UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
¿DONDE
EMPEZÓ?
(II)
(A todos quienes me
han apoyado en este incidente solo una palabra define mis sentimientos
GRACIAS)
26 de junio
2017
Durante la segunda
mitad de la semana llamó la atención de las audiencias, los discursos tanto
del secretario de Gobernación, como del comisionado de seguridad, asumiendo
que sí, la criminalidad ha aumentado –se refirieron a mayo del 2017- aunque
sin aceptar que seamos el segundo país más violento del planeta. ¿Qué
provocó esta reacción: las afirmaciones del señor Trump? ¿Lo dicho por la
embajadora de USA en Veracruz? ¿Los señalamientos de la hoy ex canciller de
Venezuela en la asamblea de la OEA? o todo en una combinación, en la cual
quizá hasta mi cuestionamiento de la anterior semana fueron parte del sabor
a coctel de desesperación.
Y dado que mis
lectores son Ustedes y no los altos dignatarios, le comparto que en una
semana de recorrido por las diversas dependencias a donde debo tramitar la
reposición de los documentos que me fueron robados –desde tarjetas
bancarias, pasando por INE, INAPAM, licencia de conducir, credenciales de la
UNAM, el club y la embajada entre otras- puedo ponerle cuerpo a la molestia
popular y a la ausencia de esperanza ciudadana respecto a que las cosas
puedan mejorarse. Procedo a algunos ejemplos: para realizarme la “entrevista
de querellante”
el dicharachero abogado, asesor de alguien en la estructura, de lo que hoy
es fiscalía desconcentrada en vez de MP se tomó casi 5 horas. Se me explicó
que debo esperar que se me indique a que mesa asignaron mi “querella” y, por
supuesto, ver si ya se envió al fuero federal, por aquello de las
disposiciones fraudulentas que la banda de rateros que operan en toda la
ciudad hicieron en el lapso de 30 minutos en tres establecimientos lejanos a
donde sustrajeron mi cartera. ¿Será por eso que el señor Osorio Chong,
explica que es difícil actuar si en el plano local, los dejan libres para
que sigan robando?.
Una de las
instituciones bancarias a la cual desde el mismo Mega centro comercial
estaba reportando el robo de mi plástico, se apresuró a comentarme que la
reposición del mismo tendría un costo de setenta y cinco pesos, y que yo
podría cubrirme para el futuro si en ese momento compraba un seguro –costo
185 pesos- que cubriera en automático la pérdida derivada de futuros hurtos
¿Qué no se supone que parte de lo que cubre la comisión de los servicios
bancarios es, además de resguardar su dinero -con el cual pueden hacer
préstamos y ganar mucho con diversas operaciones financieras- justamente el
darle más seguridad que la que tendría quien esconde en el colchón el
producto de su trabajo? ¿Por este tipo de manejo es que la sensación de los
usuarios de la banca es la de ser víctimas de usura? Una mujer en la fila
de otra sucursal que esperaba turno para recibir el duplicado de su plástico
robado en Walmart, dijo: “Es que de plano todo lo que nos cobran es para
seguridad de ellos, no de nosotros los clientes; mi madre tiene 80 años, no
sabe nada de computadoras, los ejecutivos cada vez pueden resolver menos
asuntos, todo tiene que ser digital y el mismo titular de la CONDUSEF
informa que es en lo computarizado donde más fraudes se cometen”.
De 6 que
esperábamos en otra fila bancaria, dos personas venían por el duplicado de
su plástico y el ejecutivo dijo con pesadumbre que “cada vez son más las
personas víctimas de robo por delincuentes perfectamente organizados”, a los
cuales aun agarrándolos en flagrancia el juez deja en libertad por el
mecanismo del nuevo sistema penal acusatorio. ¿Cuándo empezó esto? Sigo
cuestionando. Bueno fue en 2008, cuando para estar en armonía con el sistema
del libre comercio y los intereses internacionales, México suscribió
convenios que nos llevaron a métodos, como el que ahora ha resultado en el
aumento de la criminalidad, el de la corrupción –si un funcionario del nivel
que sea cobra por no cumplir con lo que mandata la ley y su contrato en
realidad es corrupto- y el reforzamiento de la impunidad. Corrupción e
impunidad, en las que están involucrados, no solo las autoridades
investigadoras y juzgadoras, sino incluso los legisladores, que simplemente
copiaron y pegaron modelos extra nacionales para cumplir con algo que
todavía no entienden y que no se puede aplicar extra lógicamente en
sociedades tan distintas como la sajona y la latinoamericana.
