene una sanción. En el futbol las sanciones van desde la simple
amonestación hasta la expulsión pasando por una suerte de tarjetas de
diversos colores. Los berrinches infantiles, disminuyen frente al envío a
“tu cuarto mientras se te pasa” hasta cintarazos o nalgadas, según el nivel
educativo de los adultos que rodean al berrinchudo; los excesos conductuales
–no estudiar, agredir a compañeros, retobar a los adultos que rodean al
joven etc.- de la adolescencia encuentran vía de corrección, frente a la
confiscación del Iphone, la ausencia de permiso para asistir durante cierto
tiempo a reuniones sociales, la no compra de algo “importante” o la
cancelación de las vacaciones.
Salvo casos realmente patológicos, la
mayoría de las sanciones sociales son parte de la formación de una
estructura familiar con moral y ética que variará según las costumbres y
tradiciones, el entorno y la propia madurez de los adultos encargados de
aplicar el correctivo.
La pena que puede recibir alguien
responsable de una conducta delictiva, es quizá el elemento más importante
de la norma a grado tal que aquellas carentes de tal componente se denominan
imperfectas. ¿El homicidio en una sociedad cuyas sanciones se eluden de
manera permanente aumenta? Quién respeta menos a la autoridad facultada de
aplicar las penas, frente a su omisión ¿el infractor o la víctima?
El incumplimiento en todos los ámbitos es un
proceso casi siempre progresivo. Si una norma establece sanciones por tirar
basura en la vía pública y la autoridad se hace “de la vista gorda” a partir
del reconocimiento de un deficiente servicio de recolección que quizá le
afecta en su propio ambiente, no es difícil que con el tiempo esta situación
escale a riñas ínter-vecinales, tragedias derivadas del taponamiento de
drenajes, daños en la propiedad e incuso lesiones por las que nadie
responderá, como no se hace por la ignorancia de la conducta cívica
mencionada. ¿Estarían los centros urbanos con mejor imagen si de verdad, las
patrullas detuvieran en flagrancia a los grafiteros, los presentaran ante la
autoridad competente, para que un juez aplicara la sanción correspondiente a
robo o daño en propiedad ajena? ¿Porque la campaña antigrafiti[1],
puso a repintar bardas a policías auxiliares en vez de que los propios
responsables lo hagan como castigo?
En México contamos con un sistema legal
bastante conveniente, entonces ¿porque van en aumento los secuestros, las
agresiones a la autoridad –ya escalamos hasta el ejército- y la práctica de
sanciones que en si mismas suponen la proliferación del delito como en el
caso de los linchamientos? ¿Qué ocurre en la mente de víctimas
–comerciantes, trabajadores, propietarios de vehículos robados e
incendiados- o de personas que marchan, bloquean y roban justificando que lo
hacen porque las autoridades no les resuelven sus demandas?
En todo el mundo parece estarse
fortaleciendo la antigua ley del más fuerte. Este puede ser un gobierno
autoritario, un grupo de facinerosos –mercaderes de droga, de armas, de
personas etc.- un consorcio de explotadores y hasta sujetos que justifican
sus agresiones en temas como la pobreza o la marginación social. Lo único
que puede poner orden, es la ley y por supuesto su cumplimiento. Evitar
llegar a las venganzas privadas, grupales o sociales, es tan simple como
cumplir aplicando las sanciones que la ley ha establecido para los
infractores. Si de un lado tenemos gobiernos temerosos a ser calificadas de
“represoras” y del otro a personajes casi en el ámbito de la sociopatía, el
resultado es como hemos visto la proliferación del delito.
Otro factor que inhibe a la aplicación de la
sanción es la propia conducta ilegal; tan antiguo como “el que esté libre de
culpa que lance la primera piedra, es el lamentable resultado de autoridades
que por la inercia “de la costumbre” vuelven la mirada a otro lado cuando el
ambulantaje se desata, la insubordinación se tolera, la corrupción no se
rechaza, la dádiva se acepta e incluso se impone. ¿Que pasaría si de pronto
la ciudad amaneciera, con un ejército de graffiteros repintando las bardas
que dañaron y no les pertenecen? ¿De verdad el jefe de gobierno cree que por
salir en fotos de periódicos con una brocha realizando esta labor se hará
más aceptable para los electores? El que no ha pagado una deuda ¿lo hará
por las amenazantes llamadas de un despacho de cobranza? ¿Por qué algunos
abogados prefieren esta vía violenta de hostigamiento en vez de un juicio?
¿Alguien ha sancionado alguna vez a un trabajador de juzgado por el
maltrato, la dilación y el dar la vuelta al deber jurídico de propiciar la
justicia? Quienes ostentan un título relacionado con el derecho, ¿entienden
la diferencia entre coacción y sanción? ¿Cuántos jóvenes o
primo-delincuentes reencontrarían el buen camino con la simple aplicación de
una sanción resarcitoria?[2]
Llegar al punto de asumir que todas las
sanciones deben ser represivas [3]
que solo yo tengo la razón, que la justicia es la que yo imagino y no la
delineada en las leyes, es el preámbulo seguro de la destrucción del llamado
Estado de Derecho. Las sanciones deben alcanzar por igual al infractor –sea
este delincuente de cuello blanco, ladrón de ferrocarriles, estudiante,
supuesto defensor de los derechos humanos, medios de comunicación y hasta
autoridades omisas- que a quienes suponen que tomando la justicia en sus
manos las cosas pueden mejorar.
1] Se anunció en el DF que se
iniciaría una campaña contra este problema durante el 2014-15. pero más allá
de algunas fotos y declaraciones la ciudad sigue pareciendo un barrio en
manos de pandilleros.
[2] Reparación de daño, que ha
provocado el árbol que planté y por la barda que debo levantar destruida por
un auto, o lo que debo pagar par atender mis lesiones etc.
[3] Quiero que destituyan al que
no hace mi voluntad, que metan a la cárcel a quien no me devuelve vivos a
los que no es posible que tengan esa condición, que sufra mucho el que me ha
dañado etc.
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