Reconocer que solo
el año pasado había 141 millones de tarjetas de débito –muchas de ellas
donde se depositan míseras pensiones- y que el número de operaciones con
estos plásticos, incluidos las de crédito, se incrementó en 22%, nos da una
idea del negocio que es para bandas de criminales organizarse, a fin de
distraer “sobre todo a las viejas porque se mueven más lento” en donde hay
aglomeraciones, para que luego se trasladen en motocicleta a otro sitio a
concretar sus fechorías. ¿Qué hace el personal de seguridad de las tiendas
además de avergonzar a clientes a la salida de tales establecimientos?
¿Cuántos personajes con función de protección a quien les compra están
coludidos y “casualmente "pierden" cintas en las que se ubica a los rateros?
La policía investigadora, ¿de verdad investiga o descansa -sobre todo en los
turnos nocturnos- no sin antes darle “tareas” a las víctimas? ¿Porque el
peso de la prevención debe recaer en el ciudadano
y no en tantos cuerpos de seguridad –pública y privada- que se pagan con
nuestros impuestos? ¿Quién protege a los menores de edad que son usados por
la misma familia, para sacar carteras y celulares de las bolsas de
comensales?.
En medio de tantos
problemas cada persona debe además decidir, si lleva o no efectivo, porque
si el ratero no puede quitarle nada a lo mejor lo mata o lo golpea y que tal
si acude al cajero, además de recordar su clave debe tener presente reglas
como: “no permita que alguien se cerque, ponga un pegote sobre los últimos
dígitos, vaya acompañado, no lo haga en la noche, manténgase alerta porque
estas bandas reclutan: gestores, cobradores, golpeadores, motociclistas….uff”.
¡¡Claro!! Si Usted
tiene la posibilidad de gastar -los vendedores dicen invertir- un poco más,
a lo mejor compra una cámara portátil para el auto, otra para su casa,
cambia las chapas, contrata un guarura o de menos un chofer; esperando que
no sea él quien secuestre a algún miembro de su familia. ¿Alcanzarán los
postes de luz para colgar a todos los responsables de que estemos como
estamos?.
En el
pasado era levantar una denuncia.
Hay
cursos, talleres y cientos de videos que nos aleccionan acerca de donde
roban y como cuidarse, pero los rateros siguen libres.
UNA COLORADA (vale más que cien
descoloridas)
Lilia Cisneros Luján
¿DONDE EMPEZÓ?
19 de junio
2017
Las
impresionantes imágenes, de ciudadanos organizados para agredir a elementos
–léase seres humanos, congéneres, connacionales- de la Marina que cumplen
instrucciones de resguardar bienes públicos como es el caso de los ductos
de combustible; además de hacer aflorar la semilla de la preocupación
individual, nos lleva a cuestionar ¿como es que llegamos a un punto donde el
respeto a las instituciones y el desprecio por la vida del otro se han
constituido en perversos sustitutos del Estado? No quiero imaginar que estos
bautizados “huachicoleros” dedicados al comercio de bienes robados,
surgieron de pronto como si una fuerza redentora los llamara a la justicia
social supuestamente inexistente y causante del desempleo, el abandono
educativo y los mínimos parámetros ya no digamos de valores éticos, ni
siquiera del más simple civismo.
Discursos van
y vienen, donde se lamenta el abandono de cátedras como civismo en
secundaria o ética en niveles del medio superior; igual se pontifican los
derechos humanos al extremo de que por temor a ser acusado de violarlos los
maestros han perdido su posibilidad de educar, muchos jefes atan sus manos
frente a quienes están dispuestos a acusar de acoso sin pruebas -o con
algunas fabricadas y sustentados en testigos falsos- y empresarios deben
declararse en quiebra frente a la extorsión, el secuestro –pomposamente
publicitados como parte de los llamados “delitos de alto impacto”- las
lesiones y el daño a la salud o el patrimonio. ¿Quién es responsable del
daño a un adulto mayor que por negligencia de la línea aérea[1],
pierde su vuelo, se ve obligado a pernoctar en la terminal de un país lejano
y a gastar casi mil dólares que debe cargar a una tarjeta sin que nadie
responda por los daños? ¿Cuál es la instancia legal que de verdad atenderá
los derechos de dos mujeres mexicanas –una de ellas de 80 años y habitante
de Villahermosa- abandonadas a su suerte en medio de la agresividad de una
empleada de la empresa privada que la entrenó solo para ganar dinero sin
importar los humano de sus pasajeros? ¿Cuántos de los jóvenes –mexicanos y
latinoamericanos- que realizan su entrenamiento están aprendiendo que puedes
agredir al otro de manera impune porque quien da la cara es tu empresa? ¿Qué
harán en el futuro cuando se dan cuenta de que ante el riesgo de una
demanda, la dicha empresa se avoca a “resolver el asunto” utilizando a una
empresa turística que solo sirve para esconder la basura debajo de la
alfombra ajena? ¿Así aprendieron los que hoy en los espacios públicos
extorsionan, piden comisiones estratosféricas y violan la ley de manera
impune solo porque la cabeza de la estructura a la cual sirven es “picudo”?.
Son muchos los
ejemplos que hablan de la impunidad de rateros bien ubicados que vacían
casas habitación, roban autos y personas en vía pública y en centros
comerciales, donde con el truco de provocar un embotellamiento de carritos
de súper, las bandas perfectamente organizadas, abren bolsas, roban carteras
o incluso cambian su carrito -con mercancía de valor menor a los 200 pesos
por el de la señora que ya pagó 1,500.00- ¿qué hacen los elementos de
seguridad de dichas tiendas en favor de sus clientes? ¿Sirven de algo las
imágenes de videos, no solo de la tienda donde la clienta fue robada, sino
en aquellas donde el ratero comete el delito federal de “uso de documento
–público o privado- falso alterado o que no sea reconocido por la
autoridad”?
Podemos pasar
horas, viendo videos donde se puede identificar a rateros, en restaurantes y
toda clase de comercios ¿Por qué la autoridad no toma acciones en contra de
ellos? ¿No es corrupción cobrar por ejercer como investigador –fiscales, ex
ministerios públicos y policías de todos los rangos- del sistema que debería
prevenir el delito y sancionar a los delincuentes, sin haber logrado un solo
punto a favor de las víctimas?
Si ya sabemos
que lo “organizado del crimen” se inicia justamente en las estructuras
jurídicas diseñadas para el incumplimiento de alguien que tenga la ventaja
de ser protegido, para no considerar que la víctima sea de valor –aun cuando
se aprueben leyes para su defensa- y que, tanto los delincuentes como su
cómplices –activos o pasivos- seguirán actuando en contra de todos ¿Por qué
no tomarse el riesgo de usar armas –blancas o de fuego- piedras o palos en
contra de la autoridad como se ha hecho en tierra de huachicoleros o de
pseudo maestros sindicalizados en Chiapas o Oaxaca?
¿Se resuelve el
hartazgo con hacer de la cacería de ex gobernadores notas rojas de gran
rating? ¿Para que sirven ONG –grupos de la mal llamada sociedad civil- que
después de décadas de denuncias no han logrado nada más que formalizar un
esquema de subsistencia económica de sus promotores? No se si haya esperanza
cuando hasta los personajes decentes del aparato gubernamental, son víctimas
de delitos –que luego se sabe fueron inducidos porque se trata de mexicanos
“con los que no se puede negociar[2]”
respecto de cuyas denuncias la propia autoridad les recomienda mejor no
ratificar porque se sabe de donde vino el golpe y “vamos a procurar que se
le devuelvan las cosas robadas”.
¿Cuando empieza
el crimen y la descomposición? Parece que todos lo sabemos, ¿Cómo
terminarlo? He ahí el gran reto, no es solo con normas en las cuales se
endurecen las penas, no basta el escándalo mediático, es cuestión de todos,
de dedicarle 5 o 6 horas de tu tiempo si eres víctima para denunciar, de
hacer pública tu experiencia, de aumentar tus medidas de seguridad y sobre
todo de no tener miedo para señalar no solo al delincuente sino a sus
cómplices en el ámbito oficial.
[1] Me refiero a Volaris,
que la semana pasada protagonizó actos de verdadera agresión al adulto
mayor en contra de dos pasajeras mexicanas, enfermas y en silla de ruedas,
cuyo caso defenderemos en las instancias judiciales y administrativas
pertinentes.
[2] Frase de un altísimo
funcionario público que respondió a la curiosidad de alguien que no entendía
porque tales personajes honestos no habían sido incluidos en el gobierno hoy
vigente.
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